El Criticón

Opinión de cine y música

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El gran hotel Budapest


The Grand Budapest Hotel, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 99 min.
Dirección: Wes Anderson.
Guion: Wes Anderson, Hugo Guinness, basados en los escritos de Stefan Zweig.
Actores: Ralph Fiennes, F. Murray Abraham, Tony Revolori, Mathieu Amalric, Adrien Brody, Jeff Goldblum, Jude Law, Bill Murray, Saoirse Ronan, Jason Schwartzman.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena: dirección, fotografía, dirección artística. El papel de Ralph Fiennes.
Lo peor: Historias sueltas sin mucha conexión, muchas son poco llamativas y rompen el ritmo.

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El gran hotel Budapest es un clásica aventura con un pie en el realismo mágico y otro en la fantasía, de estas fábulas con encanto y belleza propias de Wes Anderson, aunque recuerda también a una obra cumbre género, Amelie. El tono es el esperable, de cuento imaginativo: personajes curiosos, anécdotas originales, comedia de situaciones enrevesadas y absurdas. Los peculiares habitantes del hotel y la familia de la anciana rica son atractivos, y los dos protagonistas principales, el encargado y el botones, ofrecen una relación encantadora y transmiten gran simpatía; además la interpretación de Ralph Fiennes es vibrante y contagia su entusiasmo. Las aventurillas son variadas y juegan bien con el sentido del asombro, estando llenas de escenarios peculiares y situaciones excitantes.

Sin embargo el equilibrio no es perfecto. Los numerosos secundarios, aunque están bien definidos en un primer vistazo y resultan prometedores, no consiguen pasar de simples anécdotas, no tienen el magnetismo suficiente como para causar mucha impresión. Pero la principal limitación del relato es la falta de un nexo en común realmente llamativo para todas las historias. Sí, está la trama del cuadro, pero no tiene mucha pegada, y los saltos entre distintos capítulos son muy desiguales, alejándose algunos demasiado del hilo principal. Por ejemplo la estancia en la cárcel se alarga mucho, pero es que la fuga llega a ser cansina. Y a cambio el romance con la pastelera queda casi en nada, decepcionando porque prometía más.

Gracias al portento de puesta en escena este desigual guion gana bastante. La virtuosa dirección, apoyada en una fotografía con enorme personalidad (encuadres muy medidos, uso constante de colorido y atrezo para enriquecer el cuadro), otorga una impronta visual rica y sugerente. Pero lo que entra por los ojos no termina de llegar al corazón, pues el envoltorio no lo es todo. Como entretenimiento cumple de sobras, pero no logra emocionar como para dejar huella en la memoria.

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Predators


Predators, 2010, EE.UU.
Género: Acción, suspense, ciencia-ficción.
Duración: 107 min.
Dirección: Nimród Antal.
Guion: Alex Litvak, Michael Finn.
Actores: Adrien Brody, Alice Braga, Topher Grace, Walton Goggins, Oleg Taktarov, Lawrence Fishburne, Danny Trejo, Luois Ozawa Changchien, Mahershalalhashbaz Ali.
Música: John Debney.

Valoración:
Lo mejor: Pues… pues… pues que no es horrible, que no es poco.
Lo peor: No tiene nada para recordar.
La pregunta: ¿Por qué ahora no se traducen los títulos de las películas?

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Hoy en día, el agotamiento de ideas y la búsqueda de cintas de rentabilidad segura llevan a Hollywood a tirar muchísimo más de la cuenta de remakes, continuaciones de sagas y adaptaciones de todo lo que pillen. Y generalmente son obras que arrastran un bochornoso tufo a producto prefabricado para reventar la taquilla sin ofrecer prácticamente nada de cine auténtico a cambio. Así que es de agradecer que con Predators intentaran volver a la forma clásica de la saga tras esos dos insultos de Alien Vs. Predator que jamás deberían haber existido, es de agradecer que intentaran hacer una película real y no un producto de consumo vacío y estúpido. Pero parece que a Hollywood, tan estancado en la mediocridad, se le ha olvidado cómo hacer cine de calidad. Predators es un quiero y no puedo alarmante a nivel de historia y a nivel visual, un filme torpe y simplón que muestra una gran falta de recursos artísticos y profesionales.

El guion apenas es capaz de ir más allá de la imitación y homenaje a la cinta original. Se disfraza la falta de originalidad trasladando la acción a otro planeta (enésimo planeta imposible: ese exagerado plano al cielo desbordante de gigantes gaseosos, lunas…) y metiendo algunas criaturas nuevas (sorpresas que además son reventadas negligentemente en los tráileres, como es habitual también en estos tiempos), pero no es suficiente para eludir el halo de indiferencia que deja, la sensación de que no se aporta nada nuevo. Si al menos contaran bien la historia, pero la narración es previsible, monocromática, sin chispa ni un solo momento puntual digno de recordar.

El grupo de personajes es a primera vista lo más prometedor, pero no se aprovecha lo más mínimo. Abundan los clichés, las relaciones no llevan a ninguna parte, y ninguno tiene carisma ni tirón suficiente como para despertar interés. Los giros que hay sobre algunos de ellos son poco menos que lamentables a la par que sumamente previsibles: la ridícula aparición de un loco cansino interpretado por Lawrence Fishburne, la cutre forma de dar a conocer qué pinta el médico ahí, el protagonista que se va pero no se va, etc. Por cierto, el doblaje que se empeñan en poner a Adrien Brody es de esos que se cargan completamente la labor de actor.

Fui al cine esperando como mínimo una producción de acción decente, más o menos espectacular visualmente, pero la dirección de Nimród Antal está al mismo nivel que el guion: vulgar. La selva no se convierte en un lugar bello pero aterrador (si es que parece rodada en el parque de tu barrio), la presencia de los depredadores no inquieta, sus ataques aburren, las escenas de más acción son flojísimas, no existe un solo instante que impresione o que simplemente nos saque de la monotonía.

Un aspecto mítico de Depredador fue la memorable banda sonora de Alan Silvestri. Es una lástima que no estuviera disponible (no pudo hacer un hueco en su agenda… o vete a saber si no puso demasiado interés en conseguirlo), así que nos hemos perdido cómo se hubiera enfrentado a la misma saga tantos años después, cómo habría influido en su trabajo la maduración y experiencia. John Debney se encarga de la poco honrosa labor de versionar ese clásico, tarea que cumple muy bien.

La segunda entrega sí supo muy bien ir un paso más adelante sin olvidar la esencia original, contando una buena historia con buenos personajes y ofreciendo numerosos tramos espectaculares. Es una cinta infravaloradísima digna de recordar, una lección de cine de acción y ciencia-ficción comparada con esta insípida Predators.