El Criticón

Opinión de cine y música

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Elizabeth: La Edad de Oro


Elizabeth: The Golden Age, 2007, EE.UU. Reino Unido, Francia, Alemania.
Género: Drama, histórico.
Duración: 114 min.
Dirección: Shekhar Kapur.
Guion: Michael Hirst, William Nicholson.
Actores: Cate Blanchett, Clive Owen, Geoffrey Rush, Jordi Mollà, Samantha Morton, Abbie Cornish, Eddie Redmayne.
Música: Craig Armstrong.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras en la ambientación, un tramo final bastante espectacular. Cate Blanchett de nuevo dando un recital inolvidable.
Lo peor: Le cuesta bastante arrancar, no parece tener un argumento bien definido.
Mejores momentos: La correcta recreación de la batalla naval.

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Si bien el tener el doble de presupuesto que Elizabeth (unos cincuenta millones) le permite una mejor recreación de la época y mostrar eventos más llamativos (la famosa batalla contra la armada española), lo cierto es que ni desde el guion ni desde la puesta en escena Michael Hirst y Shekhar Kapur corren riesgo alguno. El esquema narrativo de hecho se asemeja demasiado, habiendo cambiado muy poca cosa aparte de nombres de personajes, así que acabamos teniendo la misma historia de la monarca enfrentada a enemigos lejanos y ausentes gran parte del relato, conflicto que Hirst no es capaz de materializar con la fuerza necesaria. Felipe II sustituye a Norfolk, pero a pesar del poder de su armada como personaje dice más bien poco. La pretendiente al trono María Stuart tiene la misma escasa presencia que Marie de Guise. Encontramos también la misma dinámica en la corte: los intentos de matrimonios con pretendientes que aportan algo de humor, el amigo fiel con quien parece que va a mantener una relación amorosa y los consejeros principales poco interesantes.

Como en el capítulo previo, unos personajes son aceptables y otros quedan bastante desdibujados y desaprovechados. Jordi Mollá como Felipe está rarísimo, habla como un telegrama, como si tuviera algún problema mental, dando la sensación de que el personaje se caricaturiza. No llega al destroce que hicieron con María Tudor, eso sí. María Stuart deja mejor impresión por el entusiasta papel de Samantha Morton, porque también es una amenaza demasiado lejana como para causar desazón por el porvenir de la protagonista. Clive Owen como Walter Raleigh, el pirata del que Elizabeth se encapricha, resulta mucho más interesante como amigo y casi amante que el soso de Joseph Fiennes. El asesino interpretado por Eddie Redmayne causa tan poca impresión como el de Daniel Craig. Francis Walsingham (Geoffrey Rush) está bastante desaparecido y del resto de consejeros no recuerdo a ninguno a los pocos días de terminar el visionado. No se expone mal la madurez de Elizabeth, aunque tampoco brilla de manera destacable y de nuevo es Cate Blanchett quien realza el personaje, mostrando magistralmente todo el tormento interno que vive ante la amenaza de la guerra y durante los líos de romances y amistades malogrados.

La intriga, tanto los intentos de derrocarla asesinándola como mediante la guerra, navega a medio gas sin mostrar muchas veces un rumbo claro, con lo que el relato resulta poco intenso, se resiente en varias partes y no da la sensación de sepa muy bien hacia dónde se dirige. Aun así, no decae como para hablar de un mal relato, y por suerte una parte clave de la historia luce medianamente bien: la batalla naval no es grande o extraordinaria, pero sí bastante espectacular. Por ese tramo final más ambicioso deja mejor recuerdo que su predecesora, pero echando la vista atrás tampoco se ve ninguna trama realmente llamativa y los personajes no dan mucho de sí a pesar del potencial. La crítica en cambio fue más tibia, y el resultado en taquilla también empeoró a pesar de que aprovechando el tirón de la primera se estrenó en tres veces más cines.

