El Criticón

Opinión de cine y música

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Terminator 3: La rebelión de las máquinas


Terminator 3: Rise of the Machines , 2003, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 109 min.
Dirección: Jonathan Mostow.
Guion: John D. Brancato, Michael Ferris.
Actores: Claire Danes, Arnold Schwarzenegger, Nick Stahl, Kristanna Loken, David Andrews.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: La sólida dirección de Jonathan Mostow y los efectos especiales: ritmo bastante bueno, espectáculo de gran nivel.
Lo peor: John Connor, un personaje destrozado, y Nick Stahl, un actor inexpresivo. Está lejos de la extraordinaria calidad de sus predecesoras: es una película de acción bien hecha, pero ahí se queda.
Mejores momentos: La impresionante persecución con la grúa.

* * * * * * * * *

Desde el año 2000 persiste en Hollywood la manía de recuperar películas y novelas clásicas o simplemente con tirón y aprovechar su fama para realizar secuelas, precuelas, remakes, adaptaciones comerciales y demás destroces. Terminator 3 llegó con muchas dudas, pues habían pasado doce años desde Terminator 2, no estaba James Cameron implicado en el proyecto, Schwarzenegger había envejecido bastante, y como digo, el cine no se encontraba en su mejor momento. Como película de acción el resultado fue francamente bueno, pero como secuela dejó a los seguidores bastante fríos. Pero aunque no fue bien recibida en su momento, con el tiempo se ha asentado mejor, porque sus fallos se van perdonando u olvidando y sobre todo porque en el género cuenta con bastantes virtudes y no envejece mal. Y la verdad sea dicha, después del estreno de Terminator Génesis, donde Hollywood lleva al extremo la explotación de obras famosas con malos resultados y poco respeto a la serie y al seguidor, se está empezando a revalorizar por la simple y triste comparación con una entrega peor.

Lo mejor de la función lo tenemos en la puesta en escena. Muy acertadamente Jonathan Mostow prescindió de otra moda con resultados por lo general muy cuestionables, recurriendo a los efectos por ordenador solamente cuando eran necesarios dobles digitales… casos en los que el resultado dista de ser perfecto, así que más razones para alegrarse de su mínimo uso. Todas las escenas de tiroteos y persecuciones están rodadas de forma tradicional, es decir, destrozando vehículos y decorados, utilizando complicadísimas planificaciones para poner las cámaras en los lugares apropiados, y con un buen montaje que da forma y ritmo a la narración. El acabado es muy llamativo, regalándonos grandísimas secuencias de acción como la impresionante persecución con una grúa y multitud de coches manejados por control remoto por la T-X. Rodar bien y con efectos especiales que transmitan verosimilitud es el factor primordial a la hora de conseguir una película que no se vea afectada por el paso del tiempo: más de una década después sigue entreteniendo e impactando como un espectáculo bastante gratificante.

En cuanto al guion, desarrolla una historia sencilla con algún giro decente, lo que basta para dar vida al relato, para hacerlo avanzar despertando el interés suficiente en el espectador. De todas formas no se puede decir que la saga brille por guiones complejos, al menos hasta la llegada de Terminator Salvation. La premisa está bien pensada, es básica pero ofrece una buena evolución de la trama original: simplemente Skynet va tras más líderes de la Resistencia, dando así un poco de vida nueva al argumento. Eso sí, la necesidad obliga a reescribir una de las ideas iniciales: antes nos decían que el futuro no está escrito, ahora que es inevitable. No me pareció en su momento ni me lo parece ahora una transgresión importante, es una vuelta de tuerca más a las paradojas temporales que sirve para extender la serie. Y aquí hay cambios más relevantes. El Terminator se usa como secundario cómico, sin sacar de él esa conexión mágica con John y con el espectador que se conseguía en Terminator 2, y John Connor ha sido convertido en un pardillo sin dotes de liderazgo, todo lo contrario a lo que nos han descrito los capítulos previos. Una cosa es mostrarlo en un bajón, intentando huir de responsabilidades demasiado grandes… Otra transformarlo en un imbécil blandengue, sin carácter ni determinación. Ni siquiera se esfuerzan en mostrar una evolución que saque al personaje del bache en que está, se limitan a ponerlo al final cogiendo la radio para dar ánimos en la guerra, como si eso fuera suficiente para madurar a líder de la Resistencia.

Es Kate Brewster la que mantiene el tipo y da algo más de garra a la aventura. Es cierto que resulta una versión de la Sarah Connor de Terminator 2, pero eso también se puede considerar una ventaja, al ser el único protagonista que resulta fiel a los cánones de la serie. Es una mujer fuerte y decidida, pero no un robot: sufre, se asusta, se esfuerza por salir adelante. Claire Danes redondea el rol con una interpretación entusiasta, lo que además hace más evidente el flojo papel de Nick Stahl como John.

