El Criticón

Opinión de cine y música

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Hellboy II: El ejército dorado


Hellboy II: The Golden Army, 2008, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, superhéroes.
Duración: 120 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro, Mike Mignola.
Actores: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, Jeffrey Tambor, Luke Goss, Anna Walton, John Hurt.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras notables en guion y puesta en escena. Vestuario y maquillaje impresionantes.
Lo peor: Sigue resultando un tanto predecible y superficial cuando había mucho por explorar en el universo imaginario.
Lo peor: No soy un bebé, soy un tumor.

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Guillermo Del Toro y Mike Mignola estuvieron desde el estreno de Hellboy desarrollando la segunda parte sin encontrar el tono a la historia, y los estudios parecían interesados pero no metían prisa. Sin embargo, el éxito de la sobrevaloradísima El laberinto del fauno (2006) animó a todos y se pusieron en serio a ello. Además, le otorgaron un presupuesto algo superior a pesar de que la primera parte fue muy justa en taquilla.

Del Toro parece haber tomado nota de lo que peor funcionó y se lo trabaja mejor, o quizá la colaboración de Mike Mignola en el guion ha resultado muy enriquecedora. El relato está mejor equilibrado y tiene más personalidad, disimulando mejor que la premisa es de nuevo bastante básica. Los diálogos son más ágiles e ingeniosos, y el dibujo de los personajes más maduro. Las relaciones laborales y amorosas son muy moviditas, el romance ya no da vergüenza ajena, de hecho, el de Abe es muy atractivo, sobre todo porque aporta bastante a la trama, y los secundarios resultan más verosímiles, incluso aunque sus orígenes sean muy fantasiosos. Y también la suerte corrió de nuestra parte: Rupert Evans no pudo aparecer por problemas de agenda, con lo que nos libramos del agente novato idiota y el pésimo actor.

Hellboy, de nuevo encarnado con entusiasmo por Ron Perlman, es un rol central muy potente. Bruto e infantil y amable y fiel a partes iguales, continúa intentando ganarse el respeto de sus compañeros y superiores y encontrar razones para vivir en un mundo que no termina de aceptarlo. La seriedad y sabiduría de Abe sufre un traspiés cuando su corazón se interponte. El villano, el príncipe élfico Nuada, es más convincente que los de la primera entrega, su historia está bien desgranada y sus motivaciones, aunque primarias, se entienden, y con su hermana Nuala se redondea la cosa. El jefe de Hellboy, Tom Manning, ya no es un secundario gracioso cargante, y aunque alguna escena salida de madre todavía se lleva, encaja mejor en la historia y resulta bastante simpático. La nueva incorporación, el etéreo Johann Krauss y su traje estrafalario, es alucinante en diseño pero también aporta interesantes roces personales, y además evoluciona bien. Solo Liz queda un poco por debajo. Aunque su relación con Hellboy sea más consistente, en solitario no termina de destacar del todo; y Selma Blair sigue ofreciendo una interpretación muy pobre.

La aventura tiene escenarios mucho más imaginativos y un progreso más claro, si bien alguna parte secundaria no termina de funcionar del todo. El prólogo introduce bien la trama, y eso que de primeras parece un pegote, los elfos hacen una entrada imponente, la escena con las hadas se alarga demasiado pero tiene su gracia, y mientras el villano lleva a cabo su plan se intercala bien el día a día de la organización de Hellboy, la investigación, los problemas laborales…

Desde la visita al mercado oculto en adelante el subidón es de aúpa. El despliegue de criaturas del lugar corta la respiración; puede considerarse que lo alargan para vacilar, pero bien que se disfruta. La pelea con el elemental es impresionante y bastante emotiva. Los pocos tropiezos preceden al lanzamiento de la confrontación final, donde encontramos giros un poco rebuscados: el trol del carrito y la criatura que vigila la entrada resultan un poco artificiales, por eso de ser recursos fantásticos de pegote para agilizar la trama, y hay algún otro giro poco meditado, como la herida de Hellboy, un drama forzado prescindible. La batalla final, aunque acabes cansado de mamporros a robots dorados, ofrece un clímax más llamativo que el desenlace del primer capítulo, sobre todo porque la implicación de los personajes mucho mejor: en todo momento sabes que quedan conflictos dramáticos por cerrar, y la resolución no decepciona.

El pico extra de dinero lo aprovechan de maravilla, siendo el vestuario y el maquillaje extraordinarios y los efectos digitales muy buenos. Del Toro también muestra más experiencia, con una dirección más cohesionada y mejor sentido del espectáculo. El montador ha cambiado y se nota, las coreografías también son superiores. Por otro lado, la banda sonora de Danny Elfman es más versátil y emocionante que la anterior de Marco Beltrami, pero también deja la sensación de que el rico universo permitía algo más original y se queda muy corto.

La cinta resultante es muy vistosa, deslumbrante a ratos, garantizando un entretenimiento de primera. La recepción de crítica y público fue más o menos igual, aunque en taquilla le fue algo mejor, pero no como para hacer grandes cantidades de dinero.

