El Criticón

Opinión de cine y música

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Cristal


Glass, 2019, EE.UU.
Género: Suspense, drama, superhéroes.
Duración: 129 min.
Dirección: M. Night Shyamalan.
Guion: M. Night Shyamalan.
Actores: James McAvoy, Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Ana Taylor-Joy, Sarah Paulson, Spencer Treat Clark, Charlayne Woodard, Adam David Thompson, Luke Kirby.
Música: Dylan Thordson.

Valoración:
Lo mejor: Es bastante original, con situaciones y giros muy sorprendentes. Todos los personajes son atractivos…
Lo peor: …pero se desaprovechan en un relato irregular y falto de la garra esperada.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Sin dator reveladores hasta el próximo aviso.–

Con el insólito giro final de Múltiple (2016), M. Night Shyamalan unió esa cinta con El protegido (2000), aspirando a que si alcanzaba éxito suficiente podría realizar la trilogía que tenía planeada en aquellos años. Según él, el protagonista de numerosas personalidades de Múltiple estaba en el guion inicial de El protegido, pero lo dejó para las secuelas pensando que no encajaba del todo en ella, y luego su carrera se hundió bastante y no tuvo la libertad y recursos para terminar con el proyecto.

Aunque ninguna de aquellas dos fueran obras para el gran público sí consiguieron enganchar a millones de espectadores abiertos a propuestas arriesgadas y originales. Y con el paso del tiempo se ha forjado alrededor de El protegido ese estado de “cinta culto” que tiende a sobrevalorar y rechazar críticas negativas. Así pues, las expectativas de sus admiradores estaban por las nubes, quizá demasiado altas para que una tercera parte pueda satisfacer con suficientes sorpresas, con un desarrollo de personajes que llene por igual a todos, y una historia con pegada suficiente para sacudirte de nuevo.

Fui sin saber nada, sin ver tráileres e imágenes, como debe ser en estos casos. No tenía ni idea de cómo iba a ser el encuentro entre David Dunn, la Horda y Don Cristal, solo era capaz de pensar en el típico enfrentamiento a tortas de toda la vida, así que confiaba en que Shyamalan me llevara por otra dirección. Cuando ese choque clásico parece suceder a los pocos minutos de proyección me vine un poco abajo: ¿a tan poco aspiras, y qué vas a dejar para el resto del metraje? Pero de repente corta por lo sano con ese camino tan previsible y nos traslada a un escenario nuevo y sugerente que reavivó a lo grande las esperanzas. Hay planteamientos muy jugosos e ingeniosos, y la intriga por cómo superarán esa situación y volverán a encauzar el conflicto entre ellos recobra nuevas fuerzas.

Destaca de nuevo el factor sorpresa, la valentía y el talento Shyamalan para deconstruir el mundo de los superhéroes, ponerlo patas arriba, y después de todo ello incluso seguir siendo capaz de aportar giros finales que vuelven a rizar el rizo con gran acierto. Como en El protegido, analiza las premisas y giros comunes del género, ofreciendo otra vez tanto un homenaje como una perspectiva más humana y dramática que la habitual línea fantasiosa y basada en el espectáculo directo. Juega con lo que prevee el espectador y los personajes para luego resolver las situaciones con una vuelta de tuerca más novedosa e inteligente. Así, cabe pensar que no veremos batallas y victorias épicas, sino aceptación del quiénes somos, de nuestras capacidades y nuestro lugar en el mundo

Pero me temo que el escenario donde se reúnen los protagonistas, que es donde se desarrolla la mayor parte de la historia, también deja ver todas sus carencias. Una importante falta de credibilidad y de ritmo se va adueñando del relato, siendo grave en varios momentos, mientras a la vez da la sensación de que no exprime del todo a los personajes y el choque entre ellos. También se nota que el indio no están tan inspirado como de costumbre con la cámara.