Pero si en personajes anda algo ramplona, lo que más se echa en falta es precisamente lo más esencial. La atmósfera que le otorga Mostow al relato es muy luminosa, cuando los dos capítulos de James Cameron nos sumergían en una pesadilla de características únicas. Sin ser terror puro causaban desazón, pues la persecución interminable sobre los protagonistas te mantenía en tensión constante, temiendo la muerte, temblando ante cada aparición del robot enemigo. Aquí podemos disfrutar de imponentes secuencias de acción… pero ninguna causa esas sensaciones de intriga, de expectación y de asombro sobrecogedor. Y los detalles también cuentan para mal. Los diálogos carecen de fuerza, de ingenio. Las reflexiones sobre el destino de la humanidad y las elecciones personales no apasionan. Aparte, hay una idea que me molesta bastante: la inverosímil habilidad de la T-X de manejar maquinaria con su arma. ¿Cómo un virus puede mover el volante y pedales de un coche? Es una fantasía que no pinta nada en una saga de ciencia-ficción que era muy sólida en cuanto al realismo del universo planteado.

Así pues, Terminator 3: La rebelión de las máquinas es buena película de acción, pero como episodio de la serie está en un limbo: algunos como digo hemos terminado aceptando que cumple con lo mínimo exigible (no queda otra, no va a desaparecer por muchas piruetas que inventan en próximas entregas), otros en cambio reniegan bastante de ella. Porque claro, los seguidores esperamos que se mantenga el tono y el nivel, no que se realice una secuela sólo por sacar tajada del renombre de la saga.

Ver también:
Terminator Salvation.
Terminator Génesis

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El retorno del rey


The Return of the King, 2003, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 251 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler, John Noble.
Música: Howard Shore

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, música, reparto.
Lo peor: Guion (personajes, incoherencias, equilibrio narrativo), dirección (tosca, irregular).
Mejores momentos: Sam y Frodo en las faldas del Monte del Destino, tanto en el ascenso como en el descenso.
Peores momentos: Toda aparición de Aragorn. La lluvia de calaveras. Los muertos verdes fluorescentes. La muerte de Denethor. Las almenaras. Legolas y el olifante.
El plano: Frodo y Sam en las faldas del Monte del Destino rodeados de lava.
La frase a destacar: No puedo llevarlo por usted, pero puedo llevarlo a usted junto con él -Sam.
La frase a repudiar: ¡Ese cuenta como uno! -Gimli.

* * * * * * * * *

Más que en Las dos torres resulta evidente que Peter Jackson trabajó casi sin guion, siguiendo el libro sobre la marcha mientras rodaba reescribiendo escenas a diario y cambiando de idea sobre tramas y otros aspectos con la cinta a medio terminar (todo esto se puede ver claramente en los extras, por si alguno no lo nota en la propia trilogía). En una película tan compleja, esto es sencillamente impensable, insostenible, incomprensible. Así pues, la trama carece totalmente de rumbo y consistencia, se apelotonan escenas unas detrás de otras sin coherencia ni equilibrio y se dilata el avance de la narración de forma fatídica, haciendo que el ritmo, a pesar de haber mucha acción y unos cuantos momentos impresionantes, sea tan tosco que el abultadísimo metraje se hace eterno e insoportable. Y todo lo que iba venía mal en cuanto a la adaptación aquí explota por todos lados. Los personajes son irrisorios e irreconocibles y la atmósfera de la novela no se halla por ningún lado o está completamente deformada, sólo se reconoce de ella los nombres de protagonistas y lugares.

Empezamos con un prólogo dedicado a Gollum que, como es habitual, resulta excesivo, por largo, por simple y por explícito. Como si no hubiera formas más hábiles y breves de mostrar esa historia sobre el personaje, y como si sirviera de mucho, puesto que no añade ningún matiz notable a una personalidad que no pasa de representar al loco gracioso en vez del ser miserable y lamentable de las novelas. Además, como se ve que Gollum gustó a la gente, aquí se alargó su presencia y se infló aún más su cansina doble personalidad, con escenas larguísimas para lo poco que dicen y con recursos paupérrimos (la cámara moviéndose a cada lado de la cara, como si fuéramos tontos y no supiéramos cuál es cada personalidad, la escenita en que mata un bicho…).

