El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos por Etiqueta: 2017

Guardianes de la galaxia, Vol. 2


Guardians of the Galaxy Vol. 2, 2017, EE.UU.
Género: Superhéoes.
Duración: 136 min.
Dirección: James Gunn.
Guion: James Gunn.
Actores: Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Bradley Cooper, Michael Rooker, Karen Gillan, Pom Klementieff, Kurt Russel, Elizabeth Debicki, Sean Gunn, Chris Sullivan, Vin Diesel.
Música: Tyler Bates.

Valoración:
Lo mejor: Magnífico equilibrio entre acción, humor, referencias a la cultura pop ochentera y el desarrollo dramático de los personajes. Aspecto visual arrebatador, y música (original y selección) excelente.
Lo peor: Un pequeñísimo bajón de ritmo en el tramo central (la llegada al planeta de Ego, la estancia de unos personajes en una jaula), y el poco trabajo con las motivaciones de Ego.
La frase:
1) -Peter: Finalmente he encontrado a mi familia. ¿No lo entiendes?
-Gamora: Creí que ya la habías encontrado.
2) Lo siento. Sólo puedo soportar perder a un amigo hoy -Rocket.

* * * * * * * * *

Como en la primera entrega, la inteligente y brillante visión de James Gunn al guion y la dirección ofrece una película llena de capas, energía y corazón. Es alegre y triste, abrumadora y relajada, fastuosa e intimista sin que nada se pise, formando un equilibrio mágico. Pero todo ello no podría haber funcionado sin la férrea conexión emocional que se establece con los numerosos protagonistas, con un dibujo realista y cautivador.

Cabe destacar de nuevo la habilidad para desarrollarlos a través de un sinfín de aventuras y escenarios fascinantes por los que saltamos con un ritmo demencial pero muy bien medido: entre el asombroso repertorio de acción apabullante, humor ingenioso unas veces y loco otras y referencias cultares mil da tiempo a que toda vivencia cale y genere una experiencia que hará a cada protagonista responder de otra forma más adelante. Y el entusiasmo y la química de los actores son notorios, sólo Chris Pratt está un poco más débil en un par de momentos dramáticos (algunas escenas con Ego).

Si el episodio inicial presentó a cada individuo y dio forma al grupo, en esta se ahonda en los problemas familiares y pasados que arrastra cada uno, impidiendo que las penas sean superadas y las relaciones terminen de fluir sin conflictos. Quill con los traumas de padre ausente, Rocket incapaz de aceptar sus defectos y poniendo una máscara de tipo duro, Yondu afligido porque no encuentra su lugar, Gamora y Nebula enfrentadas por celos de la infancia y un padre abusón… El tonto bruto de Drax es el único que parece haber asimilado sus desgracias y el primero en aceptar que su nueva familia son sus compañeros de aventuras.

Sólo un pequeño bajón de ritmo se puede citar. El receso en las estancias de Ego combinado con el cautiverio con los piratas se alarga más de la cuenta. Da la sensación de que Gunn fuerza una pausa para reservar unos personajes para el final (los enjaulados) y llevar a otros al escenario deseado. En la nave pirata, además de estirar el chiste de la aleta demasiado, canta bastante que después de todo el jaleo sin que nadie pille al personaje yendo de acá para allá aparezcan dos guardias plantados ante la celda justo a tiempo para facilitar la fuga y dejarles armas a mano. También es muy conveniente que Ego se duerma en su nave para postergar las explicaciones hasta llegar a su planeta, donde pueden vacilar del vistoso escenario y el enredo con las cápsulas-televisión. Lo lógico sería que hubiera soltado su relato por el camino y llegar al planeta directamente para empezar a asimilar las cosas.

El propio Ego también el único rol endeble en un reportorio por lo general extraordinario. Se podría perdonar si solamente fuera el típico villano que empuja la trama, de hecho su presencia es secundaria, lo que importa es la reacción de los protagonistas. Pero dada la conexión emocional con el personaje principal deberían haberse trabajado mejor sus motivaciones. El arquetipo de ente destructor del universo aquí no pega, hacía falta algo más humano, verosímil. Simplemente bastaba con que quisiera obligar a sus hijos a vivir con él en su paraíso de fantasía, forzando que abandonaran sus vidas y amigos. Así el dilema de Quill sería más duro, pero con lo que tenemos sabemos que reaccionará en cualquier momento sin albergar más dudas. También creo que no hacía falta poner a la tripulación de piratas repleta de tanto imbécil y actor sobreactuado; entre eso y los excesos de tortas, de nuevo se Gunn pasa un poco con el humor de historieta tonta.

