El Criticón

Opinión de cine y música

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El irlandés


The Irishman, 2019, EE.UU.
Género: Drama, suspense, histórico.
Duración: 209 min.
Dirección: Martin Scorsese.
Guion: Steven Zaillian, Charles Brandt (novela).
Actores: Robert De Niro, Al Pacino, Joe Pesci, Harvey Keitel, Ray Romano, Stephen Graham, Bobby Cannavale, Kathrine Narducci, Anna Paquin, Stephanie Kurtzuba.

Valoración:
Lo mejor: El colosal trío de actores principales: Robert de Niro, Al Pacino, Joe Pesci. El tono crepuscular le otorga un toque novedoso.
Lo peor: Metraje desmedido, historia sin rumbo, pasajes anodinos, personajes secundarios sin interés… Lejos de la épica de mafias que defienden muchos, es más bien una miniserie televisiva de escasa calidad y profundidad.

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En Estados Unidos siempre ha existido predilección por figuras fuera de la ley. Tanto el prototipo de forajido del oeste como gente famosa como Bonnie y Clyde se han llevado numerosas películas que idealizaban sus andanzas. Sin embargo, la llegada de El padrino (Francis Ford Coppola, 1972) dio un nuevo giro a esta tendencia, aumentando la complejidad y verosimilitud del mundo del crimen representado pero también su halo mitificador, lo que lejos de resultar anacrónico encandiló a medio mundo. Y en televisión, Los Soprano (David Chase, 1999) revivió muy bien ese estilo al llegar el nuevo milenio, aportando un toque de humor negro genial. Volviendo a la gran pantalla, Martin Scorsese se puede considerar el máximo exponente de esta línea, con Malas calles (1973), Taxi Driver (1976), Uno de los nuestros (1990), Casino (1995), Gangs of New York (2002), Infiltrados (2006), El lobo de Wall Street (2013)… todas historias donde los criminales resultan más o menos entrañables y sus aventuras embriagadoras en vez de parecernos vidas deleznables y crímenes grotescos; incluso en los casos en que sí quería señalar la violencia, lo hacía con cierto humor negro.

Precisamente este favoritismo por un género, por no decir abuso, propició que sus declaraciones a finales del año 2019 afirmando que el cine contemporáneo estaba engullido por la saga Marvel, a la que no considera ni cine, le hicieran quedar como un carcamal y un idiota de cuidado, más aún teniendo El irlandés a punto de estrenar. ¿Cómo se puede ser cineasta, haber estado décadas saturando con un género y luego despreciar otro en su época de esplendor, que ha dado numerosos títulos notables e incluso sobresalientes y que haciendo cuentas realmente no pasa de tres o cuatro estrenos al año entre más de un centenar de obras diferentes? Entró en el debate de géneros y autores rechazados por las grandes distribuidoras como elefante en una cristalería, equivocando de objetivo su crítica y sin ver que las virtudes de las nuevas tecnologías y los nuevos modelos de negocio le han permitido llevar a todo el mundo una cinta obviamente difícil de colar en salas. Pero, como siempre digo, hay que separar la persona del autor, y vamos a centrarnos en la película.

El irlandés rompe la tendencia al ofrecer una de gángsteres y mafias con un tono crepuscular, como en el cine del oeste cuando autores como John Ford y Sam Peckimpah, hartos de la línea dominante tan idealista y blanda, optaron por perseguir historias más realistas y crudas.

Para empezar, el protagonista es un don nadie y acaba más o menos igual, no es un gran capo o un tipo hábil que va ascendiendo. Jefes varios lo usan como matón y guardaespaldas por su falta de escrúpulos, pero de recursos intelectuales y ambición anda muy escaso. Esta vida deja secuelas en la familia y amistades, y garantiza soledad para quienes sobreviven a años de violencia.

Basándose en general en hechos reales seguimos la historia de Frank Sheeran (Robert de Niro), un conductor de camiones que empezó con trapicheos de contrabando y acabó siendo sicario de mafiosos varios (algunos inventados por los autores, como el rol de Joe Pesci, Russell Bufalino, otros reales) y finalmente guardaespaldas de Jimmy Hoffa (Al Pacino), el sindicalista más famoso de la época, muy conectado con el mundo del crimen.

