El Criticón

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Capitana Marvel


Captain Marvel, 2019, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 124 min.
Dirección: Anna Boden, Ryan Fleck.
Guion: Anna Boden, Ryan Fleck, varios.
Actores: Brie Larson, Samuel L. Jackson, Jude Law, Ben Mendelsohn, Lashana Lynch, Annette Bening, Clark Gregg, Djimon Hounsou, Lee Pace, Gemma Chan, Rune Temte.
Música: Pinar Toprak.

Valoración:
Lo mejor: Historia algo más elaborada y sutil de lo habitual. El carisma de los protagonistas (Danvers y Furia).
Lo peor: Le falta desarrollo a algunos secundarios. Hay pasajes algo faltos de garra, sobre todo en lo visual.
Mejores momentos: Hostiando a una anciana en el metro. Todas las apariciones de la gata. Carol Danvers levantándose y plantando cara.

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Aunque no estemos hablando de una obra de gran complejidad, hay que agradecer el intento por apartarse un poco de la fórmula más convencional del cine de superhéroes. Es cierto que Guardianes de la galaxia Vol. 1 y Vol. 2 tenían un guion bastante inteligente y lleno de detalles ingeniosos o velados (muchas veces la relación de los personajes se matiza mediante un gesto o información oculta en el diálogo) y El Soldado de Invierno ofrecía un thriller político inesperadamente complejo, pero Capitana Marvel es la película más impredecible, profunda y sutil de la serie Los Vengadores hasta ahora. Sin ver los avances, hasta bien entrada la película no sabía de qué iba a ir exactamente y cómo la protagonista entraría en el camino de aceptar su destino. Es inevitable que una vez presentados todos los elementos de la historia (su pasado, las facciones) el final quede más o menos claro, pero raro es hoy en día la cinta que no se ve venir enterita desde los primeros minutos.

Para empezar, nos salimos de la manida idea de tener un villano arquetípico y un desarrollo convencional de confrontación con él, algo que parecen haberse tomado como una obligación y hay casos en que no les han puesto ganas suficientes o es evidente que sobraba y hacía falta otra manera de lanzar la presentación y maduración del héroe. Por ejemplo, en Ant-Man y la Avispa, como los que parecían malos no lo son tanto, meten con calzador a un mafiosillo del tres al cuarto, pero viendo que el reto era entrar en el mundo cuántico a buscar a la madre, ¿qué necesidad había? Y, ¿alguien se acuerda de los supervillanos de Iron Man 2 y 3? Tampoco tenemos la manida relación amorosa en tensión o la familia cursi de turno: no hacen falta para reforzar el viaje y las motivaciones del rol central.

Aquí la heroína tiene que encontrarse a sí misma y hallar razones para seguir adelante en un mundo más complejo. La guerra Kree-Skrull se desarrolla con diversos planteamientos muy jugosos y expuestos con bastante sutileza a veces. En el primer acto no tenemos la típica escena de acción que suele introducir al enemigo, sino que nos presentan un mundo que le queda grande a la protagonista. Política, guerra, terrorismo, condicionamiento del soldado, espionaje, agendas secretas… La ambigüedad moral y la confusión que sufre Vers es tal, que en mi sala había niños que se preguntaron en varias ocasiones quiénes eran los malos. Y creo que hay bastantes adultos que esperaban peleas y espectáculo sin más y no han visto el rico panorama.

Cuando acaba en la Tierra, saliendo de su zona de confort, su mundo empieza a tambalearse. ¿Y si todo lo que me han enseñado es mentira? En su odisea tropieza con otro que está despertando a lo que tiene que ofrecer el universo: Nick Furia. Por muy carismático que fuera, siempre ha quedado en un lugar secundario, sin ahondar en su vida y pensamientos más allá de su trabajo. Ahora gana presencia, mostrando una cara más humana y formando con Carol Danvers una pareja digna de ver en acción.

La aventura resultante está entre el cine de superhéroes, la distopía y lo bélico, y para rematar tiene un toque feminista muy bien hilado, sin el tono machacón o torpe de otras propuestas recientes (Los últimos Jedi -2017-, Wonder Woman -2017-, Cazafantasmas -2016-). Con lo básico hacen de Carol Danvers un personaje femenino modelo al que admirar: fuerza interior, independencia, capacidad de superación en un mundo que por ser mujer te pone trabas extra. La escena que resume cómo se ha estado levantando y plantando cara toda su vida para llegar hasta donde está es de las mejores que ha dado el cine de superhéroes: no te bastan los superpoderes, sino que dependes principalmente de la confianza en ti mismo y del coraje para luchar contra las injusticias.

Brie Larson, además de tener una energía contagiosa, está muy bien en un rol más exigente de lo que suele verse en este ámbito. En su gesto e incluso en sus movimientos se observa el cambio gradual: la convicción ciega del fanatismo inicial, las dudas cuando su mundo se resquebraja, y finalmente la seguridad y determinación cuando con plena libertad elige su destino. Samuel L. Jackson aprovecha muy bien el tiempo extra, tanto por su gran personalidad y la química con Larson como porque se mete muy bien en la piel de una versión más joven: sin la obsesión y las cargas de la Iniciativa Vengadores es más jovial y abierto. Cabe señalar que tiene el rostro rejuvenecido por ordenador, pero está tan bien hecho que no te saca del personaje, salvo en un par de escenas en que aparece corriendo y parece que se va a morir, donde deberían haber usado un doble, que el actor tiene setenta años ya.

En los secundarios tenemos diversos soldados que son a la vez extensión de la guerra y víctimas de la misma, algunos con su momento de bajeza o de redención. Aun así, quizá podían haberles dado algo más de entidad a los acompañantes de Yon-Rogg, y en especial a Korath (Djimon Hounsou) y Ronan (Lee Pace), por eso de haberlos visto ya en Guardianes de la galaxia, pero claro, no hay tiempo para todo. Parece que hay una escena eliminada donde Ronan interactúa algo más con Rogg y Vers; me pregunto qué problema habría con ella. Más destacable resultan Maria Rambeau, la compañera militar de Carol Danvers, y su hija, que son un estupendo nexo con la humanidad y su pasado, y desbordan simpatía y complicidad con ella. En cuanto a intérpretes, Lashana Lynch (Rambeau) me ha parecido que cumple por los pelos y es el encanto del personaje lo que la salva; Ben Mendelsohn (Talos) es un actorazo que da gusto ver, pero la verdad es que empieza a cansar el tenerlo como malo en todas las películas de los últimos años; y Jude Law (Yon-Rogg, aunque dicen su nombre de pasada y es difícil quedarse con él) va por el mismo camino, estando encasillado ya en el tipo de gesto encabronado, así que en su personaje sí me carga un poco.

