El Criticón

Opinión de cine y música

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Ghost in the Shell 2: Innocence


Innocence , 2004, Japón.
Género: Ciencia-ficción, anime.
Duración: 83 min.
Dirección: Mamoru Oshii.
Guion: Mamoru Oshii, Masamune Shirow (manga).
Actores: Akio Ôtsuka, Kôichi Yamadera, Tamio Ôki, Yutaka Nakano, Atsuko Tanaka.
Música: Kenji Kawai.

Valoración:
Lo mejor: Sugerentes reflexiones, atractiva visión del futuro.
Lo peor: No innova nada y tiene algunos problemas narrativos.
Mejores momentos: Las visitas a la ciberforense, el lío en la tienda, el asalto final, el origen de los ginoides.
El dato: El poco habitual término “ginoide” puede ser desconocido para muchos. Son los androides de características femeninas.
La traducción: En la primera parte traducían firewall como barrera, pero aquí lo dejan en inglés, pues el término se fue imponiendo en la sociedad a pesar de tener una traducción clara.

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El gran éxito mundial que el primer largometraje de Ghost in the Shell fue consiguiendo con el boca a boca permitió que el manga tuviera adaptaciones más ambiciosas, es decir, con presupuestos y técnicas superiores a lo estandarizado. Mientras se desarrollaban dos series (o dos temporadas, pero el distinto nombre confunde), Ghost in the Shell: Stand Alone Complex (2002) y Ghost in the Shell: Stand Alone Complex 2nd GIG (2004), llegaba también otra película, Ghost in the Shell 2: Innocence (2004). No es necesario ver las series, que tienen su propia cronología, pero sí la primera cinta, pues la presente continúa poco después de aquellos eventos.

La historia no cuenta con diferencias sustanciales. Teniendo un universo imaginario con tantas posibilidades se podría criticar que las bases de la trama sean prácticamente las mismas a la del capítulo previo, que se arriesguen tan poco por ir más allá, que parezca que han puesto más énfasis en el aspecto visual, enriquecido con más dinero y más trucaje digital, que en ofrecer una aventura más novedosa. Tenemos otra figura misteriosa que altera el comportamiento de los androides, un nuevo complot de una organización poderosa (en este ocasión una empresa privada), y otra investigación policial que avanza según su autor (esta vez Mamoru Oshii escribe aparte de dirigir) quiere exponer un planteamiento filosófico u otro. También encontramos situaciones que oscilan entre la repetición y el homenaje, y cada uno decidirá si le sobran o le parecen bien incluidas, como la escena de buceo o la de la Kusanagi tirando hasta desgarrase los brazos.

Pero también es cierto que la clásica idea de hacer la secuela “más grande y mejor” no funciona mal a la hora de la verdad, más allá de la decepción que supone que no se atrevieran a innovar. Nunca da la impresión de ser una repetición facilona o una simple renovación visual. La investigación policial es más elaborada, se saca buen partido de los personajes, el ritmo es más intenso en líneas generales, y las reflexiones existencialistas aportan nuevas líneas de pensamiento. Ahora bien, siguen existiendo altibajos y la sensación de que se dejan algunos hilos importantes sin aclarar del todo.

Cabe destacar el mimo puesto en los protagonistas. Conocemos más de sus vidas, la relación entre los detectives protagonistas, Batou y Togusa, es muy interesante (encantador el lío con el perro), e incluso manejan con más tino a los secundarios, incluyendo los que menos presencia tienen. Por ejemplo, me encanta la escena del policía cabreado pegando una patada a la papelera, o la entrada de equipo forense en el escenario de un tipo descuartizado: le dan un toque de humanidad a la fauna que pulula por las comisarías, algo de lo que carecía su predecesora. Pero también resulta más tangible su conexión con el caso, tanto porque hay más trabajo real (analizan escenarios, buscan pistas con más ahínco) como porque la situación los afecta directamente.

