El Criticón

Opinión de cine y música

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A ciegas (Bird Box)


Bird Box, 2018, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 124 min.
Dirección: Susanne Bier.
Guion: Eric Heisserer, Josh Malerman (novela).
Actores: Sandra Bullock, Trevante Rhodes, John Malkovich, Sarah Paulson, Jacki Weaver, Rosa Salazar, Danielle MacDonald, Tom Hollander, Lil Rel Howey, BD Wong.
Música: Trent Reznor, Atticus Ross.

Valoración:
Lo mejor: Es capaz de cumplir de sobras en un género y estilo muy gastados. La solidez de sus personajes. Clásica pero efectiva puesta en escena.
Lo peor: La narración fragmentada me parece contraproducente. Quizá falta algo en la parte de supervivencia en el exterior.
El título: La traducción fiel es Pajarera. A ciegas pega, pero si los autores querían el otro, más original y sutil, por qué lo cambias.

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Cuántas películas de suspense o terror hemos visto con personajes planos y aburridos a los que les colocan de mala manera un drama impostado para intentar que conectemos con ellos. Que si un divorcio en ciernes, una pelea entre familiares o amigos, y al final vuelven a unirse; que si un trauma reciente (el abuso de hijos muertos es penoso) a superar con un par de escenas llenas de clichés al final; etc. Cuántas hemos soportado con tramas encasilladas en los mismos escenarios, desarrollo y soluciones. Espacios aislados, locos asesinos o monstruos acosando, los secundarios estereotipados muriendo de forma previsibles, y giros finales rebuscados para intentar sorprender. A ciegas tiene un poco de todo eso… pero todo con la vuelca de tuerca y la inteligencia justas para que te olvides en seguida de los lugares comunes y acabes embaucado por el misterio y sintiendo empatía por los personajes.

La presentación nos pone ante dos hermanas con una vida normal y unos conflictos verosímiles. Puede que la obsesión de la protagonista principal con el embarazo no parezca especialmente trascendental, pero en nada que empieza la acción pasa a formar parte de su adaptación y evolución, para en el tramo final ir cobrando importancia con escenas muy efectivas, algunas sutiles, otras muy bien conectadas con los nuevos eventos que enfrenta. Así, el arco dramático resulta muy interesante, crucial para el personaje y emocionante para el espectador. Los niños llamado Niño y Niña por temor a coger demasiado apego, las dudas sobre cuál debe correr un riesgo enorme para que puedan salvarse otros y otros instantes resultan bastante duros e inquietantes.

La llegada del fin del mundo pone todo patas arriba con buenas dosis de intriga y una pizca de acción agobiante. No se ve mucho, sólo que todo se ha ido al infierno por la presencia de criaturas misteriosas, lo que fuerza a unos pocos desconocidos a sobrevivir improvisadamente encerrados en una casa. Como en las buenas obras de géneros afines, lo importante es el cómo se enfrenta la humanidad a situaciones extremas, no el dinero que se hayan gastado en la recreación del bicho de turno ni los sustos forzados. Hay momentos que beben de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero, 1968) y El amanecer de los muertos (ídem, 1978), otros de La niebla (Frank Darabont, 2007) y otras tantas parecidas, pero sus autores se centran en lo mismo que hizo destacar a esas obras: construir personajes con suficiente profundidad como para que cuando se tuercen las cosas, y lo hacen a menudo, no parezcan carnaza que irá muriendo en fila sin que te importen un bledo sus destinos.

