El Criticón

Opinión de cine y música

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Ted


Ted, 2012, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 106/112 min.
Dirección: Seth MacFarlane
Guion: Seth MacFarlane, Wellesley Wild, Alec Sulkin.
Actores: Mark Wahlberg, Mila Kunis, Seth MacFarlane, Joel McHale, Giovanni Ribisi, Jessica Barth, Patrick Warburton, Matt Walsh.
Música: Walter Murphy.

Valoración:
Lo mejor: Buena visión de las clásicas relaciones amorosas gracias a un sentido del humor original y constante: gamberro, bestia, friki…
Lo peor: El desenlace no impresiona.
Mejores momentos: Las entrevistas en el supermercado. La fiesta con Flash Gordon. El móvil con la melodía de la marcha imperial. Norah Jones.
Versiones: Existe una versión “sin censurar” con seis minutos más, es decir, que incluye las breves escenas que tuvieron que quitar en cines para no terminar restringida para adultos.

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Ted fue un inesperado y enorme éxito de taquilla. Con cincuenta millones hizo quinientos cincuenta (¡!) gracias al boca a boca de los que se aventuraron a verla sin saber muy bien qué esperar. Es por definición una comedia romántica sobre la maduración (el paso de joven vividor a adulto responsable) y las relaciones amorosas, una descripción que asusta dado lo poco que da de sí el género en Hollywood. Pero resulta que su guionista y director es el loco de Seth MacFarlane, autor de Padre de familia y American Dad, donde muestra su afición por un humor extraño y caótico que mezcla lo friki, lo absurdo y lo bruto muchas veces sin una trama consistente, pero otras con historias originales y atinadas perspectivas de distintos temas. Por suerte Ted está en la onda del MacFarlane centrado, de hecho, más centrado que nunca.

Un inciso hago aquí. Lo de ir sin saber qué esperar algunos lo cumplieron a rajatabla. No pocos padres se metieron a ciegas en “esa peli de un osito de peluche animado” arrastrando a sus hijos a una orgía de palabrotas y escenas obscenas.

La pareja protagonista, interpretada con gran vitalidad y química por Mark Wahlberg y Mila Kunis, es una fantástica parodia del prototipo del género. Él, inmaduro y torpe pero majete y buenorro, que solo quiere seguir viviendo la vida como la conoce: de juerga en juerga con los amigos. Ella guapa y algo más centrada, que exige más responsabilidad y sentar la cabeza. El conflicto está garantizado, y más con el también clásico amigo que arrastra al prota por el mal camino. En la vena salida de madre de MacFarlane éste es un osito de peluche que cobró vida y que lejos de la simpatía esperable ha crecido siendo un juerguista cabroncete y malhablado.

La consistencia y profundidad del guion es como decía bastante inesperada dado el autor. Sorprende mucho la fluidez y naturalidad con que se exponen las relaciones amorosas y amistosas y el realismo que emerge de cada escena aunque ésta sea una parodia demencial. Así, aunque la trama no vaya por senderos muy novedosos, porque pasa por los puntos clave habituales de cualquier vida, la perspectiva ofrecida le da nueva savia y la citada química entre personajes y actores realza tan bien a los protagonista que termina resultando un cinta romántica más creíble y emocionante de lo habitual.

Y además es divertidísima. La combinación de distintos tipos de humor funciona a las mil maravillas, sobre todo porque apoya muy bien el dibujo de los protagonistas y la evolución de la trama. No pocos chistes, como lo de recitar nombres de niñatas rednecks (o canis/bakalas), son esenciales para entender la dinámica entre personajes. Acierta de lleno también en el uso de chistes recurrentes, que ofrecen una genialidad tras otra: el jefe del supermercado, el jefe de la chica, las menciones a Tom Skerrit, etc. Pero lo mejor es que salta cada dos por a la vena cómica bestia sin que desentone lo más mínimo. La cagada en la alfombra, el concierto de Norah Jones (el mejor cameo que he visto en mi vida), el acosador psicópata y su hijo malcriado… Y siendo MacFarlane no podía faltar la vena friki, las mil referencias a la cultura popular, que también encajan perfectamente en el relato. La marcha imperial como tono de teléfono para cuando llama la novia y otras tantas alusiones tronchantes no son nada comparado con el lío que se traen con Flash Gordon; la fiesta donde aparece el actor es uno de los grandes momentos de la película.

Sin embargo hay que decir que el ritmo no es perfecto, a veces se ve que MacFarlane encaja como puede algún chiste suelto o incluso escenas necesarias. Por ejemplo la presentación del loco (Giovanni Ribisi haciendo de zumbado como siempre) y su hijo se cuela de mala manera. Pero no llega al punto de resultar demasiado irregular. Solo el final, tanto el clímax como el epílogo, es quizá algo menos intenso de lo que debería, en parte porque opta por un desenlace clásico (acción, tragedia ligera, redención y a comer perdices), en parte porque en esos momentos no logra un humor tan chispeante (salvo la genial hostia al niño) y una lectura tan original de la situación. Aun así, no es un desenlace que deje malas sensaciones más allá de pensar que podría haber sido más emocionante y divertido.

