El Criticón

Opinión de cine y música

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Uno de los nuestros


Goodfellas, 1990, EE.UU.
Género: Suspense, acción, histórico.
Duración: 146 min.
Dirección: Martin Scorsese
Guion: Martin Scorsese, Nicholas Pileggi.
Actores: Robert De Niro, Ray Liotta, Joe Pesci, Lorraine Braco, Paul Sorvino, Frank Sivero, Frank Vincent, Chuck Low, Gina Mastrogiacomo, Debi Mazar, Tony Darrow.

Valoración:
Lo mejor: Guion y dirección desbordantes de imaginación y recursos geniales. Reparto implicadísimo.
Lo peor: Algunos excesos terminan pesando, aunque sea ligeramente. En general está bastante sobrevalorada: es una gran película, pero no una obra maestra y mucho menos una de las diez o incluso de las cien mejores de la historia.
La frase: Desde que tuve uso de razón siempre quise ser un gángster.

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El libro Wiseguy (la forma en que se llamaban a sí mismos los mafiosos, los “tipos sabios” o los “buenos chicos”, según la traducción que prefieras) del periodista Nicholas Pileggi editado en 1985 tuvo estupendas críticas, se consideró el retrato más realista sobre las mafias de Estados Unidos. Martin Scorsese, enamorado del género, no tardó en quedar prendado de él y contactó con Pileggi para adaptarlo, quien estuvo entusiasmado también.

Desde el principio el realizador tenía claro que quería un relato frenético, que saltara de detalle en detalle e historia en historia, incluso yendo adelante y atrás en el tiempo, hasta componer un cuadro completo de la mafia liderada por Paul Vario desde los años cincuenta hasta casi los ochenta. El punto de vista sería el de Henry Hill, un joven cautivado por este mundo hasta que de adulto la violencia y los excesos lo traen a la realidad y acaba colaborando con el FBI para salvar su pellejo.

La pasión de Scorsese en el proyecto se nota en el acabado, pero si se indaga en el proceso creativo se hace aún más evidente. Es normal en el mundo del cine que los rodajes se retrasen o queden en suspenso en espera de financiación y mientras tanto hagan otras películas, pero no tanto que mientras rodaba La última tentación de Cristo (1988) siguiera dando vueltas al concepto, al libreto que escribía mano a mano con Pileggi, a los detalles, hasta el punto de que tenía casi todas las canciones usadas en la banda sonora ya en mente años antes. También se cuidó de tener un reparto cohesionado y comprometido, no se dedicó a reunir colaboradores habituales sin más. El primer elegido, Robert De Niro, no se limitó a cumplir, sino que mostró gran interés en el papel, indagando sobre el personaje, taladrando a Pileggi con preguntas sobre sus gestos y comportamientos. El director fomentó esa implicación haciendo que los demás actores también analizaran a fondo sus personajes, y durante el rodaje permitió bastante improvisación para que adaptaran sus formas de ser a las suyas propias, tomaba nota de todo y retocaba el guion para terminar de pulirlos.

En la puesta en escena estuvo pletórico. Tras varios títulos donde mostraba un excelente dominio de la técnica pero sobre todo lo que te hace destacar, gran inventiva y personalidad, Scorsese fue más allá, dejó clara su maduración y valentía, unió todos sus conocimientos, estilos, tics… y deslumbró con un despliegue de recursos y creatividad asombrosos. El ritmo frenético que no te deja respirar emerge de un guion denso pero ágil y de un montaje soberbio de Thelma Schoonmaker, una figura esencial en su carrera. Los largos e inmersivos trávelings, tan complicados como espectaculares, harían sudar al director de fotografía Michael Ballhaus, otro habitual en sus cintas, fallecido en 2017. La estructura no lineal desgrana cada evento y consecuencia con cuidado, o sea, que no es un artificio. La brillante dirección de actores sacó lo mejor de intérpretes ya consagrados y permitió que otros no tan conocidos dejaran huella. La extensa y cuidada selección musical es muy pegadiza, pero también supuso que la banda sonora fuera una de las más caras jamás producidas. La recreación histórica fue muy adecuada (el mayor presupuesto que tuvo hasta entonces), y ayuda junto a la música a establecer con facilidad el marco temporal de cada segmento.

