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La guerra de las galaxias – Episodio IX: El ascenso de Skywalker


Star Wars – Episode IX – Rise of Skywalker, 2019, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 142 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: J. J. Abrams, Chris Terrio.
Actores: Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Anthony Daniels, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Richard E. Grant, Ian McDiarmird, Billy Dee Williams, Keri Russell, Naomi Ackie, Joonas Suotamo, Mark Hamill, Harrison Ford.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La química entre los actores y algunos diálogos y situaciones emocionantes. Efectos especiales y sonoros.
Lo peor: La trilogía, improvisada sobre la marcha, desemboca en un galimatías que intenta contentar a todos: tira demasiado de nostalgia e imitación, de humor básico, de drama subrayado, de ritmo forzado y espectáculo gratuito por encima de una historia bien planificada y de calidad. Es un desastre que roza el nivel de La amenaza fanasma.
Mejores momentos: La dinámica entre Poe, Finn y C3PO, los encuentros de Rey y Kylo.
La frase:
-Poe: ¿Qué haces, 3PO?
-C3PO: Echar un último vistazo, señor. A mis amigos.

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Alerta de spoilers: Hasta próximo aviso solo comento el argumento principal por encima.–

CINE DE DESPACHOS IMPROVISADO VERSUS SERIE BIEN PLANIFICADA

En El despertar de la Fuerza la jugada de mirar atrás para recuperar la esencia de la trilogía original después de la irregular recepción de la trilogía de precuelas corría el riesgo de parecer una imitación descarada y sin personalidad propia de Una nueva esperanza, pero salvo una minoría que lo vio así, el estreno encandiló al mundo, ganándose de nuevo a las dos generaciones previas y atrayendo a una nueva a la saga. Pero en el aire quedaba la pregunta de si seguirían por el camino de la repetición y la nostalgia o si una vez presentado el nuevo ciclo discurrirían por nuevos senderos.

En Los últimos Jedi eligieron avanzar, innovar, tratar de sorprender. Pero parece que esto fue en realidad iniciativa de su director y principal guionista, Rian Johnson, en contra de los deseos de los productores. Estos terminaron metiendo mano y la cinta quedó truncada, con una historia caótica y elecciones narrativas fallidas que lastraban las buenas ideas. El público la recibió con tibieza, y si bien hizo dinero a mansalva por el tirón de su fama, pronto se le sumó el fiasco de Han Solo, donde la desastrosa producción y su flojo acabado pusieron en alerta máxima al estudio y a los fans.

Entonces quedaba claro que esta etapa de la saga, tanto la trilogía como los capítulos paralelos (recordemos que en Rogue One también alteraron cosas a última hora), se ha ido desarrollando en las guerras de los despachos, con productores y realizadores varios jugando a prueba y error hasta que encuentren una fórmula rentable que exprimir, en vez de abordar el proyecto seleccionando a un grupo de guionistas y directores que planificaran bien la historia antes de lanzarse a rodar la primera entrega, y una vez en marcha no cambiar de ideas sin estar seguro de su necesidad y consecuencias.

Las nuevas entregas de esta serie han ido saliendo airosas (sólo Han Solo rozaba el fracaso estrepitoso) porque sus realizadores han mostrado mucho más talante y nivel que los directivos, pero para esta entrega las demandas eran tantas, tan absurdas y contradictorias, la producción tan improvisada y anárquica, que el desastre resultante es enorme.

Unos espectadores amaron El despertar de la Fuerza y odiaron Los últimos Jedi, otros al revés… pero todos se han unido en la decepción que supone El ascenso de Skywalker.

LO QUE SE CONOCE DEL CAÓTICO PROYECTO

El primer realizador elegido, Colin Trevorrow, fue despedido en las primeras fases del guion. El estudio dijo que fue por diferencias creativas, pero quizá él vio el panorama y salió corriendo. De su versión del guion no se sabe nada a la hora de escribir esto. Rian Johnson, autor de Los últimos Jedi, se llevaba bien con el equipo creativo (guionistas varios) pero no con los productores principales (Kathleen Kennedy, Bob Iger, Alan Horn…), y tras el relativo fiasco de su visión terminó despedido, con la nueva trilogía que tenía encargado siendo cancelada. Todo apunta a que su premisa seguiría explorando nuevas opciones, sin rastro de Palpatine y demás imitaciones a El retorno del Jedi.

J. J. Abrams fue traído de vuelta a la desesperada y se le encomendó la tarea de “contentar a todos los fans”. También estaba en contra de la aportación de Johnson, así que pidió permiso para hacer borrón y cuenta nueva y tener control total. Consultó con George Lucas, y entre los dos desarrollaron una historia con mucho material de las series animadas (el universo expandido, lo llaman) y de ideas que Lucas tenía para su trilogía de secuelas que no llegó a realizar (no se veía con fuerzas y edad y vendió a Disney). El villano sería un tal Son of Mortis (encarnado por Matt Smith), pero parece que Palpatine estaba también por ahí.

Pero Kennedy e Iger no estaban contentos con el trabajo que estaba desarrollando Abrams, más cuando él mismo afirmó que difícilmente se podría contentar a todos, y empezaron a exigir cambios sustanciosos, aumentando el tono a lo El retorno del Jedi, dando protagonismo a Palpatine. Algunos dicen que el montaje de Abrams y Lucas habría sido casi completado antes de que Disney hiciera su versión.

INTENTANDO CONTENTAR A TODOS CON GOLOSINAS

Teniendo en cuenta el proceso y que el acabado parece una mezcla de ambas visiones, está claro que tanto unos como otros no han sido conscientes de que la improvisación y las interferencias provocaron la desigual calidad y recepción de Los últimos Jedi y piensan que El despertar de la Fuerza funcionó únicamente por el factor nostalgia. Han eliminado sin miramientos casi todo lo desarrollado en esas entregas para inventarse una historia de la nada, se aferran demasiado a la mirada al pasado y persiguen una narración que abarque todo registro posible para contentar a todo espectador posible. En vez de pensar que esto tenía todas las de tomarse como un insulto hacia los espectadores parecen convencidos de que era lo que necesitaba la saga. ¿No queríais La guerra de las galaxias clásica? Pues nos encasquetan un festín de imitación y referencias aderezados con todos los tópicos del género de aventuras. ¡Que nadie se quede sin su ración de emociones prefabricadas!

