El Criticón

Opinión de cine y música

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El atlas de las nubes


Cloud Atlas, 2012, EE.UU.
Género: Drama, ciencia-ficción.
Duración: 172 min.
Dirección: Tom Tykwer, Lana Wachowski, Lilly Wachowski.
Guion: Tom Tykwer, Lana Wachowski, Lilly Wachowski, David Mitchell (novela).
Actores: Tom Hanks, Halle Berry, Jim Broadbent, Doona Bae, Ben Whisawh, Hugo Weaving, Jim Sturges, Keith David, James D’Arcy, David Gyasi, Susan Sarandon, Hugh Grant.
Música: Tom Tykwer, Reinhold Heil, Johnny Klimek.

Valoración:
Lo mejor: La puesta en escena es muy buena: dirección, efectos especiales, música y actores ofrecen un acabado llamativo y buen ritmo.
Lo peor: Un guion ambicioso pero fallido. Las historias ni conectan entre sí ni narran algo llamativo por sí solas, siendo más bien simplonas.

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Basándose en la novela homónima de David Mitchell (2004), la hermanas Wachowski y Tom Tykwer (dado a conocer con Corre, Lola, Corre -1998-) iniciaron la adaptación a pesar de que nadie creía que un libro tan largo y complicado pudiera trasladarse a la gran pantalla. Las Wachowski venían del batacazo de Speed Racer (2008), donde esperando repetir la buena racha de la trilogía de Matrix (1999, 2003) el estudio les dio libertad creativa y un montón enorme de dinero que dejó un buen agujero en sus arcas. Con ese panorama, el ambicioso proyecto que presentaron esta vez no fue aceptado por ninguna major, y acabaron mendigando de varias productoras europeas pequeñas, subvenciones del gobierno alemán y, cuando se acabaron los fondos, poniendo de su propio bolsillo. Se estima que costó 100 millones de dólares, aunque algunas fuentes lo elevan a 130, o sea, una buena superproducción. Recaudó en cines precisamente 130 millones, lo que significa que dio bastantes pérdidas, pues hay que contar distribución, publicidad, la ganancia de los cines… se estima que una película debe recaudar el doble de lo que cuesta para empezar a dar dinero.

Cabe pensar que la fama de las Wachowski (aunque por aquel entonces sólo Lana había salido del armario) y la publicidad gratis que se llevó por ser un filme tan peculiar movilizó a más gente de la que lo haría en condiciones normales: tres horas de ciencia-ficción rara no es algo muy vendible. La recepción crítica fue dispar, con gente amándola y odiándola a partes iguales. Pero, viendo el resultado, me sorprende que no se estrellara con contundencia y aún tenga firmes defensores. Su simpleza es exasperante después de tanto que alardea de ser algo grande y único, y su longitud desmedida. Como cinéfilo, no tengo problemas con que una obra sea lenta, rebuscada y tarde en cobrar sentido. Pero tras una hora de metraje y con otras dos por delante empiezas a dudar seriamente de que tanta exposición de vivencias personales sin un nexo común vaya a alguna parte. Si seguí adelante fue por su imponente aspecto visual.

Aparte de escribir el guion, las Wachowski y Tykwer se repartieron las labores de dirección. No es un hecho insólito, pues es habitual que en superproducciones haya varios equipos en marcha, pero por lo general a “la segunda unidad” se la infravalora, se le otorga a un don nadie como director, normalmente al encargado de planificar las escenas de acción, y no se le da mucho crédito. Pero aquí estaban los tres realizadores al mismo nivel. Habiendo seis historias parece fácil repartirse el trabajo, pero en realidad es lo contrario. Hay muchos factores en juego para mantener el mismo estilo narrativo, y más teniendo en cuenta las distintas épocas y ambientaciones. Y el lío en la sala de montaje tuvo que ser arduo también. Pero parece que la dificultad más grande fue la financiación, que estuvo a punto de dejar la película a medias en varias ocasiones. También costaría colar la duración de 170 minutos a las distribuidoras, teniendo en cuenta que implica reducir las sesiones en los cines.

El resultado es digno de elogio, pues la puesta en escena es notable y el ritmo ágil. Las historias entran muy bien por los ojos y se siguen sin que pierdas el hilo (aunque su falta de complejidad desde luego ayuda) a pesar de los saltos entre épocas, de las numerosas escenas muy breves, de las partes de acción interrumpidas para ir a otras más introspectivas…

La fotografía, repartida entre el gran John Toll (Braveheart -1995-, La delgada línea roja -1998-, El último samurai -2003-) y el alemán Frank Griebe, se adapta a cada entorno permitiendo al espectador una inmersión total en cada ambiente, y nos regalan algunos planos bastante bellos, sobre todo en los espectaculares escenarios naturales. Los efectos especiales son de primer orden. El vestuario y el maquillaje son magníficos, con mención especial para los actores que encarnan individuos de distintas razas de forma muy verosímil (de anglosajón a asiático, de afroamericano a anglosajón…). El entusiasmo del notorio repertorio de actores elegidos es contagioso, y muy meritorio, porque interpretan a distintos roles en cada línea temporal. Y la banda sonora de Tom Tykwer y sus colaboradores habituales, Reinhold Heil y Johnny Klimek, es muy versátil y con temas muy hermosos. Sí, el director también suele ser compositor en sus películas, por ejemplo, El perfume, historia de un asesino; se hacen llamar Pale 3.

Pero a mitad de la proyección creo que ya es momento de asumir que estamos ante una tomadora de pelo o un experimento fallido. Aunque sean relatos más o menos amenos por sí solos, su trascendencia y profundidad son nulas y la conexión entre ellos inexistente, así que estás viendo varias películas simplonas mezcladas en una. Sólo queda desear que si se combinan hacia el final adquieran nuevos significados, pero desde luego no apunta a ello.

En los años setenta, un complot trata de hacer que una central nuclear falle; la intriga carece garra de los thrillers de la época, ni remonta cuando meten con calzador escenas de acción. En el presente (2012), un anciano editor con problemas de dinero acaba metido por la fuerza en un asilo y tiene unas aventuras tragicómicas totalmente irrelevantes pero aliñadas con una voz en off cansina. Una distopía futurista (en 2144 en Neo Seúl) definida a cuatro brochazos pasa por todos los clichés del género sin ahondar en nada. Un músico no consigue triunfar en 1936, y encima es homosexual, así que el pobre lo pasa mal. Un terrateniente estadounidense en 1849 viaja en barco, topándose con un esclavo fugado mientras un doctor hace más mal que bien cuando se pone enfermo. En un mundo postapocalíptico (2321) unos humanos sobreviven de la tierra y otros, escondidos con los restos de la antigua tecnología, pero tendrán que aprender a convivir juntos.

No he leído la novela, pero por lo que se comenta, la conexión entre las historias es más fluida y sustanciosa y se supone que sí generan en su conjunto un plano narrativo superior. Al parecer, cada relato va influyendo en los protagonistas del siguiente, y los finales se retroalimentan cobrando un sentido global. En la cinta no hay conexión sólida, sólo detalles menores sin significado detrás (algún recuerdo fugaz que comparten distintos personajes, destacando la música del compositor) y cada sección acaba a su manera sin tener interacción alguna. Lo único en común es un tono de buen rollo y amor a lo new age, que resulta demasiado mascadito y cursi y no deja lugar a la reflexión, salvo un poco en la distopía, y no es que sea original.

Viendo la trayectoria de sus autores y sus intenciones, descarto la idea de tomadura de pelo y El atlas de las nubes queda como un experimento fallido. Pero aun con el sabor a decepción tengo que agradecer la valentía y el esfuerzo por haberlo intentado. Si no fuera por esa actitud nos habríamos perdidos muchas obras maestras, empezando por la propia Matrix. Es más, sin duda esta aventura inspiró a las Wachowski para la serie Sense8 (2015), otra obra de concepción revolucionaria que no acabó bien, aunque en su primera temporada se vio hasta dónde podía llegar su enorme potencial.

