El Criticón

Opinión de cine y música

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Juerga hasta el fin


This is the End, 2013, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 107 min.
Dirección: Evan Goldberg, Seth Rogen.
Guion: Evan Goldberg, Seth Rogen.
Actores: Seth Rogen, Jay Baruchel, James Franco, Jonah Hill, Danny McBride, Craig Robinson, Emma Watson, Michael Cera, Rihanna, Channing Tatum, Mindy Kaling, Paul Rudd, Aziz Ansar.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Ver a los actores famosos riéndose de sí mismos. El tono gamberro y loco.
Lo peor: La falta de ingenio y originalidad.

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Con toda seguridad ver a una pandilla de actores bastante conocidos haciendo de sí mismos en una comedia gamberra va a tener algo de gracia por muy chusquera que sea la película que se monten. Y vaya repertorio tenemos. Prácticamente aparece toda una generación, la mayoría conocidos entre sí por películas en común, todas esas comedias chorras como Superfumados, Supersalidos, Infiltrados en clase y Virgen a los 40: Seth Rogen, Jay Baruchel, James Franco, Jonah Hill, Danny McBride, Craig Robinson, Emma Watson, Michael Cera, Rihanna, Channing Tatum, Mindy Kaling, Paul Rudd, Aziz Ansar… La lista es interminable, y todos se desmelenan y se dejan llevar en esta locura donde los que no mueren bien rápido serán objeto de mofa sin miramientos.

Pero desde el guion (si es que no está todo improvisado a partir de un corto que hicieron previamente) no se esfuerzan en elaborar algo ingenioso ni una parodia original de sus vidas y del factor fama, sino que enlazan chistes guarros, humor a base del conflicto básico (disputas, peleas), y… ya está, para de contar. Lo bueno es que van sin miedo a soltar la burrada más gorda (hablar de violar a Emma Watson, el pollón del demonio, etc.), con lo que como comedia absurda y bruta cumple bastante bien. Lo malo es que esa simpleza del sentido del humor y la ausencia de una trama más llamativa que el aislamiento en la casa limitan mucho el rango de acción. El tramo central, una vez pasado el jaleo que da pie al apocalipsis, pierde mucho fuelle al repetir los mismos chistes una y otra vez. Hasta que empiezan a moverse y salir de la casa no se recupera. Entonces pone un poco más el foco en la evolución de los personajes y ofrece nuevas situaciones con más interés, pero es quizá tarde y tampoco sorprende mucho.

Más o menos a la vez llegó, no sé si por casualidad o qué, la versión inglesa de la banda equivalente de las islas, Edgar Wright, Simong Pegg y demás: Bienvenidos al fin del mundo. La diferencia de calidad es monumental, abrumadora. Y la carrera de ambos grupos también está a años luz de diferencia.

Oculus: El espejo del mal


Oculus, 2013, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 104 min.
Dirección: Mike Flanagan
Guion: Mike Flanagan, Jeff Howard.
Actores: Karen Gillan, Brenton Thwaites, Katee Sackhoff, Rory Cochrane.
Música: The Newton Brothers.

Valoración:
Lo mejor: El buen papel de Karen Gillan.
Lo peor: Todo lo demás.
El título: En castellano por supuesto tienen que poner una coletilla estúpida y evidente.

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Básicamente me puse a verla por la presencia de Karen Gillan, a la que admiro desde que la conocí en Doctor Who. No esperaba gran cosa, pero desde luego no que fuera tan mala. Insulsa y vacía es la mejor definición: la película no tiene absolutamente nada. Nada da la talla ni poniendo las exigencias al mínimo. Dos cutres de sustos de manual (el único que medio funciona, el de las tres estatuas en el almacén), y el resto es una pésima construcción de atmósferas que no logran causar desazón ni intriga alguna. Y la pena es que la fotografía es buena, pero el director Mike Flanagan no sabe lo que hace.