Aunque tenga una personalidad propia, la cinta también mantiene el sello de la serie, con multitud de referencias culturales e internas y humor bien medido. Por si no fuera suficiente con el homenaje en los créditos, Stan Lee se lleva un cameo con chiste sobre Mallrats (Kevin Smith, 1995) que resulta muy emotivo. La inmersión en los noventa es total, con multitud de detalles (empezando por la camiseta de Nine Inch Nails), una buena selección musical y chistes tronchantes; atención al momento del ordenador cargando lentamente. Y los guiños a la saga, como Coulson o el ojo de Furia, son divertidísimos.

A estas alturas no iban a sorprendernos con malos efectos especiales, y aunque no hay grandes despliegues como en otros episodios, funcionan de maravilla, destacando que ha dejado constancia de que el rejuvenecimiento facial aguanta en el tipo en un protagonista principal, con lo que seguramente veremos esta técnica en más películas. Sin ir más lejos, Martin Scorsese está rodando así parte de su último trabajo. Y la música es bastante buena: Pinar Toprak ha cumplido de sobras en su salto a la primera división, codeándose de tú a tú con Alan Silvestri en estilo y calidad; y si alguno pensaba que la eligieron por ser mujer, habrá callado muchas bocas.

Sin embargo, los autores no terminan de explotar todo el potencial latente. Parece que en el esfuerzo de mezclar tantas cosas y salir airosos con un relato fluido y ameno se han dejado sin pulir algunos pasajes de transición y acción, sobre todo en lo visual. No puedo dejar de pensar que en manos de alguien con el talento de James Gunn esta propuesta podría haber sido memorable, pero Anna Boden y Ryan Fleck se quedan a medio gas. Eso sí, hay que aplaudir el buen talante de los productores de la serie, capaces de buscar autores poco conocidos pero con potencial y darles bastante libertad creativa; como ejemplos de lo contrario que resultaron en desastres tenemos The Amazing Spider-Man, la serie DC y la deriva (esperemos que temporal) de La guerra de las galaxias (Han Solo a la cabeza).

En lo argumental, podría haber ganado bastante con un acto central más elaborado. El choque cultural y de personajes en la Tierra se despacha con unos pocos chistes, efectivos pero sin más trascendencia, y la investigación sobre el pasado de Danvers tiene partes que donde pierde fuerza dramática e intriga, cuando precisamente debería destacar en esos factores. La entrada en el complejo del proyecto secreto es un bache importante. Todo parece muy fácil, las revelaciones llegan sin mucho esfuerzo ni sensación de peligro, y las peleíllas en los pasillos del archivo no ayudan, porque parecen forzadas. Estas últimas señalan el otro problema: en lo visual se queda un peldaño por debajo de lo que suele ofrecer la serie. La incursión inicial que presenta el trabajo de los soldados tiene un escenario sugerente, pero no aprovechan la intriga y el espectáculo como para impresionar; la lucha en el metro está bien, pero la falta de originalidad y ambición pesa; las peleas en las instalaciones secretas son caóticas y repetitivas, ni se ve nada ni emocionan; los duelos de aeronaves podría haberse aprovechado mejor. No es hasta el final, con Danvers convertida en Capitana Marvel, cuando dan rienda suelta al aspecto visual en un clímax breve pero espectacular.

Alerta de spoilers: En adelante destripo a fondo. —

He visto alguna queja porque Marvel no ataque la nave de Ronan. En realidad solo destruye una de las varias naves que llegan, y las razones me parecían bien claras. Ella no tiene por qué saber que hay a bordo un alto mando de los que promueven la guerra, y si su intención es precisamente luchar por acabar con la injusticia de la misma, no es plan de cargarse a miles de soldados que serán tan pringados como ella antes de despertar. Además, dejarlos ir transmite el mensaje de que la Tierra está protegida.

La escena en casa de Maria me ha gustado bastante. La parte inicial de Carol descubriendo su pasado es previsible, pero el toque humano se aprovecha bien. Sin embargo, cuando llegan los Skrull se juega con la confusión de los personajes, la tensión del momento y el humor muy bien, logrando que una de las escenas clave sea emocionante sin acción alguna y en un escenario bastante limitado. Por cierto, ¿tengo la mirada sucia o se intuye una relación homosexual entre Maria y Carol?

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man y la Avispa (2018)
-> Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

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Polar


Polar, 2019, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 118 min.
Dirección: Jonas Åkerlund.
Guion: Jonas Åkerlund, Víctor Santos (novela gráfica).
Actores: Mads Mikkelsen, Vanessa Hudgens, Katheryn Winnick, Matt Lucas, Fei Ren, Ruby O. Face, Robert Maillet, Anthony Grant, Josh Cruddas.
Música: Deadmau5.

Valoración:
Lo mejor: Personajes con pegada, buena combinación de drama, thriller y comedia gamberra.
Lo peor: Es muy predecible, no hay margen alguno para la sorpresa.

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Uno de los asesinos a sueldo más reverenciados del gremio está cerca de la jubilación forzosa a la que lo obligan sus peculiares patrones, pero estos ni quieren pagar la gran suma que le deben ni dejar cabos sueltos, así que ponen precio sobre su cabeza. Él encara el retiro con ideas de redimirse por algunos excesos, pero con este panorama no parece encontrar la paz.

Quien espere algo serio, saldrá escaldado. Cogemos un poco de Snatch (Guy Ritchie, 2000), Lock and Stock (ídem, 1998) y semejantes, una pizca de John Wick (Chad Stahelski, David Leitch, 2014), y mucho de la serie Happy! (Grant Morrison, Brian Taylor, 2017), de hecho también se basa en una novela gráfica, y tenemos la alocada Polar. Acción, drama, humor negro y violencia sin mesura se combinan sin el ingenio de primeras las cintas citadas, pero con la suficiente gracia como para conseguir un entretenimiento muy digno. Tiene más personalidad y solidez que la inexplicablemente exitosa John Wick, por ejemplo.