Con la asombrosa mezcla de géneros (comedia negra, drama satírico, epopeya criminal) y el despliegue de recursos narrativos Uno de los nuestros resulta un relato histórico y costumbrista tan retorcido y violento como apasionante. Desde la presentación del protagonista conocemos instantáneamente su entorno, sus motivaciones y esperanzas, de manera que su vida y el mundo al que aspira captan toda nuestra atención. Henry Hill (Christopher Serrone en la adolescencia) es un joven de barrio obrero con una familia numerosa y pobre que anhela las facilidades del grupo que manda en la zona por encima incluso de la policía. De adulto (Ray Liotta) vivirá a lo grande explotando todas esas ventajas… hasta que se asoma al precipicio. Paul Cicero (basado en Paul Vario, interpretado por Paul Sorvino… “Todas las italianas se llaman Marie y todos los italianos Paul”), es el padre que no puede ser su padre: afable y que todo lo da. Jimmy Conway (adaptación de Jimmy Burke, en manos de Robert De Niro) es el hermano mayor o mentor idealizado, quien todo le enseña y cuyos pasos quiere seguir. Tommy DeVito (inspirado en Tommy DeSimone, dado a la vida por Joe Pesci) es el amigo loco con quien te lo pasas en grande… pero al que tienes que perdonarle sus excesos. Y Karen Hill (Lorraine Braco) es la novia de Henry, que acaba atrapada también en este mundo de ostentación.

Henry es un joven encantador que lo ha conseguido todo con facilidad y da con facilidad. Su vida es una fiesta constante, drogas, putas y trabajos estimulantes. Los únicos problemas que parece tener son guardar las apariencias de familia tradicional mientras comete sus fechorías; e incluso ahí, llega un momento en que su mujer acaba pasando del rol de ama de casa y entrando en el juego también. Pero el mundo en que vive, el que proporciona la mafia, está fuera de la realidad, es una fachada que esconde mucha podredumbre. Los problemas se resuelven con violencia, el poder y el dinero se ganan aplastando a otros, las únicas leyes que tienen son estrictas y crueles, y al final se le caerá la venda incluso con sus amigos.

La transformación emocional que muestran tanto Ray Liotta como Lorraine Braco es de impresión. De la ilusión inicial pasan a los excesos y problemas, y de ahí a un abismo donde no ven salida. El tormento en la etapa final, con ambos puestos de cocaína huyendo de todo y todos, se contagia al espectador, te pone de los nervios. Jimmy es una figura afable cuando las cosas van bien, pero se torna despiadado y desapegado cuando sale su lado asesino, y De Niro capta la vena psicópata con una facilidad pasmosa, cada gesto y mirada produce escalofríos. La faceta dura de Cicero es inquietante, potenciada muy bien por un inmenso Sorvino. Y Pesci está incluso un escalón por encima de todos, su tormentoso, volátil y demente rol marcó una época.

Lo sorprendente es que a pesar de la buena recepción de la cinta y las loas al reparto muchos actores no supieron aprovechar el éxito para relanzar sus carreras. Liotta arrastró papeles de poca monta hasta que volvió a conseguir un buen personaje en Copland (1997) y ahora más recientemente en Historias de un matrimonio (2019). Pesci tampoco se prodigó mucho, repitiendo en Casino (1995) un pobre remedo de este personaje, y no volvió a dar una gran interpretación hasta El irlandés (2019). Braco no logró nuevos éxitos hasta que pudo volver a demostrar su enorme talento en Los Soprano (1999). Y siguiendo con esta serie, al menos veinte actores secundarios vistos aquí repitieron en aquella con papeles más importantes; Scorsese dio trabajo a la mitad de la comunidad italoamericana dedicada al cine; hasta sus padres tienen una aparición.