Del Toro quería desde el principio hacer una trilogía, e incluso se tanteó algún spin off, pero se quedó todo en el aire hasta que la productora pasó al reinicio, que llega de la mano de Andrew Cosby al guion (la serie Eurueka -2006-), Neil Marshall en la dirección (The Descent -2005-, Centurión -2010-) y con David Harbour (The Newswoom -2012-, Stranger Things -2016-) encarnando a Hellboy.

Ver también:
Hellboy (2004)
-> Hellboy II: El ejércido dorado (2008)

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Cloverfield (Monstruoso)


Cloverfield, 2008, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 85 min.
Dirección: Matt Reeves.
Guion: Drew Goddard.
Actores: Michael Stahl-David, T. J. Miller, Jessica Lucas, Lizzy Caplan, Odette Annable, Mike Vogel.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: La parte central con acción entretiene…
Lo peor: … pero no basta para salvar el resto, tan previsible y monótono que asombra que tuvieran la cara de venderlo como si fuera una película novedosa.
Mejores momentos: Los créditos, cuando se ha acabado la tortura y suena el tema de Michael Giacchino.

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Con una buena campaña publicitaria, generando expectación mediante la intriga (algo que los traductores españoles se pasaron por el forro en el título) y la presencia constante en internet, el productor J. J. Abrams consiguió vender una cinta menor (25 millones de dólares de presupuesto) como si fuera un evento mundial que no podías perderte. Pero al final se vio que todo era humo, que fue exprimir la moda del “metraje encontrado” que inició (creo) El proyecto de la bruja de Blair y tuvo otros éxitos (como Chronicle) a pesar de que ningún título ha dado calidad cinematográfica digna de mención hasta la recomendable The Visit de Shyamalan, que en cambio en taquilla se ha quedado más corta que otras (pendiente tengo [Rec], que parece la mejor valorada, pero es que ya no me fío del género). Tirando del estilo “youtuber” (niñatos grabando sus andanzas), los clichés más rancios sobre juventud y la acción más facilona, el listo de Abrams logró colar una película de escasa trascendencia, menor inteligencia y desde luego nula originalidad, pues es una versión no acreditada de Godzilla que reúne tanto tópico que termina saturando.

La presentación no se estira mucho pero cansa bastante. El amigo simpático y un poco tonto, el prota más serio que será el héroe (a pesar de que lo presentan como alguien cobarde y sin iniciativa, menudo cambio pega), las chicas sin personalidad concreta pero atractivas, la fiesta imposible (botellón de etiqueta, todos guapísimos, nadie borracho…), la relación amorosa en tensión de rigor… Cuando por fin empieza la esperada acción resulta que sólo un par de pasajes entre tiros transmiten algo de tensión, sólo en esos instantes se alcanza lo que obviamente pretendían con la cinta: sumergirte en primera persona en el caos. Y parte del mérito lo tienen los estupendos efectos sonoros, eso sí. Pero una vez pasado el subidón, el resto va hacia cuesta abajo y sin frenos, porque la aventura de supervivencia es flojísima; en el tramo final el interés acaba por los suelos: estaba deseando que terminara de una vez, distrayéndome navegando por internet.

Primero, tras ese insustancial primer acto exclusivamente dedicado a ellos no logran dibujar personajes con los que conectar, de hecho llegan a resultar molestos por los diálogos estúpidos y los tópicos en fila. Segundo, se tira de lo básico para tratar de generar intriga (las televisiones, la gente corriendo), y no hacen amago alguno de buscar alguna escena más trabajada, sino todo lo contrario, enlazan secuencias demasiado trilladas, como el momento con visión nocturna o flash y el ataque de los bichos en un espacio cerrado… Por cierto, en esa escena del metro rompen las reglas del metraje encontrado y meten música sutil para matizar la tensión; así de falsa es la película. Por ello prácticamente sólo vemos gente cansina andando y agitando la cámara entre caos y ruido, una combinación incapaz de narrar algo concreto, mucho menos de resultar emocionante.

Y también tenemos de los agujeros de guion, pues con el poco empeño que le han puesto se cae a pedazos. ¿Cuántos amigos hay en la fiesta, cuántos por la ciudad, y cuántos familiares? Da igual, el héroe salido sólo quiere encontrar a la tía buena que le gusta (a su actual novio ni lo vuelven a mencionar), y los amigos son tan tontos que van con él (¿ellos no tienen a quienes localizar?) aunque se tiran media película diciendo que no quieren ir. Motivaciones claras, lógica… para qué. Con un “quiero rescatar a la mujer que amo” los militares rompen el protocolo, las órdenes, la cuarentena. No necesitamos lógica, las tet… el amooor lo justifica todo.

