El Criticón

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Uno de los nuestros


Goodfellas, 1990, EE.UU.
Género: Suspense, acción, histórico.
Duración: 146 min.
Dirección: Martin Scorsese
Guion: Martin Scorsese, Nicholas Pileggi.
Actores: Robert De Niro, Ray Liotta, Joe Pesci, Lorraine Braco, Paul Sorvino, Frank Sivero, Frank Vincent, Chuck Low, Gina Mastrogiacomo, Debi Mazar, Tony Darrow.

Valoración:
Lo mejor: Guion y dirección desbordantes de imaginación y recursos geniales. Reparto implicadísimo.
Lo peor: Algunos excesos terminan pesando, aunque sea ligeramente. En general está bastante sobrevalorada: es una gran película, pero no una obra maestra y mucho menos una de las diez o incluso de las cien mejores de la historia.
La frase: Desde que tuve uso de razón siempre quise ser un gángster.

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El libro Wiseguy (la forma en que se llamaban a sí mismos los mafiosos, los “tipos sabios” o los “buenos chicos”, según la traducción que prefieras) del periodista Nicholas Pileggi editado en 1985 tuvo estupendas críticas, se consideró el retrato más realista sobre las mafias de Estados Unidos. Martin Scorsese, enamorado del género, no tardó en quedar prendado de él y contactó con Pileggi para adaptarlo, quien estuvo entusiasmado también.

Desde el principio el realizador tenía claro que quería un relato frenético, que saltara de detalle en detalle e historia en historia, incluso yendo adelante y atrás en el tiempo, hasta componer un cuadro completo de la mafia liderada por Paul Vario desde los años cincuenta hasta casi los ochenta. El punto de vista sería el de Henry Hill, un joven cautivado por este mundo hasta que de adulto la violencia y los excesos lo traen a la realidad y acaba colaborando con el FBI para salvar su pellejo.

La pasión de Scorsese en el proyecto se nota en el acabado, pero si se indaga en el proceso creativo se hace aún más evidente. Es normal en el mundo del cine que los rodajes se retrasen o queden en suspenso en espera de financiación y mientras tanto hagan otras películas, pero no tanto que mientras rodaba La última tentación de Cristo (1988) siguiera dando vueltas al concepto, al libreto que escribía mano a mano con Pileggi, a los detalles, hasta el punto de que tenía casi todas las canciones usadas en la banda sonora ya en mente años antes. También se cuidó de tener un reparto cohesionado y comprometido, no se dedicó a reunir colaboradores habituales sin más. El primer elegido, Robert De Niro, no se limitó a cumplir, sino que mostró gran interés en el papel, indagando sobre el personaje, taladrando a Pileggi con preguntas sobre sus gestos y comportamientos. El director fomentó esa implicación haciendo que los demás actores también analizaran a fondo sus personajes, y durante el rodaje permitió bastante improvisación para que adaptaran sus formas de ser a las suyas propias, tomaba nota de todo y retocaba el guion para terminar de pulirlos.

En la puesta en escena estuvo pletórico. Tras varios títulos donde mostraba un excelente dominio de la técnica pero sobre todo lo que te hace destacar, gran inventiva y personalidad, Scorsese fue más allá, dejó clara su maduración y valentía, unió todos sus conocimientos, estilos, tics… y deslumbró con un despliegue de recursos y creatividad asombrosos. El ritmo frenético que no te deja respirar emerge de un guion denso pero ágil y de un montaje soberbio de Thelma Schoonmaker, una figura esencial en su carrera. Los largos e inmersivos trávelings, tan complicados como espectaculares, harían sudar al director de fotografía Michael Ballhaus, otro habitual en sus cintas, fallecido en 2017. La estructura no lineal desgrana cada evento y consecuencia con cuidado, o sea, que no es un artificio. La brillante dirección de actores sacó lo mejor de intérpretes ya consagrados y permitió que otros no tan conocidos dejaran huella. La extensa y cuidada selección musical es muy pegadiza, pero también supuso que la banda sonora fuera una de las más caras jamás producidas. La recreación histórica fue muy adecuada (el mayor presupuesto que tuvo hasta entonces), y ayuda junto a la música a establecer con facilidad el marco temporal de cada segmento.

Con la asombrosa mezcla de géneros (comedia negra, drama satírico, epopeya criminal) y el despliegue de recursos narrativos Uno de los nuestros resulta un relato histórico y costumbrista tan retorcido y violento como apasionante. Desde la presentación del protagonista conocemos instantáneamente su entorno, sus motivaciones y esperanzas, de manera que su vida y el mundo al que aspira captan toda nuestra atención. Henry Hill (Christopher Serrone en la adolescencia) es un joven de barrio obrero con una familia numerosa y pobre que anhela las facilidades del grupo que manda en la zona por encima incluso de la policía. De adulto (Ray Liotta) vivirá a lo grande explotando todas esas ventajas… hasta que se asoma al precipicio. Paul Cicero (basado en Paul Vario, interpretado por Paul Sorvino… “Todas las italianas se llaman Marie y todos los italianos Paul”), es el padre que no puede ser su padre: afable y que todo lo da. Jimmy Conway (adaptación de Jimmy Burke, en manos de Robert De Niro) es el hermano mayor o mentor idealizado, quien todo le enseña y cuyos pasos quiere seguir. Tommy DeVito (inspirado en Tommy DeSimone, dado a la vida por Joe Pesci) es el amigo loco con quien te lo pasas en grande… pero al que tienes que perdonarle sus excesos. Y Karen Hill (Lorraine Braco) es la novia de Henry, que acaba atrapada también en este mundo de ostentación.

Henry es un joven encantador que lo ha conseguido todo con facilidad y da con facilidad. Su vida es una fiesta constante, drogas, putas y trabajos estimulantes. Los únicos problemas que parece tener son guardar las apariencias de familia tradicional mientras comete sus fechorías; e incluso ahí, llega un momento en que su mujer acaba pasando del rol de ama de casa y entrando en el juego también. Pero el mundo en que vive, el que proporciona la mafia, está fuera de la realidad, es una fachada que esconde mucha podredumbre. Los problemas se resuelven con violencia, el poder y el dinero se ganan aplastando a otros, las únicas leyes que tienen son estrictas y crueles, y al final se le caerá la venda incluso con sus amigos.

La transformación emocional que muestran tanto Ray Liotta como Lorraine Braco es de impresión. De la ilusión inicial pasan a los excesos y problemas, y de ahí a un abismo donde no ven salida. El tormento en la etapa final, con ambos puestos de cocaína huyendo de todo y todos, se contagia al espectador, te pone de los nervios. Jimmy es una figura afable cuando las cosas van bien, pero se torna despiadado y desapegado cuando sale su lado asesino, y De Niro capta la vena psicópata con una facilidad pasmosa, cada gesto y mirada produce escalofríos. La faceta dura de Cicero es inquietante, potenciada muy bien por un inmenso Sorvino. Y Pesci está incluso un escalón por encima de todos, su tormentoso, volátil y demente rol marcó una época.

Lo sorprendente es que a pesar de la buena recepción de la cinta y las loas al reparto muchos actores no supieron aprovechar el éxito para relanzar sus carreras. Liotta arrastró papeles de poca monta hasta que volvió a conseguir un buen personaje en Copland (1997) y ahora más recientemente en Historias de un matrimonio (2019). Pesci tampoco se prodigó mucho, repitiendo en Casino (1995) un pobre remedo de este personaje, y no volvió a dar una gran interpretación hasta El irlandés (2019). Braco no logró nuevos éxitos hasta que pudo volver a demostrar su enorme talento en Los Soprano (1999). Y siguiendo con esta serie, al menos veinte actores secundarios vistos aquí repitieron en aquella con papeles más importantes; Scorsese dio trabajo a la mitad de la comunidad italoamericana dedicada al cine; hasta sus padres tienen una aparición.