Alerta de spoilers: Describo y analizo a fondo cada final.–

Como señalaba, la fallida lucha contra el sistema opresor de la sección de Neo Seúl es la única con algo de enjundia: acaba mal para la protagonista pero se amaga con que ha sembrado la semilla para el cambio. Pero la historia en sí es tan pobre y artificial (mucho efecto especial pero poco contenido) que no me convenció. La única que me gusta realmente es la del músico, la mejor desarrollada en cuanto a trasfondo histórico y evolución del personaje, con lo que consigue ser la más natural y emotiva. El resto es un quiero y no puedo, en alguna acercándose peligrosamente hacia la vergüenza ajena. El abuelete escapando de un asilo y reencontrándose con un amor de la juventud resulta un final bien tontorrón para un relato sin pies ni cabeza. El noble estadounidense se pasa al lado del abolicionismo de la esclavitud tras su experiencia, pero resulta todo tan superficial que no impacta lo más mínimo, siendo una parte por momentos aburrida. El thriller setentero acaba de la forma más predecible tras un par de tiroteos donde ni siquiera parecen tomárselo del todo en serio, con ese chiste salido de madre con el perro. El colmo es la del futuro apocalíptico, donde en el desenlace los protagonistas envían una señal de auxilio y esperan que los salven unos supuestos humanos que se fueron al espacio, con lo que todo queda igual que como se había presentado esta sección, vivir rezando y esperando una salvación milagrosa; por otro lado, no llega a explicarse la naturaleza de ese ridículo personajillo que interpreta Hugo Weaving en esta parte.

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Sinister


Sinister, 2012, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 110 min.
Dirección: Scott Derrickson.
Guion: Scott Derrickson, C. Robert Cargill.
Actores: Ethan Hawke, Juliet Rylance, James Ransone, Fred Dalton Thompson, Michael Hall D’Addario, Clare Foley.
Música: Christopher Young.

Valoración:
Lo mejor: El protagonista engancha con su historia, el thriller psicológico funciona.
Lo peor: La parte de terror y el clímax final se quedan muy cortos.

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Sinister (siniestro) es otra de misterio y terror que tuvo buena acogida en los últimos años y que he terminado viendo en esta especie de ciclo que improvisé tras las buenas sensaciones que me dejó La bruja y el interés que me despertaba la llegada de la secuela de The Conjuring (El caso Enfield), una de las pocas películas que realmente me ha dado miedo. En el proceso he encontrado buenos hallazgos, como Babadook, y algún fiasco, como It Follows. En cuanto a la presente, se queda más bien en tierra de nadie…

Un escritor se aferra al único éxito que tuvo, la novela sobre un crimen real espantoso, y trata de repetir la jugada siguiendo otros casos y arrastrando a su familia a nuevos hogares, donde los hijos sufren diversas consecuencias: las situaciones donde se mezcla el drama y lo sórdido, los vecinos que no ven con buenos ojos su presencia… Esta vez la cosa parece ir a peor, porque el tesón del protagonista se convierte en una obsesión que va minando la ya de por sí inestable dinámica familiar. El drama que viven resulta sólido, verosímil, aunque no sea especialmente novedoso, y se ve realzado por la correcta caída al infierno del padre de familia, que nos lleva de la mano hacia un correcto thriller psicológico.

Pero cuando llegamos a los momentos cumbre, cuando parece que va a despuntar el terror más puro, la cinta se frena casi en seco, pues a su guionista y director Scott Derrickson se le agotan las ideas y los clichés absorben la narración. Una vez terminado de presentar el misterio resulta que no es tan acongojante como se prometía. El asesino en serie estrafalario, enmascarado y con un toque fantasmagórico no inquieta mucho por más rebuscados que sean los asesinatos, y el realizador parece ser consciente de ello, pues lo intenta enmascarar con trucos baratos: los sustos sonoros forzados se confunden con una banda sonora histriónica (Christopher Young tiene mejores composiciones de terror), las esquemáticas visiones de niños por la casa no causan inquietud alguna, y hay algún giro un tanto tramposo (lo del hijo sonámbulo en la caja resulta muy exagerado). Cabe recalcar el abuso de los efectos sonoros: una figura borrosa que aparece de fondo ha de ser sutil, si metes un golpe de sonido contundente da la sensación de que quieres señalar algo en primer plano, y también de que no confías en la atmósfera sugerente que deberías estar generando. En El exorcismo de Emily Rose se le criticaba el abuso de este recurso tan pobre, con lo que se me han quitado las ganas de verla.

De esta forma se va diluyendo la intriga inicial y el relato se dirige hacia un camino demasiado predecible y falto de garra, teniendo un clímax final bastante pobre. Por suerte, la solidez del rol central mantiene cierto interés por inercia, así que la caída no llega a ser desastrosa y en conjunto Sinister, aunque no cause gran impacto, resulta un entretenimiento ligero e intrascendente con el que pasar el rato. La secuela tiene peores críticas, así que no me llama la atención.

Prometheus


Prometheus, 2012, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 124 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Damon Lindelof sobre el original de Jon Spaihts.
Actores: Noomi Rapace, Michael Fassbender, Charlize Theron, Idris Elba, Logan Marshall-Green, Sean Harris, Rafe Spall, Emun Elliott, Benedict Wong, Kate Dickie, Guy Pearce.
Música: Marc Streitenfeld.

Valoración:
Lo mejor: El aspecto audiovisual corta la respiración: dirección, fotografía, música, dirección artística, decorados, vestuario y efectos especiales son de gran nivel.
Lo peor: El guion es infame, ofreciendo un relato previsible y bastante falto de garra, pero sobre todo lleno de agujeros que se acumulan haciendo que tramas y personajes pierdan toda coherencia y verosimilitud. Los tráileres, que te reventaban toda la película.
La pregunta: ¿Por qué para mostrar a un anciano cogen a un actor joven y lo maquillan?

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Alerta de spoilers: la comento bastante a fondo, pero también es cierto que los tráileres te lo contaban todo.–

Parece que Ridley Scott tenía claro qué quería rodar en este inicio de una nueva serie basada en su obra magna Alien (1979), pero en la guerra de despachos habitual de Hollywood el proyecto fue desinflándose. O eso quiero creer, para exonerarlo de los infinitos errores del desastroso resultado. Meses de trabajo con el equipo artístico iban preparando el salto a imagen real del guion firmado por Jon Spaiths, pero, a punto de empezar a rodar, el estudio, 20th Century Fox, cambió de idea sobre el proyecto y exigió que se alejara mucho más de la saga madre, eliminando a los alienígenas de la historia. Fue impuesto Damon Lindelof para reescritir el libreto y Scott filmó cambiando sobre la marcha ideas y escenas varias, lo que indicaba que no encontraba el tono tras las injerencias. La cinta resultante ofrece una odisea científica mezclada con una reflexión religioso-filosófica, todo ello adornado con un poco de intriga y acción, pero la combinación hace aguas por todas partes porque el guion es muy flojo, tirando a esperpéntico. El tratamiento que se hace de la ciencia resulta ridículo, los pensamientos religiosos son primarios, casi infantiles, y la narración es un coladero de inconsistencias. Y no estamos hablando de un par de agujeros de guion y algún detalle cuestionable, sino de que los hay por decenas, y la trama y los personajes terminan atascados en ellos sin llegar a formar un relato coherente.

