El Criticón

Opinión de cine y música

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Ad astra


Ad Astra, 2019, EE.UU.
Género: Drama, ciencia-ficción.
Duración: 123 min.
Dirección: James Gray.
Guion: James Gray, Ethan Gross.
Actores: Brad Pitt, Tommy Lee Jones, Ruth Negga, Donnie Keshawarz, John Ortiz, Loren Dean.
Música: Varios.

Valoración:
Lo mejor: Por decir algo, ver a la gente salir del cine tan dormida y cabreada como tú, compartiendo así la sensación de engaño.
Lo peor: Hecha a trozos de otras películas. Pretenciosa pero informe y fallida hasta el ridículo. Aburrida hasta la desesperación. Ni cumple en el acabado a pesar del abultado presupuesto.

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Conocí al guionista y director James Gray por La noche es nuestra (2007), un thriller de policía y mafias estupendo que no tuvo la recepción que merecía y pasó muy desapercibido. No me llamaron sus siguientes trabajos, los dramas románticos Dos amantes (2008) y El sueño de Ellis (2013), pero volví a él cuando encaró un género que me resulta más atractivo, el cine de aventuras. Pero Z, la ciudad perdida (2016) fue una gran decepción, no vi en ella ninguna de las cualidades que mostró en aquella. No fue capaz de hacer que conectara con tanta intensidad con los personajes, que la historia cobrara vida con garra y los giros y finales impactaran, sino que fue un título vulgar, superficial, plomizo, y sin pegada en lo visual a pesar del potencial del escenario. Aun con esas malas impresiones no he podido evitar ver Ad astra, pues la ciencia-ficción me llama aún más. Pero Grey sigue en la misma deriva, construyendo otra película torpe y soporífera, y esta vez se estrella más al apuntar mucho más alto.

Inexplicablemente, la crítica se ha volcado con la obra, con lo denostada que suele estar la ciencia-ficción, pero el recibimiento del público es más tibio, no tanto como yo esperaba, pero hay muchos espectadores que salen medio dormidos del cine y con cara de haber sido timados, porque los tráileres anuncian un drama con acción y aventuras pero lo que nos ofrece es un pretencioso pero fallido intento de relato introspectivo y reflexivo en la onda de 2001, una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968), Solaris (Andrei Tarkovsky -1972-, Steven Soderbergh -2002-), Interstellar (Christopher Nolan, 2014) y, saliendo del género, Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979). Y también bebe más o menos descaradamente de Horizonte final (Paul W. S. Anderson, 1997), Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017), Mad Max (George Miller, 2015), Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)… Pero Grey está tan poco inspirado que los referentes en los que se apoya resultan demasiado evidentes, de forma que Ad astra resulta un burdo conglomerado de ideas de otros mezcladas con sus propias y vagas ambiciones.

Alerta de spoilers: A partir de aquí debo entrar bastante a fondo para sacar todas sus carencias a relucir.–

En estilo pega saltos sin ton ni son, sin tener claro hacia dónde se dirige, y lo que es peor, mareándote con promesas que no llevan a nada. El prólogo y partes del final tienen acción que parecen tomas descartadas de Gravity, tan exageradas que no encajan en una historia pausada e intimista. El viaje en busca de un familiar y héroe cuyo destino se desconoce recuerda demasiado a Interstellar y Apocalypse Now, y aunque hay que señalar que esta premisa bebe de la Odisea de Homero, la falta total de aportes propios pesa mucho. El protagonista (encarnado por Brad Pitt) serio, frío y desubicado que busca respuestas recuerda bastante a Blade Runner 2049, sobre todo cuando pasea con la misma seriedad que Ryan Gosling por escenarios demasiado semejantes. El dibujo del héroe abnegado y deshumanizado también me recordó a El primer hombre (Damian Chazelle, 2018), que ya era bastante floja de por sí. En la luna hace pensar en Mad Max, con una persecución de forajidos que sería efectiva si la película siguiera por ese camino, pero es un relleno sin justificación. Igual resulta el mono rabioso, un receso de suspense a lo Alien totalmente salido de madre que pone más misterios en la mesa que luego no vuelven a tratarse. También me acordé de Desafío total (Paul Verhoueven, 1990) en el segmento de la Luna, por eso de tener información constante de fondo que va describiendo el entorno (aunque luego no sirve para nada concreto). Los típicos y cansinos flashbacks de la mujer en casa, en plan ensoñación etérea a lo Terence Malick, intentan aportar romance y drama, pero es un toque demasiado artificial que sólo consigue generar distanciamiento. Las constantes menciones a la búsqueda de vida inteligente fuera del sistema solar apuntan a que en cualquier momento se convertirá en Contact (Robert Zemeckis, 1997) o La llegada (Denis Villeneuve, 2016), o que tendrá un final a lo Abyss (James Cameron, 1989) o Misión a Marte (Brian De Palma, 2000)… pero son todo vaciles y engaños insultantes o una torpeza insólita.

En resumen, te tiras toda la proyección creyendo que van a pasar cosas en un sentido u otro, que por fin está tomando rumbo, y de repente abandona esa dirección para irse por otros caminos y otras fórmulas narrativas empalmadas de mala manera.

