El Criticón

Opinión de cine y música

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Casino Royale


Casino Royale, 2006, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 144 min.
Dirección: Martin Campbell.
Guion: Neal Purvis, Robert Wade, Paul Haggis.
Actores: Daniel Craig, Eva Green, Mad Mikkelsen, Judi Dench, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini, Jesper Christensen.
Música: David Arnold.

Valoración:
Lo mejor: Un guion alejado de los clichés de la saga en sus últimos capítulos: original, complejo, con el atrevimiento de tener segmentos muy diferenciados en estilo. Puesta en escena muy sólida.
Lo peor: Altibajos de ritmo, destacando su tramo final sin garra.
Mejores momentos: La larga partida de póquer, llena de momentos geniales: la bebida de Bond, la bebida envenenada.
La frase:
1) Tres partes de Gordon’s, una de vodka, media de Kina Lillet, lo agitas con hielo y luego le añades una fina rodaja de cáscara de limón.
2) Esa última mano casi me mata.
3) -Mezclado o agitado.
-¿Tengo cara de que me importe?

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Como es obvio casi ninguna reseña o artículo dedicado a Casino Royale evitó la comparación con las anteriores entregas de esta interminable saga. El aspecto rudo del rubio Daniel Craig fue duramente criticado por los fans, pero una vez vista la película prácticamente todo el mundo coincidió en que el actor cumple de largo con buen hacer y carisma y el tratamiento del personaje ha resultado innegablemente enriquecedor. La fórmula había sido llevada a extremos exagerados en las últimas producciones con Pierce Brosnan de protagonista, donde convertían a Bond casi en un superhéroe que rara vez sufría daños e incluso nunca se despeinaba. El construido para Craig es mucho más humano: tiene motivaciones más claras, sufre dolor y pena, se llena de sangre y suciedad, se enamora… y como es su primera aventura se ha optado también porque aún no tenga sus sellos clásicos de identidad, sino que los va adquiriendo poco a poco.

La historia también se ha distanciado del esquema tan repetitivo, huyendo del archienemigo único siempre empeñado en conquistar el mundo, mejorando la trama (nada de guarida final del malo y otros clichés) y sin abusar de otros detalles significativos, como los artefactos de tecnología tan avanzada que convertían a las últimas entregas en delirantes obras de ciencia-ficción (Q ni aparece). Supone todo un acierto, un soplo de aire fresco y humanizador en una saga que estaba estancada, y eso no quiere decir que no parezca una cinta Bond. Es una más original, compleja y seria. Mantiene el glamour (fiestas, coches, trajes), las mujeres bellas, las escenas de acción casi imposibles (¿por qué el el tipo perseguido huye hacia la obra y sube por ella, siendo un claro lugar sin salida?) resueltas con efectismo y una realización más que notable, el humor cínico y seco, y los villanos característicos y temibles. Pero todo es más y mejor.

La trama, como señalaba, huye del repetitivo esquema de Bond contra un loco megalómano que no tiene más motivación que ser malo porque sí. Lo enemigos son más ambiguos, una combinación de terroristas y organización secreta, y no se sabe por dónde pueden salir porque la historia no anda por los mismos caminos de siempre. Las indagaciones de Bond para ir descubriendo el plan enemigo siguen un patrón más de cine de espías serio y denso que de acción directa, siendo bastante enrevesadas, de hecho incluso demasiado, pues a veces cuesta quedarse con los detalles y pistas que dirigen sus acciones. Hay algunas que como no las pilles te quedas sin enteder parte de la trama (al final por ejemplo tienes que ver a la primera de quién es el teléfono que mira y de quién es el mensaje, para poder comprender el epílogo), y otras soluciones se quedan en el aire para otro momento de la película, dejándote pensando y con dudas, algo no muy apto para el espectador actual, pero también algo atractivo para el espectador exigente: se puede ver varias veces para sacarle todo el jugo. Los diálogos son más elaborados, inteligentes y sutiles (atención al análisis que se hacen mutuamente Bond y Vesper en el tren), y no faltan grandes dosis de humor marca de la casa.

Pero lo que más destaca es que los realizadores se atreven a fragmentar la trama en segmentos muy diferenciados de estilo y tono. Por ejemplo, el consabido prólogo de peleas se reserva para después de una pequeña y pausada introducción que presenta al nuevo Bond, pero sobre todo destaca que en mitad de la película la acción intensa se deja de lado por una larguísima partida de póquer que supone la confrontación principal con el villano, y que lejos de romper el ritmo resulta un tramo fantástico por su intriga y buen manejo de los personajes.

