El Criticón

Opinión de cine y música

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El protegido


Unbreakable, 2000, EE.UU.
Género: Suspense, drama, superhéroes.
Duración: 106 min.
Dirección: M. Night Shyamalan.
Guion: M. Night Shyamalan.
Actores: Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Robin Wright, Spencer Treat Clark.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Original, sugestiva, hecha con mucho mimo.
Lo peor: Lenta en un primer visionado, se puede hacer pesada en los siguientes, porque se basa mucho en golpes de efecto y el aspecto audiovisual es superior al contenido.

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Tras deslumbrar a medio mundo con El sexto sentido en 1999, M. Night Shyamalan tomó un camino que descolocó a los que esperaban más de lo mismo, suspense y terror. De hecho, el primer tráiler parecía anunciar una de miedo, y el segundo no dejaba muy claro de qué iba. El protegido es una obra muy arriesgada y personal, con lo que llega con intensidad a algunos espectadores y choca frontalmente con otros, sobre todo si se va con ideas preconcebidas y la mente cerrada. Ofrece un perspectiva insólita del género de los superhéroes tanto en forma como en contenido, pero la cinta tiene más capas, porque también es un drama bastante certero.

Huyendo de mundos de fantasía y personajes con superpoderes grandilocuentes representados con muchos efectos especiales en aparatosas escenas de acción, el indio apuesta por tomar una perspectiva más realista y contenida, centrando el relato en el drama de dos individuos bastante normales y un entorno mundano y aburrido. Las bases, el argumento más clásico y muchos clichés del género de superhéroes están presentes, pero mostrados desde este ángulo tan humano. También es evidente que quiere homenajear al género, no sólo darle vuelta de tuerca. Las referencias a los orígenes, los cánones y otros detalles de este arte son constantes en todo el metraje, y además se funden con naturalidad con la trama y la descripción de los protagonistas.

El héroe es superior en lo moral y lo físico al hombre común, y por lo general también al supervillano, que se apoya en su intelecto retorcido para buscar ventaja exprimiendo diversos recursos y tecnologías y tratando de adelantarse a los planes de su némesis. El héroe es bueno de corazón, pero debe elegir entre una vida normal y la sacrificada responsabilidad de estar de guardia para salvar a desconocidos cada dos por tres, con lo que su viaje no está exento de dilemas; además, su contrincante suele ponerlo ante problemas y elecciones complicados. El enemigo se divide en dos tipos, los criminales comunes y el supervillano. Los primeros suelen servir únicamente para presentar al héroe y su aprendizaje. El villano emerge de una vida dura que se complica por los fallos del sistema, y actúa con rabia destructora que se agrava porque el bueno desbarata sus proyectos cada dos por tres. El autor reincide en la idea de que la dualidad es necesaria para el nacimiento y maduración de ambos: sin uno, el otro no tendría mucha razón de ser, y los dos se retroalimentan.

Estos conceptos están desarrollados a través de un drama sencillo, combinados con los problemas cotidianos de la gente de forma que vemos más de cerca que nunca a la persona real tras el superhéroe. En algunos cómics, como Superman o Spider-Man, se ha abordado ese aspecto, pero casi siempre es para poner en apuros al protagonista, con familias y amigos en peligro por culpa de los malos, y también para aportar algo de comedia con los choques entre las dos vidas. Shyamalan va a conflictos más oscuros y profundos pero que cualquier persona ha sufrido o puede sufrir alguna vez.

David Dunn es un guarda de seguridad que ve pasar los años sin que la existencia termine de llenar su vacío. Elecciones pasadas le hacen recordar que podía haber tenido otra vida, una de ensueño como deportista, y por ello es incapaz de ver lo que tiene delante. El matrimonio hace aguas, el niño es una carga, el trabajo lo aburre… Elijah Price en cierta manera va en sentido contrario. Se atribuye un lugar en el mundo, pero su vida y sus ambiciones chocan con sus limitaciones, y la frustración marca su personalidad. El encuentro entre ambos promete despertar el potencial de cada uno, pero antes tienen que enfrentar sus demonios internos y los efectos secundarios en su círculo cercano. Cabe destacar la parte del hijo de David, que sufre las consecuencias en algunas escenas muy potentes.

Bruce Willis nos dejó a cuadros en El sexto sentido con una interpretación seria y muy conmovedora después de estar décadas interpretando a distintas versiones de John McClane (La jungla de cristal, 1988), y aquí se mantiene en esa línea, aunque quizá un peldaño por debajo. Samuel L. Jackson capta muy bien la aflicción y cólera de Elijah. El joven Spencer Treat Clark está estupendo como niño confundido. Sólo Robin Wright queda un poco descolgada, pero también es cierto que su personaje es más secundario.