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El ultimátum de Bourne


The Bourne Ultimatum , 2007, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 115 min.
Dirección: Paul Greengrass.
Guion: Tony Gilroy, Scott Z. Burns, George Nolfi, Robert Ludlum (novela).
Actores: Matt Damon, Joan Allen, Julia Stiles, David Strathairn, Scott Glenn, Albert Finney.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: Es una cinta de acción superior a la media, intensa, trepidante, y no se olvida de contar una historia y de dotar a los protagonistas de algo de personalidad.
Lo peor: No aporta nada nuevo a la saga, deja la sensación de que repite demasiado el esquema. Y la cámara sigue moviéndose demasiado.
Mejores momentos: El encuentro entre Bourne y el periodista en el aeropuerto, la persecución a pie por calles y tejados de Tánger.

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Jason Bourne sigue tras la pista de su pasado, buscando sus orígenes y las razones que le forzaron a convertirse en un despiadado asesino. Tras las cámaras repite el efectivo Paul Greengrass, quien sabe dotar a sus cintas de un ritmo vertiginoso gracias a la cámara en mano y al montaje de Christopher Rouse. Es sin embargo excesivo el movimiento que imprime a las imágenes, resultando demasiado caótico y confuso en algunas ocasiones. Las intenciones son buenas, pero agradecería algo más de comedimiento, que es dificilísimo observar todos los detalles de las excelentemente planificadas escenas de acción, tanto las persecuciones asombrosas como las peleas entre personajes.

Salvando ese ligero error, la cinta es más que correcta a la hora de contar la historia. Las tramas de espionaje están muy bien entremezcladas con las aspiraciones personales, los problemas burocráticos de las agencias, las disputas entre los altos cargos… Si por un lado asistimos a la búsqueda de Bourne, por el otro tenemos la particular odisea de Pamela Langry (Joan Allen) contra el oscurantismo y la dudosa moral de las labores de sus compañeros y superiores. Los juegos de lealtades, las filigranas tecnológicas, los escenarios bien aprovechados (Greengrass sabe ubicar al espectador de maravilla en cualquier país y cuidad del mundo) y las explosivas escenas de acción hacen de El ultimátum de Bourne una buena cinta de acción que, sin embargo, pierde algunos enteros al apostar demasiado por repetir la fórmula de las dos entregas anteriores. Hacía falta algo nuevo para mantener despierto el interés, y si se hacen más películas espero que se den cuenta de ello.

Entre las numerosas y espectaculares escenas de acción merecen mención especial por su buen sentido de la intriga y su buena confección algunos momentos como el encuentro entre Bourne y un periodista en el aeropuerto, o la intensa persecución por las calles y tejados de Tánger, donde está en juego la vida de una de las pocas personas en quien Bourne confía. Destacan también la efectiva música de John Powell y la estupenda labor de Matt Damon, un actor que se me antoja bastante desaprovechado por Hollywood.

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Serie Jason Bourne:
El caso Bourne (2002)
El mito de Bourne (2004)
-> El ultimátum de Bourne (2007)
El legado de Bourne (2012)
Jason Bourne (2016)

Zodiac


Zodiac, 2007, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 158 min.
Dirección: David Fincher.
Guion: James Vanderbilt, Robert Graysmith (novela).
Actores: Jake Gyllenhaal, Robert Downey Jr., Mark Ruffalo, Anthony Edwards, Brian Cox, Chloë Sevigny, John Carrol Lynch.
Música: David Shire.

Valoración:
Lo mejor: La gran labor de Fincher en la dirección, el buen provecho que saca de un guion muy cuidado y con grandes personajes, y lo eficaces que son los actores.
Lo peor: Algún bajón no muy grave en el ritmo.
Mejores momentos: Zodiac secuestrando en su coche a una madre con su bebé. Robert mirando a los ojos a Arthur, el principal sospechoso.
La frase: Voy a tirar a tu bebé por la ventanilla y luego voy a matarte.

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Drama de personajes y thriller con dosis de documental histórico nos ofrece David Fincher en este intenso e inquietante relato sobre uno de los asesinos en serie más perturbadores y extraños que se recuerdan. En dos horas y media somos testigos de una persecución que durante décadas trajo de cabeza a la sociedad estadounidense, años y años de investigación policial y periodística que no dieron frutos tangibles, pues el famoso Zodiac nunca fue apresado.