Lo peor es pensar que salió de un productor (Abrams) y un guionista (Drew Goddard) con talento y de un director (Matt Reeves) que ha demostrado luego también tenerlo (El amanecer del planeta de los simios no es buena película, pero su buen trabajo la salva bastante). Es decir, me fastidia bastante que gente que podía estar haciendo cosas serias se monten algo que básicamente es un videoclip para estaf… epatar a espectadores facilones y sacarles los cuartos. Pues no sé si se ofenderán los que han disfrutado con ella, pero yo espero más de una película, sobre todo que no me intenten engañar con un producto hecho a cachos de otros, con un nivel intelectual en negativo y con un estilo que se vende como hiperrealista (cámara en mano, ambiente en primera persona, tono post 11-S) pero canta a falso (vaya planos magníficos realizan a pesar del miedo y de correr por su vida) y maniqueo (qué facilón y superficial todo lo que se mete de fondo: ejército incapaz, saqueos…).

Lo único para recordar, aparte del memorable tema de Michael Giacchino que se escucha en los créditos, es que muchos actores han ido destacando en el mundo de las series y en menor medida en el cine: Lizzy Caplan ofrece un papelón inolvidable en Masters of Sex, T.J. Miller está en Silicon Valley haciendo muy suyo a un personaje muy característico, aunque también lo hemos visto en Deadpool, Odette Annable ha pasado por House y Banshee, y Jessica Lucas ha estado en Cult y Gotham, y lo ha intentado en cine sin demasiado éxito (Posesión infernal, Pompeya).

Quantum of Solace

 


Quantum of Solace, 2008, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 106 min.
Director: Marc Forster.
Escritores: Paul Haggis, Neal Purvis, Robert Wade.
Actores: Daniel Craig, Judi Dench, Olga Kurylenko, Giancarlo Giannini, Jeffrey Wright, Mathieu Amalric.
Música: David Arnold.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene. Daniel Craig ofrece una interpretación con gran carisma.
Lo peor: Dirección muy mejorable, montaje horrendo, guion poco sustancioso. Y sobre todo que supone una vuelta al Bond de más bajo nivel en vez de seguir por donde Casino Royale apuntaba. El doblaje de algunos secundarios (en especial el del villano) parece de broma.
El título: Todavía nadie sabe qué significa Quantum of Solace.

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Quien fuera al cine esperando que Quantum of Solace siguiera explotando y mejorando la línea ofrecida en Casino Royale se llevaría una gran decepción, pues esta cinta es un paso atrás, una vuelta a la manida y floja forma de hacer cine de acción que nos ofrecían en las últimas entregas protagonizadas por Pierce Brosnan. Y por si fuera poco es descarado que intentan imitar la fórmula de la saga de Jason Bourne, pero se quedan muy lejos de lograrlo por culpa de un guion mediocre y una puesta en escena torpe e ineficaz.

Empiezo por el guion. La trama es poco sustanciosa y nada original. Los clichés de la serie que parecían haberse desechado en Casino Royale están de vuelta. Los villanos (más insípidos que nunca) y su fantasiosa conspiración mundial, las chicas, las persecuciones, y cómo no el enfrentamiento final en la guarida del enemigo, que explota porque se supone que debe hacerlo, siguen un esquema muy básico y predecible. No existe la complejidad y ambición que tan buenos resultados dio en el capítulo inicial de esta etapa.

Lo único destacable es el atractivo de los personajes Bond y M, muy bien interpretados por Daniel Craig y Judi Dench respectivamente, y el buen aprovechamiento que se hace de los secundarios (Olga Kurylenko, Giancarlo Giannini, Jeffrey Wright). Los primeros tienen carisma de sobra, y los demás sirven muy bien de apoyo. Destacan unos diálogos bastante correctos (el humor seco del espía está presente), y la humanización del propio James Bond sigue aceptablemente bien. Estos interesantes protagonistas sustentan bastante bien la poco llamativa historia en que están inmersos, con lo que hace pensar que seguramente con un villano de buen nivel se hubiera limado un poco esa sensación de ser lo mismo de siempre y sin garra alguna. Pero el rol dibujado para Mathieu Amalric (que además empeora muchísimo con el infame doblaje) no es capaz de despertar la más mínima emoción en el espectador, y no tiene secuaces dignos de mención.

En cuanto a la puesta en escena, Marc Forster, quien deslumbró con la maravillosa Descubriendo Nuncajamás, no ha atinado en esta su primera obra de acción, ofreciendo una dirección nada lustrosa. El torpe manejo de cámara en mano acompañado por el mediocre montaje, ambos intentando de forma fallida imitar los buenos resultados que ofrece la saga de Jason Bourne, proporcionan un aspecto visual bastante flojo. Las escenas de acción son caóticas y mareantes, cuesta entender lo que ocurre, y además hay momentos en los que el realizador se va por las ramas con algunos apaños extraños y molestos, como la inexplicable decisión de compaginar las peleas con escenas paralelas (la ópera y la feria).

