El Criticón

Opinión de cine y música

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Terminator Salvation


Terminator Salvation, 2009, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: McG.
Guion: John D. Brancato, Michael Ferris.
Actores: Christian Bale, Sam Worthington, Anton Yelchin, Moon Bloodgood, Jadagrace, Bryce Dallas Howard, Common, Helena Bonham Carter, Michael Ironside, Ivan G’Vera.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Guion complejo y sólido: buena trama y excelentes personajes. Puesta en escena deslumbrante: ritmo magnífico, acción de gran nivel.
Lo peor: Lo difífil que es superar las espectativas con sagas tan queridas, y más si en algunos tramos no da todo lo que podría (el asalto a Skynet, el duelo con el T-800). Que el público no viera sus muchas buenas cualidades. Que la productora no siguiera la saga por esta línea y se inventaran un nada prometedor reinicio (Terminator Genisys).
Mejores momentos: Desde la gasolinera hasta el agua. Marcus descubriendo quién es. La fuga.

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Alerta de spoilers: Describo la trama a fondo.–

Pienso que a Terminator Salvation le ocurrió, aunque en menor medida, lo mismo que sufrió otro estreno cercano muy esperado, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal: que sea como sea la película, el público, al tener idealizada la saga, fue con unas expectativas imposibles de alcanzar. No ocurrió igual con Star Trek 2009, pero la situación no es la misma, porque el público en general no era fan de Star Trek y no esperaba nada en especial más allá de un entretenimiento descerebrado y espectacular (aunque para mí ni eso último cumplió). Terminator es un icono mundial del cine, y como tal es prácticamente intocable. En su estreno me pareció un espectáculo muy completo y una secuela de buen nivel, sobre todo teniendo en cuenta los tiempos que corren. Pero además me ha ido ganando como fan y firme defensor con el paso del tiempo y los sucesivos visionados.

Cuando se dio a conocer que el director de esta nueva entrega sería McG muchos pusieron el grito en el cielo, pues su currículo contaba con los engendros de Los Ángeles de Charlie y su secuela. Sin embargo yo le otorgué el beneficio de la duda, primero, porque echando un vistazo a esas cintas se venía que sabía rodar escenas de acción, y segundo, porque es el guion lo más importante y lo que suele fallar. Y ahí tenía muchos miedos, pues el libreto ha corrido a cargo de John Brancato y Michael Ferris, quienes en su haber tienen “joyas” como Catwoman y Primeval, y quienes escribieron también Terminator 3, donde se aferraron demasiado a los clichés de la saga pero sin lograr el tono adecuado. En ambos campos estoy bastante sorprendido y satisfecho.

Su principal acierto es el cambio de escenario, evitar repetir la fórmula de las tres primeras entregas, en cuyo tercer capítulo mostraba un desgaste enorme. Los más puristas no recibieron bien que se alejara tanto del esquema tradicional, pero igualmente hubiera sido criticada por repetitiva si no lo hubiera hecho; como digo, es imposible contentar a todos. El argumento salta en parte a lo que muchos deseábamos ver desde las visiones del futuro de los primeros episodios: la guerra contra las máquinas. Alguno se vio defraudado porque pasamos directamente a la resistencia tras la guerra y no vemos el gran conflicto, pero eso debería olvidarse en cuanto se ve lo trabajada que está la trama, porque estamos ante el guion más complejo de la saga. Se amplía la premisa de huida y supervivencia con una historia mucho más completa y variada, y crece también el número de personajes.

La vida en la resistencia, con el carismático líder John Connor, se presenta muy atractiva desde el espectacular y memorable ataque a la base de los robots, que muestra el potencial visual y sienta las bases de la trama con contundencia. Esta se presenta sólida, atractiva y además se desarrolla muy bien: el conflicto con los comandantes de la resistencia (mítico Michael Ironside), el desarrollo del plan final y el día a día en ese mundo desolado ofrecen varios frentes que agobian a Connor mientras intenta dar sentido a los mensajes de su madre en relación con las intenciones de las máquinas. Quizá el rol de Bryce Dallas Howard (la novia) no es muy llamativo, y teniendo en cuenta que parece ser el mismo personaje de Terminator 3 (Kate Bosworth, interpretada allí por Claire Danes) quizá deberían haberle dado más protagonismo, pero vale para dar más vida al entorno, y a cambio la dura Blair es muy interesante y el soldado Barnes representa bien a los seguidores fieles que tiene Connor.

Mientras, tenemos la odisea de Marcus, que se inicia en ese sugerente prólogo en la cárcel y gana en interés al toparse con Kyle Reese, otro protagonista muy conseguido con el que se conecta rápidamente. La situación de desconcierto que enfrenta Marcus se traslada muy bien al espectador, en parte por el magnetismo de Sam Worthington, y el interés sigue ganando enteros con la excelente evolución de la amistad que va formando con Reese y la chiquilla. Los pasos que va dando hasta encontrarse con Connor ofrecen una estupenda aventura de supervivencia postapocalíptica que combina con gran equilibrio la intriga, los recesos para exponer personajes, la acción… ¡y qué acción! La larga secuencia que empieza en la gasolinera y acaba con Marcus en el agua quita la respiración, como se espera de una película de Terminator.

