El Criticón

Opinión de cine y música

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La entrevista


The Interview, 2014, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 112 min.
Dirección: Evan Goldberg, Seth Rogen.
Guion: Dan Sterling, Evan Goldberg, Seth Rogen.
Actores: James Franco, Seth Rogen, Randall Park, Lizzy Caplan, Diana Bang.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, hay algunos buenos momentos y chistes.
Lo peor: El potencial desaprovechado y el exceso de tonterías.
El título: Aquí ha llegado como The Interview. En una película se inventan por completo la traducción del nombre, en la siguiente no lo traducen. No hay quien entienda a las distribuidoras españolas.

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Otra comedia de la pandilla encabezada por Seth Rogen y James Franco. Esta vino con polémica por tener el atrevimiento de meterse con una dictadura cuyos dementes líderes están todo el día amenazando con lanzar misiles a todo el mundo, algo que podría haber traído problemas a la paz mundial. ¿Una provocación innecesaria o una crítica que debería hacerse más a menudo? Kim Jong-un provoca pavor, pero desde las democracias no podemos doblegarnos al miedo, y qué mejor método para plantar cara y levantar el ánimo que la crítica y ridiculización, o sea, la comedia, un método empleado desde tiempos inmemoriales para esos propósitos.

Ahora bien, la cinta es mucho menos de lo que promete… si no conoces a esta banda, porque si es así te harás una idea de su estilo. Como toda su obra, es una parodia simple y tirando a cutre, humor “made in Hollywood”: por mucho que vayan de adultos y comprometidos se inclinan más por el estilo bruto (incluso abusando de lo escatológico) que por la inteligencia, la ironía y la mordacidad. En un par de ocasiones parecen que quieren ir por ese camino, pero no llegan. La propia premisa apuntaba en ese sentido: criticar a los medios no comprometidos y a los manipuladores, pero también las mentiras y abusos de los gobiernos e incluso la ceguera y el pasotismo de muchos ciudadanos. Pero el protagonista que no se entera de nada y hacia el final abre los ojos y madura, más la efectiva escena en que derrumba a Kim Jong-un ante los espectadores norcoreanos, son los únicos momentos donde asoma ese potencial, y no precisamente desbordando ingenio y sutilezas.

El resto es como digo humor básico (chistes de amistad, incompetencia, situaciones incómodas, etc.) con inclinación por visual (tortas, violencia en tono absurdo) que funciona en lo justo para dar una comedia simplona pero pasable si no exiges más. La pareja protagonista funciona por la gracia y química de los actores y la sencilla pero evidente evolución de los personajes (la escena de la tienda falsa o la del tanque están bastante bien), y encontramos algunos chistes efectivos (la truculenta muerte de un general, la aparición de Eminem). Pero el ritmo de la aventura es inestable, con tramos aburridillos (la escena estúpida del tigre) y varios chistes muy vulgares.

Babadook


The Babadook, 2014, Australia, Canadá.
Género: Suspense, terror.
Duración: 95 min.
Dirección: Jennifer Kent.
Guion: Jennifer Kent.
Actores: Essie Davis, Noah Wiseman.
Música: Jed Kurzel.

Valoración:
Lo mejor: Inquientante, agobiante, y con un par de sustos de calidad. Los dos actores principales.
Lo peor: Muy predecible, y se queda algo corta.
Mejores momentos: ¡Baba dook, dook, DOOOOK!
La frase: ¡Baba dook, dook, DOOOOK!

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Tengo que admitir que Babadook sin sorprender consigue sorprender. Me refiero a que es capaz de causar impresión con una premisa muy vista en el género, de hecho es bastante predecible en muchos tramos. Y es que, al contrario que en la fallida It Follows (otra que pegó fuerte en 2014), aquí se demuestra que contando las cosas bien puedes lograr una un relato muy digno en un estilo muy agotado.

No hay nada nuevo en la presencia de monstruo/fantasma acosador, personajes cayendo en la paranoia, casa misteriosa/encantada y situación de aislamiento (aunque en este caso no es total). Pero su autora Jennifer Kent se esmera en construir un relato equilibrado donde no se vean mucho los trucos e influencias y se expriman las emociones. Pone especial cuidado en dotar de vida a los personajes para que podamos integrarnos con ellos plenamente en una atmósfera construida también con dedicación y habilidad: utiliza una larga, larguísima introducción que va cimentando la relación familiar, las situación trágica y delicada que viven, y poco a poco siembra la semilla del desconcierto, para luego aflorar la inquietud y finalmente explotar la paranoia.

La sensación de que esto acabará en tragedia y la intriga de quién de los dos será el que pierda el juicio y asesine al otro ofrece un creciente estado de desasosiego y varias escenas turbadoras. Y cuando llegan los pocos sustos, porque muchos no tiene, estos dejan un mal cuerpo durante bastante minutos. La principal aparición de Babadook, con su espeluznante grito, es para salir corriendo del cine o de casa sin mirar atrás. Por ello es una pena que momentos así haya tan pocos, que se centre tanto en el terror psicológico y no aproveche todo el potencial de horror puro. El tramo final lo acusa bastante, porque cuando la tensión está al máximo resulta que acaba de forma bastante básica, sin dirigirse a un clímax de infarto que exprima la atmósfera tan sugestiva. También le pesa su falta de novedades. Engaña en parte porque te atrapa con fuerza con los personajes, pero sabes perfectamente qué ruta seguirá la historia aunque algunas curvas te hagan sufrir.