Ahora bien, la decepción puede ocultar las pocas virtudes que tiene. Porque una vez vista de nuevo me queda claro que como película de acción básica cumple: los personajes del bando de los buenos aguantan el tipo, y el relato nunca se atasca, va siempre hacia adelante con ritmo y sin patinar en ningún momento dentro de su limitado esquema. En resumen, es bastante entretenida. Pero claro, eso tampoco oculta que es un torpe paso atrás en un momento en que la saga parecía remontar el vuelo.

Entrada actualizada de la original publicada el 01/11/2008.

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Serie James Bond:
Casino Royale (2006)
-> Quantum of Solace (2008)
Skyfall (20012)
Spectre (2015)

Hunger


Hunger, 2008, Reino Unido, Irlanda.
Género: Drama, histórico.
Duración: 98 min.
Dirección: Steve McQueen
Guion: Steve McQueen, Enda Walsh.
Actores: Michael Fassbender, Brian Milligan, Liam Cunningham.

Valoración:
Lo mejor: El tramo inicial, bastante prometedor.
Lo peor: Se va perdiendo y perdiendo hasta no quedar nada. El vacile intelectual engulle el relato: los enredos y artificios sustituyen a la descripción de personajes y trama.

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Steve McQueen, ahora en boca de todos con la popularidad de 12 años de esclavitud, se dio a conocer con esta Hunger, aunque realmente su nombre empezó a sonar con Shame. Estas dos producciones son más de autor que su gran éxito, y además bien raritas y extravagantes, con lo que se prestan a que cinéfilos de postín, gafapastas e intelectualoides varios se las den de cultos defendiendo lo indefendible: que estos dos bodrios son peliculones.

Hunger narra en tres capítulos muy diferenciados entre sí uno de los muchos episodios oscuros de Irlanda del Norte con el IRA, el que acabó llevando a la huelga de hambre de presos de 1981. Si desconoces esta historia, que es lo más probable, porque fuera de sus fronteras salvo los realmente interesados en el tema solo tenemos una perspectiva global y superficial, puede que te cueste entrar en la película. Yo tuve que parar y dedicar unos minutos a la Wikipedia, porque McQueen no hace el más mínimo esfuerzo por exponer un poco de la situación, por explicar cómo se ha llegado al punto que da inicio a la proyección, directamente nos sumerge en las acciones de los presos y las reacciones de los guardias. Por ello tiene un público potencial muy minoritario, y se podría decir que si quería llegar a más gente no costaba mucho hacer una introducción más clara, pero supongo que no era su intención venderla más allá de Reino Unido e Irlanda.

La vida en la cárcel, mostrada casi como una película muda, funciona bastante bien. Le falta algo de definición, pero los fanáticos de ambos bandos (porque torturar a gente detenida es igual que ser un terrorista) quedan bien retratados a través de un relato sucio, directo y terriblemente cruel y explícito que será desagradable para muchos espectadores y otros tantos directamente no podrán con ello. Que McQueen juegue a experimentar con la cámara, con muchos planos y escenas rebuscados con alardes y vaciles varios, por suerte no llega a echar por tierra la intensidad de los acontecimientos. Hay unas pocas escenas con enorme fuerza y grandes lecciones que nos negamos a aprender: la violencia no sirve para combatir la violencia.

Pero no es capaz de ir a más en este segmento. Sin argumento tangible, ni exposición de motivaciones en los protagonistas, ni un rumbo claro más allá de mostrar el día a día en la cárcel, la proyección va perdiendo fuelle. Cuando llega el siguiente capítulo cambia de registro a lo bestia, y se estrella por completo. Ahora el diálogo es lo único que lleva la narración. Dos personajes sentados hablando en un plano de casi veinte minutos. Como es esperable, el noventa por cierto es palabrería, charla banal, y por lo tanto es un coñazo absoluto.

El tercer capítulo vuelve a la cárcel, pero ya sin fuerza alguna. La huelga de hambre se muestra con gente tumbada en la cama, enfocando constantemente las llagas y exprimiendo la delgadez extrema a la que se sometió Michael Fassbender, quien adelgazó hasta dar asquito, jugándose la salud para un papel que no merece la pena ese esfuerzo. Pero narración lo que se dice narración, tampoco hay. Planos y más planos de la más absoluta nada.

Lo que empezó prometiendo un título llamativo por valiente y perturbador termina siendo un desastre enorme donde las ansias de distinción, pedantería e intelectualidad mal entendida de Steve McQueen aplastan las bases de cualquier relato: definición de protagonistas, explicación de sus motivos, descripción tangible de entorno y trama, objetivo de la historia inteligible y atractivo de alguna forma. Esos defectos los puliría un poco en Shame, pero también limitaron su potencial. En 12 años de esclavitud sin embargo decidió que ya había demostrado lo listo que era y quería ganar pasta, vendiéndose a los clichés de Hollywood de forma descarada. Pues visto lo visto, este tío no me cae bien.