Con la contención citada, el relato avanza sin vistosos encuentros entre los dos protagonistas, sino con mucho diálogo y mucha exposición sutil que desgrana poco a poco los sentimientos, los miedos y los apáticos esfuerzos que hacen cuando la realidad trata de imponerse. Por ejemplo, desde la magistral presentación donde David se guarda el anillo esperando tener una aventura romántica se hace palpable su melancolía y el distanciamiento con su familia, y el accidente de tren no se ve, se muestra como lo viviría él, haciéndonos partícipes del cambio inesperado y cómo le afecta. Pero infinidad de detalles visuales y algunos diálogos muy certeros abundan por el relato; me gustan especialmente aquellos planos donde David mira algo y la cámara tarda unos segundos en acercarse a ello, matizando el estado de ánimo del personaje (expectante) y también el suspense.

Y es que el esfuerzo en la puesta en escena hace gala de una inteligencia y una cantidad de recursos asombrosa. Plano a plano Shyamalan compone un mosaico de sensaciones y belleza muy singular, y demostró que El sexto sentido no fue un momento puntual de inspiración sino la presentación de uno de los mejores directores del momento. La música de James Newton Howard, con una efectiva base electrónica, termina de realzar tanto el drama como la intriga, y brilla en los momentos de revelación, como la escena de David en la estación abriendo los brazos para conectar con la gente.

Pero, después de todo, la película se queda corta. Por la razón que fuera, Shyamalan va a un mínimo muy justo. Con el guion que desarrolla da la sensación de que no hay suficiente para un largometraje, sino que iría mejor en un capítulo de una serie tipo Dimensión desconocida (1959) o Más allá del límite (1963 y 1995). Así, rellena bastante, reincidiendo en algunas cosas (los encuentros con Don Cristal se repiten más de la cuenta), estirando el drama de la separación (alguna conversación, sobre todo la de la cita reconciliadora con la esposa, se alarga mucho)… y en cambio, donde debería haber más metraje, en el final, corta por lo sano porque prefiere terminar con el subidón del giro sorpresa. Resume con texto en pantalla lo que deberíamos ver, de forma que, aunque salieras del cine asombrado por el golpe de efecto, en los revisionados empieza a pesar la impresión de que después de todo no es un giro tan efectivo y faltaban por contar cosas. Cabe pensar que agilizando el ritmo mejoraría la experiencia y además cabría un enfrentamiento entre héroe y villano mejor trabajado, pues después de tanto tratar el tema y prometer termina abruptamente sin abordarlo.

Por ello no veo la obra maestra que defienden algunos, pero El protegido sin duda se ha de considerar una cinta de culto, original como pocas, hecha con gran amor al arte y a lo que se está contando.

Más tarde Shyamalan afirmó que tenía en mente una trilogía, pero quedó en el aire con el posterior declive de su carrera. Pero se atrevió a volver a tantear esa idea en Múltiple (2016), y con su arrollador éxito puso pronto en marcha una nueva película que combinara ambas, Glass (2019), formando dicho tríptico.

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Pitch Black


Pitch Black, 2000, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, acción, suspense.
Duración: 109/112 (unrated) min.
Dirección: David Twohy.
Guion: Jim Wheat, Ken Wheat, David Twohy.
Actores: Vin Diesel, Radha Mitchell, Cole Hauser, Keith David, Claudia Black, Rhiana Griffith, Lewis Fitz-Gerald, John Moore.
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: La iluminación, la fotografía, el buen pulso que imprime el director. Los excelentes personajes llenos de sorpresas que dan giros magníficos al relato.
Lo peor: Que rechazar el clásico “hay monstruos y gente muriendo en fila” impida ver sus muchas virtudes.
Mejores momentos: El accidente, los primeros pasos por el planeta. La conversación sobre el cebo. La carrera por el desfiladero en la oscuridad. La redención de Carolyn.
La frase: Una regla. Quédate en la luz.
La mala ciencia: Los anillos planetarios paralelos son imposibles, desafían la física más básica (ver artículo de Malaciencia).

