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Spider-Man: Homecoming


Spider-Man: Homecoming, 2017, EE.UU.
Género: Acción, comedia, superhéroes.
Duración: 133 min.
Dirección: Jon Watts.
Guion: Jonathan Goldstein, John Francis Daley, Jon Watts, Christopher Ford, Chris McKenna, Erik Sommers.
Actores: Tom Holland, Jacob Batalon, Michael Keaton, Robert Downey, Jon Fabreau, Laura Harrier, Tony Revolori, Marisa Tomei, Zendaya.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Ingeniosa, divertidísima. Capaz de darle la vuelca de tuerca justa para pasar como fresco a un personaje muy exprimido.
Lo peor: Aunque todavía se nota cierta cobardía, y hay pequeños cambios que no serán del agrado de todos. La confrontación final peca de ruidosa pero poco emocionante.
El anuncio: Descarada la promoción de Lego Star Wars…
La frase: Si no eres nada sin el traje, entonces no deberías tenerlo.

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No iba con muchas esperanzas. Empezar la tercera serie de Spider-Man en tan pocos años no auguraba nada bueno. Dolió que no fueran capaces de continuar la etapa dirigida por Sam Raimi (2002-2007), pues a pesar de haber nacido con un capítulo inicial bastante mediocre pegó un subidón enorme en el segundo y tercero, por no decir que contaba ya con una historia y unos personajes ya bien maduros y unos actores muy implicados. Hurgó más en la herida que reiniciaran al arácnido apresuradamente en dos nuevas entregas (encargadas a Marc Webb en 2012 y 2014) en las que los productores no habían aprendido nada de errores ya superados en un género que entraba ese año en su punto álgido con Los Vengadores: las injerencias del estudio en la labor creativa de guionistas y directores, la obsesión por cumplir con todos los clichés del género y el personaje sin buscar una solidez y una personalidad concretas, no planificar la serie a largo plazo y no cuidar la elección de los actores, pues los nuevos rostros resultaron bastante lamentables. Al menos en Sony, poseedores de los derechos del superhéroe, se dieron cuenta por fin de lo mal que lo hicieron y cedieron la parte creativa a Disney/Marvel.

Pero no sirvió para levantarme las expectativas. Las últimas entregas de la saga Marvel destinadas a presentar nuevos personajes fueron un tanto conservadoras. Ant-Man y Doctor Strange cumplían muy justitas, y si funcionaban era porque lograban que el protagonista tuviera bastante tirón. De hecho en Doctor Strange fue decepcionante que se aferraran tanto a la fórmula cuando tenía tantas posibilidades. Pero claro, qué iba a hacer, ¿saltarme un capítulo a estas alturas? Aparte de quedarme al margen en temas de conversación me arriesgo a perder parte de información de la serie. Así que al final caí… Y me ha sorprendido muy gratamente. No será la mejor entrega de Spider-Man, pues Spider-Man 2 dejó el listón muy alto, pero como episodio inicial cumple muy bien a pesar de las dificultades que enfrentaban y abre las puertas a la confianza en que en las secuelas lleguen más lejos.

Lo primero que salta a la vista es la actualización de la historia a los tiempos actuales, teniendo como objetivo además un público incluso más juvenil que el habitual en Marvel, pues el tono y el contenido se dirige claramente a críos de diez años para arriba. Y por ello sorprende que en EE.UU. tenga calificación +13 en vez de PG, donde a partir de los diez años pueden entrar con los padres. Y mientras, Guardianes de la galaxia Vol 2. tiene escenas inquietantes, palabrotas gordas y referencias sexuales y es +13 también. En España Spider-Man se ha considerado para mayores de 7 años y Guardianes de la galaxia +12. Lo único malo de esto es que quizá hay que aguantar demasiadas canciones, aunque aquí me ponen ante una disyuntiva: ¿qué es preferible, escuchar otra vez los temas más sobados de los Ramones y The Rolling Stones, o que hubieran metido Justin Biever y “requetón”?

Las generaciones de preadolescentes y adolescentes actuales están muy bien representadas y el mensaje clásico del cómic se maneja con inteligencia. Peter Parker juega a ser youtuber, se obsesiona con imitar a los famosos (Los Vengadores), deja de lado sus responsabilidades por seguir los deseos inmediatos, y espera que todo se arregle solo mientras no se preocupa de lo que tiene delante. Bajo la batuta de Iron Man y los encontronazos de la vida deberá ir madurando y aceptando la responsabilidad. Por ello resulta realmente ridículo que haya críticas diciendo que esto no es Spider-Man porque “no se habla sobre responsabilidad”. Toda la película lo hace, todas las situaciones en que se ve metido el protagonista lo empujan hacia la maduración: enfrenta dilemas, mete la pata, se lleva no pocas lecciones, y crece poco a poco. Y el eslogan ineludible, “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, se incluye con tacto después del ridículo que hicieron en The Amazing Spider-Man con que si lo decían o no: “Si no eres nada sin el traje, entonces no deberías tenerlo”.

El conflicto interno de Peter queda muy bien materializado, la relación con Tony Stark y Happy y con los demás chavales se trata con naturalidad y sin cursiladas, con lo que estamos ante una anomalía muy de agradecer, una cinta juvenil, una de institutos, sin tonterías ni estereotipos vulgares. El drama es sencillo y obviamente centrado en la acción de superhéroes, con lo que es inevitable imaginar por dónde irá la aventura. Pero con el tirón de los personajes engancha muy bien, y el ritmo enérgico y el sentido del humor ingenioso e inagotable terminan de perfilar una película muy divertida.

Se despacha rápido el origen. Parker dice “Me picó una araña”, y a otra cosa, que ya lo conocemos bien. El tío Ben no nos tortura con su drama, sacrilegio para unos, una liberación para otros por no atarse a lo mismo de nuevo. Pero estamos hablando de un capítulo en la vida de Peter donde es crucial. O dices a las claras que en esta adaptación no existe el tío, o lo muestras de pasada (un diálogo, una foto) para que sepamos que sí, porque como es de esperar no indicar nada está confundiendo y decepcionando a muchos. Igualmente, la queja de que Tony Stark le hace el traje la entiendo, pero esta no me parece una transgresión grave, lo raro sería que Stark lo coja como pupilo y no le ofrezca nada de ayuda; y mientras, Peter se hace las telas de araña y se describe bien como un genio.

En cuanto a la presencia de Iron Man, pues sí, se la podían haber ahorrado, se nota el miedo a que no funcionara y que lo han usado para darle un empujón a la confianza del público. Pero una vez vista sólo puedo ponerle pegas al innecesario epílogo dedicado a Tony sin venir a cuento, mientras que en el resto de la cinta su presencia es concisa, destinada por completo a servir en la maduración de Peter sin robarle protagonismo alguno. Además, da a la película una entidad como capítulo que no han tenido otras, donde se unían con escenas postcréditos fugaces. Por ejemplo, era inevitable preguntarse por qué Los Vengadores no aparecieron en Thor: El mundo oscuro, cuando una nave amenaza Reino Unido, y se los echó de menos cuando el envite de Ego en Guardianes de la Galaxia Vol. 2 alcanza a la Tierra. Por otro lado, hilando fino se podría señalar una falta de continuidad con la aparición de Spider-Man en Capitán América: Guerra Civil. Allí parecía un luchador entrenado, resuelto, sin miedo… aquí vemos que es bastante patán, que está en sus primeros intentos de implicarse en luchas más grandes; pero supongo que también se puede justificar con que allí fue muy entusiasmado y no había civiles en peligro que lo pusieran nervioso.

El trabajo de los actores es excelente. Con la elección de Tom Holland (quien se dio a conocer en Lo imposible) han acertado de lleno, muestra espontaneidad y recursos de sobras para cumplir en la inocencia juvenil, en el drama y en el romance (por fin escenas de ligoteos torpes que resultan verosímiles… todavía recuerdo la vergüenza ajena que dieron las de The Amazing Spider-Man). Los demás compañeros tienen también la simpatía y carisma necesarios, aunque es justo decir que el guion hace gran parte del trabajo describiendo con realismo el entorno del instituto. La tía May sale muy poco, pero lo suficiente para que quede claro que han fichado a una actriz más joven y sexy de lo que requiere el papel, la todavía muy atractiva Marisa Tomei, para atraer más público. Otro pequeño cambio sin necesidad, pero una vez superado el shock, pues cumple en sus breves apariciones y ya está: Veremos cuando le den más protagonismo qué tal resulta. Jon Fabreau (Happy) y Robert Downey (Tony) han demostrado de sobras su valía, y se emplean como buenos profesionales, sin dar la sensación de estar por obligación. Y Michael Keaton como el Buitre compone un villano bastante completo, en parte también porque el guion le ha dado cierto margen, pero es indudable que está muy efectivo en la creciente frustración y desesperación del personaje.

En la banda sonora tenemos al pluriempleado Michael Giacchino, que ha pasado por todas las sagas exitosas del momento: Star Trek, La guerra de las galaxias, El planeta de los simios, Parque Jurásico, Misión Imposible y varias películas de Pixar. Y el tío no muestra cansancio o desgaste. Nos ofrece otra partitura vibrante y orquestada con maestría a la que sólo le falta un poco de garra personalidad y recordabilidad, algo común en la serie Marvel, donde apenas Alan Silvestri ha conseguido algún tema que cale y al que los productores le hayan dado algo de proyección entre los distintos capítulos.

El director Jon Watts apenas era conocido, su único trabajo destacable es Coche policía, un thriller protagonizado por Kevin Bacon, así que sorprende que confiaran tanto en él para una superproducción. Pero se desenvuelve con soltura , combinando adecuadamente los momentos intimistas con la acción aparatosa. Destaca para bien el ritmo impecable, lo bien que capta la vitalidad del guion. Y en lo malo, la confrontación final es poco vistosa: entre la oscuridad, el caos y la falta de imaginación, no luce como otras peleas de la propia película y de la serie. Lo que queda por saber es si ese escenario es imposición de los productores o fue idea suya. Sea como sea, señala el único problema de una cinta que iba apuntando bastante alto: al final sí acaba un poco encorsetada por algunos clichés del género que no son capaces de quitarse de encima.