En el tramo inicial tenemos una aventura de exploración espacial que debería cautivar con la atracción por lo desconocido y por las cuestiones que abren los sorprendentes hallazgos, pero apenas consigue despertar el interés al avanzar con más problemas que aciertos. Las flojas pretensiones filosóficas sobre nuestros orígenes y el sentido de la vida se inclinan torpemente hacia el creacionismo y la fe, la historia que se nos presenta resulta difusa y no parece tener objetivos claros y el ritmo es algo soso. Es decir, ninguna escena o planteamiento causa impresión suficiente como para sumergirte con interés en la película. La simpleza de la perspectiva creacionista de hecho es mosqueante. Para empezar, ¿por qué el haber sido diseñado por una especie alienígena significa de repente tener respuesta a todos los misterios de la vida y la fe? No, es echar balones fuera. Lo único prometedor serían las motivaciones de estos seres, los ingenieros, pero me temo que su presencia es puro artificio y no llega a narrarse nada concreto con ellos después de tanta expectación.

Para empeorar la situación, es difícil establecer conexión con un grupo de personajes tan poco sustancioso, donde los que destacan apenas se mantienen en pie con un dibujo bastante pobre. Shaw (Noomi Rapace) y David (Michael Fassbender) son los dos más relevantes, y van algo justos. Ella de hecho empieza fatal, como una niña mimada que no entiende el mundo pero va de listilla. ¿Esa mente tan cerrada dirige una misión científica tan importante? Al menos Rapace es buena actriz, con lo que, cuando las cosas se ponen feas y lucha por sobrevivir, sus esfuerzos y penurias se transmiten bien al espectador; pero es una lástima que su viaje interior sea tan pobre, quedando a años luz de la gran Ripley, que sólo en Alien, incluso empezando casi como secundaria, mostraba muchas más enjundia. David es bastante intrigante, y más sabiendo que los androides de la serie siempre guardan sorpresas; pronto se sugiere una agenda oculta y gana en atractivo, aunque al final veremos que tampoco lleva a nada jugoso, y si se sostiene es porque Fassbender también llena la pantalla con su carisma nato, lo que le da algo más de empaque. Ningún interés despierta el rol de Charlize Theron, Vickers, cuyo tono críptico resulta cargante, deambula de acá para allá sin que quede claro qué pinta ahí, e igualmente termina sin haber ido a ninguna parte. Y el resto del panorama es desalentador, porque todos los secundarios tienen unas presentaciones bastante torpes: diálogos acartonados y situaciones un tanto forzadas no dejan entrever ninguna personalidad llamativa; también me pregunto cómo aceptaron un trabajo que no les iban a explicar hasta llegar al destino y se embarcaron en la nave y metieron en estasis sin presentarse entre ellos si quiera. El capitán es el único con potencial, pero tampoco se configura una personalidad clara, y es otro que funciona únicamente por el tirón de su intérprete, Idris Elba. El peor de todos es quien parecía otro protagonista principal, el novio de Shaw, Charlie. No se termina de ubicarlo en un puesto y en una línea argumental concreta, de hecho ni parece aportar nada al viaje emocional de Shaw, y al final es engullido por uno de los giros más malogrados; y Logan Marshall-Green se queda corto ante un reparto bastante llamativo: no deja huella alguna, en cuanto sale de la escena te olvidas de que estaba ahí.

Conforme nos introducimos en el arco central, la situación expuesta acaba pareciendo una comedia involuntaria, porque lo poco que ofrecen los personajes queda diluido por completo en el sinsentido en que desbarra la trama. Es imposible mantener la intriga por lo que encontraremos en el planeta, su significado y su impacto en las vidas de los protagonistas, con un tratamiento tan torpe e irreal de la perspectiva científica, que los convierte a todos en estúpidos. Las cosas cogidas por los pelos, los comportamientos inadecuados y los agujeros de guion se amontonan hasta provocar una avalancha.

Resulta que a la misión científica más importante de la historia de la humanidad no sólo le encasquetan unos fanáticos religiosos como líderes, sino que todo el equipo elegido está lleno de incompetentes de un nivel asombroso. Llegamos a la luna objetivo (con la nave siempre en combustión plena cuando debería estar frenando) y… ¿qué hace este gran equipo de científicos? Empezar el aterrizaje a lo bruto. Sin sondas que analicen la atmósfera, el clima y los terrenos adecuados para posarse. Y aun con esas se topan con una estructura alienígena por pura suerte y aparcan ahí. “Dios no construye en líneas rectas” es la gran deducción científica que hacen. Pues oye, lo mismo resulta que detrás de las montañas hay una ciudad, y más allá otra, y otra… Quién sabe, han ido a un sitio aleatoriamente sin comprobar nada más.

Una vez allí siguen olvidándose de la ciencia. Van corriendo a meterse en la estructura, a abrir y tocarlo todo sin una investigación previa que evite contaminación y riesgo personal, porque están tan entusiasmados que ningún protocolo importa. Todo botón, resto y sustancia es manoseado sin miramientos (imagina que activan sin querer un sistema de defensa…). Se quitan los cascos sólo porque detectan una buena combinación de oxígeno, sin que parezca importarles el riesgo biológico en ninguno de los dos sentidos: que se contagien algo o que estropeen los hallazgos con bacterias de la Tierra. Que lo haga Charlie, que como bien dice “soy creyente” y está claro que lo único que quiere es encontrar un viejo sabio que le diga de dónde venimos, adónde vamos y si hay vida después de la muerte, pues podría valer, sólo lo dejaría como majadero a él. Pero lo triste es que los demás lo imitan, incluso los que se reían de su exceso de fe. Con esa actitud no sorprende que accedan a cámaras sin comprobar su atmósfera, alterando lo que hay en su interior, o que se lleven los restos de un alienígena en una mísera bolsa y se paseen con ella por su nave, que por cierto ni siquiera parece tener secciones aisladas para este tipo de trabajos.

Pero sigue decayendo la cosa, porque se dedican a experimentar con ese primer hallazgo de vida extraterrestre a lo bestia: sin trajes aislantes, con unas simples mascarillas que incluso se quitan, pinchando y dando calambrazos… ¡Cuando han destruido la cabeza con sus manazas es cuando deciden tomar muestras! Por si no fuera bastante, ante todos estos descubrimientos Charlie se deprime. ¡No están vivos y no tenemos las respuestas religiosas que quería! Pues no sé, si no te interesa su biología, tecnología y cultura (¿¿pero no eras científico??), estudia sus escritos y sus diarios a ver si ahí te dicen por qué se aburrían y alteraron la evolución de las especies en nuestro planeta; y mira más allá, pues como decía lo mismo hay ciudades enteras. Llegamos al punto de tener bobadas de un calibre verdaderamente risible, como que se pierdan dos miembros a pesar de toda la tecnología que llevan, de hecho incluso transmiten sus coordenadas un momento más tarde. Uno es un geólogo que se asusta de un espécimen fosilizado, diciendo “a mí me gustan las rocas, me piro a la nave” (cosa que hace a gritos sin venir a cuento), y el otro es precisamente un biólogo, al que tampoco parece interesarle el mayor hallazgo del siglo en su materia. Luego esos dos, aburridos de dar vueltas, vuelven al lugar que tanto temían y se ponen a jugar con una serpiente o gusano gigante…