El reparto es excepcional y recupera varias estrellas en una larga decadencia. Dos pesos pesados de los años setenta, ochenta y noventa como fueron De Niro y Pacino llevan veinte años (¡veinte!) enlazando trabajos que les dan de comer sin esfuerzo, películas más o menos mediocres y papeles donde o pasan de todo o sobreactúan sin mesura. Desde Ronin (1998), De Niro sólo pareció esmerarse un poco en El lado bueno de las cosas (2012), y Pacino, desde El dilema (1999) e Insomnio (2002) y un poco también en la miniserie Ángeles en América (2003), anduvo el mismo camino. Pesci por el contrario no ha sido de los de aparecer en dos o tres películas por año, y desde el 2000 andaba medio retirado, con sólo dos papeles, El buen pastor (2006) y Love Ranch (2010).

En El irlandés están al nivel de los mejores años de sus carreras. La contención fría, rígida, de De Niro es inquietante, se ve a un asesino sin escrúpulos… pero también a una persona sencilla. Al Pacino tiene entre manos a un embaucador de nivel, pero sorprende al limitar bastante la gesticulación de sus peores momentos y aun así conseguir un personaje que te atrapa en su órbita gracias a su arrolladora personalidad. En Pesci se nota más aún la contención, dado sus papeles cómicos aun dentro del género (en Uno de los nuestros era un loco de cuidado). Incluso ante estos dos colosos destaca con una interpretación tan verosímil como entrañable, un mafioso que está por encima de todo, cuya veteranía y convicción le hacen ir por la vida con una tranquilidad pasmosa. En cuanto a secundarios, hay muchos habituales en cine o televisión, pero con apariciones bastante breves, así que aunque cumplan como buenos profesionales ninguno logra dejar huella: Harvey Keitel, Anna Paquin, Bobby Cannavale, Stephen Graham y otros tantos.

Sin embargo, hay un aspecto polémico. El anunciado rejuvenecimiento facial de actores que sobrepasan los setenta pero interpretarían a personajes en distintas épocas, empezando por la treintena o menos, se iba a mirar con lupa, pues aunque ya se había visto en algunos episodios de Los Vengadores con resultados magníficos, destacando Capitana Marvel, ya se sabe que la ciencia-ficción y fantasía muchos no las cuentan como cine de verdad, así que hasta ahora no había realmente gran expectación por ver los resultados; para aumentar el sinsentido, los efectos especiales los hacen los mismos, Industria Light and Magic

El trabajo con los rostros es como en los ejemplos citados impecable, superando con creces a aparatosos maquillajes. No limita la interpretación de los actores, no canta a efecto digital… Pero en este caso hay dos puntos de choque que confunden e incluso molestan y terminan empañando el logro. El primero es que De Niro lleva lentillas o trabajo con ordenador también para ponerle los ojos tan claros que tenía la figura en que se basan, y resulta tan raro que te puede costar bastante rato acostumbrarse, porque te saca bastante del personaje, estás todo el rato pensando que algo no cuadra. Lo segundo es que siguen teniendo setenta años en sus movimientos, y en las escenas más activas se nota mucho, pero cuando entran en juego los dobles de cuerpo (peleas y caídas) la diferencia provoca carcajadas. Así que, al final cabe preguntarse si no es mejor el simple y efectivo recurso de contratar a distintos actores para distintas edades, o al menos haber seleccionado a unos cuarentones y usar la técnica para envejecer también. Por otro lado, hay otro caso extraño que resulta aún más desconcertante: coger a un actor relativamente joven y en forma como Domenick Lombardozzi (el detective tontorrón Herc de The Wire -2002-) y meterlo en un disfraz de gordo y anciano produce unos resultados ridículos.

Dejando estos detalles aparte, los problemas de la cinta son otros más importantes. No hay más virtudes destacables en ella aparte del excelso reparto, y sí una gran acumulación de peros y fallos desde el concepto a la ejecución. Scorsese cree haber conseguido una gran épica de género, compleja, larga, desbordante de contenido y emociones, al estilo El padrino (la segunda parte, sobre todo) y Uno de los nuestros… pero está más bien en la onda de Sergio Leone con su lenta, caótica, no lineal y semionírica Érase una vez en América (1984), que entusiasmó a sus seguidores acérrimos pero confundió y aburrió a muchos otros, cinéfilos y espectadores casuales, y estos, ante tan abrumadora recepción, prefieren callar antes de que se les trate de incultos. Pues yo voy a decirlo claramente y sin miedo: El irlandés no es una buena película, y llamarla obra maestra es una barrabasada insostenible.

Es demasiado larga e irregular, no se centra, no ofrece un rumbo y un contenido claros y consistentes. Ni siquiera me vale decir que con tres horas y media se puede considerar miniserie y ver por partes. Le sobra prácticamente la mitad, una ingente cantidad de material inane que lo que logra es rebajar su categoría de gran epopeya cinematográfica a miniserie televisiva de escaso calado y calidad.

