El Criticón

Opinión de cine y música

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Desafío total (2012)


Total Recall, 2012, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: Len Wiseman.
Guion: Kurt Wimmer, Mark Bomback, Philip k. Dick (relato).
Actores: Colin Farrell, Kate Beckinsale, Jessica Biel, Bryan Cranston, Bill Nighy.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Efectos especiales impresionantes. Gran recreación del futuro.
Lo peor: Simple y sin garra.
Título en latinoamérica: El vengador del futuro. ¿De qué se venga? ¿Dónde está el viaje al pasado?
Director’s Cut: Hay dos versiones de la película, una con 118 minutos y otra con 130: la productora la recortó mucho para el estreno en cines pero en dvd el director pudo ofrecer su visión. No he encontrado una comparativa entre ambas, pero al parecer en la versión corta se omiten cosas importantes.

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Como la producción de Paul Verhoeven (1990), Desafío total se inspira en un relato de Philip K. Dick donde un currante aburrido decide hacer un viaje virtual para llenar de emoción su vida. Pero el proceso falla porque su memoria ya se haya alterada, y descubre entonces que es un espía atrapado y puesto a dormir en una vida hecha a medida, y ahora deberá averiguar cuál era su trabajo y objetivos y quiénes su amigos y aliados.

Mientras que en la cinta protagonizada por Schwarzenegger el argumento se desarrollaba como un thriller intenso, lleno de misterio y acción, aquí resulta superficial, constreñido entre tiroteos y persecuciones donde solo se busca el efecto especial aparatoso y se olvida (algo habitual en el cine actual) de dotar de verdadera entidad y credibilidad a los personajes. Poco o nada interesa el destino del protagonista y quienes van apareciendo en su camino, pues ninguno posee el carisma y la fuerza que ofrecía el enorme plantel de la versión anterior. Ya puede sudar Colin Farrell, tener peleas con las aburridas féminas (Kate Beckinsale, Jessica Biel), enfrentarse a villanos supuestamente importantes (desaprovechado Bryan Cranston) o haber algún giro final sorprendente (el del tatuaje, ridículo, el de la misión secreta, poco resultón), que nada llega a despertar suficiente interés como para que días después de la proyección se siga pensando en la película, algo que sí ocurría con la otra. El camino que se sigue está además muy trillado: sabes perfectamente cuándo aparecerá una persecución, cuando un tiroteo, cuando una pelea a puñetazos… y también se prevé cómo acabará cada secuencia y qué vendrá después.

Este fallido aspecto de narración lineal se debe en gran parte a que no se aprovecha lo más mínimo el género de ciencia-ficción, porque lo único que se hace es trasladar cualquier elemento del cine de acción actual a un entorno digitalizado. Por ejemplo, la persecución por tejados tiene casas del futuro y unos cuantos robots, pero en realidad no se añade nada en contenido y resultados a lo visto en innumerables películas ancladas en el presente. En la de Verhoeven cada nuevo escenario estaba lleno de sorpresas y aportaba alguna secuencia si no importante sí espectacular, y sobre todo como en cualquier buena película de ciencia-ficción el escenario, el universo planteado, tenía sentido, se integraba en la trama, era parte de los personajes. Aquí solo los retazos de lucha obrera parecen ir hacia alguna parte en relación con la aventura del protagonista, pero es algo poco trabajado: es difícil enterarse de cómo se llegó a esa situación (se tienen que explicar cosas mediante rótulos al inicio porque en la trama no saben meterlas) y al no haber secundarios de calidad que sustenten el entramado social imaginario (como los mutantes) todo queda en un trasfondo muy vago sobre el que se orquesta una simple aventura de acción.