Al contrario de lo visto con el héroe, no han logrado darle una nueva perspectiva al villano y al consabido enfrentamiento. Pero ojo, que no hablamos de un desastre, de hecho el problema se nota más de la cuenta por lo bien que iban andando el camino. A lo largo de las vivencias de Peter Parker colocan unas pocas pero efectivas escenas donde presentan al villano trabajándose bien su situación y su personalidad, y cómo los cambios en la primera influyen en la segunda, y a la hora de hacerlo chocar con Spider-Man incluso tenemos un giro inesperado que maneja bien la sorpresa y la tensión. Por todo ello decepciona que al final deshagan lo construido y se apoyen por completo en una batalla de efectos especiales. ¿Nadie es capaz de ofrecer desenlaces más originales? En Doctor Strange al menos lo intentaron. Así pues, mientras todas las aventurillas de Parker (incluso las más pasadas de rosca, como el aprendizaje sobre la marcha de las opciones del traje) mantienen una buena conexión con el espectador, pues es fácil sentir empatía por el joven y sus amigos, cuando llega el momento cumbre la emoción se disipa bastante. A la larga incluso acabé un saturado de tanta hostia en el avión, sabiendo de sobras cómo iba a acabar, y para colmo, el paso final en la maduración de Spider-Man es un poco confuso: Stark ahora lo aplaude, cuando ha hecho lo mismo que por lo que antes le riñó en el ferry, ir en solitario y liarla parda (abajo en spoilers me extiendo).

Otro ligero lastre es que tampoco saben darle un buen cierre. Las escenas de rigor para terminar de posicionar cada personaje son obviedades que no tienen mucha garra, sólo destacan por un par de chistes (como el último de tía May). Pero sobre todo le pesa que se salen por la tangente dándole toda una escena a Tony Star que por primera vez le quita protagonismo a Peter Parker. No parece necesaria y añade minutos inútiles.

Alerta de spoilers: Ahondo en los detalles finales.–
Como digo, Spider-Man, tras la traca final, es bien considerado por Tony a pesar de que la única diferencia respecto al lío del ferry es que lo ha hecho sin el traje súper avanzado que le dio y que esta vez ha capturado al malo, pero en el fondo es la misma situación, ha ido solo, sin avistar a nadie (algo que le criticó Tony en aquel entonces), y el desastre en que podía haber acabado su implicación es bien patente, pues esquiva la ciudad por los pelos. Es decir, al final, tras tanto hablar de maduración, parecen encauzarlo más de la cuenta hacia su habilidad como superhéroe. Se recupera un poco con el rechazo de Peter de plantarse ante los periodistas, es decir, con que su ego está aplacado.

También tenemos una decisión de adaptación, con sorpresa final incluida, un poco extraña. Igual que con lo de omitir al tío Ben, ¿por qué ese empeño en poner una chica nueva como objetivo sentimental de Peter? ¿Qué problema había con empezar cimentando la relación con MJ, y más cuando está claro que abordarán este acercamiento en siguientes entregas? Han perdido un tiempo precioso sin razones que lo justifiquen. No queda nada mal, la película funciona bien así, pero estás adaptando una obra que sigue mucha gente, no tiene sentido dejarlos de lado sin necesidad.

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Rey Arturo: La leyenda de Excálibur


King Arthur: Legend of the Sword, 2017, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 126 min.
Dirección: Guy Ritchie.
Guion: Guy Ritchie, Lionel Wigram, Joby Harold, David Dobkin.
Actores: Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey, Jude Law, Djimon Hounsoy, Aidan Gillen, Freddie Fox, Neil Maskell, Annabelle Wallis, Kingsley Ben-Adir, Craig McGinlay, Eric Bana.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: El dinero luce: vestuario, decorados y escenarios digitales impresionantes.
Lo peor: El guion es un torpe recopilatorio de los clichés del género. El director imprime mucho frenesí pero poca coherencia.
Mejores momentos: El intento de asesinato y la posterior persecución.

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Si las leyendas sobre el Rey Arturo no estaban lo suficientemente vistas, no digamos lo predecible y aburrida que puede resultar si volvemos a llea pero dejándola sólo en el armazón, una historia fundacional de la fantasía que ha sido exprimida durante años y años. El príncipe perdido pero con un destino que lo traerá de vuelta a la acción, el villano malvado porque sí y sus secuaces oscuros, el grupo de amigotes supuestamente simpáticos, el viaje, los objetos mágicos, la aceptación del destino, la guarida del enemigo, la lucha final. Desde el año 2000, con la explosión de las nuevas tecnologías, el género fantástico ha proliferado como setas, sobre todo tras los éxitos de El Señor de los Anillos y Harry Potter. Obras rescatables más bien pocas: La Comunidad del Anillo, pues en adelante esa saga patinó a lo grande, y quizá un par de capítulos del niño mago (tercero y cuarto: El prisionero de Azkaban y El cáliz de fuego). En la línea mediocre de este nuevo Rey Arturo, un montón, las más recientes y parecidas, La leyenda del samurái: 47 Ronin, John Carter y Warcraft, aunque podría citar también El destino de Júpiter, que lleva el escenario al espacio pero cumple con todos los estereotipos.

El Guy Ritchie tan original y virtuoso de Lock & Stock, Snatch: Cerdos y diamantes y RocknRolla parece estar diluyéndose en la deriva comercial de su carrera iniciada con Sherlock Holmes. Ese episodio inicial de otra historia muy reutilizada se sostenía aceptablemente bien por su enérgico aspecto visual, pero en el segundo el desgaste ya era bien patente. En Operación U.N.C.L.E. su vitalidad realzaba aceptablemente bien un guion también muy pobre y trillado, pero se seguía notando una deriva, menos pasión y recursos que antes. En Rey Arturo entramos ya en una triste debacle de la que espero que se recupere.

Da la sensación de que Ritchie sabía que el libreto que tenía entre manos no valía un pimiento, así que no se corta a la hora de intentar darle un giro con su narrativa de estilo diferente, atrevido. Pero sin la mágica conexión entre la puesta en escena excéntrica y el desarrollo de la trama y los personajes que mostraba en sus primeros trabajos, un guion de escasa calidad y calado puesto en imágenes en plan loco tiene todas las de resultar un desastre. No logra una cohesión y personalidad suficientes para conseguir una película sólida y vistosa, de hecho ocurre lo contrario, salvo unos pocos enredos aceptables lo que queda es un experimento hiperactivo, descentrado, incapaz de disimular las carencias de base y que añade más problemas.

El caos se apropia de un relato en principio simple pero que termina siendo incluso confuso. Esas explicaciones que reserva para exponer en algún flashback supuestamente molón, como por qué acaba la espada en la piedra, lastran capítulos que requerían ese conocimiento para resultar inteligibles, para no desconcertar arrastrando preguntas. Los recursos modernos quedan anacrónicos en la mayor parte de las situaciones, alguno incluso resulta delirante, como esos planos de los edificios que parecen dibujados por un arquitecto técnico, y sobre los que no hay forma de creerse que los protagonistas, todos del pueblo llano, pudieran entenderlos. Y para rematar, preparan las distintas fases del plan hablando de minutos. Que usen pólvora como si fuera habitual en esos tiempos, tengan unas armaduras alucinantes y muchos vistan como moteros (cuero negro, botas de impresión) se puede justificar con que es fantasía, pero los más puristas se quejarán con razón de que podían haber representado mejor la época. Se macera todo con música percusiva machacona, con ritmos rock pero sin ser rock: por suerte al menos no se han atrevido a meter guitarras metaleras en primer plano, un riesgo que tiene todas las de salir mal.

Hasta los recursos que funcionan aceptablemente bien son cuestionables. El resumen de la juventud de Arturo parece de primeras que ahorra muchos minutos… pero una vez pensado en frío resulta muy obvio: no hacía falta tanto enredo para decir que ha crecido aprendiendo a sobrevivir en las calles, bastaba con demostrarlo con su comportamiento, con las relaciones con sus amigos y enemigos y con sus recursos. Lo mismo le ocurre al viaje por el otro mundo para mostrar su valía: incluso resumido en plan veloz resulta poco emocionante y muy trillado.

Cuando mejor resulta la cinta es precisamente cuando Ritchie se contiene un poco y piensa mejor en qué recursos son necesarios. La larga persecución posterior al intento de asesinato es la mejor parte de acción: grandes panorámicas y carreras por las calles exprimen el presupuesto a lo grande, y el realizador imprime ritmo y energía sin pasarse de rosca con los enredos visuales. Pero sólo este acto central funciona. El inicial es demasiado previsible, no engancha con fuerza. Y conforme nos lanzamos al desenlace vuelve ese tono predecible sobrecargado de excesos, la fantasía explota en un videojuego vergonzoso. Arturo matando gente a toda velocidad con la espada, en plan “le he dado al botón de hacer magia”, y el enfrentamiento final tan artificial pero inerte, con Vortigern transformándose en el monstruo de final de fase, carecen de la más mínima emoción y en lo visual resultan esperpénticos.