Escenas míticas tenemos por doquier. La presentación que mezcla la infancia con un asesinato que le abre los ojos al protagonista, los trávelings que nos pasean entre las fiestas atestadas, las peleas de DeVito con el veterano recién salido de la cárcel y con el joven en la partida de póquer, la mujer de Henry apuntándolo con un arma, y finalmente la memorable paranoia con el helicóptero.

Pegas también tiene algunas, y aunque no resultan graves es indudable que aportan minutos prescindibles o dejan pequeños huecos. A veces la narración se acelera demasiado o se desvía en cosas que no parecen especialmente relevantes. La estancia en la cárcel resulta un poco forzada, como para cumplir con todas las vivencias habituales de estos criminales. Solo se habla de comida, y aunque esto incluye el soborno a los guardias y expone el poder que tienen, supone un receso poco útil, no cuenta nada concreto. Algún personaje secundario queda descolgado, como metido con calzador, como el de Samuel L. Jackson, pues su relación con el gran robo no aporta problemas llamativos y que DeVito mata a cualquiera lo sabemos de sobra; o el pesado que les pide dinero, Morris (Chuck Low), que entra y sale de escena aleatoriamente. El matrimonio de los protagonistas principales pasa por muchas etapas, con bajones acuciados, como suele ocurrir en la vida misma, pero en ocasiones da la sensación de que saltamos de una fase a otra sin que parezca haber una transición adecuada. Y para ser una obra pretendidamente histórica no sé a qué viene la salida de tono con las pistolas con silenciador: no, en la realidad no existen esos silenciadores mágicos que hacen que los disparos suenen como un débil “pufff”.

Aunque Scarface (El precio del poder, Brian De Palma, 1983) ya había jugado a distorsionar el glamour y la idealización de las historias de gángsteres hacia un registro más alocado, que añadiera acción y visceralidad en contraposición con la seriedad y magnificencia impuesta por la saga El padrino (Francis Ford Coppola, 1972), Uno de los nuestros fue mucho más allá, perfeccionando el estilo sin perder un ápice de la visión histórica ni la dramática, ni abandonar la seducción por el mundo del crimen. Creó escuela, arrasó en críticas y premios, y envejece muy bien, más si la comparamos con otros intentos de Scorsese de repetir sus buenos resultados, como Casino y El irlandés. No es de mis favoritas de su filmografía, pero me parece su mejor película hasta la llegada de Infiltrados (2009).

Pero, como suele pasar con algunos fenómenos, la pasión de su recibimiento se llevó demasiado lejos. Objetivamente dista de ser una las diez o veinte mejores películas de la historia como tantos se empeñan en defender. Con toda seguridad ni sería justo contarla entre las cien, donde la incluye la AFI, tan poco de fiar como los Óscar y Globos de Oro. Ese mismo año compitió con pesos pesados como Desafío total (James Cameron), El padrino III (Francis Ford Coppola) y Bailando con lobos (Kevin Costner). El año siguiente tuvimos Terminator 2 (James Cameron), esa sí, una obra maestra de arriba abajo, y el anterior fue el de Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg), que se queda muy cerca de serlo. Es decir, sólo en esos tres años se pueden citar cinco películas iguales o superiores… y si nos ponemos serios, en 1988 tuvimos dos obras maestras completamente únicas, Akira (Katsuhiro Ôtomo) y La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata), y maravillas como Mi vecino Totoro (Hayao Miyazaki) y La jungla de cristal (John McTiernan), pero claro la animación, la ciencia-ficción y la acción “no son cine de verdad”. En resumen, Uno de los nuestros tiene gran valor por sí misma, no hace falta empequeñecer decenas de obras maestras para disfrutarla y alabarla.

