El Criticón

Opinión de cine y música

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Hombres de negro


Men in Black, 1997, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 98 min.
Dirección: Barry Sonnenfeld.
Guion: Ed Solomon. Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Tommy Lee Jones, Will Smith, Linda Fiorentino, Vincent D’Onofrio, Rip Torn, Tony Shalhoub, Siobhan Fallon Hogan.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Imaginativa en argumento y en lo visual. Personajes carismáticos. Aguanta bien el paso de los años.
Lo peor: Un poco menos de chistes de tortas y más humor ingenioso le habría venido bien.
Mejores momentos: Las pruebas de acceso, en especial la de tiro.
El título: Es otro de esos que según llegan las secuelas lo traducen o no, y acaba siendo un lío.
El mito: Un personaje repite la idea errónea de que hasta el descubrimiento de América por parte de Cristobal Colón todo el mundo creía que la Tierra era plana.
La frase:
1) He vacilado… -J
2) ¿Sabes la diferencia entre tú y yo? Yo llevo esto con estilo -J.

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Como suele pasar, el proyecto estuvo años en el limbro hasta que empezó a concretarse. Dos productores, Walter F. Parkes (quien tras unas cuantas películas no conseguía triunfar) y Laurie MacDonald (recién empezando en este negocio), compraron en 1992 los derechos de un cómic limitado que tuvo buena recepción en su publicación un año antes, Men in Black, escrito por Lowell Cunningham y dibujado por Sandy Carruthers. Contrataron al guionista Ed Solomon (con unas pocas comedias en su haber), pero hasta 1997 la película no llegó a ver la luz, incluyendo un retraso para esperar a que el único director que tenían en mente terminara otro rodaje: Barry Sonnenfeld.

La cosa cogió rumbo cuando consiguieron además un buen padrino. Steven Spielberg puso sus recursos y contactos, de forma que la cinta llegó con gran presupuesto y sin problemas distribución (implicación creativa no parece que tuviera). No tardó en unir a una pareja de éxito seguro para los papeles protagonistas. Will Smith estaba en la cima de su fama, sobre todo tras el pelotazo de Independence Day (1996), y al parecer encabezaba la lista de favoritos porque la esposa de Sonnenfeld era fan de El príncipe de Bel-Air (1990). Tommy Lee Jones estaba buena en racha también tras los buenos resultados de El fugitivo (1993) y El cliente (1994), pero era reticente hasta que Spielberg lo convenció. Otro que estaba en plena forma era Danny Elfman, quien ofreció una banda sonora vibrante.

En papel parece la típica película de pareja de opuestos (buddy movie en inglés), pero no fue tan típica, porque, inspirada en el cómic, combinaba policíaco, ciencia-ficción, comedia y acción de forma bastante original y muy emocionante. Se recibió con entusiasmo, pues tuvo críticas buenas y arrasó en taquilla con 590 millones de dólares mundiales, siendo la tercera en recaudación por detrás de dos colosos como fueron Titanic (James Cameron) y El mundo perdido: Parque Jurásico (Steven Spielberg). Explotaron aún más los réditos con una serie animada y diversos videojuegos. Y ha aguantado bien el paso de los años, tanto que a pesar de la pérdida de calidad de sus tardías secuelas (2002, 2012) estas consiguieron arrastrar cifras semejantes, al menos hasta la cuarta (2019), tan infame que el boca a boca frenó su recorrido comercial y probablemente el de la serie. Los productores se forraron y desde entonces tienen una carrera muy exitosa, con muchas colaboraciones con Spielberg.

Barry Sonnenfeld venía de La familia Adams (1991) y secuela (1993), una saga de corte familiar con bastante buena recepción y que sin duda le dio experiencia en el tono de la presente, la mezcla alocada de realidad y fantasía con diversos efectos especiales. Y Hombres de negro resultó asombrosa en lo visual en su época. Lo cierto es que el presupuesto se fue un poco de madre, pues 90 millones es una cifra muy alta en aquel entonces, de hecho, Independence Day y El mundo perdido no pasaron de 75. Aunque no fuera un espectáculo grandilocuente como Independende Day, la mezcla de alienígenas y distintos trucos visuales (el coche transformándose, las escenas de tortas en plan cómic, platillos volantes estrellándose) tuvo un arduo trabajo detrás y un resultado estupendo. Conviene recordar que junto a Las brigadas del espacio (Paul Verhoeven) dio un paso importante en la introducción de criaturas creadas por ordenador, antes que La amenaza fantasma (George Lucas, 1999), aunque sólo los usaron en planos amplios, en encuadres cercanos utilizarn fantásticos muñecos, animatronics y disfraces. En alta definición lo digital se nota un poco, pero no como para molestar.

