El Criticón

Opinión de cine y música

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La chica danesa


The Danish Girl, 2015, Reino Unido, EE.UU. Alemania, Bélgica, Dinamarca.
Género: Drama.
Duración: 119 min.
Dirección: Tom Hooper.
Guion: Lucinda Coxon, David Ebershoff (novela).
Actores: Eddie Redmayne, Alicia Vikander, Amber Heard, Matthias Schoenaerts, Ben Whishaw, Sebastian Koch.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, fotografía, música y vestuario impresionantes. Reparto muy entusiasta.
Lo peor: Le falta algo de valentía, ritmo y pegada, y le sobra obsesión por ganar premios.

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Está claro que es una película confeccionada para ganar premios, los Óscar a la cabeza, que Eddie Redmayne y Tom Hooper quieren repetir sus éxitos recientes, La teoría del todo y El discurso del rey respectivamente. El patrón es el mismo de siempre: melodrama de superación personal de unos seres desamparados contra el resto del mundo. Un matrimonio de pintores daneses (inspirados vagamente en figuras reales) ve rota su felicidad y armonía cuando el hombre sale del armario como transgénero. El mundo que conocían cambia por completo, el choque con la sociedad está garantizado, y deberán luchar por darle forma a una nueva vida.

La perspectiva es más luminosa de la cuenta viendo el argumento, pues esta situación, si en nuestros días está rodeada de tabúes y problemas, en esa época supondría un escándalo social enorme, vejaciones personales constantes, una difícil lucha contra las imposiciones morales, y en definitiva un horroroso suplicio para quien lo viviera. Pero como debe ajustarse a los cánones de Hollywood lo edulcoran hasta convertirlo en relato blandengue, que finge ser crítico y trágico pero sólo vende emociones baratas. El protagonista casi no sufre traspiés (un capítulo de acoso metido con calzador, unas visitas a médicos que no suponen demasiados problemas), los amigos son imposiblemente tolerantes y fieles, se topa con buena gente allá por donde va, la esposa está abierta a todo y no se hunde nunca y el matrimonio pasa de puntillas por las crisis esperables. El simple hecho de elegir una pareja de artistas que se mueven por los fueros más abiertos y progresistas de la sociedad facilita mucho las cosas. Habría sido más valiente e interesante ambientar la historia en una paleta familia obrera o en unos nobles ultraconservadores, pero elegir artistas bohemios parece hacer trampa.

Eso sí, hay que decir que la idea de conmover con un tono amable la dominan bastante bien, sin caer en la manipulación y el exceso de sensacionalismo. Logran de cuento de hadas semitrágico con buenas dosis de ilusión y mensajes de superación facilones pero no retorcidos; que todavía recuerdo con asco Dallas Buyers Club, Descifrando enigma y Whiplash, tres detestables monstruos de la manipulación emocional que triunfaron recientemente. La comparación más cercana sería precisamente La teoría del todo, un drama comercial sencillo pero hecho con bastante cariño, con lo que disimula bien su estilo prefabricado y almidonado.

El matrimonio resulta encantador, en parte por su relación tan abierta, en parte por las formas de ser (la vitalidad de la esposa se contagia rápido), y también por el entorno rutilante (arte, fiestas, vida en lugares hermosos). Y los pocos amigos (el belga Matthias Schoenaerts, que se dio a conocer en la recomendable Rundskop, la bailarina –Amber Heard-) se hacen querer también a la primera. El factor clave de la fuerza de estos personajes son los actores. Redmayne ya demostró su vena camaleónica en la encarnación de Stephen Hawking, y aquí está estupendo en un registro más emocional que físico, aunque este también cuenta mucho (la adaptación a los movimientos y gestos femeninos). Como él ya era conocido, la que terminó deslumbrando fue su compañera, Alicia Vikander, que se presentó a lo grande en el año 2015 con Ex Machina y la presente. En aquel título jugaba con la contención, y aquí todo lo contrario: una mujer vivaz y enérgica que repentinamente se encuentra con una tormenta de acontecimientos y dramas que amenazan con destruir su idilio.