La puesta en escena templada, sin abusos (como por ejemplo de los cansinos golpes sonoros de multitud de filmes) ni excesos, consigue sacar el máximo partido del escenario principal, la casa, pero también de otros secundarios breves pero primordiales, como el coche, donde juega muy bien con la separación entre asientos para crear distanciamiento entre madre e hijo, o la fiesta de cumpleaños, con el contraste que hace con la luminosidad y el vestuario chillón de los demás invitados, matizando lo fuera de la vida real que están los protagonistas. Y como decía, que los hechos ocurran en una casa de aspecto rústico (no destartalada, pero tampoco preciosa), con madera, puertas chirriantes, escaleras inquietantes… pues no es original, pero funciona sin problemas: el ambiente hogareño no empieza bien, con la situación de familia rota y angustiada, y poco a poco la propia residencia, la concepción de hogar, se va volviendo en su contra, convirtiéndose en una prisión mental cuyos recovecos empiezan a ser más oscuros y más hostiles.

Prácticamente sólo tenemos dos actores principales, y los dos están estupendos en unos papeles muy exigentes. Essie Davis como la madre inmersa en una pesadilla, a punto de la locura, clava los momentos de desesperación. Noah Wiseman asombra a pesar de su juventud con un papel muy natural en general, pero también está impresionante en los momentos más difíciles. Como la cinta no tuvo éxito ni supongo un gran empuje por parte de la distribuidora, no optó a premios en esta categoría, pero desde luego en un mundo más justo y objetivo estas dos notables interpretaciones hubieran recibido más aplausos.

It Follows


It Follows, 2014, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 100 min.
Dirección: David Robert Mitchell.
Guion: David Robert Mitchell.
Actores: Maika Monroe, Keir Gilchrist, Olivia Luccardi, Lili Sepe, Jake Weary, Daniel Zovatto.
Música: Rich Vreeland.

Valoración:
Lo mejor: Actores jóvenes pero competentes.
Lo peor: Hecha a cachos de otras del género, sin alma alguna. Ni genera miedo ni suspense.

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Alerta de spoilers: Hay unos cuantos, no he podido evitarlos para comentarla a fondo.–

Me sorprende una y otra vez lo poco que hace falta para contentar a los fans del terror. It Follows (Te sigue) se suma a la lista de productos menores y de escasa calidad (muy escasa) que consiguen una importante legión de seguidores que tratan de encumbrarla entre lo mejor de los últimos años cuando no es más que un compendio de tópicos torpemente unidos e inspiraciones nada disimuladas.

Una cosa es que se puedan intuir tus referentes, pues toda obra parte de un conocimiento previo, nada se inventa desde cero. Pero de ahí a construir la película a trozos de otras hay un salto muy grande. En este segundo trabajo de David Robert Mitchell (el primero fue una comedia, pero también sobre los jóvenes) se ve a John Carpenter y Wes Craven en cada plano, hasta el punto de que las similitudes con Halloween son descaradas. Pero la semilla de otras influyentes como Ringu (El círculo) y su remake The Ring (la idea central) o Déjame entrar y su remake (la escena de la piscina) también es evidente. Ni el argumento, ni la premisa, ni la atmósfera, ni tan siquiera escenas sueltas, tratan de aportar algo mínimamente novedoso, una vuelta de tuerca o un estilo que intente transmitir la sensación de que no nos están engañando con un burdo collage del género. Tan poco empeño ponen que el guion es un coladero de incongruencias y vaguedades.

La premisa es básica, pero no se explica bien, no se le pone unos límites claros. Se supone que una especie de fantasma se te “contagia” cuando practicas sexo con quien estuviera previamente poseído, y entonces te seguirá a todas partes para matarte a menos que antes folles con otra persona y se lo pases. No empezamos muy bien, porque no se especifica si vale una masturbación, o una felación, o si dos individuos del mismo sexo pueden contagiarse. Luego tenemos las apariciones inconsistentes. Se supone que sólo te persigue andando, con lo cual mucho miedo no da, y más si lo gestionan tan mal: es un vago que se manifiesta cuando le da la gana (la protagonista se tira días en el hospital, y ni rastro), y el realizador apenas juega en un par de instantes con la intriga de quién de entre el gentío será, porque aquí parecen existir sólo los protagonistas y apenas se ven unos pocos extras; y lo de andar tras de ti al final termina siendo impreciso también, porque incluso aparece en tejados, que ya me dirás cómo pretende alcanzarte así. Luego empieza a ponerse borroso lo de si es un fantasma, porque unas veces parece moverse por espacios cerrados como si no tropezara con nada ni con nadie, es decir, el típico ente etéreo, pero otras es tangible y puede ser golpeado sin mucha dificultad. El aspecto es otro punto que sumar al caos, con lo que en vez de intriga sólo transmite confusión: al principio toma la forma de muertos aleatorios (se puede suponer que las víctimas), pero luego se muestra como familiares (¿muertos quizá?) e incluso como los amigos, a pesar de que estos últimos sí están vivos y localizables.