A continuación nos vamos a uno de los despropósitos más notables y criticados (incluso por el propio Christopher Lee, y no sin razón): la muerte de Saruman es de risa. Que el villano principal de media saga se elimine con tan poco tacto es imperdonable. Y por si fuera poco en la versión de cines ni siquiera se incluía su última escena, dejando ahí un agujero de guion enorme (y no es el primero, recordemos el caballo de Aragorn). Le siguen otras secuencias tan mal escritas que resultan lamentables y funcionan de manera muy pobre como transición de la parte de Rohan a la de Gondor. La fiesta con un Legolas de nuevo convertido en superhéroe (¡con el poder de no emborracharse!) y capaz de sentir a Sauron (¡ni Gandalf lo hace!), la visión de Pippin en la Palantir como justificación-apaño para hacer avanzar la trama y los diálogos en los que intentan convencer a Theoden para que haga algo (otra película más donde sigue siendo gilipollas perdido) dan vergüenza ajena.

No menos horrenda es la persistente manía de meter a Arwen y más Arwen en un relato ya de por sí demasiado largo. Por fin van a incluir la espada de Aragorn en la historia, es decir, por fin parece que le van a endosar a este paria su destino, pero se hace de forma que parece otro apaño de último momento (y van…). Y para rematar el despropósito de nuevo tenemos elfos paseando por media Tierra Media: ¿qué pinta Elrond yendo hasta Rohan, por qué no ha ido antes, por qué abandona a su gente en esos momentos (si es que vive alguien con él, que no lo parecía), y por qué luego vuelve a desaparecer?

Pero no se queda ahí la cosa con el tema de Aragorn y familia. Más adelante resulta que el destino de Arwen está ligado al del Anillo. ¿Esto qué es? ¿De dónde cojones sale? Enorme y sorprendente giro de acontecimientos (nótese la ironía) para seguir haciendo malabarismos para mantener el dichoso personaje en la película. Es impresionante la cantidad de recursos y la capacidad para ser fieles hacia las novelas y coherentes en la propia película la que muestran los guionistas (nótese de nuevo la ironía, por si no era evidente). Y por supuesto todo esto se orquesta con escenas que duermen a cualquiera y con Liv Tyler torturándonos con una interpretación esperpéntica. Pero sí, parece que por fin Aragorn acepta quién es y su destino, y se va a buscar unos fantasmitas que se esconden tras cataratas de calaveras. Esta última es probablemente la escena más estulta de toda la saga, y las hay bien penosas, y además uno se pregunta por qué con todo lo que había para contar no eliminan este pasaje tan fácilmente sacrificable, más aún cuando su resolución es espantosa, pues la marabunta de muertos que salva Minas Tirith es un recurso torpe y feo (tanto en lo argumental –anticlimático total- como en lo visual –indescriptiblemente cutre-) que además genera otro error de guion inmenso: ¿por qué los liberan?, ¡podían haber acabado con todos los ejércitos de Mordor en unos minutos!

La presentación de Minas Tirith se realiza con acertado esmero. El lugar se muestra en una secuencia larga con buen uso de efectos especiales y una pletórica banda sonora. Sin embargo debo decir que es el elemento del diseño artístico más desacertado, pues no refleja en absoluto las descripciones de las novelas. En el universo de Tolkien es una gran ciudad amurallada en siete niveles, una muestra del apogeo de la civilización de los hombres, llena de mansiones y belleza y con una población importante en sus buenos tiempos. Lo que se muestra en la película es un castillo o fortaleza, grande para ese tipo de construcciones pero ni por asomo una ciudad, pues posee cuatro casas estrechas y nada de grandeza. Y mantiene los siete niveles por cumplir, porque los tres últimos es como si no existieran, ocultos en una verticalidad imposible y antiestética.

La aparición de Denethor funciona también, pero porque el actor John Noble borda el papel de tal manera que una sola mirada acojona. Por unos instantes se ve al Denethor de Tolkien, una figura imponente capaz de hacer frente a alguien tan poderoso como Gandalf. Sin embargo es un espejismo, porque pronto se ve que el personaje se ha caricaturizado como tantos otros. Y su relación con Faramir se afila y amplía en exceso. Faramir, quien tras chupar metraje en cantidad en Las dos torres aquí no aporta casi nada, sólo esa misión suicida que mete más metraje innecesario. Luego se olvidan de él, y aparece al final de refilón con Eowyn, y quien no se haya leído los libros no entenderá qué pasa ahí. Con lo hermosas que eran las escenas en que se enamoran… y se podían haber metido perfectamente en vez de esos paseos innecesarios a Osgiliath y ese Pippin cantando bobadas.