En cuanto a la historia, con esa limitación narrativa autoimpuesta resulta muy predecible. Deben cumplir con los patrones básicos, las escenas de rigor, y no salirse mucho en tono; el escritor no parece esforzarse en tratar de sorprender, de buscar soluciones más ingeniosas, y cada capítulo y giro se ve venir de lejos. Además, con eso de abarcar muchos años se le notan algunos saltos un poco bruscos, como si faltara una transición más adecuada de eventos y maduración de personajes. Pero nada es especialmente grave, de hecho resulta bastante entretenida. Aunque si termina siendo un título de buena calidad es sobre todo por su acabado, primero por los imponentes actores, segundo por la arrebatadora puesta en escena.

El exotismo que ofrece la ambientación en la Europa menos conocida de la época lo aprovechan muy bien. El vestuario es excelente, las localizaciones muy acertadas, la fotografía maravillosa (Danny Cohen) y la música (Alexandre Desplat) delicada y hermosa. Cada plano es un cuadro: composición compleja y colores equilibrados cautivan e hipnotizan. Tom Hooper se acerca más a la calidad con que asombró al mundo en El discurso del rey que a la poco inspirada labor de Los miserables, conformando una película más sólida y atractiva de lo que su simplón guion parecía que podía ofrecer.

En cuanto a los Óscar, no voy a criticar que faltara esta brillante fotografía, porque la competencia en este campo el año pasado fue brutal: Mad Max, El renacido, Los odiosos ocho, Sicario y Carol. Pero sí me falta la nominación a banda sonora (probablemente la mejor del año tras El despertar de la fuerza), y sobre todo me sorprende su ausencia como mejor película, dado que es de la onda de la Academia y además bastante correcta, pero prefirieron tonterías como El marciano y Broolkyn o productos fallidos como El puente de los espías. O quizá me equivoco y no entra en los gustos de la academia, pues a lo mejor a pesar de los años que han pasado desde Brokeback Mountain todavía están muy viva la homofobia, transfobia y demás mierdas.

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Langosta


The Lobster, 2015, Grecia, Irlanda, Países Bajos, Reino Unido, Francia.
Género: Comedia, drama.
Duración: 119 min.
Dirección: Yorgos Lanthimos.
Guion: Yorgos Lanthimos, Efthymis Filippou.
Actores: Colin Farrell, Rachel Weisz, Jessica Barden, Olivia Colman, Ashley Jensen, Ariane Labed, Angeliki Papoulia, John C. Reilly, Léa Seydoux, Michael Smiley, Ben Whishaw, Roger Ashton-Griffiths.

Valoración:
Lo mejor: Original, reflexiva, divertida. Los personajes llegan hondo.
Lo peor: Le falta ritmo y gracia. A veces puede resultar un poco rebuscada.

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En plan distopía a medio camino entre el surrealismo y la sátira, Langosta hace una deconstrucción de las bases de las relaciones humanas, en especial la amistad y el amor. Diversas convenciones sociales, limitaciones personales y otros clichés son desmenuzados y caricaturizados, supongo que con la esperanza de que reflexionemos sobre vicios, errores y costumbres muy generalizados que obstruyen vínculos que deberían fluir de forma más natural, sensata y honesta.

El tono es irónico rayano la humillación, porque como te sientas identificado con alguno de sus ejemplos te hará trizas. Me gustó mucho lo descarado que es con las falsas amistades y los intentos de afianzar las parejas con gustos (¡y dolencias!) fingidos, pero este ensayo tiene numerosos escenarios y situaciones que oscilan entre lo simpático, lo descabellado y lo inquietante. En el hotel destacan los primeros pasos para formar lazos, llenos de inseguridades y mentirijillas, la dinámica con la chica que sangra por la nariz y los altibajos entre los amigos que hace el protagonista. En la ciudad entramos en la parte más oscura: la visita a los padres de otra protagonista, en plan pareja simulada, llega a resultar un tanto incómoda. En cambio el otro escenario esencial no me convence del todo: esa obsesión con aislarse en el bosque no he pillado a qué podría apuntar (si es que había alguna intención oculta), y el viaje de los personajes se estanca un tanto, así que ese tramo se me hizo un poco pesado.