Lo mejor es que el protagonista engancha rápido. Soy fan de Mad Mikkelsen desde Hannibal (Bryan Fuller, 2013), y me lancé a verla sólo por él. No defrauda en un personaje clásico pero del que sacan mucho partido. Te atrapa con su personalidad meticulosa, su resistencia, su visión de la vida, y aunque sea un asesino, poco a poco se ve algo de humanidad, o más bien el intento de reencontrarse con ella. La chica desvalida de turno no sorprende como personaje, pero sí su intérprete, Vanessa Hudgens, quien trata de dejar atrás el estilo Disney Channel donde se formó y consigue un papel dramático muy intenso. El resto del repertorio es también atractivo, asesinos y mafiosos cada cual más estrafalario.

El esperado choque se materializa con calma, exprimiendo las situaciones absurdas donde se meten los matones contratados para acabar con el protagonista mientras se da suficiente espacio al drama personal de este y la chica. Las dos líneas tienen un tono bastante dispar, pero por extraño que parezca el conjunto funciona. El colofón final también es bastante correcto. Tiroteos espectaculares y delirios varios (chistes brutos y violencia en general) mantienen el nivel.

Lo malo es que incluso en la perspectiva surrealista que proponen hay momentos en que rechinan algunos patinazos y también huecos. El villano, encarnado por el rarito de Matt Lucas (visto en un par de temporadas de Doctor Who) está tan pasado de rosca que no convence, hacía falta alguien que causara aunque fuera un poco de inquietud. No pude dejar de preguntarme por qué siguen a ese espantajo, pues hasta el frío personaje de Katheryn Winnick (Vikingos, 2013) impone más. En cuanto a los agujeros de guion, alguno es bastante llamativo. Por ejemplo, en la introducción se cargan a un objetivo con un francotirador… ¿entonces para qué envían a la vez a un equipo, arriesgándose a ser descubiertos? Es evidente que la idea es presentar al grupo que luego tomará relevancia, pero había formas mejores de hacerlo. También podría decirse que en una parte de los tiroteos finales, la del pasillo, se pasan de frenada y acaba siendo un poco pesada.

Pero el único fallo grave es que resulta muy predecible, en cada giro de la historia el camino que se abre se vislumbra por completo sin problemas, sobre todo en la línea dramática. Si tuviera tramos más imaginativos y soluciones más inteligente podría haber dejado huella, pero a pesar de todo los artificios se acomoda demasiado a lo de siempre y no termina de deslumbrar.

Millennium: Lo que no te mata te hace más fuerte


The Girl in the Spider’s Web, 2018, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 117 min.
Dirección: Fede Álvarez.
Guion: Jay Basu, Fede Álvarez, Steven Knight.
Actores: Claire Foy, Sverrir Gudnason, Lakeith Stanfield, Sylvia Hoeks, Stephen Merchant, Christopher Convery, Claes Bang, Cameron Britton.
Música: Roque Baños.

Valoración:
Lo mejor: Clare Foy está muy implicada. Tiene buen ritmo y un aspecto visual correcto, con lo que resulta entretenida.
Lo peor: El resto del reparto y de los personajes no dan la talla. Es una de acción convencional que se olvida en seguida, cuando Los hombres que no amaban a las mujeres apuntó mucho más alto.
El título: En toda la saga, las traducciones españolas de novelas y películas son más fieles al original sueco que las estadounidenses.

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En los Los hombres que no amaban a las mujeres (2011) los estudios implicados (Metro-Godlwyn-Mayer y Columbia Pictures) apostaron por mantener el tono de thriller adulto de las novelas, y David Fincher lo llevó más allá, ofreciendo una película muy intrincada y oscura y de gran calidad. Fue un estreno muy de agradecer, dado que desde la entrada del milenio este tipo de cine cada vez es más temido por los estudios. El rango de edad limita bastante el alcance en taquilla, y al ser para un público más inteligente se presupone que lo restringe aún más. Podríamos entrar a analizar si el público es cada vez más tonto y va al cine sólo a echar el rato el fin de semana y se mete en la cinta que esté de moda (a la que han puesto de moda con la campaña publicitaria), o si las majors han ido abandonando el cine auténtico por el de consumo rápido, pero este caso por suerte demuestra lo contrario: que hay público que quiere cine serio, y que la explotación comercial tiene sus límites.

La de Fincher costó demasiado a pesar de no ser una superproducción de acción, 90 millones de dólares, pero recaudó 230 en taquilla y a saber cuánto en el mercado doméstico, porque su calidad le garantizó fama inmediata; de hecho, fue uno de los mejores estrenos del año. Pero se ve que no ha sido suficiente para garantizar la continudad de la serie, y en esta pseudo secuela, reinicio o lo que sea, han tratado de convertirla en algo más comercial y rentable. Han rebajado las pretensiones intelectuales hasta dejarlas por los suelos, cambiando el thriller denso por una de acción al uso que combina sin tacto estilos de moda. Pero luego han hecho una cosa muy rara, porque han quitado mucha violencia y todo el sexo pero aun así se ha llevado una certificación “R”, o sea, sólo para adultos (en España no somos tan mojigatos y es +12 contra el +16 de la anterior), con lo que han acabado limitándose el rango de espectadores después de tratar de apuntar precisamente a un sector más amplio. No hay quien los entienda. El caso es que ha costado unos míseros 45 millones… y ha recaudado unos vergonzosos 35 millones gracias a un boca a boca que confirmaba una importante traición estilística y cualitativa.

Lo más difícil de digerir es el cambio del reparto. Teníamos a Kate Mara espléndida como Lisbeth Salabander, una joven destrozada por el sistema y algún pasado oscuro pero que fue siendo capaz de canalizar sus habilidades, luchar contra viento y marea y encontrar algo por lo que vivir, y a Mikael Blomkvist, un editor de una pequeña revista, encarnado por Daniel Craig, un tipo maduro y valiente con el que ella inicia una interesante relación de colaboración y puede que algo más. Pero nos los cambian sin más, como esperando que a nadie le moleste. Hemos tenido la suerte de que con Lisbeth se perdona bastante porque la actriz Claire Foy (The Crown, 2016) es muy competente y borda el papel de mujer dura pero metida en grandes peligros, y al trabajarse el pasado del personaje mantiene cierto interés. En cambio, el editor es un desastre. Como personaje no pinta nada, es un comodín de apoyo puntual a la protagonista al que no han sabido darle entidad alguna, y la falta de carisma de Sverrir Gudnason termina de hundirlo. Cada minuto que tiene en pantalla deseas que cambien a otra escena.