Palpatine ha reaparecido con una flota inmensa y amenaza a la galaxia con un nuevo Imperio. Después de tener tanta relevancia, la Primera Orden ya no pinta nada, y el nuevo y atractivo líder Kylo Ren es rebajado ante el omnipotente Emperador. El conflicto entre Kylo y Rey pierde fuelle en la caótica búsqueda del escondite de Palpatine para plantarle cara. Los demás personajes ofrecen un sinfín de aventuras de todo tipo, nos llevan de planeta en planeta saturando con multitud de escenarios de acción, humor, aventuras y romance, muy facilones todos, y además salpicados de añoranza a la trilogía original y referencias mil al universo expandido (resulta que para entender la película al completo tienes que seguir todo el merchandising que van sacando: series infantiles, juegos, cómics, novelas…).

La puesta en escena, habitualmente punto fuerte de Abrams, subraya demasiado lo que debe sentir el espectador (con algunos recursos muy obvios: hay como una decena de planos en que la cámara se acerca al rostro de un personaje para enfatizar tensión o drama), y busca con ahínco epatar con ritmo frenético y efectos especiales.

LO BUENO ES POCO Y DURA POCO

Lo bueno es poco y conforme avanza la proyección se va desvaneciendo, engullido por la narrativa de brocha gorda y el argumento fallido. Basta para salvar el primer visionado, donde puedes encontrar una película de fantasía comercial tonta pero simpática y entretenida, en la lamentable media del género en las últimas dos décadas, es decir, del estilo de El Señor de los Anillos, Piratas del Caribe, Harry Potter y el centenar de variaciones menos conocidas. Se sustenta por el carisma de actores y personajes y por el aspecto visual y el ritmo apabullantes que no dejan tiempo a pensar en su simpleza y carencias.

La búsqueda de pistas sobre el planeta misterioso genera cierta intriga. Los personajes recorren a contrarreloj y desesperados media galaxia, esquivando enemigos, encontrando pocos amigos, deleitándonos con lo habitual en La guerra de las galaxias, lugares exóticos, escenas de aventuras y acción asombrosas.

Poe, Finn y C3PO forman un equipo muy agradable de seguir, mantienen una camaradería inestable muy amena, con tantos roces como trabajo en equipo, y nos deleitan con algunos diálogos bastante graciosos. Rey es adorable, una joven con recursos pero incapaz de centrarse por estar sobrepasada. No veo que sea un personaje muy “Mary Sue” (el favorito del guionista, al que todo le sale bien porque sí, tipo Harry Potter, Frodo…), pues sufre y pelea, falla y aprende constantemente. Kylo Ren y su lucha interna no es menos interesante. ¿Qué bulle en su interior, qué caminos elegirá? El reparto es magnífico, todos los actores están muy compenetrados, y en este episodio en concreto Oscar Isaac está espectacular.

Los secundarios son numerosos y algunos bastante efectivos. Al contrario que a otros, a mí me gusta la aparición de Lando Calrissian, aunque desde luego podría haber dado más de sí. Zorii Bliss (con Keri Russel bajo el casco) resulta entantadora aunque no se le vea el rostro. Los generales Pryde (un inquietante Richard E. Grant) y Hux y los clásicos piques y traiciones entre altos mandos del enemigo son muy efectivos. El muñeco gracioso de turno, Babu Frik, es un puntazo. Por desgracia, Leia tiene un papel breve, pues Carrie Fisher falleció durante el rodaje. Han apañado un final aceptable, aunque no le hace justicia a un personaje tan querido.

Pero su gracia y vitalidad no es suficiente para una saga de la que se espera mucho más, ni para aguantar sucesivos visionados sin que se venga abajo por sus incontables errores de planteamiento, empezando por el abuso de la nostalgia, por las limitaciones de una historia mal trabajada y los agujeros de guion que surgen de ello y del apresurado rodaje. El ascenso de Skywalker no sorprende en ningún momento, ni en argumento ni en desarrollo ni en soluciones, hay personajes muy desaprovechados, y el final es todo fuegos artificiales vacuos.

Con Palpatine me extenderé en la parte con spoilers, baste decir que su presencia ni se sustenta en la lógica ni en lo emocional, sólo provoca sensación de imitación fallida a El retorno del Jedi. Esto arrastra a Kylo y Rey, que pierden interés ante Poe, Finn y C3PO. El arco final de la pareja es bastante flojo y decepcionante, los guionistas desandan lo andado con ellos en lo que llevábamos de trilogía para centrarse en un duelo de acción y efectos especiales muy trillado y nada conmovedor. Y con Poe y Finn, a pesar de su magnetismo y tener unas aventuras muy moviditas, pronto empieza a dar la sensación de que su viaje está demasiado dirigido con giros de guion mal disimulados.

Chewbacca no tiene momentos destacables, y otros secundarios puntuales son más bien molestos, como el robot con forma de secador de pelo y algunos figurantes de la resistencia, que sueltan algunas frases chorras o explicativas sonrojantes. También vuelve a estar presente Maz Kanata sin que expliquen quién es, de dónde sale, de qué va… Su presencia forzada y el halo de “sé cosas, soy importante” resulta bastante cargante.

Cabe preguntarse si una saga de fantasía, más una que abarca toda la galaxia, esto es, con posibilidades infinitas, no podía dar margen a lugares y escenarios más imaginativos y originales que otra vez los dichosos desiertos y bosques frondosos y una guarida del villano oscura, gigante y con un trono chungo, así como ofrecer un poco de renovación en el diseño de las naves, que estamos hartos de los destructores triangulares y, aunque esto es cosa de guion, las armas que destruyen planetas.

John Williams no está al nivel esperado. Sea por tanto trajín en la producción y una narrativa tan acelerada que le impidió trabajar a gusto y desplegar toda su imaginación y versatilidad o porque anda falto de inspiración, la banda sonora es un mero recopilatorio de temas ya conocidos, ni los nuevos lugares y situaciones que mejor venían para explorar sonidos originales se llevan temas llamativos. La amenaza fanasma era del mismo estilo caótico y nos regaló tema tras tema memorable.

En cuanto a efectos especiales y sonoros, estamos ante un trabajo extraordinario, como siempre, mientras que la dirección artística (diseño de escenarios y vestuario) se ve limitada por la falta de novedades.