Escenas míticas tenemos por doquier. La presentación que mezcla la infancia con un asesinato que le abre los ojos al protagonista, los trávelings que nos pasean entre las fiestas atestadas, las peleas de DeVito con el veterano recién salido de la cárcel y con el joven en la partida de póquer, la mujer de Henry apuntándolo con un arma, y finalmente la memorable paranoia con el helicóptero.

Pegas también tiene algunas, y aunque no resultan graves es indudable que aportan minutos prescindibles o dejan pequeños huecos. A veces la narración se acelera demasiado o se desvía en cosas que no parecen especialmente relevantes. La estancia en la cárcel resulta un poco forzada, como para cumplir con todas las vivencias habituales de estos criminales. Solo se habla de comida, y aunque esto incluye el soborno a los guardias y expone el poder que tienen, supone un receso poco útil, no cuenta nada concreto. Algún personaje secundario queda descolgado, como metido con calzador, como el de Samuel L. Jackson, pues su relación con el gran robo no aporta problemas llamativos y que DeVito mata a cualquiera lo sabemos de sobra; o el pesado que les pide dinero, Morris (Chuck Low), que entra y sale de escena aleatoriamente. El matrimonio de los protagonistas principales pasa por muchas etapas, con bajones acuciados, como suele ocurrir en la vida misma, pero en ocasiones da la sensación de que saltamos de una fase a otra sin que parezca haber una transición adecuada. Y para ser una obra pretendidamente histórica no sé a qué viene la salida de tono con las pistolas con silenciador: no, en la realidad no existen esos silenciadores mágicos que hacen que los disparos suenen como un débil “pufff”.

Aunque Scarface (El precio del poder, Brian De Palma, 1983) ya había jugado a distorsionar el glamour y la idealización de las historias de gángsteres hacia un registro más alocado, que añadiera acción y visceralidad en contraposición con la seriedad y magnificencia impuesta por la saga El padrino (Francis Ford Coppola, 1972), Uno de los nuestros fue mucho más allá, perfeccionando el estilo sin perder un ápice de la visión histórica ni la dramática, ni abandonar la seducción por el mundo del crimen. Creó escuela, arrasó en críticas y premios, y envejece muy bien, más si la comparamos con otros intentos de Scorsese de repetir sus buenos resultados, como Casino y El irlandés. No es de mis favoritas de su filmografía, pero me parece su mejor película hasta la llegada de Infiltrados (2009).

Pero, como suele pasar con algunos fenómenos, la pasión de su recibimiento se llevó demasiado lejos. Objetivamente dista de ser una las diez o veinte mejores películas de la historia como tantos se empeñan en defender. Con toda seguridad ni sería justo contarla entre las cien, donde la incluye la AFI, tan poco de fiar como los Óscar y Globos de Oro. Ese mismo año compitió con pesos pesados como Desafío total (James Cameron), El padrino III (Francis Ford Coppola) y Bailando con lobos (Kevin Costner). El año siguiente tuvimos Terminator 2 (James Cameron), esa sí, una obra maestra de arriba abajo, y el anterior fue el de Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg), que se queda muy cerca de serlo. Es decir, sólo en esos tres años se pueden citar cinco películas iguales o superiores… y si nos ponemos serios, en 1988 tuvimos dos obras maestras completamente únicas, Akira (Katsuhiro Ôtomo) y La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata), y maravillas como Mi vecino Totoro (Hayao Miyazaki) y La jungla de cristal (John McTiernan), pero claro la animación, la ciencia-ficción y la acción “no son cine de verdad”. En resumen, Uno de los nuestros tiene gran valor por sí misma, no hace falta empequeñecer decenas de obras maestras para disfrutarla y alabarla.

Terminator: Destino oscuro


Terminator: Dark Fate, 2019, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 128 min.
Dirección: Tim Miller.
Guion: David S. Goyer, Justin Rhoders, Billy Ray, Charles H. Eglee, Josh Friedman, James Cameron.
Actores: Linda Hamilton, Mackenzie Davis, Natalia Reyes, Arnold Schwarzenegger, Gabriel Luna, Diego Boneta.
Música: Tom Holkenborg.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto, sobre todo comparado con Terminator: Génesis.
Lo peor: Simple, predecible y aburrida hasta la desesperación. Acabado visual muy pobre, indigno de una superproducción. Se carga la continuidad sin respeto alguno por el fan de la saga. Que James Cameron firme y avale de nuevo semejante traición a sus seguidores. Los tráileres te destripan toda la película.

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VOLVER A UNA SAGA AGONIZANTE…

Una secuela de una serie debe mantener la esencia, su espíritu, indistintamente de cuanto se aleje o no en argumento y estilo. Terminator 2: El juicio final (James Cameron, 1991) muestra que se puede repetir la fórmula sin parecer una mala copia, y el mejor ejemplo de que se puede cambiar bastante sin perder ni una pizca del alma de la obra original lo tenemos en la aportación del propio Cameron a otra serie famosa, Aliens (1986). En ambas sagas los siguientes autores no supierion mantener el nivel.

Terminator 3: La rebelión de las máquinas (Jonathan Mostow, 2003) cumplía por la mínima, lo que en una serie tan apreciada y de tan alta calidad no es garantía de éxito, y no se recibió con mucho entusiasmo. Viendo que volver a repetir el esquema tenía todas las de fracasar en un nuevo episodio, los productores decidieron echarle agallas y optar por un cambio de rumbo en Terminator: Salvation (McG, 2009). La recepción fue tibia por parte del público, pocos seguidores la apreciamos en su momento, pero el tiempo la va asentando. A pesar de su desganado final, por fin teníamos una cinta que miraba hacia adelante, buscando historias de John Connor y la guerra contra las máquinas en el futuro, con escenarios absorbentes tanto por el gran sentido del espectáculo como por ofrecer novedades, intriga y sorpresas con una trama y unos protagonistas muy bien trabajados.

Por ahí tenían que haber seguido. Ganarse nuevos espectadores y recuperar a los antiguos poco a poco con nuevas aventuras, en vez de rapiñar como buitres del factor nostalgia. Pero en Terminator: Génesis (Alan Taylor, 2015) hicieron algo peor, algo muy común en el cine actual para tratar de dar nueva vida a éxitos pasados, sobre todo de los ochenta: el remake disfrazado de actualización. Rizaron el rizo de mala manera con la historia y los personajes, para a la hora de la verdad aportar bien poco salvo agujeros enormes, desconcertando al espectador casual e insultando al fan de toda la vida, y para colmo el proyecto arrastró fallos catastróficos, como el nefasto casting. Y todo venía avalado por James Cameron, con lo que la traición dolía más.

Pero a pesar de ir muy justa en taquilla y críticas y del cabreo de los fans con tamaña afrenta, tratan de colarnos con todo descaro un nuevo remedo con Terminator: Destino oscuro. Cameron vuelve a poner su nombre, nos la venden otra vez como la secuela verdadera, omitiendo las tres anteriores (y todo el tiempo y dinero invertidas en ellas por los fans), y ale, a ver si esta vez engañamos al público.

Lo peor es que claramente han tratado de rehacer Génesis en vez de aceptar que toda ella fue un error grave y buscar otro camino. Si no, ¿por qué toman el rediseño del esqueleto del terminator de aquella (ese con cara de loco en vez de temible), así como gran parte de su argumento? La premisa, las actualizaciones forzadas y las meteduras de pata son las mismas, solamente parece que han sido conscientes del galimatías que fue aquella e intentan simplificarlo todo… Tanto que el relato se queda en un armazón muy simple que pasa por los puntos clave de la saga sin lograr despertar interés alguno, y en vez de muchos fallos dispersos tenemos unos pocos concentrados que acaban siendo demasiado llamativos. Seis escritores acreditados, más probablemente otros tantos que no, han parido un despropósito de los que hacen época.