Es decir, el argumento no tiene ni pies ni cabeza. Cómo demonios esperas que sienta inquietud y temor por el devenir de los acontecimientos si las reglas cambian sobre la marcha, pues sin coherencia ni objetivo no hay manera de entrar en el relato. Pero la cosa sigue empeorando hasta llegar niveles alucinantes…

Los colegas se montan una investigación para encontrar al que le pegó esto a la protagonista y comprobar la veracidad del asunto. Pero una vez confirmado el tema, de repente, no investigan más, y se van de acá para allá a descansar, porque esconderse no parece que lo intenten muy bien. Se encierran en casa a pesar de que les han dicho que estén en sitios amplios y con salidas. Ataca ahí, así que se van a una cabaña en la playa de un lago. Los vuelve a atacar y salen por los pelos, pero en vez de huir más, se quedan en el hospital tranquilamente… y luego se vuelven a sus casas otra vez.

Pero a pesar de esa pasividad, y más aún a pesar de que la chica se ha tirado a un desconocido (o varios, en esa escena de la barca que no se muestra pero es clara) y debería haberse librado del monstruo, al final sí se montan un plan con una estrategia determinada. Tampoco se explica cómo han llegado a elaborar esas ideas, porque como digo, no han estudiado a fondo el asunto, no tienen información nueva, y para colmo se supone que le ha pasado la posesión a otro, y en ningún momento vemos, ni ven los personajes, si muere o no, con lo que podrían esperar su llegada eternamente. Es más, ni es coherente con lo visto: en la playa le pegan hostias e incluso un tiro en la cabeza, y se levanta como si nada. Ahora deciden que electrocutarlo puede matarlo, y cuando ven que no funciona (porque por suerte el bicho se presenta bien pronto), pues le pegan otro tiro. Y se muere, porque lo vemos morirse. Pero por si acaso la chica sigue follándose a gente, que ya le ha cogido el gustillo; o quizá es el cutre intento de meter el clásico final abierto; o han vuelto a cambiar las reglas y ahora persigue a todo el que ha sido poseído alguna vez, según se los vaya encontrando mientras vaga por ahí. Y bueno, ya me explicaréis la lógica de meterse en el agua, un medio que te limita la movilidad, y convertirla además en el arma para matarlo mediante electrocución: ¿de verdad una táctica tan arriesgada les parece factible? Si ahora por arte de magia piensan que el ente puede ser herido, qué costaba ponerse tras una puerta y esperar bien armados y con harina y otros sistemas de detección para localizarlo y golpearlo con rapidez y contundencia. Quizá el guionista quiso meter el citado homenaje/plagio a Déjame entrar, pero le quedó ridículo.

A todo esto tenemos que sumarle más puntos oscuros en la verosimilitud. Los padres están desaparecidos, como si no les importara que sus hijas adolescentes se esfumen cada dos por tres justo cuando ha habido una agresión sexual. La policía tampoco hace nada. Hay un muerto en el barrio y no se investiga a los vecinos de enfrente, justo quienes unos días antes han sufrido un ataque. Ni siquiera vemos a ninguno de los dos grupos de adultos cuando una de la pandilla acaba con una herida de bala en el hospital, disparada por accidente por el amigo en uno de los momentos-cliché más rancios. Es más, nunca piensan en contar con ayuda, como si fuera mejor resolver un problema tan grave por tu cuenta. También está neblinoso el tema de las edades: en una escena hablan como si tuvieran veintipocos y hubieran vivido de todo, y en la siguiente parecen tener quince y desean crecer para vivir de todo. Es más, mientras una está en el instituto, la hermana, más pequeña, está trabajando. O EE.UU. es muy raro, o las incongruencias son demenciales. Y la ambientación telita también. Se supone que estamos en los ochenta, pero en algunos planos se ven claramente coches modernos (¿un Mondeo de los nuevos?)… y atención al ebook en forma del almeja que tiene la de las gafas… Según he leído, el director quería una ambientación atemporal, pero vaya, podía mostrarlo mejor, que me tiré media película preguntándome si ese chisme existía o si el coche que me pareció ver era de la época. Por no decir que el prólogo es en el presente o cerca, pero luego no se explica por qué. O sea, por mucho que quisiera una atmósfera irreal, lo único que consigue es más confusión: si ni el argumento ni el entorno obedecen a una lógica clara, ni puedo entenderlo ni puedo implicarme. Pero hay más, porque tenemos varios gazapos o cosas sin explicar, como por qué la piscina desmontable de la familia acaba rota.

Sólo hay unos pocos momentos en que el guion apunta maneras, pero quedan diluidos en el caos general. Al principio presenta un buen retrato de los adolescentes: la banda es interesante y sus relaciones realistas (salvo por la chica de las gafas, que aparece y desaparece sin explicaciones). Pero por desgracia no lleva a nada, porque una vez se sumergen en la historia los personajes se estancan. Además el tono es tan incoherente como todo lo demás. De estar hablando de magreos juveniles, probar las drogas y empezar las relaciones sexuales, todo ello con un tono natural y abierto impropio de un género habitualmente muy conservador, de repente pegamos un salto enorme hacia atrás: con la trama se forma claramente el mensaje de que el sexo es malo, degradante y peligroso, y que debes evitarlo; llega al punto de señalar que todos los hombres son unos aprovechados y violadores, incluso tus mejores amigos.

La fotografía e iluminación son correctas, aunque muy poco imaginativas para un género que exige más riesgo en la composición de imágenes y atmósferas. Y el director también ofrece una labor muy desganada y sin savia, de hecho repite recursos más de la cuenta: qué harto he quedado del tráveling circular y los paseos lentos por las urbanizaciones, y también es cansina la repetitiva música ochentera con sintetizador a lo Carpenter. Los actores cumplen con bastante naturalidad pese a su juventud (sólo el amigo salido se queda corto), pero la que tiene más protagonismo, Maika Monroe, aparte de ser una rubia indistinguible de otras muchas le falta la intensidad necesaria para dejar huella.

