El Criticón

Opinión de cine y música

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Hombres de negro 2


Men in Black II, 2002, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 88 min.
Dirección: Barry Sonnenfeld.
Guion: Robert Gordon, Barry Fanaro, Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Tommy Lee Jones, Will Smith, Rip Torn, Tony Shalhoub, Lara Flynn Boyle, Rosario Dawson, Johnny Knoxville.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: La pareja protagonista mantiene su química y gracia, y el perro es tronchante.
Lo peor: Es una repetición nada disimulada de la primera parte, no aporta nada nuevo.
Mejores momentos: La oficina de correos.
La frase: Casi todos los que trabajan en correos son extraterrestres -J.

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Alerta de spoilers: Cito algunos detalles importantes del final.–

Hombres de negro 2, sin ser lo que se dice una mala película, ofrece tan poco que nada más terminar de verla empiezas a olvidarla. Si no fuera por el tirón de la primera parte y de sus estrellas no habría alcanzado 440 millones de dólares de recaudación mundial, 150 menos que aquella pero aun así una cifra extraordinaria, pero las críticas fueron muy flojas y es evidente que en poco tiempo el público ya no se acordaba de ella, Así, los productores dudaron si hacer la tercera entrega durante casi ocho años (se puso en marcha a mediados de 2009, se estrenó en 2012). Por suerte, ofreció algo más de original y dejó mejores impresiones.

Los productores y los guionistas contratados (Robert GordonHéroes fuera de órbita-, Barry FanaroLas chicas de oro-) van demasiado sobre seguro, sin esforzarse lo más mínimo en tratar de recuperar uno de los puntos clave del episodio inicial, el factor sorpresa, aportando novedades en las vivencias de los personajes y la trama. Se enquistan totalmente en la repetición de la misma premisa, cambiando poco más que nombres, porque ni escenarios nuevos atractivos nos ofrecen.

Los personajes ya los conocemos y se conocen entre ellos y la dinámica de los Hombres de negro también, así que cambian la introducción a la organización y el despertar de J por la acción pura y dura con esa escena ruidosa pero sin savia del gusano en el metro. En el siguiente acto no encontramos un misterio que cobra forma poco a poco hasta que puedes deducirlo tú mismo, sino un macguffin sin sustancia alguna mientras los protagonistas deambulan de aquí para allá teniendo rocambolescas aventuras, sean encuentros cómicos con alienígenas extraños o escenas de acción varias. El único suspense consiste en esperar a ver si K se digna en soltar otra dosis de información, cosa que sólo ocurrirá cuando hayan agotado el escenario actual. Y todo para que al final sea lo mismo: el objeto buscado por la villana que amenaza con destruir la Tierra estaba ante sus narices, esta lo encuentra antes, y luchan por él. Que la clave sea la chica de turno no añade emoción, si acaso lo contrario, queda un poco raro, pues tiene justificaciones un tanto forzadas. J, tan buen agente que es, se encapricha de una tía buena en un solo encuentro y decide no borrarle la memoria. Y a pesar de ello, en el final él y K la convencen para que se suicide para salvar la Tierra, escena que no transmite el drama y la premura necesarias como para lograr aunque sea una pizca de sentimiento.

Rosario Dawson resulta simpática, pero entre el poco recorrido de su rol y que se echa en falta a Linda Fiorentino parece un mal apaño. Es una pena que esta no quisiera continuar o la confianza de los estudios en ella estuviera por los suelos, pues como conté en el análisis de la primera parte, estaba metida en una importante investigación del FBI y además tenía fama de ser difícil de tratar.

La vuelta de K está muy bien hilada, y la química de Tommy Lee Jones y Will Smith es lo que mejor funciona de nuevo, así que no me quejo de que lo recuperaran tras jubilarse, pero sin duda habría sido más atractivo con una nueva aprendiz en el equipo que diera más juego; los roces y chistes con el tonto compañero de J y las escenas en que el perro lo acompaña son buena muestra de ello. La entrada en acción de K en la oficina de correos es tronchante, la mejor parte de la película. La pena es que su historia termina teniendo poco recorrido dramático, por eso de ser una excusa para dosificar la trama.

En cuanto a lo peor, es sin duda la villana tan vulgar que nos ofrecen. Se trabajan un poco de trasfondo, pero este acaba siendo el pretexto para recuperar a K, a sus motivaciones y personalidad no le aportan absolutamente nada. Lara Flynn Boyle hace lo que puede con el putón mal maquillado que le ha tocado (que me parece demasiado para una cinta familiar), pero ni resulta un enemigo imponente ni interesa su plan, y sus secundarios son más bien lamentables: repiten la fórmula de patanes feos, pero ni el sobreactuado Johnny Knoxville con dos cabezas ni el larguirucho que luego se divide en varios pequeños hacen gracia o dan algo de canguelo. Cuando estás un rato siguiendo las andanzas de la pareja protagonista te olvidas por completo de quién es y qué pretende esta tipa. De hecho, da la impresión de que hasta los autores se olvidan de ella: en una escena manda a varios matones a por J y K, pero cortan el diálogo a medias cuando se gira hacia el larguirucho, y quince minutos después vuelven a ello como si ahí no hubiera pasado tiempo alguno, es más, de por medio incluyen un encuentro entre ella y Z.