Por extensión, no sorprende que haya numerosos giros según le convenga hacer avanzar la historia y realzar al héroe, lo que aumenta la sensación de que la progresión de los hechos no es nada natural, sino forzada e inverosímil. El general que lo acompaña un rato está para dar explicaciones, luego se lo quitan de en medio porque se pone malito el pobre. Los diversos extras para las partes de acción mueren con una facilidad pasmosa justo antes de saltar al siguiente escenario. Si Grey se mete en un callejón de salida se saca de la manga otro personaje que resuelve el entuerto, como la marciana, figura que además genera una de muchas incongruencias: afecta al protagonista, que en el planeta rojo queda un poco como un patán sin coraje después de tanto esfuerzo en ponerlo como un superhéroe. Algunas soluciones son delirantes, como esa tapa de alcantarilla en Marte que da a un lago y este tiene una cuerda sumergida para cruzarlo buceando y salir justo al sitio “seguro” donde despega el cohete de la mega corporación más poderosa del sistema solar; que se pueda abrir la escotilla en pleno lanzamiento es una minucia a lado de esto, de hecho, es creíble que un alto rango militar en una misión secreta tenga un código de anulación de protocolos varios. En cuanto al ejército, queda como un organismo bastante débil: apenas consiguen defenderse de los piratas, sus misiles tienen un alcance cortísimo, no son capaces de montar una misión secreta con naves propias…

En contenido es dispersa y vaga y a la vez repetitiva. No se centra durante un rato, y al siguiente se atasca en bucles de los que parece que no va a salir, con diálogos entre personajes o voz en off recalcando lo obvio, lo que estamos viendo. Por extensión, los diálogos explicativos son sonrojantes, casi en plan “vamos a ir en cohete a Marte, porque para llegar allí hay que ir en cohete”. La introspección la convierte en vacío narrativo. El protagonista susurra infinitos pensamientos supuestamente serios y conmovedores, pero en realidad mundanos y aburridos: debo distanciarme de mi esposa para no mostrar debilidad en el trabajo (¡no te hubieras casado!), sufro porque papá no está, etc. Lo sutil se le atraganta sobremanera al realizador, construyendo situaciones con unas obviedades que provocan vergüenza ajena; por ejemplo, el segundo al mando de la nave que transporta al protagonista queda como un inútil y un gilipollas imposible de creer, todo para ensalzarlo a aquel. Pretende ser seria y con rigor científico y da unos bandazos espectaculares, destacando ese salto espacial imposible con un escudo que al chocar con el polvo y los pequeños asteroides del anillo de Neptuno hace que estos exploten y el personaje parezca acelerar en vez de frenar y desviarse de su ya de por sí increíble trayectoria; y no se queda atrás lo de usar la explosión nuclear de una nave para coger impulso con otra, como si a esta la onda expansiva no la afectase.

Lo único que amaga con concretar algo inteligible e inteligente es con los temas sobre la corrupción del ser humano, el capitalismo esclavizando al ciudadano incluso en la conquista del sistema solar. Pero al final salta al otro espectro y suelta un mensaje que se me antoja profundamente anti científico, anti superación de la humanidad. No vayamos al espacio, no exploremos, no busquemos conocimiento, y rehuyamos de la ciencia, que sólo traen problemas. Quédate en casa y forma una familia, que es la única forma que tiene el ser humano para realizarse y encontrar la felicidad. No puedo evitar pensar en la delicadeza y maestría con que Interstellar combinaba pensamientos de esta índole.

Si al menos tuviera un aspecto visual potente, hipnótico, que engañara los sentidos y te impidiera ver que no te están contando nada sólido o útil, como 2001 en gran parte del metraje (en otras partes el delirio era tal que también se hacía insoportable), Gravity, que con una historia sencilla ofrecía una de acción memorable, Interstellar, que hacía de las numerosas transiciones y explicaciones algo que admirar y no se resentía en su abultado metraje… Pero la labor de Gray es muy pobre y la dirección artística tirando a mala, algo incomprensible teniendo un presupuesto de casi 90 millones de dólares.

Hay un par interiores de naves bastante detallados, pero no les saca provecho con una puesta en escena muy básica, ahogada más de la cuenta en primeros planos; acabarás harto del careto de Brad Pitt. Pero fuera de eso no ofrece nada de nada. Las estaciones espaciales parecen rodadas en aparcamientos subterráneos, todo columnas de hormigón. Llegas a Marte esperando que te deslumbren con la colonia… y es lo más feo e inerte que puedas imaginar… y cutre, porque ponen iluminación roja en esos bastos interiores para decirte que estamos en Marte. Entonces es también cuando más recuerda a Blade Runner 2049, con los tonos anaranjados, los juegos de luces y sombras, los edificios extraños… pero todo parece una imitación barata. Las escenas del espacio, nada originales, como he indicado, pero tampoco hermosas e inquietantes como se espera. Las situaciones donde el personaje reflexiona sobre sí mismo y su entorno carecen de imaginación en la composición del plano, con lo que resultan aún más anodinas y aburridas: soportamos innumerables planos del tipo flotando en la nave, sentado mirando pantallas, el eterno paseo por el lago…

Brad Pitt, prácticamente la única figura relevante, tiene un papel difícil en el que no se lo ve cómodo, así que no conmueve. No creo que sea cosa del actor, al que no le falta talento y experiencia, sino del director, que anda muy perdido. La banda sonora, que cuenta con temas de Max Ritcher y Nils Frahm, dos de los compositores más destacados en cuanto a minimalismo se trata, tampoco da la talla, es un susurro continuo incapaz de transmitir las emociones necesarias, pero apuesto también a que es el director el que no ha sabido qué pedirles y cómo usar la música.

Con tanto cambio de tono y rumbo pesa cada vez más la sensación de que te están timando una y otra vez. Es imposible conectar con un relato que aspira a tanto pero tropieza continuamente, para que al final obtengas unas reflexiones tan pobres sobre padres e hijos y un cierre tan fallido, con la muerte más estúpida que recuerdo fuera del cine cutre. Y es imposible conectar con un personaje tan frío, tan irreal y forzado, cuyo destino no llega a importante y cuyo cambio final parece sacado de un panfleto conservador.

Ad astra es un desastre de proporciones épicas en el que sólo queda ver si se salva del fracaso en taquilla gracias al tirón de Brad Pitt, la notoria campaña publicitaria, y el asombroso tirón que ha obtenido en los medios.