El tercer acto se lanza con la misma torpeza, dejando cada vez más y más cuestiones abiertas, avanzando a trompicones en ninguna dirección concreta. Al final no sabes qué te han querido contar, no te han dado respuesta a ninguno de los planteamientos iniciados, las decisiones de los personajes no se entienden… David probando a infectar con todo lo que encuentra a los demás tripulantes: ¿qué trata de lograr con ello, por qué lo hace sin pruebas controladas ni seguimiento? A Charlie le sale un gusano alienígena en el ojo y no hace nada, se calla cual niño que ha robado una galleta. Nos presentaron un equipo de seguridad con armas que parecía que acompañaba a los científicos, pero por alguna razón desaparecen. Así pues, a la misión de rescatar a los tontos de la serpiente tienen que ir los pobres pilotos. Y por supuesto van sin médico, que parece darles igual si hay algún herido, y luego vuelven a la nave con un tipo infectado sin practicar control biológico alguno, así que Vickers, en su única aportación tangible, intenta evitar que entren, porque los encargados de la seguridad siguen desaparecidos (y flipante ver a gente curioseando por detrás como si no estuvieran implicados en la misión). Pero da igual, al final entran, y una vez se han pateado media nave es cuando empiezan a pensar que quizá habría que hacer pruebas de sangre. ¿De sangre? ¿No habría que hacer una limpieza general, buscar contaminación en la piel, el pelo, la ropa, los pasillos…? Luego uno de los muertos que dejaron atrás se convierte en zombi y ataca… Ahora aparece el equipo de seguridad, pero son tan patanes que de nuevo tienen que implicarse los pilotos; por cierto, no mueren todos estos inútiles, al menos tres cogen un vehículo y se largan, y nunca más se supo de ellos; ¡ahí tienes para otra secuela, Scott! En la operación de Shaw, no sé por qué grita y se pincha si la máquina dice que ha sido anestesiada; y atención a cómo el cacharro cierra la herida sin limpiar los restos orgánicos del interior, ¡qué eficiente! Lo de que luego se vaya corriendo sin más y nadie se cuestione por qué aparece toda ensangrentada y hecha polvo es lo de menos ante tanto desatino.

Pero hay más… Al morir un tripulante por una infección desconocida, Shaw deduce sin más que los alienígenas quieren matar a los humanos. El capitán no se queda atrás: ve al otro infectado (Fifield, el que vuelve en modo Walking Dead) y deduce definitivamente que… ¡es una instalación de guerra bacteriológica! ¿No podría ser una bodega de vino extraterrestre? Y todas las calamidades que os han ocurrido, ¿no podrían deberse a andar enredando con sustancias desconocidas sin medidas de seguridad? De haber sido un equipo competente nada les habría pasado, y antes de haber despertado al ingeniero habrían investigado bien su naturaleza y los archivos de la nave para determinar sus intenciones. El alienígena tampoco parece muy listo. Se despierta solo y no se para a analizar la situación, como qué hacen esos humanos ahí o si siguen estando presente los peligros que acabaron con sus compañeros, su único objetivo es ir a la Tierra a destruir al hombre, ese que tanto parece que les costó crear. Vickers corriendo en línea recta cuando le bastaba dar un paso a un lado es ya un momento legendario del cine cutre. ¿Por qué los otros dos pilotos están contentos por suicidarse cuando tienen una opción de vivir más tiempo?; y a pesar de la aceleración impresionante, el capitán aguanta de pie como un campeón. David le dice a Shaw que el ingeniero va a por ella: ¿cómo sabe que está viva y dónde se encuentra, cómo intuye tan fácilmente adónde va el enemigo y cuál es su plan? Shaw llega con treinta segundos de oxígeno en el traje, cierra la cámara estanca y la llena de oxígeno… ¡pero olvida quitarse el casco!, ¡y aun así sigue viva! Me pregunto cómo crece tanto el pulpo ese sin alimentarse de nada. Finalmente resulta que hay más naves: ¿qué otras cosas habrá en ellas y más allá?, ¿seguro que no queda ningún otro ingeniero vivo?… En resumen, ¿por qué despegan antes de dar un buen repaso a la zona? ¿Y tampoco se les ocurre avisar a la Tierra o incluso llevarle esta tecnología para que la estudien y le saquen partido en defensa de la amenaza? Nooo, vamos a su planeta a agitar el avispero, que parece más sensato. Vale, quizá resulta que este era un grupo rebelde y en su planeta son todos súper majos, o lo mismo están todos extintos ya, pero no es inteligente arriesgarse sin pruebas ni un buen plan.

Y como señalaba, resulta que las incógnitas que funcionan como base de la trama no se explican o, en caso de que quisieran dejarlas en el aire, no se hace bien y quedan confusas. ¿Por qué deduce Shaw que somos creados por ellos, y no lo que indica la lógica más simple, visitados sin más? ¿Para qué hay un mapa-invitación a una base militar indudablemente secreta? ¿Qué pretenden atrayendo a los humanos cuando precisamente el plan es ir a la Tierra a destruirlos? Quizá podríamos pensar que es una mala interpretación de los personajes, pero entonces cabe señalar la torpeza de los ingenieros dejando pistas como para que tribus poco avanzadas elaboraran un mapa de su escondite. El propósito de influir en la evolución tampoco parece muy lógico, al menos sin explicaciones detrás. ¿Nos han fabricado sólo para exterminarnos luego? ¿Cuántos millones de años se tiran controlando la evolución de las especies, cuánto influyen en la aparición del ser humano? Porque está claro que vuelven de vez en cuando, y por alguna razón incluso manteniendo contacto con nuestros ancestros. Menudo trabajito. ¿Son inmortales o es que se pasan eras en estasis? Pero hay infinidad de cuestiones menores que también contribuyen a la confusión. ¿De qué huyen y mueren los habitantes de la nave y por qué se refugian precisamente en una habitación llena la peligrosa sustancia negra? ¿Por qué esa sustancia actúa aleatoriamente, es decir, por qué crean algo tan incontrolable? ¿Por qué las lombrices no fueron afectadas en dos mil años? Aquí supongo que podríamos decir que la sala se activa al entrar ellos. ¿Qué es la vaina verde que tiene un lugar prominente en la sala pero no parece llamarles la atención? ¿Por qué hay representaciones del conocido alien en los murales si el que aparece al final es producto del azar?; y ya me diréis qué aporta ahora este bicho, si la cinta ha terminado y el plan argumental anunciado es que las secuelas se irían a otros mundos.

Entre todo este caos, la esperada evolución de los protagonistas no llega a hacer acto de presencia. ¿Qué han aprendido, qué respuestas a sus cuestiones personales han obtenido? Salvo que hay peligro y deben correr, no hay más cambio en ellos. Shaw ahora decide ir en busca del planeta de los ingenieros tras las dichosas respuestas, porque esto de la fe es un ciclo sin fin. Luego se preguntará quién los creó a ellos, y así sucesivamente. Aunque deba aliarse con Shaw para sobrevivir, no se explica por qué David al final es súper atento y simpático. Tampoco se matiza si ha aprendido algo sobre la humanidad, la vida y la muerte. Ya he comentado el incomprensible entusiasmo de los pilotos por suicidarse. Vickers ni con la aparición de Weyland toma una forma concreta: ¿toda su pose distante y fría se debe a que su padre, que le ha dado dinero y posibilidades infinitas, pasa un poco de ella en lo emocional? La aparición del millonario buscando respuestas e inmortalidad no es una gran sorpresa, pero dada la trama y viéndose claramente que era un actor joven maquillado (Guy Pearce) cabía esperar un final muy distinto, y eso de que exija atención al ingeniero en plan pataleta para luego acabar muerto, pues corta el rollo bastante.

No sé cómo Damon Lindelof se sorprende de que sea tan odiado por los fans de la ciencia-ficción, pues se ven en todo momento sus vicios, esos que acabaron con Perdidos (2004) pasando de ser una serie que generaba admiración a ser odiada: crear misterios al tuntún y luego no saber encajarlos en la trama global y menos aún darles respuesta, y destrozar personajes sumergiéndolos en esas tramas sin sentido. Pero lo peor y más difícil de perdonar es que fuera aceptado sin que en el estudio vieran que era un coladero inestable y no daba la talla como capítulo inicial de una saga destinada a ser secuela de otra muy admirada. El trabajo de Jon Spaiths se filtró y ha habido varios que lo han leído y analizado: este artículo por ejemplo es muy descriptivo y hace pensar en que había una obra con gran potencial, sin duda más coherente y mucho más relacionada con la serie; tiene ideas y tramos muy atractivos, como ese final con un alien enorme parido por el ingeniero.

