El Criticón

Opinión de cine y música

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Comanchería


Hell or High Water, 2016, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 102 min.
Dirección: David Mackenzie.
Guion: Taylor Sheridan.
Actores: Chris Pine, Ben Foster, Jeff Bridges, Gil Birmingham, Katy Mixon, Marin Ireland.
Música: Nick Cave, Warren Ellis.

Valoración:
Lo mejor: Guion, dirección, fotografía, reparto. El trasfondo melancólico y crítico.
Lo peor: Es bastante predecible.
Mejores momentos: El torpe atraco inicial, que define muy bien lo que vamos a ver. La visita al casino, que describe las diferencias entre los hermanos. Tanner despertándose alerta y la defensiva. El viejo pegando tiros. El atraco que se desmadra y la persecución. El enfrentamiento contra la ley.
El título: Me gustaría más una traducción más fiel de Hell or High Water, que viene a significar “Contra viento y marea”, pues Comanchería es un tanto ambiguo. Pero lo cierto es que ese era el título original hasta que optaron por cambiarlo poco antes del estreno, quizá por esa misma razón.
La frase:
1) -¿Cómo lograste estar un año fuera de la cárcel?
-Ha sido difícil.

2) -Te perseguirá hasta el final de tus días. Pero no estarás solo, también me perseguirá a mí.
3) -He sido pobre toda la vida. También mis padres, y sus padres. Es como una plaga que se transmite de generación en generación. Se vuelve una enfermedad. Infecta a todas las personas que uno conoce…

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Sus autores no tratan de esconder los pilares en los que se basa, pues precisamente lo que pretenden es una deconstrucción, convertir el clásico western crepuscular en un drama actual. Los elementos clave están ahí, como los forajidos desesperados, la lucha de la familia por salir adelante en un entorno difícil, el sheriff recto y competente, y toda la estructura de la trama. De hecho incluyen algún homenaje claro, como la escena de unos vaqueros salvando su rebaño de un incendio. Es cierto que esto implica que en cierta manera sabemos cómo se van a desarrollar las cosas, y concretamente el final se puede intuir con facilidad, incluyendo ese epílogo tan clásico. Pero tanto el guion de Taylor Sheridan como la dirección de David MacKenzie ofrecen un relato con una solidez y personalidad muy fuertes, con lo que se perdona bastante la sensación de que ya hemos visto muchas historias semejantes.

El elemento más enriquecedor es la perspectiva crítica, que pone patas arriba, y merecidamente, el lema de “el país de las oportunidades”, pues en realidad sigue siendo el salvaje oeste y el sálvese el más fuerte. Descarada y evidente pero verosímil, la perspectiva social cuenta además con una vena de humor negro (atención a los lugareños sacando sus armas) que recuerda al cine de los hermanos Coen (No es país para viejos sería la más cercana), con los personajes curiosos o excesivos (la camarera anciana) y sus diálogos de apariencia simple pero que esconden más de lo que parece, y un aura melancólica que deja un regusto amargo. La justificación de los protagonistas para emprender su empresa suicida, la infinidad de planos a la miseria de la zona, y los discursos directos contra la especulación bancaria y la ambición desmedida (incluyendo algunos apuntes sobre la colonización y el destino de los indígenas), componen un cuadro grisáceo y desesperanzador de la situación social del país, pues aunque se describa en concreto la zona de Texas, la crisis social reflejada es extrapolable a toda la nación.

El esfuerzo por dotar de verosimilitud y profundidad se extiende a los personajes, cada uno con un carácter muy marcado y unas motivaciones claras. Los hermanos delincuentes están embarcados en esta odisea por razones concretas relacionadas hábilmente con cómo el entorno en el que han crecido ha dirigido inexorablemente sus vidas. Uno es un padre de familia que no encuentra otra forma de salir adelante (la tercera frase seleccionada define muy bien su existencia), el otro un forajido que sólo se siente vivo con la adrenalina de los crímenes, lo único que ese mundo le ha permitido conocer. En el lado de la ley tenemos al sheriff veterano a punto de jubilarse (lo que da para uno de esos golpes de humor negro de cuidado) y a su compañero de ascendencia indígena; uno es metódico hasta la obsesión, el otro ha agachado la cabeza ante un mundo podrido y hace su trabajo con desgana.