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Aliados


Allied, 2016, EE.UU.
Género: Suspense, drama, romance.
Duración: 124 min.
Dirección: Robert Zemeckis.
Guion: Steven Knight.
Actores: Brad Pitt, Marion Cotillard, Jared Harris, Lizzy Caplan, Simon McBurney, Anton Lesser.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene lo justo, y la pareja protagonista aguanta aunque sea a duras penas el peso de un argumento muy flojo.
Lo peor: Parece empezar varias veces sin llegar a nada, y cuando consigue concretar algo no sorprende: la trama principal es superficial y desganada. Muy cortita en lo visual, de Robert Zemeckis se espera más.

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Durante su primera mitad le pesa demasiado la sensación de que no queda muy claro hacia dónde se está dirigiendo, y no es porque resulte intrigante, pues a pesar del género el suspense no hace acto de presencia, sino porque, como se podrá comprobar al acabar el visionado, mezcla varias historias sin terminar de acabarlas antes de saltar a la siguiente, y tampoco logra congeniarlas con equilibrio. Romance, drama, espías, bélica… toca de todo un poco pero no se moja con determinación por nada. Sí, hay un hilo conductor evidente, la relación entre los dos protagonistas, y en cierta manera sostiene el conjunto, pero no basta para lograr un buen largometraje.

Vi el tráiler hace mucho, cuando se iba a estrenar en cines, y me dije “otro maldito avance que te destripa la película entera”. Por suerte no me llamó como para verla en ese momento, y lo único que recordaba al ponérmela en bluray es que era de espías, lo típico de la sombra de la sospecha sobre alguno de los miembros de la pareja. Pero en todo este primer acto (la estancia en Casablanca) el thriller de espionaje resulta anodino, insípido, como un subgénero con el que cumplir mientras se destaca un romance que absorbe inadecuadamente toda la atención y al final tampoco impresiona mucho por sí solo, despertando el interés por los pelos.

El lío que pone en apuros la relación tarda muchísimo en lanzarse a pesar de que se espera desde que se reúnen por primera vez, porque se supone que de eso trata. Tardamos cuarenta y cinco largos minutos en terminar establecer la relación (cuando pasamos de Casablanca a Londres, tras un interludio resumen que incluye todo lo que no han sido capaces de narrar en este tiempo), y lo único que he sacado en claro es que se han enamorado, pero porque lo dicen con diálogos varias veces, pues en pantalla no se ve, no hay pasión que indique que el amor es real… pero tampoco ni una sutileza que señale una posible conspiración. Así, prácticamente todo lo que hemos visto en esta larguísima introducción es puro relleno. Me esforcé en intentar quedarme con los personajes secundarios y sus actividade, pensando en su inminente implicación en la trama, pero nada, se hace borrón y cuenta nueva. Tampoco se ve ni un amago, ni un momento de incertidumbre que vaya sembrando la duda en la relación hasta el momento clave. ¿No era una de espías? No, eso no llega hasta el ecuador de la cinta. Parece que se toman como algo obligatorio esperar a que estén casados y con bebé para empezar de verdad la historia. Y teniendo en mente esa decisión, lo lógico sería haber abordado la introducción con más agilidad y concisión.

Cuando llegamos por fin al meollo mi interés estaba bastante alicaído, pero por suerte este tramo va más al grano, mejorando el ritmo. Las dudas en el matrimonio no son espectaculares y la intriga no deslumbra, pero como van ocurriendo cosas al menos se atenúa la falta de rumbo y garra. Pero me temo que ni poniendo toda la leña en el fuego consigue levantar mucho el nivel, porque las renovadas esperanzas no tardan en empezar a desvanecerse: la supuesta trama de espías me produjo bastante indiferencia y no surgió desazón alguna por el destino de la pareja. Cuando se acerca el desenlace, se ve venir tan de lejos que ya estaba desconectado totalmente.

Pero bueno, en cierta manera, a pesar de lo predecible y somera que resulta la historia, es suficiente para una de acción con tintes de drama y suspense con la que pasar el rato, y la pareja mantiene el tipo lo justo como para lograr cierta conexión con las imágenes, así que da un entretenimiento aceptable si no se exije mucho. El problema es que las pretensiones y la ambición a las que apunta y lo bastante que se estrella con ellas me han fastidiado mucho el visionado. No podía dejar de hacerme preguntas, de sufrir su falta de determinación, sus obvias vaguedades y recursos facilones. En el thriller, en ningún momento la narración hace pensar, muestra pistas que señalen algo oculto o una doble cara que genere ambigüedad. En el romance, me cuesta creer el enamoramiento, no me impactó lo más mínimo cuando a él le dan la revelación, no me creo ese viaje suicida a territorio enemigo para una pista vaga, no me creo la decisión final de ella. El trasfondo bélico es puro adorno, no transmite temor y caos ni en los momentos más intensos (los bombardeos de Londres). La situación de roces políticos y el mundo del espionaje en que viven los protagonistas no tienen profundidad ni interés alguno, sobre todo porque no hay personajes secundarios de calidad que den vidilla a ese entorno. También peca de excesos poco verosímiles o inadecuadaos para la época y de una estética demasiado sintética, límpida: la hermana lesbiana mostrando su amor en público, la relación demasiado suelta y amistosa con los altos rangos, la vida tan idílica a pesar de la guerra, con más fiestas despreocupadas que esfuerzo en sus empleos, más glamour y belleza (cuántos modelitos y batas hermosas luce ella) que escenas que muestren las dificultades y efectos del conflicto (miedo, escasez, destrucción).