La dirección de J. J. Abrams es vibrante por lo general, y aunque a veces le pesa la repetición de recursos aquí y allá, el principal problema es el enfoque de la película y el guion. Es difícil perdonarles a él, a Kathleen Kennedy y al resto de productores y guionistas la clara impresión de que toman por tontos a los espectadores, tanto por el pobre intento de complacer con manipulación sensorial (añoranza, lenguaje cinematográfico simplista y efectista) como por romper sin miramientos con lo previamente narrado, incluyendo además puyas descaradas hacia Rian Johnson. Él al menos tuvo una buena visión de cómo hacer avanzar la saga. El relato resultante es muy del estilo de Abrams, pero más en la onda de las dos infames entregas de la reinvención de Star Trek que de la más comedida e inspirada El despertar de la Fuerza: un macguffin ramplón alrededor del que intenta crear mucha expectación, escenas de acción desmedida apretujadas de mala manera, y personajes con gran potencial que acaban asfixiados por los vaivenes de la trama.

Alerta de spoilers: En adelante entro a fondo destripando todo detalle.–
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La balada de Buster Scrugss


The Ballad of Buster Scruggs, 2018, EE.UU.
Género: Western, aventuras, comedia, drama.
Duración: 133 min.
Dirección: Ethan Coen, Joel Coen.
Guion: Ethan Coen, Joel Coen.
Actores: Tim Blake Nelson, Zoe Kazan, Tom Waits, James Franco, Liam Neeson, Harry Melling, Bill Heck, Brendan Gleeson, Tyne Daly, Jonjo O’Neill, Stephen Root, Saul Rubinek, Clancy Brown, Willie Watson, Grainger Hines, David Krumholtz.
Música: Carter Burwell.

Valoración:
Lo mejor: La fuerza dramática de algunas historias, por sencillas que sean. El impecable aspecto visual. El llamativo reparto.
Lo peor: Las partes experimentales rompen el tono y la calidad.
El dato: A pesar de que los medios lo repiten como borregos, todo el proyecto se desarrolló como película, en ningún momento se anunció una serie de la que luego se echaran para atrás.
La frase: ¿Es tu primera vez?

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Los hermanos Coen son una lotería, su personal cuando no experimental filmografía es tan difícil de catalogar como de asimilar, y con tanto riesgo de vez en cuando han cometido algún patinazo bien gordo. Cuando anunciaron una película con seis historias independientes me temí que arrastrara el mismo problema, la irregularidad entre títulos, y no cuajara como conjunto, y me resistí a verla durante un tiempo. Pero finalmente la curiosidad me pudo y le di una oportunidad. Cumple en cierta manera mis temores, pero las partes menos conseguidas no se me han atragantado (a excepción de la última) porque son lo justo de entretenidas y además duran poco, pero sobre todo porque las buenas hacen olvidarlas pronto y dejan muy buen recuerdo global.

Todos los cortos giran alrededor de temas clásicos del viejo oeste tratados en infinidad de novelas y películas (podría citar innumerables posibles referentes), y estas a su vez inspiradas en la historia de aquellos tiempos. Hicieron algo parecido en ¡Ave, César! (2016), donde intentaban abarcar y homenajear distintos aspectos del Hollywood de los años cincuenta, pero el resultado fue caótico e insoportable, mientras que en esta, a pesar de que las historias están separadas, la cosa funciona bastante mejor.

Cada una tiene un estilo muy diferenciado dentro del margen en que suelen moverse los autores. Las mejores están en su línea dramática y de giros funestos, pero sorprenden con un tono muy serio y contenido, mientras que las más flojas son las que tienen más de su humor descabellado y surrealista. En común tienen la fotografía de Bruno Delbonnel y la música de Carter Burwell. El francés Delbonnel deslumbró en Amelie (2001) y venía de hacer buenas migas con los Coen en A propósito de Llewyn Davis (2013). Este es capaz de sacar la belleza más asombrosa de los grandes paisajes, de dar color y alegría en las partes cómicas, y de sumergirnos en un ambiente triste en las más dramáticas. Burwell es un colaborador habitual. Realiza una aproximación muy fiel a la música de la época, con mucha guitarra clásica y violín, y se adapta también a la perfección al tono de cada segmento.

Cabe señalar que es la primera ocasión en que los Coen abandonan el celuloide por las cámaras digitales, aunque según dicen lo hicieron para abaratar costes. Y también decidieron distribuir la cinta por Netflix, con un estreno limitado en dos cines para poder optar a premios (donde les fue bastante bien). Aunque a la hora de la verdad ha sido Roma de Alfonso Cuarón, del mismo año pero con más impacto mediático, la que ha empujado a tratar seriamente el debate de que hay que actualizar las normas de distribución y premios, y por ahora no para bien, porque la industria y muchos autores importantes siguen viendo a las plataformas online como un paso atrás en vez de el futuro inevitable y una mejora en muchos aspectos, el primero, que dan cabida a tipos de cine que las grandes productoras cada vez quieren menos.

LA BALADA DE BUSTER SCRUGGS
Duración: 15 min.

La primera historia puede espantar a muchos. Repasa la típica vida del pistolero del oeste haciendo mención a los escenarios y situaciones más reconocibles con un tono caricaturesco e incluyendo varias canciones. Resulta un relato simpático y tiene un ritmo ágil, pero no veo material como para que pueda dejar huella alguna. El poco conocido Tim Blake Nelson cumple como buen profesional, pero no consigue causar impresión alguna, algo que un protagonista único tiene que conseguir.

CERCA DE ALGODONES
Duración: 12 min.

El segmento dedicado a los atracos a bancos y a los indios se inclina por acción ligera y la comedia estilo slapstick (tortas y enredos violentos). James Franco como el bandido y Stephen Root como el banquero pillan el tono absurdo muy bien. El atracador se mete en una serie de líos de los que no parece poder salir, y a cada nuevo embrollo le sigue un giro ingenioso, hasta acabar en un tramo final tronchante. ¿Es tu primera vez? Lo malo es que resulta aún menos trascendente que la anterior. Se ve muy bien, pero se olvida muy rápido, tanto que al ponerme con un segundo visionado ni recordaba que existía.

EL MANTENIDO
Duración: 20 min.

De lo más loco pasamos a lo más serio y trágico. Un feriante (Liam Neeson) malvive con lo que saca exhibiendo a un actor desgraciado sin piernas ni brazos (Harry Melling y un buen trabajo de efectos especiales). El ambiente melancólico y desesperanzado se contagia rápidamente. La vida es una agonía interminable, sufrir un día eterno y agotador tras otro para obtener algo que comer y esperar con resignación otro amanecer. La angustia se contagia con bastante intensidad, no es agradable de ver. El final es demoledor y deja muy mal cuerpo.

EL CAÑÓN DE ORO
Duración: 21 min.

