El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos en la Categoría: Mike Oldfield

Mike Oldfield – The Songs of Distant Earth


Mike Oldfield – The Songs of Distant Earth
Género: Nuevas músicas, electrónica
Año: 1994, WEA
Valoración:

The Songs of Distant Earth es el segundo álbum de la época WEA, nacido un par de años después del exitazo que supuso el Tubular Bells II, esa segunda parte que prometía el inicio de una nueva etapa de prosperidad pero al final se quedó en una pequeña perla antes de la debacle final, antes de un sin fin de discos más o menos aburridos.

Mike Oldfield sorprendió a propios y extraños con una obra arriesgada, muy alejada de lo que estaba realizando hasta ahora. El álbum apenas muestra rasgos de rock y se inclina por completo hacia la electrónica y nuevas músicas, con ambientes tranquilos y melodías por lo general apacibles. Pensado como una especie de banda sonora para la novela Cánticos de la lejana Tierra de Arthur C. Clarke, Oldfield nos introduce en un viaje por los confines del sistema solar a través de sonoridades envolventes, de melodías de guitarra y teclados muy suaves rodeadas de efectos y coros diversos.

Destacan temas como Let There Be Light, con un cántico angelical y un trasfondo bastante sugestivo, Magellan, donde tras un inicio arrollador se inclina hacia pianos y guitarras, Oceania, con bonitas guitarras de sonidos muy originales y característicos, y A New Beginning, el más atípico del álbum, un tema espectacular de coros de rasgos africanos.

Sin embargo Oldfield llega bastante tarde a un género ya muy maduro y lo hace con una composición algo monocromática y no muy inspirada que provoca pocas emociones: se escucha con agrado pero no es lo suficientemente hermoso ni impactante como para ser recordado. Hay muchas obras de calidad notablemente superior en estos estilos de músicas, como la labor de Chris Spheeris, la de Ray Lynch o los discos publicados en el sello Narada (David Arkenstone es el más conocido y vendible). Muchos seguidores de Oldfield tienen este disco en muy alta estima, pero un servidor es incapaz de verle ninguna virtud musical digna de mención. Es entretenido pero bastante insustancial.

1. In the Beginning – 1:24
2. Let There Be Light – 4:57
3. Supernova – 3:24
4. Magellan – 4:40
5. First Landing – 1:16
6. Oceania – 3:19
7. Only Time Will Tell – 4:26
8. Prayer for the Earth – 2:09
9. Lament for Atlantis – 2:43
10. The Chamber – 1:47
11. Hibernaculum – 3:33
12. Tubular World – 3:24
13. The Shining Ones – 2:57
14. Crystal Clear – 5:42
15. The Sunken Forest – 2:37
16. Ascension – 5:49
17. A New Beginning – 1:33
Total: 55:48

Anuncios

Mike Oldfield – Guitars


Mike Oldfield – Guitars
Género: Rock
Año: 1999, WEA
Valoración:

De forma inesperada, entre los engendros Tubular Bells III y Millenium Bell (apenas había transcurrido más de medio año desde la aparición del primero), Mike Oldfield sacó al mercado Guitars, un disco construido únicamente con guitarras. La propuesta es sumamente llamativa, pues lo mejor y lo más apreciado del músico siempre ha sido su asombrosa habilidad con estos instrumentos. Sin embargo, a la hora de la verdad es un álbum en el que se pueden resaltar más pegas que buenas cualidades.

El principal lastre es su falta de garra, de alma. Compuesto por temas muy sencillos, de melodías fáciles sin grandes desarrollos, para quien esto escribe peca de ser un trabajo poco ambicioso y sin grandes pretensiones, una especie de proyecto realizado en momentos de aburrimiento. Además deja la sensación de que algunos temas están inflados para que el disco alcance los cuarenta minutos de rigor. En un aspecto más personal, tampoco me convence el estilo, para mi gusto de una naturaleza demasiado electrónica y computerizada.

