El Criticón

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Los Increíbles 2


The Incredibles 2, 2018, EE.UU.
Género: Aventuras, superhéroes, comedia.
Duración: 118 min.
Dirección: Brad Bird.
Guion: Brad Bird.
Actores: Craig T. Nelson, Holly Hunter, Sarah Vowell, Huck Miller, Catherine Keener, Bob Odenkirk, Samuel L. Jackson.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene. La mejora en la recreación de las ciudades es notable.
Lo peor: Es una repetición paso por paso de la primera parte, con más estereotipos, más giros facilones, más agujeros de guion, y un galimatías ideológico mayor.

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Es alucinante las pocas ganas que han puesto en la secuela, o dicho de otra forma, es descarado que han ido a hacer caja repitiendo lo que dio buenos resultados hace catorce años. Es decir, que es un remake, no una secuela. Y de una cinta que ya iba justa en calidad. Pero al público no le importó entonces y no le ha importado ahora, porque el éxito de esta jugada ha sido extraordinario, recaudando mil doscientos millones de dólares en todo el mundo.

Acabamos la primera entrega con la familia unida y la sociedad a punto de aceptar a los héroes de nuevo. Yo esperaba que hubieran pasado esos catorce años, con los niños crecidos y una nueva historia en un mundo que ha cambiado, pero empezamos en ese punto para de repente deshacer todo lo andado en el prólogo y en adelante repetir la misma historia y el mismo viaje de los personajes casi paso por paso.

Lo único que cambia es la presencia prominente del empresario que los ayuda, pues en el episodio anterior iban más por libre. Pero el enemigo, la confrontación, la unión gradual de la familia y el cambio en la sociedad son calcados. El villano ahora es mujer, pero es la misma figura: una genio con la tecnología resentida porque los héroes no estuvieron ahí para ella de chica, y se monta una intriga de supervillano de James Bond para humillarlos. Los escenarios donde desarrollar la aceptación a sí mismos y reforzar los lazos familiares son prácticamente los mismos. Tan escasa es la imaginación que tenemos otra vez carreras en monorraíl, la guarida del malo, la visita a Edna… Por cierto, en la primera parte se reían del tópico del villano que relata su plan al bueno en vez de aniquilarlo inmediatamente, dándole tiempo así para escapar y una ventaja luego, pero aquí caen en el cliché con todo, sin darles vergüenza alguna.

La animación ha mejorado, obviamente, ofreciendo planos de la ciudad impresionantes, y por el lado contrario, por suerte han mantenido la estética de los personajes, sin actualizar con detalles innecesarios. En cambio, esta vez la música de Michael Giacchino está menos inspirada, le falta pasión.

Sus bazas son de nuevo la simpatía que despierta la familia, a pesar de que cada figura es un estereotipo bien ramplón, y la velocidad con que se desarrollan los acontecimientos. Con ello la cinta resultante es sin duda es entretenida, pero le sigue pesando la forma de parodia poco imaginativa y poco meditada en el contenido (en seguida me extiendo), y ahora se agravan sus carencias con la sensación de que todo está visto y se cuida menos la coherencia y las formas. De esta manera, el desgaste va haciendo mella, y para cuando estalla la confrontación final en el barco estaba bastante desconectado: es la cuarta escena en que tienen que evitar que un vehículo se estrelle (taladradora, monorraíl, avión y barco), y la dejadez se hace patente con una serie de agujeros de guion tan evidentes que me hicieron torcer el gesto: sabiendo de antemano lo de las gafas, ¿de verdad no se le ocurre a los niños quitárselas a sus contrincantes? La chica invisible y el niño híper rápido lo tenían bien fácil, pero incluso con gente derrotada a sus pies no se las quitan, así que pasan de resueltos e inteligentes a estúpidos, todo por alargar el clímax con infinidad de enfrentamientos repetitivos.