Una de las mejores partes de la cinta, aunque por desgracia breve, es la llegada de Frodo y Sam a Mordor. El paso por Minas Morgul es espectacular, con la inquietante salida del ejército y el líder de los Jinetes Negros (el Rey Brujo, con un feo yelmo que no le hace justicia). La aparición de Ella-Laraña no es menos impresionante, otro instante donde se lucen con los efectos especiales y la música, aunque se queda como un capítulo interesante suelto entre dos fallos garrafales. El primero es la partida de Sam, que abandona a Frodo en el momento de mayor necesidad. Se cargan de un plumazo al fiel personaje, destrozan sin miramientos todo lo que han construido con él, y todo para crear un penoso momento de expectación o tensión; como si la araña fuera a ser menos interesante si entran los dos hobbits juntos. También es ridícula la escena de Galadriel “levantando” a Frodo, otro flipante recurso del genial Jackson. Pero más gordo es el segundo aspecto problemático que quería citar: estamos todavía en media película y estos dos hobbits apenas han avanzado. Según dicen los guionistas, dejaron Ella-Laraña para la tercera parte porque en la segunda no les cabía y al parecer aquí no tenían material suficiente para la trama de Frodo. Pero se ve rápido que es falso, que la quitaron forzosamente porque allí les sobraba después de perder el tiempo con los paseos con Faramir y ahora aquí tampoco pueden encajarla muy bien, pues para forzar su inclusión se ven también forzados a quitar metraje de otra parte. Y esa parte es ni más ni menos lo mejor de toda la novela: casi todo el trayecto a través de Mordor desaparece, y sólo se ven escenas fugaces en la versión extendida. Cuando se unen al pelotón de orcos en el libro se te cae el alma al suelo, aquí casi ni te enteras, resultando así el enésimo despropósito propiciado por la falta de planificación y de guion.

Y hablando de media película, todavía no ha partido Theoden. Otra vez se hace evidente lo que le cuesta a Jackson hacer avanzar los personajes y las tramas. Cuánto metraje abultado o directamente innecesario nos hemos comido hasta que parece que por fin va a pasar algo. Aunque no se sabe por qué ahora sí decide ir, pues simplemente lo hace. Como todos los personajes: no quieren pero lo hacen. Toma evolución y conflicto interno de calidad. En fin, que para se mueva de una vez tenemos que tragarnos la escena de las almenaras, esas que llegan hasta el corazón de Rohan y se ven desde los aposentos del Rey (tras recorrer medio continente): ¡tienen espías oteando desde una montaña al lado de la corte y les da igual! Al menos la música es de gran belleza. Y bueno, lo de partir no es definitivo: aún hay un montón de escenas que dicen más bien poco, como reuniones de ejércitos que se podrían haber resumido o el intento de dar interés y misterio a la partida de Aragorn por los senderos de los muertos.

En Minas Tirith estamos ya en pleno asedio. Como ocurrió en el asalto a Helm, hay algunos buenos momentos logrados gracias al equipo técnico (música, vestuario, efectos especiales, sonido…), pero en general el potencial de la situación está notablemente desaprovechado cuando no destrozado por completo por el inútil del director. Así, el asedio y la batalla son un conglomerado inestable de quieros y no puedo. La tensión y espectacularidad latentes se echan a perder por el nulo comedimiento del director a la hora de abordar la batalla y su incapacidad para planificar el desarrollo de las secuencias. Las catapultas increíbles (lanzan trozos imposiblemente grandes de castillos o casas), la Minas Tirith que se cae a cachos cual castillo de naipes (¿esta es la gran ciudad de los hombres que resiste durante siglos?) y la exagerada y ridícula aparición de los olifantes se contraponen torpemente a la efectiva tensión creada en el previo al combate, la asombrosa aparición del ariete acompañado de unos coros impresionantes (los efectos sonoros dejan sin aliento) y el acoso de los Nazgul con el inmejorable acompañamiento de la ostentosa y gloriosa música de Howard Shore.

Las tramas que se desarrollan durante la batalla son todas el desastre en su máximo esplendor, la catástrofe definitiva. El caos de secuencias es abrumador. Sí, por ritmo alocado y ruido constante hay algo de acción y espectáculo, pero es una mezcla de morralla incoherente cuando no totalmente hueca. La llegada de Theoden con un innecesario discurso (vaya forma de destrozar por completo la ventaja del factor sorpresa) y unos efectos especiales que dejan bastante que desear (ésa es otra: los efectos han bajado de nivel de forma alucinante, por el abuso de los mismos y las prisas por acabar a tiempo), la aparición de Aragorn con los muertos fluorescentes, las frases infantiles de Gimli y las salidas de tono incomprensibles con súper Legolas (lo del olifante va al olimpo de fantasmadas que no vienen a cuento ni encajan lo más mínimo en la película: ¿por qué Legolas tiene esos superpoderes?)… Tenemos también la absurda conversación de Gandalf con Pippin sobre las Tierra Imperecederas, un interludio que rompe toda la tensión y que no se entiende: ¿por qué le habla de algo que nunca va a ver, por qué meten algo que ningún no lector puede entender? No menos incongruente y molesta es la escena de Gandalf con el Rey Brujo (otro de los grandes momentos de la novela tirado a la basura), que resulta estúpida de narices: si Aragorn venció a varios Nazgul sin muchos problemas en La Comunidad del Anillo, ¿cómo es que Gandalf se acobarda y pierde ante uno? También dolorosamente desaprovechada está la confrontación entre Eowyn y el mismo Rey Brujo (mi momento favorito de la novela, donde resulta sobrecogedor), combate que resulta torpe, intrascendente y que encima se corta negligentemente en su mitad porque sí para luego retomarlo cuando ha perdido la poca fuerza que tenía. Y no menos triste es que se olviden de la caída de Eowyn y su posterior curación con el mencionado enamoramiento con Faramir (en la versión extendida apañan cuatro planos para tratar de incluirlo, pero queda fatal). Y finalmente, para seguir jodiendo personajes se termina de destrozar el carácter de Denethor, con su muerte propia del cine cutre, que resulta peor que la de Saruman, de un nivel que no soy capaz de describir: el tío recorre quinientos metros envuelto en llamas, y el plano que sigue su caída y enlaza con la batalla debe ser producto de alguna droga, porque no puedo creer que semejante parida se realice estando sobrio.