…PARA REMATARLA DE FORMA VERGONZOSA E INSULTANTE

Alerta de spoilers: No puedo analizarla sin entrar a fondo.–

Empezamos fuerte, con la última y más grande traición: en el prólogo matan a John Connor y resucitan a su madre, que se supone que murió de cáncer, reescribiendo la línea argumental de la saga, eliminando los episodios La rebelión de las máquinas y Salvation de un plumazo (a Génesis ni lo cuento, también reescribía todo de mala manera). Pronto se intuyen los motivos ocultos tras tan torpe y ofensiva decisión: la moda de las actualizaciones incluye otra moda horrible, el feminismo. Para los adalides de la corrección política (y por lo que se ve, ahora entra también Cameron, pues aprobó todo este sinsentido) ya no queda bien que un hombre salve a la humanidad, así que demolemos los pilares de una serie pionera en personajes femeninos fuertes para meter con calzador personajes femeninos fuertes pero a costa de denigrar a los hombres. ¿Alguien entiende algo? Yo no, sólo que me están faltando al respeto a lo grande en varios sentidos nada más empezar la proyección.

En las anteriores entregas, incluyendo la fallida Génesis, se hablaba de líderes y héroes a secas, y veíamos a varios en acción sin importar su género. Además, eran individuos realistas, la mayor parte empezaban siendo unos don nadie, como Sarah Connor y Kate Brewster, mujeres normales, John Connor, un niño cualquiera, Kyle Reese, un superviviente huidizo, todos convertidos en luchadores y héroes por las dificultades de la vida. Ahora andan diciendo a las claras que lo de las películas anteriores está equivocado: se señala que el hombre es malo e incompetente por naturaleza e incapaz de llegar a nada (la protagonista tiene que cuidar a su padre y hermano, el Terminator sólo se acepta como hombre válido cuando cambia pañales), se repite varias veces que todos asumen por deformación machista que la protagonista sólo servirá para dar a luz al hombre que salve a la humanidad, para al final dejar claro que ni embarazo ni hombre: sólo la mujer es capaz de liderar, de tomar buenas decisiones, de mantener la ética por encima de consideraciones egoístas…

La versión femenina de John Connor, Daniela Ramos, roza el cero absoluto en carisma e interés. La actriz Natalia Reyes parece competente, el problema es de un guion insustancial que da palos de ciego sin concretar nada: está en casi todas las escenas pero no parece una protagonista, sino un objeto, una excusa para justificar la trama. Se vislumbra la misma idea que con los personajes citados, empezar desde abajo y madurar, pero no hay una transición fluida, una evolución hacia heroína que enganche y emocione. Se tira toda la aventura siendo una chica cualquiera, capaz en una vida normal pero sobrepasada cuando empiezan los tiros, y de repente se acuerdan de que tiene que acabar siendo una líder, así que te plantan una escena en que dicen que ha cambiado y suelta un discurso acorde… pero en el acto final vuelve a olvidarse todo ello hasta el punto de que si la eliminamos de cada plano no cambiaría nada. ¿Tanta traición para esto? ¿Te ciscas en las bases de la saga y en sus seguidores para no aportar nada más que el sello de haber cumplido con la corrección política? Entre su nulo calado y que su existencia se debe a un panfleto ideológico, desde el principio resulta un personaje bastante molesto y prescindible.

Sarah Connor y Grace tienen un mínimo de trasfondo, lo justo para darles algo de vida y donde pueden apoyarse Linda Hamilton y Mackenzie Davis para lograr unas correctas interpretaciones, pero no es suficiente para que sus odiseas atrapen con fuerza, y menos cuando las escenas de acción no las ponen en peligros que nos creamos. No sorprende que tengamos nuevas versiones de los robots, pero al menos al incluir una humana mejorada, Grace, parece que abrían la puerta a tener algo más que una fría máquina. Sin embargo, su historia y la relación con Dani en el presente y el futuro es tan poco original y aporta tan poco a su desarrollo dramático en los eventos actuales que te deja frío, indiferente. Y Sarah a la hora de la verdad tampoco ofrece gran cosa, sólo deja un par de escenas dignas sobre su pérdida de humanidad entre mucho chascarrillo de tipa dura. Por cierto, qué casualidad que la salvadora del mundo esté en Méjico, justo donde Sarah se ha refugiado porque la buscan en Estados Unidos, y qué conveniente que a pesar de ser una de las personas más buscadas un comandante del ejército, supuestamente amigo suyo no se sabe por qué, le da hasta aviones sin rechistar.

El nuevo terminator, cuyo nombre no hay manera de entender y recordar (con lo pegadizos que eran los originales), no impresiona nada en diseño y efectos especiales, salvo para mal en algunos casos: los dobles digitales son horribles, y al verlo en acción en el futuro parecen escenas sacadas del videojuego Crysis. El actor Gabriel Luna pasa sin pena ni gloria, siendo incapaz de hacer sombra a Arnold Schwarzenegger y a Robert Patrick. Siguiendo con el enemigo, como en Génesis, no se entiende que le cambien el nombre a Skynet, algo completamente gratuito; al menos no tenemos una aparición estúpida de la nueva IA como en aquella.

El terminator clásico, el T-800, sigue el camino de degradación iniciado en La rebelión de las máquinas y la reinvención de Génesis: es un secundario cómico y un comodín para justificar la trama sin que los escritores tengan que esforzarse mucho, y sus apariciones encadenan una serie de despropósitos delirantes. En Terminator 2 el enviado para salvar a John estaba reprogramado para ser sociable y aprender del hombre, pero este no, es una máquina de infiltración y ejecución sin más directrices… y resulta que se aburre, forma una familia y se humaniza. Sí que estaría defectuoso, porque ni siquiera trata de matar a Sarah en el prólogo a pesar de tenerla a tiro y ser un claro cabo suelto y posible amenaza. Y todo esto lo rematamos con los chistes sobre cortinas y pañales y las cervezas que se echan en el porche tranquilamente a pesar de enfrentar la muerte y el fin del mundo.

Volvemos a la gastada premisa de un terminator viajando al pasado para matar humanos que serán relevantes en el futuro, pero en vez de trabajarse el ambiente adecuado en cada escenario, mostrar un hilo conductor claro y atractivo, buscar situaciones originales o al menos impactantes, y aportar alguna lectura intelectual que le dé algo de enjundia, se limitan al terrible estilo manteniendo por Génesis y otras muchas obras en el cine moderno, donde las cosas (revelaciones, caminos a seguir, soluciones) les caen a los personajes encima y estas sólo sirven para justificar las secuencias de acción. En Génesis, al protagonista, Reese, le llegaban flashes de información por arte de magia, por una supuesta falla en el tiempo o algo así, que le indicaban a dónde ir, y una vez allí resulta que el terminator llamado Abuelo había resuelto todo fuera de pantalla y sólo tenían que pegar tiros hasta pasar a la siguiente fase. Aquí, el T-800 del pasado, Carl, es quien ve esos flashes (o eso dice él, porque nosotros no) y manda mensajes a Sarah. Ese es todo el misterio de la trama y todo el esfuerzo de los personajes por hacer algo: ir allá, pegar tiros, ir a otro lado. Hay un amago con planear una trampa para el enemigo… pero al final es todo improvisado.

Las reflexiones sobre el destino (esperar que pase algo o tomar las riendas de tu vida y luchar) y la dependencia de las máquinas están muy vistas, pero las citan de mala gana como para cumplir, aportan actualizaciones muy facilonas (ooh, una máquina le va a quitar el trabajo al hermano de Dani, ooh, compañías y gobiernos controlan nuestros movimientos a través de los móviles…) y tratan de incluir novedades que se sienten muy forzadas: la crítica a la gestión de la crisis de inmigración resulta muy ajena tanto a la saga como a este episodio, y ya he comentado la penosa imposición feminista.

Así pues, no hay contenido alguno, sentido de dirección, progresión dramática, ni tan siquiera secuencias con una atmósfera que transmita alguna sensación concreta. Y pensar que público y fans rechazaron la elaborada y efectiva trama de Salvation

En el acabado muestra una incomprensible falta de talento a la hora de conseguir al menos una cinta de acción llamativa. Ni el realizador Tim Miller ni el equipo técnico están a la altura del mínimo exigible hoy en día. Ha costado 185 millones de dólares, con lo cual debería lucir a nivel de las grandes del género (Mad Max, Los Vengadores, Transformers…), pero más bien parece una serie b de los años ochenta, de esas de 20 millones o menos que salían directamente a video, y que ahora debería haber ido a alguna plataforma online.