También teníamos secundarios de todo tipo y bastante atractivos, destacando al inquiente rol de Christopher Plummer , pero aquí el panorama es desolador. La villana (cuyo secreto creo que desvelan en los tráileres, para variar) está en esa línea, es un objeto conductor de la trama, ni resulta verosímil ni interesante; en esas condiciones Sylvia Hoeks, quien se dio a conocer con un papel impresionante en Blade Runner 2049 (2017), no puede hacer mucho. El resto del reparto es incluso peor, cada cual más intrascendente, tonto o cargante: el científico que ha creado algo mortífero pero se arrepiente y huye desearás que muera pronto, el agente de la CIA que lo persigue es analista informático y agente de campo todo en uno, pero no sé qué pinta aquí si la protagonista es Lisbeth, y para rematar, tenemos un niño superdotado, juntando así todos los clichés más viejos y cutres del cine de acción y suspense de baratillo.

Mosquea también que salten a libros muchos más avanzados. Pasamos a la segunda trilogía, no escrita por el autor original, Stieg Larson, pues falleció de un ataque al corazón, sino por David Lagercrantz. Lisbeth ya es una mujer adulta y ha hecho de la venganza contra los hombres su modo de vida. Pero las menciones a eventos que han pasado entre medio confunden más que servir como bagaje para la protagonista, porque hacen pensar en que nos hemos perdido cosas, que tenían que haber ido novela a novela. Pero claro, esta entrega se adapta más a las pretensiones de los productores, pues según parece (no la he leído) tiene un imporante toque de tecno-thriller y personajes secundarios estrafalarios. Ya me dirá algún lector si el libro se pasa de rosca como esta adaptación, yo voy a centrarme en compararla con la cinta Los hombres que no amaban a las mujeres (los telefilmes suecos tampoco me interesan). La crisis entre agencias de espionaje, con esos personajes anodinos y la demencial intriga nuclear, parece muy ajena a la fórmula inicial de la serie, y en este relato, también ajena a los protagonistas principales, resultando un hilo conductor, un macguffin, bastante forzado. Y en general, el estilo a lo James Bond, Jason Bourne y Misión Imposible resulta excesivo, sobre todo porque el potencial dramático de Lisbeth se deja de lado para convertirla en una heroína de acción.

Todo se resuelve con el móvil y el ordenador, con trucos muy inverosímiles, y no por investigación y esfuerzo real de Lisbeth. Dónde quedó el suspense, la sensación de reto enorme para los personajes, y para nosotros la emoción de ir juntando pistas. Se abusa también de la acción aparatosa (persecuciones, explosiones) a lo Jason Bourne, con calcos descarados como las luchas cuerpo a cuerpo con cámara en mano o la escena en un lugar concurrido y vigilado donde la protagonista trata de pasar desapercibida. La confrontación con la villana hortera y poderosa bebe demasiado de James Bond, sobre todo en ese final que pretende imitar a Skyfall (Sam Mendes, 2012) pero acaba siendo mediocre: el fracontirador y la casa reconstruida con el último exceso de cienci-magia no es un clímax con la suficiente pegada. Y todo ese artificio se sobrepone a la evolución de Lisbeth, quien después tanto flashback y tanto anunciar que va a enfrentar su pasado, no queda claro qué ha supuesto esta aventura para ella: ¿una liberación, un cierre o una herida nueva?

Sin deslumbrar como Fincher, el uruguayo Fede Álvarez es la mar de competente y ofrece un acabado bastante sólido. Hay momentos, como la persecución en moto, espectaculares. Pero conociendo su trayectora, con dos de suspense muy sólidas, Posesión infernal (2013) y sobre todo la notable No respires (2013), está claro que se ha visto algo limitado por las exigencias del estudio de forzar la acción sobre la atmósfera de intriga. En la misma situación parece estar la banda sonora del español Roque Baños. La labor de Trent Reznor y Atticus Ross en la anterior cinta no era brillante pero sí más original y se fusionaba mejor con las imágenes; la presente es muy predecible y algo machacona, parece hecha con ejemplos de una biblioteca de temas de acción. Pero es muy probable que exigieran eso mismo, no hay más que escuchar la anterior colaboración con el director, la entusiasta partitura para Posesión infernal.

Gracias a que la protagonista engancha, la proyección mantiene buen ritmo y un aspecto visual vistoso, destacando aprovechan bien los gélidos paisajes de Suecia, Lo que no te mata te hace más fuerte cumple con lo justo como entretenimiento pasajero, pero claro, no tiene nada que te permita recordarla al terminar, salvo la decepción por la falta de ambición artística y la obsesión por el dinero fácil, aunque esta vez podemos alegrarnos de que la fórmula no haya funcionado y les haya explotado en la cara.

Día de patriotas


Patriots Day, 2016, EE.UU.
Género: Drama, suspense, acción.
Duración: 133 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg.
Actores: Mark Wahlberg, Michelle Monaghan, John Goodman, Kevin Bacon, Rachel Brosnahan, J. K. Simmons, Christopher O’Shea, Jimmy O. Yang, Alex Wolff, Themo Melikidze, Michael Beach.
Música: Trent Reznor, Atticus Ross.

Valoración:
Lo mejor: Excelente en lo audiovisual, correcta en el drama, neutral en los hechos, con tramos tensos y espectaculares.
Lo peor: Por decir algo, quizá había potencial para más.
Mejores momentos: La entrada del FBI. Las discusiones sobre si publicar información en los medios. El tiroteo contra el todoterreno.

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El maratón de Boston es la carrera más antigua y popular de Estados Unidos, y se da todos los años en abril en el festivo Día del Patriota. En 2013 sufrió un atentado que provocó por suerte sólo tres muertos, pues fue bastante aparatoso: dos atacantes con dos ollas con explosivos y metralla dejaron casi trescientos heridos y la cuidad se sumió en el terror durante días hasta que la amenaza fue neutralizada.

