El Criticón

Opinión de cine y música

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Hasta el último hombre


Hacksaw Ridge, 2016, EE.UU.
Género: Drama, bélico.
Duración: 139 min.
Dirección: Mel Gibson
Guion: Robert Schenkkan, Andrew Knight.
Actores: Andrew Garfield, Sam Worthington, Hugo Weaving, Vince Vaughn, Teresa Palmer.
Música: Rupert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: La parte bélica es impresionante. Buenos actores secundarios.
Lo peor: Es un panfleto yanki descarado. Resulta simple, manipuladora y predecible.

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Soy de los que prefieren separar la obra de un artista de su vida privada. Más que nada, porque te puedes llevar muchas malas sorpresas al descubrir cómo piensan algunos a pesar de que sus trabajos te hayan gustado mucho. Si su labor tiene un sesgo muy marcado, pues paso de ella y ya está. No voy a irme al lado opuesto y montar campañas para prohibirlas como hacen algunos, porque es lo mismo, fanatismo. Pero a veces es difícil hacer la vista gorda, porque alguna de sus mamarrachadas puede ser tan grave que provoque gran rechazo, o peor, directamente afecte a la vida de mucha gente. Mel Gibson de hecho la lio tanto que prácticamente acabó vetado en Hollywood. Es un ultraconservador, homófobo y antisemita de cuidado, y tuvo algunas salidas de tono muy gordas paralelas a una recaída en su alcoholismo, más una condena por conducir borracho (sin cárcel pero con libertad condicional muy vigilada), con lo que su carrera, muy pública y dependiente del apoyo del gremio, quedó truncada.

Tras aparecer como actor en algunos títulos menores y olvidados parece que consiguió la confianza suficiente para tener financiación y distribución de su próxima cinta como director. Y en este retorno ha tenido claro su objetivo: un título de los que gustan en Hollywood, que dé premios (tres nominaciones gordas a los Globos de Oro por lo pronto), y de paso que ensalce también su ideología, pues a pesar del desprestigio que le dio el berrinche también sabe que mucho de lo que defiende está en la onda del pensamiento general de Estados Unidos.

Así, Hasta el último hombre es el clásico relato del hombre contra el sistema, la fe que todo lo puede, y la loa patriótica, donde se habla de lo dura que es la guerra… pero para ensalzar al país como salvador del mundo, el único que tiene entereza moral y héroes dispuestos a sacrificarlo todo por los demás. Y como tal, es un filme de mirada estrecha y tendencia manipuladora, y por extensión no hay ni un solo momento en que no sea harto predecible. Cada personaje cumple un rol: el protagonista capaz e inquebrantable pero que es tomado por tonto por todos por ser diferente, la chica dócil y guapísima que acepta a ese hazmerreír, el sargento malvado y el matón que luego verán el valor del héroe, la pandilla definida con cuatro estereotipos… Tenemos la familia difícil, el romance fácil (en dos frases la conquista) tan pasteloso y forzado como el de Pearl Harbour, las escenas de rigor de rechazo en el ejército, la obvia lucha incansable que pone a prueba el sistema, el momento decisivo, y los perdones y adulaciones esperables.

Lo triste es que está basada en hechos reales, pero no hacen ni un amago de ofrecer un relato menos idealizado y maniqueo, un ensayo que abordara de forma más realista la situación de la época, la formación de personalidades según los entornos, el nacimiento de sentimientos religiosos y el fanatismo, las distintas posturas sobre la guerra, etc. Para la película las cosas son como son y punto, no hay un trasfondo complejo, y obviamente no hay análisis ni crítica.

Se hace una mitificación del héroe demasiado idílica. Incluso a pesar del tiempo que ocupa, el personaje carece de aristas, de evolución, de escenas que describan cómo llegó a ser quién es. La única visión a su pasado es para ensalzar sus virtudes: el padre era malo malísimo pero él supo sobreponerse. La chica y la boda no pintan nada en el relato, bastaba cumplir con algún flashback a modo de resumen si querían mencionar que estaba casado, porque al personaje y su historia no le aportan nada. Los incluye porque hay que cumplir con el estereotipo: el héroe patriota ha de ser completo, o sea, también padre de familia; por lo menos no cuelan niñitos monos. Es demasiado obvio el contraste entre la vida en el pueblo y la guerra: el ambiente en casa es agradable, luminoso, sacado directamente de un cuento (salvo por el padre borracho), la guerra es oscura, caótica, terrorífica, y con la muerte acechando en todo momento. Por supuesto, los japoneses son un ente indefinido, un mal a extirpar, mientras que el ejército yanqui está lleno de grandes líderes que ponen en forma a los jóvenes inmaduros pero prometedores, y una vez en guerra estos mueren como héroes o salen airosos por su superioridad ética y religiosa, en esa combinación ultraconservadora que casi parece decir “ganamos porque nuestro dios es el real”.