Chris Pine da una gran sorpresa, pues no esperaba nada de él como actor tras ver su cara de palo en Star Trek 2009 y Jack Ryan, pero aquí se marca un papel sombrío y trágico excelente. El hermano alocado lo encarna el siempre estupendo e infravalorado Ben Foster (El tren de las 3:10, Pandorum), carismático como él solo. Jeff Bridges (El gran Lebowski, Valor de ley) en cambio ha sido alabado en exceso: no me parece que esté mejor que aquellos dos, de hecho sobreactúa un poco, pero también es que la idea era darle un estilo muy marcado a su rol. Y Gil Birminghanm encarna bien al agente abatido y pasota.

El tempo narrativo es magnífico, la fotografía de Giles Nuttgens muy buena, la música de Nick Cave y Warren Ellis muy atinada. MacKenzie capta toda la esencia de este brillante guion y le da la puntada final que necesitaba: la melancolía, la crítica social y el drama llegan con intensidad pero sin abrumar ni aburrir, sino enganchando con un título serio, inteligente, adulto, pero cautivador y muy entretenido, algo que escasea cada vez más en el cine de Hollywood, que se aferra a la dualidad de dramón barato para ganar premios por un lado y clones de acción y fantasía por el otro.

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Warcraft


Warcraft, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 113 min.
Dirección: Duncan Jones.
Guion: Duncan Jones, Charles Leavitt.
Actores: Travis Fimmel, Paula Patton, Ben Foster, Dominic Cooper, Toby Kebbell, Ben Schnetzer, Clancy Brown, Robert Kazinsky.
Música: Ramin Djawadi.

Valoración:
Lo mejor: Correcto aspecto visual. La sección de los orcos es salvable.
Lo peor: Guion muy pobre: la trama es lo más estulto y predecible que puedas imaginar, los personajes son estereotipos realmente cansinos. El casting y la dirección de actores se han equivocado con la mayoría de los intérpretes.
El tráiler: Visto el tráiler, vista la película, lo cual, por una vez, más que criticar hay que agradecer.

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Me estaba ganando el primer acto, pues la presentación del universo y de los protagonistas tiene ritmo y despierta cierto interés. Pero conforme avanza, la fachada se cae a pedazos. Es otro título hecho a base de estereotipos y tonterías amontonados sin muchas ganas por esforzarse en que al menos destaque en algo o que el conjunto sea lo suficientemente sólido como para no parecer un insulto a la inteligencia del espectador.

La odisea del orco noble por sacar adelante su pueblo y su familia contra las miserias de la vida y las tradiciones obsoletas tenía potencial, más que nada por ofrecer una trama con cierta profundidad, aunque no sea nada original, y unos personajes que presentan un arco dramático al que poder engancharse. Pero con la corte humana cae el velo y se ve el escasísimo alcance e inteligencia del guion. El lío padre-hijo es harto predecible, pero las sandeces del mago y su aprendiz van más allá, provocando vergüenza ajena. El mago orco medio se salva porque las disputas entre las distintas visiones del mundo tienen algo de enjundia, pero con los humanos dan ganas de apartar la mirada. El choque entre las dos razas tampoco logra rascar nada, se atasca, o más bien se hunde, en clichés vulgares y aburridos. Lo que queda es un relato demasiado predecible y con un tono inmaduro y a veces incluso estúpido que llega a resultar bastante cargante.

Otro problema a la hora de conectar con tan limitados personajes es que ni los actores se encuentran cómodos ni el director parece esmerarse en que se adapten a sus roles. Sin directrices que lo guíen, Travis Fimmel simplemente repite el papel del vikingo Ragnar, lo que no pega en un caballero de una corte tipo medieval. Ben Foster (El tren de las 3:10, Pandorum, El único superviviente) es un actorazo, pero si lo conociéramos sólo por este papel pensaríamos lo contrario; está claro que no pudo hacer nada mejor ante esta situación. El rey (Dominic Cooper) es demasiado joven y guaperas. El aprendiz de hechicero (un desconocido Ben Schnetzer) parece sacado de una comedia adolescente de bajo nivel, es realmente patético. La única que cumple es Paula Patton (Misión Imposible: Protocolo fantasma), una intérprete que a mi parecer ha tenido mala suerte en su carrera.

En lo visual no está nada mal, de hecho el trabajo con los orcos es excelente, pero a estas alturas no sorprende, y la verdad es que tanta criatura, rayito y lucecita aumenta la sensación de estar ante una chorrada infantil. Si el director lograra unas batallas épicas podría pasar, pero no hay pasajes que impresionen. Parte de culpa la tiene también la banda sonora de Ramin Djawadi (Juego de tronos), pues es bastante floja, muy machacona.