La llegada de Marcus a la resistencia cambia toda la situación y deja a Connor perplejo al romper todos sus esquemas sobre lo que sabía y esperaba de las máquinas, aumentando la intriga sobre lo que está ocurriendo y poniendo más oscuridad sobre el destino de Marcus. Otra gran secuencia de acción tiene lugar en este campamento, y sirve como lanzamiento del arco final. Pero aquí llega un punto de ruptura importante, porque la incursión en Skynet defraudó a muchos, pues ciertamente es bastante irregular. Todos esperábamos ver la base enemiga en todo su esplendor: llena de máquinas bestiales, infranqueable para el hombre, en plan el núcleo de Matrix Revolutions. Pero el asalto final parece quedarse en poca cosa, como si se hubiera acabado el presupuesto. Y es que los realizadores apuestan por una incursión sencilla donde priman los personajes y el homenaje a la saga, algo que no me parecería mal si no fuera porque arrastra una serie de fallos que impiden que se desvanezca la sensación de engaño.

Tenemos cosas bien pensadas y bien ejecutadas, como las revelaciones del plan de Skynet, la inquietud por el destino de los protagonistas, el encuentro entre Connor y Reese, algunos homenajes a la saga (el escenario y detalles varios -la voz imitada, etc.-)… Tenemos cosas bien pensadas pero mal ejecutadas, como la lucha de Marcus por superar su programación (qué cutre la forma de quitarse el chip de la nuca; las máquinas no son tan tontas, debería haberse mostrado de forma más creíble), o el no del todo efectivo intento de homenaje con la lucha contra el T-800, que peca de poco creíble a veces: ¿pero por qué los Terminator se empeñan en lanzar gente lejos en vez de agarrarlos y machacarlos al instante? Y tenemos cosas mal planteadas y mal ejecutadas, porque parece que los personajes se pasean por Skynet como estuvieran por su casa; es evidente que las máquinas deben dejarles entrar para cerrar la trampa, pero se debería haber hecho de forma más verosímil; y en cuanto a la resistencia no hay excusa que valga: aterrizan un helicóptero y los rescatan sin aparente esfuerzo.

Así pues, aunque entiendo las intenciones de acercarse al estilo de la saga y apostar por los personajes por encima de la acción sin más, el desenlace no funciona del todo. ¿Tanto hablar del asalto final de la resistencia, tanto mostrar a grupos de la misma por todo el mundo, y después sólo vemos un helicóptero, ningún combate con máquinas, ninguna dificultad real? Con un clímax más logrado la película no es que hubiera ganado enteros, es que entonces quizá podríamos estar hablando de una obra mítica como lo son las dos primeras partes.

Vuelvo a un detalle recién mencionado porque me parece el otro único fallo digno de mención de la película y también ayuda a que el desenlace desluzca un poco. Me mosquea la manía de acabar todas las peleas de las películas de acción a puñetazos y lanzando gente contra las paredes de forma nada creíble (nadie acaba con los huesos destrozados en este tipo de filmes), y aquí más que nunca carece de sentido: qué hace un Terminator alejando a su víctima dándole así más oportunidades de sobrevivir, que la enganche bien y le destroce los huesos. Tanta exageración hace que pierda la sensación de peligro constante y tangible que transmitían los dos primeros capítulos, donde tener cerca a un Terminator significaba probablemente morir. Aquí parece un juego de te lanzo y te pillo que denota falta de ideas a la hora de planificar el duelo final, que requería más intriga y tensión y menos hostias sensacionalistas.

Me extiendo también en otro aspecto, el de las referencias. Cantidad de homenajes a la saga pululan por la cinta (la cuerda en la escopeta, el primer plano de un pie pisando algo, una gasolinera, algunos diálogos y mil detalles más), dando al episodio la acertada sensación de pertenecer a una serie aunque tenga un estilo muy distinto, pero también hay que señalar que tropiezan con una dificultad importante: prácticamente se tomaron como una obligación meter al T-800 y a Arnold Schwarzenegger, y claro, no podían mostrarlo tan viejo (fuera o no gobernador todavía), y se montaron una aparición digital que no convence del todo. Podrían haber mostrado el proceso de ponerle la piel y la cara del actor en monitores de ordenadores en la factoría, por ejemplo, sin tener que sacarlo en acción. O directamente haber pasado de ello, qué manía con incluir a Schwarzenegger: en Terminator queda bien claro que usan distintos rostros para pasar desapercibidos, de hecho Reese lucha con uno distinto en una de las visiones del futuro.