En tierra hostil

The Hurt Locker, 2008, EE.UU.
Género: Drama, bélico.
Duración: 131 min.
Director: Kathryn Bigelow.
Escritor: Mike Boal.
Actores: Jeremy Renner, Anthony Mackie, Brian Geraghty, Guy Pierce, David Morse, Ralph Fiennes, Evangeline Lilly.
Música: Marco Beltrami, Buck Sanders.

Valoración:
Lo mejor: Actores, puesta en escena.
Lo peor: Carece de un argumento concreto, está formada por capítulos sueltos de desigual interés.

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Avalada por mil festivales y premios, considerada una de las películas del año y con notable presencia en los Globos de Oro (nominada a guión, dirección y película)… es la cinta independiente mimada del año, la que se vende como buen cine alternativo… pero no puedo decir que me haya parecido una buena producción, de hecho me ha decepcionado y sorprendido bastante que se hable tan bien de ella cuando es tan poca cosa.

La idea general es buena, ofreciendo un acercamiento a las miserias de la guerra desde una perspectiva algo alejada de los cánones habituales, pero no llega a ofrecer nada realmente llamativo. Le falta cohesión y fuerza, pues no tiene una trama clara y consistente, sino que está formada por pequeños capítulos (cada bomba a desactivar) que no llevan a nada concreto. Y además hay escenas que no tienen sentido alguno, como el largo episodio del francotirador, muy interesante pero totalmente ajeno al resto de la historia. Así, su ritmo es endeble, torpe. Conforme la estaba viendo esperaba que todo cobrara sentido, que la trama llegara a alguna parte, pero no llega a ocurrir.

Los actores están muy bien en sus papeles (en especial el principal, Jeremy Renner), pero los personajes no tienen garra. Las motivaciones de los protagonistas no están claras, no se entiende por qué actúan como actúan. Esto se traduce en que sus vivencias no logran interesar mucho, y ni aunque sus vidas estén en constante peligro despiertan preocupaciones o sentimientos. Lo único que me parece realmente logrado es la escena del supermercado, que en un breve plano resume la situación de desarraigo del protagonista. Destacaría también, por sorprendente, la breve presencia de algunos actores conocidos en papeles muy secundarios: Guy Pierce, Ralph Fiennes y en menor medida Evangeline Lilly.

Su puesta en escena es lo único destacable, pues está confeccionada con notable profesionalidad. El pulso de cada escena es intenso gracias a una dirección (Kathryn Bigelow), fotografía (Barry Ackroyd) y montaje de nivel, pero volvemos a lo que indicaba antes: ¿de qué sirve que la escena del francotirador esté rodada con maestría y sea impresionante si es un interludio irrelevante? Así ocurre en mayor o menor medida con toda la cinta: cada escena está rodada de forma exquisita, pero las mismas se quedan en eso, en meras anécdotas y capítulos que no consiguen ofrecer un todo realmente tangible.

Se deja ver, pero no es para recordar y mucho menos para alabar de forma tan exagerada como se está haciendo.

El increíble Hulk


The Incredible Hulk , 2008, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 114 min.
Dirección: Louis Leterrier.
Guion: Zak Penn.
Actores: Edward Norton, Liv Tyler, William Hurt, Tim Roth.
Música: Craig Armstrong.

Valoración:
Lo mejor: No verla. Hacer como que no existe.
Lo peor: No existe guion, los efectos especiales son de risa, los actores están completamente perdidos…
La pregunta: ¿Por qué todos los actores susurran en vez de hablar de forma normal? ¿Tan pocas ganas de estar ahí tenían?

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La productora (Marvel) no quedó contenta con el Hulk de Ang Lee: era una película inteligente y de calidad y pensaron que no había hecho todo el dinero posible por culpa de ello… Y se montaron este engendro de El increíble Hulk, una de las cintas de superhéroes estúpidas y ruidosas, que no hizo más dinero, porque el boca a boca la hundió.

Sabía que no iba a ver una gran película, sin embargo esperaba disfrutar de un entretenimiento con algo de dignidad, pues las críticas no fueron nada malas. Pero no, la función es un despropósito de enormes proporciones. ¿Guion? Prescindieron de él; supongo que suponían que (¡toma ya!) no era necesario para hacer una película de acción intensa. Sin embargo acción no hay demasiada, es burda y nada sorprendente. Supongo que supusieron que (¡ahí va otra!) esas pocas escenas repletas de efectos especiales, ruido y música machacona serían suficientes para salvar la función, pero los efectos especiales, sobre todo los digitales, parecen sacados de una serie de televisión de presupuesto modesto (¿cómo es posible que el Hulk de Lee, con varios años a cuestas ya, cuente con unos efectos tan buenos y tan bien empleados que la hacen parecer mucho más actual y sobre todo más creíble y espectacular?), los efectos sonoros no impresionan y la música es reiterativa y nada interesante. ¿Cómo se pueden gastar tantísimo dinero en algo que luce tan poco, no sólo en cuanto a calidad, sino sobre todo en el aspecto visual?