La puesta en escena mantiene el tono enérgico, aunque también pierde unas décimas. Entre el ritmo vivaz, el carisma de los protagonistas y la corta duración, la cinta entra bien y divierte, pero no asombra como el primer episodio y no cala lo más mínimo. En aquel Barry Sonnenfeld se mostró más ágil, con recursos visuales más variados, mientras que aquí anda menos inspirado y además patina un par de veces, como las patadas voladoras de K y Z tan exageradas y cutres, donde no se sabe a qué viene ese giro en plan superhéroes y canta muchísimo el uso de cuerdas. Pero es la falta de un clímax más elaborado lo que más pesa: el asalto al cuartel tomado por la enemiga está muy falto de imaginación y sentido del espectáculo, y los momentos finales en un tejado son muy, muy sosos. Un tercer acto épico podría haber eclipsado su falta de originalidad, pero apuntaron muy bajo.

El repertorio de criaturas alienígenas es llamativo, pero no deslumbra como en la primera entrega porque aquí tampoco presentan novedades. El abuso de lo digital se nota (el gusano, los tentáculos de la mala, las cabezas múltiples de sus secuaces), y sumado a los parcos escenarios que hay, cabe preguntarse cómo gastaron tanto dinero, nada más y nada menos que 140 millones de dólares, si no tiene un despliegue de efectos especiales al nivel de otras superproducciones de aquel año: Minority Report, El ataque de los clones y El Señor de los Anillos: Las dos torres costaron bastante menos y lucieron muchísimo mejor. La banda sonora de Danny Elfman es muy efectiva, pero tampoco parece buscar algo de renovación.

PD: David Cross (ahora conocido por Arrested Development) repite en un personaje distinto pero muy parecido (el friki de la morgue en el primer episodio, el del videoclub aquí), y no se sabe si es el mismo rol (se supone que murió), así que queda muy confuso. Tampoco parece un cameo, pues fama no tenía y está acreditado; quizá era amigo de algún productor.

Ver también:
Hombres de negro (1997)
-> Hombres de negro 2 (2002)
Hombres de negro 3 (2012)
Hombres de negro: Internacional (2019)

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La guerra de las galaxias: Episodio II – El ataque de los clones


Star Wars: Episode II – Attack of the Clones, 2002, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 142 min.
Dirección: George Lucas
Guion: George Lucas, Jonathan Hales.
Actores: Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Christopher Lee, Ian McDiarmird, Samuel L. Jackson, Frank Oz, Temuera Morrison, Jimmy Smits.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La trama política y bélica cobra interés, los personajes también. Cuando se lanza la acción resulta un espectáculo glorioso, en especial gracias la imaginativa dirección artística y los magníficos efectos especiales y sonoros.
Lo peor: Tarda en arrancar: el tramo inicial no logra centrar la historia y narrarla con intensidad. Tiene un tono demasiado infantil que resulta muy molesto en ocasiones (le sobran todas las escenas de R2-D2 y C-3PO).
Mejores momentos: El combate espacial de Obi-Wan contra el cazador de recompensas. La batalla final: la ejecución con criaturas espeluznantes, la aparición de los Jedi, el ataque de los clones, la persecución de Dooku.
El plano: Los Jedis medio aniquilados y rodeados de enemigos.
La pregunta: ¿De dónde sale la profecía de Anakin y el equilibrio en la Fuerza? La mencionan varias veces sin explicar nada más.
Las frases:
1) Los maté, los maté a todos, están todos muertos. Y no sólo los hombres, sino también las mujeres y los niños. Son animales, y los maté como animales. ¡Los odio! –Anakin.
2) ¡¿Victoria?! ¿Victoria, dices? Maestro Obi-Wan, nada de victoria… Del Lado Oscuro el velo ha caído, las Guerras Clon empezado ya han –Yoda.
3) Siento que un día me vas a matar –Obi-Wan a Anakin.

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El ataque de los clones supuso para muchos fans un pequeño reencuentro con La guerra de las galaxias después del fiasco de La amenaza fantasma, pues este capítulo ofreció un producto de mayor calidad, más coherente y atractivo. La trama mejoraba considerablemente y nos introducía por fin en hechos realmente interesantes, mientras que los personajes adquirían cierta dimensión. Sin embargo, sigue habiendo unos cuantos fallos importantes que no logran alejar del todo el fantasma de la decepción, la sensación de que George Lucas tenía entre sus manos un potencial mucho mayor y su torpeza narrativa y la obsesión por el tono infantil lo echan a perder.