Sonnenfeld consigue juntar todas las piezas en un perfecto equilibrio y además aporta un estilo muy dinámico y lleno de recursos. El ritmo enérgico, la duración comedida y el argumento que va al grano garantizan un buen rato diversión. Qué tiempos aquellos en que no se tomaba como obligatorio pasar de las dos horas metiendo rellenos, y en los que se curraban la trama de forma que tuviera un desarrollo lógico e incluso pudieras intuir cosas por ti mismo, ahora casi todo es ir de un escenario vistoso para otro y que en cada uno le caigan pistas encima a los personajes porque sí. No hay bajones ni en la única parte que bastante realmente previsible, las dudas de si el protagonista aceptará y será aceptado en la organización. El relato destaca por jugar bien con el factor sorpresa, teniendo algún giro muy inspirado (el Cinturón de Orión), por su humor desenfadado (a veces grotesco y absurdo), y unas escenas de acción sencillas pero que combinan bien el carisma de los personajes y los efectos especiales. Sólo podría decir que abusa un poco de los chistes de tortas, en plan slapstick, y le hubiera venido bien más gracias ingeniosas. La escena de la pelota rebotando y liándola parda por la oficina para mostrar los problemas de adaptación de J al trabajo es muy, muy tonta, y la del parto de una alienígena muy forzada, pues K no ve a la mujer en el asiento trasero del coche gimiendo y la situación en si tampoco tiene mucha gracia.

Pero lo mejor es la pareja protagonista. Tommy Lee Jones como el veterano serio y tranquilo y Will Smith como el joven alocado que tiene habilidades pero también mucho que aprender son un deleite de ver, llenan la pantalla con su magnetismo y gracia. El proceso de selección, con la tronchante prueba de tiro, es memorable.

Hay algunos secundarios de lujo, pero en papeles breves o raros y no lucen mucho: Tony Shalhoub, Rip Torn, Vincent D’Onofrio. Más atractiva resulta la gradual inclusión de Linda Fiorentino como parte del equipo, pero lo cierto es que toma protagonismo demasiado despacito, dando la sensación de que infravaloran el potencial del personaje y de la actriz, y en la pelea final queda un poco como mujer florero que rescatar hasta que coge el arma. La pena es que Fiorentino a partir de aquí se fue alejando del cine por diversas razones, y en la segunda entrega no tomó el papel protagonista que tenía a tiro. Le iba más el cine independiente, aunque no conseguía asentarse del todo, tenía fama de ser un grano en el culo en los rodajes, y le alcanzó el caso Pellicano (un investigador privado usado por muchos en Hollywood que empleaba técnicas muy sucias -escuchas ilegales, armas, extorsiones-) y su credibilidad quedó aún más en entredicho, de forma que desde el año 2000 sólo ha aparecido en dos películas, la última en 2009. Entre esto y el éxito del dúo Tomm Lee Jones y Will Smith, recuperaron al agente K para las secuelas a pesar de su retiro al final de esta historia.

Pienso que las nuevas entregas han conseguido revalorizarla y mantener el recuerdo más vivo de lo que por sí sola hubiera conseguido. No creo que entre en la categoría de cinta de culto, ni menos aún en la de gran película que deje huella, como mucho es de esas que pillas en la tele o en alguna plataforma online cuando estás indeciso y terminas viéndola porque sabes que es un valor seguro. Pero con un nuevo episodio cada cinco o diez años avivan su recuerdo, y como suelen ser flojos, además realzan su valor, quizá hasta el punto de sobrevalorarla.

PD: Rip Torn, quien interpreta a Z, el jefe, falleció en junio de 2019, pocos días antes del estreno de la cuarta parte (aunque ni en esa ni en la tercera apareció).

Ver también:
-> Hombres de negro< (1997)
Hombres de negro 2 (2002)
Hombres de negro 3 (2012)
Hombres de negro: Internacional (2019)

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El mundo perdido: Parque Jurásico


The Lost World: Jurassic Park, 1997, EE.UU.
Género: Acción, aventuras.
Duración: 129 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: David Koepp, Michael Crichton (novela).
Actores: Jeff Goldblum, Julianne Moore, Pete Postlethwaite, Vince Vaughn, Vanessa Lee Chester, Peter Stormare, Richard Schiff.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, que ya es algo.
Lo peor: Le falta todo lo que hizo buena a la primera entrega: originalidad, tensión, asombro, personajes con los que conectar.
El idioma: En el doblaje para España, el castellano que hablan con los costarricenses se convierte en algún lenguaje que no consigo identificar (no parece portugués, lo habitual en estos casos).
La curiosidad: En la novela Chrichton tuvo que resucitar a Malcolm porque en la primera moría. “Los médicos lo salvaron”, vino a ser la excusa.
Mejores momentos: La cacería motorizada. El tiranosaurio causando estragos en la ciudad.

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El éxito de Parque Jurásico fue abrumador, por lo que la secuela era bastante inevitable. Tanto los fans como los productores prácticamente le exigieron a Michael Crichton la segunda novela, estos últimos supongo que pensando en ir sobre seguro partiendo de nuevo de una novela con el renombre del autor. En ese sentido cabía esperar que tomando Steven Spielberg las riendas del proyecto no podía salir algo malo, pero lo cierto es que El mundo perdido decepcionó bastante. Viendo el acabado da la impresión de que la rodó como obligado, quizá para que no fuera otro quien le pusiera las zarpas encima y ensuciara su legado, pues las imágenes manifiestan una gran falta de inspiración y pasión, hasta el punto de no parece una película suya. Tanto en el guion, encargado de nuevo a David Koepp, como en la dirección se observan serias carencias, la mayor parte fruto de un fallo clásico: basar las continuaciones en la máxima “más y más grande”. En ese proceso se pierde el elemento que hizo que la primera parte calara tan hondo (y la inspiración obvia de esta segunda, El mundo perdido -1912- de Arthur Conan Doyle, también): el factor sorpresa, el asombro que despertó un relato muy original donde exprimían la intriga muy bien y mejor aún aprovechaban el espectáculo que ponía en bandeja tan buena recreación de los dinosaurios.