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Alerta de spoilers: Hay algún dato que se puede considerar spoiler, pero nada que te estropee el visionado; aun así debo indicar que es una película de las de saber lo menos posible antes de verla.–

Entre sus detractores se repite el mantra de que es otro clon de Alien (Ridley Scott, 1979), una crítica negativa cogida por los pelos e injusta. Sí, es evidente que la idea de un grupo aislado cuyos miembros mueren poco a poco no es nueva, pero si nos ponemos a hilar fino hay que decir que es la base de cientos y cientos de películas, tanto de terror como de acción, y no vamos a rechazarlas a todas por eso. Por esa regla de tres, Depredador (John McTiernan, 1987) también sería una mala película. Quedarse en la superficie y no ver nada más, cuando Pitch Black tiene mucho más que ofrecer, es muy triste.

El accidente resulta espectacular, sobre todo gracias a que pone el foco de narración en las reacciones de la piloto, consiguiendo que en tan solo un par de minutos sudemos de lo lindo con la situación. Luego seguimos hacia una breve aventura de supervivencia, donde la descripción del planeta resulta atractiva e inquietante: los filtros de colores y el desértico escenario elegido muestran una atmósfera alienígena muy llamativa para el espectador y desalentadora para los personajes, y la presentación paulatina de las criaturas genera inquietud por el futuro. Cuando llega la oscuridad, los monstruos acechan en todas direcciones, y hay pocos lugares donde guarecerse.

Pero lo mejor es que el grupo de personajes es de muy buena calidad. En casi todas las cintas de este estilo que se os ocurran desde la citada Alien, sobre todo en los últimos años, el poco nivel de los protagonistas ha sido crucial a la hora del fracaso de la obra. Comparad Depredador con Predators (Nimród Antal, 2010), por ejemplo. Que muera gente irrelevante no causa impacto. Que lo hagan personajes sólidos y creíbles y por extensión atractivos sí conmueve. Y si además tenemos una dinámica de grupo compleja que pone en bandeja muchos buenos problemas y estupendos giros de la trama, más interesante resulta todo. Por ello Pitch Black no es solo una de misterio en plan sálvese quien pueda, tiene también mucho de drama de supervivencia con tintes de thriller psicológico.

Cada rol es descrito con prontitud y de forma certera, con lo que en seguida sabemos quién es quién en el grupo, y todos evolucionan con los continuos problemas, sus motivaciones y limitaciones son puestas a prueba y sacan lo peor y lo mejor de ellos. Algunos protagonistas echándose en cara defectos para ocultar sus propios miedos, acciones que marcan a otros en sus siguientes movimientos (como la decisión de Carolyn Fry de lanzar los contenedores de pasajeros para salvar la nave y, en consecuencia, a sí misma), dilemas inquietantes (¿y si matamos a uno para dejarlo como cebo?), pruebas demenciales (Riddick tentando a Fry a sabiendas de que estuvo a punto de abandonar a la tripulación), acciones inesperadas (Riddick ablandándose en un par de momentos cruciales, y todo lo contrario en otros instantes), sorpresas geniales (“la chica está sangrando”)… Pronto queda claro que nos enfrentamos a la inmundicia humana tanto como a las criaturas: Riddick es un asesino, y genera miedo y rechazo, pero el supuesto policía que lo ha detenido se descubre tan peligroso o más que él, y el resto también cargan sobre sus espaldas secretos y mentiras que una vez desvelados cambian el tablero de juego por completo.

Pero la aventura en clave de suspense (no es terror puro como Alien, sino de intriga como Depredador) también funciona muy bien. Comentaba que la presentación de los bichos es inquietante, y su aparición final no defrauda. Se puede decir que hay algún momento donde el peligro parece desaparecer sin motivos, pues a veces se ponen a hablar como si ya no hubiera criaturas alrededor, pero por lo general la amenaza es bastante constante. No sabes lo que espera en la oscuridad, cada dos por tres cae un personaje (obviamente algún secundario, aunque alguna sorpresa hay), y de vez en cuando tenemos un tramo espectacular. Aparte del citado dilema de dejar como carnaza a alguien del grupo destaca todo lo que ocurre en el desfiladero, donde de nuevo el guion sorprende no dejándose llevar únicamente por la acción (los bichos volviéndose locos) y nos deja a cuadros con la jugada a estas alturas inesperada de Riddick con respecto al resto del grupo. En este estilo resulta también magistral el clímax con la redención de Fry, con conversaciones muy intensas justo cuando se espera un desenlace clásico de acción y sustos.