Las escenas de acción son simples y están rodadas con la destreza justa para no parecer cine cutre, aunque desde luego en algunos momentos de pésimos efectos especiales se quedan cerca. Las persecuciones son repetitivas y carecen de imaginación, algo donde cumplían bastante bien la tercera y cuarta partes. En el clímax en un avión en pleno vuelo no se ve nada claro, y en el cansino enfrentamiento bajo el agua menos aún. El final en la presa es tan vulgar como los demás tiroteos y encuentros cuerpo a cuerpo: un terminator que se supone que es una máquina de matar, con fuerza superior al hombre y con capacidad para crear armas de filo, no es capaz de acabar con sus víctimas al primer golpe, sólo de lanzarlas más allá, dándoles más oportunidades de huir o defenderse. La música es un machaque constante con un ruido informe, el buen trabajo de Tom Holkenborg en Mad Max (2016) parece que fue una casualidad irrepetible.

Da la sensación de que el éxito de Deadpool (2016) le ha dado una categoría al director Tim Miller que en ningún momento se ha ganado realmente, porque esa cinta destacó por el ingenioso guion y el carisma del protagonista, no por deslumbrar con el acabado visual. El mismo James Cameron metió mano en postproducción, disgustado por el trabajo de Miller, pero de qué iba a servir, pues el problema principal es el guion al que él mismo dio el visto bueno. Entre sus avales a estas dos últimas Terminator y al truño de Alita: Ángel de combate (Robert Rodríguez, 2019), la confianza en Cameron está por los suelos.

En estas condiciones, sumado a que en los tráileres nos han destripado todo, el sentido del espectáculo brilla por su ausencia y el escenario de persecución agobiante y muerte inminente exigible en la serie ni hace amago con asomar. Hay un par de momentos en que parece que los personajes tienen algo que contar, pero se diluye en una aventura sin rumbo ni garra. Desde el principio te atrapa el desinterés, y el aburrimiento empieza a hacer mella pronto. Para cuando llega la parte del avión estaba ya totalmente desconectado, deseando que acabara el suplicio, y no hay un tramo final apoteósico que la redima aunque sea un poco en el lado del entretenimiento, que era lo único que salvaba a Génesis: el galimatías de ruido y tortas se extiende sin llegar a nada durante más y más minutos, hasta terminar con cara de haber perdido dos horas de vida.

No puedo dejar de preguntarme: ¿los productores y autores implicados quieren hacer una película de Terminator o no? Llevan dos entregas en que ponen más esmero en hacer malabares para justificar cambios que en mantener la esencia de la saga. Para eso inventa otra historia que nada tenga que ver con ella, inventa una nueva serie. Pero claro, sólo con el título se garantizan una buena publicidad. Es decir, nos toman por estúpidos, por billetes andantes. Pero salvo sorpresa inesperada, Terminator: Destino oscuro les ha explotado por fin en la cara, dando pérdidas colosales y dejando la imagen de la serie y de los productores por los suelos, y mira que en Génesis habían caído muy bajo.

¿Queda algo que salvar de la saga, queda algo de esperanzas entre los seguidores como para volver a aceptar otro intento de resucitarla? La única salida posible para mí es retomar la estela de Salvation, pero aunque cada vez somos más los que la defendemos parece que no es suficiente para los obtusos productores. Aunque queda por ver si podrían hacerlo si quisieran, pues cada película ha estado en manos distintas, y a lo mejor los productores actuales no tiene los derechos de los personajes de aquella. Y tampoco las buenas intenciones iniciales garantizan que contraten equipos con talento y no metan mano durante el rodaje. En resumen, las posibilidades de que esta saga remonte son muy, muy escasas.

Saga Terminator:
Terminator (1984)
Terminator 2: El día del juicio final (1991)
Terminator 3: La rebelión de las máquinas (2003)
Terminator: Salvation (2009)
Reinvenciones/remakes:
Terminator: Génesis (2015)
-> Terminator: Destino oscuro (2019)

Hombres de negro: Internacional


Men in Black: International, 2019, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: F. Gary Gray.
Guion: Matt Holloway, Art Marcum. Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Chris Hemsworth, Tessa Thompson, Liam Neeson, Rafe Spall, Emma Thompson, Kumail Nanjiani.
Música: Dany Elfman, Chris Bacon.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo, con lo que no se hace insoportable, y es tan ridícula que te puedes reír de ella. Los actores son simpáticos, aunque no se esfuercen mucho.
Lo peor: Tan desganada, anodina y por momentos estúpida que parece hecha por aficionados sobre la marcha, tanto en guion como en puesta en escena.
El formato: Las anteriores se rodaron en 1.85, esta en 2.00.
La continuidad: La reinventan con todo descaro. En la primera dicen que los MIB se fundaron en los años 50 y el primer contacto con alienígenas fue en 1961 en New York, con K de joven. En esta afirman que a finales de 1800 ya existían en París, con cuartel en la torre Eiffel.

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En las tres entregas previas hubo buen entendimiento entre los productores principales, los guionistas de cada una, el director y la pareja protagonista, pero si con esa situación las secuelas flojearos, rompiéndose el equilibrio el patinazo está garantizado. A la hora de un cuarto episodio que renueve personajes y amplíe horizontes las cosas se han torcido. Ha primado el hacer caja tirando del renombre de una saga conocida y unos actores de moda, Chris Hemsworth y Tessa Thompson, que venían de petarlo en Thor Ragnarok (2017), sobre el correcto desarrollo de una película: contratar guionistas, directores y algún productor con talento, dejarles cierta libertad creativa, y tener un guion y un estilo visual concretado antes de lanzarse a rodar. Con los conflictos que hubo durante el proyecto es difícil achacar culpas, así que sólo puedo especular comparando con la trayectoria previa de los implicados.

Con el guion se entiende que no saliera gran cosa. Matt Holloway y Art Marcum poseen un escaso currículo y de nula calidad: Punisher: War Zone (2008) es cine cutre y Transformer: El último caballero (2017) un esperpento de cuidado; Iron Man (2008) la pongo aparte, porque la saga Marvel se moldeó precisamente con cuidado y ganas entre diversos productores, destacando en este caso a Jon Favreau, quien también dirigió. Lo que me cuesta más entender es que un director como F. Gary Gray, con experiencia más que demostrada en el cine de acción, esté tan perdido con una puesta en escena muy pobre. Tiene cintas muy sólidas, como Negociador (1998) y The Italian Job (2003), y otras que no he visto pero están bien valoradas, Un ciudadano ejemplar (2009), Straight Outta Compton (2015) y la octava de The Fast and the Furious (2017).

Podemos achacar que el productor principal, Walter Parkes, se presentaba en el set reescribiendo sobre la marcha muchas partes y se impuso al realizador en la sala de montaje, en teoría por no estar conforme con el guion y el desarrollo del rodaje. Bien podría ser que hubiera perdido el norte, pero lo cierto es que el aspecto visual general es cosa del director por mucho que al relato le des otra forma en la sala de montaje, y la base del guion ya apuntaban bien bajo y según se dice Parkes lo que hizo fue principalmente eliminar un tono de crítica sociopolítica (concretamente temas de inmigración) para dejar una película como las anteriores, más neutral y familiar. Sea como sea, sin una cadena de mando clara y un rodaje estable, tiene todas las de salir un desastre… y así ha ocurrido.

La historia plagia con descaro y torpeza la premisa y las escenas claves de la primera parte, exprimidas ya demasiado en las otras dos entregas sin aportar savia nueva. El ente destructor de planetas, la clave en un objeto minúsculo que resulta tener mucho poder, los alienígenas secundarios de rigor, destacando el pequeñajo supuestamente graciosete, y los clímax más sobados se acumulan sin que el pegamento que los une sea capaz de aguantar unas bases tan poco consistentes. Los diálogos son lastimeros, no hay gracia alguna en los constante pero penosos intentos de hacer gracia, ni garra en las partes serias. El director no le coge el tono a la combinación de humor y acción, y cada chiste corta el ritmo negligentemente en vez de fluir con naturalidad, como si hubiera pausas para incluir risas enlatadas que al final no han puesto. Y vaguedades y agujeros de guion hay un puñado. Mención especial para los alienígenas gemelos que se arriesgan a acercarse al objetivo para envenenarlo a pesar de que le han puesto una bomba en su coche, y la escena en que los protagonistas se estrellan en lo más profundo del desierto y en un cambio de plano aparecen con una hoguera de leña.