Mención aparte merece el subtexto, el mensaje, más marcado y confuso que en la primera parte y que ha dado a un mayor número de análisis y quejas. De primeras parece que pretenden una loa al feminismo, como para estar en la onda actual, y algunos lo han defendido mientras otros critican que sea tan evidente… Pero a mí me resulta muy extraño. O es una chapuza enorme, o han pretendido exactamente lo contrario, un intento de ridiculizar y anular el mensaje.

Lo machacón y lo burdo priman sobre lo sutil. Toda la doctrina feminista se construye a base de reírse de la figura del hombre con tópicos muy rancios: el marido relegado en las misiones porque es un bruto y las mujeres son más delicadas y la patética representación del padre torpe en casa parecen un chiste salido de madre más que una enseñanza bien expuesta. Y conforme avanza la proyección empieza a crecer la sensación de que se busca ridiculizar el feminismo: los diálogos entre las dos mujeres protagonistas resultan tan engreídos que en vez de realzar su inteligencia las convierte en narcisistas e irresponsables, por abrazar el placer inmediado dejando de lado sus obligaciones. Al terminar, al menos para mí, queda claro que no se busca normalizar que ella trabaje fuera y él en casa, pues se reincide en que es un parche temporal, una tediosa y humillante obligación para uno y una forma de escape para la otra hasta que se arregle la situación y puedan volver “a la normalidad”. Pero por si todavía había dudas del tono conservador, se les ve el plumero a lo grande cuando sale a la palestra la defensa del capitalismo ultraliberal, con el empresario millonario que con una moral superior a la de la plebe y al incompetente estado es quien salva el país, mientras que su hermana, moderna y reivindicativa (de pelo corto y con una colega de pelo azul, y atención a sus ojos de fumeta), es una resentida convertida en terrorista que usa los medios como arma de manipulación y quiere derribar el sistema.

Lejos de la nueva obra maestra que se empeñan en ver algunos, Los Increíbles 2 está más bien cerca de resultar un despropósito, y su mensaje, sea por malogrado o por obtuso, resulta chocante.

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Los Increíbles


The Incredibles, 2004, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 115 min.
Dirección: Brad Bird.
Guion: Brad Bird.
Actores: Craig T. Nelson, Samuel L. Jackson, Holly Hunter, Samuel L. Jackson, Jason Lee, Spencer Fox, Sarah Vowell.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Trepidante y divertida.
Lo peor: Muy simplona y predecible, y a veces no parece para niños.

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Brad Bird llevaba desde Cuentos asombrosos (1985) escribiendo y dirigiendo, sin terminar de tener éxito ni tan siquiera una carrera estable, hasta que dirigió El gigante de hierro (1999) y llamó la atención de la industria. En Walt Disney y Pixar lo seleccionaron para que encabezara su próximo proyecto, Los Increíbles (2004), y luego repitieron con Ratatouille (2007) y la secuela de la anterior (2018). En imagen real ha corrido desigual suerte, pues Misión imposible: Procotolo fantasma (2011) funcionó pero Tomorroland (2015) fue un sonado fracaso.

Después del despliegue de imaginación de todas las producciones nacidas en Pixar hasta el momento (Toy Story -1995-, Bichos -1998-, Toy Story 2 -1999-, Monsters S.A. -2001- y Buscando a Nemo -2003-), Los Increíbles fue un gran paso atrás, y luego además dieron otro más con la insulsa Cars (2006). Quiero creer que se debió a la cada vez mayor implicación de Walt Disney en la producción, que terminó con la absorción de la compañía de la lámpara en 2006.

Estamos ante una parodia de los superhéroes y de James Bond, dos géneros que se asemejan mucho (supervillanos, superguaridas). La familia protagonista y su amigo Ozono beben evidentemente de Los 4 Fantásticos (Stan Lee, Jack Kirby, 1961), pero se juega con todo el género, combinando chistes y caricaturas básicas (las inútiles capas de los trajes) con un trasfondo que parece más trabajado. La responsabilidad con la sociedad y los líos legales chocando con las obligaciones en casa como punto de partida es atractivo, tanto que parece una premisa demasiado adulta, sobre todo con la de chistes sobre el matrimonio que vemos.