La falta de carisma de Arturo es otro gran lastre. El intento de mostrar sus penurias y que se ha hecho fuerte a base de los palos que da la vida no llega a funcionar, a eliminar la sensación de que es el mismo personaje de siempre, sobre todo porque una vez el destino lo alcanza todos los clichés explotan en fila sin trabajar lo más mínimo su psique. Estamos ante otro personaje que dice que no reiteradamente pero al final se apunta a todo. No quiere saber nada de la rebelión, no le importa el mundo más allá de su supervivencia, pero termina aceptando porque tiene pesadillas, y en cuanto dice que sí, de repente le importa todo eso y se hace amigo instantáneamente de los que lo han secuestrado. Y cómo no, de ahí en adelante todo le cae encima sin que se plantee mucho las cosas, y todo se resuelve con magia. Finalmente, me temo que mi apreciado Charlie Hunnam, al que sigo desde que lo conocí en su gran papel en Hijos de la anarquía, es parte del problema, aunque Ritchie tendrá también bastante culpa al no dirigirlo bien: no parece poner esfuerzo en la composición del personaje, se limita a repetir el papel del motero criminal, un chulo pasota con gestos de matón de barrio; sólo le ha faltado la cadena colgando del pantalón. Los secundarios están en manos de buenos actores ingleses la mayoría, pero los personajes no tienen valor alguno, cada uno cumple el estereotipo de rigor: en el grupo de amigos tenemos al tipo ingenioso, al duro, al simpático… ni falta el de las artes marciales metido con calzador; en los villanos encontramos los típicos generales sin alma y un líder que es malo porque sí; este último lo interpreta Jude Law con cierto esfuerzo por poner caras de demente, pero no hay donde rascar y termina resultando caricaturesco.

En cierta manera es una cinta entretenida, pero sólo si te ríes por sus clichés tan tontos y su estilo sin mesura. Entiendo que quienes fueron esperando una película seria (porque fantasía no tiene por qué significar gilipollez infantil) salieran defraudados. Lo peor es lo decepcionante que resulta que para una vez que intentan darle una vuelta de tuerca a la misma historia de siempre no lo hagan nada bien y el resultado sea el mismo: Rey Arturo: La leyenda de Excálibur es otra más de acción y fantasía del montón. Con los pésimos resultados de crítica y taquilla (dejará bastante pérdidas) con toda seguridad nos hemos librado de tener otra serie mediocre copando las carteleras.

La momia


The Mummy, 2017, EE.UU.
Género: Acción, suspense, fantasía.
Duración: 110 min.
Dirección: Alex Kurtzman
Guion: David Koepp, Christopher McQuarrie, Dylan Kussman, Jon Spaihts, Alex Kurtzman.
Actores: Tom Cruise, Annabelle Wallis, Russel Crowe, Sofia Boutella, Jake Johnson.
Música: Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Muy entretenida: va al grano, tiene un personaje central potente, buenos diálogos, y está bien hecha.
Lo peor: Resulta muy predecible. Annabelle Wallis ofrece un papel pésimo.

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Vaya varapalo se ha llevado este nuevo reinicio de La momia (que además nace como capítulo inicial de una serie con los monstruos clásicos), puesto a parir como si fuera la peor película de los últimos años, como si los autores debieran pedir perdón por haber mancillado el género. No lo entiendo, está en la media del cine de acción y fantasía revienta taquillas, con la excepción de la serie Marvel y las nuevas de La guerra de las galaxias, que se mantienen bastante por encima. Y por las críticas, tanto los medios como los espectadores la están poniendo al nivel de La gran muralla, y como que no. De hecho incluso tiene algunas virtudes que se echan de menos, más que nada porque tiene autoconsciencia de que es un entretenimiento, lo que se traduce en menos pretensiones y más simpatía. Ha pasado como con Dioses de Egipto: conocía sus limitaciones e iba al grano, a divertir y entretener, pero por alguna razón se machacó sin miramientos.

Esa falta de grandilocuencia propia del cine de acción contemporáneo realza sus puntos fuertes. Lo normal hoy en día habría sido hacer una cinta de dos horas y media con subtramas anexas empalmadas de mala manera y acción avasalladora sin límites. Aquí sus autores se esmeran en exprimir su argumento y las pocas bazas que deja de margen apostar por algo tan trillado, porque al fin y al cabo, se enfrentan a una serie comercial, con requisitos y restricciones muy concretos. Sumergen a los protagonistas en una pesadilla que pone a prueba sus límites intelectuales y físicos, pero también morales. Hay mucha acción, pero es más de correr y sobrevivir a duras penas que de ver ciudades destruyéndose y monstruos o superhéroes pegándose. Y tiene un toque adulto y oscuro muy de agradecer en esta época de cine blando, sin violencia ni drama.

El protagonista es ambiguo, amoral, y evoluciona aceptablemente bien, lejos de los cánones del género de héroes impolutos que no sabemos qué piensan ni qué esperan del mundo y de los demás personajes pero se apuntan a todos los jaleos porque sí. Nick Morton vive para sí mismo, sólo piensa en sus ganancias, y no pocas veces trata de escapar de una situación que lo perjudica y le viene grande. Poco a poco va viendo que no queda más opción que implicarse, y en pequeñas dosis observamos cómo su pose de pasota se va tambaleando. Así, a la decisión heroica final llegamos con una trayectoria coherente y tangible, no sucede sin más porque hay que cumplir con ello. Para rematar, como buen antihéroe tiene numerosas frases socarronas, irónicas o cabronas muy efectivas. “Gracias por salvarme dándome el paracaídas”, le dice ella. “Pensaba que había más”, responde él con sinceridad. Tom Cruise está como siempre: se toma muy en serio su trabajo, tanto físico como interpretativo, pero no ha vuelto a lograr un papel como el de Magnolia, parece que siempre hace del mismo personaje, con lo que siempre ves a Tom Cruise. Y aquí hay que señalar lo obvio: La momia parece una entrega de Misión Imposible con un Ethan un tanto asqueado del mundo, en plan “me jubilé para vivir la vida y he caído en otra puñetera misión”. No en vano, el equipo de guionistas es el mismo que el de las últimas entregas de la serie: Koepp, Kurzman, McQuarrie

La chica, Jenny Halsey, no se enamora sin más de un tipo perfecto, sino que se forma una relación de atracción-odio no sorprendente pero sí muy interesante, alejada de los simplones romances actuales. Ve a un tipo con recursos y capacidades, pero con un espectro moral retorcido, así que no sabe si hostiarlo o acercarse a él, generándose buenos momentos de conflicto. La pena es que relación se atasca un poco, no llega a explorarse a fondo, principalmente porque el dibujo de esta arqueóloga es, en contraste con el atractivo mercenario y saqueador, demasiado simplón. Casi termina pareciendo la excusa para explicar cosas de la trama: esa es el arma mágica, no hagas esto que te contagias la maldición, somos el grupo que lucha contra el mal, etc. Y lo peor, Annabelle Wallis está muy, muy floja. También se puede señalar que no hay personajes secundarios de peso. El Dr. Henry Jekyll es interesante, misterioso, pero la descripción de sus personalidades y cualidades se sueltan demasiado deprisa, sin que lleguen a calar, y Russell Crowe no parece muy motivado. No hay más roles que destacar; al prota lo acompaña el típico secundario simpático que te da igual lo que le pase, y ella, a pesar de la importancia de su misión y los peligros con los que podría encontrarse, no lleva acompañamiento ni escolta de ningún tipo.

La figura de la momia funciona por ese tono más sombrío, pues no intentan ir más allá del enemigo poderoso de rigor. Las películas clásicas del género siempre tenían un aura melancólica, los monstruos eran fruto de infortunios y más que malvados chocaban con el miedo de la gente. Pero en los tiempos que corren se llevan más los entes sin motivaciones que buscan el caos y la destrucción. Así que todo el prólogo que expone traiciones familiares y demás no se entiende, no justifica nada del viaje de la momia por el mundo. Sofia Boutella se limita a prestar su físico, porque el rol no da para más. Al menos, eso de que sea más una joven guapa que un cadáver momificado se justifica, porque en los avances en los que apareciera con la melena al viento provocaron algunas carcajadas y dudas. Esta villana se salva porque es una contrincante dura que hace sufrir a los protagonistas. Las peleas son encarnizadas, las hostias que se llevan se ven realistas, casi se sienten, de hecho me asombró el nivel de violencia. Las momias-zombi que va creando son amenazadoras y asquerosas. Nos ofrecen algunas escenas muy tétricas (aunque no terroríficas), otras inquietantes (la momia a punto de violar al protagonista), y en general se logra una correcta sensación de peligro inminente y fatalismo: los protagonistas están siempre al borde de la muerte, la momia los encuentra y alcanza constantemente, no se ve una salida fácil. Y aunque en el clímax final a tortas pierde bastante intensidad, porque ya es evidente todo lo que va a pasar, tiene un giro también siniestro bastante acertado.

El productor y guionista Alex Kurtzman inicia aquí su andadura como director de superproducciones (porque antes hizo una comedia sencilla, Así somos), y lo cierto es que cumple sin problemas. Supongo que esa idea de buscar una obra más contenida y oscura es de todo el equipo de productores, pero está claro que él sabe aprovecharlo. La fotografía capta muy bien los numerosos pasajes de noche o en catacumbas. La banda sonora de Brian Tyler es épica. Los efectos especiales son un fin y no un protagonista forzado, y si bien hay alguna digitalización mejorable (el avión, el plano de la tormenta engullendo Londres), las momias, usaran la tecnología que usaran, son impecables. La cinta resultante es tenebrosa, tiene un ritmo trepidante y escenas de acción breves y sencillas pero enérgicas. La secuencia del avión es espectacular, la pelea en la iglesia brutal, la huida en ambulancia por el camino del bosque es muy intensa…

Así pues, La momia tiene un poco de cada virtud que espero de una buena superproducción de acción: tener claro que es un entretenimiento pero sin caer en la vergüenza ajena, contención y seriedad sobre el artificio vacuo, un poco de esfuerzo en el guion que busque personajes con algo de vida y diálogos decentes, y un acabado sólido. No termina de ser redonda, pues se queda un poco a medias en todos los elementos (sobre todo en cuanto a personajes) y también anda muy falta de novedades, pero ya tiene más que muchos títulos que en cambio el público recibe con bastante más entusiasmo. Dinero ha hecho suficiente, pero queda por ver si, por las malas críticas, en el resto de la serie optan por un estilo más simplón y luminoso, que es lo que el público parece querer ahora.