La sensación de decepción se agrava porque en el aspecto visual no hay pegas, sino todo lo contrario, es digno de admirar. Como es habitual en su filmografía, Ridley Scott edifica una película impecable en forma, siendo capaz de exprimir bastantes emociones de ese libreto lastimero. Sacando gran provecho de una banda sonora sugerente, una buena fotografía, la vistosa labor artística y su magnífica ejecución a través de los decorados, efectos especiales y vestuario (¿pero cuantos trajes espaciales distintos tienen?, menudo derroche), consigue una obra lo suficientemente cautivadora a la par que inquietante como para atrapar lo justo y resultar entretenida a pesar de sus carencias internas. Algunas escenas son bastante potentes, como las panorámicas del planeta, los pasillos alienígenas, el puente de mando, el despertar del ingeniero (increíble lo realista que ha quedado) y el ascenso y caída de la nave. El clímax final dura media hora y se pasa en un suspiro de lo bien narrado que está desde la puesta en escena: el ritmo y la fuerza de las imágenes es de impresión. La única pega es la obsesión que hay en títulos de intriga o terror con amplificar los efectos sonoros: tocan una sustancia y suena como si una apisonadora aplastara una tonelada de cucarachas, Shaw vomita como una manguera de bomberos a pesar de que apenas se ve salir líquido, los intentos de sustos se remarcan demasiado, etc.

Pero con semejante parida de guion ni siquiera este espectacular acabado visual puede obrar milagros, y aunque en un primer visionado resulta bastante amena, como las veas más veces empieza a caerse a pedazos. Prometheus se queda en una superproducción con tono de serie b: simple, tontorrona, cutre a veces, pero divertida si te la tomas como algo intrascendente. El problema es que sus pretensiones y nuestras esperanzas eran muy altas y por lo tanto hay que hablar de un fracaso importante.

Una mención aparte merecen los tráileres. Precisamente el de Alien siempre se ha considerado uno de los mejores que se han hecho, por ser capaz de despertar interés y generar intriga y desazón sin mostrar casi nada, y desde luego no la criatura principal. Y el de Aliens iba por el mismo camino, resultando igual de efectivo. Pero los de Prometheus te muestran prácticamente el argumento completo y te destripan las escenas cumbre con detalle. ¿Son culpables de que la proyección pareciera bastante previsible? Porque no pueden esperar que te sorprenda la aparición del ingeniero o la nave despegando si te lo han mostrado varias veces antes de verla. Es un desastre de campaña publicitaria y para mí una falta de respeto al espectador. Además es una práctica cada vez más común y difícil de esquivar: no puedes ir al cine sin que te destrocen dos o tres películas en los avances.

Serie Alien:
Alien (1979)
Aliens (1986)
Alien 3 (1992)
Alien Resurrection (1997)
-> Prometheus (2012)
Alien: Covenant (2017)

Skyfall


Skyfall, 2012, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 143 min.
Dirección: Sam Mendes.
Guion: John Logan, Neal Purvis, Robert Wise.
Actores: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, Naomie Harris, Bérénice Marhole, Albert Finney, Ben Whishaw, Rory Kinnear.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: La sublime puesta en escena: dirección, fotografía, música, montaje, sonido… La calidad que el guion otorga a los personajes así como el protagonismo que les da por encima de cualquier escena de acción (alejándose de la acción sin sentido de la era de Pierce Brosnan).
Lo peor: Por decir algo, la trama podría haber sido más compleja.
Mejores momentos: La escena de la grúa. La pelea con el francotirador a contraluz. La casa ardiendo, iluminando la noche.
El gazapo: En la pelea contra el francotirador Bond iba sin guantes para poder usar la pistola dactilar, pero luego aparece con ellos para que el malo pueda resbalarse…

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Lo cierto es que no esperaba nada de James Bond a estas alturas. No soy lo que se dice fan de la saga, sino del género de acción en general, y de hecho siempre le he criticado muchos aspectos: la repetición de un esquema muy manido, lo irreal de muchos capítulos, que se inclinaban demasiado hacia la acción aparatosa (casi de ciencia-ficción) olvidando elementos clásicos de la serie (espionaje, glamour), y la falta de continuidad entre entregas, principalmente. Con Casino Royale hicieron un esfuerzo por encarrilar la saga, y el resultado fue prometedor, aunque a mí no me pareció tan redonda como a casi todo el mundo. Pero desgraciadamente la insustancial Quantum of Solace volvió de nuevo al mal camino, decepcionando a todo el que se había hecho ilusiones.

Por suerte, parece que viendo que la cosa descarrilaba, los productores y guionistas de la serie se han puesto las pilas de nuevo, haciendo que Skyfall sea prácticamente otro reinicio que pone empeño en realzar el personaje de Bond, en rehuir de los tópicos y en mejorar la trama y el villano. Además el director Sam Mendes se tomó en serio la cosa, y con una puesta en escena muy elaborada ha contribuido a la hora de lograr una película que aun siendo Bond no parezca Bond, sino un thriller con una personalidad propia. Eso implica que la crítica se poraliza, al contrario que pasó con Casino Royale, donde el intento de reinicio de calidad no tenía un estilo tan marcado y tuvo mejor recepción. Eso sí, en cuanto a taquilla ha tenido los mejores resultados de la saga, superando los mil millones de dólares.

La historia sigue el esquema clásico de prólogo intenso, receso para ligoteos y presentar al villano, investigación, exposición del plan del villano y confrontación final. Pero se ha escrito trabajando más en profundidad cada elemento, y sobre todo los personajes se han tratado con mucho mimo, más incluso del que se veía en Casino Royale. La humanización de Bond alcanza su cima: nos acercamos más que nunca a su psique, tanto porque viajamos a su pasado como porque la relación con M, casi su madre adoptiva, forma parte de la trama, de manera que sus motivaciones quedan más claras, resultando un personaje más verosímil y permitiendo mayor conexión emocional con él. El villano, Silva, también está más humanizado y mejor justificado de lo habitual: este agente usado y descartado por quienes considerada su familia y que decide tomar venganza, resulta uno de los enemigos más inquietantes, temibles y cercanos a los protagonistas que ha tenido toda la serie, por lo que también resulta más tangible y creíble. Además el inquietante papel de Javier Bardem ofrece una llamativa ambigüedad en varios campos (sexual, de intenciones o planes, de estabilidad psicológica) que refuerza su aura perturbadora. Aquí es inevitable la comparación: en esta línea pero más temible tenía que haber sido el malo de Spectre, pero ni se acerca.

También se potencian los secundarios: reaparecen Q (Ben Whishaw) y Moneypenny (Naomie Harris), M pasa casi a primer plano (Judi Dench) y el ayudante de esta, Tanner (Rory Kinnear) la acompaña bien, y se presenta el nuevo superior, Mallory (Ralph Fiennes). Todos aportan consistencia y dinamismo a la trama, no dejando que Bond sea el superhéroe que hace todo y refozando ese lado humano al tratar con otras personas. Y también prometen continuidad de cara a próximos capítulos. Cabe destacar que, inesperadamente y para bien, no han forzado la vena cómica tontorrona de Q, sino que buscan un personaje más contenido.

Me pregunto cómo terminó Sam Mendes en este proyecto, y cómo pudo imprimir un acabado tan personal a una cinta tan comercial: ¿lo buscaba la productora o tuvo carta blanca y lanzó un órdago? Sea como sea resultó un gran atrevimiento que ha dado sus frutos de forma notable. Jamás se me habría ocurrido pensar que James Bond podría ofrecer una película tan hermosa y cautivadora, capaz de mantener al espectador hipnotizado durante su largo pero bien empleado metraje. Mendes logra convertir una simple pelea a puñetazos en una secuencia memorable (la escena del francotirador, a contraluz, es fascinante) y ofrece tramos donde la impronta visual te deja sin aliento, como por ejemplo el desenlace, donde la iluminación del fuego muestra un paisaje tan bello como sobrecogedor. Y no por ello descuida la esencia Bond: la estancia en el casino y la guarida del villano muestran muy bien el glamour y el exotismo habituales, y la acción intensa la resuelve con el nivel esperable (atención a la espectacular pelea encima del tren).