Resulta que hay un espejo antiguo que mata gente, y la chica lo intuye e intenta descubrir el asunto con un plan. Es la excusa para lo de siempre: una casa encantada, fantasmas, e intento de giro final. La trama carece de profundidad e interés excepto por la idea de desarrollar un tramo final a dos bandas (presente y pasado fusionándose), pero como digo, desgraciadamente el realizador no tiene el nivel suficiente para desarrollarla, y lo que era una narración plana de escasísimo interés se convierte en un galimatías insoportable. Se ve hacia dónde quiere ir en todo momento, pero también cómo tropieza una y otra vez con un sentido narrativo pésimo. Esperaba que al menos con ese intento de hacer algo más distintivo el final fuera mínimamente novedoso o al menos coherente, pero no, se empeñan en repetir uno de los peores lastres del género: el giro que pretende darle la vuelta a todo. Y como en todo lo demás, ya se intuía en cuanto presentan la trama y los personajes.

Karen Gillan acaba siendo lo único digno de mención de tal desatino, pues logra un buen papel en un personaje bastante simple y sin evolución alguna. En cambio el otro único intérprete destacable da más bien lástima: Brenton Thwaites como el hermano no cumple ni de lejos.

Bienvenidos al fin del mundo


The World’s End, 2013, Reino Unido.
Género: Comedia, acción.
Duración: 109 min.
Dirección: Edgar Wright.
Guion: Simon Pegg, Edgar Wright.
Actores: Simon Pegg, Nick Frost, Martin Freeman, Paddy Considine, Eddie Marsan, Rosamund Pike, David Bradley.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: El guion es una joya llena de inteligencia y profundidad, pero también es muy emocionante y jodidamente divertido. La puesta en escena es magnífica.
Lo peor: Nada de la película, sólo que no tenga la fama que merece.

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Como no he comentado ninguna película de estos autores creo necesario hacer una introducción. La pareja Simon Pegg y Edgar Wright tiene cierto renombre pero no la fama mundial que sin duda merecen, porque son los artífices de algunas de las mejores comedias de los últimos años. El primero actúa en sus películas y en otras tantas más conocidas (como el reinicio de Star Trek o Misión Imposible III y IV), así que su cara sí es reconocible, mientras que el segundo, aunque tenga el trabajo más difícil, dirigir las obras que escriben, queda muy en la sombra. Se formaron en la televisión británica, con unas pocas series que no pegaron muy fuerte, salvo quizá Spaced, que tiene cierto culto a su alrededor. En el salto a la panalla grande son conocidos principalmente por Shaun of the Dead, Hot Fuzz (Arma fatal) y Scott Pilgrim contra el mundo, obras que con el boca a boca ha terminado viéndolas mucha gente, aunque más en dvd que en las salas de cine. La más famosa es la primera, una gloriosa parodia del cine zombi, más concretamente de Dawn of the Dead, la que dio fama al género tanto en su versión original (George A. Romero, 1978) como en su efectivo remake (Zack Snyder, 2004). Eso sí, la distribuidora española casi se la carga con un título de película cutre: Zombies Party, (Una noche… de muerte) , en la que probablemente sea la traducción más estúpida y negligente de la historia. La pandilla se completa además con el actor Nick Frost, quien también colaboró en el guion de Paul, que es la menos conseguida de la banda (ni siquiera la dirige Wright) pero también una cinta muy divertida.

Bienvenidos al fin del mundo es un relato sobre las amistades y las limitaciones personales. Incluso cuando el brutal e inesperado giro cambia por completo el género (no digo nada más, hay que verla sin conocerlo y dejarse sorprender), el objetivo sigue siendo el viaje interior de los protagonistas. Este análisis es brillante, muy inteligente: es profundo de forma sutil pero nunca farragoso, sino humano y emotivo. Los amigos separados por las vueltas de la vida, las discusiones absurdas, la gente incapaz de madurar y la existencia estancada en trabajos aburridos son los puntos de partida de una aventura que representa vidas que podrían ser la tuya o la mía. Yo en concreto me he sentido identificadísimo con la pandilla, viendo amigos reflejados en algunos de los personajes y semblanzas en varias situaciones.

Este ensayo está sumergido en una comedia fresca y original como prácticamente ninguna otra en los últimos años, sin un solo cliché ni vicio que señalar. Hablaba de inteligencia, pero es que si te paras a pensar en la complejidad y capas de guion y lo ameno que resulta a pesar de ello, es que es para destacar entre los mejores de año. Cada escena es una auténtica genialidad llena de chistes en cada frase, gesto y situación, y todo ello sirve también para definir a los personajes y sus relaciones. Lo fórmula tiene un equilibrio perfecto incluso en los momentos más locos y absurdos.