El relato ofrece dos partes bien diferenciadas y de grandes contrastes. La primera aborda la relación romántica entre Padmé y Anakin, mostrando los puntos débiles y problemas del chaval para mantenerse en la Luz, mientras paralelamente se trata de poner las bases para el lanzamiento de las Guerras Clon a través de la investigación de Obi-Wan. Amidala sigue siendo un rol fuerte, con carácter y algunos buenos momentos, como la decisión de ir a rescatar a Obi-Wan y meterse en todo el fregado, anteponiendo sus valores políticos y morales sobre su propia supervivencia. El joven Skywalker en conjunto sale bien parado, quedando claras sus limitaciones y anhelos y mostrando una evolución sencilla pero correcta. Pero es evidente que daban para mucho más. Al romance le falta emotividad, el guion de Lucas ofrece unas situacioens y diálogos ramplones y algo inmaduros; ¿dónde quedaron esas líneas ágiles, imaginativas y eficaces que disfrutamos en la trilogía original en el triángulo amoroso Luke-Leia-Han? Sólo es digno de recordar aquel comentario sobre que el pueblo necesita un grupo de sabios que gobierne eligiendo lo que consideran mejor para la sociedad, diciendo de manera sutil que la democracia no va con él.

El casting magnifica el problema, pues la elección de Hayden Christensen se presenta como un error monumental e imperdonable. Tuvo que ser por mediación de Lucas, porque me cuesta creer que de otra forma un actor tan limitado pasara el corte. Provoca bastante vergüenza ajena ver como su inexpresividad lastra los momentos en que Anakin debe transmitir tal o cual sentimiento intenso, fastidiando más de la cuenta la escena, la credibilidad del personaje, la conexión con el espectador. Un actor competente y un director que sepa exprimirlo pueden levantar un personaje simple e incluso uno mal escrito, pero aquí no se da el caso. Y por si fuera poco, el doblaje, que por lo general es bastante flojo, en este carácter resulta nefasto, aumentando las malas sensaciones. Siguiendo con los actores, destacaría la presencia de secundarios que representan muy bien a sus personajes (Christopher Lee, Samuel L. Jackson e Ian McDiarmid), y me da la sensación de que Ewan McGregor y Natalie Portman están más implicados en sus roles que en el Episodio I.

La sección de Obi-Wan tampoco sale bien parada, consume mucho tiempo para lo poco que aporta. Es obvio que Lucas pretende ir sentando las bases del complot político y preparando el lanzamiento de las Guerras Clon, pero patina bastante en ello. Se obsesiona con la historia detectivesca, que es simple a más no poder y deja a Obi-Wan como un inútil, pues es demasiado lento y torpe sacando conclusiones para lo que se espera de un Jedi. Se empeña en maquillar con acción, dando una de cal y otra de arena: se equivoca de largo con la persecución aérea en Coruscant (larguísima y exagerada), quizá pensando en que el tramo inicial requería alguna escena intensa cuando lo que pide a gritos es sacar más partido de los personajes y exponer mejor la trama, y acierta bastante con la pelea contra Jango Fett en los asteroides, que llega en mejor momento y resulta espectacular. Y mientras se pierde en todo esto se olvida de dar a la política el tiempo necesario, quedando de nuevo algo confuso todo el tema de facciones e intenciones; de hecho sigue habiendo cosas muy raras, como esa Amidala que fue reina elegida en dos mandatos (¿?) y ahora es senadora en la República. Por lo menos, al final Dooku explica con claridad el conflicto, y terminas haciéndote una idea la situación y del plan de Palpatine de poner a todos contra todos para alzarse de las cenizas como salvador.

Como no logra centrarse en lo importante, la primera mitad de la película anda algo escasa de ritmo, pero al menos tiene algo de lo que carecía La amenaza fantasma: la historia muestra una dirección concreta y unos personajes más o menos complejos a los que seguir con un interés que estaban lejos de despertar en aquel episodio. Vale, Obi-Wan inicialmente queda un poco deslucido con su torpeza, pero su determinación y coraje también quedan patentes, sobre todo en el siguiente segmento.

La segunda parte adquiere mayor intensidad y dinamismo y en ella se suceden diversas situaciones muy emocionantes en las que muchos vimos la esencia de la saga por fin recuperada, aunque la película en conjunto no llegara todavía al nivel de la trilogía original. La trama política que hay de trasfondo, no del todo aprovechada pero bastante atractiva, deriva por fin en la apasionante historia bélica que transforma el universo para siempre. Desde que las pesquisas de Obi-Wan lo llevan al planeta donde se reúne el enemigo nos sumergimos en el grandioso inicio de las Guerras Clon. La inquietante presencia de Dooku, el espectáculo donde pretenden sacrificar a Padmé, Anakin y Obi-Wan mediante criaturas horrendas, y la intrusión de los Jedis que abre las puertas a una batalla de una espectacularidad sin parangón, te mantienen agarrado a la butaca casi sin respirar, asombrado y extasiado a partes iguales.

Sin embargo, este inconmensurable clímax se ve lastrado de forma importante por los desvaríos infantiloides de George Lucas (y eso que esta vez se acredita un colaborador en el guion, Jonathan Hales). Llevó a Jar Jar a segundo plano por la presión de los espectadores, pero no rebajó el tono infantil y estúpido, sino que lo depositó sobre R2-D2 y C-3PO, a quienes hace centro de un sin fin de memeces que no hay por dónde coger ni forma de soportar. Pero es que en cierto momento también arrastra a Anakin y Padmé: la infame escena de la factoría de droides es un despropósito. No hacía falta más metraje en esa parte, y desde luego no con este aspecto de videojuego para niños.