Y vamos a decirlo claramente: si hacemos caso a lo que nos han mostrado aquí, el protagonista era un fanático con un trastorno de la adolescencia (odia las armas por una pelea con su padre), y si acabó siendo un héroe fue por una conjunción de acontecimientos muy improbables. No quiero matar, pero me apunto a una guerra donde mis compañeros matan a decenas de personas y me voy a la batalla sin armas, poniendo en peligro a todo el pelotón al ser un lastre inútil. Si quería contribuir al país, pero no en el lado bélico, podía haber trabajado en fábricas que ayudaran en la crisis que dejó la guerra en casa: industria textil, alimenticia, automovilística… o, por hilar con la enfermería, el cuidado de los soldados que vuelven heridos. Ciertamente acaba metido a enfermero, pero ni siquiera nos muestran que estudie algo de enfermería en el entrenamiento. Es decir, con lo visto aquí me resulta un personaje tan irreal (sin profundidad ni motivaciones, casi una máquina) que no me lo creo. Hacía falta un relato más inteligente, profundo y sobre todo objetivo, es decir, con los pies en la tierra, para dar forma a una historia tan atípica e inesperada. Pero está claro que han cogido “el milagro” para vender ciertos ideales, y lo demás no importa.

La cinta se salva porque los autores ponen mucha pasión en lo que están contando y además Mel Gibson es un narrador de primer nivel y parece que su exilio no le ha afectado. El esfuerzo se agradece mucho en el mimo al detalle. Los diálogos son sorprendentemente ingeniosos para un guion tan superficial y previsible, y se nota mucho la mano de Gibson en la dirección de actores y el manejo de emociones a transmitir al público, con lo que logran dotar de algo de entidad a unos personajes en el fondo sin historia ni rumbo, o sea, puestos al servicio de la narración, y sacan algo de partido, aunque sea poco, hasta de las escenas más ñoñas. Así, la vida en el pueblo es demasiado de color de rosa, pero el protagonista cae bien sin muchos problemas y se sobrelleva mejor. El sargento está sacado con todo descaro de La chaqueta metálica, pero tiene pegada, y el pelotón está definido a base de clichés y anécdotas irrelevantes y superficiales, pero pasa el corte. En los actores destacan los excelentes papeles de Hugo Weaving (en un rol demasiado limitado consigue resultar verosímil) y Vince Vaughn (fantástico como el sargento cabrón), más el entusiasmo de Andrew Garfield, aunque anda todavía falto de experiencia y carisma.

Pero más que nada destaca la pericia del director con la acción, que se explaya a gusto cuando la guerra hace acto de presencia. Apoyado en unos efectos de sonido y un montaje extraordinarios Gibson hace gala de un dominio narrativo de quitarse el sombrero. La batalla es una auténtica pesadilla, te ves envuelto una carnicería que resulta un espectáculo muy gratificante para los amantes del género, pero también un drama capaz de ponerte los pelos de punta. Lo único malo del acabado es la banda sonora de Rupert Gregson-Williams, pues básicamente coge composiciones previas y las pega aquí y allá una y otra vez sin mucho tacto, con lo que no hay una buena simbiosis entre música e imágenes y termina siendo molesta.

En resumen, tengo sensaciones encontradas. Por un lado, es un entretenimiento simpático en su tramo inicial, y se torna impresionante y acongojante cuando se pone serio. Por el otro, le pesa demasiado la sensación de que están metiéndote a la fuerza un mensaje y unos sentimientos concretos. Esto último no parece pesar en las críticas y el público, todo sea dicho; no hay más que ver cómo muchos se han creído que es una obra sobre el pacifismo, cuando es precisamente lo contrario: qué grande es nuestro país que hasta un pacifista puede ser un héroe militar que ayuda a la cruzada para salvar el mundo e imponer nuestro fantástico modelo de vida. Mel Gibson la ha colado pero bien.