Peter Berg por entonces era un guionista y director (y a veces actor) que aparte de la atípica obra de culto Very Bad Things (1998) no daba muy buenas sensaciones. La sombra del reino (2007), Hancock (2008) y Battleship (2012) eran bastante flojas, y las series en que participó también. Pero la cosa ha cambiado desde entonces. Con El único superviviente (2013) y esta Día de patriotas se ha alzado como uno de los referentes de la acción con tintes dramáticos e históricos del momento, mostrando una madurez que bien le podía haber garantizado más reconocimiento y premios de los ha obtenido. Pero su estilo huye de la sensiblería y el ensalzamiento patriótico estándares de los Oscar y Globos de Oro, que sí cumplió por ejempelo una cinta menor pero multipremiada como En tierra hostil (2008).

Hay que recalcar que es todo un logro que Día de patriotas sea tan objetiva y neutral, porque la idea era hacer un homenaje a las víctimas y a la ciudad, y porque Estados Unidos es muy egocéntrico por lo general y esa herida caló hondo en la sociedad, así que cabría esperar un tono más lacrimógeno y a la vez vengativo, y por extensión sesgado. Pero Berg trata de mostrar qué ocurrió, quién lo sufrió y cómo la ciudad sobrepuso a la desgracia sin tomar partido emocional excesivo (sólo encontramos esto en los créditos finales, con las entrevistas a los implicados) ni meterse en berenjenales ideológicos. Así, no entra en la cuestión de cómo nace un terrorista, cómo se les pasó a las agencias de seguridad (uno de ellos estaba en las listas de distintas agencias y gobiernos como más que posible terrorista), de cómo la ciudad estuvo de facto bajo la ley marcial, algo impensable por ejemplo en Detroit con mucho más asesinatos al año, o cuando un supremacista blanco la lía parda, que ocurre muchas más veces de las que hay atentados de radicales islamistas y ni siquiera lo llaman terrorismo.

El único apunte crítico que hay emerge inevitablemente del relato de los hechos. Con tantas agencias trabajando juntas se provoca algún roce y retraso en toma de decisiones, mientras que por el lado contrario los medios hacen su agosto señalando incluso falsos culpables con las prisas. Sin embargo, no se para a ahondar y criticar esa problemática de las excesivas agencias con agendas propias y muchas fallas, que es bien patente desde el 11-S y el Katrina, ni que ningún medio de información pagó por la terrible injusticia de señalar a un ciudadano cualquiera como terrorista sin pruebas tangibles, sólo para vender más. Lo menciona porque ocurrió y pasa a otra cosa.

También es inevitable que haya algo de cursilería (las parejitas y sus frasecitas románticas, el intento de ligar del chino…), porque no hay mucho margen de maniobra al mostrar el día a día de gente corriente sin salirse por la tangente contando cosas más rebuscadas. Pero quizá el propio Berg lo sabía y desarrolla un personaje central ficticio que dirija mejor la historia y conecte mejor con el espectador que esas anécdotas. El personaje es muy sólido, funciona como nexo de toda la historia, centraliza y visibiliza el esfuerzo de la policía local, y Mark Wahlberg está más esforzado que de costumbre… pero aun así se llevó algunas críticas por no ser real; está claro que no llueve al gusto de todos.

El reparto es llamativo, pero con tanto personaje y salto de escenario pocos tienen tiempo para lucirse. Aparte del correcto Wahlberg el que más destaca es un sombrío e imponente Kevin Bacon como agente especial del FBI: con su mirada ya deja claro que está al mando.

Pero el nombre a recordar es Peter Berg, que construye este complejo, caótico y trágico evento como si fuera fácil. El ritmo es ágil en las partes menos intensas, los cambios de escenario no hacen que pierdas el hilo, y sintetiza bien incluso cuando se encuentra ante alguna dificultad importante: hay individuos cruciales en la parte final de los hechos, como el agente encarnado por J. K. Simmons y el estudiante chino en manos de Jimmy O. Yang, pero el realizador los presenta poco a poco sin dar la sensación de que rompen el flujo de acontecimientos.

Para la parte final nos trae un colofón de infarto. El intento de los terroristas de viajar a Nueva York pega un subidón en el factor suspense, y aunque conozcas más o menos el final de los acontecimientos sufres por los implicados y la tensión en el ambiente es palpable. El tiroteo que acaba con la vida de uno es memorable, de lo mejor en acción realista que se ha visto probablemente desde Heat (Michael Mann, 1995), pero cuando el hermano superviviente huye no hay sensación de bajón, sigue manteniendo la expectación.

Atención también al sorprendente y magnífico trabajo con efectos digitales. No se rodó en la calle, sino en un decorado con pantallas verdes que luego fueron sustituidas con ordenador por los bloques de edificios. No me di cuenta hasta que vi por casualidad una fotografía del rodaje.

Día de patriotas se puede disfrutar de varias maneras. Como homenaje, como drama, como thriller, como cinta de acción, y en todos los ámbitos cumple sin problemas cuando no impresiona.

Hellboy II: El ejército dorado


Hellboy II: The Golden Army, 2008, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, superhéroes.
Duración: 120 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro, Mike Mignola.
Actores: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, Jeffrey Tambor, Luke Goss, Anna Walton, John Hurt.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras notables en guion y puesta en escena. Vestuario y maquillaje impresionantes.
Lo peor: Sigue resultando un tanto predecible y superficial cuando había mucho por explorar en el universo imaginario.
Lo peor: No soy un bebé, soy un tumor.

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Guillermo Del Toro y Mike Mignola estuvieron desde el estreno de Hellboy desarrollando la segunda parte sin encontrar el tono a la historia, y los estudios parecían interesados pero no metían prisa. Sin embargo, el éxito de la sobrevaloradísima El laberinto del fauno (2006) animó a todos y se pusieron en serio a ello. Además, le otorgaron un presupuesto algo superior a pesar de que la primera parte fue muy justa en taquilla.