Diez temas dan forma a Guitars. Predominan guitarras suaves y envolventes, melodías apacibles y en bastantes ocasiones de cierta belleza, pero también hay tramos más intensos donde aparecen espectaculares sonidos roqueros. Destacan cortes como Muse, de aires castellanos, Cochise, un tema vivaz, y Out of Mind, con instantes rudos impresionantes, pero hay otros tan interesantes como Four Winds, con tramos muy bonitos, Summit Day, otro tema de buenas melodías con guitarra española, Enigmatism, de fuerza contenida…

No es un álbum muy destacable en la carrera de Oldfield, pero al menos le sacó temporalmente del tedio que inundaba sus obras en esos años. Aunque no cale en la memoria, es una escucha placentera.

1. Muse – 2:12
2. Cochise – 5:15
3. Embers – 3:51
4. Summit Day – 3:46
5. Out of Sight – 3:48
6. B. Blues – 4:30
7. Four Winds – 9:32
8. Enigmatism – 3:32
9. Out of Mind – 3:46
10. From the Ashes – 2:28
Total: 42:46

Mike Oldfield – QE2


Mike Oldfield – QE2
Género: Pop/rock
Año: 1980, Virgin
Valoración:

Mike Oldfield: guitarra eléctrica, bajo eléctrico, mandolina, banjo, arpa celta, timbales, vocoder, sintetizadores, percusiones varias, vibráfono…
Mike Frye: percusiones, percusiones africanas, timbales.
Tim Cross: piano, teclados, percusiones.
Phil Collins: percusiones.
Morris Pert: percusiones.
Maggie Reilly: voz.
David Hentschel: percusiones varias, teclados.
David Bedford: sección de cuerdas y coros.
Y colaboradores varios, como una sección de viento metal.

* * * * * * * * *

Se inicia la década de los ochenta y tras el cambio ofrecido en Platinum el inglés Mike Oldfield sigue inclinándose hacia formas musicales más comerciales, más cercanas al pop/rock que al rock sinfónico o progresivo. Las razones ya es bien sabido que hay que buscarlas sobre todo en la presión a la que era sometido por el megalómano Richard Branson, quien se diría que tenía casi más derechos sobre la música de Oldfield que el propio artista.

QE2, que ya todo seguidor sabrá son siglas que referencian al navío Queen Elizabeth II, se me antoja como un disco ligeramente irregular, una obra de gran potencial, llena de ideas fantásticas que cuajan muy bien en algunas ocasiones pero quedan algo insatisfactorias (que no malas) en otras. El álbum tiene dos cortes instrumentales de la densidad e inspiración que caracterizan a Oldfield y numerosos temas más bien cortos que dejan con cierto regusto amargo, porque son buenos, entre deliciosos y espectaculares, pero saben a poco, da la impresión de estar inacabados.

En el libreto se indica que Mike comparte las labores de producción con David Hentschel, aunque al parecer este ingeniero de sonido colaboró tanto en la grabación como en la composición. En los instrumentos se ven algunos colaboradores habituales, como los excelentes percusionistas Tim Cross, Morris Pert o Mike Frye, pero destaca la presencia de la cantante Maggie Reilly al ser su primera intervención con Oldfield en un álbum de estudio, iniciándose aquí una fructífera colaboración que duraría algunos años. Y como curiosidad, uno de los percusionistas es un músico que luego adquirió bastante fama, Phil Collins.

Taurus 1 (con continuaciones en Five Miles Out y Crises) es un tema que divaga entre notas muy divertidas y tramos espectaculares, con melodías rápidas y vivaces de guitarras, extrañas pero eficaces percusiones que imprimen un ritmo demencial y algunos momentos donde se incluyen vientos y algunas voces distorsionadas. Su tramo final es fantástico. QE2 sigue en la misma línea y se muestra tan inspirado como el anterior, pero en él destaca mucho más la sección de vientos y Mike se luce de forma impresionante con las guitarras.