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The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro


The Amazing Spider-Man 2, 2014, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 142 min.
Dirección: Marc Webb.
Guion: Alex Kurtzman, Roberto Orci, Jeff Pinkner.
Actores: Andrew Garfield, Emma Stone, Jamie Foxx, Dane DeHaan, Colm Feore, Sally Field.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Si no esperas nada puede resultar entretenida.
Lo peor: Batiburrillo de personajes y tramas bastante inestable. Larguísima y descentrada. Efectos especiales flojos tirando a malos.

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Alerta de spoilers: Si a estas alturas no conoces el momento clave de la relación de Peter y Gwen habrá spoilers gordos. —

He intentado pensar y plasmar cómo es posible que una saga tan innecesaria, intrascendente y estulta puede tener tantísimo éxito, pero no soy capaz de darle sentido. Además, es evidente que las hay peores. El público es así de poco exigente y fácil de atraer a ver las mismas historias una y otra vez. Setecientos millones hizo la primera entrega, otros setecientos la segunda. La tercera y capítulos paralelos ya están en marcha.

Dos horas y veinte minutos de peleas con numerosos villanos, líos amorosos, fantasmas del pasado acosándole, la responsabilidad de ser superhéroe sobre sus hombros… Dos horas veinte y… ¿ha madurado algo el héroe, hemos disfrutado con sólidos y atractivos personajes secundarios, ha dejado la contienda buenos dilemas éticos o tan siquiera ha sido entretenida y espectacular? Nada de nada, todo es intrascendente cuando no trivial. Spidey es un cero absoluto, en interés, carisma y profundidad. Sus motivaciones, pensamientos y luchas internas son superficiales, casi irrelevantes. Tantísimo metraje y no son capaces de mostrar un personaje central fuerte cuyo viaje transmita alguna mísera sensación. A veces ve el fantasma del padre de Gwen, como si quisieran decirnos que arrastra algún trauma, pero ni sus acciones ni su forma de ser nos muestran heridas. Y lo peor es que la evolución como héroe es nula. Empieza como empezó la primera película y acaba igual. Asume el rol de héroe o lo rechaza sin razones de peso, casi aleatoriamente. No parece haber aprendido nada de la lucha, de las pérdidas, de los hallazgos sobre su padre… Han pasado muchas cosas. Pero no ha ocurrido nada.

La química con Gwen sigue siendo completamente inexistente. En parte son los diálogos infantiles, las escenas románticas de serial cutre (Crepúsculo a la cabeza), en parte que los actores no están cómodos en sus papeles. Emma Stone se desenvuelve mejor que en la primera entrega, donde no había manera de creérsela como niña de instituto, pero su simpatía no basta para llenar un personaje tan plano. Andrew Garfield estoy seguro de que vale para más, de hecho en alguna escena está bastante intenso, pero vuelvo a todo lo dicho: su rol tampoco deja margen alguno, y seguramente por ello no son capaces de transmitir verosimilitud en el romance.

Ni punto de comparación con el Spider-Man de Sam Raimi encarnado por el carismático Tobey Maguire, en el que mostraban bien sus numerosos problemas y agobios: los villanos daban más juego (sobre todo en los capítulos 2 y 3), su evolución era más clara, los líos de chicas más variados y jugosos; y Mary Jane no sería fiel al cómic, pero era un personaje sólido y encantador.

El resto de protagonistas son puro adorno para cumplir con el género. Sin dar pie a buenos enfrentamientos y dilemas ni en general servir como punto de inflexión en la vida del héroe sólo ocupan metraje. Electro se define con algún cliché pero apuntaba maneras, y sin embargo no lo aprovechan, enseguida es engullido por el otro gran fallo de la película: la supeditación completa a los efectos especiales. El Duende Verde está en las mismas condiciones: el afligido y lleno de ira Harry Osborn parte de lo básico pero podría haber sido suficiente si se hubiera dirigido hacia alguna confrontación con más enjundia, que todos los pasos que da son de manual.