Al menos, como cinta de acción funciona sin muchos achaques. Es un no parar donde todo se desarrolla a toda velocidad y con ello disfraza bastante bien su guion tan facilón. De hecho, hay tramos trepidantes muy logrados, como la larga persecución de coches magnéticos. Aunque eso sí, debo decir que hay una sección bastante salida de madre: la parida del viaje por el interior del planeta no hay por dónde agarrarla. Y por supuesto, cuando cobra importancia la trama se ven sus limitaciones, como en el enfrentamiento final, que resulta demasiado predecible.

Es ineludible destacar que el nivel de los efectos especiales es impresionante, sobre todo teniendo en cuenta que el presupuesto no era de los gordos (120 millones está muy por debajo de los 200 estandarizados hoy día para superproducciones). El diseño de la ciudad (casa sobre casa hasta llenar el cielo) es detallado, los fondos digitales y decorados son impecables, la interacción de personajes con el entorno resulta creíble y la dirección de Len Wiseman (Underworld, La jungla 4.0) es francamente buena y lo aprovecha todo muy bien.

Por su ritmo intenso y su acabado visual espectacular es un visionado más que aceptable si te atrae el género. Pero es una pena que el guion de Kurt Wimmer sea tan poca cosa, con lo que a pesar de tener experiencia en el género (Ultravioleta, Equilibrium, Esfera) sigue defraudando.

Ira de titanes


Wrath of Titans, 2012, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 99 min.
Dirección: Jonathan Liebesman.
Guion: Dan Mazeau, David Johnson.
Actores: Sam Worthington, Liam Neeson, Rosamund Pike, Ralph Fiennes, Édgar Ramírez, Bill Nighy, Danny Huston.
Música: Javier Navarrete.

Valoración:
Lo mejor: Entretenimiento asegurado, aspecto visual arrollador.
Lo peor: Narración sin rumbo ni sentido, personajes planos.

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Furia de titanes me sorprendió un poco para bien. Tenía características de una buena cinta de aventuras: personajes prometedores, buen ritmo, escenas entretenidas y espectaculares una detrás de otra… Pero fallaba en lo que falla mucho el cine actual: era evidente su dejadez o incapacidad a la hora de buscar la calidad. No parecía que trataran o fueran capaces de aprovechar el potencial que dejaba entrever, así que todo se quedaba en una cinta entretenida pero que no consigue dejar huella.

Ira de titanes arrastra una extensión de ese problema: en las secuelas parece que se esfuerzan aún menos en buscar un guion de calidad, y se limitan a repetir el esquema de la entrega anterior maximizando sus elementos de acción. No se enteran de que ruido y efectos especiales sin alma detrás, sin personajes con los que conectar, sin una trama que transmita algo, no causan impacto como podrían.

Así pues, lo que en Furia de titanes prometía pero no terminaba de despegar, aquí prácticamente casi no hace acto de presencia. La trama carece de interés, no se entienden las motivaciones de los personajes ni po rqué ahora se enfrenta a esta o a aquella dificultad. Todo sucede porque sí sin un propósito narrativo claro más allá de seguir la idea de meter escenas de acción desmedidas. La aparición de criaturas, héroes secundarios, escenarios peligrosos, etc. sin sentido claro termina cansando. Uno no sabe qué está ocurriendo, por qué esos dioses que no son dioses, sino gente con superpoderes, vagan de acá para allá mientras el protagonista lucha incansablemente sin preguntarse qué está haciendo.

Sin embargo, al contrario que Furia de titanes, donde aunque la puesta en escena era más que correcta el acabado de los efectos especiales dejaba bastante que desear, en Ira de titanes se han puesto las pilas, han echado tiempo y dinero hasta lograr una producción visualmente impresionante. Monstruos y escenarios muy bien recreados, ambientación de nivel, escenas de acción bastante bien rodadas y considerablemente espectaculares… La película entra muy bien por los ojos y tiene un ritmo intenso, con lo que funciona sin problemas como espectáculo con el que pasar el rato. Casi se puede decir que con su simpleza gana a muchas producciones que al tratar de abarcar más consiguen errores más grandes, como la caótica John Carter o la pretenciosa pero insoportable 300.