Entre su limitado aspecto visual y el penoso guion, la atmósfera de terror no se vislumbra por ninguna parte, pero es que ni siquiera funciona como cinta de suspense. Es fría y aburrida por fuera, y un galimatías malogrado por dentro. Con todo, no se hace especialmente cargante, y el amago inicial con personajes interesantes y con potencial le da cierta inercia, así que seguí viéndola sin echarme las manos a la cabeza hasta el flojo e ilógico tramo final. Las he visto peores: la más reciente Oculus me resultó insoportable, y la más famosa e incomprensiblemente sobrevalorada Saw me pareció más estúpida.

The Salvation


The Salvation, 2014, Dinamarca, Reino Unido, Suiza, Bélgica, Sudáfrica.
Género: Western.
Duración: 92 min.
Dirección: Kristian Levring.
Guion: Anders Thomas Jensen, Kristian Levring.
Actores: Mads Mikkelsen, Jeffrey Dean Morgan, Mikael Persbrandt, Eva Green, Eric Cantona, Jonathan Pryce.
Música: Kasper Winding.

Valoración:
Lo mejor: Va al grano con determinación y firmeza, resultando un título clásico pero efectivo.
Lo peor: No va a sorprender. La iluminación nocturna es irreal, casi desastrosa, resultando un inesperado y confuso contraste con la buena fotografía diurna.

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Un emigrante danés huye de la guerra en su país para perseguir el sueño de forjar una nueva vida en el Oeste americano. Pero cuando consigue traer a su familia se tropieza con la banda de pistoleros que aterra la zona, y la cosa acaba en tragedia y en un conflicto del que no ve salida.

Como indicaba en el cuadro resumen, no es una película que pueda sorprender, pues parte de un argumento muy sobado en el western, llega con décadas de retraso y no intenta en ningún momento aportar algo nuevo. Además es curioso que en una coproducción europea se embarquen en una historia tan estadounidense, sobre todo porque no aportan un toque distintivo o una historia más enfocada en los colonos y sus vicisitudes, porque al final el origen de los protagonistas resulta irrelevante y la historia es como digo la de siempre. Pero como también repito muchas veces, un relato, del género y formato que sea, puede valer la pena sólo con estar bien narrado. Y ahí The Salvation funciona francamente bien. Los clichés del género están presentes, muchas escenas se ven venir de lejos y el destino de los personajes es evidente desde que son presentados, pero el realizador Kristian Levring se esmera en construir una aventura sólida y con garra suficiente para que esas bases no se conviertan en un lastre.

Todos los personajes logran resultar entre aceptables y atractivos. Los más estereotipados, como el adolescente que quiere ayudar, no entorpecen ni resultan cargantes. Los villanos tienen una pizca de sentido más allá de ser malos porque sí: las clásicas ambiciones de terratenientes combinadas con el disfrutar de ser el matón más fuerte. No esperaba que Jeffrey Dean Morgan, un secundario de series ñoñas (Anatomía de Grey por ejemplo) pudiera llegar a imponer tanto, pero logra un enemigo que causa miedo aunque se pueda deducir su destino. Los aldeanos muestran varias caras de la cobardía, siendo el más interesante el alcalde, sobre todo por el estupendo papel de un valor seguro como es Jonathan Pryce. El protagonista, Mads Mikkelsen, tiene carisma de sobra para sobrellevar un rol tan clásico, el del padre de familia que se enfrenta solo al peligro. Este actor fue de hecho quien me empujó a ver la película, pues su papel en Hannibal como el asesino caníbal me tiene fascinado. En cambio la siempre atractiva Eva Green no tiene mucho que hacer: si partes de un cliché y encima haces que sea un personaje mudo, poco que aportar tiene si no le das una historia llamativa, cosa que no hacen.

El tono y el ritmo son muy buenos, la cinta fluye bien sin atascarse en ningún pasaje, y mira que muchos son muy básicos, y las escenas de acción y tiroteos son emocionantes y no escatiman en violencia. En el gran conflicto final maneja muy bien la situación de cada personaje y la intriga sobre por dónde sobrevendrá la muerte de cada uno (las esquinas, los suelos, los planos amplios para ubicarte), de forma que tenemos un tiroteo espectacular y tenso a partes iguales.

Pero hay un detalle extraño y malogrado en la por lo general buena puesta en escena. A pesar de su acertada fotografía diurna, con una excelente iluminación, grandes planos y algún tráveling muy eficaz, en la fotografía nocturna hacen una cosa extrañísima. No sé si han rodado de día con filtros o aplicando un tratamiento digital posterior, o si lo han hecho de noche fallando estrepitosamente en la iluminación, porque el resultado es bastante fallido, parece que la imagen está mal. Tampoco funcionan un par de efectos digitales cutres: el fuego y los pozos petrolíferos no llegan a un mínimo aceptable de calidad.

El entusiasmo con que se narra una propuesta tan poco novedosa se contagia: a mí me ha resultado una película muy emocionante e intensa, lo suficiente como para que su estructura a base de topicazos consiga saber más a nostalgia y homenaje que a imitación. Ahora bien, es inevitable que al acabar la proyección te pongas a pensar que es una lástima que no aportaran ni una idea o giro que le diese un poco más de originalidad y “recordabilidad”.