La puesta en escena acusa otras carencias que socavan su apariencia de película de alta calidad. A pesar de contar con ochenta y cinco millones de dólares de presupuesto luce como una producción menor, rodada en un par de escenarios baratos y con pantallas de fondo muy, muy, muy cantosas. ¿No había recursos para grabar en localizaciones reales más adecuadas y parajes naturales dignos? ¿Cómo esperas que me impresione la escena del desierto si parece sacada de una serie b lastimera? ¿Cómo va a llegarme el ambiente de Casablanca si todo parece rodado en el estudio y, como digo, todo es exageradamente bonito? ¿Cómo voy a sumergirme en el Londres de la época si se abusa de los interiores, sólo vemos un par de calles con grava cutre sobre el asfalto para disimular, y lo único que muestra de la guerra son fondos digitales que dan risa? Pero es que ni siquiera los momentos más intensos dan el tipo: el tiroteo en Casablanca y el de la Francia ocupada resultan muy fríos, teatralizados, las secuencias de intriga son todas iguales, esperar dentro del coche a que se resuelva algo fuera de pantalla.

De un artesano del calibre de Robert Zemeckis, un director de rasgos clásicos pero que ha aprendido a combinar muy bien la tecnología, se esperaba algo más maduro y sólido. No hay más que comparar con El vuelo (no he visto El desafío, no me llama nada). ¿Dónde está el director que hizo de un relato algo básico y sensacionalista una aventura emocionante, con tramos muy impactantes? Aquella también tenía una presentación artificiosa (el accidente de avión), pero era impecable en la técnica y resultaba asombrosa. La de aquí no tiene pegada alguna y se ven muchas limitaciones narrativas. Aquella buscaba sacar lo máximo de una historia centrada más en lo personal que en un argumento complejo, para lo cual Zemeckis cogía a un actor competente y lo empujaba a dar lo máximo de sí; aquí no parece poner mucho empeño en que los intérpretes muestren emociones concretas y logren química entre sí: Brad Pitt va todo el rato con la misma cara, no se sabe qué siente si no lo dice, y si Marion Cotillard funciona es porque tiene un carisma y elegancia que llena la pantalla. Finalmente, la música de Alan Silvestri, otro profesional como la copa de un pino, es otra mala sorpresa inesperada, parece hecha en un rato con temas de muestra.

Aliados parece el habitual encargo de una major (Paramount en este caso) en la onda de lo que se está viendo cada vez más en el séptimo arte: se coge un tema muy usado (al menos no es un remake o adaptación) y se digiere y simplifica, se le elimina toda profundidad y aristas, se deja en un esqueleto de emociones prefabricadas para encandilar a la taquilla fácil. Y no sé si sois conscientes de la gravedad de casos como este, porque no hablamos de sagas ultra comerciales destinadas a los jóvenes, sino de cine supuestamente serio para adultos. Lo único bueno que podría salir de ella es que alguien acabe de rebote viendo Casablanca (Michael Curtiz, 1942) y descubra lo que es el cine de verdad.

La gran apuesta


The Big Short, 2015, EE.UU.
Género: Drama, biografía.
Duración: 130 min.
Dirección: Adam McKay
Guion: Adam McKay, Charles Randolph, Michael Lewis (novela).
Actores: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, John Magaro, Finn Wittrock, Brad Pitt, Hamish Linklater, Rafe Spall, Jeremy Strong.
Música: Nicholas Britell.

Valoración:
Lo mejor: El impresionante reparto. El guion es estupendo…
Lo peor: … pero el director no le saca todo el partido que parece guardar.

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La crisis económica global iniciada en los alrededores del año 2008, para quien no se haya enterado todavía, fue una estafa. Como rémora del sistema capitalista tenemos las especulaciones de la bolsa y la banca, en manos de unas pocas empresas todopoderosas que controlan el cotarro a su antojo para enriquecimiento propio. A esta gente le importan un comino las clases bajas, las leyes y la moral. Tampoco les asusta que su modelo económico explote, porque saben que tienen a los gobiernos agarrados por las pelotas y van a darles todas las ayudas que quieran hasta que el timo esté en marcha otra vez.

Pero sí, está claro que todavía hay millones de ciudadanos que no se han enterado y siguen votando a partidos políticos que avalan o utilizan estos modelos, incluso en España, donde la crisis se ha cebado más que en otros lugares por la incompetencia y corrupción del bipartidismo, y ahí siguen PP y PSOE como los partidos más votados. Por desgracia, tampoco hay muchas formas de llegar a la población adormecida e ignorante (cuando no fanática), y es una pena que un medio tan útil como el cine no se atreva más a menudo a tratar temas complejos y polémicos como la política y la economía. Aparte de Margin Call no he visto ninguna otra reciente, y encuentro muy pocas que parezcan llamativas: The Company Men (John Wells, 2010) y una de la HBO, Malas noticias (Too Big to Fall, de Curtis Hanson, 2011), aunque supongo que habrá varios documentales al estilo Inside Job.

Por suerte, ahora ha llegado La gran apuesta, que además se ha visto catapultada por algunas nominaciones a los Oscar, así que supongo que valdrá para que unos cuantos miles de individuos empanados abran los ojos… aunque no tantos como debiera, porque la mayoría estará viendo Gran Hermano en vez de una película de apariencia adulta y complicada (sólo 100 millones de dólares lleva en todo el mundo a pesar de lo que se habla de ella en los medios). Por lo menos me queda el consuelo de que en la sesión donde la vi escuché gruñidos y suspiros de rabia por la mierda que se narra, y risitas de incomodidad cuando mencionan España.

Los guionistas, y supongo que también el autor del libro en que se basan, sabían en el fregado que se metían. La terminología enrevesada de la banca y Wall Street y la complejidad global de los hechos son un muro muy alto para el espectador, así que ponen mucho empeño en explicar bien las cosas, con paréntesis descarados, narración hacia la cámara y con los personajes disimuladamente exponiendo las cosas despacito. Pero lo mejor es el tono distendido con salpicaduras de humor ácido: saben de sobra que hay que entretener, y la aventura se mantiene con un pie en la comedia negra y otro en la parida absurda (los cameos de famosos aclarando conceptos). Parece que pensaron, no sin razón, que no había forma de abordar este esperpento de historia sin hacerte vomitar, ni soltar esos datos tan complejos sin que la gente se perdiera. Así pues, el guion es muy certero a la hora de elegir el tono, consiguiendo que el espectador se implique, divierta y aprenda con facilidad.