Piratas del Caribe: En el fin del mundo


Pirates of the Caribbean: At World’s End , 2017, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 168 min.
Dirección: Gore Verbinski.
Guion: Ted Elliot, Terry Rossio.
Actores: Johnny Depp, Geoffrey Rush, Orlando Bloom, Keira Knightley, Jack Davenport, Bill Nighy, Jonathan Pryce, Kevin McNally, Stellan Skarsgard, Naomi Harris.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Algunos tramos muy entretenidos y divertidos. ¡Y por fin ofrece una banda sonora original más que digna! La parte buena del reparto es impresionante (Johnny Depp, Geoffrey Rush, etc.).
Lo peor: Un metraje ridículamente abultado, un guion que se lía sobre sí mismo sin rumbo fijo. La parte mala del reparto es infame (Orlando Bloom) o poco interesante (Keira Knightley).
Mejores momentos: La gran reunión de piratas, que reúne muchos de los mejores chistes de la función (mención especial para el personaje de Keith Richards).
El plano: Por cutre, la pierna de la protagonista perfectamente depilada tras meses de ajetreada vida en navíos.
La frase: Tortugas marinas, amigo.

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No es que fuera una saga destacable más allá de rendir como un entretenimiento sin complicaciones que suplía su falta de originalidad y calidad cinematográfica ofreciendo espectacularidad y grandes dosis de humor y acción, amén de un personaje que probablemente será recordado durante años, Jack Sparrow, pero esta tercera entrega tiene un notable sabor a decepción, a oportunidad desaprovechada. Y es que Piratas del Caribe: En el fin del mundo recae en los mismos errores que cometió la segunda entrega, es decir, no saber ir al grano y recortar escenas para contar lo estrictamente necesario para la historia, pero además de presentar estas faltas bastante agravadas se añade un desgaste en el sentido del humor y de la acción, con lo que la película funciona irregularmente como diversión pasajera. Si no se es exigente se deja ver y permite algunas risas, y como el público no lo es sin duda arrasará en taquilla de forma que probablemente indicará a los productores que este puede ser exprimido con otra entrega, pero es una obra que deja bien claro el poco esfuerzo que se pone hoy día en ofrecer cintas que además de entretenimiento aúnen unas dosis mínimas de calidad.

Si ya la segunda entrega no exponía claramente las tramas, las cuales a pesar de ser sencillas a veces eran complicadas de seguir, el guion de En el fin del mundo se vuelve aún más obtuso, irregular y caótico. A lo largo del interminable metraje las historias de piratas, maldiciones, traiciones y amores se suceden de forma casi aleatoria, entrando y saliendo de la narración ora ofreciendo una sorpresa interesante, ora chocando torpemente, lo que se traduce en un galimatías en el que es difícil mantener el interés y la comprensión. Sumando a esto la ingente cantidad de escenas que no aportan nada al relato (la larga estancia de Sparrow en los dominios de Davy Jones, totalmente fuera de lugar) o que alargan numerosos tramos de manera más o menos negligente, obtenemos una cinta demasiado inflada (¡dos horas cuarenta minutos!) que aburre a ratos, que no atrapa de manera regular. Dudo que aguante más de un visionado sin llegar a ser soporífera.

Como decía, las aventuras de Sparrow y los demás piratas y criaturas han perdido bastante fuelle en cuanto al sentido del humor, mostrándose este realmente acertado y sorprendente en muy pocas ocasiones (genial la aparición de Keith Richards o las múltiples personalidades de Jack). Le falta inspiración y hay muchos momentos en los que se recurre a la broma demasiado fácil o se abusa de chistes de animales (que es lo más bajo donde puede caer el humor). También falla otro sentido que caracterizaba bastante bien a la saga, el de la acción trepidante, tanto aparatosa como visualmente llena de recursos. Las escenas de esta categoría apenas superan el par, y no es que las que se ofrecen tengan tanta garra y sean tan vistosas como las de las anteriores entregas. Sin ir más lejos, el conflicto final está cerca de ser un desastre: el ritmo es ineficaz, se abusa de efectos visuales y sonoros por encima de escenas con personajes y hay momentos muy mal resueltos, como esa flota enemiga huyendo sin razón.