X-Men: Días del futuro pasado (incluyendo la Rogue Cut)


X-Men: Days of Future Past, 2014, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 131/149 min.
Dirección: Bryan Singer.
Guion: Simon Kinberg, Jane Goldman, Matthew Vaughn.
Actores: Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Peter Dinklage, Evan Peters, Patrick Stewart, Ian McKellen, Halle Berry, Nicholas Hoult, Ellen Page, Shawn Ashmore, Johs Helman.
Música: John Ottman.

Valoración:
Lo mejor: La solidez de los personajes, del reparto y de la puesta en escena. En el guion se nota esfuerzo por contar las cosas bien…
Lo peor: … aunque hay deslices, agujeros y cosas cogidas por los pelos.
Mejores momentos: La discusión entre Erik y Charles en el avión.
La pregunta: ¿Cómo puede escuchar música Mercurio cuando va a toda velocidad?
Versiones: Finalmente vio la luz la versión extendida, llamada Rogue Cut. He actualizado la crítica para incluir al final mi opinión sobre la misma.

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Alerta de spoilers: Quizá revelo demasiados detalles para quien quiera verla sin saber nada.–

Me ha resultado difícil catalogar, analizar y puntuar esta película. El público la ha recibido de manera entusiasta, pero entre los más cinéfilos y sobre todo los frikis hay algo más de disensión, o al menos se considera buena aunque con algunos peros importantes. El problema es que intenta abarcar mucho, esquivando también mucho, y no siempre está acertada.

El primer punto conflictivo es que nace como un reinicio poco disimulado. La saga había caído muy bajo, tanto en calidad como en giros de trama y muertes más o menos innecesarias de personajes, con X-Men: La decisión final (que cerraba la trilogía original) y las dos partes de Lobezno (en especial la primera, más centrada en eventos de la Patrulla X). Bryan Singer, que puso en marcha la serie (X-Men, X-Men 2), al igual que muchos fans estaba muy descontento por como la manejaron los directores que la continuaron, y en un intento de redirigirla o resucitarla dio forma a X-Men: Primera generación, que tan bien dirigió Vince Vaughn. Era una saga paralela, yendo a los orígenes de la Patrulla X con nuevos actores para los personajes en sus versiones jóvenes. Apoyado por su gran y merecido éxito de crítica y público decidió que la serie podía ser salvada no sólo tangencialmente, sino por completo, porque el famoso cómic Días del futuro pasado le permitía unir las dos líneas narrativas mediante una historia de viajes en el tiempo. Así pues, ni corto ni perezoso aprovechó las paradojas temporales para establecer una nueva realidad donde los personajes principales que murieron ahora siguen vivos.

¿Está justificado llevar las nuevas entregas hacia un punto en el que esos títulos denostados desaparecen de la continuidad? ¿No es engañar al espectador decir ahora que dos o tres películas sobran? ¿No es jugar con nuestra inteligencia y sentimientos el matar y resucitar personajes sin control alguno? Por no decir que no queda claro qué películas son borradas en la nueva realidad. X-Men: La decisión final es evidente, porque resucitan a los ahí muertos, pero con las dos de Lobezno hay que ponerse a analizar a fondo qué partes son reinventadas. Los fans se han montado esquemas enrevesados, pero con la sensación de improvisación que tiene la serie prefiero no perder el tiempo pensando en ello. Al final no queda otra que aceptar el truco de las realidades paralelas como excusa para renovar la saga, no en vano este título en conjunto es bueno y los que vienen resultan prometedores. Pero eso no elimina la sensación de confusión y, en mi caso, tampoco del todo la de engaño, aunque se aplaca bastante porque en parte endiento el esfuerzo y los problemas a los que se ha enfrentado Bryan Singer.

Pero aun así hay un límite que no debería sobrepasarse y que sí me molesta bastante, hasta el punto de impedirme disfrutar del todo de las virtudes de esta entrega. Hablo del asunto de eliminar y resucitar personajes. No me gusta nada el viejo y cansino método de matar personajes a mogollón sólo cuando sabes que vas a tener un reset al final. Así, el clímax donde los mutantes del futuro caen como moscas sabe a falso y manipulador. Y con las reapariciones de fallecidos como Jean Grey se remata la jugada. Si se rompen los límites de la verosimilitud y de la conexión emocional, si no sabes que el muerto se va a quedar muerto, si ves venir que el argumento es una trampa circular barata o como queráis llamarlo, pues no sé vosotros, pero yo tendré problemas para conectar con el relato, es más, puedo sentirme estafado.

Además la historia comienza con cosas sin explicar, porque no hay forma de hacerlo sin perder mucho tiempo o cambiar por completo el argumento. Xavier aparece vivo y con el mismo cuerpo, y quien no haya visto la escena post-créditos de La decisión final no podrá entenderlo, y aunque lo haga es probable que le parezca otra trampa argumental. ¿Es aceptable tener que ver cosas ajenas a las películas para entenderlas? Porque para mí una escena extra no forma parte de la película. Siguiendo con Xavier y esos anexos, resulta que no se explica tampoco la escena post-créditos de Lobezno inmortal, donde Xavier y Magneto van a buscar a Lobezno en el presente. Y pasando a otro mutante, ahora resulta que Kitty tiene poderes que antes no tenía, todo por meter un rol conocido en la trama.