En lo visual, también el hogar de Ego es el único desliz, pues algunos fondos de la naturaleza exuberante añadidos en postroducción se notan bastante. El resto es de nuevo deslumbrante. El diseño artístico asombroso, el detallismo de los decorados, los impecables efectos digitales… todo es exprimido por Gunn en un frenesí visual maravilloso. Cabe destacar también la banda sonora, con una de las mejores selecciones de canciones vistas en una película, tanto por la calidad de los temas como por la conexión con la historia y los personajes, y una no menos excelente labor de Tyler Bates con la música original.

Por otro lado, la versión española añade sus propias fallas, con esa manía de adaptar el doblaje con localismos o reinventar referencias que el traductor no conoce o decide que el espectador no conoce. No estamos hablando de un desastre como en la serie Deadpool, pero hay una cagada que canta tanto y molesta tanto que, a pesar haberla visto doblada solamente cuando fui al cine, todavía la recuerdo con escalofríos. El apodo “Cara escroto” que pone Rocket al pirata que pretende llamarse “Taserface” se convierte en “Cara anchoa”. Este fue un personajillo que dio que hablar en las redes sociales y páginas de humor, pero a pesar de ser evidentemente una gracia de fama efímera, no tener nada que ver con la película y el chiste y mancillar la obra original, al listo del traductor le hizo gracia y ahí la tenemos para la eternidad en el bluray… a menos para los que todavía siguen anclados en las versiones dobladas.

Esos pequeños achaques bajan el nivel unas décimas respecto a la primera parte, pero el resultado es igualmente una obra de las que hacen época, capaz de llevarte de la lágrima a la carcajada varias veces en cada escena, del asombro sobrecogedor al intimismo acogedor, de apabullarte con nostalgia a la vez que desborda personalidad propia… Como el Volumen 1, estamos ante un hito del cine que desgraciadamente, por ser acción, fantasía y superhéroes, no tiene el estatus que merece. Pero estoy convencido de que, como con otros grandes títulos de la serie Marvel, el tiempo la pondrá en su sitio, la recordaremos y veremos una y otra vez durante décadas.

* * * * * * * * *

Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
-> Guardianes de la galaxia, Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
– – Ant-Man y la Avispa (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores: Fin del juego (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Anuncios

Héroes en el infierno


Only the Brave, 2017, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 134 min.
Dirección: Joseph Kosinski.
Guion: Ken Nolan, Eric Warren Singer, Sean Flynn (artículo).
Actores: Josh Brolin, Miles Teller, Jeff Bridges, Jennifer Connelly, James Bagde Dale, Tyalor Kitsch, Andie MacDowell.
Música: Joseph Trapanese.

Valoración:
Lo mejor: La seriedad y contención en contra del sensacionalismo y el ensalzamiento habitual del género.
Lo peor: Se podría haber agilizado el ritmo. A la catástrofe le falta algo más de tensión y espectáculo.

* * * * * * * * *

Héroes en el infierno es una pequeña y grata sorpresa. Lo habitual en el género son melodramas de ensalzamiento de héroes con hazañas aderezadas con mucho sensacionalismo. Pero estamos ante una representación de un suceso trágico y heróico que no se limita a dibujar los personajes con cuatro arquetipos vistosos y a meterlos en una situación que se resuelve por su superioridad nata, sino que sus autores han buscado un acercamiento más serio, mostrando los hechos y sus protagonistas con naturalidad y objetividad. Es un riesgo, dado que el público está acostumbrado al espectáculo vacuo y también porque un drama tan mundano puede resultar aburrido, pero salen airosos con un relato ameno y emotivo en su justa medida para pasar un buen rato.

Básicamente seguimos la vida de un grupo de currantes ante un reto, así que predominan las anécdotas del trabajo, los conflictos personales, y los líos diarios en casa. Los bomberos nuevos tienen que integrarse, los problemas en casa los afectan y pueden superarlos o no, etc., quizá no sean historias sorprendentes pero están bien tratadas, componiendo un retrato de los implicados muy verosímil. No ves a novato torpe, al jefe duro, al compañero graciosete de tantas otras películas de esta índole, sino a gente real, con aristas y cambios de humor, con problemas, fallas y virtudes.