El estilo de cine experimental, con un toque absurdo demencial, se le atragantará a muchos, pero es que no es una cinta para el gran público, sino para quien busque algo distinto y que haga pensar. Me recordó, por la idea de usar referencias poéticas e imaginativas para referirse a distintos sentimientos humanos, a Perfect Sense, aunque por lo demás no se parecen en nada, empezando porque la presente apuesta por la comedia. Eso sí, ahí se queda un poco corta. Es divertida, pero no de las de reírse a carcajada limpia. Si funciona es por su originalidad, que te mantiene siempre en alerta por la nueva ocurrencia que pueda llegar, por su mensaje tratado con un estilo único que te conmueve e irrita por igual, y en especial gracias a sus encantadores personajes, que enganchan rápido y ayudan a que incluso en los momentos más rebuscados tengas una conexión férrea con sus vivencias y las extrañas ideas del griego Yorgos Lanthimos no se te atraganten.

El reparto está repleto de actores de primera, aunque la mayoría sin el reconocimiento merecido. Destaca Colin Farrell como el protagonista afligido y empanado que desespera porque está a punto de convertirse en un paria (o sea, no tener pareja), pero John C. Reilly, Ben Whishaw y Rachel Weisz también captan muy bien el tono: a la vez tienen que hacer reír, dar pena y resultar extravagantes pero sin caer en lo estúpido.

Spectre


Spectre, 2015, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 148 min.
Dirección: Sam Mendes.
Guion: John Logan, Neal Purvis, Robert Wade, Jez Butterworth.
Actores: Daniel Craig, Léa Seydoux, Christoph Waltz, Ralph Fiennes, Monica Bellucci, Ben Whishaw, Naomie Harris, Dave Bautista, Rory Kinnear.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: La fuerza de algunas escenas.
Lo peor: Parece escrita y dirigida con desgana, sobre todo a la hora de editarla: le falta garra, ritmo, y le sobra mucho metraje. Con un nuevo montaje que agilice la narración podría sacarse una película algo superior, y desde luego más entretenida.
Mejores momentos: El plano secuencia inicial. La persecución pausada. La pelea en el tren.
El presupuesto: ¡245 millones de dólares!

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Las expectativas ante la llegada de Spectre estaban por las nubes. Tras el fiasco de Quantum of Solace, Skyfall recuperó el camino al que apuntaba Casino Royale, hacia una saga más seria y compleja y menos enquistada en clichés repetidos en todos los capítulos, y además lo hizo con una puesta en escena muy personal de Sam Mendes que resultó fascinante. Las buenas críticas de esos dos notables episodios y su gran taquilla (sobre todo la de Skyfall: ¡mil cien millones de dólares!) evidenciaban que el público quería más entregas de ese nivel, y cuando Mendes tomó las riendas del proyecto después de muchas negociaciones y opciones descartadas (algunas que daban miedo, como el insulso David Yates) se renovaron las esperanzas y ansias, que además desbordaron cuando se anunció como el capítulo final de la trama seriada que estaban montando. Pero la llegada de Spectre ha decepcionado tanto o casi tanto como Quantum of Solace

Al contrario que en la segunda parte protagonizada por Daniel Craig, que suponía un paso atrás mediante una simplificación excesiva del esquema clásico, aquí sí se ve algo más de ambición… pero me temo que está muy mal encauzada, de forma que los errores consumen la cinta y la alejan de la acción trepidante para llevarla hacia el tedio, mientras que Quantum of Solace pecaría de simplona, pero al menos era más entretenida. El problema es que sus autores quieren abarcarlo todo pero nada lo cogen con determinación y lo dirigen hacia algo concreto y atractivo. Intenta ser compleja y trascendente y abarcar distintos estilos como las dos entregas más aclamadas, y a la vez busca la épica intensa y melancólica propia de un episodio final. Pero también trata de mirar al pasado, recuperando la mítica Spectre y el misterioso Blofeld y su gato, para lo que tira de lugares comunes y homenajes en cantidad. El resultado es una película muy larga y con aparentemente mucho material, pero que carece de ritmo en su narración y de cohesión global. Es decir, lo de capítulo final a lo grande se queda en humo, como episodio en sí carece de garra y personalidad, y los homenajes a la serie superan a las ideas originales.