Volviendo a las buenas cualidades de la cinta, destaca bien pronto que el director logra un ritmo ejemplar y muy coherente con la trama, algo que se ve muy poco en el cine del género de acción actualmente. Cito de nuevo Star Trek 2009 como ejemplo, pues en ella se intercalan escenas porque sí sólo para tratar de asombrar con el presupuesto, olvidando el guion y la narración en el proceso. McG sabe ir al grano sin florituras innecesarias: la película es corta pero aprovecha cada instante, las secuencias de acción sirven para desarrollar la trama, no sólo para impresionar, y además son nítidas (nada de agitar la cámara y emborronar todo con digitalizaciones) y los personajes están bien sumergidos en la situación en todo momento (genial cómo trabajan juntos Marcus y Reese). Mantiene el asombro constante desde el principio (al asalto a la base de las antenas, con algunos momentos alucinantes como el plano secuencia del helicóptero), hasta la fuga de Marcus del cuartel de Connor, porque como decía el acto final lo enfocan de forma que pierde algo de fuelle. Destaca especialmente la eficaz fotografía, que con esa excelente elección del colorido ocre y apagado le otorga al futuro un aspecto siniestro y derruido, y por supuesto los excelentes efectos especiales y los sobrecogedores efectos sonoros.

Otro elemento crucial que se salda con gran éxito es la buena labor del reparto. Sam Worthington demuestra un carisma nato esperable en un héroe de acción y una interpretación muy contenida que en el mismo campo sorprende. El Connor de Christian Bale queda un poco eclipsado porque Marcus tiene más protagonismo y un recorrido emocional más complejo, pero Bale está como de costumbre inmenso, mostrando tanto las dudas como la determinación con gran energía: qué miradas más potentes consigue. También aportan el toque justo de carisma los secundarios más importantes, Anton Yelchin como Kyle y Moon Bloodgood como Blair, que se hacen querer desde sus primeras apariciones (sí, el guion tiene mucho que ver, pero ellos lo realzan).

Apuntaba muy alto como capítulo inicial de una nueva etapa de la serie, y no por el forzado monólogo final, sino porque prometía entregas con tramas igual de trabajadas. Sin embargo no tuvo mucho éxito y en el caos de productores, derechos de autor y demás no llegó a continuarse por aquí… y se montaron un reinicio desde cero (Terminator Genisys, para verano de 2015). Y aquí no puedo echar solo la culpa a los productores, porque fue el público quien no supo admirar el valor de Terminator Salvation.

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X-Men Orígenes: Lobezno


X-Men Origins: Wolverine, 2009, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 107 min.
Dirección: Gavin Hood.
Guion: David Benioff, Skip Woods.
Actores: Hugh Jackman, Liev Schrieber, Danny Huston, Will i Am, Lynn Collins, Kevin Durand, Taylor Kitsch.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Muy entretenida. Pareja protagonista carismática.
Lo peor: Previsible en varios tramos. Los efectos especiales y la dirección en las escenas cumbre son muy mejorables.

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Sus numerosas críticas negativas, que la ponían incluso peor que a la notablemente fallida X-Men: La decisión final, me mantuvieron bien alejado de las salas de cine, pero por género su visionado era algo que tarde o temprano abordaría. Y bueno, el resultado es mejor de lo esperado. Está lejos de ser una película mediocre, y como secuela le da varias vueltas a la recién citada, pero sí entiendo que no impactara mucho, pues resulta bastante simple y visualmente es mejorable.

El relato es irregular, prometedor pero lleno de altibajos, con varios segmentos predecibles y otros desaprovechados. La rivalidad entre Logan (Lobezno) y Victor se maneja bastante bien, y hay algunos pasos interesantes en su relación: el grupo de mercenarios, el intento de alejarse de esa violencia y la soledad del renegado (bonito el capítulo del anciano que le regala la moto). El sentido del humor funciona (flipante el gordo) y el ritmo es bastante correcto, con lo que en líneas generales empieza siendo una aventura algo básica pero lo suficientemente emocionante y divertida como para dejar buenas sensaciones. El problema es que no es capaz de ir a más, sabe a poco constantemente (de los secundarios se debería haber sacado mucho más) y conforme se acerca al final incluso pierde algo de energía.

Gámbito aporta bien poco, el villano termina resultando muy limitado, y para colmo descubrimos que la trama ha partido de una trampa bastante fea, la de la muerte fingida, que ensucia un desenlace ya bastante turbio, pues en toda la estancia en la isla lo previsible ya sí alcanza cotas importantes: nada sorprende, no se transmite emoción ni tensión por el destino de los protagonistas. Además se ven muy forzados los giros para enlazar con la trilogía de X-Men sin faltar a la continuidad: no matar al villano, borrar la memoria de Lobezno, Gámbito yéndose sin interesarse por los demás y Cíclope sin enterarse de nada (la base de la historia de Lobezno en las dos primeras entregas es la búsqueda de sus orígenes, y Cíclope no recuerda nada de esta historia). El Victor/Dientes de Sable presentado en la trilogía nada que ver tiene con el de aquí, pero eso es un error de concepto de aquellas, no de esta. Y con X-Men: Primera generación se produce otra incongruencia, esta también inesperada: Xavier calvo y sin silla de ruedas.

Las escenas de acción son demasiado aparatosas, demasiado exageradas, pero a la hora de dar ritmo y vidilla a la narración no van mal encaminadas. El problema es que no están resueltas con profesionalidad, quedando algo cutres a veces. Los efectos especiales, incluso en secuencias que no son de acción (la aparición de Xavier), no dan la talla como superproducción: parece que la mitad de la película está rodada en una cochera con pantallas verdes, y los fondos falsos se notan demasiado, el color, la textura y la integración fallan a veces estrepitosamente. La realización de Gavin Hood no es muy llamativa, y de hecho, en las escenas complejas se ve falto de experiencia y recursos: deja casi todo al ordenador, y este no funciona. Es una pena que no se saque partido de un presupuesto que sin duda debería haber dado algo bastante más espectacular.