La trama se queda en un simple ir andando mientras llegan ataques puntuales, esto es, la típica premisa de “gente muriendo en fila” sin más calado, los diálogos son ramplones, con un humor fallido (se paran en medio del caos a soltar chascarrillos), los personajes principales son anodinos y los secundarios lamentables en su mayoría y con muertes y situaciones cada cual más vergonzosa. En lo visual no termina de desplegar el espectáculo que se espera, o sea, al nivel del episodio anterior. Aferrándose al “más y más grande” encontramos infinidad de dinosaurios nuevos, pero parecen hechos con prisas, los animatronics apenas se mueven, lo digital se nota bastante en algunos planos, y la pantallas de fondo y los matte paintings cantan un montón (la jaula colgante y el precipicio donde cae la caravana). Es decir, inesperadamente no tenemos una mejora sino una pérdida de calidad en el acabado. Y lo más grave, la desgana de Spielberg se disimula un poco en las partes más intensas, pero aun así no encontramos el despliegue de recursos que ofreció en Parque Jurásico. La inspiración que nos regaló infinidad de planos geniales, la construcción metódica de la atmósfera y la ejecución pasmosa de las escenas de acción se cambian por falta de nervio y de imaginación.

El retorno a la isla se hace esperar, con varias escenas anidadas de cháchara y reencuentros con viejos personajes que no despiertan interés alguno. De hecho, pueden provocar frustración: los simpáticos chavales del primer capítulo aparecen para luego no ser protagonistas, sino que los sustituye una niña repelente, y Hammond tiene una escena tan monótona que no deja huella. La información dada en esta introducción es muy sencilla (hay otra isla, vamos a ir a estudiar a los dinosaurios antes de que los cacen gobiernos o mercenarios) pero se reincide en ella minutos y más minutos sin crear la atmósfera adecuada de intriga y despertar en el espectador el deseo de vivir otra peligrosa aventura. Malcolm (Jeff Goldblum), protagonista principal ahora, repite varias veces no querer ir, pero sabemos que irá, así que es perder el tiempo aún más. Spielberg rueda con una pasividad asombrosa estos prólogos, con unos planos estáticos que confieren un ritmo aletargado. Las excusas para tener otra isla con más dinos parecen muy cogidas por los pelos: nunca se mencionó que nacieran y los criaran en otra parte, de hecho, vimos los huevos y un nacimiento en Nublar como si fuera habitual; y la dependencia de lisina se la quitan de encima con todo descaro. Y finalmente, cuesta creer que ningún gobierno realice acciones tan obvias como un bloqueo a la isla y exterminar o reubicar a los dinosaurios por ser una fauna muy peligrosa tanto en el factor ecológico como en el humano. Los prólogos de Parque Jurásico eran reiterativos, pero te enganchaban y animaban a seguir, mientras que aquí sucede lo contrario.

Cuando por fin llegamos no lo hacemos de la mano de unos protagonistas que despierten nuestro interés. Malcolm es bastante simpático, pero parece que recurren a él como reclamo publicitario, como nexo con la serie, porque no se lo trabajan mucho. Como motor dramático se apoyan en un concepto muy básico y trillado, de hecho, ya se vio en la primera parte y por desgracia también lo han ido repitiendo en la tercera y en Jurassic World: divorcio y niños sufriéndolo. Si la premisa es sobrevivir a los dinosaurios, ¿por qué lo adornas con cosas tan mundanas y estereotipadas? Entiendo que fuercen la presencia de infantes, es una obra comercial, pero qué obsesión tienen en Hollywood con que el único conflicto que puede tener un niño es la separación de los padres. Al menos, en Parque Jurásico este tema se mencionaba con naturalidad, para darle vidilla a los personajes, y cuando se volvía sobre las relaciones humanas era como reacción a eventos del parque: Alan Grant, que no traga a los niños, va acercándose a ellos, estos, con líos en casa, encuentran una figura paterna con la que sentirse más seguros… Aquí los problemas de Malcolm con la ex y la petarda de la hija son un culebrón paralelo a los demás acontecimientos, no aportan sustancia al viaje, es decir, tienen largas escenas sueltas que se hacen muy cargantes y en la acción no hay desarrollo emocional relacionado con ello.

El resto de protagonistas tampoco terminan de tomar forma. El fotógrafo (Vince Vaughn) no tiene dimensión y anda justo de carisma; cuando se descubre su misión secreta, esta no da mucho juego después de todo, y para colmo, en la parte final en la ciudad desaparece sin más. Eddie Carr (Richard Schiff) es más simpático, pero tampoco termina de estar justificada su presencia: ¿cuál es su trabajo, su especialidad, su personalidad? Con Sarah Harding (Julianne Moore) intentan mostrar a una mujer independiente y capaz, pero termina pareciendo un poco boba o inconsciente a veces, vagando por la isla con un entusiasmo un tanto infantil, sin mirar por su seguridad; cuando empieza la odisea, se queda atascada sin hacer nada interesante aparte de ir de acá para allá, hasta el punto de olvidarte de ella cuando no está en pantalla.