Al final lo que queda es un esperpento de un nivel sorprendente donde se suceden escenas que recuerdan demasiado a otras películas (empezando por la saga Bourne, que para bien o para mal –este caso- ha marcado la forma de hacer el cine de acción actual) cuyas razones de ser ni se explican ni importan, donde personajes completamente vacíos y aburridos susurran sin ganas penosas frasecillas que cuando no producen carcajadas directamente incitan al suicidio. Ante caracteres tan estúpidos y caricaturescos actores experimentados como Edward Norton, Tim Roth o William Hurt no saben qué hacer y se muestran muy perdidos e incómodos, mientras que la inexpresiva y atontada Liv Tyler sigue sin darse cuenta de que no es actriz. Que se dedique a otra cosa, por favor.

El resultado en taquilla ha sido más o menos el mismo en ambas versiones: el presupuesto abultadísimo y la recaudación nada lustrosa (unos 250 millones en todo el mundo). Se habla de secuela, aunque a saber si se hace, pero por lo pronto se ha relacionado la película con Iron Man (con esa aparición de Tony Stark al final, que por cierto no aporta nada) de cara a los futuros proyectos interrelacionados que hay en proceso, como The Avengers. Una lástima que estén montando la franquicia con la película equivocada. Si es que se le puede llamar película.

El Caballero Oscuro


The Dark Knight, 2008, EE.UU.
Género: Acción, suspense, superhéroes.
Duración: 152 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, Jonathan Nolan.
Actores: Christian Bale, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Maggie Gyllenhaal, Michael Caine, Morgan Freeman, Gary Oldman, Monique Curnen, Chin Han, Eric Roberts.
Música: Hans Zimmer y James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Un guion sublime, un reparto extraordinario y una puesta en escena capaz vibrante.
Lo peor: Algunos excesos y agujeros empañan un poco un conjunto tan serio y sólido.
Mejores momentos: Cualquier escena con Dent/Dos Caras o Joker, en especial las que tratan grandes dilemas morales. La alucinante explosión del hospital. Los clímax con Joker y Dos Caras.
Mejores planos: Joker volando el hospital. Joker sacando la cabeza por la ventanilla de un coche.
El gazapo: El plano de la montaña de billetes ardiendo se alarga demasiado y se ve la estructura donde están apilados.
La frase: O mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano.

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A través de un guion ambicioso y denso, lleno de capas y capas (quizá demasiadas para su comprensión en un primer vistazo, pero las justas para obligarte a pensar, a realizar más visionados que permitan exprimir la experiencia), se desarrolla un thriller monumental, al nivel de grandes del género, sean clásico de la época como Chinatown, El halcón maltés, El sueño eterno… o excepciones modernas, como L.A. Confidential.

Christopher Nolan nos sumerge de lleno en la inmundicia que vive Gotham: las mafias tienen sumida a la ciudad en un estado de control y terror, la policía está comprada o extorsionada, los políticos desbordados, los ciudadanos pierden la fe. Pero también estamos ante una de superhéroes. Batman y Joker sirven para explotar los dilemas morales latentes, y a la vez para aumentar el espectáculo de acción. Tenemos suspense, acción y drama con gran carga ética hasta convertir la obra en un festín fascinante, sobrecogedor a ratos… pero también incluso excesivo en algunos momentos, y con algunos detalles malogrados dignos de citar.

La acción es variada e impresionante. Vuelve a deslumbrar el amor de Nolan por el trabajo manual, no por dejar todo al ordenador. Los tiroteos, peleas, persecuciones y explosiones resultan desde intensos a alucinantes, sobre todo el hospital explotando y la larga persecución al furgón policial. Incluso hay que agradecer mejoras en el montaje y en la ejecución de las peleas cuerpo a cuerpo, más nítidas y efectivas que las de Batman Begins. Ahora bien, en cambio se le va la mano con la fantasía. En el primer capítulo Nolan puso mucho cuidado en que fuera una de superhéroes realista, explicando las tecnologías de Batman de forma que parecieran bastante plausibles. Pero aquí se le va la pinza con lo del sónar de los móviles, que le permiten ver toda la ciudad en 3D y escuchar a todos en directo, y con la dichosa escena del ladrillo, que no tiene ni pies ni cabeza: ¿cómo demonios saca una huella dactilar de una bala destrozada dentro de un ladrido usando otro ladrillo y otra bala?

La trama es enrevesada pero engancha con fuerza, aunque cuesta seguir da sus frutos: las intrigas de facciones y personajes danzando uno alrededor del otro, respondiendo cada uno a su manera según las circunstancias cambian, son tan ricas y atractivas que no puedes apartar la mirada de la pantalla. Y el Joker llega para darle a todo una vuelta inesperada. Resulta un villano extraordinario, no se limita a ser el enemigo a derrotar y que como mucho sirve como empuje para la maduración del héroe, sino que afecta a toda Gotham, a todos los personajes, y la victoria no se puede alcanzar únicamente derrotándolo, sino superando la debacle moral y emocional a la que los ha arrastrado.