Las diatribas de la nueva figura que cambia las reglas del juego, Ellie Staple (Sarah Paulson), se alargan demasiado mientras no hay señales de que los protagonistas se vayan a mover de una vez por todas. Don Cristal/Elijah Price se tira demasiado tiempo parado, y aunque cuando entra en acción desde luego es lo mejor de la cinta, da la impresión de que el realizador no sabía qué hacer con él el resto del tiempo. Los secundarios se dejan demasiado de lado después de prometer más relevancia: Casey aparece como para cumplir, el hijo de David tiene más presencia pero no termina de pasar a primer plano, la madre de Elijah no aporta nada. Y David Dunn, llamado por la gente “el protector” (haciendo más evidente que nunca la ridícula traducción de “Unbreakable” como “El protegido”), no tiene un desarrollo tan cuidado y detallista como en su presentación, a pesar de que el dilema ante el que es puesto (¿es un superhéroe o tiene delirios fruto de traumas?) es muy prometedor: Shyamalan debería haber ahodando más en su pérdida de fe, su frustración, y su renacer, pero se queda en cuatro escenas un tanto básicas.

Conforme se va materializando el desenlace, los agujeros en la credibilidad se hacen demasiado visibles. La falta de vigilancia y seguridad de ese escenario principal es vergonzosa, dejando claro que Shyamalan se ha esforzado menos de lo necesario. El encuentro final es lento, desganado y un poco engañoso, no termina de cumplir como ese esperado duelo dramático e intelectual que te haría olvidar las aparatosas batallas del género. De hecho, el realizador hace un extraño amago, anunciando un gran clímax en un entorno llamativo, como queriendo desviar la atención sobre lo que cabía esperar dada la naturaleza de las dos entregas previas. Pero a la hora de la verdad no tenemos ni una cosa ni otra. Hay pelea final con acción, pero en un entorno anodino, con escenas poco espectaculares, y la exposición dialogada carece de la garra esperada, del calado dramático y las lecturas inteligentes, todo es más o menos lo que se veía venir; hasta revelaciones que prometían cambiarlo todo, como la verdad sobre el accidente de tren, pasan sin pena ni gloria. Si no fuera por los varios giros posteriores que le dan la vuelta a todo y aportan nuevas ramificaciones a la historia, quizá el recuerdo que deja la proyección hubiera sido menos grato, pero echando la vista atrás, la anhelada contienda final entre los tres protagonistas tiene las de defraudar a muchos espectadores.

James McAvoy está fantástico en la complicada tesitura de interpretar no sólo varias personalidades, sino cambiando a toda leche entre ellas en los momentos álgidos. Samuel L. Jackson se luce a lo grande también pero por el lado contrario, el de la contención: sus miradas reflejan muy bien el cambio de la frustración y la ira al éxtasis de la revelación. El resto queda bastante por debajo. Bruce Willis no tiene un rol con recorrido suficiente como para lucirse. Sarah Paulson no convence como la mujer de aspecto afable pero rígida. Anya Taylor-Joy y Spencer Treat Clark cumplen de sobras, pero eso aumenta la sensación de que los podría haber aprovechado más. Cabe señalar también que uno de los secundarios, Luke Kirby, está muy pasado de rosca, pero se podría decir que el director debería haberlo controlado mejor.

En lo visual Shyamalan muestra también cierta dejadez. El acabado es más que correcto, pero del indio se espera que nos deslumbre con belleza y también que las propias imágenes sean un complemento de la narración. En El protegido innumerables planos asombrosos se combinaban con otros que transmitían muy bien el progreso emocional de los protagonistas. Aquí, el único complemento en ese sentido es la banda sonora de Dylan Thordson, efectiva unas veces pero otras tomando demasiado protagonismo en escenas que deberían haber contado con mayor esfuerzo por parte del realizador. Múltiple tampoco era muy virtuosa en el acabado, pero al menos conseguía ser profunda y emotiva a través de unos protagonistas mejor desarrollados.

Cristal tiene más carencias que los dos capítulos previos, pero también sus principales virtudes, su gran personalidad y la inventiva sin igual con salidas atrevidas e inesperadas, así que supone un cierre bastante interesante aunque no cumpla del todo las expectativas.