Con este panorama es difícil implicarse: no te interesa el destino de ninguno de los protagonistas, con lo que no se siente el peligro. La primera secuencia de acción importante, el ataque de los tiranosaurios a la caravana, es un desastre. Es un clon del mítico momento del coche de Parque Jurásico, pero sin savia, sin alma. Todo es ruido y caos alargado y exagerado hasta resultar pasado de rosca e inverosímil (los T-Rex que van y vienen según quieran incluir un descanso o más acción). Para rematar, toma un penoso cariz cómico involuntario con Eddie intentando enganchar la cuerda y cayéndose una y otra vez; sólo le faltó la música de Benny Hill. La escena termina haciéndose bastante pesada, porque parece que no va a terminar nunca.

A mitad del camino viene un giro que promete traer novedades a una proyección repetitiva y poco emocionante. La entrada de los mercenarios, con la persecución a los dinosaurios mientras son presentados por encima, tiene bastante pegada. Encabezados por el cazador experimentado, captado muy bien por un siniestro Pete Postlethwaite, tenemos un repertorio de personajes nuevos bastante intrigante. En seguida te preguntas por qué la película no se centró en este grupo, por qué esta no fue la escena inicial y pasaron la trama (sobrevivir, básicamente) a ellos, prescindiendo de Malcolm y demás, que ahora parecen ajenos a la proyección. Sí, terminan uniéndose, pero el conflicto entre ellos tampoco es muy jugoso, el argumento sigue limitado a la huida. Y me temo que en vez de exprimir su potencial los van ahogando en estereotipos y pronto son puestos en el otro lado del simplón espectro moral de la saga: los avariciosos y poco ecologistas son los malos, y tendrán muertes crueles y graciosas en las fauces de los dinosaurios. El empresario (Arliss Howard) cada minuto que pasa se vuelve más idiota, los mercenarios secundarios son directamente retrasados, e incluso el atractivo líder tiene algún patinazo. Atención al vigilante del perímetro escuchando música con auriculares, o al avezado cazador que se planta delante de la peligrosa presa para disparar, mientras que la protagonista al final, sin tener ni idea de caza, se busca como es lógico un lugar apartado y elevado.

No sorprende que el siguiente gran clímax sea también poco satisfactorio. Repetimos con una persecución de los velocirraptores en un complejo que sólo se diferencia en que está abandonado. De nuevo sin interés por el destino de los personajes, todo se resume en saltos, golpes y rugidos, y el abuso de estos conforma otra escena que termina haciéndose larga y poco atractiva. Los raptores han dejado de ser una amenaza, por peligrosos e inteligentes, para convertirse en unos animales tontos y pesados: parece que cazan por diversión, pues a pesar de la manada de humanos que han cogido en el herbazal persiguen a más por ahí con un ahínco desmedido, tropezándose y chocándose con todo como perros atontados. En cambio, en la tercera y las nuevas entregas vuelven al camino de que son inteligentes, pero se pasan de frenada, pues casi hablan. Si la situación estaba siendo vulgar, termina desbarrando con la hija acróbata derrotando al velocirraptor; ya de por sí la idea es ridícula (una niña de 30 kilos lanzando por los aires 150 de un bicho ágil), pero es que se pone a preparar la acrobacia antes de que el velocirraptor se coloque donde ella apunta… vamos, que ha visto el futuro.

Inesperadamente, cuando parece que la cinta ha terminado, nos ofrecen un nuevo arco argumental. El viaje Estados Unidos con el tiranosaurio no es original (inspirado sin disimulo en King KongMerian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933-) pero en una película tan limitada supone un soplo de aire fresco. El caos en que se sumerge la ciudad es más movidito e interesante que las otras piezas de acción, y aunque la solución no es sorprendente (la cría como cebo se veía venir) hay suficiente tensión como para garantizar un buen escenario. Pero tiene todavía demasiadas carencias que frenan sus posibilidades. Se afea un poco con el destino del último “villano”, el empresario avaricioso que no puede acabar sin su muerte estúpida, y con la incomprensible ausencia de unos de los protagonistas principales, el fotógrafo, pero son minucias al lado de la cagada monumental con que se da pie a esta situación. Resulta que el T-Rex se libera durante el viaje, mata a todos los del barco, incluyendo a los que estaban en la minúscula cabina donde evidentemente no cabe, y luego se mete en la zona de carga y un tipo moribundo lo encierra; y al llegar a puerto todos suben a bordo sin acordarse de su existencia, ¡y se sorprenden de que esté cuando abren las compuertas! No voy a entrar en que el barco no llevara escolta ni tuvieran un plan b en el puerto por si el dinosaurio despertaba, que visto lo visto es pedir demasiada lógica.