Como maravillas posteriores a la batalla disfrutamos con el golpe de estado de Gandalf con el que toma Gondor a su antojo para ceder el poder a Aragorn. Sorprendentemente el pueblo no se queja, pero qué más da, aquí no se explica nada. Y la escena en que Aragorn vacila a Sauron por la Palantir da risa. Se rematan estos involuntarios momentos cómicos cuando Gandalf de repente se da cuenta de que enviar a Frodo a Mordor es un suicidio… ¿Ahora saltan con esas? ¡Pero si era el plan!

Todo lo que acontece en adelante parece más forzado que nunca, puesto ahí por obligación porque sale en el libro, sin que supieran entenderlo y manejarlo debidamente. El desenlace de las tramas principales resulta anticlimático comparado con la batalla central. Falta la creación del ambiente adecuado de tensión y desesperación en la escena ante la Puerta Negra, y el abuso de flojos efectos digitales empeora la situación, porque acaba siendo todo demasiado irreal y exagerado. En fin, que se acumulan tantas barbaridades sin sentido que merecen ser analizadas una a una:
-Esos planos de pocos hombres rodeados por millones de enemigos ante Mordor son espantosos, y se remata con ese ridículo terremoto selectivo que sólo se carga a los malos.
-Aragorn matando porque sí a un emisario, Boca de Sauron: ¿éste es el rey de los hombres, este mercenario sin escrúpulos ni honor? Menudo insulto hacia el libro.
-El trol que ataca a Aragorn a cámara lenta resulta una escena inconexa, desubicada, porque en realidad era Sauron y no un trol quien aparecía a pegarse guantazos. Jackson se rajó por la presión de los fans, no porque careciera de sentido en la película (¿no se suponía que en la visión del neozelandés Sauron era un ojo?) y fuera una cagada enorme como adaptación.
-El infame Sauron-faro es una estupidez antológica que no hay manera de describir. Ese Sauron que se suponía que no tenía forma pero sí tiene forma de ojo (que me expliquen la lógica de esto), como un cartel luminoso y hortera encima de una torre. Otra vez no entendieron nada de lo que leyeron: Sauron tiene forma humanoide, claro que la tiene, y está en su torre dirigiendo sus ejércitos. Para rematar la jugada tenemos a Frodo atrapado por la luz (un haz de tracción digno de Star Trek) y luego soltado porque sí cuando aparece la tropa de Aragorn en la puerta. ¿Es que Sauron es monotarea? ¿Y hemos de suponer que no ha detectado amenaza en Frodo? ¿Y el hobbit es tan memo como para pasearse por delante de un ojo gigante?
-El diseño de estos dos seres (Sauron y Boca de Sauron) resulta otra gran muestra de que Jackson no comprendió nada de las novelas y se tomaba cada frase de forma literal: si el poder de Sauron lo representaba Tolkien como un ojo que todo lo ve cuando ataca las mentes de sus víctimas (en especial a quienes llevan algún anillo de poder), pues lo convertimos literalmente en un ojo (con todas las incongruencias citadas que eso genera); que uno se llama Boca de Sauron, pues lo hacemos de forma que se le vea sólo la boca. Ridículo, ridículo.