Los temas de duración menor se caracterizan por ser composiciones sencillas y bastante lineales, es decir, no se observan los cambios bruscos de ritmo a los que acostumbra Oldfield. Curiosamente el inglés se inspira en canciones de otros grupos para la creación de dos de estos temas: Arrival es de ABBA y Wonderful Land de The Shadows, una banda de la que Mike era fan por aquella época.

Sheba, Conflict, la enérgica Mirage y Celt (hermosísimo tema) guardan ciertos parecidos formales entre sí: percusiones trepidantes, melodías de guitarra breves (a veces repetidas de forma cíclica), acompañamientos de teclados, voces transformadas por el sistema vocoder… Otros como Arrival o Wonderful Land son más calmados, de tonos más suaves. Molly, el más corto, es un homenaje a la hija que el músico tuvo ese año.

QE2 ha sido representado en directo en pocas ocasiones, siendo imprescindible el concierto Live in Montreux o los pocos temas que vienen en el disco recopilatorio The Complete.

Aunque es un disco que queda algo eclipsado por los más aclamados Platinum y Five Miles Out, de hecho no es uno de los trabajos más recordados del de Reading, lo cierto es que lo puedes escuchar una y otra vez, porque no parece envejecer. La única pega, la ya comentada de que hay cortes que parecen las demos de propuestas que nunca llega a desarrollar.

1. Taurus 1 – 10:16
2. Sheba – 3:33
3. Conflict – 2:52
4. Arrival – 2:49
5. Wonderful Land – 3:37
6. Mirage – 4:40
7. QE2 – 7:37
8. Celt – 3:05
9. Molly – 1:16
Total: 39:51

Mike Oldfield – Platinum


Mike Oldfield – Platinum
Género: Rock progresivo
Año: 1979, Virgin
Valoración:

Mike Oldfield: guitarras eléctricas y acústicas, piano, teclados, vibráfono, marimbas, voz.
Pierre Moerlen: percusiones, vibráfono.
Alan Schwwartzberg y Maurice Pert: percusiones.
Niel Jason, Hansford Rowe, Francisco Centeno: bajo.
Nicko Ramsden y Peter Lemer: teclados.
Sally Cooper: campanas tubulares.
Peter Gordon y Michael Riesman: trompa.
David Bedford: voz.
Wendy Roberts: voz en I Got Rhythm.

* * * * * * * * *

Platinum es uno de los discos más extraños de Mike Oldfield, tanto por ser el inicio de una nueva etapa estilística como por la propia originalidad y variedad de la música que plasma en él. Los grandes instrumentales han quedado atrás, la densidad y complejidad de aquellas piezas de rock sinfónico/progresivo han sido dejadas de lado a favor de formas más sencillas y alegres, con instrumentaciones más ligeras y con la destacable inclusión de hermosas canciones. Es el primer paso que da Oldfield en la música más popular, acercándose considerablemente al pop/rock de los ochenta. En este Platinum el inglés también inaugura uno de sus sellos más característicos, la división del disco en dos partes: la primera sección (o cara en el caso de las viejas cintas de audio) contiene el instrumental largo (en esta ocasión dividido en cuatro cortes de cinco minutos de duración media) y en la segunda encontramos los temas más vendibles, sean estos cantados o no.

Con un arrebatador inicio capaz de dejar atónico al oyente virgen nos adentramos en el singular Platinum. La descripción me resulta harto complicada, sobre todo si trato de otorgarle alguna etiqueta estándar. Oldfield se desprende de abultadas instrumentaciones y empieza a aportar teclados electrónicos; tenemos también mucho bajo empleado de forma magistral, largas melodías de guitarra, inclusiones de vientos y batería… La peculiar mezcolanza resultante está claramente inspirada en líneas musicales de principios del siglo XX como son el charlestón (referenciado sobre todo en la tercera parte, denominada precisamente Charleston) o el jazz, pero se abordan desde una perspectiva insólita de rock progresivo. La pieza es de gran intensidad y su estilo inclasificable le otorga un aspecto sumamente atractivo; es divertida e impactante y se hace muy corta. Incluso en la variada carrera de este gran músico hay que citarla como una de sus composiciones más curiosas y atrevidas. Y como curiosidad indicar que la parte cuatro, North Star, se inspira en un tema del conocido Philip Glass (Etoile Polaire, del álbum North Star), aunque las semejanzas son mínimas.