La puesta en escena, sin resultar especialmente brillante, sí es muy correcta, adaptándose hábilmente a los cambios de tono del relato y sin fallas en momentos clave. La sección diurna destaca por los filtros tan bien usados y los planos amplios que muestran la desolación de donde han caído los personajes. Cuando nos sumergimos en la noche el realizador David Twohy (quien se dio a conocer con la entretenida Han llegado) sabe cambiar el registro hacia el terror psicológico de un espacio reducido, rodando además muy bien la oscuridad: se ve lo justo para que obviamente veamos algo, pero de forma que resulte creíble (cuántos focos cantosos habremos visto en películas oscuras). Además logra que la cinta luzca muy bien a pesar de que es una producción menor, con tan solo 23 millones de dólares de presupuesto. Los efectos especiales presentan algunas carencias en las digitalizaciones, pero no abusa de ellos innecesariamente, con lo que se funden bien en la narración y te olvidas pronto de que las texturas de las bestias son bastante pobres. Los decorados funcionan mejor: la nave y la colonia no son escenarios grandes, pero no es que se necesitara más, y son muy efectivos. La música cumple bien su propósito, aunque cabe pensar que una partitura que supiera perfilar mejor la intriga le habría venido bien en algunos momentos.

En cuanto a los actores, Vin Diesel ahora es muy famoso, pero este papel llegó justo antes que su éxito con A todo gas (The Fast and the Furious), con lo que algunos lo conocimos aquí. Su carisma es innegable, haciendo de Riddick un personaje inquietante e imponente a partes iguales. El resto son desconocidos salvo en el caso de Radha Mitchell, la única que hemos visto en alguna otra película de cierto nivel, lo que facilita la conexión con los personajes a pesar de que ninguno destaque con una gran interpretación o incluso se pueda decir que de un personaje como Fry se podría sacar mucho más jugo del que saca esta actriz.

Los únicos peros que le puedo poner son detalles fugaces que no afectan a aspectos importantes, pero también son llamativos y descolocan un poco. Al director se la va la cabeza con algunos efectos innecesarios: distorsión de imagen e inversión de colores aparecen en unas pocas ocasiones sin venir a cuento, sin un objetivo claro, y quedan bastante mal. La representación de la visión de Riddick es un tanto absurda, pues según lo que nos muestran ve peor que los demás; si iban a mostrar esto, era obligatorio hacerlo bien. También puedo criticar un par de momentos de exageración absurda: Riddick se disloca los huesos como quien se hace crujir los nudillos.

No se puede decir que, a pesar de su envoltorio original y sus momentos puntuales de ingenio, Pitch Black sea una obra revolucionara o un hito del género, pero tiene la suficiente originalidad y pegada, tanto en la ciencia-ficción como en el suspense, como para dejar buenas sensaciones en los seguidores de ambos géneros. Pero si llega a ser una buena película es por ese magnífico grupo de personajes y las mil situaciones, putadas y dilemas que enfrentan en medio de todo el caos. Así pues tenemos una obra que sabe distanciarse lo justo de un planteamiento muy básico para resultar atractiva, y que redondea la propuesta con un guion consistente lleno de momentos muy intensos y unos cuantos giros bien ejecutados. Además parece ganar con el tiempo. La he visto un montón de veces y no dejo de disfrutarla, no le veo carencias de ritmo ni pérdida de interés con los sucesivos visionados. Y la escasez de obras remarcables del género (tanto serie b como de gran presupuesto) desde su estreno la hace más atractiva.

No fue lo que se dice un exitazo de taquilla, pero como costó tan poco no tuvo problemas para doblar su presupuesto. Además el boca a boca la trató bien, ganándose pronto un estatus de culto entre los amantes de la ciencia-ficción. En dvd tuvo que vender muy bien, porque a la esperada secuela le dieron 100 millones para que Twohy la hiciera a lo grande… La pega es que Las crónicas de Riddick se alejó mucho de lo esperado, tanto en estilo como en calidad: resulta rara, confusa y malísima. Tuvimos que esperar a la tercera parte, Riddick, para volver a ver al fascinante asesino en una aventura más acorde al estilo de esta pequeña joya que es Pitch Black.

Saga Riddick:
-> Pitch Black (2000)
Las crónicas de Riddick (2004)
Riddick (2013)

X-Men


X-Men, 2000, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 104 min.
Dirección: Bryan Singer.
Guion: Bryan Singer, Davir Hayter.
Actores: Hugh Jackman, Patrick Stewart, Ian McKellen, Anna Paquin, Halle Berry, Famke Janssen, Rebecca Romijn.
Música: Michael Kamen.