Los personajes son muy ramplones y la trama los lleva por caminos muy vistos y encima mal escritos, con lo que dejan todo a la desenvoltura de los intérpretes. Los actores principales y los secundarios de lujo (Liam Neeson, Rafe Spall, Emma Thompson), por mucho carisma que tengan, se ven muy encorsetados, incluso incómodos, ante tal retahíla de sandeces. La intriga sobre traidores, de forzada y explicita es insultante, parece una película para niños de cinco años. La relación personal y laboral de la pareja protagonista es todo tópicos vulgares, incluyendo los cargantes toques feministas tan de moda (por qué el productor no eliminó esto también). El conflicto galáctico es intrascendental, una excusa para mostrar escenarios y personajes secundarios supuestamente asombrosos, todos puestos en fila sin ton ni son; cómo se echa de menos la trama tan bien hilada del primer episodio. Ni una secuencia consigue despertar el más mínimo interés, ni siquiera la aparición de Rebecca Ferguson, la única situación anticipada por el guion pero que resulta ser una decepción, pues el personaje que tiene entre manos es más bien ridículo (vaya esperpento de peluca), la pelea es tan vulgar como las demás (qué mal hecho el tercer brazo), y el giro con el matón se ve venir de lejos y te lo vuelven a explicar como si fueras un crío.

Si ya anda escasa de originalidad en el libreto, se remata con una puesta en escena chapucera. Con 150 millones de dólares los efectos especiales deberían impresionar, pero F. Gary Gray parece empeñado en rodar de forma que estos desluzcan. Ofrece mucho frenesí visual sin control, lo que se traduce en que la proyección resulta agobiante. La persecución en moto parece sacada de una serie de televisión de hace diez años, es inexplicablemente cutre y vergonzosa. Las peleas a tortas y los tiroteos tienen unas coreografías muy flojas y el montaje es bastante malo, con lo que resultan caóticos y se ven mucho los trucos (cuerdas evidentes, mesas que parece que se rompen justo antes de caer el personaje encima).

La banda sonora de Danny Elfman cumple, pero no aporta novedades a pesar de contar con un colaborador, Chris Bacon. Aparte, el director, afroamericano y con una carrera larga en videoclips, mete cada dos por tres y sin venir a cuento temas rap que le molan, así como el absurdo baile de los alienígenas gemelos.

A pesar del poco riesgo de los episodios segundo y tercero estos tenían cierta cohesión narrativa, algunas cuantas escenas muy dignas, y sobre todo personajes muy simpáticos. Con el sinsentido ruidoso que tenemos entre manos se explica cómo el boca a boca la ha hundido rápidamente a pesar de que aquellos rondaron los 500 y 600 millones de dólares de recaudación mundial: esta se ha quedado en 250 y unas notas de crítica y público malísimas. Con un poco de suerte, no seguirán extendiendo la agonía.

Ver también:
Hombres de negro (1997)
Hombres de negro 2 (2002)
Hombres de negro 3 (2012)
-> Hombres de negro: Internacional (2019)

Hombres de negro 3


Men in Black 3, 2012, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 106 min.
Dirección: Barry Sonnenfeld.
Guion: Etan Cohen, Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Will Smith, Tommy Lee Jones, Josh Brolin, Michael Stuhlbarg, Emma Thompson, Michael Chernus, Alice Eve, Jemaine Clement, Mike Colter.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras en la historia, con unas pocas nuevas ideas y situaciones más variadas.
Lo peor: Aunque el fondo se ve el mismo esquema y sigue faltando inspiración.
El título: Fijaos si se esfuerzan poco por mantener la concordancia que en la segunda parte tradujeron en el título y usaron números romanos para el número de episodio y ahora no mantienen ni una de las dos cosas, pues la dejaron como Men in Black 3. Como siempre, intento mantener la traducción más lógica y más conocida por el público.
Mejores momentos: La revelación final.
La frase: Sólo porque vean a un hombre negro conduciendo un buen coche no significa que sea robado… Este lo robé, pero no porque soy negro -J.

* * * * * * * * *

Aunque la segunda parte hizo dinero de sobras se notó que se recibió con tibieza, tanto por las pobres críticas como porque el público no salía entusiasmado como en la primera. Los dos productores de la serie, Laurie MacDonald y Walter F. Parkes, el director Barry Sonnenfeld y el actor Will Smith tenían ganas de una tercera, pero entre el bajón y que Sonnenfeld tenía problemas legales con el estudio, Sony, como siempre por temas de dinero, la cosa se fue retrasando y retrasando. En otros casos en que la franquicia es propietaria del estudio no pestañean cambiando directores, pero los productores querían a este realizador. La cosa empezó a cuajar en 2009, y para 2012 llegó el estreno, eso sí, con el 11-S de por medio afectando, como en otras películas del momento, a varias escenas que implicaban a las Torres Gemelas y tuvieron que rodar de nuevo.

Tomaron nota de lo que falló en aquella entrega, la fala de novedades, y la premisa que encargaron desarrollar al guionista Etan Cohen (El rey de la colina -1997-, Tropic Thunder -2008-) intenta tirar por un camino menos trillado. El resultado fue mejor recibido por la crítica y el público, y llegó a recaudar 624 millones de dólares en todo el mundo. Sin duda es más original y entretenida que la segunda, pero lo cierto es que no como para deslumbrar, todavía se ve cierta cobardía a la hora de ir a por todas hacia una nueva dirección.

Parece que por fin van a apartar a K y darle a J el nuevo compañero que anunciaron en el final del primer episodio, pero se quedan a medias, pues lo que hacen es rejuvenecerlo. Al menos, es un placer ver el buen papel que hace Josh Brolin, quien además de tener un carisma arrollador e imitar a la perfección a Tommy Lee Jones también tiene una química estupenda con Will Smith. El cambio de jefe también apuntaba a que tendría más desarrollo, pero al final O (Emma Thompson) hace lo mismo que Z, da unas cuantas órdenes y poco más. Así que en los personajes, sin fallar, sí pesa la sensación de que podían haberse esforzado más, aunque desde luego, con el estupendo final pega un subidón que deja muy buen recuerdo.

El problema principal vuelve a ser que utilizan al villano como el macguffin, la excusa para mover la trama, en vez de hacer que forme realmente parte de la historia dramática de los personajes (una cutre venganza es todo lo que hay) y el misterio y el conflicto se desarrollen con mayor complejidad. Ya cansa que un bicho feo traiga la amenaza de destrucción de la Tierra y aparezca y reaparezca a conveniencia del guion sin disimulo alguno. Si tan poderoso y temible es, por qué huye más veces de las que ataca, por qué lanza cuatro dardos y se esconde, por qué los protagonistas lo persiguen un rato pero luego desisten…. Todas las escenas así, reservando, retrasando la confrontación y las respuestas para el final. También lo hacen con el extraterrestre que ve todas las líneas temporales a la vez, aparece, desaparece, no se digna a hablar hasta que los autores lo creen oportuno.

En el capítulo inicial hilaron mucho mejor la investigación, con averiguaciones bien dosificadas entre las escenas de acción y humor, de forma que había un hilo conductor que mantenía el interés bastante alto. En los siguientes todo ha quedado supeditado a la gracia de la situación y al carisma de los actores. Con el amago de cambiar la premisa y el desconcierto que vive J engañan aceptablemente bien al menos durante media película (atención al chiste del coche robado), pero poco a poco empieza a hacerse evidente que estamos revisitando la relación J y K sin aportar gran cosa y que el villano es otra chapuza y el choque con él repite prácticamente los mismos pasos. A partir de la fiesta de Andy Warhol pega un bajón considerable (qué persecuciones más sosas), y aunque el clímax final es más vistoso que el del segundo capítulo, no impresiona mucho.