Pero también hay excesos. El viaje a China para capturar a Lau (el contable de la mafia) es redundante y aparatoso, pareciéndome más innecesario cuantas más veces veo la película. Son minutos que se podían haber ahorrado, para mostrar que Batman es un grano en el culo para los mafiosos bastaba capturarlo en el aeropuerto o algo igual de breve y conciso. La falsa muerte de un personaje resulta bastante tramposa para al final no tener mucha justificación: ¿se hace pasar por muerto para conducir un camión? Si fuera para investigar y actuar desde la sombra con un plan más tangible podría adquirir algo más de sentido, pero queda como un giro bastante forzado. También me pregunto cómo, en el final, sabe Gordon a cuántos ha matado Dos Caras en su locura. Por suerte, en general tenemos infinidad de momentos y sorpresas bastante imprevisibles que encajan muy bien a pesar de la infinidad de ramificaciones de la historia.

Como en la primera entrega, tenemos unas cuantas frases con gancho y un sentido del humor bien medido, capaz de no desentonar en un relato bastante trágico. Pero la carga ética ha dado un paso más allá. Nunca antes una de superhéroes había sido tan atrevida, tan adulta, nunca habían abordado dilemas morales tan ambiguos, oscuros y dramáticos. Con los numerosos protagonistas principales y secundarios vemos diversos espectros morales y enfrentamos traiciones, cobardías, sacrificios y heroicidades de todo tipo. Muchas situaciones son propias del género (épicas luchas del bien contra el mal), pero otras se sumergen en un berenjenal de reflexiones profundas y de respuesta nada fácil, donde Nolan sale airoso a pesar del riesgo. Todo el largo clímax final, aunque tiene bastante ritmo y acción, se apoya principalmente en algunas de las reflexiones más inteligentes duras vistas en el cine respecto a las limitaciones del ser humano y las razones de su alineamiento moral: ciudadano pasivo y ciudadano comprometido, héroe y criminal, y la débil línea que los separa si las circunstancias son propicias.

La representación de personajes tan complejos y atormentados termina de resultar memorable gracias al excelso reparto que ha vuelto a reunir Nolan. El Batman que interpreta Christian Bale es lo suficientemente turbio (carismático pero rudo, justo pero temible, violento pero con principios claros) como para resultar un rol central antológico, una versión del héroe probablemente insuperable. Los asistentes, colaboradores y amigos están en manos de más que reconocidos profesionales (Morgan Freeman, Michael Caine y Gary Oldman, todos excelentes como es habitual en ellos), mientras que los que afrontan la interpretación de los dos grandes villanos están soberbios en papeles de dificultad extrema. Aunque pocos hablan de él, Aaron Eckhart borda su rol de héroe que cae al lado oscuro. Y Heath Ledger está dando que hablar más por méritos propios que por su trágico fallecimiento. La transformación en Joker es completa, la voz, los gestos, cada movimiento y cada tic, cada sílaba y mirada forma parte del personaje, de su antológica transformación. La cinta, enorme de por sí, gana enteros gracias a esta abrumadora presencia. La única pega en este reparto es que el carácter femenino sigue estando en un nivel inferior al resto, tanto porque el personaje no consigue despuntar (al menos aquí es necesario, mientras que en la primera parte si se quitase ni se notaría) como porque la actriz, aunque en esta ocasión cumple (se ha sustituido a la guapa pero sosa Katie Holmes por la poco atractiva pero profesional Maggie Gyllenhaal), carece de la fuerza y carisma necesarios para jugar en la misma liga que sus compatriotas masculinos.

Nolan dirige este coloso como si fuera fácil. Imprime un ritmo magnífico, toda escena parece relevante (aunque alguna realmente no lo sea tanto) gracias a su fuerza visual, su intensidad, y sobre todo debido a lo bien que va hilando la trama. Aunque busca un tono ominoso nunca peca de grandilocuencia; aunque ocurren muchas cosas a toda velocidad no da sensación de apresurado; la acción nunca se pone por encima de la historia, es parte de ella. En otras palabras, es capaz de mantener un equilibrio perfecto entre el thriller serio y trascendental y la acción de película taquillera. Destaca la labor de fotografía de Wally Pfister, con unos planos aéreos magníficos y una estupenda iluminación, así como el citado esfuerzo en los efectos especiales. Sin embargo, algunos criticaron el diseño artístico, argumentando que Gotham no tiene personalidad; pero yo no lo veo así, me da la impresión de que todo el mundo esperaba algo del estilo de Tim Burton, pero esto es estilo Nolan: más realista, tangible, una versión hiperbólica de la realidad. En ese sentido, los vehículos del hombre murciélago no me gustaron inicialmente, pero al final me di cuenta de que era por la misma razón, tenía ideas preconcebidas y el cambio fue muy brusco, pues se aleja del estilismo gótico y busca una rudeza cuasi militarista. En cuanto a la banda sonora de Hans Zimmer y James Newton Howard, estos aportan un buen tema para Joker, y me parece más contenida (hay menos insistencia en machacar con la música), pero igualmente parece un efecto sonoro más que una partitura con personalidad cuando debe destacar y sutil cuando debe ser un complemento narrativo.