Valoración:
Lo mejor: Va directo al grano, no pierde ni un minuto.
Lo peor: Sabe a poco en todos sus aspectos (personajes, trama, acción, espectacularidad, música…).
Mejores momentos: Los dos primeros prólogos, tan breves como intensos. La pesadilla de Lobezno y el posterior accidente.
El error de montaje: Mística, disfrazada como Hombre de Hielo, sale al colegio por el ascensor que da al sótano, pero es después cuando aparece abajo. Las escenas están cambiadas de orden, y no hay nada que indique un montaje no lineal.
El error de traducción: Ese extraordinario metal no atraviesa todo tu cuerpo, ¿verdad? Magneto a Lobezno en el tren. Sobra el no.
Las frases:
1) –¿De verdad salís con estos trajes?
¿Qué prefieres? ¿Licra amarilla? Lobezno y Cíclope.
2) Mujeres, niños, familias destruidas tan sólo porque nacieron diferentes a los que tienen el poder. Magneto.
3) –Tormenta, fríelo.
Eso, un relámpago hacia un enorme conductor de cobre. ¿No vivís en un colegio? Lobezno y Magneto.
4) Eres un fraude. Si fueras tan honrado estarías tú en ese trasto. Lobezno a Magneto.

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Es una suerte que X-Men llegara justo antes de esta época en que las películas se alargan y enmarañan innecesariamente. Su metraje se centra en lo estrictamente necesario, en intentar narrar bien una historia sin tratar de impresionar metiendo escenas molonas porque sí. Tras varios prólogos anidados, que lejos de desviar la atención o aburrir presentan muy bien a algunos personajes, la trama se desarrolla con un ritmo muy correcto, teniendo siempre preferencia el drama sobre la acción. Además de trabajar bien los caracteres el guion les confiere eficaces diálogos con los que sostener las relaciones entre ellos (recién iniciadas en algunos casos), y la proyección va desvelando de forma equilibrada las sorpresas que guardan no sólo los protagonistas (Xavier y Magneto fueron amigos, el esqueleto de Lobezno…), sino también las que depara el argumento (el plan de Magneto).

Aunque el presupuesto fue bastante limitado, lo que se nota en escenas de acción quizá demasiado sencillas y comedidas para lo esperable en el género, probablemente esto incluso haya resultado beneficioso en el producto final, pues obligó a buscar más fuerza en los diálogos y situaciones. Tanto el clímax en la estación de tren como el de la estatua de la Libertad ofrecen intensidad y dramatismo en buenas dosis, y sólo cae en algunos momentos ante el efectismo comercial de introducir escenas muy exageradas y vistosas pero faltas de realismo y casi insostenibles incluso en una historia bastante fantástica como esta, como son las luchas de Lobezno y Mística (donde se exageran los poderes de la mutante) y luego la del mismo contra Dientes de Sable, donde intentan hacer una especie de “Matrix” con las piruetas imposibles de Logan. Los efectos, sean digitales o no, en general cumplen, siendo en algunos casos algo destacables (por ejemplo, la transformación del senador en agua es magnífica), aunque algunas veces quedan un poco vulgares, como los rayos blancos de la máquina de Magneto sobre New York.

El apartado interpretativo se salda con éxito, ya sea por la labor de veteranos de tanta calidad como Ian McKellen o Patrick Stewart como en el buen hacer de las nuevas promesas (Famke Janssen, Hugh Jackman) y los jóvenes prodigios (Anna Paquin). No me olvido de mencionar otro elemento normalmente destacable en el género, la banda sonora original. A esta le falta garra, quedándose como un producto complementario de escasa relevancia. Al parecer Michael Kamen tuvo problemas con su labor, que resultó muy alterada en el producto final.

X-Men aportó un toque de maduración y seriedad al género y aguanta bastante bien los años, pero nunca he podido quitarme la sensación de que le falta algo de fuerza, de que se queda a las puertas de ser una gran película. La segunda entrega resulta igual de buena pero es más densa y larga, pero aunque es más admirada por los seguidores, no veo que llegue a desplegar tampoco todo el potencial. Lástima que la tercera entrega fuera una mediocre forma de cerrar una interesante trilogía.

Me queda una duda relativa a los poderes de algunos mutantes. Aunque estamos ante una saga de fantasía, hay cosas que quedan demasiado poco explicadas, como las transformaciones de Mística. Podemos suponer que sí, que las moléculas de su cuerpo adoptan incluso las características de la ropa… pero, ¿es capaz de crear una pieza mecánica, que se separa de su cuerpo y encima funciona (posee poderes electromagnéticos también, por lo que se ve), como el teléfono móvil que se guarda en el helicóptero y se funde con su cuerpo al transformarse a su forma normal?

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Saga X-Men:
-> X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix oscura (2019)
X-Men: Los nuevos mutantes (2020)