Pero en estos momentos también tenemos las escasas escenas salvables de la película: Frodo y Sam en el Monte del Destino. El ascenso (Puedo cargar con usted), la lucha en el interior (¡qué música!), la aceptación de la llegada del final cuando la lava les rodea es un oasis de belleza y emoción entre un sin fin de meteduras de pata. Si el resto de la película hubiera mantenido ese nivel de sensibilidad, intensidad narrativa y fidelidad…

Con la habitual incapacidad de Jackson para resumir, para mostrar cosas con una o pocas escenas, los epílogos y despedidas se alargan hasta el infinito. Se empalman de mala manera, de forma que parece haber muchos finales, y todos son tan lentos y forzadamente sensibleros que este tramo se eterniza. Algunas secuencias no aportan absolutamente nada, como ese Sam al que casan sin venir a cuento, claramente para esquivar los comentarios de que Frodo y Sam serían homosexuales (típicas tonterías infantiles a las que no hay que hacer ni caso, pero ya se sabe que Jackson se empeñó en tratar de contentar a todas las voces). Y en qué cabeza cabe eliminar el saneamiento de la Comarca, una de las mejores partes de la novela y un final sublime, pero dejar la parte de los Puertos Grises, que resulta confusa e innecesaria sin un contexto adecuado. Vamos, que eso sí sobraba en la adaptación. ¿Por qué se van? ¿Adónde? ¿Al cielo o paraíso o de vacaciones? ¿Para qué salvan la Tierra Media y se largan? Todo tan mal explicado, puesto ahí porque sí, que por enésima vez me pregunto si Jackson se enteró de algo de lo que leyó en la novela y cómo puede ser tan mediocre guionista y realizador. Es más, me pregunto qué cara se les quedaría a los no lectores al ver un epílogo tan incomprensible.

Decía que la labor de dirección en La Comunidad del Anillo no pasaba de normalita, pero al igual que ocurre con el guion, cuando la historia ganó en complejidad en las dos siguientes entregas se hizo patente la poca experiencia de Peter Jackson. Su dirección es plana, escasa en recursos (repite clichés y tics insoportables, como los primeros planos a cámara lenta o las falsas muertes -no sabe sacar drama de escenas sencillas si no es con sensacionalismo barato-) y poco hábil a la hora de unir distintos tipos de narración (conversaciones tranquilas, acción y efectos especiales). Se pasa de excesivos primeros planos a excesivos planos aéreos (¿cuántas veces hemos visto Isengard desde el aire?) sin una conexión eficaz, con lo que la película no muestra un aspecto visual constante, equilibrado, y parece hecha a trozos: ahora es un telefilme, ahora un videojuego, ahora sí consigue una correcta escena con actores y efx, pero en la siguiente parece todo apañado de mala manera. En las batallas grandes se nota mucho más, puesto que a su ineficacia se le suma la falta de planificación, siendo en su mayor parte secuencias digitales puestas sin mucho orden (tan caótico resulta todo que en El retorno del rey hay un plano de orcos luchando repetido, uno que aparece en la batalla de Osgiliath y luego de nuevo en la de Minas Tirith). La propia interacción con los efectos digitales es endeble, abusándose de ellos en demasiadas ocasiones, muchas de ellas con resultados bastante mediocres: se notan las pantallas de fondo, quedan bastante mal los ejércitos de muñequitos enanos y se nota mucho la presencia de los dobles digitales; y las transiciones entre lo digital y lo real tampoco funcionan, por ejemplo cuando Ella Laraña lanza a Sam por los aires queda fatal por el penoso el corte que hay para disimular. En resumen, comparar el trabajo de Jackson con cintas de aventuras de auténtica calidad como Indiana Jones, El guerrero nº 13 o El hombre que pudo reinar es inducir a la carcajada.

El retorno del rey es el desastre, la debacle final, de un proyecto que le vino grande a sus autores (Jackson, Boyens, Walsh). Una muestra realmente patética de lo que es tirar dinero en unos realizadores sin las cualidades necesarias para escribir algo de calidad y para trasladarlo correctamente a imágenes. Es un producto comercial digno de nuestros tiempos, una hipertrofiada y confusa amalgama de efectos especiales y ruido que ahonda poco en los personajes y no sabe llevar una trama de forma coherente, es decir, que ofrece muchos fuegos artificiales en el aspecto visual y sonoro pero posee carencias enormes en el narrativo. Este tercer y último episodio es un bodrio infumable, lleno de agujeros e insultante hacia la sublime novela que dice adaptar. Han pasado la tira de años y sigo siendo incapaz de entender que haya una sola persona que diga que es una buena película, o peor aun, que de alguna forma sea capaz de tratar de defender que sea una supuesta obra maestra. Y no hablemos de defender su supuesta fidelidad, que es sencillamente imposible sin mentir con descaro.

Pero no es menos alucinante que la crítica también se volcara en ella después de despreciar la fantasía durante décadas. Y el colmo fue la entrega de los Oscar. Es de sobras sabido que no son premios a la calidad, sino adulaciones que se otorgan entre los propios artistas del gremio, influenciados notablemente por los medios, la taquilla y las modas (vean mi extenso y artículo poniéndolos a parir), pero aun así cabe preguntarse cómo un esperpento de acción ruidoso y vacío como El retorno del rey pudo arrasar de tal manera. Hemos visto robos descarados (Titanic frente a L.A. Confidential, por ejemplo), pero que joyas como Mystic River o Master and Commander (¡esto sí es una cinta de aventuras de calidad!) se fueran de vacío frente a esta memez no hay manera de entenderlo ni de perdonarlo. Se puede pensar que quisieron agradecer el esfuerzo titánico de llevar a cabo la trilogía, de compensar los premios que merecía en anteriores entregas pero no les dieron (técnicos todos, salvo alguno más importante como el de actor a Ian McKellen, o incluso el de película a La Comunidad del Anillo si nos ponemos, que no tenía competencia alguna), pero aun así es excesivo.