No cabe duda de que el realizador no podría haber logrado tanto sin esa arrebatadora fotografía de Roger Deakins, cuya labor es una proeza digna de citar entre las mejores fotografías de cine de los últimos años, y sin la brillante banda sonora de Thomas Newman. Este compositor habitualmente asociado a Mendes parecía una elección poco apropiada, más cuando David Arnold había tomado la saga para sí mismo con méritos de sobra, pero lo cierto es que su partitura es sorprendentemente dinámica y rica en sonoridades (los que le conozcan a fondo sabrán de qué hablo: es bastante repetitivo dentro de un estilo propio muy definido) y sobre todo tiene una fuerza y una expresividad que se adapta como anillo al dedo a cada escena. Hay instantes donde la música brilla con luz propia, como la llegada al casino, o la intriga que consigue generar antes del ataque principal de Silva (en la vista de M). Y debo decir que la canción de Adelle está muy bien, cuando este elemento siempre me ha parecido fallido, por innecesario (es mera treta comercial) y por mala calidad (no daba ni una canción buena).

Sólo unas pocas pegas menores se pueden señalar. El previo al lanzamiento del desenlace se ralentiza quizá demasiado: el viaje hacia la casa y los preparativos deberían haberse agilizado un poco. Y no sé si es un agujero de guion o que se me escapa algo que no he podido deducir en las varias veces que he visto la película, pero me pregunto para qué tanto lío con el francotirador si es evidente que los que rodean a la víctima saben lo que va a pasar, es decir, ¿por qué no la ejecutan ellos? También hay otro momento un tanto confuso: Bond tiene una cicatriz del tiro que le pega el malo en el prólogo, de la cual saca trozos de bala para investigar… pero yo en un primer momento pensé que estaba hurgando en el tiro que le pegó su compañera, que por lo visto no dejó cicatriz, con lo que pienso que se podría haber matizado mejor el asunto. Y finalmente tenemos las cansinas gilipolleces sobre informática que se empeñan en poner en el cine: todo resuelve tecleando a toda velocidad y viendo en la pantalla un montón de letras y gráficas sin sentido en movimiento.

Entrada actualizada de la original publicada el 06/03/2013.

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Serie James Bond:
Casino Royale (2006)
Quantum of Solace (2008)
-> Skyfall (20012)
Spectre (2015)

Moonrise Kingdom


Moonrise Kingdom, 2012, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 94 min.
Dirección: Wes Anderson.
Guion: Wes Anderson, Roman Coppola.
Actores: Jared Gilman, Kara Hayward, Edward Norton, Bruce Willis, Frances McDormand, Bill Murray.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual elaborado y colorista hasta resultar deslumbrante.
Lo peor: El guion hace aguas, es un cúmulo de anécdotas que no consigue narrar nada tangible y recordable.

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Un cuento o fábula utiliza las fantasías, las anécdotas, los personajes secundarios estrafalarios y otros elementos como fórmulas narrativas, como recursos para un fin. Es decir, tras la magia, los detalles curiosos y los enredos visuales ha de haber un relato concreto, y quizá también un mensaje. Wes Anderson no se preocupa mucho del objetivo final, construye sus aventuras sólo con anécdotas, subtramas breves que explotan una idea paralela, personajes de relleno que sólo ofrecen una característica llamativa pero no tiene una posición clara y útil en la trama. Además se centra sobre todo en lo visual, dando una forma vistosa e hipnótica por fuera pero relegando aún más el contenido. Es decir, no perfila un guion sólido, sino que se apoya en una amalgama de videoclips más o menos impresionantes y hermosos pero que a duras logran exponer una historia y unas ideas y mensajes determinados.

La aventura romántica de los chavales es interesante en los momentos en que se llega a narrar algo, pero entre esos instantes hay transiciones llenas de curiosidades rebuscadas muy elaboradas en lo visual pero huecas en contenido. Y añádele que tratar los pasos claves de la adolescencia no es algo novedoso, con lo que Moonrise Kingdom apenas causa impresión por muchos enredos, o más bien alardes, que pretenda. De esta forma, aunque por lo general la odisea de los jóvenes consigue entretener, la sensación de que no vamos hacia ninguna parte, de que no se narra ninguna historia ni mensaje consistentes, va pesando y pesando cada vez más, sobre todo porque en el tramo final, en vez de tomar un rumbo de una vez, se termina de desviar por completo. ¿Cómo puedes meter una larga trama secundaria (el otro campamento -el de Harvey Keitel-) llena de chistes tontos (el rayo, la riada, el rescate) justo cuando estás lanzando el arco final? Y el desenlacen en la iglesia, con la clásica escalada a la torre, también carece de garra.

Así que la cinta, dispersa de por sí, termina sin ofrecerte algo con lo que emocionarte y que recordar. A la postre es el tono visual y el ritmo veloz lo que salva la función, dos aspectos que engañan los sentidos si te dejas llevar. La fotografía obsesionada con centrar milimétricamente la acción es la reconocible marca de Anderson, y le saca buen partido, porque cuida con gran mimo la composición de la escena: la fantástica iluminación y el uso del color, exteriores bien seleccionados e interiores bien adornados. Pero claro, ya podía poner tanto esmero en el guion, porque la fuerza emocional del exterior no alcanza el interior. Como se puede ver también en la posterior El gran hotel Budapest, como narrador todavía le falta todavía mucha maduración.

Los Vengadores


The Avengers, 2012, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 143 min.
Dirección: Joss Whedon.
Guion: Joss Whedon. Stan Lee y Jack Kirby (cómics).
Actores: Robert Downey Jr., Chris Evans, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Chris Hemsworth, Jeremy Renner, Tom Hiddleston, Clark Gregg, Cobie Smulders, Stellan Skarsgård, Samuel L. Jackson, Gwyneth Paltrow.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Todo: el sentido del espectáculo y el dominio narrativo del que hace gala Joss Whedon desde el guion (confección de personajes, diálogos, trama) a la puesta en escena (impecable, sobre todo en el manejo de efectos especiales).
Lo peor: Nada de la película. Lo de siempre: que por el género no se considera cine de primera división, cuando da un varapalo tremendo a todas las nomidadas a los Oscar de su año, igual que el El Caballero Oscuro en el suyo.
Mejores momentos: El interrogatorio de Viuda Negra a Loki, la tensión en en laboratorio del helicarrier, el ataque al mismo, y prácticamente todos los capítulos de la batalla final.
La escena: En la batalla, la cámara yendo de un héroe a otro.
El título: Paso de ese cutre título con la marca insertada: “Marvel Los Vengadores”.
Las frases:
1) -Thor: Cuida lo que dices. Loki perdió la razón, pero es de Asgard, y es mi hermano.
-Viuda Negra: Mató a ochenta personas en dos días.
-Thor: Es adoptado.
2) -Capitán América: Lo único por lo que realmente peleas es por ti mismo. No eres del tipo que decide sacrificarse, que se tira sobre el alambre para que los demás pasen sobre ti.
-Iron Man: Creo que yo sólo cortaría el alambre.
3) -Loki: Tengo un ejército.
-Iron Man: Nosotros tenemos a Hulk.