Y mientras, se va sembrando la semilla de la tragedia. La falta de recursos, el peligro potencial y la catástrofe que nunca esperan que llegue pero lo hace en su máxima expresión. Pero me temo que, después de todo, la gesta final de los bomberos no tiene tanta épica como se espera. El fuego los alcanza y poco más. Ahí sí podrían haber dejado un poco de lado sobriedad y trabajado más el clímax de tensión y el sentido del espectáculo. El primer aspecto se ve que lo busca el director Joseph Kosinski (Tron: Legacy, 2010, y Oblivion, 2013), intentando generar desazón con numerosos planos que muestran el avance del fuego, pero no es suficiente para transmitir la sensación de peligro necesaria para ponernos los pelos de punta y sufrir por el inminente destino de unos personajes que hasta entonces nos estaban interesando bastante. La floja música de Joseph Trapanese también influye en la falta de pegada de las escenas clave. En pocas palabras, el desenlace se ve venir como un trámite y ya está.

La otra única carencia notable sería la interpretación tan desganada de Miles Teller (ya estuvo muy flojo en la sobrevalorada Whiplash -2014-), que se queda a años luz de un reparto estupendo encabezado por Josh Brolin, Jeff Bridges, Jennifer Connelly y Taylor Kitsch.

Asesinato en el Orient Express


Murder on the Orient Express , 2017, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 114 min.
Dirección: Kenneth Branagh.
Guion: Michael Green, Agatha Christie (novela).
Actores: Kenneth Branagh, Daisy Ridley, Leslie Odom Jr., Johnny Depp, Derek Jacobi , Michelle Pfeiffer, Willem Dafoe, Judi Dench Olivia Colman, Manuel Garcia-Rulfo, Josh Gad, Penélope Cruz, Sergei Polunin.
Música: Patrick Doyle.

Valoración:
Lo mejor: Reparto de grandes figuras.
Lo peor: Superficial en la descripción de personajes y la construcción del suspense, grandilocuente pero fallida en lo visual.

* * * * * * * * *

Kenneth Brannagh no ha salido muy airoso de esta nueva aproximación literaria tras sus distantes éxitos con las adaptaciones de Shakespeare, quedándose bastante lejos del recibimiento de la versión más famosa de Agatha Christie, que precisamente fue sobre la misma novela, realizada por Sidney Lumet en 1974 también con un reparto de infarto.

Sí, como entretenimiento cumple con un mínimo más que aceptable. No tiene achaques de ritmo graves, salvo el largo e innecesario prólogo, despierta curiosidad suficiente con unos personajes variopintos, y el misterio no se puede tomar en serio pero mantiene en movimiento la acción. Pero no tiene garra suficiente para hacerte vibrar, se queda muy corto en una mezcla caótica de géneros (supense, drama, acción), y una vez terminado el visionado se olvida rápido.

El suspense es muy irregular. Consigue un par de secuencias intrigantes (el plano desde el techo al descubrir el cadáver), pero el resto del tiempo no logra la investigación te haga pensar y te mantenga en vilo por su resolución. No ayuda desde luego el estilo fantasioso de la autora, que gustará a sus adeptos pero tiene las de descolocar a cualquiera que vaya sin saber a qué se enfrenta. Yo creo que me leí este y Diez negritos (1939), y tuve suficiente, todo es humo que lleva a un desenlace que siempre explota en una orgía absurda que no hay por dónde agarrar.

El repertorio de personajes es atractivo de primeras pero queda muy desaprovechado conforme avanza el metraje. Ninguno llega a calar hondo con una personalidad llamativa o una historia compleja y conmovedora. El principal, Hercules Poirot, peca de tener una pose muy marcada e irreal; Branagh no está nada mal, pero le falta el punto de carisma para que resulte excitante en vez de histriónico y a veces cargante. El resto es un quiero y no puedo: no terminas interesándote por el porvenir de ninguno, no entiendes sus motivaciones durante la investigación (con lo que no puedes implicarte, o sea, sufrir con ellos o sospechar de ellos), y la resolución del caso es inverosímil y no termina de aportar sustancia a sus personalidades sino más extravagancia y por ende desconexión.

No funciona tampoco la grandilocuencia visual. Branagh busca un aspecto épico que no pega mucho en un relato tan teatral. Las grandes panorámicas de las montañas y la estancia atrapados en la nieve resultan artificiales en intenciones tanto como en acabado: los efectos especiales cantan demasiado, no da la sensación de ser un paraje real, sino un escenario parco rellenado con evidentes pantallas de fondo. También incluye con calzador un par de secuencias de acción muy ineficaces, pues el montaje es pésimo.