Del Toro parece haber tomado nota de lo que peor funcionó y se lo trabaja mejor, o quizá la colaboración de Mike Mignola en el guion ha resultado muy enriquecedora. El relato está mejor equilibrado y tiene más personalidad, disimulando mejor que la premisa es de nuevo bastante básica. Los diálogos son más ágiles e ingeniosos, y el dibujo de los personajes más maduro. Las relaciones laborales y amorosas son muy moviditas, el romance ya no da vergüenza ajena, de hecho, el de Abe es muy atractivo, sobre todo porque aporta bastante a la trama, y los secundarios resultan más verosímiles, incluso aunque sus orígenes sean muy fantasiosos. Y también la suerte corrió de nuestra parte: Rupert Evans no pudo aparecer por problemas de agenda, con lo que nos libramos del agente novato idiota y el pésimo actor.

Hellboy, de nuevo encarnado con entusiasmo por Ron Perlman, es un rol central muy potente. Bruto e infantil y amable y fiel a partes iguales, continúa intentando ganarse el respeto de sus compañeros y superiores y encontrar razones para vivir en un mundo que no termina de aceptarlo. La seriedad y sabiduría de Abe sufre un traspiés cuando su corazón se interponte. El villano, el príncipe élfico Nuada, es más convincente que los de la primera entrega, su historia está bien desgranada y sus motivaciones, aunque primarias, se entienden, y con su hermana Nuala se redondea la cosa. El jefe de Hellboy, Tom Manning, ya no es un secundario gracioso cargante, y aunque alguna escena salida de madre todavía se lleva, encaja mejor en la historia y resulta bastante simpático. La nueva incorporación, el etéreo Johann Krauss y su traje estrafalario, es alucinante en diseño pero también aporta interesantes roces personales, y además evoluciona bien. Solo Liz queda un poco por debajo. Aunque su relación con Hellboy sea más consistente, en solitario no termina de destacar del todo; y Selma Blair sigue ofreciendo una interpretación muy pobre.

La aventura tiene escenarios mucho más imaginativos y un progreso más claro, si bien alguna parte secundaria no termina de funcionar del todo. El prólogo introduce bien la trama, y eso que de primeras parece un pegote, los elfos hacen una entrada imponente, la escena con las hadas se alarga demasiado pero tiene su gracia, y mientras el villano lleva a cabo su plan se intercala bien el día a día de la organización de Hellboy, la investigación, los problemas laborales…

Desde la visita al mercado oculto en adelante el subidón es de aúpa. El despliegue de criaturas del lugar corta la respiración; puede considerarse que lo alargan para vacilar, pero bien que se disfruta. La pelea con el elemental es impresionante y bastante emotiva. Los pocos tropiezos preceden al lanzamiento de la confrontación final, donde encontramos giros un poco rebuscados: el trol del carrito y la criatura que vigila la entrada resultan un poco artificiales, por eso de ser recursos fantásticos de pegote para agilizar la trama, y hay algún otro giro poco meditado, como la herida de Hellboy, un drama forzado prescindible. La batalla final, aunque acabes cansado de mamporros a robots dorados, ofrece un clímax más llamativo que el desenlace del primer capítulo, sobre todo porque la implicación de los personajes mucho mejor: en todo momento sabes que quedan conflictos dramáticos por cerrar, y la resolución no decepciona.

El pico extra de dinero lo aprovechan de maravilla, siendo el vestuario y el maquillaje extraordinarios y los efectos digitales muy buenos. Del Toro también muestra más experiencia, con una dirección más cohesionada y mejor sentido del espectáculo. El montador ha cambiado y se nota, las coreografías también son superiores. Por otro lado, la banda sonora de Danny Elfman es más versátil y emocionante que la anterior de Marco Beltrami, pero también deja la sensación de que el rico universo permitía algo más original y se queda muy corto.

La cinta resultante es muy vistosa, deslumbrante a ratos, garantizando un entretenimiento de primera. La recepción de crítica y público fue más o menos igual, aunque en taquilla le fue algo mejor, pero no como para hacer grandes cantidades de dinero.

Del Toro quería desde el principio hacer una trilogía, e incluso se tanteó algún spin off, pero se quedó todo en el aire hasta que la productora pasó al reinicio, que llega de la mano de Andrew Cosby al guion (la serie Eurueka -2006-), Neil Marshall en la dirección (The Descent -2005-, Centurión -2010-) y con David Harbour (The Newswoom -2012-, Stranger Things -2016-) encarnando a Hellboy.

Ver también:
Hellboy (2004)
-> Hellboy II: El ejércido dorado (2008)

Hellboy


Hellboy, 2004, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, superhéroes.
Duración: 122 min (cines), 132 min (Director’s Cut).
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro.
Actores: Ron Perlman, Doug Jones, Selma Blair, Rupert Evans, Karel Roden, Jeffrey Tambor, Biddy Hodson, Ladislav Beran.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: El carisma de Ron Perlman, el vestuario, el maquillaje y los efectos especiales.
Lo peor: Guion lamentable y puesta en escena muy pobre. Potencial desaprovechadísimo.
Versión del director: Tiene diez minutos más, con un par de escenas de colegueo y ligoteo no esenciales, y tampoco aporta violencia extra.

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Los cómics de Hellboy, creados por Mark Mignola en 1993, combinan aventuras y humor negro, esoterismo (con predilección por el nazismo) y mitología, esta última con influencia de las mitologías nórdica y griega y el horror informe de Lovecraft. En la búsqueda de poderes místicos los nazis abren un portal hacia el infierno, y aunque el doctor Trevor Bruttenholm (alias Broom) los sigue de cerca e impide que logren sus objetivos, un demonio bebé acaba en la tierra. Criado por él bajo el nombre de Hellboy (chico o niño del infierno), servirá en la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal, que analiza y contrarresta amenazas de complots paranormales y criaturas extrañas por todo el mundo.

La adaptación cinematográfica se fraguó justo antes del boom del cine de superhéroes que se dio con el Batman de Nolan (iniciada en 2005) y la serie Marvel de Los Vengadores (Iron Man vio la luz en 2008). En ese momento triunfaba X-Men (Bryan Singer, 2000), que se podría decir que abrió la veda, pero Hellboy llegaba menos para arrasar en taquilla aprovechando el tirón de aquella y más como rareza, pues partían de un personaje menos conocido, no era una superproducción ambiciosa y parecían apuntar a un público más adulto y alternativo.