Por estas mejoras evidentes sorprenden algunos errores no subsanados y algunos agujeros de guion realmente notables. De nuevo el caso avanza en algunos momentos clave por cosas poco consistentes. En esta ocasión no les caen del cielo, pero también llegan a alcanzar algunas conclusiones por factores que parecen demasiados externos a la investigación. Básicamente van hacia la matriz de la empresa sospechosa sin tener pistas claras ni un plan concreto, y resulta que Batou utiliza un par de contactos salidos de la nada que terminan de resolverlo todo. Pero es que además parece que se encuentra a uno de ellos por la calle por casualidad. ¿Lo estaba buscando? No se indica que sea así. Y el otro es demasiado conveniente, un hacker que todo lo sabe y que supone un deus ex machina bastante baratucho, y además genera algunas preguntas e incongruencias: ¿no podía haber buscado su ayuda antes?, y si este es tan poderoso, entonces Kusanagi podría haber solucionado las cosas en un abrir y cerrar de ojos. Pero en su caso también resulta muy conveniente su gradual participación, pues su nivel de acceso a la guarida de los malos se adapta al clímax de acción: sólo controla una muñeca, sólo se puede enchufar cuando ha habido una buena pelea…

Y para colmo, el villano al final no toma forma, no existe. Aunque dicen que han resuelto el caso en realidad dejan partes clave sin explicar. ¿La empresa no tiene un cuerpo directivo? No detienen a nadie. Tampoco se esclarece bien la implicación de aquel hacker en todo el asunto: ¿es un peón o formaba parte activa de la intriga? En el interrogatorio, entre tanta cháchara no queda claro qué averiguan, pero al final dicen no tener suficientes pruebas y pretenden atacar a lo bestia… y encima, a pesar del largo plano que nos presentaba la sede de Locus Solus como una gran catedral, asaltan un barco. ¿Esto lo ha sacado Batou del hacker? Pues podían haberlo comentado, que te lanzan al desenlace sin que sepas por qué. Tampoco se llega a explicar por qué intentaron desacreditar a Batou en vez de eliminarlo. Si se llega a aclarar alguna de estas dudas, desde luego se me ha pasado por alto en dos visionados y un análisis por escenas buscando respuestas (por ejemplo, hasta que me puse el final otra vez para intentar entender algo, creía que el robot que dirige la seguridad del barco era el objetivo).

El equilibrio narrativo, pese a la mejora general, también tiene sus achaques. Volvemos a encontrarnos con algún numerito musical metido con calzador que baja mucho el interés, por muy espectacular que sea (como el desfile incomprensible en aquella misteriosa ciudad), más una secuencia de acción aparatosa, el asalto a la guarida yakuza, que no aporta mucho. Y una escena importante previa al desenlace, el encuentro con el hacker, termina haciéndose eterna, no porque jueguen a repetir la situación en un engaño virtual para los protagonistas, pues ello permite otra reflexión jugosa en cuanto a la relación humanos y tecnología, sino por la parsimonia con que se hace: aquí sí da la sensación de que ponen más esfuerzo en lo audiovisual que en darle vidilla desde el guion, y más teniendo en cuenta que a estas alturas del metraje se requería algo más directo y contundente. ¿Es que Batou no podía haber empezado por enchufarse a su nuca nada más llegar?

Pero, como en la primera entrega, sus virtudes disimulan bastante sus carencias. Tenemos una descripción de un futuro más o menos cercano tan fascinante como inquietante. La recreación visual es excelente, y aunque se empeñaron en usar ordenador más de la cuenta y hay momentos en que no ha envejecido bien, por lo general resulta hipnótica. La banda sonora es parca en temas pero estos funcionan a las mil maravillas: el principal más que hermoso resulta sobrecogedor, el juego de realidad virtual en la mansión del hacker es muy certero, y la suite de acción en el tramo final es fantástica. Aunque la cinta es veinte minutos más larga y tiene sus bajones, también goza de un ritmo más intenso, destacando un clímax sencillo (es pegar tiros y avanzar) pero muy bien ejecutado que se cierra con una efectiva y trágica sorpresa respecto al origen de los ginoides. Y, sobre todo, tenemos otra serie de reflexiones existencialistas que te mantienen absorto (si no se te atraganta el pensar en una película) tratando de entender lo que dicen, aplicarlo al mundo real, asustarte por lo que podría hacerse realidad en pocos años… Los robots sexuales, la clonación de personalidades, los problemas derivados de la conectividad del cuerpo con redes globales (destacando la alteración de nuestra percepción de la realidad y el abuso de las grandes corporaciones), los problemas éticos que irían emergiendo con la frontera cada vez más difusa entre humanos y máquinas, y también los sentimentales (soledad, desarraigo). De nuevo, las citas y referencias a filósofos y pensadores son abundantes, para que quien sienta curiosidad pueda ir más allá.