Teniendo en cuenta que la segunda y tercera partes fueron realizadas de un tirón, observo el resultado final de las mismas y no puedo sino pensar que rodaban sobre la marcha, con un guion que se sobrescribía prácticamente en directo como sucedió con El Señor de los Anillos de Peter Jackson (así le fue…). No parecen darse cuenta de que rodar sin un guion bien escrito y cerrado se traduce en una falta de consistencia narrativa notable (sobre todo si en la mesa de montaje no se atina a formar bien la película), en escenas que se acoplan o estorban, en fallos e inconsistencias… Me gustaría saber si Gore Verbinski, un director del que pienso que tiene bastantes recursos y creo que ha conseguido que esta saga no sea un estropicio absoluto aportando un sólido manejo de la cámara, tuvo las manos atadas por la productora (o sea, obligado a seguir directrices comerciales y no recortar ni aportar nada de su propia mano) o si los errores son también en parte culpa suya.

De los elementos denominados técnicos no hay reproche digno de mención. La música ha mejorado muchísimo, siendo la única parte de la (por ahora) trilogía que denota un trabajo real en su composición. El reparto tiene grandes intérpretes, como el genial Johnny Depp retratando al desequilibrado Sparrow o el estupendo Geoffrey Rush como Barbossa, más un número amplio de secundarios de gran profesionalidad, aunque también están los consabidos rostros bellos que no dan nada de sí: ya estoy cansado de nombrar a Orlando Bloom como un actor incapaz de la más mínima expresión (a ver si es verdad eso que dijo sobre retirarse del cine). El vestuario es detallista, los decorados impresionantes, los efectos especiales muy creíbles… Todos estos elementos están a la altura de lo esperado, pero nada consigue que El el fin del mundo destile buenas sensaciones excepto la de que se presenta como una extensión fallida e innecesaria de una saga de aventuras que, aunque no terminaba de cuajar, era un disfrutable espectáculo que bien valía la entrada de cine.

Piratas del Caribe: El cofre del hombre muerto


Pirates of the Caribbean: Dead Man’s Chest , 2006, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 150 min.
Dirección: Gore Verbinski.
Guion: Ted Elliot, Terry Rossio.
Actores: Johnny Depp, Orlando Bloom, Keira Knightley, Jack Davenport, Bill Nighy, Jonathan Pryce, Kevin McNally, Stellan Skarsgard.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: El imaginativo diseño y recreación de los decorados (barcos principalmente) y las criaturas, el estupendo vestuario. El sentido del humor y aventura. Johnny Depp y el correcto reparto de secundarios.
Lo peor: Un guion con muchos tropiezos y, sobre todo, un metraje abultadísimo que hace que la película se pierda muchísimo en cosas que no sirven para nada. Y un siempre nefasto Orlando Bloom.
Mejores momentos: Sendos ataques del kraken y todas las apariciones del hombre-pulpo (Davy Jones).
La frase: ¡Echad el ron también!

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El desorbitado éxito de la primera parte llevó a los productores rápidamente a realizar secuelas, y, siguiendo la estela de otras superproducciones recientes que se han rodado de un tirón para abaratar costes, han rodado segunda y tercera parte conjuntamente. El presupuesto no quiero ni imaginarlo, pero al final es casi lo único que salva esta, al menos viendo la segunda entrega, saga.

El cofre del hombre muerto da lo que se espera de ella, o sea, lo mismo que su predecesora pero multiplicado por mil. Como entretenimiento es bastante eficaz, y se pueden destacar más o menos las mismas virtudes y defectos que en La maldición de la Perla Negra. Goza de un buen sentido de la aventura y del humor, con constantes peleas y escenas de acción complicadas y divertidas repletas diálogos y situaciones cómicas, siendo siempre las mejores las protagonizadas por un de nuevo excelente Johnny Depp. El guion es una mera farsa para llevar la aventura, más maldiciones y tesoros por donde mover a los personajes; no se le puede pedir más porque no lo va a dar.