Sin embargo, se decanta rápido por derroteros más sencillos, por una fábula familiar de toda la vida. Todo se basa en trillados conflictos paterno filiales y de responsabilidad, pero nos ahogamos en chistes tontos, sin que hallemos giros ingeniosos que aporten algo de novedades. En la parodia de género donde se sumerge la odisea ocurre lo mismo, se ve cada vez más limitada en gracia e inteligencia. Una vez llegamos a la isla no hay más que rascar: el villano, la guarida, la unión de la familia y la confrontación final de vuelta en la ciudad dejan la sensación de que productores y guionista se han esforzado muy poco.

Pero dejando de lado la falta de ambición, funciona bien como entretenimiento. La familia resulta muy simpática, el humor y la acción danzan a la par en una aventura muy movidita que entra bien aunque se vea venir de lejos. Destaca a lo grande Michael Giacchino, cuya espectacular partitura realza hasta el escenario menos llamativo. La animación es buena, pero un poco irregular y menos espectacular que en los títulos anteriores: hay planos muy parcos en la ciudad en contraposición con el buen trabajo en la selva.

Por otro lado, en rango de edad queda una obra un tanto ambigua. Creo que querían llegar por igual a adultos que a niños, pero una cosa es que los críos no pillen todas las referencias a la cultura pop y otra que por momentos resulte asombrosamente macabra (armas de fuego, muertes en cantidad) o extrañamente erótica (los citados chistes del matrimonio se pasan mucho de rosca).

También se criticó en su momento que parece vender una perspectiva demasiado conservadora de la familia, la sociedad y la política. De hecho, fue elegida en 2009 como la segunda mejor película conservadora de los últimos 25 años por la revista National Review, dedicada a promocionar dichos valores. Encontramos que, tras luchar contra el trabajo monótono y corrupto del padre y el aburrimiento en el hogar de la madre, lo que aprenden es a quererse y a ser felices como familia, y así se supone que todo queda resuelto. ¿Ha encontrado otro trabajo el padre, por qué ella ahora está bien si sigue atada en casa? Ah, que pueden desquitarse saliendo a ajusticiar malvados, porque han vencido al estado y ahora gozan de privilegios que los pringados de abajo no. Que conste que todo esto me parecía hilar muy fino, pero después del segundo episodio lo veo con otros ojos, porque en él es muy evidente. Así que, al contrario que las producciones previas de Pixar, todas con gran sensibilidad a la hora de tratar temas medianamente serios (destacando Buscando a Nemo, que versa sobre un niño sin madre que acaba perdido en un mundo hostil y un padre desesperado por encontrarlo), Los Increíbles acaba resultando un tanto malograda en contenido y mensajes.

No arrasó como su predecesora, Buscando a Nemo, que rozó los mil millones de dólares mundiales, pero alcanzó la nada desdeñosa cifra de seiscientos millones, y la crítica y el público la valoraron con un entusiasmo desmedido. Algunos sostenían que era la mejor de Pixar hasta el momento, es decir, ¡superior a Toy Story 1 y 2, Bichos, Monsters S.A. y Buscando a Nemo! No sé que virus contagió a todo el mundo, pero me temo que se ha extendido prácticamente a cada estreno posterior de Pixar, devaluando el término “obra maestra” para ensalzar cualquier película indistintamente de su calidad real. Querría pensar que el tiempo la estaba poniendo en su lugar, o sea, en el olvido hasta que la pillas en la tele y la ves porque es agradable, pero el estreno de la segunda parte causó de nuevo sensación y superó su taquilla con creces, así que es otra de esas veces en que no entiendo cómo funciona el ser humano.