Con la vibrante dirección de Wright se termina de conseguir un relato veloz, intenso y descarrachante. Desgrana la historia a toda leche pero sin parecer apresurada ni dejar atrás a los personajes, pero destaca sobre todo cuando la surrealista acción da comienzo. Ya sabíamos por Hot Fuzz lo hábil que puede ser tras la cámara y lo bien que usa el montaje, pero aquí está pletórico. Las peleas a tortas son exageradas y excesivas pero las controla milimétricamente, resultando tanto espectaculares como únicas en estilo. Y finalmente un reparto muy inspirado termina de redondear a los encantadores protagonistas: Simon Pegg, Nick Frost, Martin Freeman, Paddy Considine y Eddie Marsan están estupendos.

Por cierto, llegó más o menos a la vez otra comedia gamberra sobre el fin del mundo realizada por la pandilla más o menos equivalente en Hollywood, la encabezada por Seth Rogen y James Franco. Pero Juerga hasta el fin (This Is the End) pone de manifiesto las diferencias de nivel entre continentes: era simpática, pero bastante limitada y algo tontorrona.

Gravity


Gravity, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 91 min.
Dirección: Alfonso Cuarón.
Guion: Alfonso y Jonás Cuarón.
Actores: Sandra Bullock, George Clooney, Ed Harris.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: La narrativa visionaria y extraordinaria de Alfonso Cuarón ofrece un espectáculo inigualable y muy emocionante. Efectos sonoros y especiales fantásticos, música excelente.
Lo peor: Algunos tics e inconsistencias molestan un poco, en especial un tono machista mosqueante.

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Gravity apareció prácticamente de la nada, porque no era un rodaje que levantara expectación, y arrasó de manera impresionante, alcanzando los 700 millones de dólares en la taquilla y obteniendo una estupenda recepción crítica en los medios. Ese tirón mediático la llevó inesperadamente a los Oscar, donde es obvio que no se mide la calidad sino la afinidad con la Academia, y aun así se llevó unos cuantos premios. No el de película, aunque era de largo la mejor de todas las nominadas, pero qué más da, nunca han optado por la objetividad, por mucho que todavía haya gente que no se haya dado cuenta. Sin ir más lejos, la obra cumbre de Cuarón hasta la fecha, Hijos de los hombres, no fue tan bien recibida.

Gravity no tiene una trama compleja, sin rodeos nos sumerge en una aventura de acción y supervivencia rebosante de adrenalina. Eso sí, hay que poner en su lugar esa parida que usan algunos para atacarla, “el guion cabe en una servilleta”, como si la sencillez o falta de profundidad fuera un aspecto negativo, o como si el guion fueran sólo los diálogos, cuando la realidad es que describe todo lo que hay en la escena, tanto las imágenes como los sentimientos que el autor quiere transmitir, y este en concreto al ser una narración tan visual (incluyendo unas pocas metáforas, como el plano que recuerda a un feto) necesita largas descripciones. Podéis verlo aquí para haceros una idea.

Sin duda era un proyecto difícil de llevar a cabo dadas las metas que se marcó Cuarón, empeñado en rodar una serie de filigranas que requerían mucha imaginación y gran dominio de la técnica. Pero el resultado es un auténtico prodigio de narración audiovisual. Los estupendos efectos sonoros y especiales, la magistral banda sonora del desconocido Steven Price y la buena interpretación que consigue de Sandra Bullock (a pesar de los chutes de bótox que lleva) son imprescindibles también, pero lo realmente vital es la asombrosa forma en que Cuarón domina técnicas complejas e incluso visionarias sin perder en el esfuerzo el pulso narrativo, es decir, el ritmo del relato, la conexión emocional, los puntos álgidos de tensión e inquietud. Y además sabe captar la crudeza de la supervivencia al límite en un entorno bastante ficticio, de manera que te crees las situaciones de riesgo sin problema alguno. El plano secuencia inicial te deja boquiabierto y no vuelves a cerrar la boca hasta el final de la película, no hay descanso ni bajón en una proyección fascinante en lo visual, trepidante en el desarrollo de acontecimientos y emocionante en todo momento, hasta el punto de hacerte sudar y de agobiarte con la odisea de la protagonista. El viaje es corto pero de una intensidad que pocas películas logran alcanzar. Estás hora y media absorto, conteniendo la respiración, deslumbrado y sobrecogido prácticamente en cada instante. Nunca la expresión “esta película es una montaña rusa” se ha utilizado mejor.