Para el tercer acto tenemos un cambio de lugar inesperado, es decir, salimos de la casa y enfrentamos lo desconocido. Mantiene la incertidumbre por cómo sobrevivirán los pocos que quedan, y el giro final es también ingenioso y efectivo, al contrario de las chapuzas que suelen verse. Pero aquí termina de hacerse notar el único fallo notable de la película, una narración no lineal que juega en contra de las posibilidades latentes. A lo largo del relato nos han ido soltando pequeñas escenas a modo de adelanto, sin duda con la intención de hilar paralelismos que enfaticen la evolución de la protagonista, pero no parece necesario, ya estaba yendo bien la cosa en ese sentido, y a cambio se resiente el factor intriga. Estoy convencido de que enfrentar cada nueva dificultad y huida por los pelos sin saber qué viene hubiera resultado más emocionante. E incluso ya puestos, podrían haber ofrecido un par de aventuras más antes de entrar en el río, para enriquecer la parte de supervivencia.

En lo visual en cambio evitan por completo artificios demasiado habituales en el género y que también suelen fallar: las puestas en escena rebuscadas para intentar sorprender y disimular las carencias del guion, como en Cloverfield, (Matt Reeves, 2008), 28 días después (Danny Boyle, 2002) y muchas más. La directora Susanne Bier (dada a conocer con la aclamada El infiltrado, 2016) apuesta por un acabado formal muy clásico y sobrio, y funciona muy bien, salvo por un par de planos en el río donde cantan las pantallas de fondo y por la ausencia de una banda sonora de calidad que realzara mejor cada situación. El reparto también está bastante bien, destacando a Sandra Bullock, que muestra con intensidad la constante desesperación y el agobio que viven, y los siempre competentes John Malkovich y Tom Hollander; sólo Trevante Rhodes queda un poco por debajo del resto.

A ciegas no llega a resultar tan impactante y original como para marcar un hito en el género, pero no hace falta más para tener un buen entretenimiento, como ha demostrado también otro estreno del mismo año bastante parecido en concepto, Un lugar tranquilo (John Krasinski). Según los pocos datos que da Netflix, ha sido su película más exitosa hasta la fecha.

Alerta de spoilers: Destripo el final a fondo, no leas más si piensas verla.–

La ubicación de la salvación final da la impresión de estar en medio bosque inaccesible. Para que no parezca exagerado bastaba con señalar que hay una ciudad cerca y debido al caos era mejor ir por el río. Lo que no trago es que aparezca la doctora de maternidad ahí tan campante; no hacía falta para remarcar el desenlace feliz. Me alegro de que no enseñen al monstruo. No era necesario, el temor a que hay algo es suficiente. Además, si la idea es que te salvas no mirando, no tiene sentido que lo veamos a no sea que la protagonista lo hiciera.

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Jurassic Word: El reino caído


Jurassic World: Fallen Kingdom, 2017, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 128 min.
Dirección: J. A. Bayona.
Guion: Derek Connolly, Colin Trevorrow.
Actores: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Rafe Spall, Justin Smith, Daniella Pineda, James Cromwell, Toby Jones, Ted Levine, Jeff Goldblum, BD Wong, Geraldine Chaplin, Isabella Sermon.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, efectos especiales y sonoros y banda sonora ofrecen un visionado a ratos espectacular y trepidante.
Lo peor: La mezcla de géneros, historias y personajes poco meditada: la falta de ambición, coherencia e inteligencia, los escenarios absurdos, las ideas inverosímiles, los protagonistas estereotipados, los diálogos tontos… ¡Y el espantoso póster!

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Alerta de spoilers: Ahondo bastante en las líneas argumentales, incluyendo algunas sorpresas finales.–

Para mí está claro que estamos condenados a no volver a tener una buena película de Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993). Ya las dos primeras secuelas se quedaron muy lejos del memorable título inicial, pero tras el increíble éxito del renacimiento con Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) a pesar de su visión tan simplista, de su formato de taquillazo de usar y tirar, era indudable que mantendrían ese estilo. Así llega El reino caído con la misma falta de ambición, inteligencia y respeto por la saga y los espectadores, y hace otra ingente cantidad de dinero (porque después de todo al público no parece importarle que le tomen el pelo una y otra vez) que termina de enterrar las pocas esperanzas que quedaran en tener una vuelta a un cine más serio.