Sin embargo, este intento de dotar de mayores ramificaciones a la función sí termina jugando en contra del ritmo,. Al principio hay varias peleas y persecuciones que parecen infladas (sobre todo la del aeropuerto) para buscar efectismo a toda costa, y aunque como espectáculo funcionan, realmente trascendencia y recordabilidad tienen poca. Y por el contrario, en el tramo final peca de perder fuelle: la historia de amor se alarga demasiado y termina haciéndose previsible, y el combate del desenlace no es tan impresionante como los del principio. Aunque el hundimiento de la casa en Venecia está muy, muy bien hecho, llega tarde y no es muy llamativo, ni siquiera destaca en cuanto a la implicación de los protagonistas: Vesper está desaparecida sin hacer nada y Bond pega cuatro tiros que no están a la altura de las escenas cumbre de la cinta. Sin duda pretendían tirar por el drama emocional, poniendo a Bond ante un punto de inflexión importante en su vida, pero no funciona del todo, esta parte empieza sin energía tras el interludio de vacaciones románticas y apenas lo recupera. Y luego llega un epílogo que también tarda en arrancar, porque necesita más diálogos y explicaciones.

La puesta en escena de Martin Campbell, que también se encargó de Goldeneye, la única destacable de Brosnan, no destaca por tener mucha personalidad pero sí por ser contundente, impecable. Las complicadas escenas de acción son trepidantes pero claras, con planos abiertos y un montaje excelente que muestran muy bien todos los hechos, mientras que las pausadas mantienen un tempo muy correcto. En los actores, Daniel Craig está fantástico como Bond: imponente, duro, descarado… pero también muestra muy bien todo lo que sufre en las situaciones extremas que vive. Los secundarios cumplen de sobras, destacando a la sugerente Eva Green (Vesper), la rígida Judi Dench (M), y el inquietante Mad Mikkelsen (Le Chiffre).

A pesar de las reticencias iniciales, de alejarse de los cánones del cine de acción actual y de ser bastante densa, sorprendentemente la película funcionó muy bien entre la crítica y la taquilla, y hoy en día de hecho muchas listas la consideran entre las cinco mejores de Bond, algunas incluso la mejor. Para mí le falta algo de equilibrio narrativo para considerarla tan buena.

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Serie James Bond:
-> Casino Royale (2006)
Quantum of Solace (2008)
Skyfall (20012)
Spectre (2015)

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Misión imposible 3


Mission: Impossible III, 2006, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 126 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: J. J. Abrams, Roberto Orci, Alex Kurtzman.
Actores: Tom Cruise, Michelle Monaghan, Ving Rhames, Billy Crudup, Philip Seymour Hoffman, Maggie Q, Simon Pegg, Keri Russell, Jonathan Rhys Meyers, Laurence Fishburne.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: El ritmo trepidante y el espectáculo se apoyan en una trama y personajes muy interesantes, destacando el inquietante villano interpretado con intensidad por Philip Seymour Hoffman.
Lo peor: La campaña publicitaria fue más bien de acoso. Una dirección un poco agobiante en algunos momentos con tanto primer plano.
Mejores momentos: La secuencia del puente. El interrogatorio de Ethan a Davian. Ethan y Lindsey mano a mano contra los enemigos.
El plano: La aparición del helicóptero repleto de hombres fuertemente armados en el puente.
La frase: ¿Quién eres? ¿Tienes esposa? ¿Novia? Quienquiera que sea, la encontraré. La torturaré. Y luego te mataré frente a ella. –Davian.

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J. J. Abrams salió airoso de un debut complicado: el director con mayor presupuesto en su primera película, y además una bastante esperada y que debía remontar una saga rematada a conciencia. No ha llegado al nivel del estupendo thriller con que Brian de Palma llevó la serie al cine en 1996, pero sí ha creado un filme de acción sólido y espectacular que tuvo bastante éxito (400 millones de dólares). Y por supuesto, es infinitamente superior al inefable subproducto creado por John Woo en el año 2000, quien con la segunda entrega construyó un mosaico de absurdos hasta el punto de dar una de las peores cintas que jamás han mancillado una sala de proyección.