Después de tanto esperar a Spectre resulta que este grupo archienemigo no es para tanto. El malo grandote (Dave Bautista) es un cero en carisma y su presentación es demasiado rebuscada, y el gran villano no tiene pegada alguna, de forma que ni un buen actor como es Christoph Waltz logra sacarle algo de jugo. Un loco más que quiere dominar el mundo, otra batallita en su aislada base y una explosión salida de la nada que acaba con todo. No hay más, no tenemos un enfrentamiento glorioso y trágico que transmita fuertes emociones, no se construye un personaje que cause temor y sea capaz de asombrar por sus habilidades y planes, algo que sí conseguían con Silva en Skyfall. Y teniendo en cuenta la importancia que le dan, tanto por su relación con James Bond como por los momentos impostados (la presentación a contraluz, la fallida escena de tortura…) que intentan sin éxito darle un aura de magnificencia y misterio que el guion no es capaz, pues resulta una decepción bastante grande.

Y para llegar a esta nada lustrosa cumbre hemos dado mil vueltas, la mayoría intrascendentes o desaprovechadas, algunas innecesarias, y pocas sustanciosas e impactantes.

Los saltos entre escenarios y las pesquisas de Bond van a trompicones y con lentitud a pesar de no ser nada complejas. Hay escenas de todo tipo y casi ninguna termina de funcionar. Hay partes simples que se eternizan, como la estancia en el hotel donde buscan pistas. Por el lado contrario encontramos la acción delirante de lo peor de la etapa Brosnan: la persecución en avioneta es tan salida de madre que casi acaba resultando una comedia de acción cutre, y la pelea inicial en el helicóptero me resulta demasiado repetitiva y larga. Vuelve la cienci-magia: ¿pero qué es lo que hace Q con el anillo, saca huellas, rastros de adn o qué?; y telita la casualidad de que haya pasado por todos los malos conocidos. Hay mil referencias y homenajes que no aportan casi nada, y también se empeñan en recordar los enemigos y amigos de la etapa actual con una insistencia cargante, contribuyendo a la sensación de película atascada en un bucle. Mantienen la idea de aumentar la presencia de M y otros secundarios (Monypeny, Q, Tanner), pero al contrario que en Skyfall aquí no funcionan del todo, porque ocupan mucho tiempo para lo poco que se saca de ellos: en vez de complementar a Bond lo eclipsan.

De la acción sólo destaco la pelea en el tren (muy efectiva en su rudeza), y la persecución que juega más con la intriga que con la velocidad y los golpes: no es del agrado de todos pero a mí me pareció original, con estilo y también tensa sin artificios innecesarios. La fémina de turno es lo que mejor funciona, y eso que también sabe a repetición de la jugada, pues es una suerte de Vesper. Pero sí, la actriz Léa Seydoux es bella y competente, el personaje tiene su encanto y la relación evoluciona francamente bien. Además el final se aleja un poco de lo visto, en un intento de hacer madurar por fin a Bond después de tres películas incidiendo en ello pero sin llegar a ninguna parte.

Lo sorprendente es que los guionistas son los mismos en toda esa etapa. Cómo se puede estar tan acertado en un capítulo y tan cerca del suspenso en otro. El guion parece hecho a trozos y sin esfuerzo por unirlo todo. En cuanto a la puesta en escena, no alcanza al nivel de Casino Royale (sólida y contundente) y Skyfall (elegante y sugerente), pero al menos sí mantiene las formas aceptablemente, y es a mi parecer en lo único que supera a Quantum of Solace. Pero de aceptable a notable hay un salto importante. Mendes mantiene un tono visual correcto y se marca algunas escenas bastante eficaces, como el plano secuencia inicial y la persecución pausada, pero en líneas generales parece haber puesto el esfuerzo en esos momentos puntuales y rodado el resto con el piloto automático. La narración fluye adormilada, sin sacar la energía esperable del resto de escenas de acción ni encontrar el tono de glamour deslumbrante habitual. Una cinta que cambia tanto de escenario, por la que pasan tantos personajes secundarios y que incluye partes intensas cada poco tiempo, no puede tener un ritmo tan manso, aletargado. Pide a gritos un montaje más ágil, que dé ritmo y recorte los segundos innecesarios que parecen tener casi todas las secuencias, y que fulmine algunas enteras que no aportan nada (esa absurda visita al meteorito, por ejemplo).