Al menos Netflix ha tenido suerte con su éxito y la multitud de nominaciones a premios, lo que le permitirá atraer a más autores de este calibre. Es más, que Scorsese haya tenido un patinazo (o dos, contando la insustancial y tediosa Silencio -2016-) no significa que no vuelva a ofrecernos otro gran título.

El repertorio de anécdotas y curiosidades funcionó a las mil maravillas en Uno de los nuestros y no resultó nada mal en El lobo del Wall Street, dos historias generosas en metraje y años abarcados pero que gozaban de un ritmo trepidante, un hilo conductor claro y unos personajes que evolucionaban a ojos vista. Aquí, entre anécdota y anécdota puede haber quince minutos de vacío, y hasta llegar a un tramo interesante quizá hay que soportar media hora de vaguedades y vueltas en círculos. De hecho, la historia realmente tarda cuarenta minutos en empezar, pues hasta la aparición de Jimmy Hoffa prácticamente no ha pasado nada. Una presentación del protagonista, diréis. Pero lo que cuenta cabía en diez minutos más o menos. Mostrar a Frank iniciando sus trapicheos, entrando en contacto con Bufalino y empezando a matar para la mafia no necesitaba una exposición tan extendida y superficial. Scorsese tira de una narración no lineal para aumentar el tono melancólico (en el viaje en coche los ancianos recuerdan cómo se conocieron, qué fechorías hacían…), pero da rodeos mil cada cual menos trascendental y más aburrido.

La entrada de Hoffa levanta el interés bastante, pero sigue sin centrarse la cosa. Aparecen de golpe secundarios varios… y de repente desaparecen durante otro largo periodo mientras nos perdemos en otras subtramas vulgares, relatos de crímenes varios, rencillas con otros mafiosos, fiestas que no aportan nada… La peleilla con un rival (el encarnado por Graham) es de las partes más entretenidas, pero a la larga, como todo lo demás, no da la sensación de que aporte nada sustancioso al desarrollo global.

Para cuando encuentra un rumbo más claro ya es tarde y tampoco tiene el nivel exigible. La etapa de decadencia, donde Frank se vuelve consciente de que llega a la vejez sin nexos emocionales y familiares, pues los ha descuidado durante su vida, no funciona como debiera, porque todo esto se ha desarrollado en unas pocas anécdotas sueltas que metieron con calzador entre otras historias. Es decir, no puede ser que pasadas tres horas de metraje intentes que congeniemos con hijas que ni has presentado debidamente, que la versión adulta de una de ellas, encarnada por Paquin, deje huella con dos frases, y que de la otra y la mujer te acuerdes a estas alturas de dónde andan después de la poca presencia que han tenido. Además, el supuesto conflicto interno se sustenta sólo en la parte familiar, ni las misiones en teoría más difíciles que hizo parecen dejar secuelas, sean peligros que pueden volver a acechar o remordimientos serios.

Por hacer la comparación más obvia, en Uno de los nuestros teníamos a la familia presentada en los cinco primeros minutos y entendíamos rápido y con claridad la posición del protagonista, el entorno y sus motivaciones, y en adelante era todo exponer cómo funcionaba el mundo del crimen con cada hecho calando en él y su mujer de distintas formas.

Ni la puesta en escena resulta llamativa. Scorsese, sea porque intenta ofrecer una narrativa sobria acorde al tono nostálgico y decadente, va con la inercia puesta, no ofrece un aspecto visual expresivo y virtuoso, sino más bien uno apagado, casi televisivo, y cuando intenta florituras queda mal porque tira de recursos que ha usado mucho durante su carrera y aquí parecen enredos repentinos que desentonan: harto he acabado del tráveling que sortea un caos de gente para llegar al protagonista, sobre todo en vistas y juicios. Además, la recreación de la época es muy parca, no hay ambición alguna en el acabado de una película que trata de representar décadas de historia. Me temo que gran parte de los estratosféricos 160 millones de presupuesto se gastaron en la puja de derechos de autor y de distribución, que se fueron de madre cosa mala, pero la inversión real en el rodaje no tiene pinta de sobrepasar los 50-60 (lo que costó por ejemplo Emboscada final, por citar una reciente del estilo). No creo que en el rejuvenecimiento digital costara tanto; si es así, quizá no sea tanta mejora respecto al maquillaje o al uso de actores de distintas edades.