Desde el guion, Abrams y sus colaboradores habituales (Roberto Orci, Alex Kurtzman) han superado bastante bien un problema demasiado extendido en el cine acción contemporáneo: la falta de una historia llamativa y medianamente sólida y unos personajes mínimamente humanos. Han sabido profundizar en el héroe, Ethan Hunt, construyendo a su alrededor una vida que, aun siendo muy estereotipada y sencilla (la típica esposa que termina en peligro), enriquece al personaje otorgándole motivaciones claras, alejándolo del superhéroe imperturbable que satura el género. Además gana mayor interés por la dinámica que mantiene con el equipo y los superiores, donde hay un grupo amplio de secundarios bastante bien dibujados. Ethan conecta con sus compañeros de trabajo saltando entre la amistad y los líos de traiciones clásicos del cine de espías, de forma que hay una clara sensación de que están pasando cosas relevantes en sus vidas, y la intriga de cómo las resolverán mantiene el interés alto.

Otro aspecto de la escritura que está bien ejecutado es la constante búsqueda de situaciones complicadas y espectaculares entremezcladas con las dosis necesarias de explicaciones del argumento, que no es tan enrevesado, o más bien casi confuso, como en la primera entrega, pero tiene sus buenas dosis de misterio y giros inesperados. Alguno no va a sorprender, como la parte final con la esposa convirtiéndose en heroína, y otro resulta además muy forzado, el del cansino traidor imposible, pero las maquinaciones entre agentes y algunas consecuencias mantienen muy bien el tipo, y las desventuras de los protagonistas intentando salir adelante contagian la adrenalina y la sensación de esfuerzo y sufrimiento: planifican, ejecutan, sufren la tensión, improvisan ante los fallos… Hay que recalcar que personajes que sudan y se llevan buenos palos es algo cada vez más difícil de encontrar en el género, de hecho, en la cuarta entrega se empieza a diluir bastante. Pero el mejor acierto es que el enemigo es imponente y temible, convirtiéndose en el mejor villano visto en muchos años. La puntilla se la pone el enérgico papel de Phylip Seymour Hoffman, por desgracia recientemente fallecido.

En la labor de dirección Abrams tiene varios aciertos pero también algunas limitaciones. Lo primero que salta a la vista es que no da la impresión de ser una película de 150 millones de dólares, y menos hace diez años, cuando era un presupuesto descomunal. No hay escenas de tamaño colosal ni grandes despliegues de efectos digitales, es una cinta de acción artesanal, de tiroteos y persecuciones, así que no sé adónde ha ido el dinero. Ahora bien, en su categoría cumple de sobras. El ritmo más que intenso es casi agobiante, en todo momento estamos sumergidos en intriga, tensión y acción. Pero podría haber sido mejor, porque a veces el director abusa de una puesta en escena muy cerrada en primeros planos. Son tramos puntuales que por lo demás están muy bien dirigidos y editados, demostrando algunos un excelente dominio narrativo. El problema es el estilo elegido para lo fotografía, donde también destaca para mal el color con tanto brillo y contraste. Por ejemplo, la lucha en el puente es fantástica, en especial porque muestra muy bien las fases del combate, la posición de los personajes, el caos de la situación… pero con mayor amplitud de planos podría haber sido antológica. Donde más se nota es en la intriga de despachos, que parece rodada en una cochera, intentando ocultar con planos cerradísimos la falta de nivel del escenario.

Pero esas carencias sólo impiden que la película sea memorable, porque buena es bastante. La combinación de intriga de espías y acción trepidante es muy equilibrada, y los personajes nunca se ponen por debajo del espectáculo. La secuencia del puente es uno de los momentos más impresionantes del cine de acción de los últimos años, y el robo de la pata de conejo no se queda atrás, mientras que en el espionaje también tiene grandes tramos, como la infiltración en el Vaticano. También se agradece que no abusen de la cienci-magia: salen los cacharritos justos y se mantienen los clásicos, es decir los disfraces, lo que es una suerte, porque Abrams venía de la serie Alias (2001), donde se les fue la pinza con el tema, y, de hecho, en Misión Imposible: Protocolo fantasma los nuevos autores se pasan muchísimo con las tecnologías fantasiosas.

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Serie Misión imposible:
Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
-> Misión imposible 3 (2006)
Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
Misión imposible: Nación secreta (2015)
Misión imposible: Fallout (2018)

La fuente de la vida


The Fountain, 2006, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 96 min.
Dirección: Darren Aronofsky.
Guion: Darren Aronofsky.
Actores: Hugh Jackman, Rachel Weisz, Ellen Burstyn, Sean Patrick Thomas.
Música: Clint Mansell.

Valoración:
Lo mejor: La hábil conjunción de fotografía, música y dirección y la alternancia de realidad y fantasía crean un relato hermoso y cautivador. El reparto está muy bien.
Lo peor: Quizá le falta algo de ritmo al principio.