Pero sí es cierto que acusa algunas deficiencias, unas fruto de forzar ligeramente su argumento, otras por ser apuntes de guion algo malogrados. La cinta es tan impresionante que de primeras puede que no se noten, pero en sucesivos visionados, aunque el espectáculo aguanta sin problemas, esos puntos oscuros se hacen bastante evidentes. Y también, a pesar del esfuerzo inicial por buscar realismo, incurren en mala ciencia cuando les conviene para realzar el drama.

Lo primero que salta a la vista es que hay demasiadas casualidades y agarres de último momento. La protagonista siempre se salva justo en el último instante u oportunidad, siempre por los pelos, dando la sensación de que se abusa del recurso más de la cuenta. Pero también tenemos un caso contrario: en una escena se le está agotando el oxígeno, está a punto de desfallecer, y se queda parada hablando con el otro astronauta (George Clooney) en vez de ir a toda leche hacia la escotilla para salvarse. El segundo aspecto criticable son los ramalazos machistas. Ella sufre muchísimo pero él ni se inmuta, como si el hombre fuera superior, algo que se remata porque es este hombre protector quien la guía y anima para que pueda salvarse en todos los momentos cruciales… ¡incluso hasta en sueños! Y cuando él no está debe aprender a valerse por sí misma, como si las mujeres llegaran a astronauta por sorteo. Para colmo resulta que su mayor logro como mujer es haber tenido una hija, y por cómo lo narran el ir al espacio no parece ser nada en comparación.

En cuanto a ciencia, se han trabajado mucho la recreación de cómo sería una situación semejante: los decorados y efectos especiales, los movimientos e inercias en el espacio, la transmisión del sonido… Pero es un poco mosqueante que el realizador se curre tanto detalles así (por ejemplo el lanzamiento del extintor para crear un momento de fuerza en sentido contrario) pero en otros se venda con todo descaro al lenguaje cinematográfico más básico: cuando Clooney acaba en deriva queda fatal, porque tras haber sido parado por la cuerda de repente se nos dice que sigue alejándose a pesar de que todavía está agarrado, como si algo tirara de él, y encima a un ritmo que dé tiempo a una despedida lacrimógena.

De la misma forma, hay conceptos básicos de la mecánica orbital que se omiten para poder mantener la trama deseada. Acelerar o frenar en órbita significa aumentar o disminuir la órbita (la distancia respecto a la Tierra), no acercarse más rápidamente a otro objeto en la misma, algo que requiere muchos cálculos y fuerzas. Y desde luego una mochila propulsora difícilmente pueda hacer tantas maniobras, ni siquiera la Soyuz y el Transbordador tienen la potencia y combustible necesarios para hacer algo más que llegar a su órbita (y eso lanzados con los tanques externos) y luego frenar para volver a la Tierra gracias a la atracción gravitatoria. Para simplificarlo todo se inventan que todas las estaciones implicadas están en la misma órbita, y omiten los cálculos y el enorme gasto de combustible que requiere cualquier desplazamiento. Con estos conceptos presentes, la simple lógica anula la premisa de que los escombros te alcanzan varias veces, porque si van a distinta velocidad, sencillamente no están en tu órbita. Otra cosa es que la cantidad de escombros aumentara en todas direcciones, pero no se indica eso. De hecho, incluso si omitimos el concepto de órbita, la lógica más básica tumba hasta lo de los noventa minutos: si te desplazas cientos de kilómetros, ¿cómo van a seguir tardando lo mismo en alcanzarte? Tardarán más o menos según la dirección que hayas tomado. Y por cierto, hay un gazapo evidente: Control indica una velocidad y luego Clooney los cita diciendo otra muy distinta.