Las versiones en directo de Platinum son siempre una gozada, pues Oldfield se tira más de diez minutos seguidos soltando notas de guitarra sin parar con un virtuosismo asombroso. No se pierdan el DVD Live in Montreux o el directo incluido en el recopilatorio The Complete.

De transición entre las dos etapas del disco hallamos uno de los temas menos recordados del músico: Woodhenge. A medio camino entre las nuevas músicas y el minimalismo este corte se construye con breves melodías de guitarra sobre un envoltorio de ruidos diversos que hacen pensar tanto en una sala llena de relojes como en el ambiente nocturno de un bosque. Aparte de la curiosa atmósfera no transmite nada y resulta bastante aburrido, por no decir que se olvida instantáneamente.

La canción Sally necesita una nota introductoria, pues no es el tema cuyo nombre indica. La verdadera Sally fue rechazada por Richard Branson, quien edita y vende los discos de Oldfield durante muchos años, y fue sustituida por una canción llamada Into Wonderland, que es precisamente la que podemos escuchar en el álbum. Mantiene sin embargo el nombre anterior porque en la impresión de las carátulas no llegó a cambiarse (y no se ha hecho en ninguna reimpresión), así que para escuchar la verdadera Sally hay que recurrir a alguna de las 30.000 ediciones que salieron a la venta antes del cambio, que probablemente no serán nada baratas ni fáciles de encontrar.

Sally (Into Wonderland) es una canción bonita, algo lánguida, con un buen acompañamiento de coros y batería y una voz principal muy dulce. La otra maravillosa canción de Platinum es I Got Rhythm, más bella aún que la anterior, tanto que es de mis canciones favoritas del inglés aunque todo el mundo menciona siempre las más populares (Five Miles Out o Moonlight Shadow). Comienza con una voz femenina muy tranquila sobre un curioso juego de teclados y va ganando intensidad poco a poco hasta llegar a un clímax sensacional. La batería, la guitarra acústica y la imponente y a la vez elegante voz de Wendy Roberts ofrecen una canción fascinante, embriagadora.

Dejo para el final otro corte bastante rarito, Punkadiddle. Compuesto como crítica al movimiento punk que nada gustaba al inglés, es un tema de melodías rápidas y repetitivas, imitando de forma bastante graciosa el caos casi sin sentido del género mencionado. Mike, como es muy habitual, nos ofrece unas guitarras inimitables, y el efecto de coros en plan estadio deportivo alabando a su equipo es bastante impresionante.

Platinum es una forma fantástica de inaugurar un nuevo período artístico en la rica carrera de Mike Oldfield. Grandes ideas bien plasmadas por el siempre eficaz ingeniero de sonido Tom Newman (esta vez Oldfield no realiza labores de producción) ofrecen una obra tan atípica como atractiva, llena de simpatía y con dosis muy bien aprovechadas de belleza y espectacularidad.

1. Part 1: Airborne – 5:05
2. Part 2: Platinum – 6:06
3. Part 3: Charleston – 3:17
4. Part 4: North Star/PlatinumFinale – 4:49
5. Woodhenge – 4:05
6. Sally (Into Wonderland) – 3:46
7. Punkadiddle – 5:46
8. I Got Rhythm – 4:44
Total: 37:41

Mike Oldfield – Crises


Mike Oldfield – Crises
Género: Pop/rock
Año: 1983, Virgin
Valoración:

Mike Oldfield: voz, guitarras, teclados, samplers, ordenadores, percusiones, bajos, piano, arpa, mandolina, farfisa, banjo, pandereta.
Maggie Reilly: voz en Moonlight Shadow y Foreign Affair.
Jon Anderson: voz en In High Places.
Roger Chapman: voz en Shadow on the Wall.
Colaboradores: Simon Philips (percusiones), Phil Spalding (bajo), Rick Fenn (guitarra), Pierre Moerlen (vibráfono).