El Caballero Oscuro es una de las obras más arriesgadas de los últimos años. Aun contando con el éxito de la primera entrega, que le dieran a Nolan tanto dinero (185 millones de presupuesto) y carta blanca total sorprende viendo lo inmovilistas y cobardes que son en los grandes estudios. Y Nolan, habiendo demostrado de sobras ser un visionario capaz, esto es, sin miedo a innovar pero también sabiendo que ha de vender, no ha fallado en esta gran oportunidad. Ha conseguido una película única, rompedora, una película adulta, oscura e inteligente como pocas. Quizá incluso es demasiado de todo ello, pero eso no ha sido impedimento para que el público la haya recibido con entusiasmo, incluso demasiado, pues a tenor de las notas en la IMDb muchísimos la tienen como una de las diez mejores películas de la historia. Para mí está claro que le falta bastante para considerarla una obra maestra, pero eso no impide que, sin ser redonda, sí consiga resultar extraordinaria, un hito que se recordará eternamente.

Y además permite algunas reflexiones sobre el cine, tanto de superhéroes como en general. El género parecía estar condenado a albergar títulos comerciales con poco empeño en el guion y más en el espectáculo directo. Excepciones como el personal Batman de Tim Burton no parecían, a pesar de calar rápidamente en la memoria del espectador, haber dejado huella en las tendencias artísticas de Hollywood. Más recientemente recuperamos un poco las esperanzas en que se lo tomaran en serio con la gran Spider-Man 2, que mostraba sin complejos personajes sufriendo bastante y drama de alto nivel. Y en menor medida teníamos otros títulos bien acabados, como Hulk o Iron Man, que corrieron una suerte muy dispar en taquilla. Pero todavía no parecía que estuviéramos cerca de romper la absurda barrera que considera que hay cine de primera fila (dramas de corte clásico) y cine de segunda (ciencia-ficción, fantasía, acción y animación), esa que mantienen en Hollywood los muy conservadores estudios, los medios afines y los premios principales (los Globos de Oro y los Oscar). La excepción de El retorno del rey no la contemplo, porque ni la entiendo: fue un bodrio y no cumplía los cánones de la Academia, y aun así arrasó, mientras verdaderas obras maestras, como Matrix o Hijos de los hombres, siguen siendo ninguneadas a lo grande.

Entonces llega Christopher Nolan con su visión adulta y sombría y con un tratamiento de thriller clásico. Batman Begins ya apuntaba alto, pero El Caballero Oscuro ha subido el listón y además ha causado gran impacto. De cara al público, sin duda ha servido para terminar de asentar el género. En la taquilla es un éxito sin paragón, y la valoración es incluso excesiva, pues como señalaba se pone muy por encima de su calidad real. Pero, ¿habrá sido suficiente para quitar la venda de los ojos en los tradicionalistas gremios de Hollywood? Sólo grandes hitos que marcan época, como Alien y Aliens, Terminator y Terminator 2, Matrix, La jungla de cristal y un injustamente corto etcétera, consiguen ser admitidas por estos supuestos expertos y críticos, y en la mayoría de los casos lo hacen tras unos cuantos años, tras haber pasado sin gloria alguna por los malditos premios que supuestamente se otorgan a las mejores del año, cuando los prejuicios han sido derribados por el peso de la razón y el paso del tiempo. Este año tenemos dos filmes magistrales que piden a gritos derribar esa injusta y arcaica barrera, Wall-E y El Caballero Oscuro. Ya veremos qué ocurre en los próximos meses, si El Caballero Oscuro entrará de golpe por la puerta delantera en la historia del cine o lo hará poco a poco por la trasera, como suele ocurrir. Lo que es indudable es que entrará, que no será recordada solamente por romper récords de taquilla o por ser la que ofreció una gran última interpretación de una joven estrella.

Actualización 04/08/17. Con el estreno de Dunkerque me he puesto a repasar la filmografía de Nolan, y le he dado un pequeño repaso a la crítica. El tiempo no afecta a estas dos primeras entregas… pero la tercera sigue siendo fallida, me temo. Pero lo importante es que, al final, tanto la Academia de los Oscar como los Globos de Oro se rindieron a su cerrazón y obsesiones y no nominaron a El Caballero Oscuro a mejor película, guion ni dirección; Wall-E apenas arañó una a mejor guion. Y para variar, las seleccionadas fueron melodramas sensacionalistas de cuidado. Un cinta menor como Slumdog Millionaire fue elegida la mejor del año por ambos premios en otro ridículo inclasificable. La única sorpresa es que la AFI (American Film Institute) sí la incluyó en su lista de lo mejor del año, junto a Wall-E e incluso Iron Man.

Ver también:
Batman Begins (2005).
-> El Caballero Oscuro (2008)
El Caballero Oscuro: La leyenda renace (2012).