Así que, después de todo Gravity no es la película científicamente hiperrealista que anunciaban, pero de todas formas se agradece que hagan ciencia-ficción más seria, y que demuestren que esta puede vender muchas entradas. De hecho, ese tratamiento serio permite que los amantes de la ciencia discutamos sobre fallos, aciertos y lo razonable o no de las decisiones que tomaron los autores.

Lo que sí está claro es que aun con sus excesos y leves inclinaciones comerciales, Gravity es toda una lección al cine de acción, rebosante de títulos realizados únicamente con efectos especiales pero sin esfuerzo alguno en la narrativa y la consecución de emociones intensas. Es una propuesta original y enormemente arriesgada resuelta con maestría, pero sobre todo es un viaje de sensaciones inolvidable.

La vida de Adèle


La vie d’Adèle, 2013, Francia.
Género: Drama, romance.
Duración: 179 min.
Dirección: Abdellatif Kechiche.
Guion: Abdellatif Kechiche, Ghalia Lacroix, Julie Maroh (cómic).
Actores: Léa Seydoux, Adèle Exarchopoulos, Salim Kechiouche, Aurélien Recoing, Catherine Salée, Benjamin Siksou, Mona Walravens.

Valoración:
Lo mejor: La naturalidad y cercanía que transmiten las vidas de las dos protagonistas. El papelón de ambas actrices.
Lo peor: ¡Tres horas! Le sobra metraje en todas sus escenas, y muchas al completo no aportan nada.
Mejores momentos: El contraste entre las cenas con los padres de cada una. La despedida en una cafetería.

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La vida de Adèle es eso mismo, la vida de una chica desde la adolescencia hasta que ya se puede considerar una mujer adulta (termina antes de los treinta, así a ojo). El relato se centra en el aspecto sexual y amoroso, iniciándose con ella comenzando a sospechar que es lesbiana y por extensión chocando con una sociedad que todavía no respeta plenamente las diferencias con lo establecido como normal. La odisea de Adèle ejemplifica una vida bastante común, extrapolable incluso a cualquier heterosexual, porque al fin y al cabo todos pasamos por las mismas fases en el despertar sexual; sólo algunos condicionantes sociales cambian, y en estos también apuestan por lo más generalizado: el rechazo de sus compañeros, el conflicto con unos padres estrechos de miras, etc. En estas condiciones el relato no puede sorprender, y está claro que no lo pretende. Su intención es ahondar en la psique humana, ser realista, cercano, emotivo y con todo ello combinado intentar resultar trascendente, llegarte hondo. Y lo logra bastante bien. Los altibajos en el viaje de Adèle y Emma conmueven, empujan a reflexionar sobre aspectos oscuros de la sociedad y de nosotros mismos, y en muchas ocasiones incluso funcionan como espejo: habrá partes de sus vidas en las que te veas reflejado, seas hombre o mujer y tengas las preferencias que tengas.

El realizador Abdellatif Kechichese fue muy hábil e inteligente a la hora de buscar ese tono realista. Según han comentado en las entrevistas de promoción, el guion fue solo un punto de partida: dejó a las actrices que lo leyeran una sola vez para que se hicieran una idea de por dónde iba la historia, y a partir de ahí permitió que improvisaran, que canalizaran a los personajes a través de ellas mismas. Léa Seydoux (Emma) y Adèle Exarchopoulos (Adèle) están más que fantásticas soberbias, en especial la segunda, que logra un personaje tan humano que podría pasar por una conocida tuya. Su naturalidad, la facilidad para mostrar emociones y lo bien que capta la evolución de su personalidad son parte de un recital interpretativo que quita la respiración; y en esto último su belleza también tiene algo que aportar, claro.

La puesta en escena es crucial y está a la altura, pues Kechiche sabe ensalzar los distintos estados anímicos de las protagonistas alternando el tono de la fotografía y el montaje, donde destaca la belleza de los momentos idílicos (el banco al lado del árbol) y la crudeza de las escenas de sexo, donde no se corta un pelo en mostrarlo todo. Como la mayor parte de situaciones deben reflejar intimidad o lo que ve y siente la protagonista, hay muchos planos cerrados sobre los rostros, pero lejos de limitar el potencial visual o enclaustrar el ritmo el director lo controla muy bien sacando gran partido de la excelente labor de edición y el gran esfuerzo de las actrices.