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Un investigador llamado Tom se obceca con hallar la cura del cáncer que está acabando con la vida de su amada Izzi. Mientras él se hunde emocionalmente y es incapaz de aprovechar lo que tiene (su sólida relación amorosa), ella abraza su destino con resignación y absorbe cada instante para atesorarlo, y vierte sus sentimientos en una novela en la que traslada sus vivencias a la época de los conquistadores españoles.

Darren Aronofsky elabora un ensayo sobre la obsesión humana por sobreponerse a la muerte, o dicho de otra forma, por el miedo a la misma y cómo este puede precisamente impedirnos vivir con normalidad. Lo que empieza como un drama sobre una pareja en momentos difíciles pronto se transforma en un relato de tono poético recreado con gran imaginería visual a través de tres narraciones paralelas que se entremezclan complementándose y dándose sentido una a la otra. Puede que le cueste un rato arrancar, pero cuando lo hace nos introducimos en un viaje profundamente conmovedor y muy hermoso.

En su brillante labor de dirección de Aronofsky juega con un sinfín de recursos con gran inspiración, manejando sabiamente la distancia (escenas grabadas desde el techo o la habitación contigua) y la cercanía (primerísimos planos) así como las diferentes atmósferas (la agobiante selva contra la luminosa esfera) para alternar entre tristeza y consuelo, entre soledad y calor humano, entre inquietud y esperanza. Y por si fuera poco maneja el tono y ritmo de forma magistral, generando una atmósfera embelesadora de intensidad creciente (aunque no en un estilo tan extremista como en Réquiem por un sueño) que lleva a una explosión final a modo de revelación o iluminación. El excelente trabajo de los actores Hugh Jackman, Rachel Weisz y Ellen Burstyn y la sublime combinación de virtuosa fotografía y expresiva y enérgica banda sonora ponen la puntilla a una experiencia que no deja indiferente a nadie.

Lejos de inclinarse hacia la tragedia Aronofsky apuesta por una evidente fábula con moraleja. Además, aunque sin duda no es una obra apta para todos los paladares, nunca se excede con un estilo farragoso o críptico, el relato es fácilmente inteligible, no como la parida pretenciosa de Terence Malick, El árbol de la vida, que también hablaba sobre el proceso de la vida y la muerte. Incluso los momentos más profundos se pueden entender sin mucho esfuerzo: el final sólo se le escapará a los espectadores poco dados a reflexionar (aunque por desgracia son millones).

Alerta de spoilers: Describo el final y sus implicaciones.–

El conquistador convirtiéndose en hierba al catar el árbol de la vida y la nave que llega a Xibalba y explosiona fusionándose con las estrellas reflejan lo obvio: que la única inmortalidad que hay es el ciclo de la vida, donde nuestra muerte da paso a nueva vida. Aunque sea tarde para haber aprovechado los últimos días con Izzi, a Tom finalmente le llega la revelación y acaba plantado una semilla para que un árbol crezca alimentándose del cuerpo de ella, liberándose así del tormento que le causaba no aceptar la muerte como algo natural e inevitable.

Cars


Cars, 2006, EE.UU.
Género: Animación, aventuras.
Duración: 115 min.
Dirección: John Lasseter, Joe Ranft.
Guion: John Lasseter, Joe Ranft, Jorgen Klubien, Dan Fogelman, varios.
Actores: Owen Wilson, Bonnie Hunt, Paul Newman, Larry the Cable Guy, Cheech Marin, Tony Shalhoub.
Música: Randy Newman.

Valoración:
Lo mejor: La animación sigue estando un poco por encima de la media.
Lo peor: Los personajes son arquetipos demasiado evidentes. La historia es también previsible y simplona.

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Cada nueva película de Pixar la recibía con los brazos abiertos y con la seguridad de disfrutar de otra maravillosa obra cinematográfica. Desde Toy Story cada cinta venía siendo gloriosa, y el único problema que podría citarse es que al ser animación siempre son consideradas como simples entretenimientos o como cine de segunda. En mi particular adoración a la empresa nunca había pensado que pudieran defraudarme, pero el tardío visionado de Cars (con las críticas que tuvo siquiera me resultó atractiva para ir al cine) me confirma que hasta los más grandes cometen deslices, porque llegó antes de la compra de Pixar por Disney, así que no podemos echar balones fuera.