Si en conjunto se salva es porque el ritmo no llega a decaer a pesar de no ser una montaña rusa, los actores son muy competentes (en especial la pareja protagonista, Hugh Jackman y Liev Schrieber) y la idea de central es atractiva aunque no llegue a dar nada digno de recordar.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
-> X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix oscura (2019)
X-Men: Los nuevos mutantes (2020)

Moon


Moon, 2009, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, suspense.
Duración: 97 min.
Dirección: Duncan Jones.
Guion: Nathan Parker, Duncan Jones.
Actores: Sam Rockwell, Kevin Spacey.
Música: Clint Mansell.

Valoración:
Lo mejor: Guion, dirección, interpretación (genial Sam Rockwell), música, aspecto visual (efectos especiales, decorados, fotografía…).
Lo peor: Lo de siempre: que al ser ciencia-ficción no se hablara de ella, cuando fue una de las mejores del año 2009.

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Moon quizá no se recuerde como un clásico de la ciencia-ficción, pero es un soplo de aire fresco tanto en el género, bastante apagado en los últimos años, como en el cine en general, falto de películas arriesgadas e inteligentes. Es una obra en la que se observa con agrado que han puesto amor por el arte y ganas de hacer las cosas bien.

El guion cuida muchísimo la descripción los personajes y su forma de enfrentarse a una situación tan confusa y delicada, retratando el conflicto interno de los mismos de forma magistral. La narración mantiene un ritmo pausado pero expectante donde te ofrecen la información justa en el momento justo, destacando algunos instantes como el descubrimiento del asunto y los primeros roces entre personajes, la breve pero concisa llamada o ese final en el que muchos autores hubieran añadido más de lo necesario. Qué difícil me es describir algunos de sus grandes aciertos sin desvelar nada, pero no quiero hacerlo, pues es un visionado para disfrutar yendo en blanco.

Si eres un espectador curtido en la ciencia-ficción, sea en el formato que sea, quizás las sorpresas principales no te resulten impresionantes o incluso las veas venir de antemano, de hecho incluso el desenlace puede ser intuido a partir de cierto momento. Pero eso no significa que la historia sea simple y fácil de prever, pues en realidad es una película en la que se disfruta pensando, formando teorías y viendo cuales finalmente se suceden y cuales no. ¿Cuándo fue la última vez que saliste de una proyección repasando ideas, rumiando detalles, sonriendo satisfecho por la originalidad y madurez de la propuesta?

El actor principal (y prácticamente el único), un entonces bastante desconocido Sam Rockwell, confecciona una de las interpretaciones más memorables de los últimos años. Su soledad, sus temores, sus achaques, su incomprensión de la situación a la que se enfrenta… El papel es de los que no se olvida. Y la puesta en escena es de primera calidad, destacando una fotografía excelente, una banda sonora puntual pero acertadísima cuando aparece y la apuesta por lo tradicional, es decir, decorados bien detallados y la nula utilización de lo digital (las maquetas cumplen a la perfección).

Moon es un conjunto equilibradísimo de buenas ideas y acierto tanto al plasmarlas en papel como al llevarlas a imágenes. Es una lección de cine hecha con cinco míseros millones de dólares. Y por supuesto, al ser ciencia-ficción solo tuvo reconocimiento en festivales menores, siendo automáticamente descartada por los nefastos Oscar (quienes prefieren aclamar tonterías como En tierra hostil en vez de maravillas como esta). Por último debo indicar que es la ópera prima de Duncan Jones, así que ya tenemos otro autor de calidad a quien seguir la pista con entusiasmo.

La carretera


The Road, 2009, EE.UU.
Género: Drama, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: John Hillcoat.
Guion: Joe Penhall, Cormac McCarthy (novela).
Actores: Viggo Mortensen, Kodi Smit-McPhee, Robert Duvall, Charlize Theron, Guy Pearce, Molly Parker, Michael K. Williams, Garret Dillahunt.
Música: Nick Cave, Warren Ellis.

Valoración:
Lo mejor: Todo.
Lo peor: Que haya sido injustamente olvidada.
Mejores momentos: La estancia en la casa donde se esconden caníbales, la huida en el bosque donde los árboles muertos caen, cuando les roban las ropas… muchísimos.

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La carretera es la mejor adaptación cinematográfica de una novela que he visto, totalmente fiel en todos los aspectos posibles, tanto en el argumento como en el estilo, tanto en la obtención del ambiente relatado como en las sensaciones que transmite. Incluso me atrevería a decir que gana a la novela en su capacidad para calar de lleno en el espectador, pues al trasladar a imágenes el texto de forma tan dedicada y delicada se obtiene muchísima más fuerza que con palabras, por elaboradas y acertadas que sean estas.