Ted logra dar nueva vida a las comedias románticas juveniles, resultando un título muy recomendable. La pena es que MacFarlane no siguiera tan inspirado en su siguiente largometraje, pues Mil maneras de morder el polvo resultó infumable, completamente opuesta a lo aquí visto.

Mil maneras de morder el polvo


A Million Ways to Die in the West, 2014, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 135 min.
Dirección: Seth MacFarlane.
Guion: Seth MacFarlane, Alec Sulkin, Wellesley Wild.
Actores: Seth MacFarlane, Charlize Theron, Giovanni Ribisi, Sarah Silverma, Amanda Seyfried, Liam Neeson, Neil Patrick Harris.
Música: Joel McNeely.

Valoración:
Lo mejor: Con tanto chiste acumulado habrá algún momento en que te rías.
Lo peor: Aburrida, estúpida, insoportable. Seth MacFarlane hace el ridículo como guionista y como actor.

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Es indudable que con tanto chiste acumulado habrá alguno que cale en el espectador. Pero el cometido de una comedia es tenerte siempre con la sonrisa y cuantas más veces te lleve a la carcajada mejor. Si el argumento es además bueno y deja algún poso, más alabanzas merecerá la película. Mil maneras de morder el polvo se queda muy lejos de lo considerable aceptable para una obra del género, por muy bajo que pongamos el listón. Produce más aburrimiento y distanciamiento que entretenimiento y risa. El nivel que alcanza en el segundo punto es de hecho asombroso: bastan pocos minutos para que la sensación de que va a ser imposible introducirse en el relato se asiente con fuerza. Y no se aleja, sino que aumenta hasta provocar vergüenza ajena y asco. ¡Es una de las peores películas de los últimos años!

No basta poner chistes en fila. Hay que dar una coherencia, tanto estilística como argumental. La exitosa Padre de familia acusa mucho este problema. ¿Cuántos capítulos flojos hay por cada uno decente, y cuántos por cada uno bueno? Pero en un formato de veinte minutos tener unos cuantos chistes sin argumento detrás puede colar si son aceptables. Quizá ahí radica su éxito: se ve sin pensar, no da tiempo a que aparezca el aburrimiento. Pero dos horas así resulta insoportable, más si no tienes una conexión previa con los personajes y su entorno. Mil maneras de morder el polvo apenas deja entrever una premisa en todo el galimatías, ese infantil romance entre protagonistas, y entre que ocupa muy poco metraje real y lo mal que encaja en el todo no basta. Cada escena es una mezcla de todo lo que le pasaba a MacFarlane por la cabeza, sin pararse a meditar en si da sentido a la narración, si el chiste encaja, si la atmósfera es la adecuada para el cambio de estilo en el humor. Comedia romántica, parodia del Oeste, homenaje al cine (referencias cinéfilas en cantidad), comedia gamberra, comedia absurda… No se decanta por ninguno concreto, sino que mete todos a la fuerza, y además sin una pizca de ingenio u originalidad. Y como es esperable explota por todas partes, en ocasiones salpicando con enormes cantidades de vergüenza ajena: el humor escatológico, las salidas de tono infantiles, los golpes forzados tan ineficaces… Es imposible adaptarse a tal caos. No sabes de qué va ni cómo pretende hacerte reír.

Hay que seguir hablando de MacFarlane, por es inevitable mencionar su papel como protagonista. Infame y lamentable como pocos se han visto. Que no vuelva a ponerse delante de una cámara, por favor. El resto de actores cumplen en personajes cutres que requieren más esfuerzo del que parece, porque hacer de ingenuo o directamente imbécil de manera creíble no es fácil. Destacaría a Charlize Theron y Giovanni Ribisi, aunque Sarah Silverman no está mal tampoco.

Ted es ejemplo de que MacFarlane puede hacer bien las cosas. Argumento claro (la maduración del protagonista), personajes bien definidos (y muy atractivos), un estilo concreto (comedia gamberra alocada) del que no se sale tangencialmente sin venir a cuento. El resultado fue un éxito de calidad (aunque sin llevarnos las manos a la cabeza) y público (éste sí fue inesperado: ¡550 millones de dólares de recaudación!). Y a pesar de esa fama adquirida Mil maneras de morder el polvo no llega a los noventa millones, pues el boca a boca la ha hundido bien rápido.

PD: por lo visto hay una versión unrated con casi veinte minutos más. La verdad es que no lo entiendo. Ni le hace falta más metraje, ni más guarradas, que ya es R (menores acompañados).