El guion no sabe manejar tanto como han querido meter. Todos los elementos y clichés del género y del cómic del que nace están presentes, pero ninguno destaca, todos van puestos en fila de mala manera. Los saltos entre tramas, personajes y situaciones no parecen seguir un orden, las secciones no tienen la conexión suficiente para generar en conjunto un relato coherente y atractivo, a duras penas convergen en alguna idea en común. Es decir, parece haber varias películas en una, empieza y acaba dos o tres veces. Rhino sobraba por completo, los guiños o breves apariciones de otros villanos saturan (Octopus, Felicia y otros que no conozco), los saltos entre Osborn y Electro ocupan mucho metraje para lo poco que dicen y su unión llega tarde y no muy bien.

Además, Gwen metida con calzador en el clímax, con diálogos irrisorios y su destino completamente desaprovechado, dejan claro que ni con uno de los momentos más importantes en la vida de Spider-Man saben estar a la altura. El hábil arácnido es capaz de lanzar telarañas en las situaciones más complicadas (la fantasmada en la escalera electrificada cuando se presenta Electro) pero salvando a Gwen falla estrepitosamente. Y las consecuencias de su pérdida son… pasarse meses mirando la tumba, para luego coger el traje y seguir soltando chistes. ¿Vemos alguna transición en el héroe, el evento lo marca o cambia? Ni una pizca, la muerte de la chica se lo han tomado un elemento de la trama con el que cumplir y no le han dado la categoría y consecuencias que merecía.

Otros tantos detalles son muestra de la poca calidad e inteligencia del guion de Alex Kurtzman, Roberto Orci y otros tantos. El discurso absurdo de Gwen de forzado no hay quien se lo trague, la enfermera aprendiz dando órdenes es un intento absurdo y tardío de mostrar la innecesaria evolución de un rol secundario, el prólogo tan largo y el epílogo que parece el inicio de la tercera parte evidencian que no saben ir al grano, sintetizar y ser sutiles. En ese sentido, resulta descarado que recurren a trampas argumentales muy obvias: Oscorp es un comodín multiuso, todos los personajes y tramas surgen o pasan por ahí para ahorrar tiempo y complicaciones y ponerlos rápidamente en la órbita de Spidey.

Para colmo, como espectáculo no luce lo más mínimo. Doscientos millones y los efectos especiales son mediocres tirando a malos, no superan a la primera película de Raimi, que tiene doce años ya. La recreación digital de los personajes (Spidey a la cabeza, pero antención a la horrible inserción de Paul Giamatti en la armadura de Rhino) y de la ciudad deja mucho que desear, los movimientos son irreales, la cámara se pierde en filigranas que aumentan la sensación de inverosimilitud… En la primera entrega me pareció que Mark Webb era un director clásico y serio, no dado al fuego artificial barato, pero ha descarrillado, se ha dejado llevar por el espectáculo vacuo. Todo explota en un clímax final donde hay mucho rudio y luces pero nada de contenido, nada de interés, nada de emoción.

La banda sonora ofrece un giro atrevido, con un Hans Zimmer más experimental que nunca. Me apena que prescindieran de James Horner precisamente cuando había conseguido, después de años de sequía, una partitura distintiva y bien adaptada a cada instante (breve actualización: Horner se salió del proyecto porque le parecía una mierda de película). La obra de Zimmer es original y bastante efectiva en la acción, pero muy impersonal y fría en el resto del filme.

The Amazing Spider-Man:
The Amazing Spider-Man (2012)
-> The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro (2014)

The Amazing Spider-Man


The Amazing Spider-Man, 2012, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 115 min.
Dirección: Mark Webb.
Guion: Steve Kloves.
Actores: Andrew Garfield, Emma Stone, Rhys Ifans, Denis Leary, Martin Sheen, Sally Field.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía.
Lo peor: Guion simple y superficial que además relata una historia de sobras conocida, con lo que no tiene interés… y no parece esforzarse en dárselo.
Detalles: Qué cargantes me resultan tantas pantallitas llenas de imágenes movimiento y que emiten ruido constantemente. ¿De verdad alguien se cree que en una oficina, y más una científica, se trabaja con esa orgía audiovisual en el monitor?