Desde los primeros compases hasta el nada sorprendente final Cars navega por unos derroteros demasiado típicos y previsibles tanto en la historia y los protagonistas como en los dilemas o enseñanzas morales. El héroe mimado más proclive a actuar que a pensar y acomodado en las mieles del éxito fácil, la chica inteligente y cautelosa, la vieja gloria, el amigo lelo y simpático… Todos los esquemáticos caracteres son ubicados en aventuras nada originales donde cada conflicto y resolución se ve venir con muchísima antelación. La animación es lo suficientemente sólida como para seguir destacando sobre la competencia, pero no deslumbra en ningún momento, sobre todo porque el diseño de personajes resulta mejorable, aunque es cierto que era dificilísimo dotar de personalidad a los coches.

Pero lo peor de lo peor es la inclusión forzada y fallida de voces de personalidades conocidas en el doblaje español, destacando al insufrible Paco Lobato, el locutor más odiado por los seguidores del deporte del motor. ¿Por qué se antepone en algunos casos como este la política comercial a la artística?

La mala recepción dejó su taquilla algo por debajo de las precedentes, pero seguramente vendiendo cochecitos y peluches se hicieron de oro.

El truco final (El Prestigio)

The Prestige, 2006, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 128 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, Jonathan Nolan, Christopher Priest (novela).
Actores: Hugh Jackman, Christian Bale, Michael Caine, Scarlett Johansson, Piper Perabo, Andy Serkis, David Bowie, Rebecca Hall.
Música: David Julyan.

Valoración:
Lo mejor: Ambientación, actores, y sobre todo la magnífica labor de Christopher Nolan en guion y dirección: el uso de la narración no lineal, el manejo del tiempo, el ritmo que imprime, el partido que saca de los personajes, el interés constante y lleno de grandes momentos y sorpresas…
Lo peor: Que al final se empeñe en explicarlo todo al detalle, quitándole muchísimo interés al eliminar la posibilidad de que salgas del cine lleno de dudas, ideas y ganas de verla otra y otra vez.
Mejores momentos: Angier viendo a la familia de Borden. Borden interrumpiendo la función de Angier. La aparición de Tesla. El gato y los sombreros. Angier introduciéndose en la máquina. Borden intentando sacar a Angier del tanque.
La pregunta: ¿Pero a qué juegan los traductores con los títulos de algunas películas?
La frase:
-Sarah: No más mentiras, no más secretos.
-Borden: Los secretos son mi vida.

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Christopher Nolan es uno de los autores más dotados del momento, un director que, aunque no tiene un sello muy característico más allá de sus siempre perfectos juegos con las líneas temporales, es un artista impecable desde el guion a la dirección, capaz de exprimir al máximo los personajes y de sacar todo el partido posible a la narración. Gracias a él productos menores como Insomnia son altamente entretenidos, cintas como Batman Begins derrochan carisma, y el experimento de Memento dio como resultado una de las películas más destacables, atípicas y difíciles del cine moderno.

Si El Prestigio hubiera estado en manos de autores del montón probablemente se habría quedado en una producción superficial de trucos y engaños, de giros rebuscados y trampas argumentales. Pero el guion que Christopher Nolan ha escrito junto a su hermano basándose en la novela de Christopher Priest (de la que dicen que es muy buena y original, y la película desde luego es buen indicativo de ello) va mucho más allá de un simple y lineal retrato del mundo de los magos, construyendo un magnífico relato sobre el enfrentamiento de dos grandes genios de la magia a lo largo de sus vidas a través de una aventura que profundiza con detallismo en el alma de los protagonistas, reflejando con ellos las virtudes y miserias del ser humano de forma loable: la ambición, la corrupción, el amor, el odio, la ética…

Además tenemos el sublime formato no lineal que le han otorgado el relato, enriqueciendo de manera singular el desarrollo de los acontecimientos y el clima de intriga. Asistimos a una historia llena de misterios y sorpresas notables que el espectador debe ir resolviendo a medida que las distintas líneas narrativas convergen, divergen o danzan entrelazadas mientras forman el espléndido mosaico de personajes enfrentados, ambiciones, espectáculos de ilusionismo, investigaciones… A la hora de dirigir esta trama de notable complejidad estructural Nolan no ha cometido ni un fallo (si exceptuamos el final), ofreciendo una película de ritmo inmejorable, con un sentido del tiempo y del espacio exquisito, genial teniendo en cuenta la dificultad de mostrar la evolución de los personajes junto al suspense de las intrigas de forma coherente y que resulte atractiva e impactante para el espectador: en todo instante se sabe en qué momento y lugar de la vida de cada carácter estamos.