Acaba la eterna proyección y te quedas preguntándote qué ha intentado contarte Scorsese, si la historia de la mafia sindical, la vida completa de un sicario, o un anecdotario de crímenes en general. No tiene garra como recreación histórica, no conmueve el drama de las pocas vidas mostradas, no apasiona en las diversas aventuras de gángsteres. El tramo final en el asilo apenas vale para dejar un recuerdo digno en un relato cercano al desastre, salvado por algún tramo entretenido y sobre todo por la colosal interpretación de grandes y admirados veteranos.

Ant-Man y la Avispa


Ant-Man and the Wasp, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes, comedia.
Duración: 118 min.
Dirección: Peyton Reed.
Guion: Chris McKenna, Erik Sommers, Andrew Barrer, Gabriel Ferrari, Paul Rudd.
Actores: Paul Rudd, Evangeline Lilly, Michael Douglas, Michael Peña, Laurence Fishburne, Walton Goggins, Michelle Pfeiffer, Bobby Cannavale, Judy Greer, T. I., David Dastmalchian, Hannah John-Kamen, Abby Ryder Fortson, Randall Park.
Música: Christophe Beck.

Valoración:
Lo mejor: La mar de entretenida. Buena en la comedia, correcta en el drama familiar, protagonistas carismáticos.
Lo peor: Incapaz de profundizar en los temas latentes. Tramas dispersas, villanos flojos, falta de rumbo y nada impresionante en lo visual. El grupo de secundarios graciosos se sobreutiliza demasiado.
El título: Ale, otro traducido a medias, menudo ridículo.
Mejores momentos: Cogiendo un camión como si fuera un monopatín. La visita al colegio.

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Como en la primera entrega, los autores esquivan temáticas de gran calado (el thriller político de Capitán América: El Soldado de Invierno), épicas gestas de dioses (Thor: El mundo oscuro, Thor: Ragnarok), dilemas éticos de altos vuelos (Los Vengadores: La era de Ultrón), lo místico y paranormal (Doctor Strange), etc., para buscar un divertimento sencillo, un héroe pequeño, con sus problemas personales y familiares e historias de superación más mundanas. Pero, como en la primera parte, se pasan un poco de frenada, porque todo ello no significa que no se pudiera ahondar algo más en reflexiones como la alienación moral del individuo, las elecciones propias y los condicionantes externos que te llevan por un camino u otro, las responsabilidad, la redención, etc., todos latentes con los problemas con la ley de Scott Lang y los Pym (agravados por los eventos de la Guerra Civil) y con los villanos elegidos, Fantasma y su cuidador.

Lo cierto es que inicialmente apunta maneras. La relación de padre e hija versus la necesidad de aventuras y el tira y afloja con la ley generan situaciones variadas y divertidas. La responsabilidad del héroe aparece pronto, con la disyuntiva de elegir ayudar a los Pym saltándose las normas o centrarse en los suyos y complacer al sistema. La dinámica entre Scott, Hank y Hope es mejor aún, se materializan otras relaciones normales y corrientes pero atractivas con las que es fácil conectar y a veces sentirse reflejado. La aparición de Fantasma pone más dificultades en su misión y un buen toque de intriga. Cuando conocemos su situación se presentan otros conflictos morales interesantes: no es un villano acartonado, sino un ser humano que ha sido empujado al mal camino y la desesperación lo lleva a cometer actos con consecuencias poco meditadas.

Pero el relato entra en una dinámica de vueltas en círculos con todos estos frentes abiertos sin avanzar con determinación en una dirección clara. El drama pasa poco a poco de simpático a previsible, y la aventura no le confiere nuevos giros y lecturas que lo realcen. No se llega a explorar el potencial de los temas jugosos que hay latentes, pues termina inclinándose del todo por la comedia y la acción. Fantasma y el científico pasan sin dejar huella alguna, sin abordar los discursos éticos que ponían en bandeja. Con Scott y los Pym igual, los escritores se obsesionan con el reto de rescatar a la madre y dejan de lado las reflexiones que había latentes, de hecho, tan si quiera llega a materializarse ningún cambio notable en sus formas de ser. Así que la cinta no logra adquirir la trascendencia necesaria para que te impliques de lleno con la historia y te mantengas al lado de los personajes, pues se va perdiendo la conexión cuando las cosas se tuercen y para el tramo final te ves venir todo y no sufres con sus problemas ni temes por sus destinos. Ser una comedia no obliga a dejar de lado la profundidad y el drama, como bien han demostrado Guardianes de la galaxia Vol. 1 y Vol. 2 y Thor: Ragnarok.