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Sin conocer a fondo lo que ocurrió en los despachos de Hollywood es difícil analizar con certeza las causas por las que se abandonó una saga de éxito entre la crítica y el público para hacer un reinicio muy poco tiempo después, pero es evidente que se debió a una mezcla indeterminada de dos factores, dinero (el presupuesto de Spider-Man 3 se fue de madre y prometía seguir creciendo en siguientes entregas) y egos, (exigencias de actores, productores, compañías involucradas, derechos de autor) que bien merecería un reportaje extenso en alguna revista de cine en vez de los artículos publicitarios escritos con plantilla que hacen. Es decir, es otro caso de productoras cinematográficas que quieren a toda costa más películas de un género o saga de éxito. Les da igual las que ya existen, pueden rehacer, reinventar o reiniciar (la inteligente y trascendental Hulk contra el bodrio comercial El increíble Hulk), o pueden fingir que no existen si no convencen (X-Men: La decisión final y Lobezno no se tienen en cuenta para X-Men First Class y venideras, Superman Returns no cuenta para Superman: Man of Steel), y todo ello por lanzarse a por el dinero rápido en vez de hacer las cosas bien (algo que da incluso más beneficio, como demostró Christopher Nolan con su BatmanI y II-). Así pues, Spider-Man tenía mucho tirón como para estar en la nevera demasiado tiempo.

Las comparaciones son inevitables, así que en todo momento comparo con otras del género, sobre todo con el capítulo inicial de la trilogía de Sam Raimi.

En apariencia da la sensación de que con The Amazing Spider-Man buscaban un acercamiento más oscuro y serio (siguiendo la exitosa estela de Batman, aunque no en un estilo tan trascendental y complejo), pero si bien visualmente es sombría y Spider-Man está más atormentado, lo cierto es que el guion tropieza una y otra vez con detalles que lo alejan de esa idea inicial. Ni el drama ni los dilemas éticos son suficientemente serios y grises, sino estereotipos superficiales y con algunas salidas de tono estúpidas. Lo peor es que el romance juvenil peca de tontorrón y repetitivo, resultando una comedia tan fallida como la de Raimi, y hay salidas de tono difícilmente perdonables: me sorprende que la gente reniegue del logrado baile del Peter malvado en Spider-Man 3 y acepte aquí la irrisoria forma de descubrir los poderes, pues las escenas cómicas en su casa o en el metro son ridículas.
Así pues, al no encajar el contenido con el tétrico aspecto visual, la cinta resulta algo confusa y pretenciosa: finge ser oscura y trascendente pero no lo es.

El desarrollo de la historia sigue todos los puntos esperables y admisibles en el género, pero lo hace con tan poca intensidad y originalidad que no consigue despertar mucho interés. Carece de la fuerza y emoción de obras como Spider-Man 2, de la capacidad para entretener que tenía Iron Man y de la profundidad y riesgo de los Batman de Nolan; eso sí, nunca llega a dar vergüenza ajena como títulos infames del calibre de Los cuatro fantásticos. Cada sección, escena y acontecimiento se ve venir de lejos, y aunque los diálogos y situaciones dan de sobras para construir una aventura digna, esta es incapaz de dejar huella. Y peros tiene unos cuantos. Los personajes son irregulares (luego me extiendo sobre ello) y la aventura no deslumbra en las obligadas confrontaciones entre héroe y villano. Las peleas con el Lagarto son correctas pero nada llamativas: la del puente sabe a poco y el desenlace es muy poca cosa, amén de tener una secuencia que resulta un despropósito: la escena de las grúas. Si los espectadores se quejaban de la conexión de Spider-Man con el pueblo en las de Raimi, aquí se alcanza un nivel de cutrez enorme. Resulta que está herido y se empeña en hacer saltos grandes a los que no llega, en vez de seguir como antes, de edificio en edificio, pero por suerte los currelas se ponen de su parte y le ayudan con las grúas. El tono sensiblero forzado, la casualidad de que haya tanta grúa en fila sin obras a la vista… Es una forma completamente fallida de alargar el clímax y meter la reacción del pueblo ante la presencia de un superhéroe. Y para colmo, cuando llega al edificio de repente se le cura la pierna y puede hacer todo lo que hace un minuto era incapaz.