Inspirada en la obra de Jack London. Seguimos las andanzas de un anciano que viaja en solitario a tierras inhóspitas en busca de oro. Por suerte, este segmento empieza despacito, introduciéndote poco a poco en la aventura del buscador, con lo que da tiempo a salir del hechizo funesto del anterior. El peculiar cantautor (nunca he conseguido cogerle el punto) y a veces actor Tom Waits encandila pronto con sus vivencias, los paisajes quitan la respiración, el proceso de encontrar oro resulta muy ameno. Parece que estás ahí con el vejete, silbando mientras cava. El relato resultante es sencillo pero encantador, precioso en algunos tramos.

LA MUJER DESCONCERTADA
Duración: 38 min.

Inspirada en la obra de Stewart Edward White. Los inmigrantes buscan tierras donde encontrar una vida mejor, viajando en grupos de caravanas. Pero la conquista del oeste no es fácil, hay que abandonar lo conocido y enfrentar muchos retos. La joven Alice (Zoe Kazan) vive cada día sin saber qué le deparará el siguiente. Hay baches inesperados que tiran al traste sus débiles esperanzas, y otras nuevas surgen cuando menos pensaba. Encuentra un apoyo fortuito en dos guías de su partida, el anciano silencioso encarnado por Grainger Hines y el joven atento en manos de Bill Heck. ¿Conseguirá salir adelante con su apoyo?

Es la historia más larga y compleja, tan buena y hermosa que acabas con ganas de que le hubieran dedicado una película completa. Un sinfín de anécdotas, conflictos y sentimientos exponen cómo era la vida de la época con gran naturalidad, absorbiéndote por completo de principio a fin. Familias y matrimonios, esperanzas y miedos, los distintos problemas del camino, las vueltas imprevistas del destino… La joven desvalida se hace querer, desearías estar ahí para ayudarla. Los guías, con personalidades dispares, son muy atractivos también. La puesta en escena saca todo el partido de los grandes paisajes, y bien que sudaron los Coen rodándola. Y el final es inolvidable.

LOS RESTOS MORTALES
Duración: 15 min.

Pasamos de todo lo alto a estrellarnos en un enredo psicológico que desentona mucho y aburre más. En una diligencia, los cinco pasajeros hablan de sus vicisitudes. Distintas visiones del mundo se entrecruzan con diálogos bastante inteligentes y con profundidad por lo general, pero tan enrevesados y por momentos pedantes que parecen muy artificiales. La puesta en escena es lo contrario a lo visto en el resto de la cinta: canta mucho que se rodó en estudio, resulta demasiado cutre. Las lecturas que se pueden sacar sobre la vida y la muerte son interesantes, pero no sé yo si merece la pena tragarse tanta cháchara para llegar a conclusiones que a la hora de la verdad no impactan tanto.

Este último corto pone de manifiesto que La balada de Buster Scruggs habría funcionado mucho mejor con mayor coherencia estilística, más concretamente si hubiera mantenido las formas serias de las tres historias centrales. Estas realzan tanto el conjunto que muchísimos medios la incluyeron entre las mejores películas del año.

Mortal Engines


Mortal Engines, 2018, EE.UU., Nueva Zelanda.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 128 min.
Dirección: Christian Rivers.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, Philip Reeve (novela).
Actores: Hera Hilmar, Robert Sheehan, Hugo Weaving, Ronan Raftery, Jihae, Leila George, Patrick Malahide, Stephen Lang.
Música: Junkie XL.

Valoración:
Lo mejor: Diseño artístico asombroso y efectos especiales a veces espectacualres. El reparto es muy competente, y los personajes algo mejor trabajados de lo habitual.
Lo peor: El potencial inicial se diluye rápido, y acaba siendo predecible y teniendo algunos bajones de interés y acabado importantes.

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Es asombroso como, en la maraña de títulos comerciales de fantasía y acción, el público y a veces los medios son capaces de encumbrar el enésimo clon cansino y estúpido y al mes siguiente hundir otro de igual características y calidad. Mortal Engines apenas ha recaudado 80 millones de dólares mundiales y la han puesto a parir, mientras que sus hermanas espirituales Ready Player One (Steven Spielberg, 2018) y Alita: Ángel de combate (Robert Rodríguez, 2019) han rondado los 500 y conseguido críticas más que decentes. Sin duda no es una buena película, pero tampoco resulta un engendro anodino y por momentos vergonzoso e insultante como aquellas. Al menos Peter Jackson y sus compañeras intentan aportar algo y cuentan con talentos varios entre sus artífices que logran sumar unas décimas aquí y allá. Esto me sorprende bastante, dado lo poco que se han venido esforzando desde el éxito de El Señor de los Anillos.

En cierta manera es otra vez el sempiterno viaje del héroe, el despertar ante un sistema opresor y la confrontación contra el villano a través de varios de los pasos típicos, pero aprovechando el tono de distopía literaria consiguen alejarse de los clichés más rancios y conferir a la historia un tono más oscuro. Supongo que ese extra de complejidad estará en la novela, pero también podían haberlo simplificado y destrozado como se ha venido haciendo desde El Señor de los Anillos a Alita en incontables ocasiones.

La situación de los protagonistas y la sociedad engañada por los poderes es del estilo de Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932), Fahrenheit 451 (Ray Bradbury, 1953) y otras. Quienes luchan y traen el cambio no están representados por los héroes impolutos y decididos de siempre, son dos personas con su propia agenda y que por casualidad acaban en el ojo de la tormenta y ahí terminan siendo relevantes en el cambio global. Hester Shaw (Hera Hilmar) sólo busca venganza, no le importaba nada hasta que poco a poco empieza a sentir algo por su inesperado compañero de aventuras. Tom Natsworthy (Robert Sheehan) cree que algo va mal en la sociedad, pero hasta que es expulsado de ella no encuentra la determinación para cambiar las cosas. En otro giro inesperado, los productores han optado por buscar actores poco conocidos en vez de estrellas con tirón pero de poca calidad. Tanto Hilmar como Sheehan tienen encanto y buen hacer de sobras como para que te intereses por su odisea rápidamente. Temo que el fracaso de la cinta puede haber frenado sus carreras.

Más ambigüedad encontramos en el mundo presentado. No tenemos una clara y facilona distinción entre el bando bueno y el malo, la luz y la oscuridad, sino que el sistema político y social es más complejo. Cada pueblo y grupo hace lo que conoce y lo que necesita para sobrevivir, sin plantearse alternativas más éticas, como en la vida misma. El villano principal no es una etérea y fantasiosa representación del mal, sino un iluminado con motivaciones medio trabajadas. Desde luego no puede sorprender, pero al menos no es un cliché insoportable y se realza con la intensa interpretación de Hugo Weaving, de las mejores que ha dado.