Pero si superamos esa barrera emocional, si esas omisiones y artimañas descaradas no nos tiran abajo la película, todavía se puede disfrutar de una buena cinta de superhéroes, y de hecho de una buena entrega de X-Men. Sigue teniendo algunos puntos mejorables, pero los aciertos son más destacables.

El argumento de viajes temporales en el fondo es muy clásico y se ve venir de lejos, pero se utiliza sabiamente, sin caer en topicazos, sin resultar farragoso o confuso en los saltos entre tiempos y protagonistas. De hecho el ritmo es muy bueno, siempre activo y con la trama y los personajes bien expuestos y desarrollados. Sólo se resiente un poco en la batalla final, pues las idas al futuro aportan poco aparte de sensacionalismo y el desenlace en el pasado es un poco repetitivo, pues es básicamente el mismo que el de Primera generación: Xavier y Erik enfrascados en una disputa moral ante un mundo que puede aceptar o perseguir a los mutantes según salgan las cosas. Pero aunque como final no tiene la pegada que debería, no es como para llevarse las manos a la cabeza, sobre todo porque la calidad de los personajes sustenta prácticamente cualquier cosa. Lo que sí sobra por completo es ese toque último de misterio con Mística disfrazada de Striker, que además de confuso es tramposo y mosqueante. Confuso porque no se sabe cómo y por qué acaba ahí (o qué pretenden con ello los guionistas), tramposo porque pone intriga artificial cuando sabemos que en la próxima entrega pueden hacer caso omiso como han hecho otras veces, y mosqueante porque precisamente ese final de Lobezno apuntaba directamente a que su línea temporal con Striker seguiría su curso, pero con Mística en medio lo enmarañan aparentemente sin venir a cuento.

Lo mejor es que la esencia de la Patrulla X brilla con intensidad. La lucha por los derechos y la integración, el conflicto contra las ambiciones y fobias de los poderosos, y sobre todo la propia lucha entre los mutantes por su forma de entender el mundo ofrecen un relato con varias capas y estilos muy equilibrados: la combinación de drama, mensajes y acción es excelente. La confección de los personajes es primordial en la ecuación, y es muy acertada. Destaca la profundidad emocional de Erik y Charles, el juego que da su dualidad y confrontación constante, así como el carisma de Lobezno, que por cierto muestra muy bien su evolución respecto a capítulos previos (más implicado en el grupo y la misión, de hecho termina liderando). Los secundarios no parecen incluidos por cumplir con el cómic y todos tienen su lugar en la historia. Pero aquí también hay un desliz. Para ser Mística tan protagonista no le dan suficiente profundidad al personaje, y una actriz tan competente como Jennifer Lawrence está muy sosa porque no hay margen para sacar más. Los demás sí trabajan muy bien: Michael Fassbender, James McAvoy y Hugh Jackman están como siempre estupendos; el momento en que discuten en el avión quita la respiración por todo lo que significa para los protagonistas y por la interpretación de los actores.

Donde no falla ni una pizca es en otro punto esencial: el espectáculo no se descuida. Visualmente es impecable desde los efectos especiales a la dirección de Singer. Las escenas de acción se planifican bien y el sensacionalismo visual (el estadio es quizá excesivo, la escena de Mercurio puro vacile) no engulle a la trama y personajes.

Como muchos fans, hubiera preferido que siguieran con la segunda parte de Primera generación, la mejor de la serie, en vez de meterse en este embrollo de reinicio forzado, pero al menos el resultado es francamente bueno más allá de lo que nos guste o no la manera de relanzar la saga y resucitar personajes.

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Actualización del original publicado el 16/10/2014:
Vista la versión extendida, llamada Rogue Cut (Versión Pícara, vamos)

Huelga decir que hay dos tipos de versiones extendidas de películas: las que merecen la pena y las que no. Algunas ediciones en dvd/bluray incluyen escenas extra sólo como reclamo, sin aportar nada esencial a los personajes o la trama. Pueden ser minutos que no hagan daño o pueden alagar innecesariamente la cinta. Por ejemplo la extendida de Terminator 2 no aporta nada y ralentiza el perfecto ritmo de la versión original. Luego están las ganan calidad, porque fueron recortadas negligentemente por la productora de turno, donde pensaban que una versión más reducida (y generalmente menos violenta) sería más viable comercialmente, pero luego resulta que lo que quedó fue un resumen malogrado. Los mejores ejemplos son Abyss, El reino de los Cielos y Alexander, cuyas versiones del director son inmensamente superiores a sus estrenos en cines.

¿En qué categoría entra la extendida de Días del futuro pasado? Pues concretamente en ninguna de las dos, la verdad, es más bien un caso nuevo. Como producción que tiene una parte de su público, el fandom, que es muy fiel y conocido por comprar cualquier edición que vea la luz, la productora no puso pegas al capricho del director Bryan Singer de sacar una edición más larga. Pero esa idea no obedece a razones narrativas, a que en cines tuviera que resumir o alterar el montaje por presiones externas. Lo que ocurrió es que rodó una subtrama con un personaje secundario, Pícara, solamente porque era muy apreciado en la saga, tanto por los seguidores como por él, pero luego vio que en el relato no pintaba mucho. Y como le han dejado ha sacado una versión que incluye ese capítulo anecdótico pensando en que gustaría, pero lo cierto es que es raro encontrar opiniones a favor de este montaje nuevo, la grandísima mayoría, incluso teniendo en cuenta lo que deseábamos ver al personaje, coincide en que la película no gana, sino todo lo contrario.