Andrew Garfield ofrece una interpretación intensa en los momentos más difíciles, logrando hacer creíble a un adolescente con problemas. El problema radica en el personaje. Es demasiado joven para unas cosas (para el actor elegido, para sus geniales conocimientos de ciencia salidos de la nada) y demasiado mayor para otras (los ligoteos de adolescente recién entrado en la pubertad). Este desequilibrio lastra unas cuantas escenas de la película, pues de repente pasa de niñato a genio o de criajo inútil y enrabietado a superhéroe capaz sin que haya una transición visible. Emma Stone no conecta lo más mínimo con su rol (qué forzada está en algunas escenas intentando parecer una niña) y la química con Garfield es mínima, con lo que la relación amorosa no funciona. El Spider-Man y Peter Parker que mostró Raimi fue mucho más equilibrado y a Tobey McGuire se lo veía más cómodo en su papel, y Mary Jane era un personaje con mucha más presencia (interés e importancia) que Gwen, amén de que Kirsten Dunst mostró más vitalidad y carisma y la relación entre ambos transmitía credibilidad y emoción.

Siguiendo con los desequilibrios de los personajes, la cinta falla en otro aspecto crucial: el mensaje de la gran responsabilidad que traen los superpoderes se pierde en una excesivamente larga e intensa ansia de venganza (por no decir que los malabarismos para no repetir la frase estrella “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” resultan penosos). Por mucho que Spidey suelte más chistes que el de Raimi no deja de ser un macarra sin progresión que lo lleve a convertirse en el héroe. Al final se supone que capta el mensaje, pero entonces rompe la promesa de la responsabilidad para ligar con la chica olvidando todo lo aprendido, volviendo así al punto de inicio… ¡Dos horas de película para que todavía no se haya visto al auténtico Spider-Man! En cuanto a los secundarios, los tíos de Peter están un peldaño por debajo de los vistos en la de Raimi, sea porque se los describe mediante clichés o porque no resultan tan simpáticos (tía May es bastante cargante); el Lagarto (Rhys Ifans) es un villano sin carisma (y aun así mejor que el insulso Duende Verde), con una progresión tan previsible y simplona que aburre, con tontadas incomprensibles, como que a su alrededor aparezcan lagartos en cantidad (¿?), y con un final incapaz de aportar nada de emoción ni contenido (¿ha aprendido algo el héroe en la contienda?, nada de nada); el agente de policía y padre de Gwen (un estupendo Denis Leary) resulta más interesante que el villano, ofreciendo puntos de vista más inteligentes (el único momento en que a Peter Parker se le ponen límites morales es en la cena familiar) y atractivos (su destino atrae más que el del Lagarto, aunque sea otro cliché cansino).

En una valoración global, diría que The Amazing Spider-Man llega al aprobado, superando así a la primera película de Raimi, que me pareció bastante más regulera. Es simple y fácil pero entretenida, y es predecible pero no del todo insípida. El guionista Steve Kloves hace más o menos lo mismo que en Harry Potter: escribir un relato superficial y anodino. Por el contrario su acabado visual resulta bastante correcto, con una buena dirección de Marc Webb (el director de 500 días juntos está más centrado que el Raimi inicial) que aprovecha muy bien una fotografía de gran nivel (aunque la obsesión por la iluminación oscura no funciona y le quita varios puntos). Para pasar el rato es un visionado agradable y simpático si se aborda con las exigencias al mínimo… Pero precisamente por estar tan limitada la considero un fracaso. Si llegara diez años atrás seguramente la considerara buena película del género, pero ahora no aporta absolutamente nada, es un remedo insustancial de todo lo visto en el cine de superhéroes hasta la fecha y desde luego es un reinicio incomprensible y absurdo. Para qué hacer un reset cuando tenías armados tan buenos personajes e historias, por qué volver atrás en vez de seguir hacia adelante, por qué en esas condiciones no se esforzaron en hacer algo realmente distintivo y de calidad… The Amazing Spider-Man es una de las películas más innecesarias de la historia. Que la gente fuera a verla al cine dice bien poco del nivel de exigencia del espectador…

… Y de hecho la taquilla fue tan buena que habrá segunda parte. Viendo la poca garra, originalidad y valentía del guion, en principio dudo de que su secuela sea capaz de dar el salto hacia algo interesante y de mayor calidad… pero tampoco esperaba nada en la trilogía de Raimi tras el insulso primer episodio, y luego se convirtió en una saga digna de recordar (II y III), así que quién sabe.

The Amazing Spider-Man:
The Amazing Spider-Man (2012)
The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro (2014)