También pesa el fallido mafioso, que queda como ajeno a la película, un enemigo de cartón piedra sin interés alguno que únicamente aparece aquí y allá para poner las cosas más difíciles cuando los guionistas quieren una nueva pieza de acción. Walton Goggins se ganó merecidamente con sus grandes interpretaciones y personajes en The Shield (Shawn Ryan, 2002) y Justified (Graham Yost, 2010) el ser considerado para cualquier papel de villano o tipo de dudosas tendencias, pero una cosa es tener un rol bien escrito, como aquellas o ya en cine Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2015), y otra monocromáticos y sin carisma como el de Tomb Raider (Roar Uthaug, 2017) o el presente. Así que, con sus dientes postizos tan llamativos (tuvo un par de accidentes donde perdió los naturales), el pelo largo tan feo, los trajes estrafalarios y la nula personalidad que le confiere el guion, su personajillo da más bien pena, nunca supone un peligro real. A media película también cobran protagonismo los amigos de Scott, un grupo de secundarios cómicos efectivo en pequeñas dosis, pero a los que se empeñan de nuevo en sacar demasiado y únicamente como chistes andantes. Poca empatía puedes sentir por ellos con tan corto desarrollo, y también acaban lastrando algunas escenas.

Por suerte, pasan tantas cosas que mantiene un ritmo trepidante, el sentido del humor es variado y bastante efectivo, los protagonistas principales resultan muy simpáticos y las escenas de acción son sencillas pero con la combinación de todo funcionan correctamente. Hay que destacar como comedia es bastante buena, tiene infinidad de chistes locos, diálogos chispeantes y situaciones caóticas que mantienen el nivel en casi todo momento, sólo algunos excesos con los amigos de Scott parecen pasados de rosca. Momentos como el camión usado como monopatín o la entrada en el colegio pueden hacerte llorar de risa, y en toda la proyección mantienes la sonrisa.

En el sentido del espectáculo tampoco son capaces de lanzarse a por todas. La historia de la búsqueda de la mujer de Pym en el mundo cuántico podía haberse desarrollado de muchas formas, pero al final queda como un macguffin simplón, el reto objetivo mientras tienen otras aventuras, y no llega a producir tensión real, sabes perfectamente cómo acabará. Por ello mismo tenían que habérselo trabajado más, tanto buscando problemas más elaborados durante el viaje por el mundo cuántico como sobre todo en el aspecto visual, de forma que la situación asombrara, ofreciera un escenario único y un acabado deslumbrante. Pero a pesar de las posibilidades infinitas pasa lo mismo que en Doctor Strange pero agravado: no ponen mucho esfuerzo, recurren a unos pocos enredos visuales básicos y ya está. Peyton Reed dirige con el piloto automático puesto, repitiendo encogimientos y agrandamientos sin aportar soluciones narrativas y visuales novedosas. La persecución en coche termina haciéndole un poco larga y el clímax en el puerto cumple por los pelos. Entrando en el mundo cuántico es donde más se echa de menos algo más imaginativo, todo se limita a lucecitas y enredos digitales que a veces ni se entienden (dónde flotan esos tardígrados, dónde están los átomos, qué son esos bulbos lleno de colorines del destino final), hasta el punto de dejar cuestiones importantes sin resolver: ¿de qué ha vivido Janet durante treinta años, cómo se ha hecho ropas y armas, qué poderes ha adquirido?

Ant-Man y la Avispa es una película bastante disfrutable si no se espera de ella nada más que divertirse, pero si se desea que Marvel dé un giro y explore otras opciones, pues a estas alturas se puede exigir más ambición, o que tan siquiera ahonde un poco más en un potencial mayor, puede decepcionar más de la cuenta.

Ant-Man


Ant-Man, 2015, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 117 min.
Dirección: Peyton Reed.
Guion: Edgar Wright, Joe Cornish, Adam McKay, Paul Rudd. Basados en el cómic de Stan Lee, Jack Kirby, Larry Lieber.
Actores: Paul Rudd, Evangeline Lilly, Michael Douglas, Corey Stoll, Bobby Cannavale, Michael Peña, David Dastmalchian, T.I.
Música: Christophe Beck.

Valoración:
Lo mejor: Personajes carismáticos, un tono ligero y divertido bastante eficaz.
Lo peor: Falta de ambición: se atasca en clichés y simplezas.
Mejores momentos: La pelea con trenes de juguete.
La frase: Hola. Soy Scott –Scott ante Falcon.

