El Criticón

Opinión de cine y música

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Mandy


Mandy, 2018, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 121 min.
Dirección: Panos Cosmatos.
Guion: Panos Cosmatos.
Actores: Nicolas Cage, Andrea Riseborough, Linus Roache, Ned Dennehy, Olwen Fouéré, Line Pillet.
Música: Jóhann Jóhannsson.

Valoración:
Lo mejor: Nicolas Cage.
Lo peor: No es que sea un experimento fallido, es que no tiene ni un ápice de inteligencia o buen hacer, resultando insoportable.

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Mandy se ha ido estrenando en festivales varios, algunos relevantes como Sundance y Sitges, y acumulando bastantes buenas críticas de los medios que los siguen, pero no tanta del público, que anda divido entre “experimento fallido” y “cinta de culto”. La curiosidad me atrajo… y he salido escaldado, es una de las peores y más soporíferas películas que he visto en mi vida.

El guionista y director Panos Cosmatos anda perdidísimo acumulando ideas y recursos narrativos sin ton ni son. Asesinos en serie y venganzas estilo años ochenta y ocultismo y sectas danzan en un relato sin cohesión ni dirección. Salta entre escenarios con una torpeza inenarrable, siendo difícil pensar que se pueda enlazar peor situaciones tan básicas y un argumento tan trillado, que se pueda poner menos ganas en los personajes y en su evolución, en dotar a los enemigos de algo de entidad y capacidad para causar inquietud.

Se podría suponer que lo que pretendía era narrar con las imágenes, establecer la conexión emocional con la pareja y provocar pavor con los lunáticos a través de un estilo audiovisual elaborado que oscile entre lo conmovedor y lo espeluznante… Pero la cinta resultante es un sindiós por muchas ínfulas que le ponga. Para ser pretencioso al menos tienes que mostrar algo de inteligencia, y aunque Cosmatos parece creerse que está rodando algo serio se estrella como el mítico rey del cine cutre, Uwe Boll, dando una vergüenza ajena inclasificable. Los que señalan una supuesta originalidad, algún subtexto profundo o cualquier otro malabar que hagan para defender este despropósito no sé qué se habrán fumado o si es simplemente ese afán de “he visto algo raro y voy de guay defendiéndolo”. El delirio ha llegado tan lejos que se ha llevado premio a mejor director en Sitges.

En la fotografía e iluminación pasamos de inescrutable oscuridad a saturaciones con focos evidentes y filtros demenciales cuando no a abstractas composiciones pseudoartísticas. La orgía entre onírica y lisérgica no tiene ni pies ni cabeza y hace pensar inicialmente en que la copia está mal, y cuando asumes que no, cuesta aceptar como algo serio. En el audio, el exceso de estímulos sonoros quizá pretendiera lo mismo, provocar sensaciones concretas, pero la música se funde con los efectos de sonido y cae en otro caos, en ruido y efectismo sin lógica alguna. La pena es que la partitura Jóhann Jóhannsson (que falleció poco después del estreno en Sundance), escuchada en disco, aunque no resulta especialmente destacable dentro de su versátil discografía, se intuye como un correcto trabajo de suspense minimalista que habría apoyado adecuadamente atmósferas bien trabajadas, pero en esta situación termina siendo otro problema: su presencia llena demasiados vacíos cuando debería ser un complemento sutil, por lo que pronto resulta cargante.

La premisa queda en un segundo plano ante el galimatías audiovisual, pero para terminar de diluir su interés pronto se ve que es lo mismo de siempre en el género: familia que vive feliz, psicópatas de aspecto inquietante, asesinato cruel, venganza desmadrada. La pareja protagonista no tiene entidad alguna, son dos tipos que aparecen en pantalla sin hacer nada durante cuarenta minutos mientras cambian los filtros de colores y se suceden escenas cada cual más desatinada: la mujer saliendo del lago a cámara lenta, el cervatillo muerto… Cosmatos confunde contención con letargo, idilio con “aquí no pasa nada”, y espera que mágicamente entremos en la vida de esos dos entes sin alma y su aburrida casa. Hilando con eso, por no saber, no sé ni dónde viven, dónde está el lago que mencionan y cuál es la distribución del hogar, para entender al menos dónde se encuentran en cada escena, de dónde pueden venir los peligros, etc. Interesarse por ellos en esta situación es imposible, más bien pronto estarás deseando que los ataquen para que pase algo de una vez. La secta de dementes suelta mucha cháchara pero nada trascendental o impactante, ergo el miedo nunca llega a hacer acto de presencia. De hecho, cuando presenta a los moteros zumbados con sus estrafalarios disfraces el realizador tiene que recurrir a forzados rugidos animalescos para intentar que asusten en vez de provocar risa, pero el efecto conseguido es el de asco por ver algo tan ridículo.