En lo visual tampoco alcanza al episodio inicial, más esforzado en combinar mejor las distintas técnicas de efectos especiales y otorgarle una solidez y personalidad de buen nivel. Sonnenfeld cumple, pero va un poco con el piloto automático puesto y abusa de los efectos por ordenador: los dobles digitales y algunas escenas de persecución cantan más de la cuenta. Ahora más que nunca cabe pensar que costó más de lo que luce: de los 225 millones supongo que un buen pico se iría en los sueldos de las estrellas. En la banda sonora Danny Elfman se puso un poco las pilas y aportó un toque roquero muy certero.

Ver también:
Hombres de negro (1997)
Hombres de negro 2 (2002)
-> Hombres de negro 3 (2012)
Hombres de negro: Internacional (2019)

Hombres de negro 2


Men in Black II, 2002, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 88 min.
Dirección: Barry Sonnenfeld.
Guion: Robert Gordon, Barry Fanaro, Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Tommy Lee Jones, Will Smith, Rip Torn, Tony Shalhoub, Lara Flynn Boyle, Rosario Dawson, Johnny Knoxville.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: La pareja protagonista mantiene su química y gracia, y el perro es tronchante.
Lo peor: Es una repetición nada disimulada de la primera parte, no aporta nada nuevo.
Mejores momentos: La oficina de correos.
La frase: Casi todos los que trabajan en correos son extraterrestres -J.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Cito algunos detalles importantes del final.–

Hombres de negro 2, sin ser lo que se dice una mala película, ofrece tan poco que nada más terminar de verla empiezas a olvidarla. Si no fuera por el tirón de la primera parte y de sus estrellas no habría alcanzado 440 millones de dólares de recaudación mundial, 150 menos que aquella pero aun así una cifra extraordinaria, pero las críticas fueron muy flojas y es evidente que en poco tiempo el público ya no se acordaba de ella, Así, los productores dudaron si hacer la tercera entrega durante casi ocho años (se puso en marcha a mediados de 2009, se estrenó en 2012). Por suerte, ofreció algo más de original y dejó mejores impresiones.

Los productores y los guionistas contratados (Robert GordonHéroes fuera de órbita-, Barry FanaroLas chicas de oro-) van demasiado sobre seguro, sin esforzarse lo más mínimo en tratar de recuperar uno de los puntos clave del episodio inicial, el factor sorpresa, aportando novedades en las vivencias de los personajes y la trama. Se enquistan totalmente en la repetición de la misma premisa, cambiando poco más que nombres, porque ni escenarios nuevos atractivos nos ofrecen.

Los personajes ya los conocemos y se conocen entre ellos y la dinámica de los Hombres de negro también, así que cambian la introducción a la organización y el despertar de J por la acción pura y dura con esa escena ruidosa pero sin savia del gusano en el metro. En el siguiente acto no encontramos un misterio que cobra forma poco a poco hasta que puedes deducirlo tú mismo, sino un macguffin sin sustancia alguna mientras los protagonistas deambulan de aquí para allá teniendo rocambolescas aventuras, sean encuentros cómicos con alienígenas extraños o escenas de acción varias. El único suspense consiste en esperar a ver si K se digna en soltar otra dosis de información, cosa que sólo ocurrirá cuando hayan agotado el escenario actual. Y todo para que al final sea lo mismo: el objeto buscado por la villana que amenaza con destruir la Tierra estaba ante sus narices, esta lo encuentra antes, y luchan por él. Que la clave sea la chica de turno no añade emoción, si acaso lo contrario, queda un poco raro, pues tiene justificaciones un tanto forzadas. J, tan buen agente que es, se encapricha de una tía buena en un solo encuentro y decide no borrarle la memoria. Y a pesar de ello, en el final él y K la convencen para que se suicide para salvar la Tierra, escena que no transmite el drama y la premura necesarias como para lograr aunque sea una pizca de sentimiento.

Rosario Dawson resulta simpática, pero entre el poco recorrido de su rol y que se echa en falta a Linda Fiorentino parece un mal apaño. Es una pena que esta no quisiera continuar o la confianza de los estudios en ella estuviera por los suelos, pues como conté en el análisis de la primera parte, estaba metida en una importante investigación del FBI y además tenía fama de ser difícil de tratar.

La vuelta de K está muy bien hilada, y la química de Tommy Lee Jones y Will Smith es lo que mejor funciona de nuevo, así que no me quejo de que lo recuperaran tras jubilarse, pero sin duda habría sido más atractivo con una nueva aprendiz en el equipo que diera más juego; los roces y chistes con el tonto compañero de J y las escenas en que el perro lo acompaña son buena muestra de ello. La entrada en acción de K en la oficina de correos es tronchante, la mejor parte de la película. La pena es que su historia termina teniendo poco recorrido dramático, por eso de ser una excusa para dosificar la trama.

En cuanto a lo peor, es sin duda la villana tan vulgar que nos ofrecen. Se trabajan un poco de trasfondo, pero este acaba siendo el pretexto para recuperar a K, a sus motivaciones y personalidad no le aportan absolutamente nada. Lara Flynn Boyle hace lo que puede con el putón mal maquillado que le ha tocado (que me parece demasiado para una cinta familiar), pero ni resulta un enemigo imponente ni interesa su plan, y sus secundarios son más bien lamentables: repiten la fórmula de patanes feos, pero ni el sobreactuado Johnny Knoxville con dos cabezas ni el larguirucho que luego se divide en varios pequeños hacen gracia o dan algo de canguelo. Cuando estás un rato siguiendo las andanzas de la pareja protagonista te olvidas por completo de quién es y qué pretende esta tipa. De hecho, da la impresión de que hasta los autores se olvidan de ella: en una escena manda a varios matones a por J y K, pero cortan el diálogo a medias cuando se gira hacia el larguirucho, y quince minutos después vuelven a ello como si ahí no hubiera pasado tiempo alguno, es más, de por medio incluyen un encuentro entre ella y Z.

La puesta en escena mantiene el tono enérgico, aunque también pierde unas décimas. Entre el ritmo vivaz, el carisma de los protagonistas y la corta duración, la cinta entra bien y divierte, pero no asombra como el primer episodio y no cala lo más mínimo. En aquel Barry Sonnenfeld se mostró más ágil, con recursos visuales más variados, mientras que aquí anda menos inspirado y además patina un par de veces, como las patadas voladoras de K y Z tan exageradas y cutres, donde no se sabe a qué viene ese giro en plan superhéroes y canta muchísimo el uso de cuerdas. Pero es la falta de un clímax más elaborado lo que más pesa: el asalto al cuartel tomado por la enemiga está muy falto de imaginación y sentido del espectáculo, y los momentos finales en un tejado son muy, muy sosos. Un tercer acto épico podría haber eclipsado su falta de originalidad, pero apuntaron muy bajo.

El repertorio de criaturas alienígenas es llamativo, pero no deslumbra como en la primera entrega porque aquí tampoco presentan novedades. El abuso de lo digital se nota (el gusano, los tentáculos de la mala, las cabezas múltiples de sus secuaces), y sumado a los parcos escenarios que hay, cabe preguntarse cómo gastaron tanto dinero, nada más y nada menos que 140 millones de dólares, si no tiene un despliegue de efectos especiales al nivel de otras superproducciones de aquel año: Minority Report, El ataque de los clones y El Señor de los Anillos: Las dos torres costaron bastante menos y lucieron muchísimo mejor. La banda sonora de Danny Elfman es muy efectiva, pero tampoco parece buscar algo de renovación.

PD: David Cross (ahora conocido por Arrested Development) repite en un personaje distinto pero muy parecido (el friki de la morgue en el primer episodio, el del videoclub aquí), y no se sabe si es el mismo rol (se supone que murió), así que queda muy confuso. Tampoco parece un cameo, pues fama no tenía y está acreditado; quizá era amigo de algún productor.