Sin embargo, la cinta resultante no causó impresión alguna. Ni logró un tono distintivo y una personalidad llamativa, ni era tan adulta y original como se esperaba, sino que su pobre guion y su acabado visual poco enérgico ofrecieron una de acción genérica. Aunque la crítica fue bastante buena con ella a pesar de su escasa calidad, el público la recibió con gran tibieza, no pudiendo doblar su presupuesto en taquilla, necesario para empezar a ser rentable (hay que contar publicidad y distribución y la ganancia del cine). Pero tampoco fue un fracaso sonado, y tuvo que dar dinero en el mercado doméstico (dvd, bluray y venta de derechos a cadenas de televisión), porque hicieron una secuela cuatro años más tarde. Aunque tuvo mejor recorrido en taquilla tampoco fue un éxito y enseguida cayeron en el olvido, hasta que la llegada de una nueva versión en 2019 nos ha hecho mirar atrás.

Si en su momento fue poca cosa, el paso de los años no le hace ningún bien. La escasa inspiración y ambición del guion se hace más evidente cuantas más cintas de superhéroes hay, pero si os parece injusto ponerla en la balanza con el punto álgido del género, podemos compararla con cualquiera de acción, aventuras y fantasía de la época e incluso de décadas anteriores, y veremos cantidad de lugares comunes que el escritor y director Guillermo del Toro amontona con desgana.

El héroe solitario e incomprendido, la chica dulce, el nuevo compañero novato que cierra el trío amoroso y genera roces en el trabajo, el mentor que morirá para forzar la maduración de aquellos, el villano sin personalidad que quiere destruir el mundo porque sí y sus secuaces raritos dan tumbos sin ton ni son en la presentación, nudo y desenlace más sobados y anodinos que puedas imaginar. De hecho, recuerda mucho a los trabajos previos de Del Toro, Blade II (2002, aunque esta sólo la dirigió) y Mimic (1997), con escenas calcadísimas como los climax finales, con esas previsibles explosiones que acaban con los bichos.

El recorrido de los personajes es predecible y aburrido, sabes en todo momento cuál es la escena siguiente, si una de camarería, una de conflicto, una de conciliación, una explicativa o un lastimero momento de transición a modo de videoclip (por cierto, atención al destroce que hacen versionando la mítica Red Right Hand de Nick Cave). Los diálogos dan bastante vergüenza ajena, y eso que se ve un intento de dar rienda suelta al humor negro y gamberro que se esperaba, pero más bien resulta infantil (lo peor son los intentos de chiste que rompen el ritmo en las escenas de acción). A veces se cae a unos niveles sonrojantes: el trío amoroso de ingenuo es hasta gracioso, y por el lado contrario, el director del FBI es un personaje que busca ser cómico pero resulta insoportable, y eso que Jeffrey Tambor (Arrested Development -2003-) le saca todo el jugo posible a semejante esperpento.

Sólo salva la función el carisma de Ron Perlman (En busca del fuego -1981-, La ciudad de los niños perdidos -1995-, Alien Resurrection -1997-, Hijos de la anarquía -2008-), que hace suyo al personaje, no sólo porque se adecúa al físico, sino por su estupenda combinación de mala hostia con candidez. Doug Jones como Abe, el anfibio, consigue resultar simpático a pesar del aparatoso maquillaje, pero el personaje está muy desaprovechado y para colmo a media proyección lo dejan de lado. Jones se ha convertido en todo un genio de la interpretación por gestos y movimientos; recientemente lo pudimos ver en La forma del agua (2017, también a las órdenes de Del Toro) y Star Trek: Discovery (2018). Del resto, hasta un veterano como John Hurt (Alien -1979-) parece estar desubicando en el típico personaje comodín explicativo, no digamos ya los jóvenes Selma Blair (Una rubia muy legal -2001- y otras comedias de bajo nivel) y Rupert Evans (Ágora -2009-, muchas series menores), que están pésimos hasta sacarte de la película haciéndote que te preguntes cómo han podido pasar el cásting.

La decepción se agrava por el potencial que ponía en bandeja la mezcolanza de mitologías del cómic, con unos villanos y monstruos cada cual más extravagante y sugerente. Nazis, ocultismo, Rasputín, demonios del infierno… nada llega a desarrollarse lo suficiente como para generar expectación por el devenir de acontecimientos. Si te quedas con el quién es quién de los malos es por el aspecto de cada uno, porque no se llega a vislumbrar ninguna personalidad. De hecho, el diseño de Kroenen es espectacular, así que apena mucho que no se trabajara lo más mínimo su historia y ambiciones. Este y sus compañeros (la típica rubia nazi, el cansino loco de la dominación mundial -Rasputin-) aparecen esporádicamente para justificar las escenas de acción y la confrontación final de rigor, pero apenas llegan a aportar un mínimo de intriga y espectáculo aceptable.

Una vez se intuye el escaso recorrido de la propuesta, que en mi caso fue desde el manido y tonto prólogo, las únicas esperanzas quedaban puestas en el aspecto audiovisual que pudieran lograr, pero ya desde esa introducción apunta bajo. La puesta en escena se queda muy corta y la imaginación escasea demasiado a pesar de las posibilidades.

La dirección de Del Toro es convencional y muy televisiva, ahogada en planos cerrados y escenificación básica de rostro en rostro. Donde más se nota la falta de ese talento que algunos se empeñan en ver en el realizador es en las escenas de acción, que con unas coreografías vulgares y un montaje tosco resultan más bien cutres. Todo son borrones en movimiento y gente lanzada por los aires, y se dejan ver unos trucos demasiado evidentes: cómo cantan los movimientos con cuerdas, llegando a dar momentos ridículos, como el derrumbe de la pasarela al final, donde Hellboy patalea en el aire. Tampoco ayuda el tono para mayores de 13 años que obligaron en una propuesta que pide a gritos ser para mayor de 18: los diálogos esquivan las palabrotas, o cuando por fin van a recurrir a ellas las dicen a medias (sólo les falta un pitido), a Kroenen sin traje lo esconden de mala manera tras objetos, y de sangre y violencia no se ve casi nada, ni si quiera en la versión extendida como suele ser habitual.