Como fanático de la obra de Tolkien y como friki pasé años en foros de internet siguiendo la creación de las películas y comentándolas, pero a pesar de ese tiempo de diversión me apena y duele que una obra que empezó tan bien perdiera tantísima intensidad y calidad. Es más triste aún viendo que se rodó todo de golpe, pero no me sorprende, ya lo he descrito claramente en las críticas: no se puede abordar un proyecto de semejante calibre sin tener las ideas claras, sin contar con un guion bien cerrado y sin la experiencia y cualidades mínimas como director. Pero lo que verdaderamente me duele, la espina que no me puedo quitar, es ver que esta trilogía sea considerada la adaptación definitiva y pensar que probablemente nadie más se atreva a hacerlo de nuevo y bien. Sólo queda soñar… Y leer de nuevo la novela.

Ver también:
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

Master and Commander: al otro lado del mundo


Master and Commander: The Far Side of the World, 2003, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 138 min.
Dirección: Peter Weir.
Guion: Peter Weir, John Colle, Patrick O’Brien (novelas).
Actores: Russell Crowe, Paul Bettany, James D’Arcy, Edward Woodall, Chris Larkin, Max Pirkis, Jack Randall, Max Benitz, Lee Ingleby, Richard Pates, Robert Pugh, Richard McGabe.
Música: Iva Davies, Christopher Gordon, Richard Tongetti.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, reparto, fotografía, montaje, sonido, dirección artística… Recupera un género, el de aventuras, a lo grande.
Lo peor: Se está olvidando muy rápido a pesar de su extraordinaria calidad.
Mejores momentos: La batalla principal, con sus estrategias, cañonazos, abordaje y peleas cuerpo a cuerpo.
La ridícula curiosidad: En el original el barco enemigo es estadounidense, pero por el conflicto de intereses sobre la guerra de Irak se cambió la nacionalidad a francesa, pues EE.UU. y Reino Unido eran aliados y Francia estaba en contra.

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Basada en The Far Side of the World (La costa más lejana del mundo según la editorial española), la décima novela de Patrick O’Brian sobre las aventuras navales del capitán Jack Aubry y el médico y naturista Stephen Maturin, Master and Commander muestra el día a día entre los marinos de un navío británico durante las guerras napoleónicas. Se tratan las supersticiones de la época, la necesidad de trabajar en grupo, la superación de los miedos personales, el entrenamiento de los jóvenes oficiales… pero destaca sobre todo el conflicto entre la impetuosa mente militar del capitán y la racionalidad inquebrantable del médico, quienes discuten constantemente con puntos de vista e ideologías enfrentados y analizan las órdenes y el alcance moral de la misión, dando al espectador un duelo de personajes y actores excelente y además una correcta visión de la forma de pensar en la época. La narración resulta pues completísima, llena de niveles perfectamente equilibrados y complementados entre sí, donde la hiperrealista descripción de la vida en el barco y los problemas personales siempre aportan algo al conjunto y desde luego no están reñidos con la efectiva capacidad de entretenimiento que posee la cinta.

Y todo ello sin olvidar la trama de acción, el conflicto con el barco enemigo, que aun siendo casi invisible en gran parte de la aventura, su presencia se nota en todo momento. Las confrontaciones con el navío suponen los momentos álgidos de un relato ya de por sí intenso, ofreciendo unos duelos navales impresionantes donde la mano de un director tan dotado pero infravalorado como es Peter Weir saca un partido asombroso. El espectáculo ofrecido es inconmensurable, y desde luego da toda una lección de cine a gran parte de la industria contemporánea. No es acción hueca, no nos taladra con efectismo sin más sentido que apabullar al espectador. Las batallas se muestran con maestría, con un detallismo abrumador: no se olvida de desarrollar a los personajes, ni de la carga de realismo casi documental que alberga toda la película, y no por ello el ritmo o el sentido del espectáculo se resienten, sino todo lo contrario, se magnifican al resultar todo tan denso y creíble y visualmente arrollador.