Ver también:
Hombres de negro (1997)
-> Hombres de negro 2 (2002)
Hombres de negro 3 (2012)
Hombres de negro: Internacional (2019)

Hombres de negro


Men in Black, 1997, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 98 min.
Dirección: Barry Sonnenfeld.
Guion: Ed Solomon. Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Tommy Lee Jones, Will Smith, Linda Fiorentino, Vincent D’Onofrio, Rip Torn, Tony Shalhoub, Siobhan Fallon Hogan.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Imaginativa en argumento y en lo visual. Personajes carismáticos. Aguanta bien el paso de los años.
Lo peor: Un poco menos de chistes de tortas y más humor ingenioso le habría venido bien.
Mejores momentos: Las pruebas de acceso, en especial la de tiro.
El título: Es otro de esos que según llegan las secuelas lo traducen o no, y acaba siendo un lío.
El mito: Un personaje repite la idea errónea de que hasta el descubrimiento de América por parte de Cristobal Colón todo el mundo creía que la Tierra era plana.
La frase:
1) He vacilado… -J
2) ¿Sabes la diferencia entre tú y yo? Yo llevo esto con estilo -J.

* * * * * * * * *

Como suele pasar, el proyecto estuvo años en el limbro hasta que empezó a concretarse. Dos productores, Walter F. Parkes (quien tras unas cuantas películas no conseguía triunfar) y Laurie MacDonald (recién empezando en este negocio), compraron en 1992 los derechos de un cómic limitado que tuvo buena recepción en su publicación un año antes, Men in Black, escrito por Lowell Cunningham y dibujado por Sandy Carruthers. Contrataron al guionista Ed Solomon (con unas pocas comedias en su haber), pero hasta 1997 la película no llegó a ver la luz, incluyendo un retraso para esperar a que el único director que tenían en mente terminara otro rodaje: Barry Sonnenfeld.

La cosa cogió rumbo cuando consiguieron además un buen padrino. Steven Spielberg puso sus recursos y contactos, de forma que la cinta llegó con gran presupuesto y sin problemas distribución (implicación creativa no parece que tuviera). No tardó en unir a una pareja de éxito seguro para los papeles protagonistas. Will Smith estaba en la cima de su fama, sobre todo tras el pelotazo de Independence Day (1996), y al parecer encabezaba la lista de favoritos porque la esposa de Sonnenfeld era fan de El príncipe de Bel-Air (1990). Tommy Lee Jones estaba buena en racha también tras los buenos resultados de El fugitivo (1993) y El cliente (1994), pero era reticente hasta que Spielberg lo convenció. Otro que estaba en plena forma era Danny Elfman, quien ofreció una banda sonora vibrante.

En papel parece la típica película de pareja de opuestos (buddy movie en inglés), pero no fue tan típica, porque, inspirada en el cómic, combinaba policíaco, ciencia-ficción, comedia y acción de forma bastante original y muy emocionante. Se recibió con entusiasmo, pues tuvo críticas buenas y arrasó en taquilla con 590 millones de dólares mundiales, siendo la tercera en recaudación por detrás de dos colosos como fueron Titanic (James Cameron) y El mundo perdido: Parque Jurásico (Steven Spielberg). Explotaron aún más los réditos con una serie animada y diversos videojuegos. Y ha aguantado bien el paso de los años, tanto que a pesar de la pérdida de calidad de sus tardías secuelas (2002, 2012) estas consiguieron arrastrar cifras semejantes, al menos hasta la cuarta (2019), tan infame que el boca a boca frenó su recorrido comercial y probablemente el de la serie. Los productores se forraron y desde entonces tienen una carrera muy exitosa, con muchas colaboraciones con Spielberg.

Barry Sonnenfeld venía de La familia Adams (1991) y secuela (1993), una saga de corte familiar con bastante buena recepción y que sin duda le dio experiencia en el tono de la presente, la mezcla alocada de realidad y fantasía con diversos efectos especiales. Y Hombres de negro resultó asombrosa en lo visual en su época. Lo cierto es que el presupuesto se fue un poco de madre, pues 90 millones es una cifra muy alta en aquel entonces, de hecho, Independence Day y El mundo perdido no pasaron de 75. Aunque no fuera un espectáculo grandilocuente como Independende Day, la mezcla de alienígenas y distintos trucos visuales (el coche transformándose, las escenas de tortas en plan cómic, platillos volantes estrellándose) tuvo un arduo trabajo detrás y un resultado estupendo. Conviene recordar que junto a Las brigadas del espacio (Paul Verhoeven) dio un paso importante en la introducción de criaturas creadas por ordenador, antes que La amenaza fantasma (George Lucas, 1999), aunque sólo los usaron en planos amplios, en encuadres cercanos utilizarn fantásticos muñecos, animatronics y disfraces. En alta definición lo digital se nota un poco, pero no como para molestar.

Sonnenfeld consigue juntar todas las piezas en un perfecto equilibrio y además aporta un estilo muy dinámico y lleno de recursos. El ritmo enérgico, la duración comedida y el argumento que va al grano garantizan un buen rato diversión. Qué tiempos aquellos en que no se tomaba como obligatorio pasar de las dos horas metiendo rellenos, y en los que se curraban la trama de forma que tuviera un desarrollo lógico e incluso pudieras intuir cosas por ti mismo, ahora casi todo es ir de un escenario vistoso para otro y que en cada uno le caigan pistas encima a los personajes porque sí. No hay bajones ni en la única parte que bastante realmente previsible, las dudas de si el protagonista aceptará y será aceptado en la organización. El relato destaca por jugar bien con el factor sorpresa, teniendo algún giro muy inspirado (el Cinturón de Orión), por su humor desenfadado (a veces grotesco y absurdo), y unas escenas de acción sencillas pero que combinan bien el carisma de los personajes y los efectos especiales. Sólo podría decir que abusa un poco de los chistes de tortas, en plan slapstick, y le hubiera venido bien más gracias ingeniosas. La escena de la pelota rebotando y liándola parda por la oficina para mostrar los problemas de adaptación de J al trabajo es muy, muy tonta, y la del parto de una alienígena muy forzada, pues K no ve a la mujer en el asiento trasero del coche gimiendo y la situación en si tampoco tiene mucha gracia.

Pero lo mejor es la pareja protagonista. Tommy Lee Jones como el veterano serio y tranquilo y Will Smith como el joven alocado que tiene habilidades pero también mucho que aprender son un deleite de ver, llenan la pantalla con su magnetismo y gracia. El proceso de selección, con la tronchante prueba de tiro, es memorable.

Hay algunos secundarios de lujo, pero en papeles breves o raros y no lucen mucho: Tony Shalhoub, Rip Torn, Vincent D’Onofrio. Más atractiva resulta la gradual inclusión de Linda Fiorentino como parte del equipo, pero lo cierto es que toma protagonismo demasiado despacito, dando la sensación de que infravaloran el potencial del personaje y de la actriz, y en la pelea final queda un poco como mujer florero que rescatar hasta que coge el arma. La pena es que Fiorentino a partir de aquí se fue alejando del cine por diversas razones, y en la segunda entrega no tomó el papel protagonista que tenía a tiro. Le iba más el cine independiente, aunque no conseguía asentarse del todo, tenía fama de ser un grano en el culo en los rodajes, y le alcanzó el caso Pellicano (un investigador privado usado por muchos en Hollywood que empleaba técnicas muy sucias -escuchas ilegales, armas, extorsiones-) y su credibilidad quedó aún más en entredicho, de forma que desde el año 2000 sólo ha aparecido en dos películas, la última en 2009. Entre esto y el éxito del dúo Tomm Lee Jones y Will Smith, recuperaron al agente K para las secuelas a pesar de su retiro al final de esta historia.

Pienso que las nuevas entregas han conseguido revalorizarla y mantener el recuerdo más vivo de lo que por sí sola hubiera conseguido. No creo que entre en la categoría de cinta de culto, ni menos aún en la de gran película que deje huella, como mucho es de esas que pillas en la tele o en alguna plataforma online cuando estás indeciso y terminas viéndola porque sabes que es un valor seguro. Pero con un nuevo episodio cada cinco o diez años avivan su recuerdo, y como suelen ser flojos, además realzan su valor, quizá hasta el punto de sobrevalorarla.