También grave resultó el esperadísimo enfrentamiento entre grandes Jedis y Siths, tratado de una forma que todavía la mayor parte de los seguidores no hemos podido perdonar. Pero en qué cojones pensaba Lucas al convertir a dos viejales como Yoda y Dooku en superhéroes de gran agilidad. La batalla a espadas es histriónica, ridícula, y además choca con lo visto en la saga, con lo esperado: que lucharan con una combinación de lanzamiento de objetos, de sobrecogedores rayos, y sobre todo a través diálogos inteligentes y manipuladores. Por ello, el desenlace de la gran batalla no resulta satisfactorio: después de generar tanta tensión con la pelea final entre protagonistas, esta resulta ser un numerito de circo. Por desgracia, en La venganza de los Sith siguió por el mismo camino…

El diseño de los lugares y criaturas y los efectos especiales y sonoros que los recrean fue un trabajo muy imaginativo y complejo, y si bien su calidad general fue digna de alabanza, con momentos deslumbrantes, de nuevo el abuso de lo digital le ha restado durabilidad de cara al paso de los años. La comparación entre alienígenas de maquillaje y digitales pierde otra vez en favor de los primeros: Yoda, Jar-Jar o el cocinero que visita Obi-Wan no aguantan como personajes con diálogo. Los dobles digitales de actores tampoco convencen, en especial en los planos en que ponen el careto de Christopher Lee sobre un extra más ágil. Aunque la batalla tiene muchos planos sobrecogedores, también hay alguno cantoso: cuando los personajes se montan en las naves para ir de aquí para allá se notan mucho las pantallas de fondo, pero lo peor es el empeño en hacer los soldados con el ordenador, con muchos momentos (como su presentación) que parecen de película de animación. Y sorprendentemente, al contrario que en el resto de la serie, incluyendo las antiguas, hay algún matte painting (fondo pintado) que se nota un montón, por ejemplo alguno de los paisajes rocosos por donde pasa Obi-Wan al aterrizar donde se esconden los villanos (Geonosis).

No me olvido de citar otro sello de la saga: la banda sonora de John Williams sigue siendo sumamente efectiva pero aquí firma su trabajo menos notable para la misma, pues sólo aporta un motivo nuevo realmente destacable, el hermosísimo tema de amor. Aparte, hacen algo raro en un momento dado: no entiendo por qué utilizan el tema de Duel of the Fates, el del duelo con Darth Maul, para la escena de búsqueda de Anakin, esa que va en moto por el desierto. No tiene nada que ver en temática.

Rebajando la carga cómica insufrible, haciendo madurar un poco el producto y equilibrando un poco más el tramo inicial, con toda probabilidad estaríamos ante una entrega al nivel de la trilogía original, pero lo cierto es que no vale la pena seguir hablando de “y si…” tanto tiempo después: esto es lo que hay, consigues apartar sus fallos y disfrutar o te toca ser el fan que reniega y hace como no existe, actitud que me parece igual de válida y justificada.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
-> Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

El Señor de los Anillos: Las dos torres


The Two Towers, 2002, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 223 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Sean Bean, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, música, reparto.
Lo peor: Guion disperso, alargado, torpe, con personajes mal desarrollados y de nula fidelidad a la novela.
Mejores momentos: El tramo inicial (hasta que aparece Bárbol y Aragorn se cae por el barranco), algunas escenas de la batalla de Helm.
Peores momentos: Todo lo que rodea a Faramir, Aragorn y Arwen. Las paridas de Legolas y Gimli en Helm. La capa de Frodo que se convierte en roca en la Puerta Negra.
El plano: Frodo y Sam observando la Puerta Negra.
La frase a destacar: Si esto es nuestro final, haré que rubriquen uno que permanezca en la memoria -Theoden.
La frase a repudiar: El Anillo de poder al alcance de mi mano. Una oportunidad para Faramir, capitán de Gondor, de mostrar su nobleza –Faramir.

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Su tramo inicial es francamente bueno, manteniendo las virtudes de La Comunidad del Anillo, es decir, buen ritmo y fidelidad a la novela. Pero conforme se introduce en la trama de Rohan, Peter Jackson y sus colaboradoras se pierden cada vez más, y llega un momento (con el absurdo periplo de Aragorn) donde dejan de lado la obra escrita para a partir de ahí sólo seguir los lugares que en ella se mencionan con personajes totalmente irreconocibles hablando de adaptación y de poca consistencia y credibilidad hablando de la propia película, y todo ello a través de escenas sin apenas coherencia y con un ritmo renqueante. Cuanto más avanza el metraje más se ve que el libreto lo escribían sobre la marcha, que rodaban mogollón de escenas y dejaban casi todo el trabajo para la sala de montaje. Y el resultado deja mucho que desear, tanto en el narrativo en conjunto como en escenas sueltas, pues aparte de que el montaje es pobretón se observan muchas secuencias apañadas con recursos lastimeros, como las numerosas imágenes espejadas (cuántos personajes se vuelven zurdos de repente) con las que se intentan empalmar planos rodados sin la planificación adecuada; también hay un gran número de gazapos: alucinante cuando Eomer monta su caballo, se le cae la espada, y sigue hablando como si nada (algo que todos los presentes debieron notar por narices, pero por razones que se me escapan no se rodó un mísero plano de nuevo). Para aclarar la caótica narración metieron algunos parches, como una repentina voz en off de Saruman exponiendo sus planes o malogradas escenas con un mapa delante.