Volviendo al sexo, está claro que Kechiche se sirvió de la polémica para promocionar la película, potenciando la carga erótica de la misma y provocando con ella a los medios. Y es una jugada inteligente, pues de otra forma es raro que cintas europeas traspasen fronteras con tanto tirón. Pero también es cierto que usa sabiamente las escenas para mostrar la evolución de la vida de las protagonistas: la primera relación con el chico es fría y torpe, pero luego llega la pasión desenfrenada con Emma, seguida de la rutina y otras fases.

El relato tiene tramos magníficos donde se muestran asuntos cotidianos con un estilo que le da más fuerza e interés. Por ejemplo, el director sabe que no va a sorprender contando que hay padres conservadores e intransigentes y padres modernos y abiertos, pero ensalza el mensaje jugando con el contraste entre ambos, sin perder la sinceridad y cercanía por el camino: algo tan cotidiano como es la comida y hablar del trabajo, de las esperanzas y las parejas, expone muy bien el choque entre formas de entender la vida. Y lo mejor es que no trata de aleccionar poniendo a las gentes cultas por encima de las conservadoras, sino que muestra lo que hay y punto. El mejor ejemplo de esto es ver como la propia Adèle choca con la pandilla de Emma, muy culta en temas muy concretos (pintura) que ni conoce ni le interesan. Siguiendo con el realismo y las zonas grises, los baches en la relación no se suavizan achacándolos a factores ajenos para ensalzar la virtud de las protagonistas, sino que llegan de limitaciones y fallos propios. Y en esta onda también es capaz de lograr un final agridulce muy eficaz: la vida sigue, de todo bache se aprende.

Pero Kechiche no está acertado en todo, pues arrastra un problema bastante importante que limita enormemente la gran calidad que podría haber alcanzado la película. No es capaz de ir al grano, de recortar lo intrascendente, y el metraje se va inflando hasta llegar a tres injustificables horas. Ni tomándola como miniserie resulta aceptable, porque hay paja en cantidad. No sabe frenar escenas que ya han dicho lo que tenían que decir, o se pierde en detalles triviales. Y muchas secuencias enteras son intrascendentes, innecesarias para el desarrollo general de la historia. Con dos horas (o menos) el ritmo habría sido más fluido y la narración mucho más intensa y certera. Como está tiene su valor, pero diluye demasiado su potencial y desde luego dificulta mucho su visionado, pues el aburrimiento hace mella en varios tramos. Para una vez que los productores deberían haber sacado al director de sus errores y terminado de perfilar una obra que podría haber sido magnífica…

Locke


Locke, 2013, EE.UU., Reino Unido.
Género: Drama.
Duración: 85 min.
Dirección: Steven Knight.
Guion: Steven Knight.
Actores: Tom Hardy.
Música: Dickon Hinchliffe.

Valoración:
Lo mejor: La puesta en escena disimula algo de su falta de contenido.
Lo peor: No ofrece nada: ni una buena historia, ni entretenimiento.

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Un tipo cualquiera viaja en coche mientras lidia con algunos problemas a través de llamadas telefónicas. Tom Hardy es el único actor y cumple francamente bien, pero el personaje no da para mucho, así que no llega estar tan intenso como en Warrior.

Si el dramón de la pareja que se pelea por cuernos es un argumento muy visto, ¿qué queda si lo reducimos al mínimo, a una par de conversaciones telefónicas sin más contenido y trascendencia? Pues nada de nada. Y la otra parte de la trama es que deja el trabajo colgado y hay gente dependiendo de sus esfuerzos. Un puñado de llamadas para concretar materiales, horarios y personal es todo lo que da de sí. Intriga, momentos de tensión, drama humano con calado… ninguna emoción emerge de la narración, ninguna.

Podría decirse que el autor intenta mostrar la cotidianidad de la vida de cualquier persona, de cómo nos enfrentamos a nuestras limitaciones y errores y nos superamos (el personaje lucha contra el fantasma de su padre, por ejemplo), pero si de verdad es esto lo que pretendía, y no es una conclusión propia mía, le ha quedado completamente diluido y falto de garra. Para colmo hay algunos instantes muy raros. Tres o cuatro veces la escena se enfoca hacia coches de policía que se acercan con las sirenas puestas. ¡Por fin va a pasar algo!, pensé en todas las ocasiones. Pero nada, puro adorno.