Aunque las desviaciones hacia otras persectivas son habituales, la historia nos es mostrada principalmente desde dos frentes, el diario donde trabajaron dos de los periodistas que dieron más dedicación al caso y los principales agentes de la ley encargados del mismo. La diversidad de líneas narrativas, la cantidad de cambios de lugar y fecha, los considerables datos que van surgiendo en la trama y la longitud de la cinta no son impedimento para que funcione como entretenimiento además de como producto sesudo y denso. El guion de James Vanderbilt sobre la novela de Robert Graysmith (el protagonista, interpretado por Jake Gyllenhaal) es metódico y detallista, profundiza en los entresijos de la investigación y reconstruye los sucesos a través de numerosos personajes y diálogos que no parecen acabar nunca, pero no cae en excesos, todas las piezas están muy bien articuladas y gracias a las historias personales consigue ser un relato humano y cercano. Si a esto último sumamos la buena labor de los actores y la acertada elección de que sean rostros no demasiado conocidos, resulta fácil identificarse con los protagonistas e interesarse por sus andanzas a través de una aventura que prácticamente recorre toda su vida.

David Fincher dota al filme de una personalidad arrebatadora y demuestra un dominio de la técnica impecable. La fotografía sombría pero llena de vida y la sorprendente realización de algunas escenas, con ese tono casi artificial (excelente inclusión de efectos especiales), proporcionan a las imágenes un aspecto provocativo y en muchos casos brillante que no deja impasible al espectador: seduce y atrapa en casi todo momento. Los recursos de los que el director hace gala son muchos y de gran calidad, y además de la peculiar escenificación y los episodios pasajeros donde se emociona haciendo florituras varias destacan algunos toques de humor colocado donde menos se espera (impagables conversaciones entre los periodistas Robert Graysmith y Paul Avery) o que presenta un tono macabro delicioso (la escena de Robert en el sótano de un testigo que repentinamente se convierte en sospechoso). Sin embargo, también se toma su tiempo en algunas secuencias, a veces demasiado, sobre todo en varios asesinatos, y si le sumamos que hay algún tramo en el que debido al cambio en el estado de la investigación la intensidad de los acontecimientos decae (falta de crímenes, caso en punto muerto, personajes reajustándose a esta situación), nos encontramos con que el ritmo de la narración zozobra ligeramente en el último tramo. El final abierto tampoco ayuda a eliminar la sensación de que la función empieza muy fuerte y luego pierde algo de fuelle, pero es necesario decir que no se desinfla lo suficiente como para hacer del conjunto algo menos que una obra impresionante, otra muestra del poderío visual y narrativo de un director con grandes dotes.

Entre lo espectacular del caso (casi increíble) y la exquisita y atrevida puesta en escena de Fincher, Zodiac se presenta como una producción singular rebosante de carácter, pero precisamente el estar tan alejada de los cánones habituales del cine puede jugar en su contra a la hora de luchar en las entregas de premios e incluso para seguir siendo conocida popularmente de aquí a unos años (no es una cinta simple de fácil visionado), sin embargo no me extrañaría nada que termine convirtiéndose en una obra de culto.

Promesas del este


Eastern Promises, 2007, EE.UU., Canadá, Reino Unido.
Género: Suspense, drama.
Duración: 100 min.
Dirección: David Cronenberg.
Guion: Steven Knight.
Actores: Naomi Watts, Viggo Mortensen, Armin Mueller-Stahl, Vincent Cassel, Sinéad Cusack, Jerzy Skolimowski.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Guion, dirección, actores, música.
Lo peor: El final es algo apresurado y sobra el beso.
Mejores momentos: La pelea en los baños, casi toda lectura del diario.
La frase: Las ventanas están cerradas, así que no puedo tirarme al vacío.