La mejor prueba de que todo se construía y rehacía sobre la marcha fue la elección de eliminar a la Arwen guerrera que habían ideado en principio, porque la presión del público, que reaccionó fatal a las filtraciones, al parecer fue más importante que la consistencia del guion (la fidelidad estaba claro que no les importaba mucho). Trataron de improvisar una historia donde fuera más princesita de cuento, confeccionando una subtrama mal hilvanada y metida con calzador de forma tan precipitada que aparte de resultar una historia muy pobre deja fallos impresionantes. Son notables las huellas de su presencia en Helm, donde tratar de borrarla dejaron un rastro bastante claro para quien haya visto la película unas cuantas veces: hay un fugaz plano con Legolas duplicado (cuando cargan por la rampa), es decir, con Legolas y una Arwen mal tapada con efectos en post-producción, y si afinamos la vista se la ve incluso en plena batalla soltando mandobles.

Volviendo al análisis escena a escena, decía que el inicio funciona bastante bien. La persecución de Aragorn para rescatar a los hobbits mantiene el interés, tanto como el encuentro de Frodo con Gollum. La presentación de los personajes de Rohan es en principio encomiable (Eowyn es calcada a la novela, Eomer tiene carisma), pero conforme avanza se ve que han convertido al rey Theoden en un paria, seguramente por el patético pensamiento que reflejan los guionistas en los extras del dvd sobre por qué cambiaron la personalidad de Faramir. Qué triste es ver como afirman tan a las claras que no han entendido la novela ni tienen claro qué es lo que quieren o necesitan en la película. Parece ser que no puede haber héroes de mayor entereza, inteligencia y fuerza que Aragorn, el protagonista, y claro, como es un lelo, pues a los demás hay que ponerlos por debajo de él. Así pues, a lo largo de este y el siguiente episodio Theoden no es un rey, es un pobre atontado con trono que ha de ser dirigido por otros. A pesar de la soberbia interpretación de Bernard Hill el personaje carece de credibilidad y fuerza y resulta otro ente medio vacío que se mueve por el metraje sin saberse muy bien qué pinta ahí o hacia dónde va. Y da la sensación de que con Bárbol hacen lo mismo: lo convierten en un pringado que no se entera de nada, pues su bosque está siendo destruido, sus parientes muriendo ante sus narices, y no se entera, tienen que ser los hobbits quienes se lo digan, metiendo bastante metraje innecesario en una parte que termina siendo larga, simple y por extensión aburrida.

Merece una mención especial el exorcismo a Theoden. Por lo visto, Lengua de Serpiente no sólo lo tenía engañado, sino que Saruman estaba como dentro de él, y Gandalf lo espanta cual exorcista de una de terror de serie b. Pero ya que estaba también le aplica un hechizo de rejuvenecimiento. La escena al completo es de risa. ¿Por qué de paso no lo convierte en un rey de verdad con un conjuro de +4 en carisma?

Ante el acoso de Saruman hay que ir a Helm a esconderse y luchar. Por alguna razón, Jackson decide que aunque haya material de sobra para contar es buena idea añadir largas subtramas inventadas. Lanza a Aragorn en un viaje incomprensible y falto de interés que además se inicia con otra falsa muerte de esas que tanto abundan en la trilogía, pues parece que es la única forma que conoce para crear drama. ¿Por qué? ¿Qué aporta que Aragorn se pierda un rato? No aclara tramas, no desarrolla personajes…. Cabe pensar que es un receso forzador para tratar de desarrollar a Arwen, pero es absurdo: ¿todo esto para que Aragorn tenga un sueñecito con su amada? Para colmo la presencia, de la elfa, aparte de verse demasiado apañada sobre la marcha (tanto que ella cambia de vestido de un plano a otro, no sé si aquí o en la siguiente entrega), resulta cursi y con diálogos tan primarios que se hace insoportable, por pesada, lenta y poco emotiva.

Pero los añadidos no se limitan a este desatino sobre Aragorn y Arwen. La presencia de Faramir es ampliada también sin razón, generando una enorme cantidad de minutos que no llevan a ninguna parte y ralentizando el ritmo de la cinta de forma catastrófica en su tramo final. ¿Qué sentido tiene pasear a Frodo por media Gondor si no se va a narrar nada tangible, si sólo se está postergando la decisión de hacerlo avanzar en la aventura? Resulta redundante para presentar dicho país y a Faramir y sobre todo se cisca de una manera alarmante en este personaje, destruyéndolo completamente. Como señalaba, lo justificaron en los extras diciendo cosas del estilo de que si Aragorn no se deja influenciar por el Anillo y es el rey (¡pero si no quiere serlo!), el héroe, los demás personajes no pueden ser mejor que él (curiosamente, esta norma de no resistir al Anillo se aplica sólo a los hombres). A tomar por culo los ideales presentes en la novela de que hay hombres fuertes que luchan sin ceder al caos y al terror y que son los que permiten que la Tierra Media resista el avance de Sauron. En la película todo el mundo es gilipollas y no sabe lo que quiere, pero aun así lucha… Es algo que carece de sentido, de credibilidad y obviamente de grandeza y de épica.