Misión imposible: Protocolo fantasma


Mission: Impossible – Ghost Protocol, 2011, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 133 min.
Dirección: Brad Bird.
Guion: Josh Appelbaum, André Nemec.
Actores: Tom Cruise, Jeremy Renner, Simon Pegg, Paula Patton, Léa Seydoux, Michael Nyqvist.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene bastante.
Lo peor: Le falta coherencia, las cosas ocurren porque sí. El grupo protagonista es menos interesante que el anterior. El thriller se trabaja también menos.
Mejores momentos: La persecución en la tormenta de arena, el clímax en el aparcamiento automatizado.

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Para pasar el rato es una película que cumple de sobras. Es vistosa, posee buen ritmo, y los personajes tienen cierto carisma. No deslumbra en originalidad, de hecho, es bastante predecible, pero está lejos de ser cargante. Conoce sus bazas y limitaciones y las exprime bastante bien: el guion va al grano, la dirección es de buen nivel. Pero también se puede criticar su simpleza, y lanzar la eterna pregunta de por qué se asume que el cine de acción ha de ser tontorrón y directo, y más en una saga que nació siendo densa de narices y con las escenas de acción limitadas a un par de pasajes bien aprovechados, y demostró que esa fórmula podía llegar muy bien al público. En la tercera (la segunda no existe) la premisa era más básica y comercial que en sus inicios, pero al menos el desarrollo de la trama estaba bien trabajado, no se olvidaban de que era un thriller, y el grupo de protagonistas tenía bastante calidad. Pero en este nuevo capítulo en cambio se va disipando la fórmula y notan muchos agujeros.

La aventura avanza a trompicones sin un argumento tangible, el tono de thriller está casi desaparecido, todo se resuelve con cienci-magia (cada vez exageran más los cachivaches) y deducciones muy cogidas por los pelos, y la mayor parte de las escenas de acción parecen metidas a la fuerza. Con este estilo narrativo elegido saltamos de un escenario a otro sin que quede realmente claro por qué, sin que haya una lógica consistente detrás. Sinceramente, no tiene más chicha que un capítulo cualquiera de Alias, y sí muchas escenas usadas en esa serie y en el cine de espías en general. Colarse en las fiestas de rigor y robar algo está muy visto, por ejemplo, y no logran ni la mitad de intriga y tensión que en la secuencia equivalente de la tercera entrega, cuando van a por Davian al Vaticano.

Lo peor es la sensación de que intentan arreglar la simplificación con apaños en vez de reescribir la escena con algo más de calidad, más contenido y esfuerzo por trabajar el thriller. Por ejemplo, llegan a un vagón de tren mágico donde tienen todo lo que pueden necesitar y la tecnología más flipante que les resuelve la situación sin que tengan que esforzarse mucho. Lo único difícil es acceder al vagón, que, oh, se mueve. Es decir, en vez de elaborar una buena trama montan una escena de tensión y acción cutre y luego avanzan en la historia tirándoles las soluciones encima a los personaje. El asalto al Kremlin sigue la misma dinámica (además de estar metido con calzador): un cacharrito imposible (esa absurda mampara) y una explosión final no suplen la falta de esfuerzo en buscar una escena consistente. Esta también se puede comparar con la entrada al Vaticano, y carece de todo lo bueno que tenía: minuciosamente desarrollada, mostrando el trabajo, los problemas, las soluciones improvisadas… y todo con un buen manejo de la intriga. Tampoco me convence la escalada al edificio, que busca descaradamente el espectáculo.

Los personajes también han perdido bastante entidad. La dinámica entre ellos no es tan llamativa (compleja, emotiva) como el anterior capítulo y hay momentos en que abusan de los clichés y de un sentido del humor no está a la altura: no se sabe a qué juegan con Benji, quieren ponerlo de secundario tonto pero sin pasarse, y queda muy irregular. Por no decir que es absurdo cambiar a casi todo el grupo, pero claro, los productores sólo se esfuerzan por conseguir la participación de Tom Cruise. Ethan sigue siendo un personaje central con carácter, pero como se pudo ver en la cinta de J. J. Abrams, con apoyo de mejores secundarios la película gana enteros. Además hacen algo raro con él: parece que tratan de buscarle algo de trasfondo con ese misterio que arrastra el nuevo (Jeremy Renner), pero queda un poco de pegote, porque no llega a tener relación con los hechos que nos narran.