El mundo perdido acaba siendo, por muy generoso que fuera su presupuesto y el renombre de sus autores, una serie b cualquiera con ramalazos de cine cutre que se salva por los pelos porque resulta lo justo de entretenida y simpática (aunque a veces esto último sea involuntariamente). Gracias al efecto arrastre obtuvo una taquilla muy buena, pero la decepción del público dura desde entonces, y las siguientes secuelas no hacen sino extender la agonía, porque todos queremos ver una nueva Parque Jurásico pero no dejan de parir tonterías comerciales sin alma.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
-> El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
Jurassic World 2: El reino caído (2018)

Alien Resurrection


Alien Resurrection, 1997, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, acción.
Duración: 109 min. (1997), 116 min. (Special Edition, 2003).
Dirección: Jean-Pierre Jeunet.
Guion: Joss Whedon, Dan O’Bannon (Alien).
Actores: Sigourney Weaver, Winona Ryder, Ron Perlman, Dominique Pinon, Gary Dourdan, Michael Wincott, Kim Flowers, Dan Hedaya, Brad Dourif, J. E. Freeman, Raymond Cruz, Lelan Orser.
Música: John Frizzel.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, dirección artística, música. Un grupo de personajes atractivo en una aventura muy entretenida.
Lo peor: Supone una notable traición estilística a la saga Alien, y tampoco alcanza la calidad esperada.
Mejores momentos: La presentación de los piratas. La discusión alrededor del superviviente (¿Qué llevo dentro?). El clímax en la Betty.
El fallo: El planeta de Alien 3 es Fury 161, no 16 como dicen aquí.
Las preguntas: ¿Por qué el vigilante de la celda de Ripley está en el techo dos pisos más arriba y no en el pasillo al lado de la puerta? ¿Por qué el jefe médico es quien lidera el equipo de seguridad que va por los piratas cuando saltan las alarmas?
La frase:
1) ¡Doce! -Johner.
2) Debí haberlo sabido. Ningún ser humano es tan humano -Ripley.
3) -¿Qué está ardiendo?
-¡Nosotros!

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En 20th Century Fox, poseedora de los derechos, no podían dejar una saga tan rentable quieta durante tanto tiempo, pues en Hollywood siempre piensan en exprimir un poco más todo lo que ha cosechado éxito en el pasado. Y con la experiencia de Alien 3 (David Fincher, 1992) en mente el terror no venía de la mítica criatura, sino de lo que pudieran hacer con la nueva entrega. ¿Cómo se atreven a tocar algo que dio dos obras maestras y una secuela maldita y malograda? No niego la posibilidad de ver nuevos capítulos de un universo con tantas posibilidades, pero temía la previsible cadena de acontecimientos que acabaría con toda probabilidad dando una mala película: guion circulando durante años por los despachos, con cada nuevo productor y guionista a sueldo metiendo alguna idea con calzador y alterando la poca base que tuviera el argumento inicial planteado por algún mandamás; egos varios implicados poniendo zancadillas varias (hasta 11 millones de dólares le dieron a Sigourney Weaver para convencerla de que merecía la pena volver a meterse en el personaje… lo mismo que costó AlienRidley Scott, 1979-); y finalmente, la arriesgada elección de un director que podría echar al traste el potencial que tuviera la historia o que, más probable aún, sería molestado continuamente con nuevos cambios y exigencias. Una vez estrenada quedó claro que Alien Resurrection cumplía bastante bien estas previsiones y no funcionaba como secuela, pues aunque no llega a resultar un insulto como Aliens Vs. Predator 1 (Paul W. S. Anderson, 2004) y 2 (los hermanos Strause, 2007), esperpentos comerciales que es mejor ignorar, está muy lejos de la calidad de Alien y Aliens (James Cameron, 1986) y además se aleja bastante del estilo y la atmósfera de ellas, más incluso que Alien 3, que al menos lo intentaba.

Joss Whedon, el guionista elegido (ahora en boca de todos gracias a la fama conseguida con sus series y rematada con Los Vengadores -2012-, pero en aquel entonces un don nadie), renegó del acabado final de la película, alegando que, si bien habían mantenido la línea narrativa, el tono era completamente distinto y echaba a perder lo que había escrito. Jean-Pierre Jeunet, director francés que firmó largometrajes tan extraños y fascinantes como Delicatessen (1991) y La ciudad de los niños perdidos (1995), y que después de esta Alien Resurrección pegó el pelotazo con la memorable y deliciosa Amelie (2001), fue una extraña elección, aunque seguramente estuvo basada en la misma idea que se empleó en los anteriores capítulos: una joven promesa con cualidades distintivas. Pero, quizá pensando en que haber entorpecido tanto la labor de David Fincher en el rodaje de Alien 3 fue motivo de su fracaso, aquí le dieron carta blanca total a Jeunet. Y menuda cagada. Su labor es bastante buena en el aspecto visual, pero la esencia de la saga brilla por su ausencia porque, a pesar de la fama de la misma, de la cantidad de gente que la admiraba y esperaba una secuela que mantuviera el tipo, decidió tomársela como una película de aventuras en vez de una de misterio y terror, dándole además un tono de comedia gamberra. Y ojo, no me parece mal atreverse con un cambio de perspectiva, pues James Cameron le dio un giro notable a lo visto en Alien y le funcionó. Pero funcionó porque supo mantener un estándar de calidad y transmitir la misma sensación aunque fuera desde otro ángulo: sumió al espectador en una atmósfera de inquietud, agobio y terror constante ante los envites del temible monstruo en un escenario oscuro y claustrofóbico. Nada de esto se ve Alien Resurrection. Las escenas de acción son sencillas, simples, algunas ni siquiera emocionantes, como la pelea bajo el agua, supuesto momento cumbre que resulta poco interesante, por inverosímil y falto de intensidad. El terror a lo desconocido, a la muerte inminente en cada pasillo y agujero de ventilación, no llega a hacer acto de presencia, ni en los personajes (a veces da la sensación de que se pasean por la nave con pocas preocupaciones) ni en el espectador, que iría a verla esperando sustos y se encontró chistes. Para rematar el asunto, siguiendo la tradición, la producción no fue tranquila: el presupuesto no daba para rodar con un nivel decente la mitad de lo previsto, con lo que se descartaron o limitaron muchas escenas, como una gran lucha final en la Tierra. Ridley Scott y James Cameron lograron unos aspectos visuales únicos y arrebatadores con presupuestos ajustadísimos, pero pero está claro que aun teniendo talento Jeunet no está a semejante altura.