Impecables labores de recreación histórica en decorados y vestuario, una fotografía (Russell Boyd) maravillosa en cada plano, un montaje difícil pero resuelto con maestría, unos efectos de sonido brutales y sobre todo la sabia mano del director ofrecen una cinta que es la absoluta perfección visual. Y en el memorable duelo interpretativo tenemos a Russell Crowe inmenso (como siempre) como el capitán afable y preocupado por su tripulación pero decidido e imparable en su misión, y a Paul Bettany, uno de esos grandes actores desaprovechados por Hollywood, como el amigo que medita las acciones y analiza el mundo que les rodea, consiguiendo un papel que supone una réplica estupenda a semejante coloso. Completa el amplio repertorio de personajes una gama de secundarios muy bien elegidos y dirigidos con sabiduría, donde destacan algunos que por su juventud y buen hacer sorprenden aun más, como Max Pirkis.

Un guion medido con una precisión y detallismo impecables, un reparto de lujo y una puesta en escena de un nivel asombroso y que sólo unos pocos genios son capaces de conseguir hacen de Master and Commander una película sublime, una de las mejores de la década, espectacular y entretenidísima a pesar de su complejidad. Sin embargo, aunque en su momento tuvo buena acogida crítica (aunque no excepcional), su taquilla fue bastante endeble (apenas superó su abultadísimo presupuesto), y para mi sorpresa y decepción con el paso del tiempo tampoco ha ganado el prestigio que desde mi punto de vista merece. En el momento su creación se habló de crear una saga con indeterminadas secuelas, pero no parece que vaya a suceder. Y mientras nos inundan con las tontorronas e hipertrofiadas Piratas del Caribe.

Buscando a Nemo


Finding Nemo, 2003, EE.UU.
Género: Animación, aventuras, drama.
Duración: 100 min.
Dirección: Andrew Stanton, Lee Unkrich.
Guion: Andrew Stanton, Bob Peterson, David Reynolds.
Actores: Albert Brooks, Ellen DeGeneres, Alexander Gould, Willem Dafoe, Brad Garrett, Allison Janney, Austin Pendleton, Stephen Root, Vicki Lewis, Joe Ranft, Geoffrey Rush, Andrew Stanton, Elizabeth Perkins, Bob Peterson.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Guion, animación, imaginación sin límites, personajes adorables, música… Todo.
Lo peor: Nada, excepto que por ser animación se menosprecia y no se le otorga los méritos que merece.
Mejores momentos: Tantos que me es imposible elegir: el prólogo, las medusas, las gaviotas, el relato del viaje de Martin circulando de boca en boca, la escena final…
La frase: Mío, mío .

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Otra maravilla más de la factoría Pixar, otro derroche insólito de imaginación al que se ha dado forma a través de un guion impecable y una animación exquisita. Lástima que al ser del género de animación y más concretamente apta para todos los públicos sólo se considere una cinta familiar, un entretenimiento sin más valor que mantener a los críos ocupados un par de horas. Pues no señores, esto es cine con mayúsculas, como también lo fueron Toy Story 1 y 2, Bichos o Monstruos S.A.. De hecho, estas obras están a años luz del resto del cine actual en cuanto a originalidad y riesgo artístico, y respecto a guiones pocas las igualan o superan.

Buscando a Nemo narra la epopeya de un padre en busca de su hijo desaparecido. La aventura es embriagadora y a ratos fascinante, emotiva, espectacular y divertida a partes iguales. Como es habitual en Pixar asistimos a un desfile asombroso de protagonistas carismáticos y situaciones encantadoras o impactantes. Los autores del libreto (Andrew Stanton, Bob Peterson y David Reynolds) son auténticos genios de la descripción de personajes y la narrativa ágil. El repertorio de protagonistas es memorable, y más teniendo en cuenta que algunos son introducidos bien avanzada la proyección y aun así resultan adorables.

De la animación tampoco puedo escribir otra cosa que halagos. La calidad de las texturas, los avances tecnológicos aplicados con tanta sabiduría, la belleza de las imágenes, los diseños de las criaturas protagonistas (donde juega un papel crucial la expresividad)… En concreto las imágenes del agua son increíbles, se ha alcanzado un realismo total. Otro aspecto primordial es la música, donde a pesar de repetir los mismos esquemas de siempre Thomas Newman consigue sacarnos sonrisas y lágrimas a partes iguales; especialmente destacable es el momentazo en la red de los pescadores, que de deja sin aliento. Hay que agradecer también el gran trabajo de los dobladores españoles, que acertaron de lleno en todas las voces, en especial en casos tan complicados como los niños y la alocada Doris (en inglés Ellen DeGeneres, en castellano una espléndida Anabel Alonso).

Drama, comedia y acción pasan ante nuestros ojos a toda velocidad a través de un hermoso relato que versa sobre el sacrificio, la valentía, la amistad, la familia, los peligros y también la belleza del mundo que nos rodea… Las secuencias inolvidables son tan numerosas que no me queda otra opción que decir lo evidente: la película es maravillosa y perfecta de principio a fin.