Vale para pasar el rato si no se le buscan las cosquillas, pero no deja huella alguna, y en un análisis más serio hace aguas por todas partes.

The Disaster Artist


The Disaster Artist, 2017, EE.UU.
Género: Drama, comedia, biografía.
Duración: 104 min.
Dirección: James Franco.
Guion: Scott Neustadter, Michael H. Weber. Greg Sestero, Tom Bissell (novela).
Actores: James Franco, Dave Franco, Ari Graynor, Seth Rogen, Alison Brie, Jacki Weaver, Zac Efron, Josh Hutcherson.
Música: Dave Porter.

Valoración:
Lo mejor: Reparto, simpatía que despiertan los protagonistas en sus tristes vidas.
Lo peor: No tiene la suficiente pegada en el drama, no funciona como descripción del mundo de Hollywood, y como comedia se queda cortísima.
El título: ¿Pero por qué no lo traducen?

* * * * * * * * *

The Disaster Artist se ha llevado por lo general buenas críticas, pero a mí me ha parecido un título que se queda en tierra de nadie, en el olvido nada más acabar el visionado. Despierta cierta simpatía con unos protagonistas peculiares y que suponen un buen ejemplo de problemas básicos del ser humano, como la torpeza con las relaciones y los sentimiento, la adaptación a una vida considerada normal, pero es incapaz de desarrollar a fondo los muchos frentes que pone en bandeja el retrato biográfico del extravagante Tommy Wiseau.

El drama es correcto pero un tanto superficial. Había margen para profundizar bastante más en los conflictos internos y sociales de los protagonistas. No hay sensación de dirección, de que están contando algo concreto, y ninguno de los escenarios y aventuras tiene enjundia como para calar hondo y dejar huella. Por ello algunas partes en apariencia más relevantes y con potencial (como el juego con la pelota hacia el final, intentando recuperar la dinámica rota) parecen llegar tarde y estar desaprovechadas.

El humor emerge casi sin querer de lo absurdo de la situación, pero el guion es incapaz de explotarlo como es debido. Hay latente una gran comedia de que explore tanto el demencial rodaje como la vergüenza ajena que provocan sus personajes, en la onda de The Office de Ricky Gervais (2001) y todas las que vinieron después, destacando sobre todo su gloriosa versión estadounidense (Greg Daniels, 2005). También da la sensación de que se desperdicia una buena oportunidad para parodiar el mundo Hollywood, como El séquito (2004) pero en una línea más descabellada.

Da la impresión de que el director James Franco y los guionistas pecan de blandos y cobardes, que han ido con miedo a no respetar y agradar a las personas reales implicadas en esta surrealista odisea. Por ejemplo, me niego a creer que no se pueda saber de dónde sacó Wiseau todo el dinero que tenía, con una pequeña investigación se podría averiguar. Pero pretenden formar un halo de misterio un tanto burdo antes que ahondar en los hechos. De todas formas, ese es un detalle menor, el problema es que en general había espacio para desarrollar un drama más elaborado, una crítica más ácida y una comedia más ingeniosa, pero se queda a medio camino de todo.

El reparto es lo único que puede hacer que te acuerdes de la película días después. James Franco está inmerso completamente en la enigmática figura de Tommy Wiseau, mimetizado hasta resultan indistinguible si pones al lado las escenas reales. Y su hermano Dave Franco no está nada mal como un joven un poco torpe pero no hasta el punto de ser antisocial.

Todo el dinero del mundo


All the Money in the World, 2017, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 132 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: David Scarpa, John Pearson (novela).
Actores: Michelle Williams, Christopher Plummer, Mark Wahlberg, Romain Duris, Charlie Plummer, Andrew Buchan.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: Es bastante entretenida.
Lo peor: Irregular, no se decanta por un género concreto. Un tanto pagada de sí misma para lo poco que ofrece: nada destaca, nada deja huella. Abandona a veces la fidelidad a los hechos pero sin terminar de aportar algo llamativo con los cambios.
El dato: Empieza la narración afirmando que fue el más rico de la historia, lo cual es falso. Ni entre los diez primeros entraría.