Sin embargo, esas virtudes iniciales no se extienden al resto de personajes y al desarrollo de la historia, tras un prometedor primer acto el relato empieza a agotar su poco combustible y para el tramo final ha perdido mucho fuelle.

Da la impresión de que han incluido a varios roles secundarios porque estaban en la novela, pero terminan aportando bien poco. La rubia estirada (Leila George) no hace nada tangible a pesar de ser la hija del malo, y el pijo que parecía rival del protagonista (Ronan Raftery) aparece de vez en cuando y cuesta acordarse de quién era, y finalmente tampoco hace mucho. Aparte está la criatura asesina que meten a media película a soltar hostias sin venir a cuento, con la que intentan forjar una conexión emocional a través de la protagonista, pero que desde luego no funciona, queda como un pegote absurdo que consume demasiado tiempo. La pena es que su diseño es alucinante. Además, es imposible no pensar que el tiempo perdido con el monstruito podían haberlo dedicado a los personajes que se van juntando hacia el final para luchar, incluyendo los asiáticos, que quedan como como atontados mientras los protagonistas manejan la ciudad a su antojo; por ejemplo, la que lleva la aeronave, Anna Fang (Jihae), se limita a soltar cuatro frases grandiolocuentes tan forzadas que resulta cargante, y del resto del grupo te importan bien poco sus destinos.

La trama abandona sus promesas y acaba bastante encorsetada en lo más básico de ambos géneros, fantasía y distopía. Unos cuantos giros de esos en que les caen las revelaciones y soluciones encima a los personajes (la escalera que los lleva sin esfuerzo al lugar inaccesible, la reunión con el grupo de rebeldes, la previsible clave final) lanzan una batalla que no tiene sustancia, satura con mucho fuego artificial pero sin una gota épica ni drama. Y por supuesto, no tiene un desenlace definitivo, porque querían hacer secuelas.

El diseño artístico de la recreación de universo planteado es impresionante, y mira que a estas alturas es difícil sorprender. Es cierto que al resultar un mundo tan fantasioso puede costar entrar, pero los primeros planos de las ciudades móviles quitan la respiración con la combinación de decorados, efectos digitales y vestuario. Sin embargo, en otras muchas situaciones los distintos métodos no se terminan de integrar del todo, y termina pareciendo un videojuego. Las escenas en la naturaleza en la huida de la pareja protagonista deberían haberse realizado en exteriores, se notan mucho los decorados de cartón piedra y las pantallas de fondo, y en el primer ataque del zombi los fondos cantan aún más.

Pero lo que realmente frena su potencial como superproducción de las dejarte anonadado es la falta de experiencia del director Christian Rivers, o la mala experiencia y vicios adquiridos trabajando para Peter Jackson, pues viene de su equipo artístico. La repetición de tics y errores (el mismo tráveling para presentar cada nuevo escenario, demasiado plano aéreo, poca visión global en las partes más complejas, que mezclan planos de distinto estilo sin ton ni son) se traducen en una dirección torpe y caótica, lejos de referentes recientes del género como Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015). Y termina de venirse abajo por la falta novedades en guion y soluciones visuales de la pelea final; hay instantes calcados de El señor de los Anillos, La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977) y Matrix Revolutions (hermanas Wachowski, 2003). Tampoco ayuda la ruidosa banda sonora de Tom Holkenborg (o Junkie XL, como se hace llamar); parece que la notable Mad Max: Furia en la carretera fue un caso aislado en su floja discografía.

También cabe comentar un detalle mosqueante. Se empeñan en señalar un trauma en la protagonista, pero encaja tan poco que no te lo crees de ninguna manera. Se tiran media película diciendo que es fea y deforme, cuando es un bellezón de cuidado y ahí todo el mundo tiene heridas y cicatrices por la dura vida que llevan. En Ready Player One teníamos un caso igual de absurdo.

Hellboy


Hellboy, 2019, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 120 min.
Dirección: Neil Marshall.
Guion: Andrew Cosby, Mike Mignola (cómic).
Actores: David Harbour, Milla Jovovich, Ian McShane, Daniel Dae Kim, Sasha Lane, Alistair Petrie, Sophie Okonedo.
Música: Benjamin Wallfisch.

Valoración:
Lo mejor: Maquillaje y efectos especiales de buen nivel (salvo un par de excepciones) y una buena labor de dirección exprimen al máximo el escaso presupuesto.
Lo peor: Guion esquemático, personajes sin carisma, trama sin rumbo, y un horrendo montaje final forzado por los productores que frena aún más su potencial.

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La nueva adaptación del cómic Hellboy (Mike Mignola, 1993) es la típica película de ir hacia adelante sin que nada concreto pase, sin que nada cale. Cada nuevo escenario es resuelto por un giro mágico, y este nos dirige a otro sitio rarito donde otro tipo rarito dará nuevas explicaciones. Mientras, no hay un arco dramático de personajes con el que conectar, estos no hacen un esfuerzo real más allá de recibir hostias ni muestran unas motivaciones claras y atractivas.

Y ojo, las dos entregas anteriores de Guillermo del Toro en cierta manera también eran así. La sobrevalorada primera parte no es que sea mucho mejor que la presente, sólo se salva porque los directivos no le metieron mano empeorándola otro poco y restándole personalidad. La segunda sí apuntaba más alto, aunque tampoco como para dejar huella. Creo que esta aclaración es muy necesaria, porque para criticar esta nueva versión muchos están realzando demasiado las antiguas, cuando en su momento se tildaron de flojillas y hasta la llegada de esta estaban muy olvidadas.

La pena es que aun observándose un trabajo de dirección por parte de Neil Marshall claramente superior al de Del Toro, el acabado final dependiera de los obtusos ejecutivos del estudio y desmerecieran mucho su esfuerzo. Mientras que la obra del mejicano, sobre todo en la primera entrega, tenía un aspecto de telefilme y unas peleas muy toscas donde no se entendía nada, y eran el diseño artístico y el buen acabado de los efectos especiales los que salvaban el aspecto visual, esta nueva versión muestra mucho más talento tras la cámara. Marshall (The Descent -2005-, Juego de tronos -2011-) apuntaba maneras con un acabado esta vez sí digno de cine y unas peleas espectaculares, sobre todo la de los gigantes, que resulta asombrosa.