El asalto a la pareja, cuando por fin llega, es un trámite alargado eternamente. No sufro lo más mínimo, y eso a pesar de que Nicolas Cage inesperadamente está bastante bien en un papel de darlo todo con el gesto y la mirada. Pero claro, sabiendo que desde entonces todo va a ser perseguir y matar a los malos con cada muerte más violenta y rebuscada, pues no hay por dónde agarrar al personaje. Y con el nivel del director, no hay ni una muerte ni un escenario salvable. Como mucho, puedes reírte en alguna de las paridas más grandes, como el coche que se estrella contra la nada (el montaje es tan malo que no se ve nada), la forja del arma chunga (¿no era leñador, ahora sabe herrería también?), los malos embutidos en cuero hasta en su casa, el típico individuo enigmático que explica la trama a media película… Pero yo no he sido capaz de tomármelo a risa, el desastre es tan grande que en el atropello recién citado se cuela un plano de lluvia en una escena que no la tiene.

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Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)


Birdman: Or (The Unexpected Virtue of Ignorance), 2014, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 119 min.
Dirección: Alejandro González Iñárritu.
Guion: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo, Raymond Carver.
Actores: Michael Keaton, Edward Norton, Emma Stone, Naomi Watts, Zach Galifianakis, Andrea Riseborough, Merritt Wever, Amy Ryan¸Lindsay Duncan.

Valoración:
Lo mejor: Reparto espléndido, gran labor de dirección. Fantástico análisis sobre el cine y el teatro. Comedia original, inteligente, con buen trasfondo.
Lo peor: Cierta carencias de ritmo y rumbo, una banda sonora fallida.

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Birdman es una película para cinéfilos. No hay más que ver cómo el público generalista la considera aburrida. Hay que saber de qué está hablando, qué referencia, qué critica, para entenderla, disfrutarla y sacarle todo el partido. Iñárritu construye una comedia ácida sobre defectos, errores y problemas del gremio (tanto teatro como cine), criticando unas veces, pero muchas más aportando una autocrítica entre sensible e irónica: esto es lo que hay, vamos a reírnos de ello, que es mejor que lamentarse. En la crítica está obviamente señalado el cine comercial de sagas clónicas que engullen actores y creatividad. El protagonista viene de ahí, con su Birdman (ironía amplificada, porque Michael Keaton fue Batman), y en plena crisis personal, artística y monetaria intenta conseguir prestigio como escritor, director y actor de “auténtico arte” con una obra de teatro sobre una conocida novela, pero en el camino debe luchar contra los clichés y el estancamiento (todos lo recuerdan como el superhéroe) y los críticos destructivos, quienes se llevan un buen varapalo en el relato (genial la vieja solitaria y arisca). Pero también representa la obsesión y locura (oye a Birdman en su cabeza), el distanciamiento de la realidad, los matrimonios rotos, los altibajos monetarios… en definitiva, es una visión de muchas estrellas de cine.

El resto de personajes ofrecen otras perspectivas, tanto los de escasa presencia (excelente Galifianakis como el productor homosexual) como sobre todo los más relevantes en la aventura. Destaca Edward Norton como el actor famoso intratable, exigente y caprichoso… Y ojo, que no se limita a un estereotipo, porque su dibujo es completo y realista. Naomi Watts es la actriz que sueña con un éxito y reconocimiento que nunca llegan, pues por cada estrella hay mil estrellados. Emma Stone es la joven que cayó en las drogas e intenta rehacer su vida, aunque ésta no es actriz, sino la hija del protagonista, así que más bien viene a completarlo a él, aunque es un personaje también muy logrado.

Hay que señalar las excelencias del reparto, probablemente el mejor del año. Michael Keaton y Edward Norton logran unas interpretaciones emocionales y profundas que quitan la respiración y nos hacen partícipes de todo el tormento y demonios internos de los personajes. Y los secundan muy bien Naomi Watts y Emma Stone, que si no llegan a deslumbrar es porque tienen menos tiempo.