La historia es en apariencia bastante sencilla, pues versa sobre la supervivencia de un padre y su hijo en un mundo post-apocalíptico donde los pocos humanos sobrevivientes se han convertido en peores enemigos de sí mismos que las dificultades habituales de una situación catastrófica (escasez de agua y comida, clima mortífero…). Pero el guin (Joe Penhall), captando magistralmente la esencia de la obra de Cormac McCarthy, no se limita a mostrar las miserias de esta aventura tortuosa, sino que se introduce de lleno en la mente humana para constatar todo el miedo, el sufrimiento, la añoranza y el tormento que causa a los que han tenido más la desgracia que la suerte de aguantar con vida. Muchas veces se han retratado mundos post-apocalípticos de muy diversa índole, pero siempre limitándose a aventuras y dramas de supervivencia, nunca centrándose tanto en los pensamientos y sentimientos, en el daño psicológico que arrastrarían los seres humanos. Así, La carretera es terriblemente deprimente, desesperanzadora, funesta.

El reparto prácticamente se limita a la pareja protagonista, donde el joven Kodi Smit-McPhee cumple bastante bien a pesar de su juventud e inexperiencia y donde Viggo Mortensen demuestra que cada vez es un actor más maduro y que su conocida habilidad para meterse en sus personajes ya no se limita al aspecto físico, sino también al interpretativo. Sin embargo las brevísimas apariciones secundarias son también de gran importancia en el relato, y sus actores por tanto eran cruciales. Todos ellos están a la altura: Charlize Theron como madre incapaz de sobreponerse a las terribles circunstancias, Robert Duvall como anciano viajero que aporta de forma inquietante un toque de nostalgia, Michael K. Williams como uno de los muchos desafortunados que en su desesperación no respetan ninguna regla moral…

La realización es brillante en todos sus apartados. A pesar de contar con un presupuesto ridículo para lo estandarizado en el Hollywood actual (20-25 millones, que es en sí mismo el salario de algunos directores y actores) la cinta luce como si fuera de primer nivel, y la plasmación del mundo derruido e inerte está tan lograda que produce verdadera congoja y abatimiento. La dirección de John Hillcoat, la fotografía de Javier Aguirresarobe (gran uso de filtros), la muy adecuada música de Nick Cave y Warren Ellis (lenta y deprimente o terrorífica y desquiciante según corresponda) y el buen uso de efectos especiales y paisajes ofrecen un ritmo pausado pero intenso que atrapa en cada minuto, un tono oscuro y agónico que sumerge al espectador completamente en los hechos y le lleva a compartir con los protagonistas su desamparo y su dolor.

La carretera, tanto en su versión original en novela como en esta insuperable adaptación, es una historia tan gratificante por su soberbia confección y la facilidad que tiene para introducirnos en ella como demoledora por su crudeza y tenebrismo. Sin embargo, mientras una fue unánimemente aclamada y obtuvo un gran éxito, la otra ha pasado desapercibida y ha sido bastante ninguneada por los medios. ¿La diferencia? La novela de McCarthy contó con un desmedido apoyo por parte de su gremio, siéndole otorgados desde los adjetivos más grandilocuentes a los premios más tochos y prestigiosos (Pulitzer), pero en cambio la adaptación cinematográfica les pareció demasiado rara y poco vendible a los indigentes mentales que dirigen el estudio correspondiente (ni quiero saber cuál) y decidieron no publicitarla y ni siquiera estrenarla como es debido. La relegaron a pases de segunda en festivales olvidados, donde los pocos medios que asistieran a las proyecciones no tenían suficiente peso como para lanzarla a un merecido estrellato. Ni siquiera llegó a recuperar si escaso presupuesto. Como he comentado recientemente, la industria no se mueve por la calidad, sino por el interés. Da igual lo buenas que fuesen ambas, sin el apoyo correspondiente mueren en el limbo conocido como obra de culto. Está basada en una obra literaria de sobra conocida, tiene un par de actores de mucho tirón y calidad de sobra para atraer a bastante público adulto, pero se ve que les pareció demasiado atrevida (ciencia ficción oscura y adulta en el cine, ¡no por dios!) y no les importó lo más mínimo su destino. Para mí es sin duda la mejor película del año 2009.

Up


Up, 2009, EE.UU.
Género: Animación, drama, aventuras.
Duración: 96 min.
Dirección: Peter Docter, Bob Peterson.
Guion: Peter Docter, Bob Peterson, Thomas McCarthy.
Actores: Edward Asner, Christopher Plummer, Jordan Nagai, Bob Peterson, Delroy Lindo, Jerome Ranft.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Lo de siempre: guion, animación, imaginación, belleza de las imágenes…
Lo peor: Tiene altibajos y es irregular en estilo (pasa de drama lacrimógeno a comedia absurda en varias ocasiones).
Mejores momentos: El resumen de la vida de la pareja. El perro con la voz estropeada.
La frase: ¡Ardilla!