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Joss Whedon fue el elegido para desarrollar la que probablemente era la película de superhéroes más esperada de la historia, y para poner las cosas más difíciles se enfrentaba a una producción realmente complicada. Primero, es un capítulo crucial en la serie Marvel, el final de un ciclo y la transición hacia otro, algo así como el esperado final de una temporada. Segundo, tenía que reunir a muchos personajes, darles a cada uno su parte para que no queden deslucidos, montarse una trama que causara un mínimo de impresión y, sobre todo, encontrar la forma de hacer que toda la mezcla fuera no sólo entretenida, sino más espectacular que todos los capítulos previos, porque si no probablemente no satisfaría a gran parte del público. Marvel se jugaba un montón de dinero y prestigio, y Whedon prácticamente su futuro en el negocio.

Sin duda este realizador presentaba cualidades de sobra como guionista, pero el tamaño y complejidad del proyecto, sobre todo en el apartado de dirección, parecía demasiado para quien en su salto al cine con Serenity se había quedado tan corto en comparación con sus logros en televisión y cómic. Como guionista, ya desde Buffy, la Cazavampiros (1997) y su hermana Ángel (1999), mostraba una especial sensibilidad a la hora de construir personajes que resultan muy verosímiles y complejos indistintamente del entorno donde los sumerja, y también quedó claro que en eso último no fallaba tampoco, pues se montó un universo particular muy interesante. En Firefly (2002), cancelada por los patanes de la cadena Fox, su madurez quedó patente al lograr en tan pocos capítulos una serie mucho más sólida y fascinante que las anteriores. Por si fuera poco, en todas esas producciones deslumbró como director en los episodios que dirigió, mostrando una visión artística única en televisión. Y finalmente el otro gran argumento a su favor es que en su trabajo como escritor de cómics marcó una época con Atonishing X-Men (2004), considerado por muchos una obra maestra.

Pero como señalaba, en su paso al cine no estuvo a la altura de lo esperado. Serenity (2005), intento de resucitar y a la vez darle un final digno a Firefly, resultó algo irregular e insatisfactoria tanto en escritura como en dirección, aunque es cierto que esto no pareció importar mucho, porque tuvo bastante éxito entre el fandom. ¿Estaría Whedon entonces a la altura de un proyecto muchísimo más ambicioso y con mucha más expectación sobre él? Yo la verdad es que tenía serias dudas. Pero el resultado fue superior a cualquier predicción y expectativa, tanto en calidad como en taquilla. Y de buena nos libramos, porque el guion original corrió a cargo de Zak Penn, autor de la innombrable El increíble Hulk. Con críticas entusiastas y el clamor del público, Los Vengadores llegó a 1.500 millones de dólares de recaudación, convirtiéndose en la tercera película más taquillera de la historia hasta el momento y asegurando así la continuidad de la serie Marvel en su momento más crítico, así como confirmando a Whedon tanto para la siguiente entrega (Los Vengadores: La era de Ultrón) como para, supongo, cualquier otra producción que quiera realizar.

Whedon estuvo inspiradísimo, todas sus cualidades están presentes en su máximo esplendor. El dibujo de los personajes es exquisito, cada uno tiene su hueco y momento estelar sin pisarse unos a otros en carisma y relevancia, quedando claras sus personalidades, sus puntos fuertes y débiles y su evolución a lo largo de los acontecimientos. Brillan cómo no los diálogos ingeniosos con su característico sentido humor, destacando estos en las numerosas escenas donde se reúnen varios protagonistas. Whedon explota aquí otra de sus grandes habilidades, la de soltar una o dos frases que reúnen todo lo necesario para darle sentido y gran fuerza a una escena: describen al personaje y su situación, dan réplica a otro personaje, y la vez son un chiste muy fino. Por ejemplo, en la sublime secuencia en el laboratorio donde la tensión está al máximo tenemos un sinfín de estos diálogos, como aquel entre el Capitán e Iron Man que remarca el clima de la situación, el pique personal, las características de ambos implicados… y encima es tronchante:

-Eres un gran hombre con un traje de armadura. Quita eso y, ¿qué queda?
-Genio, multimillonario, galán, filántropo.

La narración posee un ritmo ejemplar donde se combinan a la perfección las escenas íntimas (sin miedo a recesos explicativos, como la conexión entre Viuda Negra y Ojo de Halcón), se expone la trama principal, esto es, las intrigas de Loki (mostradas de forma que sean inteligibles y a la vez no parezcan facilonas: no se toma por tonto al espectador), y se abordan las indispensables escenas de acción. Montarse varios clímax de acción donde tengan su hueco casi todos los personajes, evolucionen sus motivaciones y a la vez crezca la trama, no está al alcance de muchos, pero Whedon casi lo hace parecer fácil. Hay tres grandes momentos así: la captura de Loki, la lucha en el helicarrier y la larga batalla final, todas resueltas con una pericia pasmosa. El truco que usa Whedon para ello es genial. Era inevitable centrarse en la formación del grupo de Los Vengadores, no en vano es el argumento de la película, pero lo exprime al máximo manteniendo al villano como otro personaje principal y haciendo que su plan sea precisamente atacar las relaciones y puntos débiles de los Vengadores. Así, no hay una sola escena desaprovechada, todo instante tiene a los protagonistas como objetivo.

Obviamente para que todo esto funcionara no bastaba tener un buen guion, aunque esa es la base imprescindible. En la puesta en escena Whedon también está impecable a pesar de que también se enfrentaba a grandes retos. El tamaño de la producción y la cantidad de efectos especiales no acobardaron al realizador, que se monta un filme colosal donde el dinero luce tanto como el talento. El tono es clasicista, no se inclina por artificios (cámara en mano o alguna otra filigrana) más allá de usar mucho tráveling y movimiento sutil constante para dar dinamismo. Sólo en los momentos de acción más aparatosa se permite algún vacile, como aprovechar los efectos especiales a lo grande en la escena del helicarrier y con ese plano secuencia que recorre a todos los Vengadores en plena batalla final. En esas luchas se discierne sin problemas lo que está ocurriendo, se maneja bien la tensión y sobre todo el sentido del asombro, amén de lo ya comentado: siempre se ruedan con el componente dramático y personal como núcleo de la escena. Como los efectos especiales son perfectos (atención a la recreación de la ciudad, donde prácticamente todo es digital y no se nota nada), el espectáculo resultante es de los que hacen época, de los que te dejan clavado al asiento por muchas veces que veas la película.

Como puntilla final tenemos un reparto que ya tiene cogido el tono a sus personajes gracias a las películas previas. Sólo Mark Ruffalo es novato en su Banner/Hulk, pues sustituyó a Edward Norton, un cambio que vino bien para separar ese engendro de El increíble Hulk de la serie Marvel buena, quien a su vez sustituyó a Eric Bana de la llamativa Hulk de Ang Lee que pretendieron borrar con tan lastimero resultado. Y Ruffalo está a la altura, de hecho sorprende porque con tan sólo su pose y mirada define al personaje: intenta estar tranquilo pero se lo ve alerta para esquivar cualquier motivo de estrés. Los demás están como es esperable estupendos: Robert Downey Jr. se ha apropiado de Iron Man de tal forma que será complicado si algún día quieren cambiarle el rostro, Chris Evans creció un montón como actor desde la nefasta Los Cuatro Fantásticos y consigue captar el estilo inocente pero decidido del Capitán América muy bien, Scarlett Johansson destila sensualidad a la vez que logra un personaje que se nota afligido por un pasado convulso, Chris Hemsworth quizá queda algo por debajo del resto pero cumple de sobras, y Tom Hiddleston como Loki vuelve a estar genial como villano con gran personalidad y un clásico pero efectivo conflicto interno. Los secundarios tienen buen nivel, por ejemplo Jeremy Renner como Barton/Ojo de Halcón tiene pocas escenas complejas pero se esfuerza como si fuera el actor principal.