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Ant-Man vale para pasar el rato, pero va muy justita, sobre todo de ambición, con lo que parece hecha aprovechando el tirón del grueso de Marvel para sacar tajada de un superhéroe no de segunda, sino de tercera división. Y como siempre, no puedo dejar de preguntarme por qué buscar la taquilla fácil implica dejar de lado el esfuerzo por ofrecer una obra de nivel. Cuesta creer que con el género tan asentado y además con títulos valientes como Guardianes de la galaxia, sean tan conservadores en otras ocasiones.

Lo triste es que de primeras parecía haber cierto esfuerzo por hacer un producto simpático, que sea ligero pero no insustancial: se trabajan bastante el personaje central y la dinámica con los secundarios, y buscan un tono distendido con bastante humor (aunque en ocasiones se pasan con el trío de tontos), claramente siguiendo el estilo que tan bien funcionó en Iron Man. Pero no es suficiente para eliminar la sensación de que en la trama de nacimiento del héroe y su némesis han pasado completamente de buscar algo con un mínimo de originalidad, o tan siquiera que mostrara una perspectiva que fingiera ser novedosa. La historia se queda en su mínima expresión, tirando de demasiados lugares comunes que ni parecen querer esquivar, pasando por todos los puntos conocidos con una falta de garra bastante importante. Por ello se produce un efecto curioso: interesan más los pasajes de transición, las vivencias personales que ocurren entre los instantes clave, que esos momentos de inflexión en teoría más relevantes.

El plan del mentor para encontrar un sustituto, los problemas familiares y laborales del elegido, los roces con la chica de turno, la gradual transformación en héroe, y la colaboración con los amigos graciosetes, son las partes más entretenidas, y funcionan sobre todo gracias a la simpatía de los personajes, en especial la del rol central. Paul Rudd muestra bastante carisma y realiza una buena interpretación, y eso que parecía una elección muy arriesgada por venir de comedias tontas. Evangeline Lilly demostró ser muy buena actriz dramática en Perdidos, y aquí maneja bien un rol frío y agobiado. Michael Peña borda el papel de tonto simpático. Michael Douglas tiene experiencia de sobra y hace muy creíbles los altibajos emocionales del personaje. Bobby Cannavale es una estrella en ascenso desde que deslumbró en Boardwalk Empire después de muchos papeles sin llamar la atención (yo lo conocí en Turno de guardia y me parecía sosete), y consigue que un secundario irrelevante deje buenas impresiones.

Pero el resto de la película parece puesto por cumplir. El villano debería haber recibido un tratamiento semejante al héroe, pero en cambio queda como un mero objeto de la trama: sin justificación ni personalidad más allá de la clásica obsesión con dominar el mundo, sin una evolución bien trabajada que le dé algo de savia e interés. Por más que se esfuerza el siempre competente Corey Stoll, el acartonado y monocromático rol que tiene entre manos no da nada de sí. Con un villano tan poco atractivo la confrontación final carece de interés más allá de las virguerías visuales que permite la miniaturización y los chistes que sacan con ello: la pelea con trenes de juguete y la simpatía de la familia salva un desenlace bastante flojo. Pero entre medias no hay nada para recordar, el proceso de nacimiento del enemigo va a trompicones, con escenas sin interés y además con unos pocos agujeros de guion lamentables. Hay un momento en que dice: “No puedo mostrarle a los compradores algo incompleto”, cuando en una escena anterior precisamente acaba de hacerlo. Y cuando está a punto de conseguir su objetivo, ya medio loco de codicia, le sueltan: “Tú no eres así. Son las partículas, que alteran tu química cerebral”. ¡Pero si no lo ha probado consigo mismo todavía! Por cierto, también me pregunto cómo agrandan el tanque.

Aparte tenemos otro punto oscuro: los malabares que hacen para que no sea ella quien se ponga el traje, señalando más que nunca ese miedo de Hollywood a tener un personaje central femenino en una de superhéroes a pesar de que precisamente las protagonistas de este sexo están pegando fuerte; no hay más que ver todos los clones de Los Juegos del Hambre que están pariendo. En este caso estaba claro: o coprotagonismo o protagonismo principal, pero tenerla como acompañante sin poderes queda fatal.