La descripción de los protagonistas es también muy buena. Hay muchos pero cada uno tiene su personalidad bien definida, en especial los más relevantes obviamente, pero no se descuida lo más mínimo el gran repertorio de secundarios: no te quedas con los nombres pero sabes quién es quién y cómo pueden reaccionar en cada momento. Quizá el flashback del rol de Christian Bale es reiterativo, pero el resto se presenta con lo justo. La entrada de Steve Carell es fantástica, por ejemplo. El único fallo es que se empeñan en mostrárnoslos como héroes, cuando realmente ninguno lo es, pues lo que hacen es aprovechar el agujero del sistema para intentar forrarse, en vez de denunciarlo. Sólo un par de personajes amagan con ir a la prensa, pero luego deciden no seguir intentándolo y sí sacar tajada, y sólo el de Carell analiza las injusticias y problemas subyacentes… pero a la hora de la verdad no hace nada tangible por sacarlo a la luz o tratar de arreglarlo. Una visión más cínica de los propios protagonistas hubiera sido más acorde al estilo del relato, pero se nota una clara intención de ser amable en esta parte, quizá para que el espectador pueda conectar con algo positivo.

El reparto es magnífico y logra que los personajes cobren vida con mucha verosimilitud. Todos los actores secundarios están excelentes (incluso los cameos breves), pero los principales están soberbios. Christian Bale y Steve Carell son dos de los más grandes de nuestro tiempo y vuelven a demostrar por qué, aunque por desgracia el segundo, quizá por haber hecho muchas comedias tontas, no tiene el reconocimiento que merece; eso sí, aquí sí está impresionante, no como en Foxcatcher, el papel que empezó a darle reconocimiento como actor “de verdad” aunque en realidad no fuera para tanto. El único que falla es Ryan Gosling, como ocurre en absolutamente todas sus películas. ¿Qué le ven algunos? Su falta de carisma y dotes interpretativas son bien evidentes.

Ahora bien, el guion tiene una calidad que no luce en imágenes como podría. No conozco el resto de la obra del escritor y director Adam McKay (salvo por el simplón guion de Ant-Man), pero mi impresión con La gran apuesta es clara: como escritor ha estado muy por encima de su labor como director. Parece que el libreto le ha resultado demasiado inteligente y complejo, porque en la puesta en escena le faltan recursos, agilidad, sutilezas… Lo único que destaca es que sabe qué sacar de los actores en cada escena, pero es un milagro que sus interpretaciones no se pierdan en el caos. No puedes pretender una fotografía cámara en mano y un montaje frenético que transmitan sensación de inmersión y caos, y construir las escenas de forma tan evidentemente planificada, teatralizada. Con las pausas forzadas para meter chistes, los cortes de plano tan estudiados (si enfoca a alguien del fondo sabes que va a hacer algo, en vez de sorprendente porque pase algo) no se consigue la naturalidad buscada. Además, tiene patinazos muy gordos. En numerosas ocasiones incluye flashes, sean fotografías o imágenes en movimiento, de cosas paralelas, gente con sus quehaceres y tal. Pero pocas veces tienen un sentido claro, una relación con lo narrado, como la gente viviendo en la calle tras la crisis; en la gran mayoría de los casos te quedas con cara de qué narices estoy viendo.

Es imposible no pensar en qué habría resultado en manos de un realizador más dotado. Cabe citar a Martin Scorsese por el parecido con El lobo de Wall Street, y aunque esa tenía sus propios fallos que limitaban su también destacable potencial, sus virtudes en la dirección son las que se echan de menos aquí: sabio uso de recursos muy variados, gran vitalidad, y en general pegada y carisma. Mejor narrada (en agilidad e ingenio sobre todo) y con mayor personalidad, La gran apuesta podría haber sido un peliculón.

PD: Otro fallo es el final con letras explicado qué fue de cada protagonista… Podían haber puesto las caras al lado, que hay tantos que no me quedé con todos los nombres.
PD2: ¿Los fallos de montaje de la escena de Margot Robbie son a propósito? Resultan tan evidentes que me hace pensar que forman parte de la broma.

Corazones de acero


Fury, 2014, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 134 min.
Dirección: David Ayer.
Guion: David Ayer.
Actores: Brad Pitt, Shia LaBeouf, Logan Lerman, Michael Peña, Jon Bernthal, Jason Isaacs.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: Como entretenimiento cumple.
Lo peor: Pero va muy justa en todo, está llena de tópicos y es enormemente predecible.
El trailer: Estamos ante otro lamentable caso en que el trailer principal te desvela la película entera escena a escena. Por suerte no lo vi hasta después de ir al cine, por curiosidad por cómo lo enfocaban. Y es que ya evito verlos, sabiendo lo que hay.

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En Sin tregua (End of Watch) David Ayer se marcó una aventura policial de lo más vulgar, pero la adornó con altas dosis de drama y sensacionalismo baratos de comprobada eficacia entre el público facilón y tuvo una buena recepción crítica (de los que la vieron, fue una cinta menor con escasa taquilla). Yo la vi y la olvidé, no tenía nada digno de destacar y sí muchas cosas que criticar (la forzada puesta en escena en plan metraje encontrado era muy cargante). Luego se lanza a hacer cine original y arriesgado con Sabotage, le sale una estupenda cinta de acción… y todos le dan la espalda. ¿Qué hace entonces? Pues volver a la fórmula de simpleza y topicazos que parece tener éxito.

Así, Corazones de acero se anuncia como una supuesta cinta bélica épica y descarnada, pero resulta ser otra de acción comercial, llena de clichés y con una trama y personajes harto predecibles. No aporta ni una escena o idea original al género, y tampoco presenta un drama que se aleje lo más mínimo de historias contadas decenas de veces. Sólo con un público que parece no haber visto un filme bélico en su vida puede funcionar este compendio de tópicos.