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Serie James Bond:
Casino Royale (2006)
Quantum of Solace (2008)
Skyfall (20012)
-> Spectre (2015)

Skyfall


Skyfall, 2012, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 143 min.
Dirección: Sam Mendes.
Guion: John Logan, Neal Purvis, Robert Wise.
Actores: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, Naomie Harris, Bérénice Marhole, Albert Finney, Ben Whishaw, Rory Kinnear.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: La sublime puesta en escena: dirección, fotografía, música, montaje, sonido… La calidad que el guion otorga a los personajes así como el protagonismo que les da por encima de cualquier escena de acción (alejándose de la acción sin sentido de la era de Pierce Brosnan).
Lo peor: Por decir algo, la trama podría haber sido más compleja.
Mejores momentos: La escena de la grúa. La pelea con el francotirador a contraluz. La casa ardiendo, iluminando la noche.
El gazapo: En la pelea contra el francotirador Bond iba sin guantes para poder usar la pistola dactilar, pero luego aparece con ellos para que el malo pueda resbalarse…

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Lo cierto es que no esperaba nada de James Bond a estas alturas. No soy lo que se dice fan de la saga, sino del género de acción en general, y de hecho siempre le he criticado muchos aspectos: la repetición de un esquema muy manido, lo irreal de muchos capítulos, que se inclinaban demasiado hacia la acción aparatosa (casi de ciencia-ficción) olvidando elementos clásicos de la serie (espionaje, glamour), y la falta de continuidad entre entregas, principalmente. Con Casino Royale hicieron un esfuerzo por encarrilar la saga, y el resultado fue prometedor, aunque a mí no me pareció tan redonda como a casi todo el mundo. Pero desgraciadamente la insustancial Quantum of Solace volvió de nuevo al mal camino, decepcionando a todo el que se había hecho ilusiones.

Por suerte, parece que viendo que la cosa descarrilaba, los productores y guionistas de la serie se han puesto las pilas de nuevo, haciendo que Skyfall sea prácticamente otro reinicio que pone empeño en realzar el personaje de Bond, en rehuir de los tópicos y en mejorar la trama y el villano. Además el director Sam Mendes se tomó en serio la cosa, y con una puesta en escena muy elaborada ha contribuido a la hora de lograr una película que aun siendo Bond no parezca Bond, sino un thriller con una personalidad propia. Eso implica que la crítica se poraliza, al contrario que pasó con Casino Royale, donde el intento de reinicio de calidad no tenía un estilo tan marcado y tuvo mejor recepción. Eso sí, en cuanto a taquilla ha tenido los mejores resultados de la saga, superando los mil millones de dólares.

La historia sigue el esquema clásico de prólogo intenso, receso para ligoteos y presentar al villano, investigación, exposición del plan del villano y confrontación final. Pero se ha escrito trabajando más en profundidad cada elemento, y sobre todo los personajes se han tratado con mucho mimo, más incluso del que se veía en Casino Royale. La humanización de Bond alcanza su cima: nos acercamos más que nunca a su psique, tanto porque viajamos a su pasado como porque la relación con M, casi su madre adoptiva, forma parte de la trama, de manera que sus motivaciones quedan más claras, resultando un personaje más verosímil y permitiendo mayor conexión emocional con él. El villano, Silva, también está más humanizado y mejor justificado de lo habitual: este agente usado y descartado por quienes considerada su familia y que decide tomar venganza, resulta uno de los enemigos más inquietantes, temibles y cercanos a los protagonistas que ha tenido toda la serie, por lo que también resulta más tangible y creíble. Además el inquietante papel de Javier Bardem ofrece una llamativa ambigüedad en varios campos (sexual, de intenciones o planes, de estabilidad psicológica) que refuerza su aura perturbadora. Aquí es inevitable la comparación: en esta línea pero más temible tenía que haber sido el malo de Spectre, pero ni se acerca.