Por ello entiendo (y comparto) que Alien Resurrection descolocara y decepcionara a muchos seguidores, y que sea difícil posicionarse a favor de esta o de Alien 3, pues ambas están en el limbo de decepción y rabia que generan las entregas fallidas cuando sus capítulos precedentes son tan queridos. Sin embargo, otros muchos espectadores, entre los que también me incluyo, vimos en ella una buena película que gana con el tiempo: si se hace el esfuerzo de olvidarse de la saga y pensar que es una obra de ciencia-ficción independiente, se podrá disfrutar de un grato espectáculo, una aventura con un ritmo excelente (se hace cortísima y aguanta los visionados muy bien), con un grupo de personajes muy atractivo y una puesta en escena de buen nivel.

La premisa de clonar a Ripley y justificar sus recuerdos y otras habilidades con la herencia de los genes alienígenas es una gran idea. La descripción de la trama y el universo en que se envuelve, a base de detalles soltados aquí y allá, funciona y tiene buenos momentos, como la evolución de la historia de los robots. Y sobre todo, el grupo de protagonistas se hace querer rápidamente. Como buenos piratas que son, la tripulación está formada por individuos dispares, tanto en origen como en personalidad. Todos están bien descritos, resultan muy carismáticos, y sus relaciones, cargadas de los diálogos ingeniosos típicos de Whedon, dan mucho juego. Cada uno tiene su hueco y su momento estelar digno de recordar y alguna que otra frase espectacular. Los actores se desenvuelven bastante bien, destacando la candidez de Winona Ryder, la intensidad de Sigourney Weaver, la soltura de Dominique Pinon o la intimidante presencia de Ron Perlman, siempre perfecto para el papel de matón. Como he dicho alguna que otra vez, es difícil encontrar hoy día películas con un grupo de protagonistas amplio que resulte atractivo y de calidad. No hay más que ver como las horrendas Alien Vs. Predator 1 y 2 dan vergüenza ajena en este aspecto. El único fallo es el general al mando del proyecto. El personaje y la interpretación de Dan Hedaya resultan ridículamente caricaturescos, y lo peor, se termina de estropear con la muerte digna de cine cutre donde coge un trozo de su propio cerebro y lo mira antes de morir. Incluso en un conjunto gore-humorístico tal parida está fuera de lugar.

Puede dar la impresión de que en cada nuevo paso que dan los protagonistas se encuentran demasiado casualmente con una escena clave (ahora las víctimas de los huevos –esta es la más cantosa-, ahora los clones fallidos, ahora la trampa en el agua, ahora el nido), pero claro, sin esto no habría película, como no habría Alien sin el rápido crecimiento del bicho. En cambio, enlazar tan rápidamente cada sección da un ritmo enérgico: la narración avanza con celeridad sin perder fuelle en casi ningún instante, ni siquiera en los recesos de transición o para explicaciones. Sí, quizá la pelea con Ripley en la cancha es un poco absurda (se puede entender que sean guerrilleros y busquen bronca, pero atacar con una pesa es ir a matar, algo estúpido cuando eres invitado en un navío militar), y se puede decir en el tramo central hacía falta algo más impactante que la poco llamativa escena bajo el agua (si se salva es porque la parte de la escalera es más contundente), pero el resto se desarrolla de forma muy amena, con una buena mezcla de aventura de ciencia-ficción, comedia gamberra y gore. La mejor muestra de esta combinación está en el clímax final, en la huída desesperada con la Betty: el ente mitad alien mitad humano (Newborn lo llaman) es una de las creaciones más asquerosas vistas en pantalla, y el gore explota de forma delirante en su fantástica muerte, mientras que paralelamente tenemos acción trepidante en la cabina, con los estupendos personajes soltando frases tronchantes: ¡Qué está ardiendo!… ¡Nosotros!