El grupo protagonista se compone de los patrones más rancios. El sargento duro en principio pero que luego resulta ser un gran amigo, el novato que tiene que hacerse un hueco, el simpático, el tonto peleón y el misterioso o reservado (religioso en este caso). Se podría decir que partir de un frente común no tiene por qué dar malos personajes, pero es que la evolución sigue el mismo camino de tomar todo lo conocido y plantarlo ahí sin darle el más mínimo toque distintivo. En cuanto se ve la dinámica se puede intuir en qué orden llegarán los capítulos que irán haciendo progresar las relaciones del grupo: la presentación de la banda, la inclusión del novato, la emboscada de relleno a media película, la entrada en el pueblo, el receso con las chicas (porque hay que meter alguna hembra), la pelea entre tanques…

Y me temo que no hay un argumento más allá de avanzar por la guerra y mostrar la vida de esos personajes. Si en ellos falla tanto, en la descripción del entorno no parece que pudiera sorprender, y efectivamente tenemos más de lo mismo. Como decía, Ayer se cree estar dando forma a un gran drama bélico, pero sólo sabe poner capas de pintura en un relato muy básico. En el guion trata de mostrar la dureza de la guerra (el blandengue novato enfrenta la muerte y la crueldad) y lanzar algunos mensajes trillados (como que en el conflicto la humanidad se deja de lado y aplicando justicia y ética no puedes sobrevivir). En la puesta en escena fuerza el tono con musiquita trágica (aunque no esté pasando nada), planos a detalles varios (muertos, refugiados) y alguna muerte truculenta. Pero entre lo impostado que resulta y la sensación de que todo se ha visto ya y no se usa con sabiduría, la atmósfera nunca alcanza las intenciones buscadas. Un buen ejemplo de esta fallida dualidad entre cinta de corte serio y cinta comercial es el capítulo de los soldados saqueando y violando. Por un lado pretende recalcar la pérdida de humanidad (con otros tantos clichés), por el otro, no puede poner a los protagonistas principales violando, que no vende, y se inventa un romance momentáneo de lo más vergonzoso.

La labor de dirección, bastante limitada, ayuda aún más a que se desvanezca el potencial. ¿Dónde está el Ayer dinámico y hábil de Sabotage? No saca provecho de los exteriores ni de los pueblos, pareciendo una serie más que una película (Hermanos de sangre luce muchísimo mejor), y sobre todo, no hay sensación de claustrofobia en el tanque y las batallas no causan conmoción alguna. Cuando ataca el Tiger diezmando la columna de tanques protagonistas debería transmitirse sufrimiento y tensión… pero entre que sabes perfectamente qué pasará y la poca fuerza de las imágenes, pasa como los demás episodios: sin dejar huella.

Una mención aparte merece la inclusión de un recurso claramente comercial muy absurdo: Ayer se empeña en dibujar las balas cual láseres de La Guerra de las Galaxias o Star Trek para que veamos por dónde van los tiros. Supongo que es mitad efectismo barato para enfatizar la acción y mitad ponérselo fácil al espectador objetivo de la película, el que tiene que recibir todo mascadito.

Hasta el capítulo final cumplía bastante bien como entretenimiento intrascendente, aunque se venda como otra cosa, pero entonces todos los fallos se acumulan hasta que se viene abajo.

Alerta de spoilers: El siguiente párrafo contiene spoilers gordos del final, pero vamos, es algo que se intuye a media película.–

La batalla suicida en plan remedo exagerado de Tiempos de gloria (y mil más del estilo) es digna del cine de Michael Bay. ¿Cinco contra trescientos? Venga ya, hombre. Es increíble lo forzadamente que mete Ayer el final épico-trágico de todos muertos en una batalla desigual. Una batalla que no debería haber tenido lugar, que era totalmente evitable. ¿Morir para nada es mejor que retirarse para dar la alarma? Surrealista. Y cómo no la supuesta épica hace aguas por todas partes. Los malos de papel atacan en oleadas que los protagonistas puedan manejar, se olvidan de las granadas y sólo sacan los lanzacohetes al final, pero tampoco saben usarlos. Además parece rodado en una cochera, por no decir que el brusco cambio entre día y noche para poner unos planos molones con el fuego de fondo es descarado. Por supuesto los buenos irán muriendo en perfecto orden de importancia, y cada muerte irá acompañada de la escenita lacrimógena de rigor donde los malos se toman un descanso para que lloremos a los muertos.

Alerta de spoilers: fin de spoilers.–

Tanto dramón de postín me sacó por completo de una película que no apuntaba maneras pero que hasta entonces valía para pasar el rato. Le doy un aprobado porque nunca llega a ser mala, porque a pesar de su tono simplón pero creído no me hizo rechinar los dientes hasta el lastimero desenlace. En mi caso lo mejor fue que en cuanto terminó supe que la olvidaría en dos días, y además salí recordando a Los violentos de Kelly

Guerra Mundial Z


World War Z, 2013, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 116 min.
Dirección: Marc Foster.
Guion: Damon Lindelof, varios. Max Brooks (novela).
Actores: Brad Pitt, Mireille Enos, Daniella Kertesz, James Bagde Dale, Ludi Boeke, Fana Mokoena.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo y el segundo acto deja buen sabor de boca.
Lo peor: Es un caos que deja ver su producción improvisada. El primer acto es muy flojo. Los efectos especiales son horribles.
La curiosidad: En los cambios se perdió el personaje de Matthew Fox (el que los rescata en helicóptero), que al parecer, en alguna de las primeras versiones del filme, se liaba con la mujer del protagonista y se convertía en una especie de villano.