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Tras el éxito cosechado ante la crítica mundial con Una historia de violencia, que no me pareció excelente pero sí buena aunque irregular y algo pretenciosa, David Cronenberg vuelve a obtener el beneplácito de los medios con esta Promesas del este, de temática muy similar a su anterior trabajo pero más redonda en forma y contenido. De nuevo la violencia es el eje de la narración, de nuevo Cronenberg se sirve de ella para retratar tanto a los que hacen de la misma un modo de vida como para mostrar la forma en que afecta a la vida cotidiana de personas normales. Más oscura y sórdida que su predecesora y con mayor presencia del lado criminal, en esencia sigue los mismos pasos: el evento que da pie al cambio en los quehaceres diarios de los protagonistas, la familia honrada siendo perturbada por situaciones que los superan, los delincuentes organizados enfrentando también un inesperado revés en sus planes… Pero no esperen por ello una película que transmita la sensación de que no es más que una repetición o secuela, pues tiene alma propia a pesar de las similitudes citadas. De hecho, es una obra de gran calidad y con mucha más personalidad que la mayor parte del cine actual, alzándose como el primer gran estreno tras la etapa veraniega. Cabe además la posibilidad de que esté presente en venideras entregas de premios importantes.

Promesas del este es una cinta pausada, pero su ritmo moderado está lejos de resultar lento, pues atrapa con facilidad durante casi todo su metraje. La cámara de Cronenberg se pasea entre escenarios y personajes con la naturalidad justa para dejar que la historia hable por sí sola (en gran medida a través de la fuerza de sus personajes) sin interferir con virtuosismos y alardes innecesarios, y con la madurez suficiente para dotar a la misma de solidez y estabilidad de forma que el relato no se diluya en su propia sencillez hasta perder interés.

El guion no destaca por su complejidad, sino por su sinceridad, por saber ir al grano sin artificios. Con templanza teje las situaciones donde se moverán los caracteres, iniciando la narración en secuencias que parecen inconexas pero poco a poco van confluyendo hasta que todos los protagonistas terminan con sus destinos más o menos atados entre sí. Los diálogos son concisos pero intensos, creíbles y con una sorprendente carga irónica que produce algunos instantes de humor tan inesperado como eficaz; los personajes son sólidos y resultan muy humanos; el espectador se encontrará con sorpresas que proporcionan giros impresionantes (incluso aunque se vean venir, porque no se ocultan para resultar manipuladoramente impactantes). Hay grandes instantes, como la visita que hace el inquietante Semyon (que viene a ser como el Padrino de la mafia rusa) a la protagonista y al bebé en el hospital, llena de advertencias y amenazas sutiles; como la cruenta pelea en los baños, donde se muestra toda la violencia tal y como es: dolorosa, sangrienta, rápida y contundente; y algunas lecturas del diario de la fallecida son desgarradoras por su durísima descripción de la vida como prostituta esclava y por si fuera poco adolescente. Pero también se cometen algunos deslices, como ese tramo final un poco apresurado, incluido un poco de sopetón (¿cómo es tan fácil robar un bebé?) y con una resolución algo convencional y con menos garra que el resto de la cinta, o ese forzado beso entre dos personajes incompatibles, que apenas resulta creíble. El que la cinta se desinfle levemente en su resolución no es un desliz grave, pero no me cabe duda de que con un cierre al nivel del resto o incluso superior podría haber sido una película memorable.

Uno de los mejores aspectos de la cinta, la efectividad de esos inmensos personajes, se debe en gran parte a interpretaciones de gran nivel, a actores que se sumergen en sus papeles hasta resultar irreconocibles. La siempre competente Naomi Watts resulta creíble como mujer sencilla que lucha contra la adversidad tanto con miedo como con entereza; el interesante y bastante desaprovechado por el cine Vincent Cassel aporta lo justo a su personaje para que este resulte un borrachín más creíble que típico; Armin Mueller-Stahl está inmenso como líder de la familia mafiosa, manteniendo en todo momento un equilibrio formidable entre la candidez de un padre, la amistad de un anfitrión y la perturbadora y amenazante sensación de que en cualquier momento ordenará a sus sicarios que te descuarticen. Pero la sorpresa más notoria de este agraciado reparto es precisamente el que menos esperaba que diera algo de sí a estas alturas de su carrera. El hasta ahora siempre torpe y limitadísimo Viggo Mortensen (mediocre hasta en sus papeles más conocidos, como El Señor de los Anillos o Una historia de violencia) se ha introducido hasta la médula en este fantástico retrato de un criminal en ascenso. Inquietante y terrorífico a ratos, amable y extrañamente delicado a veces, la interpretación de Mortensen, eficazmente apoyada por una excelente labor de maquillaje, sustenta y engrandece un personaje muy bien descrito y en el que hasta la estupenda sorpresa que guarda encaja a la perfección con lo mostrado hasta ese momento. Y no puedo dejar de citar la valentía de este actor a la hora de rodar esa impresionante pelea en los baños públicos, donde está completamente desnudo.