Debo reincidir en que la evolución de caracteres, aparte de modélica destaca porque no se ve perjudicada por la peculiar estructura narrativa. La presentación y maduración de los personajes están expuestas con asombrosa habilidad, siendo especialmente eficaz en los cambios en la moralidad de Angier (genial su gradual caída en la desesperación y la pérdida de la ética), pero a la vez nada descuidada en la constante ambigüedad y decadencia de Borden. No se olvida tampoco de los secundarios que se ven envueltos en el tortuoso enfrentamiento, con el correcto mentor de los magos, el preocupado y amistoso ingeniero Cutter, la delicada esposa Sarah… aunque la ayudante Olivia se presenta algo descuidada, quizá por la falta de carisma en la interpretación de Scarlett Johansson.

Como viene siendo habitual, Nolan se rodea de un reparto de grandes nombres, que salvo la insípida recién mencionada Johansson (hablando claro está de la interpretación, porque la chica es muy bella) no decepcionan, con la ligera excepción de que personalmente el gran Michael Caine, tras el papelón en Batman Begins, aquí no me resulta tan memorable (lo que no significa que no esté perfecto). Christian Bale resulta como siempre una presencia imponente, y su actuación está a la altura de su personaje, el genio oscuro y ambicioso. Hugh Jackman tiene entre manos un carácter en principio más racional y sentimental, pero más adelante desesperado y amoral, y plasma su evolución con todo detalle; mención especial para el momento en que lee las últimas páginas del diario de Borden. Los papeles secundarios, exceptuando a Johansson, recaen en actores menos conocidos, pero están a la altura de las circunstancias, especialmente Rebecca Hall y Piper Perabo, más expresivas que su compatriota famosa, o David Bowie, encarnando con comedimiento a un enigmático Tesla.

La ambientación del siglo XIX es correcta, generalmente limitada a los escenarios cerrados de los teatros, evitando así alardes innecesarios en un relato cuyo fuerte es la forma y el contenido, no el aspecto externo, que de todas formas ni mucho menos ha sido descuidado: vestuario de primer nivel, efectos sonoros y especiales bien empleados y sobre todo un atrezo rico en detalles. Como es habitual en Nolan (al menos hasta sus Batman), la música no es un factor primordial del que ostentar y abusar, sino un complemento sutil puesto al servicio de la narración. Así, la partitura de David Julyan proporciona el suspense y dramatismo necesario, su presencia no llama la atención indebidamente; su audición en disco es pues, aburrida, pero su fusión con las imágenes, perfecta.

Un pero tiene El Prestigio, un pero demasiado grave y que ensucia de forma innecesaria y evitable una producción excepcional y sorprendente. A lo largo del relato Nolan va soltando pistas más que evidentes (demasiado en algunas ocasiones) sobre los misterios principales (los resultados de la máquina o los trucos de Borden) que cualquier espectador que preste algo de atención y disfrute del cine inteligente irá enlazando, o quizá simplemente sospechando, de manera que se van atando cabos y antes de la resolución de la historia es posible desglosar y comprender cada truco narrativo y argumental (que además, en ninguna ocasión defraudan y encajan a la perfección en la historia). Si un espectador no es tan despierto como para enterarse de todo, no importa, no siempre captamos todo a la primera, y así podemos disfrutar de otros visionados. Pero la tendencia del cine (al menos del que viene de Hollywood) desde hace cinco o diez años se inclina por no dejar nada a la inteligencia del espectador, como si fuera una urgencia ineludible expresar cada idea de la forma más simple, dando como resultado que cada vez hay menos producciones que no recurren a lo fácil (tópicos, tanto visuales como argumentales), e incluso cuando alguna producción demuestra algo más de decencia e inteligencia, esta termina estropeándose al explicar todo con detalle antes de finalizar la proyección, dejando sin preguntas e inquietudes al público (hay excepciones, como la saga Matrix).

El Prestigio es una película especialmente inteligente, de las que ofrecen la posibilidad de volver a verla con atención extra y ser analizada desde múltiples ángulos, y por eso mismo resulta molesto que en el final se recurra a la típica escena en la que los dos protagonistas se encuentran cara a cara y desvelan toda respuesta y misterio. Pero resulta aún más doloroso que un director de tanta calidad como Nolan, un autor que demostró con Memento que aún existe el cine que hace que te exprimas las neuronas (incluso con la posibilidad de que no obtengas respuestas claras), caiga tan bajo como para desvelar todo, absolutamente todo, en dicha conversación, añadiendo incluso flashbacks que no dejan resquicio alguno donde usar la imaginación. Me pregunto si ha sido por presión de la productora o por decisión propia, y prefiero inclinarme por la primera opción.