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Guerra Mundial Z de Max Brooks es un libro fascinante, un acercamiento a la temática zombi con una originalidad inigualable, con un logradísimo afán por salirse de los tópicos y narrar todas las perspectivas posibles que tendría un apocalipsis zombi desde sus orígenes a la recuperación de la Tierra tras sobrevivir a duras penas a la situación. Las numerosas historias sorprendentes e inesperadas hacen que la lectura sea adictiva y deje muy buen poso. Por fin algo nuevo, por fin una vuelta de tuerca al género que lo renueva por completo. Le faltaba algo para llegar a considerarlo una obra maestra, pero tiene la originalidad y riqueza suficiente para citarlo como una lectura indispensable.

Esta película… no tiene nada que ver con dicha novela. Es inevitable preguntarse que si pasaron por completo del libro, ¿por qué llamarlo igual, por qué llamarlo adaptación y tirar dinero pagando a su autor? No tiene sentido alguno, es otro caso en el que Hollywood usa un nombre popular para promocionar sus propios y mediocres productos.

Como se esperaba, se nota mucho que es una producción fallida, rehecha sobre la marcha, deformada por productores que imponían sus decisiones al director y forzaban a reescribir el guion sobre la marcha metiendo con calzador ideas de todo tipo. El libreto inicial fue de J. Michael Straczynski, el genio que parió Babylon 5, quien afirmó que fue fiel a la novela, pero con los cambios posteriores nada de su trabajo quedó ahí. Tras pasar por Matthew Michael Carnahan (La sombra del reino, Leones por corderos) y Drew Goddard (Buffy, la cazavampiros, Alias, Perdidos, La cabaña en el bosque), y quizá algún otro no acreditado, terminó en manos del temido Damon Lindelof, quien destrozara Perdidos y Prometheus, que terminó de perfilar un relato simple y nada original, aunque hay que decir que tiene algo de perdón enfrentarse a una película a medio hacer y con tantos egos de productores fastidiando constantemente. El resultado está efectivamente cerca del desastre, pero sorprendentemente la taquilla ha respondido de forma espectacular, tanto que han confirmado dos secuelas.

No puedo saber si ya en el trabajo de Straczynski los productores lo exigieron, pero una de sus peores imposiciones es la incomprensible idea de realizar una película de zombis apta para el público juvenil (+13), que en EEUU significa hacerla súper blanda en temática y casi sin sangre. ¿En qué cabeza cabe abordar un apocalipsis por definición violento y terrorífico con un tono casi para todos los públicos? No, por concepto y género esta no puede ser una película para menores. El resultado roza el ridículo: la cámara esquiva, literalmente, pero literalmente, la violencia, las muertes, la sangre y las vísceras hasta el punto de que no pocas veces hay que imaginarse lo que está ocurriendo. Los zombis se esquivan también: escenas de gente corriendo y poco más es lo que se ve. ¿Cómo esperan que en esas condiciones se pueda generar un ambiente de tensión y miedo? Pues obviamente no se puede. Y por supuesto, el argumento se limita al dramón familiar y el papá-héroe de costumbre.

Para intentar tapar el despropósito se ve que intentan convertirla en una película de acción. Pero no aciertan tampoco del todo, porque se empeñan en obtenerla acelerando, recortando y resumiendo la narración de forma que todo ocurra a toda velocidad. Y hay velocidad, pero por el camino se dejan el contenido y sobre todo la emoción. Casi no se adivina cómo se desarrolla el apocalipsis, solo vemos a la familia correr. Los capítulos sobre su supervivencia son irregulares, y por lo general fallidos. Los primeros enfrentamientos a la situación, con la familia huyendo por los pelos, no transmiten nada, todo se ha visto ya mil veces y aquí se cuenta con desgana y sin meter ningún tema interesante de los muchos que se pueden sacar en una historia sobre el apocalipsis de la humanidad (el policía cogiendo comida mientras pasa de los demás es lo único llamativo). La familia latina pasa sin pena ni gloria. El rescate no tiene nada llamativo y la separación para que papá se vaya a salvar el mundo es también previsible y sosa.

Por suerte, una vez se aparta del fallido acercamiento al género zombi más clásico, es decir, correr y sobrevivir, la cosa mejora bastante. La odisea del protagonista buscando la cura por el mundo podría haber sido mil veces mejor, que potencial había de sobra, pero su simpleza se disimula con ritmo e intensidad y algunos detalles que añaden interés, como la chica de pelo corto, único rol secundario de buen nivel (bastante más interesante que la aburrida esposa). El tramo final funciona correctamente también: en el largo segmento del centro de investigación por primera vez aparecen los esperados efectos de tensión e inquietud. Todos sabemos cómo va a acabar la aventura, pero si se narra bien puede resultar emocionante.

La dirección es correcta sin más. Marc Foster (capaz de pasar de la maravillosa Descubriendo Nuncajamás al bodrio de Quantum of Solace) aborda el caos de los ataques ofreciendo un caos bastante controlado: la cámara en mano se mueve mucho, con travellings alocados, y el montaje enlaza planos a toda velocidad, pero la acción es clara, se sigue bien al personaje y lo que ocurre alrededor. La pega es que se ve que el dinero se tiró en el lío del rodaje, porque a los efectos especiales no parece haberse destinado, resultando la superproducción más fallida de la década: los efectos digitales son de risa, pero de risa. Los zombis y los dobles digitales de personas son infames, con un aspecto de videojuego que espanta y echa por tierra la credibilidad y fuerza de las escenas más complejas, como la de la caída del campamento de Irak.

Por su visible mejora a partir de su ecuador y sobre todo gracias a su correcto tramo final el visionado no deja malas sensaciones, y resulta una película entretenida si no te paras a recordar la falta de calidad y garra de su tramo inicial o lo poco que han aprovechado el riquísimo material original.

El árbol de la vida


The Tree of Life , 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 139 min.
Dirección: Terrence Malick.
Guion: Terrence Malick.
Actores: Brad Pitt, Jessica Chastain, Sean Penn, Hunter McCracken, Laramie Eppler.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía, montaje, música, reparto.
Lo peor: Sin rumbo ni sentido, con tramos insoportables y mensajes perdidos en un galimatías pretencioso.