Y por si fuera poco, con tanto añadido se quedan sin tiempo y deben eliminar el espectacular episodio de Ella-Laraña para compensar, incrementando el desastre hasta perjudicar también a El retorno del rey, pues para mover dicha escena tuvieron que recortar un montón de metraje de Frodo en la parte más fascinante y subyugante de la novela: Mordor.

No me olvido de hablar de otros personajes principales, Frodo, Sam y Gollum. Frodo sigue siendo un pupas sin carisma e interpretado con desgana por Elijah Wood, pero no se puede decir que sea un caso grave, sobre todo si lo comparamos con el resto (aunque sus muecas de sufrimiento son horribles). Sam sale mejor parado, y el actor Sean Astin lo borda (salvo en el doblaje al castellano, donde parece literalmente un retrasado mental). Pero Gollum es otro cantar. La creación digital es impresionante, un logro enorme para la época. El realismo es casi total, la integración e interacción con el entorno fantástica; sólo en algunos planos se nota su origen digital (en la extendida sobre todo, donde parece acabado con prisas). Sin embargo, el personaje es cargante de narices, una caricaturización excesiva, cosa que se agrava en El retorno del rey. Le ponen demasiadas escenas cómicas, estúpidas o donde se explayan cambiando de forma patética entre sus personalidades, notándose muy claramente la escasa habilidad de los guionistas para ahondar en la psique de los personajes, pues se lían y lían con escenas que no dicen nada y están llenas de diálogos y situaciones tan tontorronas que parecen escritas por un niño.

La batalla de Helm podría haber sido una parte increíble, pero se queda en unos pocos escasos momentos que recordar (la lluvia golpeando las armaduras, los orcos alzando las escaleras…) entre un galimatías de secuencias mal encajadas y una nula capacidad para sacar tensión de la situación y convertir un largo tramo de la cinta en algo que te deje estampado en el asiento de la impresión (potencial para ello tenía, desde luego). Jackson lo que hace es desbarrar con gilipolleces cómicas infantiles y amontonar recursos burdos para intentar sacar drama de un material ya destrozado. Insufribles Gimli y Legolas (el escudo usado como tabla de surf, ¿en qué cabeza cabe?), horrorosa la escena de Aragorn y el enano en la puerta los dos solos contra mil enemigos, vergonzosos (por sensibleros y manipuladores) los infinitos planos de niños y más niños (incluido sus puñeteros hijos, que los saca en las tres películas y se nota un huevo)… Además, la resolución del conflicto es torpe, precipitada y poco creíble, con esa llegada de Eomer en plan sorpresa barata y su descenso imposible por la ladera. Como ocurre en toda la trilogía, Helm resulta algo espectacular (unos pocos planos desde luego son impecables) por la conjunción de elementos artísticos tales como decorados, vestuario, música, efectos especiales y sonoros y en momentos puntuales gracias a los actores, porque da la sensación de que el señor guionista y director se empeña en destrozar un material con infinitas posibilidades.

Hay que comentar aparte el hecho de que de repente aparece una tropa de elfos en Helm. Para luchar con los hombres como antaño, dicen, pero aun así surgen preguntas. ¿Por qué los envían ahora y no antes? ¿Por qué una tropa y no un ejército? Si suponemos que en la película las fronteras de los elfos no están siendo atacadas por Sauron, que parece indicarse eso, ¿por qué sólo envían unos cuantos?, ¿para cumplir y quedar bien? Vaya con los elfos. Y todos mueren, pues es evidente que es una subtrama molesta que hay que dejar de lado. Pero por supuesto fallecen todos menos Legolas, que tiene superpoderes. ¿Dónde deja la coherencia de la trama, señor Jackson, por qué añade cosas que luego no es capaz de controlar y que claramente sobran, por qué en vez de trabajar mejor aspectos importantes (los personajes, la llegada de Gandalf y Eomer) pierde el tiempo añadiendo metraje inútil?

Paralelamente, Merry, Pippin y Bárbol, después de mucho marear la perdiz y aportar más humor cutre, por fin atacan Isengard. La escena no está mal, sobre todo por la siempre fantástica banda sonora, pero como no hay personajes con los que conectar la pelea no tiene emoción alguna. Y lo cierto es que de tanto abusar de los efectos especiales estos terminan notándose bastante; hay escenas que no han envejecido nada bien: en Isengard no se integran bien los efectos digitales y las maquetas, y la cabalgata de Gandalf por la ladera en Helm era cantosa en su momento, pero diez años después resulta horrorosa.