* * * * * * * * *

Crises salió a la luz en el décimo aniversario de Tubular Bells, un par de años después de que el mítico disco alcanzara la extraordinaria cifra de diez millones de copias vendidas. Como venía haciendo desde unos discos atrás, sobre todo en el insigne Five Miles Out, el inglés se mantiene, más por presión de la discográfica que por propia decisión, con un pie en el pop/rock comercial y otro en sus propias inquietudes musicales. Crises se divide pues en dos partes (o caras cuando teníamos las cintas de audio), una instrumental larga y otra de canciones. Así serían sus discos durante muchos años, lo que me lleva a preguntarme qué nos habría dado Mike Oldfield si no hubiera tenido un contrato esclavista con una multinacional, qué joyas musicales tendríamos si hubiera disfrutado de total libertad creativa.

Si en Five Miles Out Mike optó por un estilo de rock acústico en Crises ha dado forma a sus ideas a través de un arduo trabajo con teclados, sintetizadores, ordenadores… El estilo conferido es singular y ofrece una atmósfera llena de energía que podemos disfrutar sobre todo en el instrumental, pero también en menor medida en las canciones.

Crises aparece en primer plano y es sin duda el protagonista principal del disco, aunque este se vendiera por los temas cantados. Tormentas de guitarra y percusiones que quitan la respiración, delirios con sirenas y otros efectos, trepidantes tramos de indescriptible genialidad, recesos inesperados, giros espectaculares… Veinte minutos de puro deleite donde el genio expone sin límites su fabuloso repertorio de increíbles ideas; y como era y es uno de los mejores productores musicales de todos los tiempos, la plasmación en disco es sencillamente sublime. Comparado con trabajos venideros podría decir que es su último instrumental complejo y largo de alta calidad, pues el de Island no llega a ser tan exquisito, el de Discovery es regularcejo, el de Heavens Open más aún…

La parte cantada se inicia con Moonlight Shadow, indudablemente la canción más conocida de su obra, un tema pop sencillo, divertido, pegadizo. La divina voz de Maggie Reilly brilla con luz propia sobre unas melodías alegres de guitarras y ritmos que se recuerdan con facilidad y agrado.

In High Places cuenta con la voz de Jon Anderson, conocido por ser vocalista del grupo Yes. Es un tema con un aura a fantasía lejana, sustentado por ritmos suaves pero rápidos de batería, bajo y un bonito vibráfrono.

A pesar de la fama de Moonlight Shadow, si tuviera que elegir entre las canciones probablemente me quedaría son la cándida y repetitiva Foreing Affair. Su estilo es precioso y original y la voz de Maggie como siempre angelical, mientras que el toque de campanas enfatiza aún más ese aire celestial tan hermoso.

Taurus 3 cierra una curiosa trilogía temática iniciada en QE2 y continuada en Five Miles Out. Al contrario que sus dos primeras partes es un corte de gran brevedad. Es el momento mas acústico del álbum, lleno de guitarras clásicas que suenan a toda velocidad y por todas partes. La inspiración flamenca es evidente en este extraño pero espectacular tema.

Shadow on the Wall se halla en una línea más cercana al rock que al pop. Roger Chapman imprime un registro de voz áspero y espectacular entre logrados golpes de guitarras y un excelente acompañamiento de bajo. Menos vendible que Moonlight Shadow, pero igual o más interesante. Existe una versión casi el doble de larga y algo más espectacular que podemos encontrar en algunos recopilatorios como The Complete o The Platinum Collection.