Pero el relato abarca bastante más que la representación de diversas personalidades y la tragicomedia resultante. Es detallista a la vez que tiene gran amplitud de miras. Encontramos guiños geniales como la clásica pistola de Chekov (si muestras un arma -u objeto en general- en las primeras escenas, será crucial en el desenlace), que es tanto un recurso narrativo como un chiste casi inevitable. Y a la vez salta a otros temas de importancia, por ejemplo me encanta cómo se trata la incapacidad de algunos en el gremio para adaptarse a las nuevas tecnologías, sobre todo porque se analiza mostrando sus dos caras: por un lado la hipocresía de quejarte de no ser famoso mientras reniegas de los medios que predominan en la actualidad y son vitales para darte a conocer (twitter, youtube), y por el otro señalar lo triste que resulta hacerte famoso por la inmediatez de la anécdota (una gilipollez que se torna viral en internet) por encima del respeto y disfrute bien meditado de tu trabajo.

Iñárritu además apuesta por la filigrana visual, rodando como si fuera un plano secuencia único (aunque los cortes se notan bastante), con cámara en mano (Lubezki espléndido como siempre) y mezclando trucajes y efectos especiales con maestría. Aparte de deslumbrar, de dejarte fascinado incapaz de apartar la mirada de un relato muy vistoso, te introduce de lleno en el ambiente: el teatro cobra vida, parece que estás viviendo en él codo con codo con los protagonistas.

Siguiendo con la idea de no marcarse un drama, sino un homenaje con sátira, la narración va sumergiéndose cada vez más en la fábula, hasta llegar a un tramo final que mezcla realidad y los delirios del protagonista sin dejar del todo claro cuál es cuál, para terminar con un desenlace abierto a la imaginación, a la opción que quieras elegir. De hecho es tan abierto que descoloca si te esperas que haya un cierre claro para la odisea del personaje. Pero sólo los espectadores que no saben pensar y no quieren reflexionar, que lo quieren todo clarito y directo, saldrán defraudados (de hecho casi parece una crítica hacia ellos).

Como planteamiento, la idea de Birdman es imaginativa, innovadora y valiente, y a la hora de su ejecución Iñárritu tiene la inteligencia y habilidad para conseguir la obra vistosa, emocionante, divertida y reflexiva que pretendía. Sólo se pueden señalar dos aspectos algo grises: los altibajos en el ritmo y la banda sonora. Por intentar abarcar distintas historias sobre el mundo del cine hay capítulos menos llamativos que otros, algunos incluso algo inconexos (las visitas a la azotea no parecen esenciales), que afectan un poco al ritmo, transmitiendo la sensación de que a veces la historia no va en una dirección concreta; además el tramo final pierde un poco de fuerza comparado con la vivaz e intensa experiencia previa. Y no entiendo qué pretendía con el extraño enredo que monta con la banda sonora: una batería que incluso aparece de vez en cuando, que resulta más bien contraproducente, porque confunde y no aporta ningún matiz concreto a la escena, sólo ruido de fondo.

Estos deslices para mí apartan a Birdman de ser una película perfecta, pero lo que queda no es poco: una vibrante y original comedia irónica sobre el séptimo arte realizada e interpretada con maestría que nos recuerda que aún hay talento e imaginación en Hollywood.

Es una sorpresa que un título tan alternativo y bastante rebuscado e inteligente se alzara con los Oscar más importantes por encima de los dramones prefabricados que adoran en los dichosos premios. Eso sí, Michael Keaton y Edward Norton merecían ganar muchísimo más que Eddie Redmayne (La teoría del todo) y J.K. Simmons (Whiplash).

Oblivion


Oblivion, 2012, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 124 min.
Dirección: Joseph Kosinski.
Guion: Joseph Kosinski, Karl Gajdusek, Michael Arndt.
Actores: Tom Cruise, Andrea Riseborough, Olga Kyrylenko, Morgan Freeman, Melisa Leo, Nicolaj Coster-Waldau.
Música: Anthony Gonzalez y Joseph Trapanese.

Valoración:
Lo mejor: Guion arriesgado y sorprendente, dirección y fotografía excelentes, efectos especiales notables y banda sonora bastante buena.
Lo peor: Algún desliz da la sensación de frenar su potencial. La falta de dotes interpretativas de Tom Cruise, que en esta cinta se notan al ser más de emociones que de acción.