* * * * * * * * *

La historia real es bastante peculiar e impactante, teniendo material de sobras para lograr una película muy jugosa ya se inclinara por la crítica social (ricos y pobres, ambición y fracaso), por la comedia (todo fue bastante salido de madre), por el suspense (la investigación del secuestro) o por el drama (la tragedia familiar), o incluso por una combinación de un par de ellos, porque una mezcla más amplia garantiza casi seguro un resultado caótico o todo lo contrario, no llegar a nada de lo que se pretende. Esto último es lo que le ha pasado a esta adaptación de David Scarpa y Ridley Scott. No se deciden a elegir un género y explotarlo al máximo, quedándose en tierra de nadie, en un entretenimiento pasajero sin mucha pegada ni una personalidad concreta.

En su primer acto apunta maneras, pero las buenas sensaciones no duran mucho. Tiene un punto de humor negro bastante correcto, ironizando con la situación sin parodiarla ni criticarla en un sentido concreto, sino simplemente jugando con su extrañeza. De hecho, se agradece la perspectiva neutral, que no toma partido por un personaje u otro. Lo fácil hubiera sido mostrar a la mujer de víctima y al viejo de villano. Pero desde el primer momento quedan claras las motivaciones, el estilo de vida de cada uno, con una naturalidad muy certera. El anciano se ha cerrado sobre sí mismo sin confiar en nadie, encontrando consuelo en lo material, el arte, porque las relaciones humanas directas requieren mucho esfuerzo y solo traen vaivenes emocionales. Con ello logran que empaticemos con su soledad y comprendamos sus decisiones. La protagonista, nuera de aquel, no quiere vivir a la sombra de otros, pero en este mundo, sea por machismo o por otras dificultades de la vida, acaba siempre necesitando ayuda, y su odisea siempre tiene algo nuevo que echarle encima. El principal secuestrador es un maleante de tres al cuarto, pero honorable, no un psicópata, y pronto resulta simpático aunque la relación con el secuestrado no ofrezca ninguna novedad.

Pero el repertorio de protagonistas con enjundia acaba aquí, desaprovechando el potencial que había para explorar otras personalidades muy dispares y su implicación en la maraña de acontecimientos. El hijo secuestrado es un pelele sin profundidad, no nos interesamos nunca por su porvenir. El padre queda más infrautilizado aún, cuando se implicó en realidad bastante más. Y el jefe de seguridad, a pesar de su amplia presencia, no transmite nada, ni si quiera termina de quedar claro qué aporta al desarrollo de la historia.

La desgana que se pone en estos personajes se termina contagiando al relato, que no logra adentrarse en ninguno de los muchos ámbitos que toca. No causa intriga en el thriller (la trama detectivesca es insulsa), el drama no cala hondo ni tiene sorpresas, la comedia negra parece emerger por su cuenta a pesar de las trabas que le ponen. Funciona aceptablemente bien como entretenimiento porque siempre va hacia adelante saltando con velocidad de una situación a otra y los personajes principales despiertan cierta simpatía, pero al no perseguir un estilo concreto y con fuerza se va viendo cada vez más su armazón, de forma que el tercer acto resulta muy predecible, tanto en los hechos como en la narrativa que imprime Scott, un tanto encorsetada y blanda: se ve a la legua cuándo va a intentar un momento dramático, cuándo uno de tensión, cuándo un personaje hará tal cosa o sufrirá algo. La música en concreto es especialmente cargante, tan empeñada en remarcar las emociones de cada escena.

Da la sensación de que el guionista, el director o ambos pensaban que el desenlace no era muy cinematográfico y deciden apartarse de los hechos reales para buscar algo más potente, pero acaban incluyendo una persecución artificial y un final feliz muy falso que no consiguen levantar el interés. En realidad el joven secuestrado acabó hecho polvo y volcado en las drogas con graves secuelas, el viejo murió años después, no a la vez que acaba esta tragedia abrumado por sus decisiones, y no hubo una caótica persecución.

El reparto es irregular. Christopher Plummer está bien pero no destaca como para merecer tantas alabanzas. Michelle Williams sobreactúa un tanto, no me creo su tragedia; es una actriz que puede conseguir mucho más. Mark Wahlberg está perdidísimo, a años luz de resultar verosímil como un mercenario curtido y sin alma que poco a poco va despertando; que se siga centrando en la acción y la comedia, que le van mejor. Al final, el más destacado es el más ninguneado, el francés Romain Duris que encarna al secuestrador italiano (¿no encontraron intérpretes italianos?): su papel es el más complejo y certero.