Sunshine


Sunshine, 2007, EE.UU.
Género: Acción, suspense, ciencia-ficción.
Duración: 107 min.
Dirección: Danny Boyle.
Guion: Alex Garland.
Actores: Cliff Curtis, Cillian Murphy, Michelle Yeoh, Rose Byrne, Chris Evans, Chipo Chung, Hiroyuki Sanada, Benedict Wrong, Troy Garity, Mark Strong.
Música: John Murphy, Underworld.

Valoración:
Lo mejor: El primer tramo de la cinta, el más comedido e interesante.
Lo peor: El delirante final. La mediocre puesta en escena de Danny Boyle, el guion lleno de agujeros e incongruencias e incapaz de definir buenos personajes y ofrecer una trama que equilibre las distintas y casi incompatibles líneas narrativas (mezcla poco homogénea de cine de catástrofes, de ciencia-ficción, de terror…).

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Trainspotting (1996) fue notable e influyente, pero desde entonces Danny Boyle no da pie con bola. La playa (2000) y 28 días después (2002) mantienen el éxito pero de calidad andan bien escasas. El caso de Sunshine ha ido por el mismo camino: ha tenido en general críticas decentes, pero el producto final me ha parecido casi desastroso, y en gran medida por culpa del director.

Sunshine es una malograda mezcla de géneros. Comienza como cine de catástrofes, con la poco creíble misión de detonar una bomba en el Sol para reactivarlo, continúa como cinta de ciencia-ficción, con las aburridas aventuras de la tripulación intentando llegar a su objetivo mientras lidian con irrelevantes problemas técnicos, y en el tramo final se decanta sorprendentemente por el terror de zombis (que incluye leves toques de gore). La simbiosis entre estos tres estilos es irregular, ineficaz. La cinta va dando traspiés sin que quede claro de qué va (con la bomba como macguffin chapucero), sin decantarse de una vez por un rumbo y género concreto, con lo que dificulta la atención del espectador, quien tiene que afrontar los cambios de estilo y dirección.

El otro gran problema que su base resulta bastante endeble: los personajes carecen definición, entran y salen aleatoriamente porque su único cometido es morir en uno u otro instante. Se trabajan tan poco desde el guion al casting que ni alcanzan el mínimo exigible en la verosimilitud. No hay quien se crea a estos jóvenes casi imberbes como científicos y astronautas de gran nivel, de hecho, aparte de comportarse como adolescentes inmaduros cada cual es más incompetente y patético; el segundo al mando llega a ser una caricatura vergonzosa.

Se acumulan diálogos vacíos, situaciones poco trabajadas cuando no incongruencias enormes, te asaltan preguntas cada dos por tres… Por ejemplo, ¿qué sentido tiene que el escudo tenga paneles que se abren?, ¿cómo pueden los restos de piel humana de siete tripulantes dejar una capa de polvo de varios centímetros en una nave tan grande?, ¿por qué ese personaje se comporta tan irracional e infantilmente?, ¿por qué justo ahora se olvidan de la radio o de poner el filtro solar?, ¿cómo pueden respetar tan poco la cadena de mando? A veces dan ganas de gritarle ¡estúpido! a los personajes.