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Casi toda crítica que he leído sobre El árbol de la vida ha sido positiva, pero estoy convencido de que es porque los que han renegado de ella pasan de perder el tiempo comentándola. Yo soy uno de los que acabó decepcionado, y he querido plasmar por qué para que haya algo más de variedad.

Hay películas que se distancian de los cánones establecidos, es decir, que se dejan llevar más por el arte que por la técnica, y claro, con ellas surgen las disputas más acaloradas, porque son aún más difíciles de describir con adjetivos que las enmarquen en una tabla cualitativa determinada. Encontramos obras que huyen de la narración lineal (Memento va al revés), otras que quieren transmitir algo a través de un efecto concreto (el montaje acelerándose de Requiem por un sueño trata de contagiar el caos y la desazón que viven sus protagonistas), las hay que refuerzan un elemento para destacar en algún aspecto (Barry Lyndon y su fotografía), las hay que rehacen un género para convertirlo en otro (La delgada línea roja no va tanto de guerra como sí de introspección y filosofía) y tenemos también las que apelan más a los sentimientos que a la idea de desarrollar una trama con principio y final, como las dos Solaris o esta El árbol de la vida.

Terrence Malick sin duda pretende construir un canto poético y embelesador sobre la familia, el crecimiento y la maduración personal, el perdón, la muerte, la esperanza… pero todo intento de narrar algo y formar mensajes (sean ambiguos o más determinados) se pierde en un galimatías de ñoñas peroratas cristianas, pasajes inefectivos o directamente sobrantes, secciones que se pierden en la impronta visual, etc. Así, es constante la sensación de que confunde sensibilidad y emotividad con artificiosidad y manipulación audiovisual, de que todo esto no es más que un ejercicio de pretenciosidad mal orquestado, saturado de filigranas que prometen ser artísticas pero terminan resultando tecnicismos sin alma que dejan atrás cualquier atisbo de objetivo narrativo, artístico o emocional.

De un prometedor inicio con personajes reales mostrando visos de alguna trama y mensaje concretos saltamos a largos pasajes donde se fotografían edificios y árboles con mucha elegancia y belleza pero sin motivo ni resultado tangible, con lo que resultan vacíos, inertes. De repente, sin venir a cuento, nos deleita durante veinte minutos con un numerito audiovisual sobre la creación del universo. Puede inferirse, al enlazar con el nacimiento del hijo, que trata de decir algo sobre el origen de la vida… pero no hay manera de entender qué, y menos para qué se necesita algo tan largo, tedioso y desconectado del resto. Además, esa subpelícula acaba con un desmadre alucinante: la absurda escena en que un dinosaurio carnívoro perdona la vida a un herbívoro malherido. El cúmulo de vaguedades sobre existencialismo y religión alcanza aquí un punto álgido delirante en esta cadena de despropósitos.

A continuación deambulamos entre escenitas familiares que parecen volver a centrar la historia, pero en realidad tampoco terminan de dirigirse hacia ninguna parte. Un par de capítulos sueltos sobre la maduración del chaval o los problemas familiares se diluyen en un sinfín de planos que podrán ofrecer buena fotografía (oooh, qué bonita es la farola, te la saco otra vez para que la sigas viendo) pero sin duda son mala composición narrativa. Y además los pequeños detalles sobre la vida, de triviales o previsibles que resultan, no transmiten nada, con lo que se acrecienta de nuevo la sensación de que la película no es más que un disfraz presuntuoso.

Entre los disparates o salidas de tono destaca también el final, con la escena de reencuentro en la playa, sea sueño o cielo cristiano (como hay no pocas chorradas religiosas, esta seguramente será otra), y los forzados mensajitos de perdón, redención o lo que intentara decirnos con esos mil eternos abrazos. Parece un videoclip empalmado sin el más mínimo esfuerzo para que conecte con el resto.

En todo el sinsentido se adivinan unas buenas labores interpretativas de Brad Pitt y Jessica Chastain, y el chaval (Hunter McCracken) cumple correctamente. La fotografía brilla con luz propia de manera impresionante, pues sin ataduras narrativas que lo limiten Emmanuel Lubezki (uno de los grandes del gremio) se lía a componer planos maravillosos. El montaje es excelente a la hora de enlazar esos planos hermosos. La música, tanto la seleccionada con sumo acierto como la escrita por Alexandre Desplat, funciona muy bien. Pero sin ideas claras, sin guion que marque un objetivo y defina unas intenciones y sin una labor de dirección que sepa utilizar todas esas técnicas gloriosas para conseguir edificar narrativa y arte cinematográfico, el conjunto resulta un pésimo intento de obra vanguardista, poética, experimental, emotiva o lo que pretendiera Malick obtener. Como he visto comentado más de una vez, un solo plano de esta cinta tiene más calidad técnica y fuerza artística que gran parte del cine actual. Pero un gran plano, y dos, y muchos puestos en fila no tienen por qué formar en conjunto una buena película, ni buen arte.

La delgada línea roja, como historia que navega por el sentimiento y la filosofía, aun con sus fallas (montaje final desequilibrado, con huecos y altibajos en el ritmo), resultó una obra cautivadora e impactante, pero a El árbol de la vida no hay por dónde agarrarla. Eso sí, hay no pocas voces que ven en ella una maravilla y conectan profundamente con su tono e intenciones, así que como indicaba al principio está claro que es una de esas películas donde la percepción emocional individual es más importante que cualquier intento de catalogarla con adjetivos o puntuaciones. Resumiendo mi opinión, yo ni siquiera la considero una película. Es un experimento fallido, dos horas y quince minutos de tiempo perdido. De temática y estilo semejantes no puedo dejar de recomendar La fuente de la vida, de Darren Aronosky. Esa sí es hermosa y fascinante.