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De nuevo Pixar ofrece una aventurara familiar completísima, brillante en todos los aspectos posibles. Es enormemente hermosa y divertida, sus personajes son encantadores, el derroche de originalidad y la capacidad de fascinar no conocen límites, y los momentos conmovedores son tantos como los que exponen diversión más sencilla pero igualmente deliciosa. Ideas y momentos sublimes hay muchos: el peculiar caso que atañe al anciano protagonista (inspirado en un caso concreto, pero visto más de una vez en esta perturbada e irrespetuosa sociedad), su idea para el viaje, la aparición del gamusino, la de los perros (tronchante el aparato de hablar estropeado), los chistes que casi te hacen llorar de risa (el grito de “¡Ardilla!”, por ejemplo)… pero entre todos ellos destaca el tramo inicial, que es tan grande que incluso se me antoja excesivo para una obra de carácter tan distendido y destinada a todos los públicos como esta. Es muy realista, directo y duro, y la verdad es que aunque me impactó hasta el punto de humedecerme los ojos ni lo esperaba ni me encaja del todo en este tipo de película.

Ese problema se extiende a toda la cinta: le pesa una gran la sensación de irregularidad en ritmo y estilo. La narración pasa de drama lacrimógeno a comedia absurda, variando la intensidad y también el interés de forma chocante. Queda un poco extraño que en unos momentos parezca una cinta tan seria y en otros se vuelva hacia la animación más infantil, de hecho, la aparición de los perros parlantes y las exageradas escenas de acción han descolocado a más de uno. Otro ligero fallo es que tiene algún apunte un tanto previsible: la reaparición del explorador se ve venir desde muy lejos, y su aspecto de villano clásico es quizá demasiado simplón para lo que nos tienen acostumbrado estos autores. Y por extensión, el tramo final, con la confrontación en la guarida y dirigible del enemigo, tiene ritmo y muchos buenos momentos, pero le falta algo, le falta ese toque distintivo de Pixar, el que te hacer pensar que esto nunca lo he visto y es impresionante.

Como es habitual, hay que agradecer la magnífica labor de todos los implicados en la obtención de esta pequeña maravilla: escritores, directores, música (gran tema central y en general buena partitura de Michael Giacchino) y animadores principalmente. Aunque me pone de los nervios que la gente afirme con demasiada ligereza que cada nueva película de Pixar es la mejor y es perfecta aunque ni por asomo lo sea (hasta de Ratatouille y Los Increíbles se dijo, y son cintas menores), es un entusiasmo del que tampoco puedo quejarme mucho, porque el esfuerzo y el resultado que ofrece Pixar en comparación con cualquier otra compañía de Hollywood (la animación japonesa es otro cantar), en las que todo se hace para buscar fáciles y rápidos beneficios monetarios y por lo tanto se concatenan títulos comerciales de dudosísima calidad uno detrás de otro, es encomiable e inimitable. Valga como ejemplo que la propia Disney se quejó bastante de que el protagonista fuera un vejete, algo que no se puede vender tan bien en muñecos como algún monstruito o robot simpático, y a Pixar se la trajo floja, y el público respondió bien porque esta compañía de genios sabe unir como casi nadie el entretenimiento y la calidad sin ir a lo fácil, sin venderse a la taquilla, manteniéndose fieles a nuestros corazones.

Avatar


Avatar, 2009, EE.UU.
Género: Aventuras, ciencia-ficción.
Duración: 162 min. (cines), 178 min. (extended cut).
Dirección: James Cameron.
Guion: James Cameron.
Actores: Sam Worthington, Zoe Saldana, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Michelle Rodríguez, Giovanni Ribisi, Joel Moore, CCH Pounder, Wes Studi.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: La belleza de sus imágenes. Los efectos digitales, totalmente realistas. El 3D, que ofrece una nueva forma de ver el cine. La dirección de James Cameron, como siempre exquisita.
Lo peor: El guion, demasiado sencillo, típico y predecible, impide que sea una película sobresaliente. Y como siempre, el doblaje empobrece las interpretaciones.
Mejores momentos: El ataque contra el árbol, que aúna brutalidad, dolor, espectáculo y abrumadora belleza como nunca se ha visto. Las escenas en el bosque por la noche, hermosísimas.

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Avatar está diseñada para conmocionar, para epatar, para hipnotizar y dejar al público boquiabierto. No es solo el avance del 3D, que ayuda a sumergirse aún más en las imágenes, sino principalmente el nivel de los efectos especiales digitales, donde definitivamente se ha superado la barrera de la magia para pasar al realismo: ya no vemos criaturas más o menos bien hechas y las aceptamos porque es cine, porque es fantasía, sino que se ha alcanzado el realismo absoluto, la interacción total de lo digital con lo real. Sinceramente, pensaba que estábamos todavía como poco a un lustro de este paso, no esperaba que esta producción llegara a tanto. Sí, se han conseguido efectos digitales increíbles en el pasado, y no sólo en obras recientes: Gollum (El Señor de los Anillos, 2001) fue un gran aporte a la calidad de las texturas pero sobre todo a la interacción con el entorno real y más aún a la credibilidad de las expresiones (vamos, que fue un personaje totalmente creíble; y luego le siguió King Kong, también impresionante), pero aún así se notaba claramente que era un efecto visual, que su origen era el ordenador (de hecho en las versiones extendidas está mucho menos logrado que en las de cine, se ve que iban con prisas); pero bastante antes tuvimos Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993) y Dragonheart (Rob Cohen, 1996), que a pesar de su antigüedad ofrecieron efectos inmensamente superiores a muchísimas películas posteriores. Y con Avatar ocurrirá lo mismo que con esas obras que he citado, lo mismo que con las producciones más vistosas de James Cameron (Terminator 2 -1991-, Aliens -1986- y Titanic -1997-): pasarán muchos años hasta que alguien sea capaz de igualar esta hazaña, porque el esfuerzo monetario, personal y artístico que requiere pocos son capaces solamente de atreverse a igualar. En otras palabras, Cameron es un genio y Avatar es la hostia.