Las virtudes del libreto son casi inexistentes, pero es más lamentable que el poco jugo que se le podría sacar Danny Boyle no lo aprovecha. Su puesta en escena carece de originalidad (¿por qué cuando se está en una nave espacial la cámara tiene que girarse?), abusa de primeros planos y enfoques cortados (reflejos, reflejos borrosos, objetos de por medio) que lejos de imprimir el tono de claustrofobia propio de la situación limitan completamente la narración a los rostros de unos personajes muy aburridos, con lo que no se ve nada y se echa a perder aún más la poca intensidad que posee la historia. El abuso de escenas que pasan por encima de la nave o muestran su escudo también resulta cansino, por no hablar de las repetidas e innecesarias visitas a la sala de observación. Pero la cosa va a peor a medida que avanza la función, pues cuando la nave perdida aparece, Boyle pierde el juicio completamente. La absurda y ridícula locura a la que asistimos a partir de entonces comienza con unos flashes repentinos diseminados entre fotogramas. No se acierta a ver qué es, no se comprende su presencia, sólo distrae y hace pensar en un fallo de la proyección. El montaje se acelera, se hace caótico, la fotografía empieza a agitarse descontroladamente… Pero todavía no ha llegado lo peor, pues contra toda lógica Boyle se empeña en emborronar la pantalla ante la presencia del zombi, así que los últimos minutos se limitan a ruido, borrones, personajes corriendo… y uno ya no sabe qué pasa.

Arreglando el tramo final podría haber sido una serie b decentilla; bastante típica y con muchos baches, pero pasable. El conjunto da lástima, y por si fuera poco se acumulan los instantes que recuerdan a producciones clásicas del género, desde 2001, una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968), Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972) y Alien (Ridley Scott, 1979) a cintas menores recientes, como Horizonte Final (Paul W.S. Anderson, 1997), dejando una sensación constante de falta de originalidad, de personalidad.

Ratatouille


Rataoutille, 2007, EE.UU.
Género: Animación, aventuras.
Duración: 111 min.
Dirección: Brad Bird, Jan Pinkava.
Guion: Brad Bird, Jan Pinkava, Jim Capobianco.
Actores: Patton Oswalt, Ian Holm, Lou Romano, Peter O’Toole, Peter Sohn, Brad Garrett, Janeane Garofalo, Brian Dennehy.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: La animación, un guion que dosifica bien sus bazas: entretenimiento, humor, personajes carismáticos, mensajes educativos…
Lo peor: Le falta ímpetu, carácter. No está a la altura de las grandes de Pixar.
Mejores momentos: El protagonista dormido en la cocina, con la rata intentando manejarlo y despertarlo.
La frase: No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista sí puede provenir de cualquier lugar.

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Pixar es una apuesta de calidad asegurada, tanto que incluso sus películas menos logradas están muy por encima de los múltiples productos comerciales de animación (digital, stop motion o tradicional) que provienen de Hollywood. Ratatouille es buena prueba de ello, pues aunque en conjunto no consigue dejar las buenas sensaciones de las grandes películas de la compañía, resulta un entretenimiento muy sólido con muchas buenas virtudes.

En el aspecto técnico es una cinta extraordinaria. El diseño de los personajes es muy adecuado al carácter de cada uno de ellos, mientras que los decorados están logradísimos, tanto que aunque la cinta se desarrolle en gran parte en la cocina no deja de sorprender por la cantidad de detalles que hay. Y como la animación sigue avanzando, el realismo de las texturas es increíble: salvo por el aspecto cómico de los protagonistas, obviamente buscado a propósito, hay muchísimos planos en los que parece que estamos ante imágenes reales. Como siempre, Pixar a años luz del resto.

El guion en cambio no ha estado tan inspirado como en otras ocasiones. Se nota la profesionalidad de sus autores (Brad Bird principalmente), quienes ofrecen un repertorio de personajes carismáticos bien construidos e incluidos en la trama de forma equilibrada (algunos magistralmente, como el crítico o el inspector de sanidad) y unos diálogos ágiles con algunas buenas lecturas morales. Sin embargo, la aventura carece de la intensidad y originalidad a la que nos tienen acostumbrados. Es dinámica, divertida y con buenos momentos, pero nunca llega a ser impresionante, y menos brillante. Así mismo, hay varios tramos en los que el interés decae bastante, aunque sin llegar a aburrir.