Alerta de spoilers: A partir de aquí destripo a fondo detalles, cosas clave y el final.–
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El protegido


Unbreakable, 2000, EE.UU.
Género: Suspense, drama, superhéroes.
Duración: 106 min.
Dirección: M. Night Shyamalan.
Guion: M. Night Shyamalan.
Actores: Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Robin Wright, Spencer Treat Clark.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Original, sugestiva, hecha con mucho mimo.
Lo peor: Lenta en un primer visionado, se puede hacer pesada en los siguientes, porque se basa mucho en golpes de efecto y el aspecto audiovisual es superior al contenido.

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Tras deslumbrar a medio mundo con El sexto sentido en 1999, M. Night Shyamalan tomó un camino que descolocó a los que esperaban más de lo mismo, suspense y terror. De hecho, el primer tráiler parecía anunciar una de miedo, y el segundo no dejaba muy claro de qué iba. El protegido es una obra muy arriesgada y personal, con lo que llega con intensidad a algunos espectadores y choca frontalmente con otros, sobre todo si se va con ideas preconcebidas y la mente cerrada. Ofrece un perspectiva insólita del género de los superhéroes tanto en forma como en contenido, pero la cinta tiene más capas, porque también es un drama bastante certero.

Huyendo de mundos de fantasía y personajes con superpoderes grandilocuentes representados con muchos efectos especiales en aparatosas escenas de acción, el indio apuesta por tomar una perspectiva más realista y contenida, centrando el relato en el drama de dos individuos bastante normales y un entorno mundano y aburrido. Las bases, el argumento más clásico y muchos clichés del género de superhéroes están presentes, pero mostrados desde este ángulo tan humano. También es evidente que quiere homenajear al género, no sólo darle vuelta de tuerca. Las referencias a los orígenes, los cánones y otros detalles de este arte son constantes en todo el metraje, y además se funden con naturalidad con la trama y la descripción de los protagonistas.

El héroe es superior en lo moral y lo físico al hombre común, y por lo general también al supervillano, que se apoya en su intelecto retorcido para buscar ventaja exprimiendo diversos recursos y tecnologías y tratando de adelantarse a los planes de su némesis. El héroe es bueno de corazón, pero debe elegir entre una vida normal y la sacrificada responsabilidad de estar de guardia para salvar a desconocidos cada dos por tres, con lo que su viaje no está exento de dilemas; además, su contrincante suele ponerlo ante problemas y elecciones complicados. El enemigo se divide en dos tipos, los criminales comunes y el supervillano. Los primeros suelen servir únicamente para presentar al héroe y su aprendizaje. El villano emerge de una vida dura que se complica por los fallos del sistema, y actúa con rabia destructora que se agrava porque el bueno desbarata sus proyectos cada dos por tres. El autor reincide en la idea de que la dualidad es necesaria para el nacimiento y maduración de ambos: sin uno, el otro no tendría mucha razón de ser, y los dos se retroalimentan.

Estos conceptos están desarrollados a través de un drama sencillo, combinados con los problemas cotidianos de la gente de forma que vemos más de cerca que nunca a la persona real tras el superhéroe. En algunos cómics, como Superman o Spider-Man, se ha abordado ese aspecto, pero casi siempre es para poner en apuros al protagonista, con familias y amigos en peligro por culpa de los malos, y también para aportar algo de comedia con los choques entre las dos vidas. Shyamalan va a conflictos más oscuros y profundos pero que cualquier persona ha sufrido o puede sufrir alguna vez.

David Dunn es un guarda de seguridad que ve pasar los años sin que la existencia termine de llenar su vacío. Elecciones pasadas le hacen recordar que podía haber tenido otra vida, una de ensueño como deportista, y por ello es incapaz de ver lo que tiene delante. El matrimonio hace aguas, el niño es una carga, el trabajo lo aburre… Elijah Price en cierta manera va en sentido contrario. Se atribuye un lugar en el mundo, pero su vida y sus ambiciones chocan con sus limitaciones, y la frustración marca su personalidad. El encuentro entre ambos promete despertar el potencial de cada uno, pero antes tienen que enfrentar sus demonios internos y los efectos secundarios en su círculo cercano. Cabe destacar la parte del hijo de David, que sufre las consecuencias en algunas escenas muy potentes.