PD: Rip Torn, quien interpreta a Z, el jefe, falleció en junio de 2019, pocos días antes del estreno de la cuarta parte (aunque ni en esa ni en la tercera apareció).

Ver también:
-> Hombres de negro (1997)
Hombres de negro 2 (2002)
Hombres de negro 3 (2012)
Hombres de negro: Internacional (2019)

Godzilla: Rey de los monstruos


Godzilla: King of the Monsters, 2019, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 132 min.
Dirección: Michael Dougherty.
Guion: Michael Dougherty, Zach Shields, Max Borenstein.
Actores: Kyle Chandler, Vera Farmiga, Millie Bobby Brown, Ken Watanabe, Ziyi Zhang, Bradley Whitford, Sally Hawkins, Charles Dance, Thomas Middleditch, Aisha Hinds, David Strathairn, O’Shea Jackson.
Música: Brear McCreary.

Valoración:
Lo mejor: Ritmo trepidante. Efectos visuales y sonoros de impresión. Reparto de primer nivel y personajes muy correctos.
Lo peor: La niña es una presencia un poco forzada y da más tumbos de la cuenta. Algunos agujeros de guion y situaciones mal justificadas.

* * * * * * * * *

Me quejé en la primera parte de que el dramón personal metido con calzador rompía el ritmo y el tono, que debían haberse centrado más en las aventuras de los soldados y otros implicados en el lío con Godzilla en vez de salirse por la tangente con topicazos tan tontos. Esta nueva entrega mejora en ese aspecto, dando como resultado un hilo conductor más claro y unos protagonistas que en todo momento están haciendo cosas relacionadas con el conflicto central.

Sin llegar a resultar deslumbrante y teniendo algunos bajones, el repertorio de personajes es bastante interesante, tanto por el estupendo reparto elegido como porque se alejan de los arquetipos de siempre, resultando superior a la media en el cine de acción contemporáneo. Kyle Chandler es un valor seguro, y compone un líder creíble, lejos del cliché cansino de genio infalible que suele verse en el género. Como punto de partida de su arco tenemos dramático el típico trauma familiar, pero no engulle al personaje ni se ahoga en ñoñerías, y su evolución es sencilla pero está bien hilada. Vera Farmiga tiene un rol sorprendentemente ambiguo que sólo desmerece un poco porque en el tercer acto no saben muy bien como cerrar su historia; la tonta escena en que no corre cuando debe para así sufrir más peligros y el intento de redención de rigor no están a la altura. Ken Watanabe ya no aparece solamente para soltar frases explicativas, aporta algo más de vidilla al conjunto. Bradley Whitford es otro placer de ver, y más en un secundario tan simpático. Y hay numerosos técnicos y soldados metidos siempre en todo embrollo aportando su granito de arena, de forma que no parecen extras sin alma ni que lo resuelven todo unos protagonistas más cercanos a superhéroes.

No funcionan tan bien Charles Dance, que tiene un villano algo justo, porque es más bien el catalizador de la catástrofe y el actor no se esfuerza mucho, ni la doctora encarnada por Sally Hawkins, que pasa sin pena ni gloria, tanto que ni recordaba que salía en la primera parte junto a Watanabe hasta que vi los créditos de ambas para hacer la crítica.

Da la impresión de que Millie Bobby Brown causó tan buenas impresiones en Stranger Things (2016) que o consiguió algún padrino con poder o todo el mundo se pega por ella, porque parece un poco ajena a la película, como incluida para exprimir su éxito. Al menos, la chica tiene un talento y una simpatía que salvan bastante su forzada presencia, y como indicaba, la historia familiar está bien relacionada con la trama, va al grano sin atascarse en sentimentalismos de baratillo. Inicialmente cabe preguntarse qué hace en un sitio secreto donde se realizan pruebas peligrosas, pero bueno, está claro que la madre no está muy sana. Sólo en el último acto patinan con ella, pues fuerzan su presencia en el caos: ¿esta joven tan inteligente y resolutiva se queda a esperar a los monstruos?, ¿y por qué la encuentran entre los escombros sin respirar, como ahogada, si no estaba bajo el agua?

Estos agujeros no son los únicos, parece que al guion le ha faltado un último repaso que diera más coherencia y disimulara mejor las situaciones desarrolladas a conveniencia de los escritores. Qué absurdo resulta que todos los protagonistas vayan en el helicóptero final de rescate, en vez de estar en la nave nodriza u otro lugar seguro como hasta ahora, todo para tener un plano final molón. El suicidio de un personaje resulta muy artificial, todo falla porque sí para que haya que enviar a alguien… y no envían a ningún marine entrenado; lo mismo cuando otro personaje principal tiene que ir al hangar a solucionar problemas para los que no está cualificado, cayendo momentáneamente en ese cliché del héroe que vale para todo; y además, esta escena no sé a qué viene, son minutos perdidos. Aparte, los reiterativos chistes sobre el apareamiento de las criaturas son vergonzosos.

De nuevo los productores han arriesgado al elegir un director con poca experiencia para ponerlo al frente superproducción mastodóntica, pero en este caso también destaca que ha tenido una carrera muy irregular como escritor: de X-Men 2 (2003) pasó a Superman Returns (2006) y títulos de terror cutre (donde se estrenó tras las cámaras) hasta acabar en X-Men: Apocalipsis (2016). Y de nuevo han acertado. Michael Dougherty halla un buen equilibrio entre el espectáculo, el desarrollo de la trama, el arco dramático de los personajes y, lo más importante, es capaz de conseguir que una premisa descabellada parezca lógica y ni la situación más exagerada te saque de la proyección.

La amplia diversidad de escenarios se va sucediendo con naturalidad, sin sensación de que las cosas van pasando porque sí como en muchas otras del género. El ritmo es fluido cuando no trepidante, y en lo audiovisual resulta un espectáculo asombroso. Los efectos especiales son magníficos y los utiliza de maravilla, y aunque quizá hay demasiadas escenas en oscuridad y lluvia para facilitar el trabajo con lo digital, sólo le pondría pegas a la pelea en la Antártida, muy oscura y poco original. Los efectos sonoros son impecables, en un buen equipo casero o cine resultan sobrecogedores.

Tras el listón tan alto que dejó Alexandre Desplat en la banda sonora de Godzilla pensé que no volveríamos a escuchar nada semejante a menos que volvieran a contratarlo; de hecho, la labor de Henry Jackman en Kong: La Isla Calavera fue muy flojita. Pero han tenido buen ojo con Brear McCreary, quien deslumbró con su presentación en Battlestar Galactica (2004): compone una colosal obra de acción, con homenajes magníficos al Gojira de Akira Ifukube que marcó el tono en la serie japonesa en los capítulos principales.

Otro aspecto destacable es que este episodio asienta muy bien un universo mitológico particular, pues en el primero no parecía realmente que buscaran crear una serie. El origen de las criaturas, las civilizaciones antiguas, las organizaciones que luchan contra ellas o intentan adaptarse… Da la sensación de que han asentado unas buenas bases desde las que podrán hacer secuelas de distinto pelaje si son capaces de mirar más allá de repetitivas luchas de titanes y destrucciones de ciudades. Desde luego Kong: La Isla Calavera, con su propio estilo bastante diferenciado, parece indicar que lo tienen claro.

Les ha faltado pulir los detalles y algo de innovación en el tercer acto para resultar una gran película, pero como cinta de acción sin pretensiones es de lo mejorcito de los últimos años. No entiendo que las críticas la pongan por debajo de la primera parte, es indudablemente más sólida y asombrosa. Aun así, por ahora mantengo a Kong: La Isla Calavera como la más interesante de la serie por tener más personalidad.

Ver también:
Godzilla (2014)
Kong: La Isla Calavera (2017)
-> Godzilla: Rey de los monstruos (2019)