También se potencian los secundarios: reaparecen Q (Ben Whishaw) y Moneypenny (Naomie Harris), M pasa casi a primer plano (Judi Dench) y el ayudante de esta, Tanner (Rory Kinnear) la acompaña bien, y se presenta el nuevo superior, Mallory (Ralph Fiennes). Todos aportan consistencia y dinamismo a la trama, no dejando que Bond sea el superhéroe que hace todo y refozando ese lado humano al tratar con otras personas. Y también prometen continuidad de cara a próximos capítulos. Cabe destacar que, inesperadamente y para bien, no han forzado la vena cómica tontorrona de Q, sino que buscan un personaje más contenido.

Me pregunto cómo terminó Sam Mendes en este proyecto, y cómo pudo imprimir un acabado tan personal a una cinta tan comercial: ¿lo buscaba la productora o tuvo carta blanca y lanzó un órdago? Sea como sea resultó un gran atrevimiento que ha dado sus frutos de forma notable. Jamás se me habría ocurrido pensar que James Bond podría ofrecer una película tan hermosa y cautivadora, capaz de mantener al espectador hipnotizado durante su largo pero bien empleado metraje. Mendes logra convertir una simple pelea a puñetazos en una secuencia memorable (la escena del francotirador, a contraluz, es fascinante) y ofrece tramos donde la impronta visual te deja sin aliento, como por ejemplo el desenlace, donde la iluminación del fuego muestra un paisaje tan bello como sobrecogedor. Y no por ello descuida la esencia Bond: la estancia en el casino y la guarida del villano muestran muy bien el glamour y el exotismo habituales, y la acción intensa la resuelve con el nivel esperable (atención a la espectacular pelea encima del tren).

No cabe duda de que el realizador no podría haber logrado tanto sin esa arrebatadora fotografía de Roger Deakins, cuya labor es una proeza digna de citar entre las mejores fotografías de cine de los últimos años, y sin la brillante banda sonora de Thomas Newman. Este compositor habitualmente asociado a Mendes parecía una elección poco apropiada, más cuando David Arnold había tomado la saga para sí mismo con méritos de sobra, pero lo cierto es que su partitura es sorprendentemente dinámica y rica en sonoridades (los que le conozcan a fondo sabrán de qué hablo: es bastante repetitivo dentro de un estilo propio muy definido) y sobre todo tiene una fuerza y una expresividad que se adapta como anillo al dedo a cada escena. Hay instantes donde la música brilla con luz propia, como la llegada al casino, o la intriga que consigue generar antes del ataque principal de Silva (en la vista de M). Y debo decir que la canción de Adelle está muy bien, cuando este elemento siempre me ha parecido fallido, por innecesario (es mera treta comercial) y por mala calidad (no daba ni una canción buena).

Sólo unas pocas pegas menores se pueden señalar. El previo al lanzamiento del desenlace se ralentiza quizá demasiado: el viaje hacia la casa y los preparativos deberían haberse agilizado un poco. Y no sé si es un agujero de guion o que se me escapa algo que no he podido deducir en las varias veces que he visto la película, pero me pregunto para qué tanto lío con el francotirador si es evidente que los que rodean a la víctima saben lo que va a pasar, es decir, ¿por qué no la ejecutan ellos? También hay otro momento un tanto confuso: Bond tiene una cicatriz del tiro que le pega el malo en el prólogo, de la cual saca trozos de bala para investigar… pero yo en un primer momento pensé que estaba hurgando en el tiro que le pegó su compañera, que por lo visto no dejó cicatriz, con lo que pienso que se podría haber matizado mejor el asunto. Y finalmente tenemos las cansinas gilipolleces sobre informática que se empeñan en poner en el cine: todo resuelve tecleando a toda velocidad y viendo en la pantalla un montón de letras y gráficas sin sentido en movimiento.

Entrada actualizada de la original publicada el 06/03/2013.

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Serie James Bond:
Casino Royale (2006)
Quantum of Solace (2008)
-> Skyfall (20012)
Spectre (2015)