Bruce Willis nos dejó a cuadros en El sexto sentido con una interpretación seria y muy conmovedora después de estar décadas interpretando a distintas versiones de John McClane (La jungla de cristal, 1988), y aquí se mantiene en esa línea, aunque quizá un peldaño por debajo. Samuel L. Jackson capta muy bien la aflicción y cólera de Elijah. El joven Spencer Treat Clark está estupendo como niño confundido. Sólo Robin Wright queda un poco descolgada, pero también es cierto que su personaje es más secundario.

Con la contención citada, el relato avanza sin vistosos encuentros entre los dos protagonistas, sino con mucho diálogo y mucha exposición sutil que desgrana poco a poco los sentimientos, los miedos y los apáticos esfuerzos que hacen cuando la realidad trata de imponerse. Por ejemplo, desde la magistral presentación donde David se guarda el anillo esperando tener una aventura romántica se hace palpable su melancolía y el distanciamiento con su familia, y el accidente de tren no se ve, se muestra como lo viviría él, haciéndonos partícipes del cambio inesperado y cómo le afecta. Pero infinidad de detalles visuales y algunos diálogos muy certeros abundan por el relato; me gustan especialmente aquellos planos donde David mira algo y la cámara tarda unos segundos en acercarse a ello, matizando el estado de ánimo del personaje (expectante) y también el suspense.

Y es que el esfuerzo en la puesta en escena hace gala de una inteligencia y una cantidad de recursos asombrosa. Plano a plano Shyamalan compone un mosaico de sensaciones y belleza muy singular, y demostró que El sexto sentido no fue un momento puntual de inspiración sino la presentación de uno de los mejores directores del momento. La música de James Newton Howard, con una efectiva base electrónica, termina de realzar tanto el drama como la intriga, y brilla en los momentos de revelación, como la escena de David en la estación abriendo los brazos para conectar con la gente.

Pero, después de todo, la película se queda corta. Por la razón que fuera, Shyamalan va a un mínimo muy justo. Con el guion que desarrolla da la sensación de que no hay suficiente para un largometraje, sino que iría mejor en un capítulo de una serie tipo Dimensión desconocida (1959) o Más allá del límite (1963 y 1995). Así, rellena bastante, reincidiendo en algunas cosas (los encuentros con Don Cristal se repiten más de la cuenta), estirando el drama de la separación (alguna conversación, sobre todo la de la cita reconciliadora con la esposa, se alarga mucho)… y en cambio, donde debería haber más metraje, en el final, corta por lo sano porque prefiere terminar con el subidón del giro sorpresa. Resume con texto en pantalla lo que deberíamos ver, de forma que, aunque salieras del cine asombrado por el golpe de efecto, en los revisionados empieza a pesar la impresión de que después de todo no es un giro tan efectivo y faltaban por contar cosas. Cabe pensar que agilizando el ritmo mejoraría la experiencia y además cabría un enfrentamiento entre héroe y villano mejor trabajado, pues después de tanto tratar el tema y prometer termina abruptamente sin abordarlo.

Por ello no veo la obra maestra que defienden algunos, pero El protegido sin duda se ha de considerar una cinta de culto, original como pocas, hecha con gran amor al arte y a lo que se está contando.

Más tarde Shyamalan afirmó que tenía en mente una trilogía, pero quedó en el aire con el posterior declive de su carrera. Pero se atrevió a volver a tantear esa idea en Múltiple (2016), y con su arrollador éxito puso pronto en marcha una nueva película que combinara ambas, Glass (2019), formando dicho tríptico.

Moonrise Kingdom


Moonrise Kingdom, 2012, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 94 min.
Dirección: Wes Anderson.
Guion: Wes Anderson, Roman Coppola.
Actores: Jared Gilman, Kara Hayward, Edward Norton, Bruce Willis, Frances McDormand, Bill Murray.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual elaborado y colorista hasta resultar deslumbrante.
Lo peor: El guion hace aguas, es un cúmulo de anécdotas que no consigue narrar nada tangible y recordable.