La caza del Octubre Rojo


The Hunt for Red October, 1990, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 134 min.
Dirección: John McTiernan.
Guion: Larry Ferguson, Donald Stewart, Tom Clancy (novela).
Actores: Sean Connery, Alec Baldwin, Scott Glenn, Sam Neill, James Earl Jones, Tim Curry, Courtney B. Vance, Stellan Skarsgård, Jeffrey Jones, Fred Dalton Thompson.
Música: Basil Poledouris.

Valoración:
Lo mejor: El magnífico guion y la excelente puesta en escena consiguen un thriller trepidante y absorbente.
Lo peor: Que no haya más títulos de misma temática y calidad.

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La primera adaptación cinematográfica de las novelas sobre el analista de la CIA Jack Ryan escritas por Tom Clancy resultó un memorable thriller de acción, un ejemplo a seguir que en la actualidad desgraciadamente cada vez se sigue menos. Desde alrededor del año 2000 cada vez se trabajan menos la trama, la atmósfera, el ritmo y las emociones, y se dedica el esfuerzo casi exclusivamente al apartado de efectos especiales o la acción inmediata sin nada detrás. Tanto se ha olvidado el buen hacer que hasta el intento de resucitar la saga fue un fracaso: Jack Ryan, operación sombra (Kenneth Brannagh, 2014) resultó un título lastimero. Excepciones como Jason Bourne (Doug Liman, 2002) o Jack Reacher (Christopher McQuarrie, 2012) llegan con cuentagotas, y no llegan a hacerle sombra. Hay que irse más atrás, hasta Ronin (John Frankenheimer, 1998), para poder poner un ejemplo de alta calidad.

El guion de Larry Ferguson y Donald Stewart (este último escribió también las dos protagonizadas por Harrison Ford) es complejo, detallista y valiente, y si tiene fallos son casi insignificantes. Por ejemplo, hay un par de momentos donde se pasan de largo con el detallismo, como el accidente en el portaaviones, que aporta bien poco. Con valentía me refiero a que no tienen miedo a exponer una trama que se desgrana poco a poco y tarda en cobrar sentido, ni les tiembla el pulso a la hora de presentar personajes muy alejados entre sí y que tardarán muchísimo en encontrarse. Solo podría decir que el capitán del otro submarino ruso, interpretado por Stellan Skarsgård, al final termina quedando un poco al servicio de la trama, más que como personaje de peso como recurso de último momento para poner las cosas más difíciles, pero en esa función cumple de sobras.

El suspense que genera el juego de ir descubriendo los planes del otro, los giros bien colocados, la acción en su justa medida y sobre todo personajes de calidad sumergidos en los momentos más difíciles de sus vidas conforman un relato que atrapa en cada minuto produciéndote una sensación de intriga e inquietud por lo que está por venir. Puedes intuir que habrá final feliz como es habitual en el cine de Hollywood, pero no te lo crees hasta que no lo ves, y además el desenlace no se limita a un clímax de acción ruidosa, sino que sigue manteniendo a los protagonistas en el foco de la narración, haciéndote sufrir con ellos.

John McTiernan rueda con un dominio narrativo impresionante, forjando un ritmo ejemplar para un thriller: intrigante en todo momento y con picos de tensión excepcionales, pero también trepidante cual obra de acción. Además hay que tener en cuenta que era una cinta difícil, pues los escenarios son muy cerrados y oscuros. Destaca el sabio uso de la fotografía de Jan de Bont (quien luego dirigiera títulos conocidos como Speed y Twister), que se maneja de maravilla en los espacios cerrados y logra un excepcional uso de la iluminación. Para terminar, la música de Basil Poledouris es mucho más que los impresionantes coros, pues luego se torna sutil y sumamente efectiva.