Pero su labor se fue viendo lastrada durante todo el rodaje por los típicos productores engreídos y megalómanos, y estos terminaron tomando el control de la postproducción, rematando la cinta con un esa narrativa precipitada y caótica que tanto gusta a quienes viven del cine sin saber de cine. El montaje resultante es horrendo, no deja respirar al relato y los personajes. Todo ocurre atropelladamente y se adorna con música en cantidad (ni una canción llega a pasar de los treinta segundos de duración). Y probablemente eliminaron escenas y alteraron otras que presumiblemente darían mejor ritmo y más profundidad y coherencia al relato. De esta forma, la obra estrenada da la sensación de ser un resumen, una muestra de un material sin terminar.

Sin embargo, creo que no se puede echar toda la culpa al estudio. Por mucha mano que hayan metido, en las bases del relato se nota que sus autores, tanto Marshall como el desconocido guionista Andrew Cosby (la serie Eureka -2006- es lo único que ha hecho), estaban desaprovechando un material con muchas posibilidades. Como señalaba, el guion no perfila unos personajes sólidos y la historia es el típico galimatías improvisado para lucir escenarios de fantasía y acción que puebla el cine desde principios del milenio. Cuánto daño han hecho Harry Potter, El Señor de los Anillos y Piratas del Caribe.

La figura de Hellboy tiene algo de su esencia, esto es, un individuo especial que anda entre dos mundos y no termina de encontrar su camino. Pero se quedan en unos mínimos muy poco llamativos que no remontan ni con sus forzadas dudas de lealtad. En la versión de Del Toro se veía mejor su falta de arraigo y sus roces con los demás personajes. Pero si aquella tenía secundarios muy pobres y muy vistos, esta anda aún más escasa. El profesor Broom es completamente intrascendente, te olvidas de él en cuanto deja de salir en pantalla. Hasta un talento como Ian McShane (Deadwood, 2004) está totalmente desubicado en tan anodino rol. Si la chica de turno era sosa en las anteriores, la de aquí, una médium interpretada por la desconocida Sasha Lane, es aún más aburrida, y también confusa, por su torpe presentación donde parece que se han saltado alguna escena. Allí teníamos colegas del trabajo y villanos secundarios estrafalarios pero de escaso recorrido dramático (Sapien, Rasputín y demás), aquí más o menos lo mismo, con esa secta y el cerdo parlante que entran en pantalla sin ton ni son. Sólo destaca el agente encarnado por Daniel Dae Kim (Perdidos -2004-, Hawai 5.0 -2010-), pero su historia se ve venir de lejos. Además, hay una decisión muy rara: como punto de partida del viaje de Hellboy nos encontramos con que muere un compañero suyo… pero claro, sin conocer la relación, por mucho que lo mencione no podemos empatizar con él y su pérdida. Como villana principal tenemos a Milla Jovovich (El quinto elemento -1997-, Resident Evil -2002-) haciendo lo que puede con un personaje bien plano (el típico destructor de mundos sin motivos claros) y un escote imposible, pero no hay donde rascar y no impresiona lo más mínimo.

Contribuyendo a la falta de carisma de Hellboy está su mejorable maquillaje. Parece estar enfermo, y parece que la cámara intenta esquivar su fealdad y falta de carisma, pues no termina una frase entera en el mismo plano. No puedo decir si David Harbour está bien o no, se han cargado el potencial de su interpretación.

Pero lo del maquillaje es aún más extraño, porque Hellboy no convence, pero en otros personajes resulta asombroso. El diseño y el acabado del cerdo y la bruja fea son espectaculares. Y en cuestión de efectos especiales también funciona muy bien a pesar de su escaso presupuesto, destacando los gigantes y los monstruos del infierno. Así, en cuanto a criaturas fantásticas supera a muchas superproducciones del género, como El Hobbit (Peter Jackson, 2012). Por eso mismo choca otra incomprensible excepción: los fantasmas de los muertos tienen un diseño rarísimo y un acabado digital lastimero.

En cuanto a música, la selección de canciones es facilona y un pegote muy artificial, y la original de Benjamin Wallfisch intenta ser roquera y épica pero se queda un poco en tierra de nadie.

En un aspecto sí aventaja mucho a las anteriores: tiene la sangre y tacos que exige este particular universo. Aquellas nacieron como cintas para mayores de trece años, escondiendo toda la violencia y malas palabras de manera muy evidente y cutre, mientras que esta va a por la restricción para adultos sin miedo… Eso sí, hasta que vieron su fracaso y, al menos en España, decidieron estrenar una versión censurada para rapiñar unas pocas entradas. Como es de esperar, el tiro les salió por la culata, pues internet hirvió de quejas y la taquilla fue igualmente un desastre.

Todo junto contribuye a la sensación de que Hellboy es una película hecha y rehecha sobre la marcha y estrenada sin acabar. No llega a ser un desastre al nivel de The Predator (Shane Black, 2018), pero es otro insulto al cine y al espectador.

Ártico


Arctic, 2018, EE.UU., Islandia.
Género: Aventuras.
Duración: 98 min.
Dirección: Joe Penna.
Guion: Joe Penna, Ryan Morrison.
Actores: Mads Mikkelsen, Maria Thelma Smáradóttir.
Música: Joseph Trapanese.

Valoración:
Lo mejor: Una de aventuras clásica, sencilla pero efectiva. El carisma de Mad Mikkelsen.
Lo peor: De clásica resulta demasiado predecible, y el final un tanto manipulador.

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El danés Mad Mikkelsen es uno de esos actores por los que me lanzo a ver casi cualquier cosa que haga. Ya lo conocía de antes, pero en la serie Hannibal (Bryan Fuller, 2013) se convirtió en uno de mis favoritos. Y sin encima me ofrecen una de aventuras con sabor a clásico, más tienen mi atención.

El director y guionista brasileño Joe Penna empezó en Youtube con un canal de humor y música, pasó a hacer algunos anuncios, luego cortos y series, y finalmente ha saltado al cine con esta Ártico. Es una coproducción entre EE.UU. e Islandia, y se estrenó en Cannes en 2018, avanzando lentamente por el resto del mundo. En España tiene previsto estrenarse el 31 de mayo, pero dudo que lo haga en muchas salas.