Volviendo a la película, decía que su aspecto visual está hecho para dejar al espectador completamente maravillado, para que se enamore de las imágenes. Y lo consigue con creces. La complejidad y calidad de los efectos digitales, las siempre sublimes labores Cameron en la dirección (es un brillante hacedor de espectáculos) y sobre todo el cuidadísimo diseño del mundo Pandora ofrecen unas imágenes de insólita y cautivadora belleza. Los bosques, sus criaturas, las hermosas plantas, las escenas nocturnas con la flora fluorescente, los grandes paisajes, el inmenso y sobrecogedor árbol (la escena del ataque al mismo… sin palabras)… Todo es precioso e impresionante hasta dejar al espectador sin aliento. Y aunque no lo parezca todo es digital, todo menos los actores humanos y unos pocos decorados de los interiores de la base. Sólo una queja menor se me ocurre, y es que me da la sensación de que los ojos de los Na’vi son demasiado grandes para sus cuencas oculares, y por lo tanto resulta un poco raro. Pero aún así son personajes visualmente perfectos: si no conociera su origen digital apostaría sin duda a que son actores bien maquillados.

Avatar es visualmente colosal, hermosa, cautivadora y todos los adjetivos que se te ocurran añadir, y sin embargo es un relato demasiado convencional, típico, predecible. Es la enésima versión de Pocahontas, otro Bailando con lobos (Kevin Costner, 1990), El último samurai (Edward Zwick, 2003) y La misión (Roland Joffé, 1986), un acercamiento muy simplón a la muy sobada historia de la destrucción de la naturaleza y las razas nativas por parte de los conquistadores y la industrialización. La narración se desarrolla por capítulos tan lógicos que resultan fríos, con personajes tan arquetipos que no llegan a calar completamente y que si se salvan es por la solvencia de sus actores. Pero también es cierto que momentos realmente negativos da muy pocos, prácticamente sólo la pelea final entre el héroe y el militar, donde la simpleza y previsibilidad sí alcanza cotas molestas y decepcionantes: la cinta se merecía un final de mayor empaque, no algo tan trillado. Por lo tanto, a pesar de su indescriptible poderío visual es una película que sabe a vista, en la que la épica y el amor no alcanzan niveles realmente impactantes. Además cabe citar que para una trama tan convencional no hacía falta tanto metraje: un visionado puede aguantarlo sin muchos problemas (aunque depende mucho del espectador), pero estoy seguro de que en posteriores se hará larga.

Un aspecto menor que he visto bastante comentado es que a mucha gente no le convence la conveniencia de que los Na’vi sean tan parecidos a los humanos en un planeta tan distinto (casi todas las criaturas son muy diferentes a las evolucionadas en nuestro mundo, de hecho muchas tienen seis miembros), pero me parece entendible y lógico, porque si fueran por ejemplo como los bichos de District 9 (Neill Blomkamp, 2009) no habría forma de creer que los protagonistas sintieran no sólo empatía hacia ellos, sino también amor, y el mensaje de respetar a las distintas razas inteligentes y sus culturas no se vería tan claro. Sin embargo, esto sí aumenta la sensación de que es un relato demasiado simple y facilón, de que no hacía falta montarse este complejo universo ficticio para este tipo de aventura y mensaje.

También quería citar algo que comentábamos en uno de los foros de cine en que participo: me parece acertada la comparación con Una nueva esperanza (George Lucas, 1977). En aquella se partía también de una premisa en principio bastante clásica (es una versión de la eterna lucha del Bien contra el Mal), pero el universo tenía vida propia, caracteres inolvidables, muchísimos buenos diálogos… En otras palabras, la capacidad de asombrar y maravillar no se limitaba solo a lo visual. Con Avatar no se alcanza ese equilibrio mágico, y por ello no llega a ser una película memorable.

En resumen, Avatar es una notable cinta de aventuras para toda la familia que gana muchísimos puntos por su fastuosa y bellísima puesta en escena. En cierta manera está al nivel de Titanic: sencilla y predecible, pero con un acabado insuperable y un espléndido sentido del espectáculo y del entretenimiento. Su argumento carece de la originalidad y calidad que tenían Aliens y las dos Terminator, del riesgo y del carácter innovador, y por ello solamente será recordada por sus avances tecnológicos y por ser un taquillazo comercial, no como un filme extraordinario.

Como anexo final indicar que por supuesto entiendo (y comparto) la pena que tienen muchos espectadores porque Cameron se arriesgara tan poco con el guion, porque con los medios que tenía a su disposición podría haber narrado cualquier cosa imaginable por la mente humana, porque podía habernos dejado boquiabiertos con alguna historia tan intensa, original y memorable como Abyss (1989), Terminator (la segunda, sobre todo) o Aliens, pero como indiqué en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Steven Spielberg, 2008), no hagamos caso a los fanáticos exaltados que la odian y atacan por no ser la obra maestra definitiva que esperaban. Los extremismos no son buenos, Avatar se debe disfrutar por lo que es, no por lo que se deseaba que hubiera sido.