Wonder Woman


Wonder Woman, 2017, EE.UU.
Género: Acción, superhéreoes.
Duración: 141 min.
Dirección: Patty Jenkins.
Guion: Allan Heinberg, Zack Snyder, Jason Fuchs, William Moulton Marston (creador del personaje).
Actores: Gal Gadot, Chris Pine, Danny Huston, David Thewlis, Ewn Bremner, Saïd Taghmaoui, Eugene Brave Rock, Robin Wright, Connie Nielsen, Lucy Davis, Elena Anaya.
Música: Rupert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: El choque cultural de Diana con el mundo exterior, con humor y conflictos interesantes.
Lo peor: El resto, un relato ahogado en tópicos hasta resultar bastante aburrido. La puesta en escena, normalita y con salidas de tono innecesarias, pero sobre todo con unos efectos especiales malísimos. Los actores: ni Gal Gadot ni Chris Pine están a la altura.
La pregunta: ¿Por qué Bruce Wayne y Diana se escriben en castellano? Otra película donde traducen el texto sustituyendo el original, creando un absurdo enorme. Hace poco lo hicieron con Jason Bourne, y más atrás el Capitán América (en El Soldado de Invierno) se dedicaba a tachar de su lista de cosas pendientes eventos culturales relevantes de España en vez de su país.

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Parece que Wonder Woman ha llegado para salvar la imagen de la serie DC de Warner Bros.: crítica y público la han recibido asombrosamente bien, al contrario de la decepción, o al menos del sinsabor, más o menos generalizada que dejaron las tres entregas previas. Y si un bodrio como Batman vs. Superman obtuvo casi novecientos millones de dólares mundiales en la taquilla a pesar del boca a boca que la ponía bastante mal (superando a peliculones como Guardianes de la galaxia y El Soldado de Invierno), y Escuadrón suicida sólo perdió cien millones respecto a aquella a pesar de ir sobre aviso, la presente, con tanto entusiasmo, tiene todas las de pasar de los mil. Y no lo entiendo, porque es otra entrega que dista de ser una buena película.

Todo está mal en Wonder Woman. O al menos flojo, desganado, como en El hombre de acero, porque Batman vs. Superman y Escuadrón suicida dejan claro que se puede hacer peor. Empiezo por la actriz Gal Gadot. Ha deslumbrado tanto con su belleza que a la hora de enfrentar su trabajo real pocos parecen haber visto lo mismo que yo: un papel muy justo como heroína de acción, pero sobre todo un registro dramático infame. En los momentos clave, ya flojos de por sí, me terminó de expulsar del todo de la conexión con las imágenes su irreal y forzada interpretación. Chris Pine tampoco me convence, y eso que venía de haberme sorprendido muy para bien en Comanchería después de parecerme un patán en las primeras películas donde lo vi, Star Trek 2009 y Jack Ryan: Operación Sombra. Aquí tiene el mismo rol que en esas, el de guaperas un poco engreído, y lo interpreta con el mismo escaso registro. Está clara la diferencia que puede marcar la presencia de un buen director que sepa exprimir a los actores. Unos personajes tan monocromáticos, que basan su fuerza únicamente en su integridad moral, o sea, en ser héroes impolutos e inquebrantables, porque más profundidad no tienen, han de apoyarse unas interpretaciones con mucho tirón para poder sostener una película sobre sus hombros. Y aparte de la escasa pasión que desprenden hay que contar también con que de carisma andan bastante escasos.

Pero estos dos protagonistas tan poco llamativos por separado se salvan, e incluso logran resultar algo simpáticos, porque a la hora de juntarlos surge cierta química y situaciones un poco más elaboradas, alguna incluso con cierto poso. No llegan a dar algo deslumbrante, ni encontramos momentos originales, pero al menos se levanta bastante el interés. El choque cultural y moral es de hecho el esqueleto que sostiene a la película, lo único que la salva de un suspenso claro. La curiosa y activa Diana (pronunciado “Daiana”) se encuentra con una anomalía cultural y, en vez de rechazarla y volver a su rutina, se implica de lleno con pasión. Quiere aprender qué es el hombre (tronchante la escena del baño), y su falta de conocimientos prácticos ofrece momentos divertidos y bonitos (sobre todo relativos al sexo y sus tabúes). Pero sobre todo destaca su ética rígida, que la lleva apartarse de su pueblo conservador que mira hacia otro lado cuando se presenta el mal para el que precisamente han estado preparándose, y a dar la tabarra a los generales humanos. Su determinación, ingenua y casi fanática, contrasta con la experiencia de Steve Trevor, un espía también implicado hasta la médula en la guerra. Las situaciones en que ella no puede ver la perspectiva global porque la abruma la tragedia inmediata (soldados y refugiados heridos) son bastante efectivas.

Pero aunque consiguen enganchar un poco, hacer llevadera una historia muy facilona, el relato en general no consigue la emotividad y la profundidad exigibles para que con un envoltorio tan trillado pueda dejar huella. Todo se ve venir muy de lejos, con lo que ninguna revelación, giro y maduración sorprende, y mucho menos va a llegar con intensidad. La heroína con el destino marcado, el mentor sabio que sabe más de lo que dice, el contacto con el mundo exterior, las reticencias y miedos iniciales, la caída del mentor que la empuja a abandonar el nido, la presentación del enemigo, ese que es malo porque sí, el capítulo central de acción de relleno acompañado de la formación del grupo de secundarios, el asalto final a la guarida del villano… En ninguna de las fases hay un solo amago de buscar algo que pueda disimular la total falta de novedades (el parecido con Capitán América: El primer vengador es excesivo), ni un esfuerzo por alcanzar algo más de complejidad emocional e intelectual. De hecho ocurre lo contrario, va perdiendo fuelle conforme avanza. A la cantidad de escenas predecibles hasta resultar bastante aburridas, a los giros y soluciones igual de apáticos, hay que añadir las muchas vaguedades cuando no agujeros de guion, más un aspecto visual que no da la talla como superproducción.

Parece que se dejaron casi todo el presupuesto en Temiscira, donde hay planos muy logrados de ciudades y paisajes imaginarios, y además a plena luz del sol. Ahí parece también que Patty Jenkins iba a dirigir con más sobriedad y naturalidad que Zack Snyder. Pero la escaramuza en la playa ya empieza a sembrar la duda. Demasiada filigrana absurda, demasiada amazona disparando flechas en posturitas muy inverosímiles, y demasiada cámara lenta innecesaria que rompe el ritmo. Y una vez en la guerra empieza a dar la impresión de que se ha acabado el dinero y las ideas. El presupuesto se estima en 150 millones de dólares, que es mucho, pero viendo que las otras entregas rondaron los 250 y no lucieron mejor, está claro que no saben sacarle partido. La introducción de Steve, escapando en avioneta de los alemanes, es horrenda, menudo cante las pantallas de fondo. La supuesta gran batalla en las trincheras muestra a unos veinte soldados en un escenario minúsculo, y se resuelve con cuatro tiros y patadas. No hay sensación real de guerra, algo que agrava porque no hay ni gota de sangre, Diana sólo usa la espada para golpear; normal que no la lleve en una vaina, no tiene filo. No sé de qué van en esta serie: Batman vs. Superman era pretendidamente oscura, Escuadrón suicida supuestamente chunga… pero a la hora de la verdad resultaron prácticamente aptas para todos los públicos. El asalto al pueblo está mejor ejecutado, pero no sorprende, y el abuso de las cámaras lentas se va convirtiendo en un lastre enorme: cuánto saltito y fotograma congelado sin venir a cuento… ¿Esto es lo que entienden por espectáculo? En la falta de épica tiene culpa también la pobre banda sonora de Rupert Gregson-Williams, otra hecha con plantilla que apenas pasa de un murmullo de fondo, y donde además el tema que Hans Zimmer compuso para Wonder Woman en Batman vs. Superman no pega ni con cola: ese rock apareciendo de la nada a todo volumen queda fatal.

El final, aun con este pobre nivel, es un bajón enorme. Primero, porque los villanos son de risa, estereotipos vulgares incapaces de transmitir nada. Segundo, porque es el mismo desenlace que el de casi todas las del género, pero en esta serie, con su excesiva simplificación argumental y su flojísimo acabado visual, resulta realmente fallido, un cutre monstruo de fase final de videojuego. A las pantallas de fondo, las nieblas y humos para ocultar la escasísima calidad de las digitalizaciones, destacando los cantosos dobles (y pensar que en Marvel llevamos años viendo peleas enteramente digitales y no se nota nada), se le suma el infantil progreso de la batalla: ahora me saco un golpe o un rayo más grande de la manga, ahora yo otro más, y así hasta que deciden terminar de una vez por todas.

Este desastroso desenlace deja muy malas sensaciones y casi hace olvidar las pocas virtudes que presentaba, el potencial que han desaprovechado por anclarse a un esquema tan pobre. Wonder Woman es otra película del montón que incomprensiblemente va a hacer un montón de dinero.

Para variar, el doblaje es regulero. Las voces de todas las actrices parecen muy forzadas, como si estuvieran leyendo el guion por primera vez, sin emoción, sin adecuarse al contexto, y encima a las amazonas le ponen un acento extraño… No sé si el acento está en el original, y si funciona en caso afirmativo, pero en castellano no queda bien. Tampoco me gusta que cuando se supone que se está hablando alemán lo único que hacen los actores es poner acento alemán. En cambio otros idiomas salen como tales y subtitulados.

Alerta de spoilers: A partir de aquí la destripo a fondo.–

La presentación de la heroína da demasiadas vueltas sobre su necesidad de saber más y de crecer rápido. Sabemos que la madre aceptará el entrenamiento, que llegará el punto de inflexión donde dudará sobre si abandonar lo conocido para embarcarse en el viaje, y que habrá un giro donde su mundo sufra un revés (la típica muerte del mentor, en este caso la general –Robin Wright-) que la empujará por fin a decidirse. Así que estirarlo tanto, reincidir tanto en obviedades, resulta contraproducente: en esta larga y monótona introducción me envolvió el aburrimiento y la sensación de decepción, de que me he dejado engañar otra vez, y apenas se disipa en el siguiente segmento, pues, como señalaba, el choque con el mundo exterior es lo mejor pero lo desaprovechan demasiado. Que el tipo con el que se embarca en la aventura sea un mazizo algo pagado de sí mismo con el que surge un flechazo instanténeo es otra desilusión. ¿Por qué esa obsesión con apoyarse en estereotipos tan manidos? ¿Qué miedo hay a escribir personajes más humanos, más complejos? De un espía curtido en la guerra me espero a un asesino, a alguien sin escrúpulos, y quizá amargado o con traumas. Pero nos ponen ante alguien que es tan superhéroe como ella, sólo que sin superfuerza. En otras palabras, ambos son unos estereotipos demasiado limitados y fríos, dudo que por separado no hubieran hundido la cinta por completo, y juntos, como decía, tienen buenos momentos, pero tampoco se exprime del todo el potencial latente.