Los actores saben adaptarse muy bien a sus personajes. Alec Baldwin es el único por debajo de la media, pero su inexperiencia y aspecto de panoli coinciden con lo que precisamente necesitaba el personaje. Sean Connery muestra muy bien como su rol oculta cosas a la tripulación, desde sus intenciones a sus sentimientos. Scott Glenn como capitán serio y curtido pero que no resulta el cowboy temerario que parecía, sino que es paciente e inteligente, consigue otra interpretación contenida muy lograda; es una pena que el actor nunca pasara de ser uno de esos secundarios de toda la vida. Y tenemos muchos más secundarios de lujo: Sam Neill, James Earl Jones, Jeffrey Jones

La segunda parte, Juego de patriotas (Phillip Noyce, 1992) bajó bastante el nivel, pero la tercera, Peligro inminente (ídem, 1994) se encarriló de nuevo. Sin embargo, la saga quedó en suspenso hasta el citado fallido reinicio de 2014.

Desafio total


Total Recall, 1990, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 113 min.
Dirección: Paul Verhoeven.
Guion: Dan O’Bannon, Ronald Shussett, Gary Goldman.
Actores: Arnold Schwarzenegger, Rachiel Ticotin, Sharon Stone, Ronny Cox, Michael Ironside, Marshall Bell, Mel Johnson.
Música: Jerry Goldsmith.

Valoración:
Lo mejor: Todo: guion (thriller exquisito, personajes excelentes), ambientación (decorados, efectos especiales), dirección, banda sonora, reparto… Su capacidad para entretener y asombrar incluso veinte años después.
Lo peor: Nada, excepto quizá lo de siempre: la sensación de que por ser ciencia-ficción se infravalora.
La frase: Mueve el culo hacia Marte. Mueve el culo hacia Marte…

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No cabe duda que los años ochenta y noventa fueron la mejor época del cine de acción y derivados (aventuras, ciencia-ficción, fantasía). No sólo por las obras maestras de James Cameron (Aliens, Terminator II) o las innumerables producciones de gran influencia (Depredador, La jungla de cristal, La guerra de las galaxias -aunque empezó en el 77-, Indiana Jones…), sino porque en general el estándar en la época era bastante más alto que el actual. Las películas de Arnold Scharzenegger o Bruce Willis, por poner los ejemplos más fáciles, resultaban por lo general mucho más entretenidas y carismáticas que las tonterías llenas de efectos digitales que tenemos que tragar ahora (incluidos innumerables remakes de grandes de aquella época… sin ir más lejos el estreno de Desafío total 2012 es inminente). A caballo entre las dos décadas (justo en 1990) Paul Verhoeven, que había dejado buenas impresiones con Robocop, nos deleitó con Desafío total, una espectacular producción que aglutinaba las mejores bazas del género: capacidad para entretener e incluso dejar huella por su fuerza narrativa y visual sin perder por ello la inteligencia por el camino.

Inspirada en un relato de Phillip K. Dick y escrita entre otros por Dan O’Bannon (principal artífice también de Alien), Desafío total camina entre el thriller, la acción y la ciencia-ficción inteligente, y todo ello edulcorado además con un atrevido tono irreverente, casi auto-paródico, que no desentona lo más mínimo sino todo lo contrario, imprime al relato una personalidad tan atípica como eficaz. Las escenas de Quaid sacándose el rastreador, la cara falsa que luego explota, las tres tetas, el vendedor de sueños, el pesado taxista, la escenas de asfixia e incluso la aparición de Kuato tienen un tono de aventura absurda rozando la comedia muy atrevido pero notablemente eficaz. Hasta la violencia extrema y explícita no se puede tomar en serio (el ataque de la máquina excavadora es claramente gore-comedia). Fuera idea del guion o algo amplificado por Verhoeven, el estilo de la cinta busca claramente divertir y entretener a toda costa, y como decía, no por este aspecto gamberro se deja de lado la consistencia e inteligencia del relato ni se toma por tonto al espectador.