Antes del estreno había las esperanzas en que un director tan prometedor como Duncan Jones (Moon) ofreciera una película de nivel o al menos un entretenimiento serio. Ahora cabe preguntarse qué demonios ha pasado. Si los productores se pusieron a alterar su obra hasta amenazar con dejarla irreconocible bien podía haber dimitido a tiempo, que suele ser lo más habitual; pero parece haber preferido vender su alma. La otra opción es que realmente buscara un entretenimiento facilón e intrascendente y se pasara de largo.

Ahora bien, vuelvo a lo de siempre: entre esta y El retorno del rey, El hobbit, las últimas de Harry Potter y de Piratas del Caribe y otras tantas de fantasía de relativo éxito no hay mucha diferencia cualitativa e intelectual, pero la han machacado con una contundencia impresionante (al estilo John Carter y El destino de Júpiter) mientras aquellas son tratadas con mimo o incluso alabadas con entusiasmo. No entiendo a la masa de espectadores y creo que nunca lo haré.

El único superviviente


Lone Survivor, 2013, EE.UU.
Género: Acción, bélico.
Duración: 121 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg, Marcus Luttrell y Patrick Robinson (novela).
Actores: Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Emile Hirsch, Eric Bana, Ben Foster, Ali Suliman, Alexander Ludwig, Jerry Ferrara.
Música: Explosions in the Sky, Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Dominio absoluto de la técnica (dirección, fotografía, montaje, sonido…) que ofrece escenas de acción incomparables.
Lo peor: Por las peculiaridades del género y el argumento no es un visionado que deje huella.

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El único superviviente es la consagración de Peter Berg como director después de presentarse de forma muy prometedora con la macabra Very Bad Things y pasar a segundo plano dando muchos tumbos con producciones de escaso nivel. Friday Night Lights era aburrida y su puesta en escena excesiva y malograda, el tono simplón de Hancock y La sombra del reino no parecían señalar hacia el talento y la maduración sino hacia el acomodamiento, y finalmente Battleship, hecha como imitación a lo pobre de Michael Bay, apuntaba realmente bajo. Pero la aquí tratada recupera al realizador arriesgado y hábil que domina la narrativa sin vacilar lo más mínimo, deslumbrando con un aspecto visual realmente difícil de obtener sin la visión y técnica de la que hace gala.

La premisa, basada en hechos reales (en la novela del superviviente), es bastante básica: unos soldados destinados en Afganistán quedan incomunicados al abortar una misión y salen por patas porque una buena tropa de talibanes los persiguen a tiros. Solo uno sobrevivirá, y a duras penas. El guion como es esperable apuesta por lo sencillo y directo. Los personajes se definen tirando de alguna descripción trivial pero lo suficientemente sólida como para darles algo de profundidad, así como a través de los problemas que van surgiendo, donde se muestra bien cómo piensa y actúa cada uno. En este último estilo entra el dilema de si matar o no a los pastores que los descubren, donde discuten sobre las ramificaciones políticas y éticas de las acciones a tomar. Es un momento muy intenso donde se expone bien que en una guerra no siempre se pueden aplicar las normas a rajatabla, y donde se saca buen partido de los personajes, pues hasta entonces tenían cierto carisma pero esa escena los humaniza mucho antes de lanzar el grueso de la acción.

Antes de entrar en materia el ritmo es correcto aunque no haya un contenido especialmente llamativo. Los primeros pasos de la misión enganchan porque vamos conociendo cómo se ejecuta una tarea de ese tipo, y en los momentos de calma chicha se maneja bien la tensión. Pero a partir del punto de inflexión comienza la acción y Berg tiene claro que los pilares del relato son básicamente disparar y tratar de salvarse y por ello se esfuerza por sacarle el máximo partido a la puesta en escena. A partir de entonces la cinta resulta trepidante, sobrecogedora por momentos, pero no se basa en fuegos artificiales, sino que mantiene el foco en el tono bélico documental, resultando tanto espectacular como verosímil en la acción e intensa en el drama que viven los personajes. En todo momento se pueden ubicar los enemigos y los protagonistas, en qué situación se encuentran y qué heridas tiene cada uno: cada golpe, arañazo y balazo se ve con claridad y sabes quién se lo ha llevado. Carreras entre los árboles, caídas por barrancos (las hostias que se pegan te llegan a doler), tiroteos con estrategia, tiroteos a la desesperada… Te sumerges por completo en la odisea del grupo por salir con vida.