El grupo no ayuda. Todos se apoyan en una característica trivial y de ahí no se mueven. El parecido con Doce del patíbulo, uno de los referentes de cinta bélica con un grupo dispar enfrentado a una misión suicida, remarca muchísimo la diferencia de calidad, o más bien la diferencia con la forma de hacer cine en la actualidad. Hay excepciones, pero pocas, y lo gracioso es que son precisamente de la competencia: Los Vengadores y Guardianes de la galaxia son grandes ejemplos de películas de grupo. Los miembros de esta panda no tienen personalidad, ninguno evoluciona hacia algo concreto o sirve para desarrollar una historia tangible. ¿Qué hacen en el relato entonces? Lo más absurdo es que mencionan un trauma en el francotirador, pero no aporta absolutamente nada. Es más, él no aporta nada; el actor metido a timador por lo menos tiene una escena en que su habilidad sirve para algo, y el indio también, aunque sea bastante cutre (la del humo que sólo ve el protagonista), pero aun así ni se acercan a un mínimo exigible. La secretaria (Lucy Davis) merece una mención aparte. La gorda simpática me resulta una vulgaridad en su propia concepción, pero el tono humorístico surrealista que le ponen, a base de ruiditos y murmullos estúpidos, termina de convertir sus apariciones en insoportables. Entre eso, la secuencia de Diana probándose trajes (recalcando que está muy buena), el que se vuelva loca por helados y bebés… ¿Pero no anunciaban una película feminista? Yo veo más bien lo contrario.

Pero hay más problemas. Los autores se aferran tanto a la idea de cumplir con el esquema sin mirar más allá que incluso arrastran a la pareja protagonista en varias ocasiones, donde quedan como tontos después de haber sido descritos como todo lo contrario. Él, con tanta experiencia en la guerra y en el espionaje, se pone en marcha sin planificar nada, metiéndose de lleno en todo meollo improvisadamente. Se presenta en el frente sin un plan de acción, sin una ruta estudiada y apoyos en el terreno, y la secretaria les resuelve por teléfono la localización de su objetivo, que resulta estar por arte de magia a pocos kilómetros. ¡Vaya potra! Luego nadie se pregunta quién es este desconocido que hay en una fiesta exclusiva de altos mandos, y la vigilancia en la base es tan mala que entran y se pasean por ella sin problemas con un indio de dos metros con plumas y adornos y armado con un Winchester. Resulta que al final sí tiene superpoderes: la suerte. Ella, con tanta educación intelectual y militar de primer nivel, no se para a pensar ni un segundo, ataca a lo loco, apenas escucha a gente que claramente tiene más conocimientos de la situación.

Fruto de esta narrativa tan simplificada y encorsetada encontramos también no pocos momentos ridículos. Diana en su tierra es capaz de saltar un precipicio enorme y escalar una torre muy lisa, pero en la batalla del pueblo no llega a un campanario no muy alto, con muchas cornisas y agarres en su exterior (y unas escaleras en su interior, es de suponer…), todo porque toca meter la escenita en que el grupo empieza a trabajar unido. La decisión final de Steve de suicidarse para eliminar el avión con gas resulta forzadísima, todo porque hay que incluir la tragedia que haga nacer de una vez por todas a Wonder Woman. ¿Este tipo tan curtido no sabe desactivar bombas, ni cambiar el temporizador? ¿No puede saltar en paracaídas soltando una granada? ¿Y qué sentido tiene poner un temporizador en un vuelo que puede encontrarse con resistencia durante el viaje y tener que variar el rumbo? Tampoco funciona eso de que ella se pare en el momento más duro de la lucha para recordar las palabras de despedida y reconciliarse repentinamente con la humanidad, un final para el romance y una revelación que no llegan en el momento ni en la forma adecuada. Y qué me decís de los trajes mágicos… Diana se pone un vestido elegante con mucho escote, pero cuando se lo quita resulta que hemos de creernos que debajo llevaba la armadura completa, ¡incluyendo la espada!; si hasta baila con el malo y no nota el metal. ¿Qué costaba mostrarla cambiándose? ¿Unos segundos de metraje? Sin duda es mejor que tratar al espectador de gilipollas.

Las incursiones en la fiesta y en la base del enemigo dan bastante vergüenza ajena, en parte por el nulo afán que ponen en hacerlas verosímiles y trabajar la tensión y el esfuerzo de los personajes, pero también por lo absurdo de su situación: no hay quien se crea que los alemanes monten una fiesta y una base crucial tan cerca del frente activo. No mejor parado sale el relleno central de acción y posición de los personajes secundarios, o sea, el asalto a las trincheras y al pueblo. Primero, parece una dificultad muy artificiosa, pues como señalaba, se presentan en el frente sin más, no se justifica bien que deban pasar por ahí. Segundo, tanto decir que llevan años de lucha en esa zona, sin avanzar ni un metro por la resistencia alemana… y luego resulta que hay unos diez soldados por bando. También es alucinante que los alemanes pierdan ese frente y el pueblo más próximo y nadie se preocupe porque haya una incursión tan inesperada justo cuando tienen la gran fiesta y el gran plan a punto.

Los villanos, ante este panorama, no sorprende que sean otro cliché cansino. Ludendorff es un general alemán ambicioso y obsesionado con mantener la guerra. No sé cómo pretenden a estas alturas intimidarme presentándolo disparando a uno de los suyos para remarcar lo malo que es. La idea en sí es ridícula, pero la de años que tiene y todavía siguen con ella (en Escuadrón suicida también tragamos con una escenita así) colma la paciencia de cualquiera… pero es que vamos más allá, con esa escena donde envenena a los altos mandos, ¡y tira una sola máscara para que se peleen por ella y se ríe como un niño chico viéndolo! Y este golpe de estado no deja ninguna secuela clara: ¿se ha hecho con el control del ejército y no queda nadie que le rechiste, o es un apaño temporal, un intento de demostrar su valía? Un buen actor como es Danny Huston, con un físico además imponente, no es capaz de levantar un rol tan básico y aburrido. La doctora deforme (Elena Anaya), porque en una de nazis que se precie ha de haber un doctor demente y deforme, tampoco da la talla. No causa pavor, no aporta nada aparte del macguffin, el gas. Pero a eso llegamos con otra gran incongruencia. Le da a su jefe una cápsula de otro producto: “Mira, he hecho esto para ti”, y el tío se lo esnifa y obtiene una superfuerza que le permite rivalizar con Wonder Woman… Así que cabe preguntarse para qué tanto empeño en encontrar la fórmula del gas si ya tiene otra arma que les daría una ventaja inconmensurable en la guerra. Fabrica eso en cadena, preséntaselo a la junta que iba a firmar la paz, no te lo juegues todo a una baza en el último momento.

Ares, el supervillano, es simple por definición, así que había razones de más para tratar de darle una forma novedosa al clímax. Pero de nuevo parece que ponen la mira en abrazar los tópicos con fuerza en vez de intentar algo que disimule las carencias. El giro que en Ares resulta ser quien menos te lo esperabas es una parida monumental: el senador pacifista de los aliados. Parece que los guionistas lo han elegido al azar. Y sus motivaciones y planes también. Si quiere la guerra, ¿para qué trabaja para el armisticio? Dales a ambos bandos armas de una vez, en vez de andar susurrando sugerencias poco a poco. Por no decir que una vez se quita el velo, David Thewlis no funciona como archienemigo, ni parece inteligente ni temible, y menos con esos diálogos tan tontos. Porque, como cabía esperar, tenemos un villano que se pone a explicarle el plan a su principal enemigo en vez de eliminarlo de una vez. El nacimiento de Wonder Woman ya lo he comentado: precipitado e inverosímil, otro elemento que se veía venir y donde no tratan de darle una perspectiva más ingeniosa. La forma de derrotar al dios es de esas que odio: un superpoder nuevo sacado de la nada en una batalla que es puro artificio sin nada detrás. Y encima, el artificio es del malo: la pobreza visual es alucinante. El escenario y el acabado es el mismo que en Batman vs. Superman y Escuadrón suicida: un lugar sin nada vistoso, sin personalidad, y un enfrentamiento ininteligible de rayitos y explosiones generados con efectos especiales muy malos que intentan disimular entre nieblas y oscuridad.

Para colmo, después de tener a Ares aclarando bien aclarado que el hombre es malo por naturaleza, que él sólo empujó un poquito, una vez muerto este los nazis se abrazan con los protagonistas… Es decir, el mal ha desaparecido de la Tierra como esperaba Wonder Woman. ¿Cómo justifican entonces la Segunda Guerra Mundial? Y ya de paso, ¿qué hizo Diana durante la misma y durante todos los conflictos hasta el presente? Parece que se hartó del hombre y se fue de vacaciones hasta que aparece Superman, que le hará tilín también, porque no se justifica que vuelva a la acción.