Siendo una obra pausada más que de acción trepidante, centrada en desarrollar el conflicto de sus personajes y formar las escenas cumbre desde esa base, ralentizar el ritmo aumentando el metraje con secuencias ligeras o intrascendentales es bastante contraproducente. La Rogue Cut incluye casi veinte minutos extras de pura morralla. Tenemos algún diálogo superficial que no aporta nada al dibujo de los protagonistas (Bestia y Lobezno charlando en la mansión) y extensiones de trama poco justificadas (la destrucción de Cerebro es innecesaria -y más con esa tonta escena de sexo-, ya teníamos razones de sobra para no encontrar a Mística). Lo más esperado era ver a Pícara, pero resulta a todas luces negligente meter una trama paralela enorme para que sólo aparezca para estar sentada sin hacer nada relevante. Si interaccionara en la trama del futuro, si se relacionara con los demás personajes… pero es que no hace nada, sustituye a Kitty unos minutos y punto. Y para llegar a eso hemos tenido su rescate en la mansión, una escena de acción larga pero insustancial y anticlimática que además incluyen de forma muy extraña, narrándola de forma paralela a cuando Magneto (en el pasado) recupera su casco, como si ambas cosas tuvieran alguna relación. Hay otros tantos detalles cambiados, pero son igualmente irrelevantes: qué más da dónde muera uno de los mutantes del futuro, si sabemos que esa línea se rehará.

Así pues, si vuelvo a verla será en la versión cines, y pienso que esta Rogue Cut quedará como una curiosidad fallida que probablemente se olvide con el tiempo.

Como siempre, movie-censorship hace una comparación exhaustiva.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
-> X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix oscura (2019)
X-Men: Los nuevos mutantes (2020)

Kingsman: Servicio secreto


Kingsman: The Secret Service, 2014, Reino Unido.
Género: Acción, comedia.
Duración: 129 min.
Dirección: Matthew Vaughn.
Guion: Matthew Vaughn, Jane Goldman; basados en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons.
Actores: Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Michael Caine, Sofia Boutella¸ Mark Strong.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Reparto.
Lo peor: Sin gracia ni originalidad, de ritmo irregular a pesar del abuso de fuegos artificiales.

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Vince Vaughn dejó pasar X-Men: Días del futuro pasado para embarcarse en este proyecto personal, la adaptación de un cómic que parodia el género de espías en su vertiente inglesa: los inicios de James Bond, series como Los Vengadores (1961), El prisionero (1967), El agente CIPOL (1964) y otras tantas. Le fue bastante bien en la crítica, sobre todo la del público (¡un 8 en imdb!), y llegó a recaudar unos impresionantes 400 millones a pesar de ser para mayores de 18 años, pero a mí me ha parecido una película muy básica, poco o nada inspirada en la parodia, sin savia en su trama y personajes, y con un ritmo bastante flojo.

Para que una parodia destaque ha de tener gracia obviamente, pero también un mínimo de estilo e inteligencia. El estilo en cierta manera lo consigue, pero porque emula a un género que tiene uno muy marcado. Los chistes sobre cachivaches y vestuario, sobre organizaciones secretas, villanos ruidosos y héroes silenciosos, etc., tienen un sello característico… pero se capta muy superficialmente, resulta una imitación sin alma donde no se consigue una vuelta de tuerca que le otorgue la suficiente chispa y frescura como para no parecer una serie de clichés tontorrones y chistes poco esforzados. Lo peor es la falta de ingenio y sutilezas, el humor carece de la inteligencia que le permita causar una mínima impresión, dejar huella más allá de sacar alguna sonrisa puntualmente: no hay ironía, transgresión ni dobles lecturas.

Así pues, Vaughn se acerca más a la caricatura estúpida tipo Austin Powers, con un humor más que básico burdo y cutre, que a la agudeza de otros títulos a los que a veces recuerda, como Stnach y Locke and Stock (esta última la produjo él mismo) o, más en el género, Mentiras arriesgadas (con la que no comparte el toque inglés, pero sí la grandilocuencia visual). Esos son los mejores ejemplos de cómo hacer una parodia original e impactante por su hábil mezcla de humor refinado con humor gamberro con los que se retuercen las bases del género mientras además se aportan ideas novedosas. Si se hubiera marcado un Top Secret, que maneja bien lo sencillo llevándolo a un nivel de absurdez muy conseguido, pues al menos hubiera tenido gracia, pero únicamente se limita a reunir tres o cuatro chistes de los de contar en la barra de un bar y trata de montarse dos horas de película con ellos. Para rematar, la cinta tiene un tono muy extraño, un desequilibrio incomprensible: es simplona hasta parecer para niños, pero está llena de violencia y sangre innecesarias.

Los personajes tienen potencial, en especial por los grandes actores que los interpretan (incluido el joven protagonista, todo un descubrimiento), pero no van a ninguna parte, su viaje está tan trillado que no consiguen despertar interés alguno. La trama es inconsistente, aparece y desaparece y la mitad de las veces no se sabe de qué va realmente, con lo que el ritmo es poco intenso, lo que se empeora porque por buscar la parodia meten con calzador largas secuencias referenciando alguna cosa (por ejemplo, una de las visitas al sastre se eterniza), y no funcionan porque parecen vueltas en círculos que estiran ese sentido del humor tan limitado.