De nuevo haciendo la vista gorda a que esto no es Alien, hay que admitir que el inconfundible estilo visual de Jeunet resulta bastante llamativo, salvo cuando se le va la pinza más de la cuenta (el insecto del prólogo de la versión extendida y la muerte del general). Sus clásicas panorámicas y travellings veloces se adaptan bien a los grandes pasillos de la Auriga (la nave militar), la escenificación y el montaje son buenos (hay muchos personajes en pantalla pero la escena siempre fluye sin problemas), y sobre todo saca muy buen provecho de una buena fotografía y de un notable trabajo con las criaturas alienígenas, en especial el grotesco híbrido. Eso sí, parte de su sello es el colorido excesivo a base de filtros, que desentona un poco en una serie que se basaba en algo más natural y apagado. El único fallo notable es que cuando recurren al ordenador para los alienígenas dista mucho de dar la talla. La guinda la pone una banda sonora que, como ocurrió en los tres casos anteriores, no se parece en nada a ninguna de las demás pero resulta estupenda: el desconocido John Frizzell aportó una partitura con persnonalidad, muy expresiva y adaptable. Lo cierto es que en algo siembre ha coincidido la saga: la dirección artística, la fotografía y la música eran de calidad y aprovechadas por directores con visión (aunque luego esta no diera sus frutos como se esperaba).

Sin embargo, también hay algunos agujeros de guion o giros dudosos dignos de citar. En el argumento hay un agujero notable: como protocolo de emergencia la Auriga vuelve automáticamente a su base, a la Tierra, algo doblemente descabellado, primero, porque es una nave que opera bajo secreto gubernamental, y no es plan de que se pasee a la vista de todos, y segundo, porque finalmente vemos que no parece haber nadie en el Sistema Solar y en la Tierra, nadie que se interese por una nave que va a toda leche hacia el planeta y no responde a llamadas. Canta mucho que, después de decir que pasar por el agua es el único camino, Call, tras hundirse, haga su reaparición por el otro lado: ¿cómo ha llegado ahí? Y no me convence que Christie se ahogue: en el agua podía soltarse el pie enganchado al alien sin problemas. También quiero comentar que no entiendo qué es la extraña masa que engulle a Ripley: ni llega a ser un montón de aliens (aunque se ven colas) ni es la estructura de resina vista en Aliens, ni por qué está eso ahí y dice ella “Estamos cerca del nido” si el alien que la atrapa se la lleva bien lejos. En el aspecto visual también hay algunas limitaciones, pues en ocasiones se notan problemas presupuestarios que no supieron suplir con ingenio: las maquetas cantan un poco en el atraque de la Betty, nunca vemos un alien de cuerpo entero si no es digital (como señalaba, con un resultado muy pobre, ¿es que no aprendieron la lección en Alien 3?) o muerto, y hay escenas donde se nota bastante que se enfoca sólo a la cabeza.

Para la tetralogía editada en dvd en 2003, Jeunet aprovechó para meter un par de escenas que se quedaron fuera por falta de dinero, más algunas pequeñas extensiones en otras secuencias. Las dos escenas largas son unos nuevos créditos iniciales, con una tontería de un tripulante aplastando un insecto con dientes, una especie de amago-broma con que es el xenomofro, que de haber estado en el montaje de cines probablemente habría hecho salirse de la sala a mucha gente, y un epílogo donde aterrizan en la Tierra y vemos que es un lugar desolado (y no se explica por qué), que me gusta menos que el final con la nave volando y dejando el destino de los personajes y la situación del planeta abierto a la imaginación, pues mostrar la Tierra destruida y abandonada es un giro tan definitivo y tan ajeno a la trama (sobrevivir a los alienígenas) que no sé a qué viene. El resto son algunos planos y diálogos que, si bien enriquecen aquí y allá algunos detalles de la historia o personajes, también tienen alguna parte totalmente sobrante; por ejemplo, la conversación sobre armas antes de meterse en el agua carece de sentido.

Es una pena que pensaran que Alien Resurrection podría funcionar alejándose tanto del concepto básico de la saga, porque es evidente que en esas condiciones ni logrando un peliculón satisfaría a todos los fans. Estoy convencido de que si se hubiera ambientado en un universo distinto (habría que cambiar poca cosa en el argumento: un alienígena diferente y darle otro nombre al rol central) hubiera sido mejor considerada, porque desde luego tiene mucha personalidad y es la mar de entretenida. Pero ya se sabe que Hollywood prefiere perder tiempo y recursos en agotar franquicias que en desarrollar desde cero proyectos más valientes.

Por cierto, no puedo dejar de comentar que es evidente que Joss Whedon reutilizó ideas de este guion para crear su obra maestra televisiva, Firefly (2002): la tripulación pirata y el diseño de su nave se quedaron en su cabeza y sirvieron como base para la serie.

Serie Alien:
Alien (1979)
Aliens (1986)
Alien 3 (1992)
-> Alien Resurrection (1997)
Prometheus (2012)
Alien: Covenant (2017)

Contact


Contact, 1997, EE.UU.
Género: Drama, ciencia-ficción.
Duración: 153 min.
Dirección: Robert Zemeckis.
Guion: Carl Sagan (novela, historia), James V. Hart y Michael Goldenberg.
Actores: Jodie Foster, David Morse, Geoffrey Blake, William Fichtner, Matthew McConaughey, Tom Skerrit, James Woods.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Guion, dirección, fotografía, interpretaciones…
Lo peor: Quizá un exceso de metraje.
Mejores momentos: Las apariciones el excéntrico millonario. Los dos lanzamientos por el artefacto.
La frase: La primera regla de un gobierno derrochador: por qué construir una cuando puedes tener dos por el doble de precio.