Sólo podría encontrar algún aspecto negativo si afino mucho, y son recursos narrativos exigidos por la simplificación y reducción de la trama en favor de otras cosas más necesarias. Tenemos el efectillo con ojos de los personajes convertidos o hipnotizados por Loki, un truco facilón para señalar su posición en el tablero, o lo conveniente que resulta que los chitauri se desconecten al perder su nave nodriza, dos recursos que se perdonan como se perdona que los indios no disparasen a los caballos en La diligencia. Un poco más discutible es que Hulk, supuestamente incontrolable y temible, en la batalla se comporta bastante bien, atacando sólo a los malos; supongo que se puede justificar con que el poder dirigir y explotar su ira en otro objetivo le evita pagar su berrinche con los más allegados. Fallos gordos sólo veo uno en que nadie suele fijarse, un cliché que me pone de los nervios: los soniditos innecesarios, las pantallas y otros objetos que hacen ruidos absurdos. ¿Pero por qué el destornillador con el que Stark pincha a Banner hace un sonido de chisme electrónico? No tiene ni pies ni cabeza. Y hay unos pocos así: un minúsculo micrófono que debe pasar desapercibido, con su pipipipi; una flecha que debe ser ligera, con sistema de luces y pipipipi. ¿Por qué una producción tan profesional cae en estas tonterías?

Sólo me queda exclamar: ¡qué barbaridad de película! Qué lección de cine a todas esas bazofias del género que nos hemos tragado durante años, donde sólo algunas honrosas excepciones destacaban (Spider-Man 2, Hulk), y también al cine comercial en general. Es la última gran muestra de que se puede hacer cine de calidad que venda bien, cine de entretenimiento que deje entrever profesionalidad y estilo, e igualmente pone de manifiesto que no es necesario recurrir al drama profundo y trascendental (como El Caballero Oscuro) para deslumbrar con el género. También es una lección para los productores que, al menos en Marvel, parecen estar aprendiendo: pon un realizador con personalidad e interés y déjalo trabajar sin trabas.

Los Vengadores pone el listón a una altura que parecía difícilmente igualable, de hecho con el tirón consiguió que Iron Man 3 se marcara unos bárbaros 1.200 millones de dólares de recaudación (quedándose a 300 de esta), y eso a pesar de que no estuvo a la altura de lo esperado. Pero por suerte no fue un momento puntual de grandeza, porque la maduración del género ha seguido adelante, como así atestigua la notable Capitán América: El soldado de invierno, o mejor aún, la grandiosa Guardianes de la galaxia, que para mí es incluso mejor que la propia Los Vengadores.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
-> Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la Galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol2. (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Pantera Negra (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Ted


Ted, 2012, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 106/112 min.
Dirección: Seth MacFarlane
Guion: Seth MacFarlane, Wellesley Wild, Alec Sulkin.
Actores: Mark Wahlberg, Mila Kunis, Seth MacFarlane, Joel McHale, Giovanni Ribisi, Jessica Barth, Patrick Warburton, Matt Walsh.
Música: Walter Murphy.

Valoración:
Lo mejor: Buena visión de las clásicas relaciones amorosas gracias a un sentido del humor original y constante: gamberro, bestia, friki…
Lo peor: El desenlace no impresiona.
Mejores momentos: Las entrevistas en el supermercado. La fiesta con Flash Gordon. El móvil con la melodía de la marcha imperial. Norah Jones.
Versiones: Existe una versión “sin censurar” con seis minutos más, es decir, que incluye las breves escenas que tuvieron que quitar en cines para no terminar restringida para adultos.

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Ted fue un inesperado y enorme éxito de taquilla. Con cincuenta millones hizo quinientos cincuenta (¡!) gracias al boca a boca de los que se aventuraron a verla sin saber muy bien qué esperar. Es por definición una comedia romántica sobre la maduración (el paso de joven vividor a adulto responsable) y las relaciones amorosas, una descripción que asusta dado lo poco que da de sí el género en Hollywood. Pero resulta que su guionista y director es el loco de Seth MacFarlane, autor de Padre de familia y American Dad, donde muestra su afición por un humor extraño y caótico que mezcla lo friki, lo absurdo y lo bruto muchas veces sin una trama consistente, pero otras con historias originales y atinadas perspectivas de distintos temas. Por suerte Ted está en la onda del MacFarlane centrado, de hecho, más centrado que nunca.

Un inciso hago aquí. Lo de ir sin saber qué esperar algunos lo cumplieron a rajatabla. No pocos padres se metieron a ciegas en “esa peli de un osito de peluche animado” arrastrando a sus hijos a una orgía de palabrotas y escenas obscenas.

La pareja protagonista, interpretada con gran vitalidad y química por Mark Wahlberg y Mila Kunis, es una fantástica parodia del prototipo del género. Él, inmaduro y torpe pero majete y buenorro, que solo quiere seguir viviendo la vida como la conoce: de juerga en juerga con los amigos. Ella guapa y algo más centrada, que exige más responsabilidad y sentar la cabeza. El conflicto está garantizado, y más con el también clásico amigo que arrastra al prota por el mal camino. En la vena salida de madre de MacFarlane éste es un osito de peluche que cobró vida y que lejos de la simpatía esperable ha crecido siendo un juerguista cabroncete y malhablado.

La consistencia y profundidad del guion es como decía bastante inesperada dado el autor. Sorprende mucho la fluidez y naturalidad con que se exponen las relaciones amorosas y amistosas y el realismo que emerge de cada escena aunque ésta sea una parodia demencial. Así, aunque la trama no vaya por senderos muy novedosos, porque pasa por los puntos clave habituales de cualquier vida, la perspectiva ofrecida le da nueva savia y la citada química entre personajes y actores realza tan bien a los protagonista que termina resultando un cinta romántica más creíble y emocionante de lo habitual.

Y además es divertidísima. La combinación de distintos tipos de humor funciona a las mil maravillas, sobre todo porque apoya muy bien el dibujo de los protagonistas y la evolución de la trama. No pocos chistes, como lo de recitar nombres de niñatas rednecks (o canis/bakalas), son esenciales para entender la dinámica entre personajes. Acierta de lleno también en el uso de chistes recurrentes, que ofrecen una genialidad tras otra: el jefe del supermercado, el jefe de la chica, las menciones a Tom Skerrit, etc. Pero lo mejor es que salta cada dos por a la vena cómica bestia sin que desentone lo más mínimo. La cagada en la alfombra, el concierto de Norah Jones (el mejor cameo que he visto en mi vida), el acosador psicópata y su hijo malcriado… Y siendo MacFarlane no podía faltar la vena friki, las mil referencias a la cultura popular, que también encajan perfectamente en el relato. La marcha imperial como tono de teléfono para cuando llama la novia y otras tantas alusiones tronchantes no son nada comparado con el lío que se traen con Flash Gordon; la fiesta donde aparece el actor es uno de los grandes momentos de la película.

Sin embargo hay que decir que el ritmo no es perfecto, a veces se ve que MacFarlane encaja como puede algún chiste suelto o incluso escenas necesarias. Por ejemplo la presentación del loco (Giovanni Ribisi haciendo de zumbado como siempre) y su hijo se cuela de mala manera. Pero no llega al punto de resultar demasiado irregular. Solo el final, tanto el clímax como el epílogo, es quizá algo menos intenso de lo que debería, en parte porque opta por un desenlace clásico (acción, tragedia ligera, redención y a comer perdices), en parte porque en esos momentos no logra un humor tan chispeante (salvo la genial hostia al niño) y una lectura tan original de la situación. Aun así, no es un desenlace que deje malas sensaciones más allá de pensar que podría haber sido más emocionante y divertido.

Ted logra dar nueva vida a las comedias románticas juveniles, resultando un título muy recomendable. La pena es que MacFarlane no siguiera tan inspirado en su siguiente largometraje, pues Mil maneras de morder el polvo resultó infumable, completamente opuesta a lo aquí visto.