La banda sonora de Marco Beltrami es efectiva pero poco inspirada, ofreciendo típicas fanfarrias heroicas y demás motivos de acción rutinarios cuando la premisa daba para explorar sonidos más originales; pero claro, lo más probable es que se mantuviera en lo que querían los productores.

Apenas aguanta el tipo porque el vestuario y maquillaje son muy llamativos y los efectos especiales bastante buenos. De hecho, pienso que Abe es aparcado a media película con la excusa de que está herido para ahorrar las horas de maquillaje en la parte más difícil de rodar, las escenas de acción del tramo final. Por otro lado, ya que tenemos tanto traje elaborado, bien le podían haber puesto un vestuario a Liz que soportara el fuego por alguna cualidad mágica, porque va lanzando llamas sin que se le queme la ropa.

Lo digital está bastante bien hecho y se mantiene con el paso del tiempo (más teniendo en cuenta que no era una gran superproducción), sobre todo porque no se abusa de ello y porque sabiamente cuando los monstruos copan el primer plano son muñecos o gente disfrazada. El perro-demonio está muy logrado y la criatura final está bien hecha, lástima que esta forme parte de un clímax tan soso. Eso sí, hay un par de extraños momentos en que recurren al ordenador para cosas que podían haber hecho con material real, como la cuerda con la que enganchan a Kroenen por el cuello o los coches al cruzar la calle, que dan un cante horroroso.

En resumen, Hellboy prometía pero acaba siendo un producto muy convencional y perecedero.

Ver también:
-> Hellboy (2004)
Hellboy II: El ejércido dorado (2008)

Milla 22


Mile 22, 2018, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 94 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Lea Carpenter, Graham Roland.
Actores: Mark Wahlberg, Lauren Cohan, Iko Uwais, John Malkovich, Ronda Rousey, Sam Medina.
Música: Jeff Russo.

Valoración:
Lo mejor: Ritmo vertiginoso, tiroteos espectaculares, protagonistas carismáticos.
Lo peor: En escenas pausadas el director abusa del montaje rápido, resultando caóticas. Le faltan villanos de peso. El giro final es bastante fallido.

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Un comando especial se dedica a neutralizar amenazas terroristas en todo el globo. Por un lado, están los mercenarios, curtidos en cualquier escenario bélico, y por el otro, el jefe con los analistas y técnicos controlan las operaciones desde la sombra.

Viendo las últimas obras del realizador Peter Berg, El único superviviente (2013), Marea negra (2016) y Día de patriotas (2016), pensaba que Milla 22 también se basaba en hechos reales, pero no es el caso, aunque sí es muy parecida en argumento, personajes y estilo narrativo. Como en las citadas, intenta mostrar realismo dramático mezclado con acción aparatosa, esforzándose con los personajes más de lo habitual en el cine de acción contemporáneo, otorgándoles conflictos y características destacables, lo cual es muy de agradecer aunque no termine de alcanzar los niveles de grandes del género, como La jungla de cristal (John McTiernan, 1988).

En este caso se puede achacar que por mucho drama y tics que ponga sobre el rol encarnado por Mark Walhberg termina siendo Mark Walhberg, y aunque ofrece bastante simpatía y carisma, es evidente que un actor con mayor registro le vendría mejor; pero claro, es también uno de los productores principales, así que se aseguraría el puesto. Lauren Cohan (The Walking Dead, 2010) me convence más precisamente porque su papel es bueno y te crees su estrés en el trabajo y sus problemas en casa. Los secundarios cumplen con lo justo: escenas de camaradería, peleas y muertes que no dan vergüenza ajena son también poco habituales hoy en día. Donde anda más corta es en los malos, pues no tenemos un enemigo que dé la talla, que suponga un rival digno para los héroes: el líder de los comandos a pie de calle es muy soso, y los misteriosos individuos del avión resultan un pegote artificial.

El reto de los protagonistas no es gran cosa, simplemente avanzar disparando por las calles hasta llegar al destino seguro. No hay mucho más en la función, porque la intriga de política y espionaje es una excusa para justificar el lío, y además acaba en un giro surrealista que le hace perder la poca consistencia que tenía. Pero en su propósito funciona bastante bien porque Berg se centra en exprimir la acción frenética, el terreno donde mejor se mueve.

Con ello se perdonan bastante los excesos, como la cámara en mano a veces demasiado agitada, salvo en un par de instantes que deberían ser más tranquilos pero te marea igual, como la conversación de los dos protagonistas en la azotea. Y con ello se notan menos las carencias, como esos malos que llegan en oleadas cual videojuego. Calles, coches, tiendas, bloques, pasillos, pisos… escenario tras escenario encontramos tiroteos de impresión, carreras para salvar la vida, y alguna situación tensa muy lograda, como la protagonista atrapada en un piso.

La pena es que los guionistas meten con calzador una idea que supone el mayor fallo de la propuesta, y ni Berg ni Walhberg ni otros productores han sabido verlo. Quizá pensando en que el argumento no dejaría huella y no daba para llegar al metraje mínimo (al final se queda en una hora y media, nada común en estos tiempos), intentan estirar como pueden y aportar un giro que cause sensación. Pero la narración paralela del protagonistas patina bastante. La cháchara metida entre medio de la aventura no genera intriga sino reiteración (te cuenta lo que vemos) y salidas tangenciales innecesarias (aporta datos irrelevantes), y al final resulta que está para justificar la revelación forzada que supuestamente cambiará nuestra percepción de todo lo que hemos visto. Pero me temo que es tan rebuscada y tramposa y a la vez tan intrascendente que produce el efecto contrario, hace que acabes con cierto mal gusto una proyección que iba siendo la mar de entretenida.

Aunque Día de patriotas tuvo buena recepción crítica no se transmitió a la taquilla, y esta, que se ha recibido con tibieza, difícilmente podría tener mejor suerte. Al menos en cines, porque son cintas que aguantan muy bien los revisionados en televisión y dvd/bluray. No sé por qué no les dan distribución y publicidad suficientes, pues Berg arrasó con Hanckok (2008) y Walhberg es un rostro conocido, así que ambos tienen tirón de sobras para atraer gente, y más con títulos más que decentes en un género saturado de fantasías y sagas clónicas.