Lo único rescatable es la puesta en escena, capaz de dar algo de dinamismo a un relato inerte. Montaje vivaz, juego con el enfoque y la iluminación… Hay muy poco margen pero Steven Knight logra algo de vidilla en lo visual como para alejar la película del cero absoluto. No basta sin embargo para hacerla digerible, pues se hace eterna, tediosa, insustancial… Otro ejercicio de chulería pedante y pseudoartística tipo Under the Skin, Cosmopolis, etc. No esperéis nada parecido a Buried, que es lo que esperaba yo.

Nymphomaniac


Nymphomaniac, 2013, Europa.
Género: Drama.
Duración: 118 y 123 min.
Dirección: Lars von Trier.
Guion: Lars von Trier.
Actores: Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgård, Stacy Martin, Shia LabBeouf, Christian Slater, Uma Thurman, Sophie Kennedy Clark, Connie Nielsen, Willem Dafoe, Jamie Bell, Mia Goth.

Valoración: Vol. 1 | Vol. 2
Lo mejor: Las historias son variadas, originales, bien narradas y con bastante pegada…
Lo peor: …pero todas en conjunto no ofrecen una obra lo suficientemente equilibrada y coherente como para dejar buenas sensaciones, problema que explota del todo con su delirante final.

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Como sus cinco horas y media de metraje eran insoportables en una sola tanda, tanto para el espectador (por esfuerzo y paciencia para estar sentado y atendiendo) como para el cine (por sesiones perdidas), la distribuidora obligó a partirla en dos partes y redujo su metraje a cuatro horas. Hay que decir que de partida no es una obra destinada al gran público y su exposición fue escasa, pero sí que se agradece que frenaran un poco los delirios de Lars von Trier y la hicieran un poco más asequible y cómoda de ver, por mucho que él reniegue de este montaje.

Un hombre mayor (Seligman) encuentra a una mujer tirada y herida (Joe). Esta no quiere ni ambulancia ni policía, así que se la lleva a casa. Como parte de los cuidados escucha la historia de su vida: es una ninfómana con una existencia miserable. La narración se desarrolla en forma de capítulos dedicados a distintas etapas, edades y vivencias de una personalidad que gira siempre alrededor del sexo. Hay lugar para el humor, la aventura y el drama, pero prima la perspectiva sombría con dosis de terror psicológico y tragedias brutales. Vicios, depresión, problemas de funcionamiento en sociedad, en el trabajo y la familia… Joe achaca todo eso a su maldad e inmoralidad, pero Seligman trata de hacerle ver un lado más positivo y de dar sentido a sus acciones.

Stellan Skarsgård está fantástico como Seligman, con una de esas interpretaciones contenidas que lo dicen todo con la mirada. Stacy Martin como la Joe joven-adulta y Charlotte Gainsbourg como la versión mayor transmiten bien el tono apesadumbrado y apático de esta mujer que pasa por el mundo como una sombra buscando sentir algo a través de su adicción. El resto de actores tienen papeles muy breves, debido a que aparecen en determinados episodios. El que más tiempo ocupa es Shia LaBeouf, quien no está mal pero no tiene la experiencia necesaria para dejar huella. En cambio Uma Thurman con su enorme presencia realza su capítulo hasta hacerlo de los más recordables.

Prácticamente todas las historias por separado tienen buen ritmo y un estilo propio (tanto en el continente como en el contenido) muy definido que las hace distintivas, entretenidas y emocionantes. Lars von Trier, alternativo y rebuscado como siempre, en lo visual se contiene bastante y en el guion no está tan críptico como otras veces, pero sí bordea el vacile intelectual de vez en cuando. La forma de enlazar secciones mediante las anécdotas de Seligman a veces resulta curiosa, dando un toque distendido y cambiando hábilmente el ritmo para no aburrir, pero en otras ocasiones roza la pedantería barata. Y en cuanto al sexo es una película muy explícita, con penes erectos y todo, algo que para algunos (sobre todo en EE.UU.) es como decir porno, pero que yo sepa sin penetración en primer plano no hay porno que valga. Pero desde luego no es para mojigatos, porque es directa y cruda tanto en el argumento como en lo visual, en ocasiones más de lo que parece necesario (el montaje fotográfico de penes es una broma o qué).