Como es habitual en este tipo de superproducciones comerciales el acabado final es una amalgama de ideas y egos de productores y de autores que intentan dejar su sello pero, o no les dejan, o se pasan de largo. Distintas premisas se pisan, incluyendo repetición de ideas ya vistas en la saga (y con infinidad de referencias innecesarias), los escenarios se amontonan sin que haya una cohesión narrativa clara, los personajes obedecen a estereotipos de distinta índole mezclados sin un objetivo concreto ni una coherencia dramática atractiva. Si no fuera porque, como en el episodio precedente, el talento del director y las cantidades ingentes de dinero consiguen una cinta de acción espectacular, el resultado sería digno del cine cutre.

Unos productores querían el remake “velado” a El mundo perdido (Steven Spielberg, 1997), así que tenemos una visita a la isla con mercenarios cazando dinosaurios. Había que mantener a los personajes de esta nueva etapa, y ahí los tenemos metidos en todo sin que sepamos muy bien qué nos quieren contar con ellos. Otros quieren pasar a un nuevo escenario para poder expandir la saga, así que a media película cambiamos de argumento porque sí, yéndonos a una historia de venta de dinosaurios a ricos y mafiosos. Algún listo quería extender aún más la ya de por sí fallida idea de crear monstruos nuevos con la excusa de la genética, así que ahora tenemos humanos clonados también. Y finalmente, si bien J. A. Bayona está impresionante con la cámara, dista de mantener ese listón en sus grandes aportes a la historia. Mete con calzador su propio segmento, forzando una película de terror en la línea de El orfanato (2007) donde se espera tensión y aventuras de corte más juvenil (los niños que había en mi sala las pasaron putas).

El prólogo es la primera gran muestra de lo poco que se trabajan el guion, la continuidad, la seriedad de la propuesta y por extensión el respeto al espectador. En Jurassic World el recinto acuático del mosasaurio estaba en el interior de la isla, pero aquí quieren sacar a los dinosaurios del parque, así que aparece en la costa y con una puerta. De la misma forma, el T-Rex había sido engullido por este bicho más grande al final de aquella entrega, pero ahora tenemos otro por ahí pululando… aunque eso sí, la escena posterior en que le sacan sangre está muy bien. Por lo demás, bien podían haberse ahorrado esta introducción, es la típica escena de extras aleatorios muriendo por su avaricia y torpeza, no aporta nada sustancioso.

La vuelta a la isla por la catástrofe inminente del volcán es el mejor tramo a pesar de su falta de novedades y trascendencia. Es una aventura intensa aunque no sea muy inteligente (qué pintan los niñatos esos, con la de expertos que habrá en informática y biología con experiencia en misiones peligrosas), y cuando Bayona da rienda suelta al espectáculo te quedas pegado a la butaca. Incluso hay momentos emotivos: consigue que el destino de los dinos dé pena, con ese brachiosaurio engullido por la lava. El problema es que faltan personajes con garra que hagan de la aventura algo realmente emocionante. La pareja protagonista es simpática, pero por el carisma de Bryce Dallas Howard y Chris Pratt, porque a pesar de tener ya a cuestas otra película siguen atascados en un dibujo simplón. Nos lo presentan como distanciados sentimentalmente (qué penosa la escena del bar), para forzar el cliché cansino de la relación amorosa en tensión, pero en el resto de la película no hay un acercamiento visible, como en la primera parte, al final vuelven a acabar juntos porque hay que cumplir con el tópico. Así que sin un dibujo elaborado ni una progresión dramática tangible me importan bien poco sus destinos. Y no digamos ya el del resto del equipo…

El traslado a tierra firme tenía inicialmente algo de tensión, con los protagonistas infiltrados tratando de acabar con los planes de vender dinosaurios a ricos mafiosos (todos representados por los estereotipos más cutres y racistas que puedas imaginar). Pero en vez de mantener esa premisa y centrarse en la aventura de supervivencia se van por las ramas con diversas historias cada cual más absurda.