El cierre del filme carece de fuerza, queda muy diluido. Jackson no es capaz de hacer que el desenlace abierto enganche. Intenta meter como puede alguna escena explicativa para resumir la situación, como ese diálogo de Theoden mirando a Mordor o el largo y cansino monólogo de Gollum. La primera escena se nota a la legua que fue apañada (otro apaño, sí) a última hora, pues la pantalla de fondo canta demasiado. Seguramente se creó tiempo después del rodaje principal, como algunas otras de las que sí hay constancia, para tratar de aclarar la historia. Y encima es cutre de narices, pues desde casi el corazón de Rohan ven Mordor como si estuviera a medio día de camino… ¡e incluso se oyen los truenos del Monte del Destino desde ahí!… cuando en El retorno del rey parecen estar a tres cordilleras de distancia de Gondor. La otra escena, la de Gollum contándonos su plan, resulta larguísima para lo poco que aporta y de nuevo expone lo que le cuesta al director el que los personajes avancen hacia alguna dirección.

En esta entrega conviene hacer mención al doblaje. Es una saga de visionado obligatorio en versión original, por la calidad de algunos actores, por la voz y dicción de los mismos (Ian McKellen o Chrisptopher Lee son para escuchar con sus voces reales) y por el cuidado puesto en los distintos acentos (al menos en principio, que luego Elijah Wood y Sean Astin imitan el inglés británico de pena). El doblaje es en unos personajes excelente (Gandalf, Aragorn) y en otros totalmente inadecuado, tanto que llega a resultar molesto: Sam y Frodo están en manos de algunos de los peores actores del gremio y el resultado es digno de enseñar en las escuelas como algo que no debe hacerse. Otros también cambian tanto que quedan irreconocibles, como Eowyn, que en castellano parece una niña tontita.

En esta ocasión también es más recomendable la versión extendida, pues la resumida resultaba bastante desequilibrada e incluso tenía un agujero enorme: cuando Aragorn está perdido se encuentra con un caballo que conoce pero que no se presenta hasta que ves la versión larga. ¿Cómo se puede ser un cineasta tan inútil como para dejar un cabo suelto de tal calibre? Pero en ambas versiones hace falta algo que ya no se puede hacer: una reestructuración a fondo de la trama desde el guion que dé ritmo y consistencia a la narración, la eliminación de pasajes innecesarios o muy alargados (cito de nuevo el periplo de Aragorn y la presencia de Arwen, así como casi todo lo relativo a Faramir, pero también detalles tontos como la insulsa escena extra de Eowyn cocinando, tan pueril e innecesaria que da vergüenza ajena) y pulir la incoherencia estilística de Jackson, pues es un realizador aficionado a meter escenas infantiles en momentos épicos, rompiendo el realismo y la tensión del instante de forma notablemente negligente.

Por algunos buenos tramos y por los buenos resultados que la pasta echada en ella dan en el aspecto visual, Las dos torres es un entretenimiento eficaz (aunque pierde mucho ritmo e interés a partir de su ecuador), pero no ofrece mucho para todo lo que abulta, y después de La Comunidad del Anillo deja malas sensaciones. Y sobre todo, como adaptación es de risa y tiene unos personajes tan pobres que llegan a dar pena e incluso resultan molestos, más aun teniendo en cuenta que una cinta de aventuras de estas características necesita héroes carismáticos.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo (2001)
-> Las dos torres (2002)
El retorno del rey (2003)
EL HOBBIT
Un viaje inesperado (2012)
La desolación de Smaug (2013)
La batalla de los cinco ejércitos (2014)

Spider-Man


Spider-Man, 2002, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 121 min.
Dirección: Sam Raimi.
Guion: David Koepp.
Actores: Tobet Maguire, Kirsten Dunst, Willem Dafoe, James Franco, Cliff Robertson, Rosemary Harris, J. K. Simmons.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, que no es poco.
Lo peor: Los efectos especiales, lo previsible que es todo (relato, personajes, situaciones…), y ese insustancial villano.
Mejores momentos: MJ con la ropa mojada, por supuesto.
La frase: Un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Esa es mi virtud… y mi maldición -Peter Parker.

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Superproducción basada en el uno de los cómics más exitosos de la factoría Marvel que, como era de esperar, arrasó en todo el mundo, llegando a superar los ochocientos millones de recaudación. La taquilla obviamente no es indicativo de su calidad, pero dejó a la gente bastante contenta a pesar de que no prometía mucho. Pese a ello, no me atreví a verla en el cine, pero cuando lo hice en DVD me encontré con una película muy floja, que apenas pasa de simpática, en la que por encima de su escasa calidad destacaba algo sorprendente: una realización mediocre y unos efectos especiales espantosos. ¿Adónde fueron los 140 millones de presupuesto y dónde está la supuesta calidad que veía público y crítica en ella? Spider-Man es todo lo que no espero de una película de superhéroes: es típica a más no poder, resultando tan previsible que no hay instante que aporte algo de interés u originalidad, y es un entretenimiento endeble con un acabado visual muy pobre y una dirección poco agraciada.