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Un cuento o fábula utiliza las fantasías, las anécdotas, los personajes secundarios estrafalarios y otros elementos como fórmulas narrativas, como recursos para un fin. Es decir, tras la magia, los detalles curiosos y los enredos visuales ha de haber un relato concreto, y quizá también un mensaje. Wes Anderson no se preocupa mucho del objetivo final, construye sus aventuras sólo con anécdotas, subtramas breves que explotan una idea paralela, personajes de relleno que sólo ofrecen una característica llamativa pero no tiene una posición clara y útil en la trama. Además se centra sobre todo en lo visual, dando una forma vistosa e hipnótica por fuera pero relegando aún más el contenido. Es decir, no perfila un guion sólido, sino que se apoya en una amalgama de videoclips más o menos impresionantes y hermosos pero que a duras logran exponer una historia y unas ideas y mensajes determinados.

La aventura romántica de los chavales es interesante en los momentos en que se llega a narrar algo, pero entre esos instantes hay transiciones llenas de curiosidades rebuscadas muy elaboradas en lo visual pero huecas en contenido. Y añádele que tratar los pasos claves de la adolescencia no es algo novedoso, con lo que Moonrise Kingdom apenas causa impresión por muchos enredos, o más bien alardes, que pretenda. De esta forma, aunque por lo general la odisea de los jóvenes consigue entretener, la sensación de que no vamos hacia ninguna parte, de que no se narra ninguna historia ni mensaje consistentes, va pesando y pesando cada vez más, sobre todo porque en el tramo final, en vez de tomar un rumbo de una vez, se termina de desviar por completo. ¿Cómo puedes meter una larga trama secundaria (el otro campamento -el de Harvey Keitel-) llena de chistes tontos (el rayo, la riada, el rescate) justo cuando estás lanzando el arco final? Y el desenlacen en la iglesia, con la clásica escalada a la torre, también carece de garra.

Así que la cinta, dispersa de por sí, termina sin ofrecerte algo con lo que emocionarte y que recordar. A la postre es el tono visual y el ritmo veloz lo que salva la función, dos aspectos que engañan los sentidos si te dejas llevar. La fotografía obsesionada con centrar milimétricamente la acción es la reconocible marca de Anderson, y le saca buen partido, porque cuida con gran mimo la composición de la escena: la fantástica iluminación y el uso del color, exteriores bien seleccionados e interiores bien adornados. Pero claro, ya podía poner tanto esmero en el guion, porque la fuerza emocional del exterior no alcanza el interior. Como se puede ver también en la posterior El gran hotel Budapest, como narrador todavía le falta todavía mucha maduración.

Looper


Looper, 2012, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 119 min.
Dirección: Rian Johnson.
Guion: Rian Johnson.
Actores: Joseph Gordon-Levitt, Bruce Willis, Emily Blunt, Paul Dano, Jeff Daniels, Piper Perabo, Noah Segan.
Música: Nathan Johnson.

Valoración:
Lo mejor: Un puñado de ideas geniales y unas cuantas escenas muy potentes.
Lo peor: Ritmo renqueante. Parece haber varias películas en una. Algunos detalles de guion y puesta en escena bajan su nivel medio.

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Alerta de spoilers: Es una película para ver sin saber nada y dejarse sorprender. Pero a la vez me es imposible comentarla bien sin describir detalladamente la trama y algunas sorpresas. —

Looper es uno de esos títulos de ciencia-ficción que los fans esperamos con ansia porque exponen lo obvio: el género permite tantas posibilidades que es una lástima que haya tan pocas películas y menos aún tengan un mínimo de calidad aceptable. ¿Que los viajes en el tiempo están muy vistos? Pues sí si te limitas a los tópicos, porque desde luego el potencial que tienen es enorme. Su autor Rian Johnson lo ha visto, y se ha montado una historia bastante llamativa con varias ramificaciones y detalles muy interesantes.