Transformers: La venganza de los caídos


Transformers: Revenge of the Fallen , 2009, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 150 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Alex Kurtzman, Roberto Orci, Ehren Kruger.
Actores: Megan Fox, Shia LaBelouf, John Turturro, Josh Duhamel, Tyrese Gibson, Ramon Rodriguez, Kevin Dunn, Julie White.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Espectáculo inconmensurable. Efectos especiales y sonoros perfectos.
Lo peor: El guion es prácticamente inexistente y el humor infantil.
Mejores momentos: La batalla en el desierto, larguísima y alucinante.
Los planos: El del helicóptero sobre los protagonistas, y luego el helicóptero visto desde los protagonistas.
La traducción: “The Fallen” es “El Caído”, no los caídos como dice en el título.

* * * * * * * * *

Ni sorprende ni decepciona, es justamente lo que esperaba, una repetición de la primera entrega pero con sus elementos potenciados. Sí, podríamos quejarnos de que Michael Bay no sabe hacer una secuela sin arriesgarse a ir un poco más allá, y de que de nuevo carece de guion, pero, ¿de verdad alguien esperaba una gran historia y no únicamente un grandioso espectáculo?

Tiene por tanto prácticamente los mismos fallos y aciertos que su predecesora. La trama no es más que una excusa para lanzar la acción, aunque sí es cierto que un poco más de consistencia narrativa y profundidad se le podría exigir. A pesar de su buen ritmo y sus altas dosis de espectacularidad sus más de dos horas de metraje son excesivas. Hay pasajes que se podrían haber resumido o eliminado por completo, pues aportan más bien poco (especialmente inservible es el episodio en la universidad, sobre todo la parte de la madre drogada). Los diálogos son simples pero divertidos, aunque el humor es por lo general bastante estúpido y además pierde algo de fuelle con respecto a la primera entrega y se hace aún más pueril (demasiado chiste de testículos y patéticas apariciones de animales fornicando –como he dicho alguna vez, recurrir a animalitos para mí es lo más bajo que se puede caer en una comedia-). Y se vuelve a echar de menos una mayor dedicación a la personalidad de los robots, que sólo están ahí para zurrarse y soltar algún chiste (a este respecto, los gemelos son muy cargantes); ni el Caído ni Megatrón imponen como deberían, mientras que de los buenos sólo Optimus Prime posee diálogos que aporten algo.

En la puesta en escena Bay se muestra más comedido que otras veces, más centrado y dispuesto a buscar planos más coherentes y eficaces. Por supuesto que hay escenas donde parece masturbarse con el ejército, secuencias grabadas dando vueltas con la cámara que no se sabe muy bien a qué vienen y es descarada la búsqueda constante del rostro de Megan Fox (siempre perfectamente maquillada), pero por lo general ofrece un aspecto visual muy controlado donde maneja muy bien las numerosas dificultades que ofrece una producción de este tipo: constantes planos amplios y aéreos para mostrar el tamaño de los robots y sus acciones, algunas acertadas ralentizaciones para aclarar situaciones confusas, escenas de acción bastante claras donde la unión de efectos digitales y los escenarios elegidos es perfecta, etc.

El resultado es un producto palomitero sin pretensiones artísticas que va directo a tratar de divertir y deslumbrar con sus extraordinarias secuencias de acción: es una montaña rusa con momentos de indescriptible espectacularidad. Aparte del descomunal prólogo destacaría el largo y bien aprovechado tramo final, que se inicia con la aparición de John Turturro (de nuevo es el personaje más logrado) y alcanza su clímax en la batalla en el desierto, llena de innumerables escenas que mantienen el nivel de asombro constante: la llegada de numerosos enemigos, los bombardeos, la aparición de Devastator, la escalada a la pirámide, los constantes enfrentamientos entre robots… Hay por supuesto tropiezos de guion notables (ese súper cañón que no vuelve a aparecer) y la historia del Caído es sumamente previsible, pero qué más da, no hay necesidad de ofrecer un relato de gran complejidad, todo es acción sin límites. Huelga decir que los efectos especiales (tanto digitales como artesanales –explosiones bestiales-) y sonoros son cojonudos.

De nuevo la taquilla está siendo reventada y como respuesta previsible la tercera parte se ha puesto rápidamente en marcha. Habrá que ver si a Michael Bay le sale bien repetir la misma fórmula otra vez o si el desgaste que aquí se ve ligeramente en algunos instantes (en el guion, la puesta en escena incluso mejora) se acrecienta de forma peligrosa, es decir, veremos si pasa de ser un relato trivial pero espectacular a un bodrio ruidoso, pues estas dos entregas están en precario equilibrio sobre el abismo.

Serie Transformers:
Transformers (2007)
-> Transformers: La venganza de los caídos (2009)
Transformers: El lado osucro de la Luna (2011)
Transformers: La era de la extinción (2014)
Transformers: El último caballero (2017)