Sin ese final, sin ese estropicio cometido negligentemente en pro de la cada vez más lamentable idea de que el público es idiota, El Prestigio hubiera sido una película inolvidable, pero se queda, que no es poco, en un visionado imprescindible.

Infiltrados


The Departed, 2006, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 151 min.
Dirección: Martin Scorsese.
Guion: William Monahan.
Actores: Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Martin Sheen, Jack Nicholson, Mark Walhberg, Ray Winstone, Vera Farmiga, Alec Baldwin.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Más consistente en el argumento y con personajes mejor desarrollados.
Lo peor: Pero algo menos impactante en lo audivisual. También tira de sensacionalismo más de la cuenta.
Mejores momentos: El tiroteo a la caravana entre fronteras.

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Scorsese ha orquestado con un resultando difícilmente mejorable una película grandiosa, complejísima en contenido y forma, con una historia llena de numerosos y logrados personajes, con intrincadas tramas de corrupción, delincuencia y persecución de delincuentes, amoríos, crecimiento y superación personal, supervivencia… Estamos, salvo sorpresa de última hora, ante la mejor película del año.

La producción se inicia con un montaje confuso de planos intercalados de personajes: jóvenes policías en su graduación. La narración va cobrando forma, siguiendo a los protagonistas en sus recién iniciadas carreras. Unos comienzan a labrarse un futuro de prestigio y riqueza con el ascenso en cuerpos especializados en la vigilancia y detención de mafias, otros ven cómo su pasado relacionado con dicha organización criminal sirve como pretexto para que sus superiores les endosen delicadísimas misiones de infiltración entre los mafiosos. Por si fuera poco, entre la policía también hay infiltrados en los departamentos menos esperados… Asistimos así a un impresionante y perfectamente escrito juego de espionajes, traiciones y crímenes donde mafia y policía danzan el uno al lado del otro cada uno según sus reglas, donde las sorpresas que dan giros completos a la historia están a la orden del día.

Infiltrados es una película cien por cien Scorsese: planos rápidos, montajes extraños, fotogramas congelados, movimientos de cámara ingeniosos, diálogos ágiles, sangre por doquier… No soy experto en la filmografía del autor, pero la realización es una auténtica maravilla, superior a otros trabajos suyos tan famosos como El aviador o Uno de los nuestros. Por si fuera poco, el director de fotografía Michael Ballhaus nos deleita con una labor estupenda y llena de recursos, aunque aun más destacable es el montaje, uno de los más difíciles que he visto en años, resuelto con perfecta sincronización por Thelma Schoonmaker.

El guion es una versión de una película china de hace muy poco, del año 2002, Mou gaan dou (Juego sucio), escrita por Alan Mak y Felix Chong y dirigida por Andrew Lau. De la adaptación se ha encargado William Monahan, un escritor con muy pocas películas en su haber (la más conocida, El reino de los cielos). El resultado es prodigioso, sobre todo teniendo en cuenta la enorme complejidad de la historia: los personajes, los diálogos, la forma narrativa que alterna con rapidez y mucha claridad y fluidez los distintos frentes de la acción… Es cine del inteligente de primer nivel, pero el espectador medio disfrutará igualmente, pues el ritmo es infernal, los personajes fácilmente identificables y simpáticos, y las dosis de humor, drama y acción están perfectamente medidas.

En un reparto tan amplio, con el tiempo en pantalla tan repartido y el protagonismo compartido, no era fácil obtener actuaciones inolvidables. El resultado en general es muy bueno, con profesionales ofreciendo actuaciones de primer nivel (Nicholson, Damon, Sheen…)… pero sin embargo entre todos ellos destaca alguien que ya apuntaba bien alto desde sus últimos trabajos: Leonardo DiCaprio. El joven guaperas que inició su carrera con producciones donde encarnaba a personajes insoportables (Titanic el mejor ejemplo) con interpretaciones muy limitadas ha ido ganando en experiencia y ha realizado grandes papeles. En El aviador fue uno de los actores más destacables de aquel año, y en Atrápame si puedes también se lució. En Infiltrados vuelve a sorprender, metiéndose muy bien en la piel de un joven con un futuro incierto y un presente difícil, donde su vida pende siempre de un hilo. Sus frustraciones e inquietudes están representadas con gran efectividad por el actor, y tiene algunos momentos muy llamativos, como cuando su jefe en la mafia (un siempre histriónico Jack Nicholson) le interroga cara a cara para tratar de averiguar si es la rata traidora: DiCaprio transmite toda la desesperación y temor del momento.