El guion se empeña en relatar los primeros pasos del personaje, desde su presentación a su primer encuentro con un supervillano, pasando por sus primeros amores y problemas familiares y, por supuesto, el evento que lo convierte en superhéroe. Dos horas para mostrar unas evoluciones de historias y personajes que, aunque haya espectadores que no las conozcan, son demasiado simples y típicas y podrían haberse resumido para lanzar una historia más interesante. Además, están desarrolladas de forma tan plana y morosa que la película no parece caminar hacia ninguna parte. Los personajes son meros maniquíes, y aunque el reparto es bueno, sólo destaca J. K. Simmons como Jameson, el director del periódico. Ni siquiera un siempre correcto Willem Dafoe puede sacar algo de su penoso personaje, Osborn/Duende Verde, uno de los villanos clásicos de Spider-Man del que no se ha conseguido sacar nada de jugo. Su doble personalidad resulta insípida, ofreciendo en cada una de sus apariciones secuencias con una falta total de interés, de carisma. Los tontorrones diálogos no aportan interés excepto alguna risa involuntaria por su tono tan simplón y a veces incluso infantil.

En cuanto a la adaptación, salvo minucias como el que Peter Parker aquí no se hace las telarañas, sino que va incluido en los poderes, lo más destacable es que Mary Jane es una combinación de dicho personaje y el de Gwen y, sobre todo, Spider-Man no suelta los constantes chistes que eran su sello en la obra escrita, restándole bastante gracia al héroe.

Sam Raimi está bastante perdido en la dirección, con torpes primeros planos, ineficaces movimientos de cámara para las alturas y algunas escenas forzadas y exageradas, como Spidey esquivando los cachivaches del Duende. Quizá el principal problema fue lidiar con unos efectos especiales que no dan nada de sí, algo altamente sorprendente dado que estamos en la era digital y el presupuesto fue cuantioso. Pero no sólo los planos digitales cantan demasiado y el Spider-Man recreado por ordenador deja mucho que desear, sino que cualquier escena con necesidad de trucajes sale muy mal parada: las pantallas de fondo son evidentes, la carrera de Parker sobre los tejados es tan cutre como resulta hoy día la del Superman de Richard Donner (1978) al lado del tren, y mira que hay décadas de diferencia entre ambas obras, y la escena del balcón no luce en absoluto. Por increíble que parezca, estuvo nominada en este campo en los Oscar.

En fin, otra adaptación o interpretación de personajes de cómic desperdiciada, de la que únicamente se puede destacar que tuvo dos secuelas de mucho más nivel. Como entretenimiento sin pretensiones puede pasar, pero para el que esto escribe no da la talla para un aprobado.

Spider-Man:
-> Spider-Man (2002)
Spider-Man 2 (2004)
Spider-Man 3 (2007)

El caso Bourne

 


The Bourne Identity , 2002, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 119 min.
Dirección: Doug Liman.
Guion: Tony Gilroy, W. Blake Herron, Robert Ludlum (novela).
Actores: Matt Damon, Franka Potente, Chris Cooper, Clive Oven, Brian Cox, Julia Stiles.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: Jason Bourne/Matt Damon. El ritmo.
Lo peor: Nada especialmente destacable.
Mejores momentos: La secuencia en la Embajada y la persecución de coches.
La frase: Cómo podría olvidarte, eres la única persona que conozco .

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Sustentándose en una trama de espionaje y misterio la película sigue las indagaciones de un joven con amnesia que en realidad es una máquina de matar creada por un oscuro proyecto llamado Treadstone. No es nada nuevo, pero sirve como base para un filme de acción muy interesante, superior a la media (y superior las últimas películas de James Bond, cada cual más repetitiva y exagerada) y que ha sido bien recibida por el público, hasta el punto de tener secuelas.

El personaje, correctamente interpretado por Matt Damon, resulta muy atractivo, una mezcla entre hábil agente secreto, feroz soldado y, desde su amnesia, joven preocupado, perdido en un mundo hostil… aunque con recursos para enfrentarse a él. Y lo hace. Pero en los primeros pasos de su nueva vida debe contar con la ayuda de una trotamundos de la que se enamora rápidamente. De nuevo, nada es original, pero es algo que no importa siempre que el conjunto se construya medianamente bien, y en este filme las piezas encajan siempre con suficiente eficacia.

Lo mejor es su ritmo, siempre activo e intenso. No hay momento de descanso, y el que haya mucha acción no significa que se olviden de desarrollar el argumento. Especialmente destacable es la persecución de coches, escena cumbre que fue también empleada (y ampliada) en la segunda parte, y el cariño que se le coge a Bourne y la chica (el romance es bastante efectivo).

Como cinta de acción es una de las más interesantes en muchos años, destacando porque Liman rueda con técnicas clásicas (sin efectos digitales, todo artesanal) y aun así es capaz de ofrecer un aire renovado al género. Así, entre eso y el interesante rol principal, consiguió un título que además de entretenido tenía la suficiente personalidad como para que su conversión en serie fuer amuy atractiva.

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Serie Jason Bourne:
-> El caso Bourne (2002)
El mito de Bourne (2004)
El ultimátum de Bourne (2007)
El legado de Bourne (2012)
Jason Bourne (2016)