Como suele ocurrir con los discos comerciales se realizan vídeo clips de las canciones principales como complemento para la promoción y el mercado colateral (el consabido merchandising). La característica principal de los vídeo clips de Oldfield es su total falta de arte y calidad, resultando previsibles, simples y aburridos. En Crises, Moonligh Shadow y Shadow on the Wall contaron con vídeo clips que como es habitual no merecen la pena.

1. Crises – 20:40
2. Moonlight Shadow – 3:38
3. In High Places – 3:33
4. Foreign Affair – 3:53
5. Taurus 3 – 2:25
6. Shadow on the Wall – 3:08
Total: 37:19

Mike Oldfield – Music of the Spheres


Mike Oldfield – Music of the Spheres
Género: Sinfónica
Año: 2008, Universal
Valoración:

Aunque Mike Oldfield siempre ha sido un autor con especial interés en experimentar con la música, en ir más allá que los demás incluso en sus incursiones por el pop/rock de índole más comercial, ha llegado a una etapa de su carrera (diría que se inició tras la segunda entrega del majestuoso Tubular Bells) donde parece que su afán de marcar su propio estilo se ha girado hacia prácticamente lo contrario. The Songs of Distant Earth, Tubular Bells III, The Millenium Bell, Voyager, Light and Shade, Tres Lunas… exceptuando Guitars, el único con personalidad propia, ¿qué tienen en común? A simple vista nada, son trabajos cuya estética difiere entre sí todo lo que puede hacerlo. Pero ahí radica la cuestión: todos son álbumes que intentan emular al pie de la letra los géneros en los que se anclan. Por supuesto, se nota que son de Oldfield en sus toques de guitarra y más aún en el prodigioso nivel de producción, pero en lo que respecta a la música, quedan como intentos poco logrados de imitar géneros muy exprimidos a lo largo de los años. Ya no tenemos a un músico de vanguardia, inquieto, juguetón e inspirado que deja su alma en la creación de piezas con carisma propio, sino un achacoso compositor entretenido en imitar líneas de sonidos ya conocidos. Tecno, chill out, celta, electrónica new age, electrónica discotequera, fusión étnica… el último paso ha sido hacia la sinfónica con este Music of the Spheres.

A pesar de su irregular carrera y de su lamentable etapa final, su base de fans, entre los que todavía me incluyo para mi propia sorpresa y a veces desesperación, es amplia y sólida y espera con expectación cada nueva obra del músico inglés. Music of the Spheres en cierta manera ha supuesto otra decepción en su discografía, y digo en cierta manera porque, a pesar de considerar que es una composición bastante alejada de lo que citaría como un álbum de alta calidad, no me cabe duda (y probablemente nadie esté en desacuerdo aquí) de que es bastante superior a sus últimos delirios de sonidos fabricados en mesas de mezclas. Hemos de aceptar, si algún seguidor aún no lo ha hecho, que el Mike Oldfield de su primera y espléndida etapa no volverá a aparecer; y en lo que a mí respecta, a estas alturas ni tan siquiera espero discos del nivel de su fase de pop/rock, como Crises o Islands (por no irme tan lejos como para mencionar los dos grandes, Platinum y Five Miles Out).

Music of the Spheres es una sinfonía amateur, con menos virtudes que elementos claramente mejorables. Entre que Mike Oldfield ha dejado su cima creativa bastante atrás y que su experiencia en este ámbito es probablemente nula, la obra resultante es bastante irregular. La composición es humilde y presenta unos pocos momentos dignos de mención (Shabda, On My Heart, Aurora y en menor medida otros pasajes) entre rellenos aburridos y repeticiones (reprises) que alargan la escasa extensión del disco innecesariamente, como para cumplir con la duración estándar. Pero son dos los problemas más destacables de la obra. El primero es su falta de garra, pues la emoción y la belleza que ofrece es tenue y fugaz. El segundo es la constante sensación de que todo suena a visto, no sólo por las evidentes reminiscencias de los Tubular Bells (demasiado notables en ocasiones, como en Harbinger o Musica Universalis), sino porque como comentaba más arriba, Oldfield parece más interesando en que el álbum funcione dentro del género en el que está navegando, en que sea representativo del mismo en vez de dedicarse a dotarlo de su propio sonido. Según la experiencia musical del oyente, éste observará no pocos parecidos con obras que le son conocidas, sobre todo dentro de la rama más popular de la música con orquesta, la música de cine.