Scorsese y Monahan mantienen sumido al espectador en una sensación de asombro constante durante más de dos horas. La tensión en los momentos cumbres era palpable en la sala donde vi la película, y las risas acompañaban al humor rápido y nada fácil de los diálogos y situaciones. Infiltrados es absolutamente imprescindible para cualquiera que tenga algo de interés en el buen cine, aunque como sucedió el año pasado con Crash, es una producción distinta, con un estilo muy personal que probablemente no guste a todos, pero cuya calidad debería estar fuera de toda duda.

El laberinto del fauno


El laberinto del fauno , 2006, Méjico, España.
Género: Drama, fantasía.
Duración: 112 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro.
Actores: Sergi López, Maribel Verdú, Ivana Baquero, Álex Angulo, Doug Jones, César Bea, Ariadna Gil.
Música: Javier Navarrete.

Valoración:
Lo mejor: La parte dedicada a la post-guerra, los actores, la fotografía, la sólida dirección, el diseño de las criaturas y el maquillaje.
Lo peor: Que la parte fantástica no termina de cuajar, haciéndose esperar para luego apenas mostrar un par de criaturas, y el ritmo es algo aburrido.
El plano: El Capitán cosiéndose la boca.
Mejores momentos: Prácticamente toda aparición del Capitán Vidal.

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Oscuro y casi gore es este cuento adulto que ha orquestado Guillermo del Toro. En la post-guerra de la Guerra Civil española una niña de unos trece años es llevada por su madre ante su padrastro en un molino perdido en algún bosque. Él es un militar, el Capitán Vidal, encargado de atosigar a los rebeldes, aunque también lidia con los traidores entre sus filas. Allí la joven ve envuelta en una aventura donde un tétrico fauno la toma como posible Princesa de su reino y le solicita realizar las pruebas pertinentes.

Lamentablemente, aunque de aspecto visual muy llamativo, es una historia fantástica que nunca termina de cuajar, como si estuviera escindida de la trama principal. Tenemos dos películas en una, con pocas interacciones entre ellas, y la parte que en principio prometía ser la más importante se queda en una aventura poco trascendente, en una historia secundaria aunque desde el prólogo y también desde la campaña publicitaria se diga lo contrario. Así mismo, no quedan nada claras las motivaciones de la joven para enmarcarse en tan arriesgada empresa, ni cómo puede salir y entrar de un edificio tan vigilado. Sin embargo, cabe destacar que el final de esta trama está resultando muy comentado por sus posibles y contrapuestas interpretaciones: ¿es esa aventura real o fruto de la imaginación de la protagonista, que se evade así de la dura realidad? Pero eso no arregla su falta de empaque y conexión con la línea principal, la enésima producción sobre la guerra civil española.

Lo único para recordar Capitán, el habitual tirano malvadísimo de la función, es protagonista de los tramos más interesantes y de las escenas más conseguidas, y la interpretación de Sergi López es excelente en todo momento; asistimos también a los traidores, torturas, conflictos y resoluciones más o menos conocidos, pero los personajes están bien tratados y el guion consigue crear una trama bastante interesante. Todos los actores están muy bien en sus papeles, destacando sobre todo la joven Ivana Baquero como la protagonista Ofelia y Álex Angulo como el Doctor.

Sin embargo, aparte de decepcionar en lo relativo al argumento prometido, la división de las tramas también juega en contra del ritmo de la narración, postergando el desarrollo de ambas historias: en gran parte del metraje no parece que se avance a ninguna parte, pero es que tampoco hay conclusiones que dejen huella.

Lo mejor es la realización de Guillermo del Toro, con una puesta en escena sólida que aprovecha una fotografía estupenda y unos decorados muy detallistas. Además, el vestuario y el maquillaje son sencillamente impresionantes. Pero en el sonido Del Toro se excede, resultando hipertrofiado, molesto: cada escena está cargada de todo tipo de sonidos constantemente, aunque los objetos que los produzcan en realidad apenas emitan ruidos perceptibles; le quita realismo a las escenas y las sobrecarga demasiado de efectos innecesarios. Por el otro lado, la banda sonora de Javier Navarrete es magnífica, tan hermosa que realza muchos tramos insípidos.

Encontramos pues una apuesta llamativa dentro del cine nacional, sobre todo teniendo en cuenta la calidad de su realización, pero se queda a las puertas de ser una buena producción de fantasía adulta y como drama social no aporta nada nuevo. Y sigo sin entender la fascionación que despierta Guillermo del Toro, que no ha dado ni una película llamativa pero está en un altar como si fuera Tim Burton, de hecho, el arrollador éxito de la presente El laberinto del Fauno es incomprensible..