Un piloto estrellado con su avioneta en el ártico intenta sobrevivir en la hostil naturaleza mientras espera el rescate. El rodaje duró 19 días, pero son suficientes para que Mikkelsen se refiera a él como el más duro de su carrera. Desde luego, lo da todo en la representación de un aventurero (pronto descubrimos que no es la primera vez que enfrenta una odisea semejante) que no pierde el valor ni las ganas de vivir le caiga lo que le caiga encima. Poco diálogo, hermosos e inhóspitos paisajes, lucha constante en distintos escenarios, un par de giros inesperados que ponen las cosas más difíciles… La cinta mantiene buen ritmo y la expectación bastante alta en su primera mitad.

La pena es que no es capaz de ir creciendo, e incluso se diluye en el tramo final. Para empezar, me hubiera gustado que la chica con la que carga interactuara con él al menos un tiempo, en vez de estar inconsciente todo el tiempo. Habría dado más juego a la parte central y reforzado la conexión con el espectador en las penurias de la pareja, porque una vez inmerso en el viaje en busca de salvación ya no hay novedades. Conocidos el personaje y sus habilidades y pasados los primeros retos, Penna no es capaz de mantener la tensión, cada nuevo problema llega sin aportar algo más que subir el listón de las dificultades gradual y previsiblemente.

El desenlace no podía sorprender, pero lo hace para mal. Sabiendo que no había mucho margen debería haber ido al grano, pero en vez de eso el realizador intenta forzar el drama con sensacionalismo barato, amagando con si hay rescate o no de forma burda.

Con todo, resulta bastante entretenida si te gusta el género.

Los Increíbles 2


The Incredibles 2, 2018, EE.UU.
Género: Aventuras, superhéroes, comedia.
Duración: 118 min.
Dirección: Brad Bird.
Guion: Brad Bird.
Actores: Craig T. Nelson, Holly Hunter, Sarah Vowell, Huck Miller, Catherine Keener, Bob Odenkirk, Samuel L. Jackson.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene. La mejora en la recreación de las ciudades es notable.
Lo peor: Es una repetición paso por paso de la primera parte, con más estereotipos, más giros facilones, más agujeros de guion, y un galimatías ideológico mayor.

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Es alucinante las pocas ganas que han puesto en la secuela, o dicho de otra forma, es descarado que han ido a hacer caja repitiendo lo que dio buenos resultados hace catorce años. Es decir, que es un remake, no una secuela. Y de una cinta que ya iba justa en calidad. Pero al público no le importó entonces y no le ha importado ahora, porque el éxito de esta jugada ha sido extraordinario, recaudando mil doscientos millones de dólares en todo el mundo.

Acabamos la primera entrega con la familia unida y la sociedad a punto de aceptar a los héroes de nuevo. Yo esperaba que hubieran pasado esos catorce años, con los niños crecidos y una nueva historia en un mundo que ha cambiado, pero empezamos en ese punto para de repente deshacer todo lo andado en el prólogo y en adelante repetir la misma historia y el mismo viaje de los personajes casi paso por paso.

Lo único que cambia es la presencia prominente del empresario que los ayuda, pues en el episodio anterior iban más por libre. Pero el enemigo, la confrontación, la unión gradual de la familia y el cambio en la sociedad son calcados. El villano ahora es mujer, pero es la misma figura: una genio con la tecnología resentida porque los héroes no estuvieron ahí para ella de chica, y se monta una intriga de supervillano de James Bond para humillarlos. Los escenarios donde desarrollar la aceptación a sí mismos y reforzar los lazos familiares son prácticamente los mismos. Tan escasa es la imaginación que tenemos otra vez carreras en monorraíl, la guarida del malo, la visita a Edna… Por cierto, en la primera parte se reían del tópico del villano que relata su plan al bueno en vez de aniquilarlo inmediatamente, dándole tiempo así para escapar y una ventaja luego, pero aquí caen en el cliché con todo, sin darles vergüenza alguna.

La animación ha mejorado, obviamente, ofreciendo planos de la ciudad impresionantes, y por el lado contrario, por suerte han mantenido la estética de los personajes, sin actualizar con detalles innecesarios. En cambio, esta vez la música de Michael Giacchino está menos inspirada, le falta pasión.

Sus bazas son de nuevo la simpatía que despierta la familia, a pesar de que cada figura es un estereotipo bien ramplón, y la velocidad con que se desarrollan los acontecimientos. Con ello la cinta resultante es sin duda es entretenida, pero le sigue pesando la forma de parodia poco imaginativa y poco meditada en el contenido (en seguida me extiendo), y ahora se agravan sus carencias con la sensación de que todo está visto y se cuida menos la coherencia y las formas. De esta manera, el desgaste va haciendo mella, y para cuando estalla la confrontación final en el barco estaba bastante desconectado: es la cuarta escena en que tienen que evitar que un vehículo se estrelle (taladradora, monorraíl, avión y barco), y la dejadez se hace patente con una serie de agujeros de guion tan evidentes que me hicieron torcer el gesto: sabiendo de antemano lo de las gafas, ¿de verdad no se le ocurre a los niños quitárselas a sus contrincantes? La chica invisible y el niño híper rápido lo tenían bien fácil, pero incluso con gente derrotada a sus pies no se las quitan, así que pasan de resueltos e inteligentes a estúpidos, todo por alargar el clímax con infinidad de enfrentamientos repetitivos.

Mención aparte merece el subtexto, el mensaje, más marcado y confuso que en la primera parte y que ha dado a un mayor número de análisis y quejas. De primeras parece que pretenden una loa al feminismo, como para estar en la onda actual, y algunos lo han defendido mientras otros critican que sea tan evidente… Pero a mí me resulta muy extraño. O es una chapuza enorme, o han pretendido exactamente lo contrario, un intento de ridiculizar y anular el mensaje.

Lo machacón y lo burdo priman sobre lo sutil. Toda la doctrina feminista se construye a base de reírse de la figura del hombre con tópicos muy rancios: el marido relegado en las misiones porque es un bruto y las mujeres son más delicadas y la patética representación del padre torpe en casa parecen un chiste salido de madre más que una enseñanza bien expuesta. Y conforme avanza la proyección empieza a crecer la sensación de que se busca ridiculizar el feminismo: los diálogos entre las dos mujeres protagonistas resultan tan engreídos que en vez de realzar su inteligencia las convierte en narcisistas e irresponsables, por abrazar el placer inmediado dejando de lado sus obligaciones. Al terminar, al menos para mí, queda claro que no se busca normalizar que ella trabaje fuera y él en casa, pues se reincide en que es un parche temporal, una tediosa y humillante obligación para uno y una forma de escape para la otra hasta que se arregle la situación y puedan volver “a la normalidad”. Pero por si todavía había dudas del tono conservador, se les ve el plumero a lo grande cuando sale a la palestra la defensa del capitalismo ultraliberal, con el empresario millonario que con una moral superior a la de la plebe y al incompetente estado es quien salva el país, mientras que su hermana, moderna y reivindicativa (de pelo corto y con una colega de pelo azul, y atención a sus ojos de fumeta), es una resentida convertida en terrorista que usa los medios como arma de manipulación y quiere derribar el sistema.