Tenemos la parida de vender dinosaurios como armas, donde no se tiene en cuenta la complicadísima logística de mover un animal tan grande y con necesidades especiales por el mundo y el poco secreto con el que se puede hacer. Pero con el indorraptor alcanza niveles delirantes. Resulta que con un rifle equipado con un láser apuntas a la persona objetivo y aprietas el botón para que un pitido haga que el indorraptor ataque… Pero claro, cabe preguntarse para qué necesitas un dinosaurio si ya estás lo suficientemente cerca del objetivo como para apuntarle: dispara y punto.

Lo entremezclamos con el dramón de la chiquilla y el abuelo, al que presentan casi diciendo que es John Hammond pero luego resulta que era su compañero empresarial del que nada sabíamos. Esta línea tan ajena y poco interesante la rematan con la revelación final de que la niña es un clon de la esposa fallecida de este señor que tan poco nos importa, alcanzando así el disparate cotas épicas, porque dicen varias veces que Hammond y esta burda imitación se separaron porque se hizo el clon… es decir, que la chiquilla que aparenta diez años tiene veinticinco y un buen problema de crecimiento y de desarrollo intelectual y emocional. Por no decir que lo que aporta a la trama es menos que cero, porque el intento de dar intriga a sus orígenes genera confusión y la sorpresa es aún más forzada, pues crees que va a tomar relevancia alguna en lo narrado pero pasan de ello sin más. Sólo falta que en próximas entregas tenga poderes mágicos.

La trama central de este segmento, la venta de dinos y los protagonistas luchando contra esos supuestos criminales (¿no es mejor que el dinosario esté en la hacienda de un rico, bien cuidado, a muerto en la isla?) queda relegada a excusa para mover la acción. Los villanos son estereotipos vulgares que molestan en cada frase estúpida que sueltan, los secundarios “graciosos” no hacen nada más aparte de rellenar escenas pretendidamente más livianas pero que resultan cargantes, los protagonistas tampoco aportan ninguna aventura digna más allá de sufrir, gritar y correr, y los dinosaurios no se sabe por qué los persiguen con tanto ahínco. Con todo, de nuevo Bayona deslumbra con una puesta en escena contundente que, apoyada en los efectos especiales y sonoros impecables y la ostentosa música de Michael Giacchino, garantiza tensión y asombro en cantidades que incluso llegan a ser excesivas: al final acabarás harto del cansino indorraptor y las apariciones aleatorias de Blue. Escenas como la de la habitación y la de los tejados parecen tan gratuitas que ya había desconectado por completo, pero el dilema moral final de si dejar a los dinos vivos o no (recordemos, una creación de laboratorio que amenaza ecosistemas y humanos por igual) es vergonzoso.

Acabamos con las muertes cómicas de los villanos que todos esperábamos, porque ya Spielberg apuntó en el nacimiento de la saga a un tono familiar-infantil excesivo, y desenlaces abiertos para nuevas entregas que no sé cómo todavía hay espectadores que esperan con interés.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
-> Jurassic World: El reino caído (2018)

Jurassic World


Jurassic World, 2015, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 124 min.
Dirección: Colin Trevorrow.
Guion: Rick Jaffa, Amanda Silver, Colin Trevorrow, Derek Connolly.
Actores: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Ty Simpkins, Nick Robinson, Vincent D’Onofrio, Irrfan Khan, BD Wong.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, efectos especiales. Ritmo enérgico y sentido del espectáculo de primera.
Lo peor: Podría haber sido una gran película si tuviera personajes con un mínimo de calidad, pero se empeñan en reunir topicazos y gilipolleces hasta casi convertirla en cine cutre. Y como viene siendo habitual, los tráileres que te cuentan todo.