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Oblivion tiene un guion estupendo, muy original, bien estructurado y que maneja sus bazas (revelaciones y sorpresas) con mucho tacto. El tramo inicial de la aventura es muy expositivo, pues hay que mostrar el mundo imaginario con detalle para entender la historia, y lejos de resultar farragoso o lento funciona de maravilla: la información se introduce muy bien junto a la presentación de los personajes, y el mundo que se nos describe intriga y fascina. Conforme van llegando las revelaciones que nos sumergen en la trama estas resultan sorprendentes y muy bien hiladas: la narración se basa en sorpresas y giros, y todos funcionan a la perfección aunque alguno se pueda intuir un poco antes. La catarsis de los personajes llega con intensidad, y conforme la odisea del protagonista llega a su punto álgido el misterio y las constantes revelaciones se mezclan sabiamente con la acción. El ritmo, siempre estable y atractivo, adquiere entonces picos de gran espectacularidad. La batalla es impresionante y no se olvida de mostrar a los personajes, incluso los secundarios, en el foco de la acción. Para el segmento final el libreto se guarda todavía más sorpresas, más una forma estupenda de lanzar el desenlace a través de una secuencia que mezcla el pasado y el presente y va relatando muy bien cómo se llegó a la situación actual.

Por si fuera poco, la narración se trabaja también al detalle desde la puesta en escena. Joseph Kosinski, guionista y director, busca un aspecto visual preciosista, y vaya si lo consigue. A través de un diseño artístico exquisito y una fotografía excelente obtiene panorámicas bellísimas de la Tierra y escenas cautivadoras en la casa (el baño de la piscina es un vacile, sin duda, pero queda genial), que se rematan muy bien con una acertada banda sonora de Anthony Gonzalez (del grupo M83) y Joseph Trapanese. Destaca también en un aspecto que suele decepcionar mucho hoy día en el cine de acción: rueda de maravilla las partes más activas. Escenificación bien planeada, buena edición, buen uso de los efectos especiales y sonoros… Las batallas pueden ser caóticas porque está lloviendo de todo sobre los personajes, pero se muestran con claridad y fuerza.

Sin embargo, Oblivion no llega a ser perfecta. Pequeñas limitaciones surgen aquí y allá, algunas menores, otras pueden hacer pensar que puliéndolas un poco podría haberse obtenido una película excelente.

La labor entusiasta de Andrea Riseborough, cuya interpretación contenida resulta fantástica en un personaje muy interesante, termina eclipsando a Tom Cruise en ocasiones, debido al contraste entre ambos actores: para el protagonista hacía un intérprete con mayor registro dramático, que Cruise está más acartonado que de costumbre. También se hace evidente que el rol de Olga Kurylenko, para la importancia que tiene en el argumento, requería algo más de dedicación para no parecer a veces un comodín de la trama. De los otros pocos secundarios que aparecen he leído quejas, pero estimo que, dado su posición en la historia, no se requería más… aunque ciertamente dejan la sensación de que, ya puestos a exigir, podría haberse conseguido una película aún más grande y compleja si se hubiera ahondado más en la sección de la rebelión.

Algunos han señalado altibajos en el ritmo, aunque si los hay a mí no me han parecido graves… hasta el final, pues la cinta llega más lejos de lo que pienso que debería, y por ello el interés decae. Estoy convencido de que hubiera debido acabar cuando llegan a su objetivo, sin mostrar lo que ocurre dentro, dejando el misterio de a qué se enfrentan en el aire y saltando a la resolución y el epílogo. El epílogo tampoco ha gustado a todos, pero a mí sí: es forma previsible pero bonita de cerrar la historia de amor, y el giro de guion aunque se vea venir se encaja bien. Otro aspecto digno de mención es que a la hora de meter acción se ve que quieren hacer la cinta un poco más comercial y amplían más de la cuenta alguna secuencia: la persecución de naves en los desfiladeros se alarga muchísimo y recuerda demasiado a La guerra de las galaxias. Al hilo de esto último, es indudable que el filme bebe de muchas fuentes, y lo hace estupendamente salvo por algún exceso. Al citado sobre la obra de George Lucas añadiría que la referencia a 2001 es tan evidente e innecesaria que me sobró por completo. Por otro lado, las similitudes con Moon y Wall-E son muy notables en gran parte del metraje, pero supongo que son casuales debido al género y argumento.

Si bien es inevitable pensar que Oblivion podría haber sido algo mejor cambiando algunas cosillas, también pienso que sus limitaciones son pocas y no llegan a deslucir un conjunto sorprendentemente grato, una obra de ciencia-ficción inteligente, que no toma por tonto al espectador, que pretende ser original y lo consigue a pesar de que se le note que toma ideas de muchas partes, y que por si fuera poco está rodada con un gran dominio de la técnica dirigido hacia la obtención de buen arte: es una película original, emocionante, y hermosa. Las producciones de ciencia-ficción de calidad llegan con cuentagotas en un panorama dominado por las secuelas y la acción ruidosa, y por eso, sin ser rompedora o sobresaliente, Oblivion ha sido una de las cintas que más he disfrutado en los últimos años.