Aparte cabe señalar que la madre (Connie Nielsen) y sus compañeras de Temiscira parece seguían en la isla (a menos que el destructor varado de los nazis se pusiera a disparar y arrasara con todo…) ¿No ha vuelto a visitarlas? Esto me lleva a hacerme más preguntas sobre las amazonas. ¿Cuándo empieza su historia? ¿Hace milenios o en el siglo XIX? Porque si llevan ahí desde hace miles de años no se entiende que con un aislamiento total del resto del mundo conozcan y dominen todos los idiomas modernos. Tampoco quedan claros sus poderes; es de suponer que no envejecen, pero no parecen tener un físico superior al hombre. Los de Wonder Woman tampoco se concretan. Al final no sé si le afectan las balas y flechas, porque, si bien se mete en todo fregado sin pensar, pone mucho empeño en pararlas con el escudo y los brazaletes, y cuando está el francotirador se esconde rápidamente. Entre eso y los poderes cambiantes en la batalla final… No puedes presentar al héroe sin dejar claras sus habilidades y superpoderes.

Wonder Woman resulta un compendio de los tópicos más rancios del género, acumulados sin alma ni a veces coherencia, pero también sin sentido del espectáculo. Su impresionante éxito se me escapa.

Ver también:
El hombre de acero (2013).
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016).
Escuadrón suicida (2016).
-> Wonder Woman (2017).

Life (Vida)


Life, 2017, EE.UU.
Género: Suspense, acción, ciencia-ficción.
Duración: 104 min.
Dirección: Daniel Espinosa.
Guion: Rhett Reese, Paul Wernick.
Actores: Jake Gyllenhaal, Rebecca Ferguson, Ryan Reynolds, Hiroyuki Sanada, Olga Dihovichnaya, Ariyon Bakare.
Música: Jon Ekstrand.

Valoración:
Lo mejor: Realizadores y actores muy comprometidos. Buen ritmo y muchas emociones.
Lo peor: Los malditos tráileres te cuentan la película entera, ¡entera! Su falta de pretensiones significa apuntar muy bajo: todo se ve venir muy de lejos, los personajes carecen de la más mínima arista, son carne del bicho.
El título: En serio, qué demonios les pasa a las distribuidoras con los títulos.

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En parte es gracioso y en parte vale para una reflexión el hecho de que Vida llegue casi a la vez que Alien: Covenant. Ambas nacen a la estela de la obra maestra que Ridley Scott regaló al mundo en el primer Alien allá en lejano 1979. Vida no es el primer título que más que verse influenciado directamente vive de las rentas de otro, ni será el último. De hecho también bebe mucho de Gravity. Ni siquiera intenta disimularlo, ni tampoco disimula sus escasas ambiciones más allá de hacer pasar un buen un rato. Juega sobre seguro con honestidad, y no sale mal parado, porque no llega a caer nunca en la vergüenza ajena. Está claro que es un producto industrial, de consumir y tirar. Por el otro lado llega el propio Scott con un intento… no, un segundo intento, tras el fiasco de Prometheus, de revivir una saga agonizante artísticamente. Y lo hace con unas pretensiones intelectuales y narrativas bastante altas, pues persigue una temática más trascendental y darle a la historia nuevos aires. Pero resulta que Covenant se estrella en sus intenciones y acaba siendo un producto más simple y repetitivo de lo que anunciaban, llegando a ahogarse por completo en una pobre imitación de Alien salpicada de torpes adornos que no llevan a nada. Así que los fans de la ciencia-ficción y de la saga Alien nos encontramos en la absurda tesitura de acabar defendiendo a un hijo bastardo que apenas llega a la media para conseguir beca contra el primogénito mimado que ha entrado por la puerta principal con muchos títulos y enchufes pero que luego demuestra ser un patán…

En el guion de Paul Wernick y Rhett Reese (Zombieland, Deadpool) no hallamos intenciones de distanciarse de una premisa tan antigua y gastada, ni de mirar por una profundidad que le permitiera al menos intentar entrar en el cine de calidad, que, en pocas palabras, sería el que se recuerda años después. Pero es evidente que tanto ellos como el resto del equipo, destacando director e intérpretes, sabían dónde se metían y se esforzaron por realizar un trabajo serio que pueda alejar la impresión de producto de segunda o incuso un engaño para llenar salas sin mucho esfuerzo. No me voy a parar a citar las innumerables películas comerciales con cuatro veces su presupuesto que resultan mediocres y estúpidas, baste decir que Vida funciona mejor que muchísimas de ellas. Tiene alma de serie b, de cinta echa con cierto cariño, consciente de sus limitaciones y que sólo busca entretener. Y lo consigue francamente bien.

Uno de sus puntos fuertes es que no empezamos con una farragosa introducción donde intentan describir a los protagonistas a bases de tópicos cansinos. Si está claro que no hay intención (ni necesidad) de darles mucha dimensión, los adornos sobran. Empezamos entrando de lleno en el argumento: una sonda trae pruebas de vida en Marte, y esta se descontrolará a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS). La intriga de cómo y cuándo se irá todo al traste podría haberse trabajado mejor, pero también se agradece que no se dilate más de la cuenta. Y mientras, con cuatro retazos nos presenan a cada miembro de la tripulación: el biólogo, el doctor, la encargada de la seguridad biológica, los ingenieros de vuelo y sistemas… Porque lo único que importa aquí es su trabajo, donde sufren una crisis extraordinaria. Apenas hay algún detalle humanizador, como mencionar que uno de ellos acaba de tener una hija, que no cobra protagonismo innecesario ni subraya el drama de forma facilona. La parte de sus personalidades que importa es su capacidad para reaccionar a esta crisis, y ahí tenemos un buen rango de situaciones. Los actores hacen el resto, pues, como señalaba, se lo toman muy en serio. Los principales y más conocidos, Ryan Reynolds, Rebecca Ferguson y Jake Gyllenhaal, se desviven como si estuvieran en un gran drama, transmitiendo muy bien el sufrimiento y la lucha constante.

El director sueco de origen chileno Daniel Espinosa (El invitado, El niño 44) confecciona un producto muy sólido en un escenario complicado, tanto por la limitación física (la estación) como la artística (el guion tan básico). No hay más que comparar con aquel engendro de Europa One (Europa Report en inglés, en otra de esas traducciones absurdísimas), por citar la más parecida que se me ocurre en los últimos años. Como se suele decir, se presenta como un “artesano de acción” de los que escasean (y eso que en El niño 44 desde luego no apuntaba maneras), ofreciendo una narración absorbente e impactante sin artificios modernos, eso de rodar con pantalla verde sin más esfuerzo por la atmósfera y que el ordenador y la postproducción aporten el factor emocional. Maneja la cámara que da gusto verlo, exprimiendo al máximo un decorado bien trabajado, produciendo adecuadamente el efecto de que flotamos en ingravidez (muy logrado también el trucaje de cuerdas con que se mueven los actores, algo nada fácil de conseguir) y, cuando la cosa se pone fea, sumergiéndonos en un entorno angustioso a la par que vibrante.

A cada fase de la pesadilla le saca el máximo partido. El laboratorio, el exterior, los distintos módulos… No hay sensación de repetición, de escenarios poco excitantes, aunque tenía todas la de resultar así, sino que atrapa con cierta intensidad incluso aunque te intuyas el resultado general, manteniendo un ritmo trepidante con algún segmento desasosegante. Lo más destacable es que las muertes no se precipitan, ni se resuelven con algún cliché tontorrón, algo muy habitual en el género, sino que hacen sufrir a cada personaje durante largo rato, mientras los otros buscan a la desesperada soluciones. Además, con el buen partido que saca de los intérpretes, los distintos clímax ganan puntos extra: en algunos momentos me descubrí algo inquieto por el destino de unos personajes que en principio me importaban bien poco. Los intentos de ubicar y exterminar al ente por toda la estación también funcionan, poniendo ante nuestros ojos planteamientos simples (tapar agujeros y accesos son los retos principales) pero muy bien ejecutados.

La recreación digital del alienígena cumple aceptablemente bien, que esto no es una superproducción, aunque también es cierto que teniendo la tecnología informática tan avanzada es inevitable pensar que podía haber quedado mejor. Pero en cuanto a ente hostil es bastante efectivo: una especie de pulpo escurridizo, inteligente, voraz, incansable… En resumen, como en todo elemento del filme, no sorprende pero funciona correctamente.

Si nos ponemos finos se podría señalar algún aspecto mejorable, como justificaciones algo cogidas por los pelos, como que se haya estropeado la radio justo ahora y haya que salir a arreglarla, pero la única de la que me quejaría es el clásico de los personajes haciendo alguna estupidez. Sí, el ser humano es muy falible, pero se puede exponer en situaciones verosímiles o de forma lastimera. Eso de que el biólogo juegue a través de un simple guante con un ente desconocido que crece a ojos vista… Y tampoco hay esclusa de descontaminación, entran y salen del módulo por una puerta normal. Pero al menos no estamos ante el caso de Prometheus y Covenant, donde todos los tripulantes son gilipollas perdidos durante todo el metraje y no hay ni un solo protocolo científico creíble.

El problema más notable es que no hay margen para la sorpresa, y menos con esos avances que te destripaban todo. No entiendo esa moda actual de contártelo todo, de mostrarte los momentos álgidos de las películas. Así no me ganan para el cine, sino todo lo contrario. La he visto en bluray porque soy un fanático de la ciencia-ficción y me lo trago casi todo, pero interés tenía poco. Incluso pienso que ha tenido poco tirón en taquilla porque era claramente más de lo mismo. Con unos avances intrigantes podían habernos engañado, y viendo lo amena que es, quizá no nos hubiéramos quejado.

Así pues, entre que la premisa está muy trillada y me la han destripado de antemano, conocía de sobras el desarrollo de la película. Incluso el intento de sorpresa final se ve venir muy de lejos. Pero no tiene más fallas, y aunque no se queda en la memoria da para dos horas de emociones fuertes.

Ghost in the Shell: El alma de la máquina


Ghost in the Shell, 2016, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 107 min.
Dirección: Rupert Sanders.
Guion: Jamie Moss, William Wheeler, Ehren Kruger.
Actores: Scarlett Johansson, Pilou Asbæk, Juliette Binoche, Takeshi Kitano, Michael Pitt, Chin Han, Anamaria Marinca, Peter Ferdinando,
Música: Lorne Balfe, Clint Mansell.