El que Oldfield no esté familiarizado con el uso de orquesta (a pesar de aquel Orchestal Tubular Bells del que nadie se acuerda) se nota también en el sonido final. Aparte de la apatía que emana de la instrumentación está la sensación de que todo es previsible, de que cada clímax y modulación se ve venir y no se usan con la pericia suficiente como para ofrecer sonoridades de gran calidad. Aunque cuenta con la ayuda de alguien experimentado en la dirección de sinfónicas, el interesantísimo Karl Jenkins (creador del mítico Adiemus), por muy bueno que sea éste no es co-autor, sino colaborador, y está ahí para asesorar al compositor y para dirigir a los intérpretes, no para mejorar lo que el de Reading ha escrito. Sin embargo, es obvio que algún consejo sí dio, pues su huella se nota en un par de instantes, como en Shabda. En cuanto a las otras colaboraciones, la aportación del afamado pianista Lang Lang (oído recientemente en la hermosa El velo pintado de Alexandre Desplat, por ejemplo) pasa bastante desapercibida al encargarse de la ejecución de melodías breves y nada brillantes, mientras que la de Hayley Westenra, una cantante que está muy buena, perdón, que posee una voz maravillosa, está mejor aprovechada, siendo precisamente su eficaz aparición la que consigue que algunos momentos sean dignos de mención.

En resumen, Music of the Spheres es un disco sencillo, una aproximación a la música sinfónica desde una perspectiva más comercial, más fácil para oídos inexpertos en el género. De corta duración y con tramos más acertados que otros, su audición es amena pero no despierta pasión, no consigue calar en los sentidos y dejar impronta duradera. Un servidor lo cataloga a la altura de Guitars o The Songs of Distant Earth, los que considero los más interesantes de este periodo de saltos entre géneros que se trae Mike O
ldfield
desde el Tubular Bells II.

1. Harbinger – 4:08
2. Animus – 3:09
3. Silhouette – 3:19
4. Shabda – 3:56
5. The Tempest – 5:48
6. Harbinger – 1:30
7. On My Heart – 2:26
8. Aurora – 3:42
9. Prophecy – 2:54
10. On My Heart – 1:16
11. Harmonia Mudi – 3:46
12. The Other Side – 1:28
13. Empyrean – 1:37
14. Musica Universalis – 6:24
Total: 45:29

Mike Oldfield – Five Miles Out


Mike Oldfield – Five Miles Out
Género: Pop/rock
Año: 1982, Virgin
Valoración:

Mike Oldfield: guitarras, teclados, bajo, voz.
Maggie Reilly: voz.
Morris Pert: percusiones, teclados.
Tim Cross: teclados.
Rick Fenn: guitarras.
Colaboradores: Mike Frye (percusiones), Paddy Moloney (gaita irlandesa), Carl Palmer (percusiones), Graham Broad (percusiones).

* * * * * * * * *

Tras Platinum y QE2 Mike Oldfield seguía inclinándose en cierta medida hacia músicas más comerciales mediante la inclusión de canciones más asequibles para el público. Según algunas fuentes, esto podría deberse a presiones por parte de la discográfica. Family Man y Five Miles Out fueron sus primeros éxitos en esta categoría, y aunque el plato fuerte del álbum sigue siendo su parte de instrumentales largos, son canciones nada desaprovechadas, y en conjunto Five Miles Out es un trabajo de enorme calidad, sin lugar a dudas el más destacado dentro de su etapa de pop/rock de los ochenta.