Cabe mencionar también el cambio de actores en el último momento: Kevin Spacey por Plummer. No lo entiendo de ninguna manera. Que cogieran a Spacey y lo maquillaran de viejo, habiendo actores con la edad adecuada de sobras. Que lo despidan por acusaciones verbales, sin juicio ni nada, y como si hubiera que censurar el trabajo de alguien por un presunto crimen que no tiene que ver con el mismo. También es lamentable lo de, en el rodaje de escenas adicionales, pagarle mucho menos a Williams que a Wahlberg, lo cual remarca el machismo y la hipocresía imperantes en Hollywood: apartan a Spacey para esquivar polémicas y se meten ellos solitos en otra igual. En cuanto al resultado, han tenido suerte de que es una película fácil, de gente sentada hablando en escenarios cerrados, y pudieron volver a rodar sin mucho jaleo. Sólo un plano de exteriores en el desierto (nada más empezar la proyección) da el cante, porque ahí metieron a Plummer en postproducción.

En estas mismas fechas se ha estrenado una serie de la HBO de diez capítulos. Sin haberla visto, parece inclinarse directamente por un tono más alocado y cómico.

El ritual


The Ritual, 2017, Reino Unido.
Género: Suspense, terror.
Duración: 94 min.
Dirección: David Bruckner.
Guion: Joe Barton, Adam Nevill (novela).
Actores: Rafe Spall, Arsher Ali, Robert James-Collier, Sam Troughton, Paul Reid.
Música: Ben Lovett.

Valoración:
Lo mejor: Ambiente tenso, malsano y agobiante durante casi todo el metraje.
Lo peor: En los minutos finales no consigue mantener el nivel (aunque dista de fallar). Infravalorada mientras otras del género muy inferiores son aclamadas.

* * * * * * * * *

En el cine, odio cuando como prólogo meten con calzador una historia que no pinta nada en el resto de la película, sólo porque no saben describir al protagonista principal sin tirar de un episodio dramático que deje un conflicto no cerrado con el que intentar conectar con el espectador y apoyar una evolución interna que suele ser innecesaria. Hay cantidad de títulos, principalmente de acción y terror, que usan este pobre recurso en vez de centrarse en la aventura y que el personaje sufra por lo que está ocurriendo y no por traumas anexos y sensacionalistas. Rara vez consiguen una relación orgánica con los eventos de la trama y las vivencias personales de forma que se realcen sus problemas y sus muertes o victorias impacten algo más.

Precisamente El ritual empieza con una introducción que parece de esta clase, y entre eso y que los géneros de suspense y terror dan pocas cintas originales, empecé el visionado con bastantes dudas. Pero al poco de entrar en materia se va perfilando una buena conexión entre los personajes y el trágico suceso, tanto por sus dilemas internos y los roces entre ellos como por la paranoia en que el mal que acecha en el bosque va sumiéndolos, jugando con los remordimientos y los miedos.

El realizador David Bruckner y el guionista Joe Barton le cogen el pulso al relato a la primera y lo van moldeando ante tus narices sin que se vean los trucos, pues, aunque no sea el no va más, no encontramos clichés rancios del género ni en lo argumental ni en lo visual. La historia, quizá por estar basada en una novela (de Adam Nevill publicada 2011), es más original y algo más sustanciosa de lo habitual. Aunque es evidente que estamos ante lo de siempre, gente aislada muriendo en fila, no sabes por dónde va a salir, ni cómo podría acabar, alejándose así de la infinidad de cintas clónicas que saturan el mercado. Aunque inicialmente pueda recordar a ese fenómeno absurdo que fue El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999), el recorrido y su calidad son muy distintos. Algunos han querido hilar un parecido con La bruja (Robert Eggers, 2015), pero más allá de la temática de brujería no hay nada en común. Lo más cercano que se me ocurre sería el videojuego Outlast 2 (2017), y no sé si este bebió del libro o son parecidos casuales.

Juegan con lo desconocido con inteligencia, dejando con cuentagotas pistas que activan tu imaginación. El bosque pasa en un visto y no visto de ser un paisaje natural hermoso a un entorno amenazador, y conforme avanza la proyección cada vez resulta más agobiante, con picos perturbadores. La sensación de indefensión, el miedo a la oscuridad y la claustrofobia te mantienen nervioso en casi toda la proyección, sobre todo desde la noche en la cabaña, que ofrece unas cuantas escenas espeluznantes. Los personajes aguantan el tipo bastante bien, desgranando sus problemas personales con habilidad a lo largo del reto ante el que se encuentran. Y conforme se acerca la misteriosa entidad aumenta el nivel de desasosiego, con unos cuantos sustos bastante efectivos y en general un ambiente perfecto para pasar un mal rato.