Valoración:
Lo mejor: Dirección artística. El papel de Scarlett Johansson.
Lo peor: Refrito sin alma ni profundidad de las dos películas originales.
El origen: Es una versión de los dos animes de Mamoru Oshii (Ghost in the Shell, 1995, Ghost in the Shell 2: Innocence, 2004), no del manga original de Masamune Shirow (1989).
El título: En latinoamérica la han llamado… Vigilante del futuro/La vigilante del futuro.

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Alerta de spoilers: Hay ligeros spoilers de la premisa, pero nada que no se deduzca de los avances. En un párrafo bien señalado comento más detalles.–

Ghost in the Shell es una saga que habla sobre la distinción entre máquina y ser humano a través del alma o espíritu, o sea, de los sentimientos, anhelos y esperanzas que nos distinguen del frío cálculo de una inteligencia artificial… Y por ello es bastante gracioso que en esta nueva versión estemos ante un gélido producto comercial, una copia sin alma ni personalidad propia, pues es un refrito de las dos películas originales como es habitual pasado por esta expresión a la que me he aficionado: la batidora intelectual. Carece de reflexiones complejas que analicen el porvenir de la humanidad, no nos ponen ante la visión de una sociedad futura tangible, verosímil, que nos conmueva y haga pensar. El relato se apoya únicamente en el clásico viaje dramático del protagonista, que quiere averiguar quién es, de dónde viene. Lo de que sea una cíborg que lucha contra crímenes cibernéticos casi es irrelevante, es un adorno sobre el clásico rollo de trauma a superar y búsqueda del pasado.

Por extensión, el entorno futurista parece un envoltorio artificial, en plan “hay que cumplir con el género, así que meted tecnología por todas partes”. La infinidad de planos de la ciudad llena de modernidad y hologramas-anuncio no logra funcionar del todo, y no porque la ambientación no sea buena, que lo es, sino porque no ofrece novedad alguna, pero sobre todo porque carece de profundidad, no se crea una conexión férrea entre la descripcón de la sociedad y la trama y los personajes. Las menciones sobre que la gente se “evoluciona” el cuerpo con tecnología no aportan nada a los protagonistas ni sirven para abordar algún tema existencialista, y los diálogos al respecto son bastante cutres, no consiguen la naturalidad necesaria. La Mayor es la única a través de la cual se habla en algún momento del yo versus la creación artificial (como cuando se busca una prostituta y tantea qué nos hace humanos: el físico, los sentimientos…), pero son recesos puntuales en una progresión dramática como digo ahogada en dilemas terrenales muy vistos. El individuo al que persiguen termina inclinándose también por el mismo, exactamente el mismo, camino: su búsqueda de identidad, la percepción que tiene del mundo y el hombre, la anunciada transformación en algo nuevo, se dejan muy de lado por una simplona obsesión por vengarse de sus creadores y esclarecer su pasado.

Así pues, la temática sobre la frontera entre máquina y ser humano no da nada de sí en las pocas ocasiones en que parece emerger a través de un guion que se empeña en relegarla. El manga, las películas y las series nos llevaban a un futuro donde hombre y máquina se fusionan en simbiosis y dependencia, donde cada situación ofrece ejemplos y dilemas sobre las distintas repercusiones. La definición de inteligencia artificial y seres humanos, la manipulación de recuerdos y la percepción, la pérdida de identidad propia y social… Nada de eso se ve aquí más allá de unos pocos apuntes superficiales. Y para colmo, el único aspecto que parecen seguir con cierta determinación (el quién soy) acaba con filosofía barata (me extiendo en el párrafo de spoilers más abajo).

Y sinceramente, creo que no era tan difícil superar a las dos películas previas, porque tenían unos problemas narrativos serios (ritmo moroso, sensación de desequilibrio entre la línea filosófica y la trama policíaca) que en nada que los arreglaran con una puesta en escena más vibrante y un caso un poco mejor cuidado podía haber dado un título más redondo. Pero claro, hablamos de Hollywood, y han descartado lo que las hacía buenas: la inteligencia y sensibilidad a la hora de abordar temas trascendentales complejos. Así pues, tenemos otra de acción sin más relevancia ni calado, otro remake innecesario; para hacer esto mejor reestrena aquellas en cines. Me ha recordado bastante a Desafío total. Funciona aceptablemente bien como entretenimiento, pero está a años luz del ingenio y carácter del original. Ni siquiera se han esforzado en aplicarle una pequeña actualización para que sorprenda un poco y encaje mejor en nuestros tiempos, como hicieron con Robocop (con la que guarda muchísima similitud en cuanto a trama).

La odisea de la Mayor Mira Killian por encontrar respuestas no cala hondo pero tampoco cae en la indiferencia, y Scarlett Johansson se toma el papel bastante en serio, con lo que sustenta bien el viaje. Su pose derrotista, sus miradas apesadumbradas… Se ve un halo sombrío sobre ella, un ansia por hallar razones por las que sentirse viva y parte de este mundo, y ha decidido no parar hasta encontrarse a ella misma, es decir, conocer su pasado y aclarar su sentimientos. La pena es, como digo, que su recorrido emocional se estanque en algo tan visto y que desprecia las pobilidades de las obras en que se basa. Batou es un compañero simpático, y la química entre ellos es aceptable; no deslumbra ni tiene mucho recorrido, pero no está mal. El resto del equipo sin embargo no da la talla, ni si quiera Aramaki el jefe, interpretado por un apático Takeshi Kitano (por cierto, parece que tiene por contrato salir en todas sus películas en un contrapicado apuntando con un arma). Y los villanos son más pobres aún, están enquistados en los clichés: el empresario es un caso grave de “soy malo porque sí”, y el misterioso hacker es un simple objeto para empujar a la protagonista, queda a años luz del sugerente Titiritero.

El ritmo es correcto, no tiene bajones graves más allá de un final mejorable. El problema es que de ahí a impactar hay un buen salto. El diseño artístico y la fotografía son lo que mejor funciona, de hecho realzan bastante una dirección y una banda sonora un tanto limitadas, incapaces de exprimir el potencial del género y el argumento. Las calles y la fauna de la ciudad están muy cuidadas, cada escenario es bastante vistoso gracias al esmero en llenarlo de información, detalles y colorido y al buen trabajo de decorados, vestuario y maquillaje, aunque el ordenador se queda bastante atrás, pues los planos lejanos de edificios y coches cantan mucho. Pero a la larga también da la sensación de que el escenario está sobrecargado en lo audiovisual: mucho arte y efecto especial, mucha música, mucho sonidito, pero tenemos un nivel muy justo en el acabado global porque el guion no llega y la dirección (Rupert SandersBlancanieves y la leyenda del cazador-) cumple sin más. En resumen, otro filme hecho únicamente con dinero y en postproducción. Y también entra de nuevo en juego la inevitable comparación. Si no conoces la obra original y no has visto las escenas de acción y otros momentos que se empeñan en imitar con desgana, le sacarás más partido. Si no, queda poca cosa por disfrutar en un relato que va hacia adelante sin tropezarse pero también sin despertar pasiones.

El asalto inicial a una reunión y la persecución por el canal son efectivas, pero a estas alturas no impresionan, y menos con Matrix de por medio, que exprimió a lo grande las peleas de cámaras lentas y planos elaborados. Poniendo una cutre musiquita de campanillas, como para tratar de enfatizar la magia del momento, no se arregla la cosa, hay que buscar una atmósfera más efectiva que te vaya atrapando para que cuando llegue un momento cumbre este, aunque no sea revolucionario, impacte con contundencia. Así, la mejor parte de la cinta es el arco central, con menos acción pero más contenido y emoción: la Mayor tratando de entenderse y encontrarse a sí misma (la relación con la doctora o ingeniera que la cuida, la búsqueda de experiencias humanas -la prostituta- y otros momentos -la visita a una mujer-), la agradable relación con Batou (la escena de los perros, la del buceo), así como el complot que afecta a la Sección 9, donde parece que los secundarios van a cobrar relevancia por fin, mantienen correctamente el interés.

Por desgracia, esto último, los problemas globales de la Sección 9, o sea, de sus compañeros, se queda en poca cosa, pues lo dejan de lado para aferrarse de nuevo a la imitación innecesaria. Precisamente el desenlace es el momento en que más deberían diferenciarse, para poder sorprender y dejar buen recuerdo… Pero se empeñan en meter el tanque araña, el tiroteo y otros planos míticos de la primera película. Y no queda nada bien. No tiene la mitad de pegada visual, pues lo localización es poco atractiva y la secuencia en sí no tiene savia, y en general todo parece ocurrir porque hay que cumplir con ello. Así que resulta un final anticlimático, forzado y poco llamativo. Las revelaciones sobre ella se veían venir muy de lejos, el lío del hacker también, y el villano empresario tiene el destino que sabíamos que iba a tener desde su primera aparición con mirada aviesa y música intrigante que lo señaló como el malo de la función. El tanque aparece de la nada sin vergüenza ni lógica alguna. El complot contra la Sección se deja de lado por completo, no sabes dónde han ido los demás agentes y de repente aparecen de nuevo en todo el jaleo, por supuesto en el momento justo: la escena del francotirador es ridícula.