En lo visual inicialmente tampoco parecía que apuntaran muy alto, con una puesta en escena muy básica y sin personalidad y con carencias notables. Por ejemplo el montaje es mediocre en las peleas, con golpes muy mal mostrados, y los efectos sonoros son excesivos: según la película, si miro a unas hormigas debo escuchar un ruido incesante de roces y chillidos. Pero por suerte las escenas de miniaturización les han obligado a trabajárselo un poco, y el efecto logrado no está nada mal. Es lo único que infiere a la cinta un toque distintivo, y no es que sea especialmente impactante. Queda al nivel de las secuelas de Iron Man: suficientemente entretenida y simpática como para pasar el corte, pero se esperaba mucho más.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
-> Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Lovelace


Lovelace, 2013, EE.UU.
Género: Drama, biografía.
Duración: 93 min.
Dirección: Rob Epstein, Jeffrey Friedman.
Guion: Andy Bellin.
Actores: Amanda Seyfried, Sharon Stone, Peter Sarsgaard, Robert Patrick, Chris Noth, Bobby Cannavale, James Franco, Juno Temple, Adam Brody.
Música: Stephen Trask.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto. Correcto drama una vez arranca.
Lo peor: Su primer tramo es insustancial y nada novedoso.
Mejores momentos: La escena de “menuda bestia en la cama” revisitada, donde descubrimos que era una paliza.

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El tramo inicial no apunta buenas maneras. Promete otro biopic con tono de telefilme: narración convencional, sin garra, sin elementos distintivos. Una adolescente que quiere ver mundo y sentirse libre está encorsetada en las costumbres de la época y controlada por unos estrictos padres (atención a la irreconocible Sharon Stone), pero conoce a un hombre mayor que promete darle esa vida deseada y se casa esperando una liberación. Sin embargo los primeros pasos del matrimonio no son fáciles, y entre una cosa y otra acaba actuando en una película porno. Esta es Garganta profunda (Deep Throat, 1972), que inesperadamente resultó un éxito enorme.

Llegados a este punto estaba convencido de que no tenía nada que ofrecer, pero por suerte mejora bastante cuando cambia el punto de vista, cuando a través de los flashbacks que reescriben lo narrado vemos el lado malo de la fulgurante y breve carrera de Linda Lovelace: abusos, maltratos… Era un objeto para su esposo y la industria, una forma de ganar dinero. No va a dejar de ser un melodrama bastante básico, pero al menos se pone algo de esfuerzo en darle algo de originalidad, lo que permite pasar del sopor al interés y prestar más atención a la odisea de la protagonista. Los personajes están bien dibujados (solo el marido falla, al deshumanizarlo para ponerlo como villano sin más profundidad), los diálogos son correctos, la recreación de la época funciona y hay unas pocas buenas escenas aquí y allá. Terminamos con la esperable reconciliación con los padres y con el mundo, que es también previsible pero bastante bonita.

No deja nada para el recuerdo, pero no es tiempo perdido. Lo que más me ha mosqueado es que Amanda Seyfried haya decidido desnudarse ahora que se ha vendido a Hollywood, volviéndose anoréxica, y no antes (Big Love, Veronica Mars), cuando era una bomba de mujer. ¿Adónde han ido sus curvas? En el resto del reparto aparecen numerosas figuras de escasa fama pero calidad comprobada en grandes papeles televisivos o secundarios en el cine: Peter Sarsgaard, Robert Patrick, Chris Noth, Bobby Cannavale, James Franco haciendo un papel loco de los suyos (imitando a Hugh Hefner) y la estrella emergente Juno Temple, entre otros.

Blue Jasmine


Blue Jasmine, 2013, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 98 min.
Dirección: Woody Allen.
Guion: Woody Allen.
Actores: Cate Blanchett, Alec Baldwin, Sally Hawkins, Bobby Cannavale, Peter Sarsgaard, Louis C.K., Michael Stuhlbarg.

Valoración:
Lo mejor: El guion (descripción de personajes, diálogos, situaciones). La interpretación de Cate Blanchett, inconmensurable.
Lo peor: Nada.

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Menudo viaje el de Jasmine. De pija millonaria viviendo a lo grande, con responsabilidades tan estresantes como gestionar galas benéficas, a mendiga de su hermana, una mujer de clase media. En esa situación debería buscarse su propio camino, estudiando y trabajando como cualquiera, pero pronto verá que eso no está hecho para ella, y sufre día a día lo que ella llama injusticias.

El retrato de clases que compone Woody Allen es acertadamente exagerado y oscila muy bien entre la parodia casi cruel y cierto encanto melancólico, pues aunque te descojones de sus calamidades también se siente pena por las miserias de las protagonistas, por su incapacidad para salir adelante. Así, la comedia se mezcla con el drama, y debido a la ironía es difícil saber dónde acaba un género y empieza otro. A veces parece que Allen se ríe de Jasmine, de su forma de ser y sus desgracias, otras que busca la comprensión del espectador hacia sus problemas. Esa ambigüedad podría ser un punto en contra, por indefinición e irregularidad narrativa, pero Allen es tan hábil que lo convierte en uno a favor, pues le da un tono de realismo que, aun rondando el sarcasmo, muestra muy bien las limitaciones absurdas que es capaz de auto imponerse el ser humano. Por ello Blue Jasmine termina siendo una cinta con moralejas y enseñanzas varias no por evidentes menos eficaces. Aceptarnos como somos, no dejarse vencer por los baches de la vida, luchar por salir adelante, no criticar a los demás por no pensar como nosotros y un largo etcétera.