Siguiendo con los desequilibrios, la puesta en escena es todo lo contrario al conservador y pobre guion. Vaughn apuesta por un fiestón de histrionismo que termina saturando. Las peleas mostradas a toda velocidad con coreografías salidas de madre, la música insistente (y bastante floja), el abuso de efectos especiales (que cantan bastante), la grandilocuencia desmedida… Todo el ruido y éxtasis visual no llevan a nada. En concreto, las peleas parecen imitar el estilo sobrecargado de Edgar Wright (Hot Fuzz, Bienvenidos al fin del mundo), pero aquí Vaughn se queda lejos del domino narrativo que imprime Wright, que dentro de su exageración parece verosímil y no se le ven los trucos, mientras que Vaughn se monta un cómic cutrón y lleno de lagunas: la cámara acelerada resulta muy forzada, el montaje es regulero y deja ver la falsedad de muchos golpes.

Si apruebo a Kingsman es por los pelos. Lo único bueno es que no llegó a parecerme tiempo perdido: se ve, sonríes un par de veces, te contagias un poco del entusiasmo de sus actores, y empiezas a olvidarla antes de que sus carencias se hagan muy evidentes.

El año más violento


A Most Violent Year, 2014, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 115 min.
Dirección: J. C. Chandor.
Guion: J. C. Chandor.
Actores: Oscar Isaac, Jessica Chastain, David Oyelowo, Elyes Gabel, Albert Brooks.
Música: Alex Ebert.

Valoración:
Lo mejor: Su fórmula clásica ofrece una cinta bastante sólida y atractiva, en especial en el manejo de la intriga y la calidad del rol central.
Lo peor: Pero no termina de deslumbrar, es predecible y le falta garra.

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El año más violento es un thriller con sabor setentero tanto en lo visual como en el argumento, una revisitación a las historias de crímenes y corrupción de la época y un homenaje al cine que las retrataba. Para empezar, el protagonista es una suerte de Michael Corleone con toques de Serpico, un individuo de gran personalidad que intenta evitar caer en la violencia del entorno pero la vorágine de acontecimientos lo arrastra inexorablemente hacia allí. Las mafias dominan los negocios típicos (basuras, calefacción, transporte), la policía es incompetente cuando no corrupta, y la urbe está sumida en un caos donde sólo los más fuertes triunfan. Nueva York se capta con colores ocres y apagados típicos del género, y la aventura mantiene también sus bases clásicas, ofreciendo una sencilla pero efectiva descripción de los tejemanejes, reuniones, alianzas, engaños, traiciones, etc.

Pero la trama no se sumerge en la complejidad y épica que suelen embargar estas películas. Es la odisea personal de un tipo moral contra un mundo amoral, así que no esperes una historia de grandes proporciones a lo El padrino o Uno de los nuestros, está más en la onda de Serpico o la posterior Atrapado por su pasado. Su autor (J. C. Chandor escribe y dirige, como en Margin Call y Cuando todo está perdido) es consciente de ello y fortalece la narración tratando de sacar el máximo partido de su protagonista, volcando sobre sus hombros todo el estrés y dificultades de la situación de forma que su viaje llegue con intensidad al espectador. A Abel Morales le llueve mierda por todas partes, puede desfallecer o morir en cualquier momento, y te mantiene expectante, en vilo constantemente. Hasta las escasas escenas de acción se apoyan únicamente en la carga emocional, en ver cómo supera las dificultades.

Oscar Isaac (A propósito de Llewyn Davis) ofrece todo lo que el papel necesitaba. Desde un registro contenido muestra magistralmente la tensión que carga, destacando su estupenda evolución: se va agobiando cada vez más, hasta casi no ver salida alguna. De esta forma el personaje se alza como uno de los más llamativos del año, de hecho, muchos esperaban que fuera el tirón final para que la película entrara en la carrera por los premios, aunque al final estos se decantaron por los melodramas cutres que tanto adoran.

El protagonista está bien secundado por una esposa que guarda buenas sorpresas, papel en manos de la competente Jessica Chastain (Criadas y señoras, Interstellar, Zero Dark Thirty). Sin embargo el resto de personajes no se trabajan tanto, y alguno requería un dibujo más elaborado para no parecer un mero objeto de la trama, como el chaval que huye, el jefe del sindicato de conductores o el detective, todos cruciales pero algo desdibujados.

Esas limitaciones también se extienden al resto del relato. Sin tener bajones de ritmo, de hecho, este es francamente bueno, sí acusa cierta falta de fuerza y carisma. Hay capítulos intensos que te hacen sudar un poco, pero ninguno que deje huella en la memoria. Y sobre todo carece de giros y soluciones sorprendentes, todo se ve venir con bastante antelación. La buena mano del director exprime el guion, pero al final la historia, de sencilla, no es capaz de causar mucha impresión. Le ha faltado una pizca de originalidad e ingenio para que consiguiera apartarse de parecer un homenaje o imitación profesional del género pero sin alma propia. Con todo, resulta un título muy recomendable para cinéfilos que echan de menos ciertas formas de hacer de cine: clasicismo, contención, manejo de las emociones, personajes como centro de la narración, trama que no pierde coherencia para buscar artificios comerciales. Pero precisamente por tener esas virtudes, sabe a poco que no se logre una obra remarcable. En este estilo recomendaría La noche es nuestra, un filme muy potente que no tuvo repercusión alguna.