Luego tenemos unos cuantos agujeros de guion, o al menos unos saltos poco fluidos, algo que también pesaba en las originales, dicho sea de paso.
Alerta de spoilers: Comento muchos detalles concretos. Pasa al siguiente párrafo si quieres evitarlos.–
¿Por qué van al bar de la yakuza? Tras conectarse la Mayor a la geisha despierta diciendo sin más Sé dónde hay que ir, y juraría que tampoco se explica qué relación tiene el local y la mafia con el hacker. En el encuentro con él más tarde, ¿por qué nadie lo persigue a pesar de haber cantidad de agentes a pocos metros? ¿Y se habían perdido? Que se ha tirado como quince minutos de cháchara con la Mayor sin que aparecieran. Pero esto de que el equipo llegue tarde pero justo a tiempo para salvar la situación también ocurre en el citado final, y también en el prólogo: ella está en posición desde hace rato antes de entrar en acción, pero ellos están a tomar por culo no se sabe por qué. Vaya inútiles. Pero hay más cuestiones. ¿Ella vuela? Se deja caer desde las azoteas y luego aparece entrando por las ventanas sin cuerdas ni nada. No sé por qué el tanque explota al forzar la puerta. Ni por qué Kuze, un experimento malogrado, se convierte por arte de magia en un hacker sin igual. Y telita con la celda donde conectar a los interrogados, que permite suicidios tan fáciles mientras todos miran sin hacer nada. En cuanto a la temática filosófica que comentaba al inicio, hay poco que rescatar, la cinta llega a unas conclusiones lastimeras. Uno se define por sus actos, no por sus recuerdos. Menuda sandez. Todo lo contrario, uno se define por todo lo que ha vivido, experimentado y aprendido, y sin ello sus actos no son humanos, sin recuerdos, sin memoria y aprendizaje, uno es un vegetal, un cascarón vacío. Y el Yo sé quién soy con el que acaba la Mayor, cuando lo único que ha encontrado es un recuerdo concreto… el resto de su vida, y sus sentimientos respecto a sí misma y al resto de gente que la rodea, ¿se arreglan sin más con saber qué hacía de joven?

Tampoco me gusta lo de Japón sin ser Japón. Parece que estamos allí, pero el único que habla japonés es el jefe, y el equipo está compuesto por más gente extranjera que locales, lo cual sorprende en una organización de seguridad nacional. Se justifica de mala manera que la protagonista no sea japonesa (es un cíborg), pero el resto no. Si estás haciendo una versión occidental, no te andes con medias tintas absurdas. Los estudios quieren una versión occidental para venderla en todo el mundo pero que a la vez recuerde mucho a la japonesa, y una versión simplificada pero con sus mejores momentos, que hay que llegar a los viejos fans aparte de atraer a nuevos espectadores en masa. Y se hacen la picha un lío, y el lío se agrava conforme van añadiendo más ideas y cambiando de guionistas, y se agrava a medida que van metiendo escenas para atraer a distintos rangos de público a la vez. No tengo en principio nada en contra de nuevas versiones y adaptaciones, pero con la tendencia habitual de Hollywood es normal que haya recelos. Y Ghost in the Shell ha resultado otro gran ejemplo de este mal hacer, a pesar de ser una saga que podía extenderse, ampliarse y renovarse con facilidad, dado su género tan abierto y los avances tecnológicos que ha habido desde el manga y el primer anime, que permiten nuevas relecturas del tema. Cualquier capítulo de la serie (Ghost in the Shell, Stand Alone Complex, 2002) ofrece ideas más originales y planteamientos más trabajados en los veinte minutos que duran.

En la taquilla no parece responder a pesar de la insistente campaña publicitaria, y desde el estudio ya están diciendo que es culpa del casting blanco en personajes originales japoneses y del varapalo de la crítica (lo mismito pasó en Dioses de Egipto). Toma, pues claro: haces una película poco respetuosa en fidelidad y mediocre en calidad… ¿qué respuesta esperabas? Visto lo visto es una suerte, quizá así nos libramos de remakes insípidos de otros títulos que llevan años planeando, como Akira y Cobwoy Bebop, o, mejor aún, de hacerlos quizá se los tomen más en serio.

Ver también:
Ghost in the Shell.
Ghost in the Shell 2: Innocence.

Dioses de Egipto


Gods of Egypt, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 126 min.
Dirección: Alex Proyas.
Guion: Matt Sazama, Burk Sharpless.
Actores: Brenton Thwaites, Nikolaj Coster-Waldau, Gerard Butler, Elodie Yung, Courtney Eaton, Bryan Brown, Rufus Sewell, Geoffrey Rush.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Tono alegre y humorístico bastante efectivo, aspecto visual muy correcto: es entretenida y divertida.
Lo peor: Pero el guion es en general tan pobre que bordea la vergüenza ajena, y como no la cojas de buenas se te puede atragantar.
La frase:
-Pues creo que debemos correr.
-¿Correr?
-¡Los mortales lo hacen todo el tiempo!

* * * * * * * * *

Dioses de Egipto no sorprende, ni para bien ni creo yo que para mal. Da lo que ofrecían sus avances, una más de acción y fantasía poco trabajada en el guion, pensando que cuatro tópicos y un buen presupuesto bastan para llenar las salas. Y de tanto abusar te las juegas a las modas: en su estreno tocó pasar un poco del género por saturación, y no se comió un rosco, y si da dinero será por el mercado doméstico (dvd/bluray y venta de derechos a televisión). ¿Por qué la mierda unas veces se recibe bien y otras no? Si la comparo con cómo degeneró El Señor de los Anillos, acabando con ese desastre de El retorno del rey o lo cutre que fue en general El Hobbit, viendo lo igual de rápido que Piratas del Caribe se hundió, o el infame tramo final de Harry Potter, o en general las mil y una entregas de cine basura que se reciben mejor, el varapalo de críticas que se llevó me parece excesivo. Igual de incomprensible me resultan las acusaciones de racismo y de poca fidelidad a la historia de Egipto que se llevó. ¿Pero qué demonios? ¡Que es fantasía! Lo más triste es que el estudio y el director tuvieron que pedir disculpas por el casting, y no por la calidad de la obra…

Estamos ante la misma plantilla vaga, superficial y llena de clichés de siempre. Tenemos al don nadie que acaba, sin comerlo ni beberlo, metido en una aventura de la que depende el destino del mundo, aunque a él le importa bien poco, pues generalmente estos personajes no muestran motivaciones claras (los cansinos Aragorn, Frodo, Harry Potter, John Carter… ¿qué demonios empuja a esta gente para sacrificarse tanto?) o, cuando las tienen, son pueriles. El aquí protagonista, Bek, quiere follarse a una joven atractiva (sobre todo gracias al invento egipcio del “wonder bra”…). Y para ello remueve cielo e infierno sin perder la sonrisa en ningún momento, supongo que porque está majara perdido. Lo acompaña otro rol-pasota de cuidado, el dios caído en desgracia que tiene que volver a encontrar algo por lo que vivir y abrazar la responsabilidad, en plan Disney total, incluyendo el giro final donde por fin ve la luz. El villano quiere caos y destrucción, porque… porque es un villano. Las mujeres son floreros, aunque una de ellas de vez en cuando mete mano en la historia; no se sabe muy bien por qué, resulta que tiene un brazalente-comodín que resuelve un par de escenarios. La aventura sigue el mismo esquema de siempre también. Un viaje lleno de magia, monstruos y acción que llegan en fila sin una cohesión clara (al estilo Furia de titanes e Ira de titanes), simplemente por el hecho de poner ante nuestros ojos secuencias supuestamente atractivas.

Pero de lo simplón a lo repelente hay, aunque sea, un paso, y Dioses de Egipto, aunque bordea la vergüenza ajena, para mí se salva por el simple hecho de que es consciente de ello, es honesta, al contrario que muchas de las citadas, que van de grandes épicas de aventuras y acaban haciendo el ridículo. Ya sea porque el guion coge bien el punto de aventura distendida sin relevancia o porque el director vio que esto sólo podía funcionar si se no se lo tomaba en serio, el desparpajo y la alegría con que se narra funciona a la hora de sobrevivir a sus nulas ambiciones.

Hay cantidad de diálogos cómicos, sencillos y tontorrones muchos, pero otros ingeniosos o al menos bien colocados, que salvan escenas que podían haber sido muy pobretonas y permiten que los flojos protagonistas tiren más hacia lo divertido que hacia lo cargante. La relación entre el humano de baja clase social y el dios que fue de los más poderosos se libra de caer demasiado en los clichés con un dinámica bastante graciosa. Secuencias que abrazan sin disimulo la comedia loca, como cuando van a pedirle al dios inteligente que los ayude a resolver el acertijo, reviven situaciones que parecían destinadas a ahogarse y arrastrarnos con ellas. Y el carisma de Nikolaj Coster-Waldau (Horus, el dios que acaba siendo bueno) y Gerard Butler (Set, el malo) también da un empujón extra a sus roles; el joven Brenton Thwaites como Bek en cambio no da la talla: una cosa es que la película no sea muy seria, otra que el prota parezca estar de fiesta. Con todo, gracias a esos diálogos chispeantes no resulta molesto a pesar de ser otro personaje principal hueco y olvidable que sumar al género.

Pero, sobre todo, la cinta se salva porque tiene un ritmo trepidante y un aspecto visual imponente que no dejan que aparezca el aburrimiento. El presupesto, sin ser estratosférico (140 millones contra los 200-250 habituales en estos tiempos en superproducciones), está bien exprimido en un trabajo que exige mucho del apartado de diseño artístico y efectos especiales. Toda escena está cargada de trucajes y digitalizaciones, y la combinación es bastante buena en general, con picos excelentes (los paisajes falsos, las armaduras); sólo se nota alguna limitación en alguna escena en la ciudad (algún edificio o pantalla de fondo se nota un poco), pero nada grave, y desde luego no como para echar pestes como han echado en muchas críticas. ¿Pero qué película han visto? ¿Y esta misma gente alababa la escasa calidad de los efectos especiales de obras con más presupuesto, como El Hobbit? Las luchas contra diversos monstruos o dioses ofrecen escenas de acción más que decentes, y más sabiendo lo saturados que estamos de este tipo de cine. Alex Proyas huye de trucos baratos, como meter lluvia y oscuridad y agitar la cámara, y logra momentos bastante épicos, como la pelea contra las serpientes gigantes. Para rematar, la banda sonora de Marco Beltrami en plan Jerry Goldsmith es bastante potente.

Así pues, Dioses de Egipto, dentro de la fantasía y acción de usar y tirar, me ha parecido más digna que muchos títulos que incomprensiblemente alcanzan más éxito. Eso sí, también cabe preguntarse de nuevo por qué ese empeño en que un entretenimiento ligero tiene que partir del guion más básico y tonto que encuentres.