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Alerta de spoilers: Quizá cuento demasiado si quieres verla sin saber absolutamente nada.–

La presentación del parque y los protagonistas, la exposición de las cosas que van saliendo mal (ambiciones, incompetencias, fallos de seguridad), el desastre en que se convierte todo, la irrupción de los dinosaurios, los distintos frentes activos, la construcción metódica de largas piezas de acción… Visto así parece un descarado remake de Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993), con infinidad de referencias puntuales además, pero en imágenes disimula bien y tiene suficientes novedades como para funcionar como película con entidad propia. De hecho, mantiene el alma de la saga mejor que El mundo perdido: Parque Jurásico (Spielberg, 1997) y Parque Jurásico III (Joe Johnston, 2001), donde no supieron ni repetir la fórmula ni alejarse de ella manteniendo alguno de los elementos básicos: efecto asombro, ambiente tenso, acción espectacular y personajes de calidad. Me sorprende que hoy en día, y más habiendo pasado tantos años desde la original, hayan sido capaces de recuperar algo de esa magia que combinaba la fascinación por lo desconocido y el espectáculo sobrecogedor. De ahí que, aun teniendo en líneas generales un guion indefinido, con unos protagonistas paupérrimos, haya sido bien recibida: los factores nostalgia y asombro funcionan lo suficientemente bien como para que salgas del cine emocionado. Luego en frío te paras a pensar en sus muchas carencias, eso sí.

El director Colin Trevorrow es una apuesta sorprendente por parte del estudio: era un don nadie sin experiencia en la acción, pues sólo tiene en su haber un largometraje, Seguridad no garantizada (2012), una obra sencilla sobre adolescentes que vi en su momento porque tiene cierto culto a su alrededor, pero no me llamó la atención y la olvidé enseguida. Pero aquí hace gala de un gran dominio narrativo con el que consigue transmitir bastante bien todas las emociones buscadas: el intenso espectáculo, las dosis justas de intriga y unos pocos sustos garantizan que la adrenalina esté siempre fluyendo. Las escenas de acción sencillas atrapan tanto como las más grandilocuentes, aunque obviamente estas van algo más allá, consiguiendo dejarte absorto, casi sin aliento. Por ejemplo, el tramo final es impresionante, pero la persecución de los raptores al furgón no se queda atrás. En esto también supera a las dos entregas previas, que en lo visual carecían de garra y el espectáculo se quedaba bastante corto. Aun así hay alguna cosa mejorable, como que no me quedó claro qué es del gentío tras el ataque de los pteranodones (en el jaleo final no parece quedar nadie), o cuántos velocirraptores van muriendo en lucha final, porque aparecen y desaparecen sin que quede claro su número y ubicación.

Por supuesto hay que destacar los impecables efectos especiales, donde lo digital parece totalmente real (no entiendo a los que dicen que cantan mucho, ¿es que su cine tenía los colores alterados?) y está perfectamente integrado en las imágenes y la narración, así como los excelentes efectos sonoros. Lo único que se queda un poco corto es la banda sonora de Michael Giacchino, que homenajea bien a la grandiosa creación de John Williams pero no llega a aportar nada de su propia cosecha que resulte llamativo. Tampoco las otras dos secuelas tenían una música con pegada, todo sea dicho.

Jurassic World es un espectáculo muy gratificante que está diciéndote a gritos “voy a ser una buena película y quizá incluso un episodio digno de alabanza”… pero por desgracia no llega a hacerse realidad, porque el guion parece haber sufrido los zarpazos de otros dinosaurios: los carcas de los estudios. No me cabe duda de que esta es una de esas cintas mancilladas por productores que obligan a incluir patrones e ideas que van minando la solidez y el alcance del producto. Sólo así puedo explicar que una trama bastante equilibrada y con tantas posibilidades fuera destrozada poniendo en ella semejantes esperpentos de personajes que además sirven para lanzar manidos mensajitos morales y un sentido del humor que produce vergüenza ajena. Y no digamos el tema de los anuncios, que directamente debería estar penado por la ley por ser publicidad subliminal. La visita de Claire a Owen en su cabaña es simple y llanamente un anuncio de Mercedes y Coca Cola, toda la escenificación está pensada para lanzar los mensajes de esas empresas: el Mercedes asociado al éxito y el dinero, la Coca Cola la popularidad social (el guaperas, la moto, la chica).