Innocence es, como su predecesora, una obra subyugante, a ratos hermosa, a ratos perturbadora, que es capaz de hacernos pensar y dejar huella, pero también arrastra bastante el efecto decepción porque una obra tan cautivadora esté tan constreñida por una narrativa un tanto torpe. Y por si fuera poco, algunos de sus errores vienen de la primera parte, así que cuesta más perdonarlos.

Ver también:
Ghost in the Shell

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El mito de Bourne


The Bourne Supremacy , 2004, EE.UU., Alemania.
Género: Acción, suspense.
Duración: 108 min.
Dirección: Paul Greengrass.
Guion: Tony Gilroy, Robert Ludlum (novela).
Actores: Matt Damon, Franka Potente, Brian Cox, Joan Allen, Julia Stiles, Karl Urban, Gabriel Mann.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: El ritmo frenético sin descanso aderezado con una buena trama. La música.
Lo peor: Excesos en el montaje (muchos planos muy rápidos) y en la fotografía (mareante).
El plano: Bourne sentado en la habitación de la joven rusa.
Mejores momentos: La persecución de coches a porrazo limpio. Bourne derribando policías sin esfuerzo.
El título: No entiendo la obcecación que tienen con cambiar los títulos de la saga: es La supremacía de Bourne, no El mito de Bourne, y la primera era La identidad de Bourne, no El caso Bourne. Cambian el claro significado del original.

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Impresionante secuela que multiplica por dos todo lo de la primera entrega: la trama es más compleja, el ritmo más trepidante, las escenas de acción más impactantes, la persecución de coches más larga y espectacular… y Bourne da más caña.

Bourne está escondido con su novia, pero tras ser incriminado en un crimen relacionado con el proyecto Treadstone y un intento de eliminarlo para no dejar pistas debe volver para arreglar cuentas. Y lo hace muy cabreado. Vemos a Bourne en la plenitud de sus facultades, luchando hasta la extenuación. Lo mejor es cuando asoma dejándose ver, sin mediar palabra: se deja capturar para recopilar algo de información y luego, sin pestañear, se da a la fuga. Pero el final a golpe limpio es brutal también, e igualmente merece una mención especial el bonito epílogo con la muchacha rusa.

La película ofrece un sinfín de escenas de acción entrelazadas por una trama de misterio, espionaje y traiciones enrevesada pero clara y bien explicada. El ritmo es imparable, admirable si tenemos en cuenta que no es una sucesión de explosiones, ruido y efectos especiales, sino que la mayor parte son peleas a puñetazos y carreras a la desesperada. La única pega que puede hacérsele es que peca de excesos: el propio montaje se vuelve caótico algunas veces, cambiando de planos con excesiva velocidad, problema que se acrecienta en los flashbacks; y la fotografía resulta mareante en ocasiones, tanto por el enfoque como por el movimiento veloz de la cámara en algunos momentos.

Pero son excesos puntuales, porque las escenas no resultan confusas, sino que por lo general tienen un ritmo endiablado y consiguen transmitir el esfuerzo y sufrimiento del protagonista bastante bien. La persecución de coches se convierte en una de las mejores que se han realizado, rodada de forma de forma artesanal con un resultado sin igual.

Aparte de Matt Damon, que cogió el punto al personaje en la primera parte, tenemos una serie de secundarios de lujo como Brian Cox, que ve aquí ampliado su papel, Joan Allen como una eficaz pero presionada alto mando, y un intenso Karl Urban como el asesino que va tras Bourne, un rol al que era difícil sacar algo de partido (malote, frío y serio sin más).

Estamos ante de los mejores thrillers de los últimos años, aunque hay quien dice que es mejor la primera entrega, quizá por su forma más contenida. Y me encanta la banda sonora original de John Powell, también una obra cumbre en la música de acción.

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Serie Jason Bourne:
El caso Bourne (2002)
-> El mito de Bourne (2004)
El ultimátum de Bourne (2007)
El legado de Bourne (2012)
Jason Bourne (2016)