Jasmine representa al pijerío más repelente, las derrochadoras y creídas que no han dado un palo al agua, que se han acoplado a un marido con pasta o han nacido en una familia forrada. Ajena al mundo real, sus mayores ambiciones del día son ir a yoga y comprarse alguna joya o ropa inútil cuya marca sea lo suficientemente cara como para afianzar su posición superior entre los seres humanos; porque queda claro que para ella (y para mucha gente de esta ralea en general) el dinero y la posición social son sinónimos de grandeza, de mayor cultura e inteligencia. Así, cuando cae de golpe a la miseria porque se descubren los chanchullos de su marido, sigue siendo una esnob, sibarita y creída repelente. Es divertidísimo ver como, estando a punto de pasar hambre y pese a ser salvada por su hermana, resulta incapaz de enfrentar la realidad, de cambiar de mentalidad: rebajarse a la forma de vida de la clase media-baja es intolerable para ella, y la lluvia de mierda (quejas, puñaladas, rechazo y prejuicios) que suelta sobre todos los “seres inferiores” que la rodean es demencial. Momentos sublimes como cuando conoce al novio de la hermana y este se trae un amigo son el máximo exponente de su cabezonería. Los intentos por realizarse, por encontrarse a sí misma, sea estudiando o aceptando un trabajo miserable (es decir, normal), no parecen hacer mella en su obstinación: ha nacido para ser millonaria y punto.

Como Jasmine es una bomba de personaje, resultaba jugosísimo para cualquier actriz con talento. La elegida es Cate Blanchett, y no es que clave el papel, es que lo hace suyo completamente, regalando una de esas interpretaciones que se recordarán (o deberían recordarse) eternamente. Los cambios de humor, las crisis, la constante frustración, las fugaces esperanzas… en todo momento la australiana está más allá de la perfección.

Aunque la película prácticamente sea la odisea de Jasmine, su hermana Ginger juega un papel crucial, no solo como sustento para el personaje, sino para la construcción de la ingeniosa crítica y parodia social. Las conversaciones, las peleas, la señalización constante de los puntos que no tienen en común y de sus debilidades… Resulta una réplica y contraste excelente en todo momento, una mujer de la clase obrera que acepta todo como viene y no se plantea mejoras, casi ni esperanzas, pero que trabaja duro por sobrevivir en el presente, sin mirar atrás ni amilanarse por los errores que pudiera haber cometido. Y aunque Cate Blanchett es un monstruo de actriz, Sally Hawkins mantiene el envite con una interpretación muy intensa.

Prácticamente no hay más personajes complejos o de peso, porque las parejas de las hermanas quedan en un plano inferior, casi como simples elementos usados para introducirnos en sus psiques y vidas. Pero a pesar de la descripción somera de esos hombres, aguantan aceptablemente bien el tipo. El esposo de Jasmine, Hal (un resuelto Alec Baldwin), es un charlatán y embaucador típico pero efectivo en su propósito, y el novio de Ginger, Chili, es un bruto simplón quizá muy predecible pero gracias a la buena labor de Bobby Cannavale resulta convincente.

La aventura de Jasmine deja un reguero de chistes que provocan mitad vergüenza ajena, mitad carcajadas sonoras. La infinidad de encontronazos y penurias que enfrenta, la mayoría fruto de su distanciamiento de la realidad, derrochan ingenio y humor mordaz. La narración no lineal juega con la comparación entre las dos etapas de su vida bastante bien, y los enlaces a través de sus crisis psicológicas, pues mezcla situaciones como si no supiera dónde está, ensalzan muy bien su incapacidad para aceptar la nueva etapa de su vida. Los diálogos son clásicos de Allen, largos y veloces, divertidos a la vez que profundos, pues están perfectamente adaptados a la forma de ser de cada personaje.

Blue Jasmine es una de las mejores comedias inteligentes de los últimos años, aunque también equivale a decir una de las pocas que hemos visto. Igualmente se cita como la recuperación de Woody Allen tras un tiempo un poco perdido en títulos que no lograban ser del todo redondos.