Como resultado, una obra impecable en lo visual y con enorme potencial está apunto de resultar un desastre. Para muchos lo es, porque si no conectas en lo emocional, si sólo analizas la lógica, se cae a pedazos. Si tanto estereotipo y tontería se te atraganta y te nubla las otras virtudes del relato, te va a resultar una obra mediocre. Yo he sufrido algunos cabreos, pero no como para impedirme disfrutar de un título de acción más que aceptable. Pero sí, es decepcionante que lo que se podía haber alcanzado con unos protagonistas mínimamente decentes y algo más de inteligencia en el guion se eche por el retrete por la obsesión de cumplir con los tópicos de turno y tratar de contentar a todo el público posible. Voy de personajes menos relevantes a más:

La pareja de técnicos… Jodeeeeeer, ¿se está convirtiendo en norma el incluir algún secundario rematadamente estúpido? Qué cosa más salida de madre: la chica tonta, el friki rarito, los chistes y diálogos cutres, el pseudo romance cómico inaguantable… Y no me olvido del guardia de seguridad gordo y torpe, que parece puesto ahí para reírse de los obesos. Por favor, que en bluray saquen una versión con esta gente asquerosa eliminada del metraje.

El doctor que vimos en la primera entrega, Henry Wu (DB Wong), resultaba simpático, se veía a alguien honrado… Pero aquí lo han convertido en el científico loco que crea monstruos, porque la ciencia es así de peligrosa. Es un mensaje inherente a la saga desde el primer episodio, pero aquí se simplifica aún más, porque el cine es cada día más tonto, o el espectador es cada día más tonto, o las dos cosas. El militar pesado (Vincent D’Onofrio) es para echar de comer aparte… literalmente, porque su presencia es como ajena a la película: está ahí armando jaleo y siendo molesto (en especial para la inteligencia del espectador), pero al final realmente no tiene peso en la trama, salvo morir de forma tonta para hacer gracia a los peques y dejando “grandes” mensajes pro-naturaleza y anti-ambición, como también es habitual en la serie. Con el millonario en cambio no sé qué pretendían: el tío va de responsable y de héroe y se estrella. ¿Querían ampliar esos dos mensajes recién citados o buscaban otra cosa? Lo que queda es una especie de chiste desubicado y malogrado, y encima incongruente: para forzar su gesta tenemos escenas donde repentinamente no hay un solo piloto de helicóptero, pero cuando no está aparecen a puñados de la nada. Y para rematar, tenemos al negro amigo del prota blanco, puesto ahí con todo descaro para cumplir el cupo racial: no tiene entidad alguna y tras la proyección ni recordarás qué hizo.

La pareja de niños son otros dos topicazos andantes. El adolescente irresponsable que sólo piensa en ligar y el jovenzuelo sabihondo que sufre el divorcio de los padres. Pero al menos no resultan repelentes, sólo simplones, y los intérpretes no están mal, con lo que cumplen de forma justita. Obviamente se quedan a años luz de los chavales de la primera película, pero no dan ganas de que mueran destripados como la odiosa niña de la segunda.