El uso del sonido es inteligente, exprimiendo adecuadamente los ruidos naturales del bosque y sin abusar de los sustos sonoros. La fotografía capta muy bien la oscuridad y las sombras de forma que inquieten pero se vea algo, lo que no es nada fácil de conseguir. La música es sencilla pero efectiva, realzando sin sobreponerse y también sin subidones innecesarios. Los actores son muy competentes, en especial el protagonista principal, Rafe Spall (Prometheus -2012-, La gran apuesta -2015-).

El tercer acto parecía que no iba a perder fuelle al mostrar algunas respuestas, tanto el anunciado ritual como la criatura, sobre todo porque el diseño de esta es espectacular, algo también difícil de lograr hoy en día, pero lo cierto es que una vez puestas todas las cartas sobre la mesa la imaginación del espectador ya no puede desbocarse potenciando los temores, y el enfrentamiento final no logra ser muy impactante en sus últimos minutos. Quizá si hubieran logando un giro más ingenioso podríamos estar hablando de una cinta de culto. También, por suerte, no se extiende más de la cuenta (sólo dura una hora y media) ni intenta forzar un giro rebuscado, uno de los males del género.

Lo que me sorprende es que no esté teniendo el éxito que merece mientras otras del género muy inferiores se sobrevaloran con una locura incomprensible, como It Follows (David Robert Mitchell, 2014), Sinister (Scott Derrickson, 2012), Insidious (James Wan, 2010) o sobre todo la reciente e infame Déjame salir (Jordan Peele, 2017).

Coco

 


Coco, 2017, EE.UU.
Género: Animación, drama, comedia.
Duración: 115 min.
Dirección: Lee Unkrich, Adrian Molina
Guion: Lee Unkrich, Adrian Molina, Jason Katz, Matthew Aldrich.
Actores: Anthony González, Gael García Bernal, Bejamin Bratt, Alanna Ubach, Renee Victor, Jaime Camil, Alfonso Arau, Sofía Espinosa.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: El tramo final, con buen ritmo, algunos giros bien logrados y cierta emoción
Lo peor: Premisa muy vista, moraleja también. Sin garra, sin profundidad ni originalidad en gran parte del metraje, incluyendo en lo visual, que no impresiona nada.

* * * * * * * * *

Quizá es porque con el tiempo aparece el inevitable desgaste, o quizá porque la compra por parte de Disney (en 2006) ha dejado huella en Pixar por mucho que digan que ambas empresas están separadas en cuanto a funcionamiento interno y creatividad. El caso es que antes un bajón como Cars (2006) era una excepción, pero ahora se van multiplicando las películas menores, las que claramente se crean como productos de merchandising, y las secuelas, y aunque en estas últimas hayan salido más buenas que malas (Monsters University -2013-, Toy Story 2 -1999- y 3 -2010- y Buscando a Dory -2016- contra las de Cars), en general la sensación es que empiezan a faltar ideas y a primar la obligación de tener un estreno cada año para hacer caja. Sí, cuando se ponen serios paren genialidades únicas, pero desde la adquisición voy a cada nueva película con dudas: ¿será una Pixar genuina (Wall-E -2008-, Up -2009-, Del revés -2015-), una poco inspirada (Los increíbles -2004-, Ratatouille -2007-), o directamente una cursilada Disney (Brave -2012-, El viaje de Arlo -2015-)?

Coco entra de lleno en la última categoría. El hecho de abordar una cultura latinoamericana señalaba una apertura de miras impropia del etnocentrista Estados Unidos. El tema central más aún, pues abordar la pérdida y muerte de familiares anunciaba un título que se mojaría en un tema tabú con la delicadeza e imaginación habitual de la compañía. Y el envoltorio sobre muertos y más allá permitiría dejar volar la imaginación en la recreación visual. Pero no exploran nada de este potencial…

Está claro que la odisea del héroe fuera de su entorno, donde madurará a través de aventuras varias, es un relato primigenio en la cultura humana, pero una cosa es tomar el concepto como punto de partida más o menos inevitable y desde ahí construir una historia con personalidad propia, como las magníficas Buscando a Nemo (2003), Monsters S.A. (2001), o El rey León (1994), por seguir centrándome en la animación, y otra usar este argumento porque se sabe que funciona y no esforzarse nada.