La luminosa fotografía con excelente uso de cámara en mano, el impecable montaje y los sobresalientes efectos sonoros (¿cuándo has escuchado silenciadores reales en una película?) son exprimidos por un Peter Berg inspirado, perfeccionista y paciente. ¿Cuánto costaría planificar, rodar y editar cada minuto de metraje? El resultado es excepcional, no se han visto escenas de acción bélica tan impresionantes, nítidas y verosímiles desde Black Hawk derribado (con la que por cierto guarda algunas semejanzas puntuales, como la escena del helicóptero abatido). Lo que se dice fallos o problemas no tiene ninguno, lo único que se puede señalar es que le falta algo para lograr ser una película que deje huella. Algún elemento que la hiciera distintiva dentro del género (tanto acción como bélico), una historia con más épica y pegada, y algo de trascendencia que permitiera recordarla más allá de ser un entretenimiento le hubiera venido bien, pero lo mismo ni lo buscaban, y además era muy difícil con un argumento de este tipo. Esto implica también que resulta un ejemplo notable de lo que debe ser un buen título de acción de ver y olvidar: el guion es sencillo pero no estúpido y visualmente resulta enormemente impactante sin tirar de acción hipertrofiada ni efectos digitales. Menos Transformers y más obras de este tipo, por favor.

Ahora bien, como producción de Hollywood es casi inevitable ver cierto tono patriótico, y no hubiera sorprendido tampoco que fuera un panfleto descarado. Hay algo de sensacionalismo barato, como esas muertes de los protagonistas reincidiendo en su heroicidad más de la cuenta (hasta resultar empalagoso en algún caso), y algo de exaltación patriótica, como eso de que sean los yanquis quienes salven al pueblo del avance talibán cuando en realidad no hubo tal batalla, pero nada llega a extremos que te hagan llevarte las manos a la cabeza. Se hubiera agradecido más neutralidad, pero sabiendo que es el retrato de unos héroes nacionales tampoco cabría esperar otra cosa.

Ain’t Them Bodies Saints


Ain’t Them Bodies Saints, 2013, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 96 min.
Dirección: David Lowery.
Guion: David Lowery.
Actores: Rooney Mara, Casey Affleck, Ben Foster, Keith Carradine.
Música: Daniel Hart.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, reparto.
Lo peor: Muy predecible, a ratos aburrida.

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Ain’t Them Bodies Saints es un título del cine independiente norteamericano muy clásico, donde todas las señas de identidad de este género son bien patentes. El ambiente rural y empobrecido bien captado por una atmósfera entre sombría y esperanzadora, los personajes realistas sufriendo tanto el entorno como sus propias limitaciones, la historia de superación también realista, en plan retrato de la sociedad… Pero no tarda mucho en notarse también que todos estos factores se traducen en algo negativo: el relato es muy predecible, nada en él aporta algo lo suficientemente original o sustancioso como para conseguir dejar atrás la sensación de que todo se ve venir de antemano.

Si se salva de resultar realmente intrascendente e insustancial es otro aspecto habitual del cine “indie”: se ha realizado con dedicación y amor, se nota esfuerzo y cariño en cada escena. Así, su aspecto visual es de primer nivel: David Lowery, apoyándose en una fotografía e iluminación sublimes, consigue dotar a la cinta de considerable belleza y de un tono romántico y trágico bastante eficaz. La cámara en constante movimiento es muy acertada, los planos artísticos en plan Terence Malick resultan hermosos y algunas secuencias son arrebatadoras (como el tiroteo en la oscuridad). Igualmente los actores captan muy bien la esencia sus roles: a Rooney Mara dan ganas de salvarla de su monotonía e indecisión, Casey Affleck construye muy bien a un joven incapaz de madurar, y sobre todo destaca Ben Foster en el papel del sheriff tranquilo y con anhelos (el incipiente enamoramiento con la chica) que el intérprete expone sutilmente con maestría. Es una pena que este actor con tanto potencial (su papelón en El tren de las 3:10 fue para enmarcar) no haya alcanzado el éxito.

Sin embargo el esfuerzo no es suficiente para lograr una obra destacable. Es una lástima que una película que entra tan bien por los ojos y presenta unos personajes tan atractivos resulte tan simple que termina teniendo carencias notables en el ritmo: como la odisea de los protagonistas es tan facilona y previsible no consigue despertar mucho interés, y en muchos tramos incluso aburre.