La protagonista, Claire, es una fría y exitosa ejecutiva… que deja de lado a veinte mil personas y se mete en un entorno que desconoce para buscar a sus sobrinos. No, no cuadra. La mujer que me has presentado se quedaría en la sala de control tratando de solucionar todo a la vez, pues ahí es desde donde mejor puede gestionar la crisis. Está claro que pretendían tratar el típico y cansino mensaje de unión familiar contra la obsesión por el trabajo, pero no se esfuerzan lo más mínimo por darle sentido y lógica, por narrarlo bien. Sueltan los clichés básicos sin pensar en las consecuencias: la presentación donde se olvida de los chavales por alguna reunión, los remordimientos, la superación de sus “errores” mientras empieza a poner la familia por delante de todo lo demás, y el reencuentro y redención. No importa que nada tenga coherencia, parece que lo único importante es el mensaje. También cabe señalar el descarado relleno que le han puesto en el sujetador y el cachondeo que hay con que se tira toda la película corriendo con tacones. Y no olvido comentar que hubo quejas sobre que era un rol machista, pero visto el destroce generalizado con los personajes es solo un esperpento entre muchos, y no veo por qué se armó tanto jaleo; se ve que es el tema de moda para montar polémicas exageradas.

El macho alfa es otro estereotipo pero al menos resulta coherente. Owen es el clásico empleado curtido y profesional que no traga con la incompetencia de los jefes, una descripción sencilla pero que ofrece un individuo creíble. Además, su viaje por el relato es consecuente con lo mostrado inicialmente. El gran carisma de Chris Pratt lo realza bastante, y también debo decir que me alegro de que no buscaran un tipo graciosete y simpático para exprimir el éxito de su papel en Guardianes de la galaxia (James Gunn, 2014), algo que temía que ocurriera. De hecho, con su seriedad y esfuerzo resulta el único realista y atractivo del grupo (y no hacía falta que los niños lo endiosaran como a un superhéroe, en otro de esos ramalazos infantiles inaguantables). Bryce Dallas Howard también está muy resuelta en su absurdo personaje, limando así un poco lo irritante e inverosímil que resulta. Pero luego tenemos la dinámica entre ambos, también forzada a los estereotipos de turno: el odio inicial y el entendimiento y beso final. Pero entre medio no hay proceso de cambio alguno, las cosas ocurren porque sí sencillamente porque algún mandamás dijo que así deben ocurrir.

La Indomitus, el dinosaruio más relevante, también merece su apartado. Resulta que han creado un bicho enorme e impresionante para atraer a un público que ya se ha cansado de ver cosas mundadas como el Velopcirraptor y el Tiranousaurio (en serio, eh). El caso es que Owen, uno de los principales cuidadores, no sabe que existe. Difícil creer que se pueda guardar tal cosa en secreto. Y resulta ser muy lista, tan lista que sabe que han puesto sensores de calor para vigilarla y que tiene un localizador implantado (que para colmo, va con luz y sonido a pesar de estar bajo la piel…). Y ya que estoy hablando de dinosaurios, me pregunto en qué cabeza cabe tener cientos de carnívoros gigantes voladores, menuda locura (aunque en las dos anteriores también había, y en la segunda además sueltos).

Queda una producción palomitera bastante vistosa pero con las carencias de siempre en el género, cuando da la sensación de que debería haber sido mucho más. La propia premisa termina pareciendo una parodia de la existencia misma de la película: el público sólo quiere lo más grande y ruidoso sin importarle el resto del contenido, los productores empeñados en concedérselo aunque sea a costa de destrozar un material que apuntaba mucho más alto.

Ahora bien, decía que entiendo que haya sido bien recibida, pero una cosa es que funcione y otra que haya roto récords uno detrás de otro hasta llegar a 1.600 millones de dólares de recaudación mundial. No es original ni revolucionaria, no forma parte de una saga que estuviera pegando fuerte actualmente. Me sorprende mucho que tanta gente le tuviera tantas ganas. Se ve que la campaña publicitaria ha funcionado. La secuela está garantizada, y es de suponer que no arreglarán sus fallos, sino que incluso probablemente hayan pensado que son lo que le ha dado el éxito… Por cierto, esa secuela molaría si se centrara en los juicios millonarios y en cómo la protagonista y demás accionistas acaban en la cárcel por la muerte de cientos de personas.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
-> Jurassic World (2015)
Jurassic World 2: El reino caído (2018)