Aun contando con esos excesos puntuales Von Trier es capaz de hacernos vibrar, sufrir y sentir empatía incluso en los peores batacazos de la protagonista, conectar con Seligman y su aportación serena, amable y madura que trata de sacar lo mejor de cada bajón y fallo que tiene aquélla. Uno espera pues que el relato crezca hacia alguna parte, converja en una catarsis final que dé sentido a tanto metraje y relatos. Pero no ocurre así. La división en dos volúmenes realza el problema de la película: tras el ecuador en vez de ir a más y dirigirse hacia una conclusión patina con algunos altibajos y desvaría en un desenlace desastroso.

Justo cuando parecía que tomaba un camino más centrado en hacer que Joe encontrara un lugar en el mundo, que hallara sentido a su vida, las historias pierden fuerza y se apartan del hilo conductor para irse a detalles triviales tanto breves (la pareja de negros) como excesivamente largos (el capítulo del sado se hace eterno), con lo que partes en apariencia esenciales, como el intento de formar una familia, quedan muy difuminadas y estiradas. Más adelante se centra de nuevo: el acercamiento a la chica saca lo mejor de Joe, aunque se iniciara como de costumbre desde el lado oscuro, y pone otra vez el foco en su maduración como persona. El que parecía el final tira por esa vena oscura, algo que no sorprende dada la naturaleza del relato pero supone un golpe duro, ya que se conecta bastante bien con los personajes y después de tanta miseria cabría esperar algo de luz y esperanza. La situación que la lleva a acabar tirada en la calle como la vimos al principio y sus reflexiones y nuevas esperanzas suponen un final para mí perfecto. En estas condiciones la película habría acabado bien, y en conjunto a pesar de tener altibajos y exceso de metraje habría sido un viaje bastante interesante, distinto, valiente y de los que hacen pensar. Pero me temo que no acaba no acaba ahí…

De repente Von Trier fuerza una conclusión ridícula y da un giro final vergonzoso. Después de remover conciencias y empujar a reflexionar remata cuatro horas de filosofía con una cutre, infantil y lastimera conclusión de que las acciones de Joe se deben…. redoble de tambores… ¡al machismo!, y que lo que hacía era una venganza contra los hombres. Acabar con tal simplificación decepciona enormemente, pero todavía queda la sorpresita…

Alerta de spoilers: Selecciona el texto si quieres leer sobre el giro final.–

Seligman el asexual amable, que escucha pacientemente siempre tratando de sacar lo mejor de Joe y hacerla sentir bien, se pone a violarla, ella reacciona pegándole un tiro, fundido en negro y fin. Ni pies ni cabeza. Resulta una broma de muy mal gusto.

Fin de spoilers

Supongo que Von Trier quería un relato pesimista, cruel y desagradable, pero para ello fuerza un final que traiciona a la verosimilitud de lo narrado previamente y por tanto al espectador. Así pues, no puedo recomendar la película. En principio parece atractiva para espectadores atrevidos y ávidos de nuevas experiencias, pero cuatro horas de visionado para un cierre tan malogrado no resulta nada satisfactorio. Quizá si hubiera resultado una obra maestra la decisión de Von Trier se perdonara como un giro fallido, pero como no lo es uno espera que al menos el cierre deje buenas sensaciones y disimule las carencias previas. Y en estas condiciones dudo seriamente que el montaje del director (si es que llega a ver la luz, como miniserie por ejemplo) aporte sustancia y mejoras, porque en esta versión ya se ve que sobran minutos en cantidad. Cabía en una película de dos horas y media con una narración más ágil, pero ya se sabe que Von Trier va de gafapasta y alternativo y, viendo el final, un tarado o un bromista de cuidado.

Por cierto, la campaña publicitaria con posters de todos los protagonistas en posturas sexuales y rostros en pleno orgasmo sí que es una fantasmada, prácticamente sólo la protagonista (en distintas edades) y Shia LaBeouf tienen escenas de sexo.