Pero aun con sus achaques cumple de sobras como entretenimiento. El ritmo es bueno porque saltando rápidamente entre situaciones y escenarios consiguen que no dé tiempo a que aparezca la sensación de “esto lo he visto mil veces”, y algunas piezas de acción son bastante espectaculares: la tormenta de arena es clásica pero Brad Bird (Los Increíbles, Ratatouille) le saca gran partido, y la pelea final en el aparcamiento automatizado es de infarto. Pero en cambio con esta fórmula no logran que nada cale: ¿te acuerdas de quién era el villano y qué planes ejecutan los buenos?, ¿te interesa el destino de los pocos secundarios, sufres con ellos? Es decir, se ve y se olvida, y no aguanta muy bien los revisionados. Pero ha sido la más exitosa (¡700 millones de dólares!) y mejor valorada por el público, así que ha garantizado más secuelas que probablemente seguirán simplificando la serie…

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Serie Misión Imposible:
Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
-> Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
Misión imposible: Nación secreta (2015)
Misión imposible: Fallout (2018)

Ratatouille


Rataoutille, 2007, EE.UU.
Género: Animación, aventuras.
Duración: 111 min.
Dirección: Brad Bird, Jan Pinkava.
Guion: Brad Bird, Jan Pinkava, Jim Capobianco.
Actores: Patton Oswalt, Ian Holm, Lou Romano, Peter O’Toole, Peter Sohn, Brad Garrett, Janeane Garofalo, Brian Dennehy.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: La animación, un guion que dosifica bien sus bazas: entretenimiento, humor, personajes carismáticos, mensajes educativos…
Lo peor: Le falta ímpetu, carácter. No está a la altura de las grandes de Pixar.
Mejores momentos: El protagonista dormido en la cocina, con la rata intentando manejarlo y despertarlo.
La frase: No cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista sí puede provenir de cualquier lugar.

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Pixar es una apuesta de calidad asegurada, tanto que incluso sus películas menos logradas están muy por encima de los múltiples productos comerciales de animación (digital, stop motion o tradicional) que provienen de Hollywood. Ratatouille es buena prueba de ello, pues aunque en conjunto no consigue dejar las buenas sensaciones de las grandes películas de la compañía, resulta un entretenimiento muy sólido con muchas buenas virtudes.

En el aspecto técnico es una cinta extraordinaria. El diseño de los personajes es muy adecuado al carácter de cada uno de ellos, mientras que los decorados están logradísimos, tanto que aunque la cinta se desarrolle en gran parte en la cocina no deja de sorprender por la cantidad de detalles que hay. Y como la animación sigue avanzando, el realismo de las texturas es increíble: salvo por el aspecto cómico de los protagonistas, obviamente buscado a propósito, hay muchísimos planos en los que parece que estamos ante imágenes reales. Como siempre, Pixar a años luz del resto.

El guion en cambio no ha estado tan inspirado como en otras ocasiones. Se nota la profesionalidad de sus autores (Brad Bird principalmente), quienes ofrecen un repertorio de personajes carismáticos bien construidos e incluidos en la trama de forma equilibrada (algunos magistralmente, como el crítico o el inspector de sanidad) y unos diálogos ágiles con algunas buenas lecturas morales. Sin embargo, la aventura carece de la intensidad y originalidad a la que nos tienen acostumbrados. Es dinámica, divertida y con buenos momentos, pero nunca llega a ser impresionante, y menos brillante. Así mismo, hay varios tramos en los que el interés decae bastante, aunque sin llegar a aburrir.