En Coco estamos ante la misma película de siempre. Limitándome a las aproximaciones más recientes, es otra vez ¡Rompe Ralph! (2012), El viaje de Arlo, Brave, Frozen (2013) y Moana (2016). Distintos nombres y lugares, pero la misma premisa, protagonistas muy semejantes y secundarios más aún, un recorrido muy parecido y un subtexto clónico. El chico tiene aptitudes, lo que en su entorno ultraconservador se traduce en que es un inmaduro y un rebelde que traiciona a la familia y a la tradición. Romperá con todo más por mala suerte que por determinación propia, se encontrará en un viaje fantástico, aprenderá (a perseguir sus sueños, a respetar a otros, etc.), y volverá al redil más maduro y provocará algún cambio. Los diálogos son bastante flojos, sin savia ni gracia en la parte más ligera, sin profundidad en la más dramática. Los personajes son poco llamativos, un cliché detrás de otro, incluyendo el protagonista, que es intercambiable con los de los títulos citados y muchos más. Las situaciones resultan poco imaginativas, no hay escenarios que sorprendan. Cada rabieta, cada rebeldía, cada palo que se lleva y los giros en que va creciendo se intuyen de antemano y no logran ofrecer ni una pizca de ingenio que disimule sus poca imaginación.

Además, en lo visual tampoco cumple la más mínima expectativa. Abordar el mundo de los muertos, y más en una cultura tan rica en tradiciones y leyendas, abría un abanico de posibilidades infinitas donde dejar llevar la imaginación a límites nunca vistos… Pero lo que nos ofrecen es una simplona evolución de los pueblos mejicanos engalanados para las fiestas, poniendo casas en vertical y adornos por todas partes. El puente de paso es de lo poco vistoso que hay, pero no asombra nada; y la inclusión de una especie de dragones no se sabe muy bien a qué viene y no aporta nada sustancioso a la trama. Ojo, no exijo que todas las películas ofrezcan mundos únicos e inclasificables como Monsters S.A. o Del revés, pero si tienes un argumento tan sobado y limitado qué menos que cuidar la impronta visual. A pesar del potencial del más allá, toda la acción transcurre en una estación, unos despachos y un escenario de conciertos, nada con imaginación suficiente (hay momentos muy BitelchúsTim Burton, 1988-) como para realzar una historia tan predecible. Tratan de abrumar los sentidos a base de colorido, pero sin un diseño artístico destacable detrás resulta un tanto artificial. Por otro lado, también sorprende para mal que tras tanto anunciarse una película sobre la música, esta despierte tan poca pasión, pues no encontramos una banda sonora, ni canciones, ni numeritos que dejen huella.

Me parecía muy justita incluso como pasatiempo intrascendente, salvándose únicamente porque no cae en la vergüenza ajena de otros muchos engendros comerciales. Desde que entramos en el más allá y quedan claras sus pocas bazas estaba deseando que acabara… Pero inesperadamente el tramo final recuperó bastante mi interés. Los guionistas consiguen un clímax movidito y un par de giros bien trabajados y bastante inteligentes, rompiendo con la monotonía y llevándonos hacia sorpresas muy efectivas (la relación entre los músicos), y además hilando muy bien con la idiosincrasia latina (no solo mejicana) de la estructura familiar y el amor por los culebrones.

Más sorprendente aún es que logran un desenlace bastante emotivo, donde las escenas de reunión familiar aportan una perspectiva algo más progresista, aunque sea tristísimo decir a estas alturas que esto es progresista y no una obviedad: dejar (y apoyar) al niño con sus “extrañas” aficiones en vez de coartar sus libertades en pro de las inmovilistas tradiciones. Tras los conservadores finales de Brave (la aventura no sirve para nada, todo vuelve al statu quo) y Los increíbles (qué penoso ver a los chavales rebajar sus cualidades y expectativas para encajar) y el nulo calado emocional de El viaje de Arlo (una versión lastimera de El rey león), es muy de agradecer esta visión más madura.

Pero esas mejoras llegan tarde y no son suficientes para salvar a Coco del limbo de la intrascendencia. Eso sí, no ha impedido que tenga un recibimiento muy entusiasta por parte de la crítica y el público (¡en Filmaffinity y en IMDb es la más votada de la compañía!), pero creo que el tiempo la pondrá en su lugar, esto es, en el olvido.