El mérito de su gran recepción entre los seguidores del músico inglés radica sobre todo en el excepcional, sobrecogedor y espectacular Taurus II, inmenso corte de veinticinco minutos secuela de Taurus I de QE2, aunque el estilo difiere bastante, en el que la calidad que ostenta es tal que soporta sin problemas una comparación con las grandes obras instrumentales de la primera etapa de su carrera. La instrumentación es densa e impresionante, rebosante de geniales guitarras que suenan constantemente en una tormenta de imponentes percusiones, y tiene un acabado como siempre impecable, con cada instrumento milimétricamente ubicado en su lugar y sonando de maravilla. La intensa composición se mantiene a un nivel muy alto en todo momento, manteniendo al oyente expectante en cada segundo con la fuerza y pasión que destila. A pesar de las constantes melodías cruzadas resulta cualquier cosa menos caótico y, como es habitual, se pueden citar tramos inolvidables, como la segunda y última colaboración de Paddy Moloney (la primera fue en Ommadawn) con su maravillosa gaita irlandesa alrededor del minuto seis (y vuelve a aparecer más tarde), el fantástico tramo que hay sobre el minuto diez que apenas dura unos instantes, la parte cantada que llega casi a los diecisiete minutos… En resumen, una joya de proporciones antológicas.

Aunque el inicio del disco haya sido arrollador, y de hecho ningún tema instrumental largo de sus discos con canciones de esta década lograría superarlo, el álbum no se acaba aquí. En el siguiente corte hallamos una canción sencilla, Family Man, perfecta para triunfar en las listas de canciones de moda, tal y como hizo junto a Five Miles Out variando su éxito según el país. La encantadora voz de Maggie Reilly recita una letra sin muchas complicaciones sobre un curioso y divertido juego de guitarras que entran y salen con breves melodías, una base de percusiones muy típica pero efectiva y buenos efectos de teclados. Es una canción limitada por su propia categoría de tema pop, o sea, muy simple en forma y de contenido repetitivo, pero está bien ejecutada y es bonita.

Otro estupendo tema instrumental viene a continuación. Orabidoo, de trece minutos, es bastante curioso, generalmente lento y tranquilo y con partes muy diferenciadas incluso para provenir de un autor como Oldfield. Empieza con bonitas notas de glockenspiel para en el siguiente tramo incorporar percusiones y voces alteradas mediante un sistema denominado vocoder. A los siete minutos se incorpora, en el inicio de su parte álgida, el piano, y a medida que avanza va cobrando una fuerza deslumbrante con guitarras y teclados. A los diez minutos, tras un clímax sublime, un giro radical da paso a una canción muy dulce de guitarra clásica y con la voz de Reilly ya sin alteraciones.

Mount Teidi, a pesar de que su duración pueda indicar lo contrario, también es instrumental. Ritmos de cadencia repetitiva van avanzando de manera sosegada, creciendo poco a poco pero sin llegar a un punto culminante de grandes proporciones. Se me antoja bastante más interesante que la vendible Family Man, aunque se halla algo olvidado entre las dos canciones de éxito y los dos eminentes instrumentales.

La canción que da nombre al álbum está en la última posición del listado. Oldfield la escribió basándose en una terrible experiencia que tuvo cuando disfrutaba de una de sus aficiones favoritas, pilotar aviones. Una repentina tormenta estuvo a punto de acabar con la vida del inglés y sus acompañantes cuando sobrevolaba los Pirineos, y tanto la letra de la canción, con diálogos y llamadas de auxilio, como la forma del tema, de aspecto caótico, rememoran aquel suceso. Es una buena canción, para algunos la mejor que ha conseguido, construida con solidez, pegadiza sin caer en la simplicidad del pop barato, con grandes partes de guitarras y Mike cantando, aunque eso sí, modificando su voz.

1. Taurus II – 24:49
2. Family Man – 3:45
3. Orabidoo – 13:02
4. Mount Teidi – 4:10
5. Five Miles Out – 4:17
Total: 49:59