La búsqueda de respuestas de Douglas Quaid, con su tormento sobre su identidad y su posible relación con Marte, se desarrolla con las dosis justas de intriga diseminadas hábilmente entre los momentos de acción. Cada nuevo descubrimiento añade interés y sorpresas, cada nuevo paso y giro de acontecimientos va poniendo las piezas de un puzle complejo pero fascinante. Protagonistas ambiguos con traiciones constantes y villanos que marcan época siembran el camino de Quaid de roles definidos con maestría y usados con mucha sabiduría. Un entorno social impecablemente construido y hábilmente mostrado (tanto en la parte del guion -constantes aportes en las noticias dan un aspecto de realidad y complejidad- como en la visual -la recreación es detallada-) sumerge las aventuras en un ambiente muy cuidado que resulta tan creíble como impactante. Un manejo exquisito del tempo narrativo (tanto desde el guion como en la dirección) que sabe exactamente qué sacar de cada escena y cómo construir un todo perfectamente equilibrado forma un relato complejo pero entretenido, inteligente pero con el que es muy fácil conectar, tan perfecto a todos los niveles que también cuida el poso tras la proyección, pues es de esas cintas donde al final tienes que pensar por ti mismo cuál es la respuesta final: ¿pero es un sueño o no?

Eso sí, como muchas películas, incluidas no pocas obras maestras, hay algún detalle o agujero de guion digno de mencionar pero no suficientemente notable como para echar a perder el producto. Por ejemplo, cabe preguntarse, con los problemas de abastecimiento de oxígeno que hay en el planeta rojo, cómo es que han perdido dinero y recursos llenando de atmósfera respirable las inmensas instalaciones alienígenas.

Arnold Schwarzenegger nunca ha sido un intérprete de amplio registro, pero dado el género en el que trabajaba tampoco se le puede echar en cara, porque carisma y naturalidad sí tiene de sobras: la incredulidad y temores de Quaid los muestra sin muchos problemas. Sharon Stone estaba iniciando la etapa cumbre de su carrera, y en un papel que pasa de la simpatía fingida a la frialdad de una zorra implacable cumple bastante bien, de hecho, la intensidad de su mirada en momentos clave es difícilmente olvidable, aunque si destaca es también por su belleza: en esos años era una de las mujeres más cautivadoras del planeta. Pero el plato fuerte de la función es Michael Ironside, uno de los mejores secundarios del celuloide que logra aquí uno de sus papeles más redondos como villano.

Tanto por la calidad de la puesta en escena como sobre todo por la abrumadora cantidad y calidad de los efectos especiales, Desafío total no sólo deslumbró en su momento, sino que haciendo balance destaca como una de las películas con mejores efectos especiales de la historia del cine. Obviamente algunas cosas no han envejecido muy bien (el diseño de los coches, los túneles marcianos), pero en conjunto a pesar de los años que tiene resulta un espectáculo inconmensurable. El diseño artístico es impresionante y la recreación a través de maquetas, decorados y otros efectos especiales tuvo que ser extremadamente difícil de llevar a cabo. Pero el resultado es inmejorable: su aspecto visual es colosal, inigualable. Para redondear el producto Jerry Goldsmith nos regaló una de sus mejores partituras, una banda sonora de marcada personalidad, de rasgos únicos, que se ajusta a la cinta como un guante. El tema principal es mítico, pero no sobra ni un solo minuto de música.

Desafío total es una película mítica e inolvidable que, sin llegar a ser una obra maestra, sí se puede considerar un hito indispensable de los géneros de la acción y la ciencia-ficción.

Depredador 2


Predator 2, 1990, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción, suspense.
Duración: 108 min.
Dirección: Stephen Hopkins.
Guion: Jim Thomas, John Thomas.
Actores: Danny Glover, Gary Busey, Rubén Blades, Maria Conchita Alonso, Bill Paxton, Kent McCord.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: La atmósfera (una ciudad sofocante y estresante, el acoso de la criatura) está bien conseguida, atrapa de principio a fin.
Lo peor: En comparación con McTiernan, la dirección de Stephen Hopkins no es muy destacable. Y no me explico cómo a lo largo de los años la película no ha obtenido el reconocimiento que merece.
Mejores momentos: La pelea en el metro, la trampa al Depredador, la posterior lucha entre éste y el protagonista por tejados y pisos.
La curiosidad: En la sala de trofeos del Depredador se puede ver una calavera del alienígena de Alien (Ridley Scott, 1979), puesta ahí como homenaje a dicha saga e indicando que ha cazado en muchos mundos. Desgraciadamente, años más tarde se hizo realidad el cruce entre las dos especies en el engrendo de Alien vs. Predador (Paul W.S. Anderson, 2004).
La frase:
1) Es una cabronada.
2) ¿Quieres un caramelo?
3) ¡Hijo puta!

