El Criticón

Opinión de cine y música

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El contable


The Accountant, 2016, EE.UU.
Género: Acción, suspense, drama.
Duración: 128 min.
Dirección: Gavin O’Connor.
Guion: Bill Dubuque.
Actores: Ben Affleck, Anna Kendrick, J. K. Simmons, Jon Bernthal, Cynthia Addai-Robinson, John Lithgow.
Música: Mark Isham.

Valoración:
Lo mejor: Bien rodada. Ben Affleck se esfuerza.
Lo peor: Mezcla de géneros sin coherencia. Ritmo apático. Un final muy rebuscado.

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Warrior tuvo una distribución pésima y nulo apoyo publicitario a pesar de su potencial para ganar premios (épica historia de superación personal, drama familiar intenso, actores espléndidos), es decir, el estudio no se mojó por ella. Pero el boca a boca la mantiene muy viva, sobre todo en internet, y los cinéfilos la tenemos como una obra muy a destacar en los últimos años, y más teniendo en cuenta que en comparación con las tonterías que alaban los festivales de premios más importantes gana por goleada.

Por ello esperaba, y supongo que todos los que la vieron también, que el siguiente título de su realizador, Gavin O’Connor, mantuviera el nivel y de paso corriera mejor suerte. Pero aunque esta vez ha contado con más apoyo del estudio (el doble de salas en su estreno y más publicidad) y ha tenido mejor acogida en taquilla, la calidad es otro cantar. En esta ocasión no ha elegido un guion que dé la talla, de hecho cabe señalar que Bill Dubuque también escribió El juez, otro drama lleno de sensacionalismo barato. Y me temo que, a pesar de la buena labor con la cámara, O’Connor tampoco ha sabido darle la forma adecuada, es decir, potenciar sus virtudes, disimular sus carencias. De hecho me da la impresión de que intenta otorgarle seriedad, reforzar el drama, cuando el argumento tira más por el thriller de acción, lo que precisamente remarca más el desequilibrio.

Inicialmente nos muestra su cara seria, con una historia sobre la vida de un chico autista y cómo en su maduración consigue encajar en la sociedad. Pero de repente pasa a la acción en un giro más chocante que sorprendente, sumergiéndonos en una aventura tipo James Bond y Jason Bourne, con un héroe superdotado y peleas y tiroteos exagerados. En este género la cinta muestra sus carencias: primero, el protagonista no es creíble, segundo, la trama a desentrañar es muy floja, sin sustancia ni intriga.

Lo cierto es que Ben Affleck se esfuerza y consigue estar ranozablemente bien como autista, pero el personaje en sí es una fantasmada en la onda de El protector (The Ecualizer) y se mantiene entre inverosímil y cargante durante todo el metraje. También se remarca demasiado el dilema ético del agente del FBI (J. K. Simmons), otro rol que resulta un tanto artificial, mientras a la vez su ayudante (la desconocida Cynthia Addai-Robinson) queda totalmente desdibujada a pesar de tener mucha presencia. De hecho está claro que estos dos están puestos en el relato únicamente para remarcar el tono conservador tan rancio al estilo El protector: la loa al pistolero solitario, al vigilante nocturno que acaba con los maleantes y tumba las malvadas corporaciones sin un proceso justo y legal. En cuanto a los villanos… es como si no existieran, son meros trámites con los que cumplir y el único recuerdo que dejan es que Jon Bernthal (The Walking Dead, Daredevil) nos tortura con otro papel lamentable.

La historia se va desgranando con unos pocos momentos decentes que consiguen salvarla del abismo de la indiferencia, como la relación con los ancianos granjeros o con la becaria (Anna Kendrick), que aportan un poco de humanidad a un relato muy frío. Pero en el tramo final tratan de combinar un gran pero predecible colofón (típico asalto definitivo a la guarida del malo) con un retorno al drama, y aquí más que nunca la mezcla de ambos estilos falla, sobre todo porque el desenlace es una mala copia del de Warrior, cayendo en un cierre más cómico que emotivo.

Si O’Connor se hubiera decantado por el thriller desde un principio quizá hubiera conseguido una mejor película, una más natural, honesta y equilibrada. Las fallas de ritmo, los cambios de tono, lo previsible y a la vez impostado que resulta todo, lastran demasiado una cinta con potencial que se queda en otra más de acción de ver y olvidar.

50/50


50/50, 2011, EE.UU.
Género: Comedia romántica.
Duración: 115 min.
Director: Jonathan Levine.
Guion: Will Reiser.
Actores: Joseph Gordon-Levitt, Seth Rogen, Anna Kendrick, Bryce Dallas Howard, Angelica Huston, Philip Baker Hall.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: La calidad de los personajes y de los chistes. El realismo y cercanía que transmite el relato.
Lo peor: Algunos altibajos en el ritmo. Exceso de canciones insoportables.
Estreno: No parece que haya intenciones de estrenarla en España.

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Un joven tranquilo, responsable hasta el aburrimiento, se encuentra con que un cáncer amenaza con acabar con su vida en poco tiempo. La nueva situación hará tambalear los cimientos de su existencia. La fría relación con su novia se vuelve ahora tensa, la fidelidad de su mejor amigo será crucial para evitar la soledad, el distanciamiento con los progenitores debe ser analizado en estos momentos difíciles, y sin duda es el momento perfecto para conocerse mejor a sí mismo y dejarse llevar un poco por las aventuras de la vida.

Sus virtudes principales son ciertamente destacables, en especial ese estilo a lo Kevin Smith (diálogos largos de tono realista, con muchas guarradas y referencias a la cultura popular) y el sentido del humor que, aunque no sea constante, cuando aparece funciona muy bien. Los personajes son de calidad, bien definidos, creíbles y muy empáticos, y los actores los manejan con tino. Tenemo a la terapeuta (Anna Kendrick, la conocí en Up in the Air), que dan ganas de comérsela; el compañero fiel (Seth Rogen, el de ¿Hacemos una porno? ), que es la definición de “mejor amigo” más lograda que he visto; la novia (Bryce Dallas Howard, la de La joven del agua), guapísima y también un buen carácter, pues sirve para mostrar otros aspectos de la situación (la pareja que quería dejarlo pero de hacerlo ahora quedaría fatal); y el simpático pero amodorrado protagonista, donde el poco carismático Joshep Gordon-Lewitt (Origen, 500 días juntos) vale para el papel porque el personaje pretende precisamente ser soso, pero no termina de convencerme como actor.

Pero también tiene fallas dignas de mención. Para empezar, es considerablemente predecible, de forma que nunca llegar a sorprender. Se salva porque está bien escrita y los protagonistas enganchan rápidamente, pero el ir por caminos tan facilones le quita emoción y sobre todo capacidad para ganarse un hueco en la memoria. Su ritmo tampoco es perfecto, decayendo en ocasiones más de lo debido. Aunque lo peor de todo es el abuso de canciones ñoñas, horteras y cansinas, que se multiplican para llenar huecos, transiciones de la historia o para despertar sentimientos, algo que resulta demasiado evidente y manipulador.

Aunque me parece que ha sido aplaudida con más entusiasmo del merecido, no cabe duda de que cintas como 50/50 se agradecen, tanto por despuntar en género (la comedia romántica) lleno de títulos tontorrones como porque garantiza un buen rato de diversión. La pega es que, por más que busco, no encuentro fechas de estreno en España a pesar de esas críticas excelentes y el haber optado a muchos premios, incluido el Globo de Oro a mejor comedia.