* * * * * * * * *

Contact es una cuidadísima producción que narra desde un hiperrealista ámbito científico y social el contacto con una civilización extraterrestre. Supondrá probablemente una decepción para quien espere un producto típico de acción y ciencia-ficción, pues estamos ante un drama social que juega tanto con lo íntimo como con el análisis social de grandes proporciones.

La exquisita puesta en escena huye de artificios como escenas de acción o abuso de efectos especiales, pero no escatima en recursos a la hora de mostrar grandes multitudes congregadas por el evento o en las bellas imágenes del espacio y la reconstrucción digital del artefacto, elementos que forman parte imprescindible de la narración. Eso sí, el tramo final, el viaje, no ha envejecido muy bien, pero en cambio la máquina sigue resultando espectacular.

El tempo que imprime Zemeckis es pausado pero certero, siempre mantiene la expectación alta. Se apoya mucho en una fotografía muy certera a la hora de formar escenas que transmitan más de lo que parece a simple vista. No importa el número de personajes que haya en el plano, todos están siempre bien ubicados y en conjunto configuran un dato o emoción concreta (esto último generalmente centrado en la protagonista); hay momentos muy destacables, como cuando vemos a Ellie empequeñecida ante una multitud de gente poderosa y ambiciosa. La música del notable pero infrautilizado Alan Silvestri no es muy elaborada, sólo ofrece u tema principal que está empleado reiteradamente; sí, es bonito, pero llega un momento en que cansa.

El reparto es muy completo y elegido con tino, destacando la interpretación de Jodie Foster, intensa y apasionada pero creíble, nunca excesiva. Da el toque final a un personaje que, sin ser un alarde de complejidad, resulta tan humano que es fácil empatizar con ella. El resto de protagonistas en cierta manera sirven para representar a todos los ámbitos que estarían implicados en este proceso, y aunque verosímiles por lo general también les cuesta a veces no parecer demasiado estereotipados. Eso sí, incluso dentro de esta limitación tienen instantes bastante inteligentes, como las triquiñuelas de David (Tom Skerritt) para ir sumando puntos como candidato.

El guion, basado en una novela de Carl Sagan, no sé hasta qué punto es fiel al original, y aunque lo sea bastante probablemente la novela abarque mucho más, sea más compleja. Pero desde luego el resultado es digno de alabar, sobre todo por ofrecer un relato poco habitual en el cine. Se toma la ciencia en serio, hasta el punto de parecer un ensayo más que una película. Y con todo, es emotiva y entretida hasta el punto de aguantar muy bien los visionados. Así, no sólo refleja de maravilla el trabajo científico y la pasión por lo desconocido (en lo que te embarca con el fascinante argumento tanto como con la pasión que te contagia Ellie), sino que va más allá, teorizando de forma muy creíble con las repercusiones y eventos que viviríamos en un caso semejante. Cómo no, la intromisión de gobiernos y jefes cortos de miras y de fanatismos que se empeñan en huir de la realidad y la ciencia que la explica (o sea, religiones), están presentes, dejando su nefasta huella.

Sólo tengo dos quejas notables. Primero, quizá hay un exceso de metraje, sobre todo en la parte de Ellie joven y algunos otros breves pasajes (alguna conversación intrascendental, un epílogo demasiado simplón…), aunque ni con esta posible carencia ni con el ritmo sosegado la película se hace larga pese a su abultada duración. Y segundo, la desacertada decisión de incluir a un Presidente de EE.UU. real (Bill Clinton, que era el que había en esa fecha), con las consecuentes limitaciones a la hora de rodar e introducir su parte. Quizá se buscó acercar la película todo lo posible a la realidad, pero se podría haber empleado un actor y un nombre falso, porque los complicados montajes que realiza Zemeckis para incluir las escenas en las que el mandatario está presente repercuten en la narración, ya que no quedaron bien resueltas (planos esquivos para no mostrar al doble, montaje con reiterados planos a la TV, planos superpuestos cantosos…). Es una decisión a todas luces errónea, y no comprendo cómo se complicaron tanto la vida y se jugaron el resultado artístico por ello.

Tendría otra queja, pero exclusiva del ámbito personal. El guion es tan fiel reflejo de la sociedad que hay momentos en los que me tiro de los pelos por la falta de sentido común, la persecución de ideales obsoletos y que haya personas con tanto poder como para inducir sus limitadas ideas en la evolución social, política y científica: Ellie no cree en Dios, por lo tanto no es elegida para la misión… Pero no se tiene en cuenta si los otros candidatos creen en Buda, Ra o Yoda. Habrá quien diga que no es incompatible la creencia religiosa y la ciencia (cada uno puede creer en lo que quiera, obviamente), pero la primera nunca debería pisar o entorpecer a la segunda, y está claro que no son complementarias en ese sentido de ninguna forma.