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Depredador, aunque nunca ha tenido la consideración de obra maestra de la ciencia-ficción como Alien (Ridley Scott, 1979) si entraría dentro del rango de clásico imprescindible. Su sorprendente giro argumental, la fantástica criatura, la violencia y sangre infinita (hoy día ya no se atreven a hacer cosas así), una banda sonora antológica (Alan Silvestri) y la estupenda dirección de John McTiernan, que deslumbró con grandes planos de la selva y escenas de acción inconmensurables, conforman un título intrigante, sobrecogedor, espectacular que soporta el paso de los años con una entereza envidiable.

El éxito propició la llegada de la secuela, pero tanto McTiernan (quien se ha ido echando a perder con el paso de los años, tanto que incluso ha pasado por la cárcel) como el actor principal, el taquillero Arnold Schwarzenegger, se quedaron fuera del proyecto al decantarse por otras producciones (La caza del Octubre Rojo -1990- y Terminator II -1991-, respectivamente). Por ello Depredador 2 estuvo a punto de quedarse en la nevera, pero al final se siguió adelante contando con un director poco conocido, Stephen Hopkins, quien en su haber tiene escasas y muy dispares producciones, desde la terrible y espantosa Perdidos en el espacio (1998) a la muy recomendable Los demonios de la noche (The Ghost and the Darkness, 1996), y un actor de no demasiado gancho comercial, Danny Glover, conocido sobre todo por la saga Arma letal (1987). Repitió en la banda sonora Alan Silvestri, pero su trabajo no fue muy gratificante y sí demasiado repetitivo.

La cinta resultó bastante interesante. Se perdió obviamente el factor sorpresa, y la crítica se cebó injustamente en ese aspecto, pero se supo añadir suficientes y atractivas novedades sin perder el estilo de la primera parte. Se sustituye la selva natural por la urbana y la guerra militar por el conflicto entre policías y delincuentes en una Los Ángeles desbordada de criminalidad en plena ola de calor. El Depredador campa a sus anchas sin saber que una organización secreta del gobierno va tras él, mientras que el grupo de policías protagonistas se ve envuelto en medio de todo el caos.

Stephen Hopkins no es tan virtuoso con la cámara como John McTiernan pero resuelve correctamente el trabajo. El clima de peligro y acecho constante está bien logrado, la cinta tiene buen ritmo, todos los trabajitos del monstruo son tan impactantes como en su predecesora y el enfrentamiento final entre él y los humanos es largo e impresionante, con muchos buenos recursos (la trampa que sale mal, el protagonista colgando por canalones de edificios…). El grupo de personajes no resulta tan carismático como el anterior pero da el tipo en todo momento, sobre todo Danny Glover encarnando a un policía honrado pero demasiado bruto a la hora de hacer su trabajo (con lo que es buen rival para el cazador) y un eficaz Gary Busey, clásico secundario del cine de acción, como agente del gobierno que va tras el alienígena.

Tenemos una cinta de acción sólida con un toque especial, el Depredador, fascinante. Es muy superior a la media de lo que se nos ofrece en el género hoy día y desde luego es una secuela más que digna, pero misteriosamente ha sido olvidada y maltratada por la crítica a lo largo de los años.

Ver también:
Depredador (1987)
-> Depredador 2 (1990)
Predators (2010)
The Predator (2018)