Lejos de la nueva obra maestra que se empeñan en ver algunos, Los Increíbles 2 está más bien cerca de resultar un despropósito, y su mensaje, sea por malogrado o por obtuso, resulta chocante.

Los Increíbles


The Incredibles, 2004, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 115 min.
Dirección: Brad Bird.
Guion: Brad Bird.
Actores: Craig T. Nelson, Samuel L. Jackson, Holly Hunter, Samuel L. Jackson, Jason Lee, Spencer Fox, Sarah Vowell.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Trepidante y divertida.
Lo peor: Muy simplona y predecible, y a veces no parece para niños.

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Brad Bird llevaba desde Cuentos asombrosos (1985) escribiendo y dirigiendo, sin terminar de tener éxito ni tan siquiera una carrera estable, hasta que dirigió El gigante de hierro (1999) y llamó la atención de la industria. En Walt Disney y Pixar lo seleccionaron para que encabezara su próximo proyecto, Los Increíbles (2004), y luego repitieron con Ratatouille (2007) y la secuela de la anterior (2018). En imagen real ha corrido desigual suerte, pues Misión imposible: Procotolo fantasma (2011) funcionó pero Tomorroland (2015) fue un sonado fracaso.

Después del despliegue de imaginación de todas las producciones nacidas en Pixar hasta el momento (Toy Story -1995-, Bichos -1998-, Toy Story 2 -1999-, Monsters S.A. -2001- y Buscando a Nemo -2003-), Los Increíbles fue un gran paso atrás, y luego además dieron otro más con la insulsa Cars (2006). Quiero creer que se debió a la cada vez mayor implicación de Walt Disney en la producción, que terminó con la absorción de la compañía de la lámpara en 2006.

Estamos ante una parodia de los superhéroes y de James Bond, dos géneros que se asemejan mucho (supervillanos, superguaridas). La familia protagonista y su amigo Ozono beben evidentemente de Los 4 Fantásticos (Stan Lee, Jack Kirby, 1961), pero se juega con todo el género, combinando chistes y caricaturas básicas (las inútiles capas de los trajes) con un trasfondo que parece más trabajado. La responsabilidad con la sociedad y los líos legales chocando con las obligaciones en casa como punto de partida es atractivo, tanto que parece una premisa demasiado adulta, sobre todo con la de chistes sobre el matrimonio que vemos.

Sin embargo, se decanta rápido por derroteros más sencillos, por una fábula familiar de toda la vida. Todo se basa en trillados conflictos paterno filiales y de responsabilidad, pero nos ahogamos en chistes tontos, sin que hallemos giros ingeniosos que aporten algo de novedades. En la parodia de género donde se sumerge la odisea ocurre lo mismo, se ve cada vez más limitada en gracia e inteligencia. Una vez llegamos a la isla no hay más que rascar: el villano, la guarida, la unión de la familia y la confrontación final de vuelta en la ciudad dejan la sensación de que productores y guionista se han esforzado muy poco.

Pero dejando de lado la falta de ambición, funciona bien como entretenimiento. La familia resulta muy simpática, el humor y la acción danzan a la par en una aventura muy movidita que entra bien aunque se vea venir de lejos. Destaca a lo grande Michael Giacchino, cuya espectacular partitura realza hasta el escenario menos llamativo. La animación es buena, pero un poco irregular y menos espectacular que en los títulos anteriores: hay planos muy parcos en la ciudad en contraposición con el buen trabajo en la selva.

Por otro lado, en rango de edad queda una obra un tanto ambigua. Creo que querían llegar por igual a adultos que a niños, pero una cosa es que los críos no pillen todas las referencias a la cultura pop y otra que por momentos resulte asombrosamente macabra (armas de fuego, muertes en cantidad) o extrañamente erótica (los citados chistes del matrimonio se pasan mucho de rosca).

También se criticó en su momento que parece vender una perspectiva demasiado conservadora de la familia, la sociedad y la política. De hecho, fue elegida en 2009 como la segunda mejor película conservadora de los últimos 25 años por la revista National Review, dedicada a promocionar dichos valores. Encontramos que, tras luchar contra el trabajo monótono y corrupto del padre y el aburrimiento en el hogar de la madre, lo que aprenden es a quererse y a ser felices como familia, y así se supone que todo queda resuelto. ¿Ha encontrado otro trabajo el padre, por qué ella ahora está bien si sigue atada en casa? Ah, que pueden desquitarse saliendo a ajusticiar malvados, porque han vencido al estado y ahora gozan de privilegios que los pringados de abajo no. Que conste que todo esto me parecía hilar muy fino, pero después del segundo episodio lo veo con otros ojos, porque en él es muy evidente. Así que, al contrario que las producciones previas de Pixar, todas con gran sensibilidad a la hora de tratar temas medianamente serios (destacando Buscando a Nemo, que versa sobre un niño sin madre que acaba perdido en un mundo hostil y un padre desesperado por encontrarlo), Los Increíbles acaba resultando un tanto malograda en contenido y mensajes.

No arrasó como su predecesora, Buscando a Nemo, que rozó los mil millones de dólares mundiales, pero alcanzó la nada desdeñosa cifra de seiscientos millones, y la crítica y el público la valoraron con un entusiasmo desmedido. Algunos sostenían que era la mejor de Pixar hasta el momento, es decir, ¡superior a Toy Story 1 y 2, Bichos, Monsters S.A. y Buscando a Nemo! No sé que virus contagió a todo el mundo, pero me temo que se ha extendido prácticamente a cada estreno posterior de Pixar, devaluando el término “obra maestra” para ensalzar cualquier película indistintamente de su calidad real. Querría pensar que el tiempo la estaba poniendo en su lugar, o sea, en el olvido hasta que la pillas en la tele y la ves porque es agradable, pero el estreno de la segunda parte causó de nuevo sensación y superó su taquilla con creces, así que es otra de esas veces en que no entiendo cómo funciona el ser humano.