Transformers


Transformers , 2007, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 144 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Roberto Orci, Alex Kurtzman.
Actores: Shia LaBelouf, Megan Fox, Josh Duhamel, Tyrese Gibson, Rachael Taylor, Anthony Anderson, Jon Voight, John Turturro.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Que Michael Bay va directo a buscar la espectacularidad, y además lo hace sin importarle que no haya guion, con lo que no resulta un intento de aparentar más de lo que es (como le pasó con La isla). Y, sobre todo, que la película se ríe de sí misma sin tapujos.
Lo peor: El guion es lastimero: los diálogos son lo más simple posible, los personajes son cascarones, el tono de película para adolescente es excesivo y cansino a veces.
Mejores momentos: La lucha contra Scorponock, los Transformers escondiéndose alrededor de la casa del protagonista e intentando no hacer ruido.
La frase: El nivel de feromonas indica que el joven quiere aparearse con la hembra.

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Cuando comenzó la campaña de publicidad de Transformers, con esos tráileres alucinantes, la cinta me resultó atractiva de inmediato. Esperaba otra producción súper espectacular tipo Armageddon o La Roca, donde el guion no sería de altos vuelos pero eso no impide que cumplan con creces como entretenimiento que no te cansas de ver una y otra vez. Con más de ciento cincuenta millones de presupuesto y todo el énfasis puesto en la recreación de los robots de la forma más asombrosa posible y en realizar en batallas por doquier, Transformers ha cumplido con mis esperanzas, contando además con un aliciente nada esperado, una vena cómica con destellos de auto-parodia desternillante.

Siendo realistas, Transformers tiene un guion muy flojo, incluso se podría decir que éste no existe, o mejor aún, que Bay sabía que no era necesario y prescindió de él, ya fuera sabiendo o sin saber que no tendría buenas críticas pero gustaría a muchos espectadores. Los personajes están dibujados esquemáticamente, los diálogos poco sustanciosos, limitados a sentencias de pocas palabras, y el desarrollo de la trama es convencional y sin sorpresas. Pero también son personajes simpáticos y funcionan correctamente como núcleo imprescindible de una aventura muy entretenida, y por si fuera poco hay alguno divertidísimo, como el miembro del S7 (John Turturro), una caricatura absurda que sólo podría funciona en una cinta tan poco seria como ésta. Además los diálogos son chistes constantes, cuya carencia total de inteligencia se suple gracias a que el número de bromas es altísimo y además el humor no pierde fuelle en todo el metraje.

En cuanto al ritmo, es apabullante e impresionante en sus momentos cumbre, pero podría haberse mejorado un poco en general. Los Transformers con diálogo tardan mucho en aparecer (excepto esa especie de Jar Jar Binks que habla como los Gremlins y a quien más de uno odiará desde su primera escena), saliendo algunos muy mal parados, como Megatrón, que no tiene presencia alguna pese a ser el malo de la función. Hay un tramo innecesario, pesado y alargado sin razón, aquel de los ligoteos entre los protagonistas adolescentes, pero fuera de ese leve bajón Michael Bay sabe incluir escenas de acción aquí y allá que evitan que la tensión decaiga mientras se llega al o los clímax importantes. Por ejemplo, la lucha con Scorponok en el desierto es intensa y los planos aéreos impresionantes. Cuando hace acto de presencia la batalla cumbre, llevada a la ciudad sin lógica alguna más allá de buscar el espectáculo que ofrece romper coches y edificios, dicha confrontación mezcla bastante bien la aparatosidad de las escenas caóticas con los momentos bien planificados. Panorámicas y movimientos circulares habituales del director exprimen al máximo unos efectos especiales y sonoros perfectos, consiguiendo una batalla en la que te agarras a la butaca de la impresión o aplaudes de emoción. Como dice un extra cuando llegan algunos robots a la Tierra, esto es cien veces más flipante que Armageddon.

Su tono de producto para adolescentes y las carencias tan descaradas de un guion lleno de insensateces donde no hay una sola pizca de inteligencia no la hacen una obra apta para todos los paladares. Transformers únicamente será disfrutable para el que espere nada más que lo que la cinta ofrece sin engañar, sin pretenciosidad alguna: un espectáculo visual inigualable aderezado con un humor directo y facilón y unos actores atractivos. No es una buena película, pero vaya si vale una entrada de cine. Y más de una.

Serie Transformers:
-> Transformers (2007)
Transformers: La venganza de los caídos (2009)
Transformers: El lado osucro de la Luna (2011)
Transformers: La era de la extinción (2014)
Transformers: El último caballero (2017)