El problema principal con el que carga es un metraje abultadísimo. Pide a gritos un nuevo montaje que pula el ritmo, que elimine pasajes innecesarios y extremadamente largos (las aventuras entre la tribu de indios son graciosillas, pero… ¿qué pintan ahí?) que desvían la atención sobre un argumento ya de por sí no demasiado sólido y alargan en demasía muchas partes. Dos horas y media, digamos dos horas y veinte minutos quitando créditos, es excesivo para una producción destinada nada más que a pasar un buen rato, y más si no se administra bien el tiempo.

Volviendo a los actores, Depp está eficazmente secundado, de nuevo, por un plantel de secundarios de lujo. No hay ninguno sobre el que tenga quejas, y alguno destaca especialmente incluso con papeles muy breves (Jonathan Pryce) o tras maquillaje y efectos digitales (Bill Nighy). Otra mención especial para Kevin McNally (que interpreta al segundo de Sparrow, Gibbs), quien ha visto ampliado su papel hasta hacerme dudar de si tiene más minutos en pantalla que el propio Depp; desde luego, más que Keira Knightley seguro que sí. En cuanto a los otros dos supuestos principales del reparto, Orlando Bloom es tan penoso como siempre, con las mismas muecas torpes y su inexpresividad habitual, y Keira Nightley cumple por los pelos si somos generosos.

El plato fuerte de la función es sin duda la pasta que han echado en ella. La cuidadísima dirección artística nos deja un deleite de creaciones asombrosas, desde el El Holandés Errante, un barco de aspecto burtoniano donde se ha cuidado hasta el más mínimo detalle, hasta las pintorescas y variadas criaturas, ya sean el kraken o los medio hombres medio peces, creaciones bastante oscuras y asquerosas para ser una película Disney (¿cómo puede tener una calificación para mayores de siete años?). El dinero ha sido muy bien invertido, haciendo posible que estos diseños cobren vida de forma magistral: los decorados son grandes, variados y ricos en detalles, el vestuario es perfecto, y los efectos digitales consiguen que el kraken y el hombre pulpo (Davy Jones, el malvado de la función) resulten totalmente realistas al ojo humano.

Gore Verbinski ha realizado una buena labor, teniendo en cuenta la magnitud de la producción. Sabe manejar la cámara, sabe aprovechar los recursos y guiar a los actores. Mueve la cámara entre los decorados con solvencia y eficacia, monta la película dando vida a las peleas y ocultando su poca originalidad y consiguiendo que las escenas más exageradas no resulten ridículas sino impactantes y simpáticas.

Como fan del género, no puedo terminar sin mencionar la banda sonora original. Ya comenté la aberración musical que supuso la de la primera entrega, prepretada por Klaus Badelt. Aquí Hans Zimmer se ha dedicado él mismo a la creación de música (aunque supongo que contaría con su pandilla de colaboradores habituales) en vez de meter mano en el trabajo de otros, haciendo que el producto sea más redondo y menos sintético y ruidoso… Pero no deja de ser una versión mejor arreglada de la misma composición, con algunos buenos aportes (el tema del kraken con el órgano) y poco más ( aquí puedes ver mi análisis).

Tampoco me olvido de las referencias a otras películas. Si en la anterior entrega fue El temible burlón (película infinitamente superior) la plagiada descaradamente, ahora hay notables similitudes con El Señor de los Anillos: el primer ataque del kraken es igual al ataque de la misma criatura en la entrada de Moria, y Elizabeth mata monstruitos con dos espadas de la misma forma que Legolas elimina orcos; en ambas secuencias hay planos en los me costaría discernir qué película es cada una.