En un futuro cercano se sabe que un futuro más lejano se inventarán los viajes en el tiempo, y se prohibirán pero algunas mafias seguirán usándolos porque en una sociedad tan controlada la única forma de asesinar sin dejar rastro es enviando a las víctimas al pasado (al futuro donde empieza la película) para que sicarios contratados, llamados loopers, se encarguen de los cuerpos. Estos looper completan su servicio o círculo (loop) cuando tienen que ejecutar a su versión futura, porque una vez llegan a la edad en que se prohíbe su existencia deben ser eliminados. Una vez muerto tu yo viejo te retiras y puedes vivir hasta esa edad de los jugosos ahorros. Pero cuidado si no quieres matar a tu versión anciana, porque las mafias que te pagan son implacables.

En esta situación se verá nuestro protagonista. Su yo del futuro tiene un plan demencial para asegurar su línea temporal. Primero, escapar de sí mismo y de la mafia de esta época. Segundo, dar caza a un temible mafioso que domina en el futuro y está acabando con todo el sistema de loopers y ha destruido su idilio justo cuando encontró algo que hacer con su vida. En plan Terminator tratará de dar con él cuando es todavía un niño.

El problema es que parece juntar varias películas en una, con los consecuentes problemas de definición y ritmo y la sensación de confusión que transmite cambiar el estilo a mitad de camino. Primero tenemos la exposición del universo, paralela a la presentación del protagonista. Es un segmento estupendo, muy fluido y donde todo se entiende sin problemas y resulta muy atractivo. Cuando llega la versión futura promete cambiar hacia una caza en plan película de acción, pero de repente pierde fuelle. El esperado cambio en la vida del protagonista, que de adinerado yendo de fiesta en fiesta se convierte en un yonki a la fuga, se desvanece en un romance no malo pero sí previsible y un tono que se inclina hacia la acción simplona. Los mafiosos para los que trabaja, que en esta situación se convierten en enemigos, son personajes muy flojos (en especial el pistolero estúpido) y toman demasiado protagonismo en detrimento de la propuesta inicial de ciencia-ficción. Y mientras, aunque la aventura del yo futuro da algunos buenos momentos (el drama de ejecutar niños, con buenas sorpresas incluidas), resulta finalmente poco atractiva, su protagonismo queda muy diluido cuando se esperaba más de esta sección. Destaca también el resumen de su trayectoria hasta la edad de viajar al pasado, pero también supone un golpe al ritmo, pues es como un corto metido de por medio.

Y de repente tenemos otro cambio de rumbo, y este es brutal. Si te llega a sacar por completo de la narración no hay más que hacer, la película te parecerá fallida. Si no, aún hay buenas ideas y giros con los que disfrutar. Ya no hablamos solo de viajes en el tiempo y la persecución, ahora tenemos una de superpoderes también. La telequinesis mencionada de pasada al principio cobra protagonismo. No diré más para no desvelar algunas sorpresas interesantes que dan un par de escenas magníficas, pero sí es evidente que esta historia no ha tenido el recorrido e importancia necesarios para que nos interesemos por ella repentinamente, con lo que es como ver otra película empezando cuando llevamos realmente media proyección. Cuando por fin toma forma nos ofrece otro relato muy atractivo, y recalco que tiene instantes geniales, pero también está lastrado por elementos artificiales innecesarios: el enfrentamiento final del yo futuro en la guarida de los malos es insípido (un tiroteo exagerado y mediocre) y para colmo el pistolero tonto sobrevive para seguir molestando en un desenlace donde no pinta nada.

Cabría pensar que una película con varias historias complejas condensadas tendría un ritmo trepidante, pero ocurre lo contrario. Por sus fallos y por no estar desarrollados a fondo, ninguno de los segmentos destaca por ser vibrante y emocionante como las posibilidades del argumento parecían poner en bandeja. La puesta en escena también es irregular. Parece profesional y consistente de primeras, pero a veces le da por intentar deslumbrar, como si quisiera dejar huella porque el género lo exige. Unas pocas escenas algo forzadas contrastan con otras muy bien trabajadas: la huida del piso con planos rebuscados o el citado tiroteo no dan la talla al lado del fantástico resumen de la vida del protagonista en el futuro o de los instantes en que al personaje con poderes se le va la pinza.

En cuanto al reparto, quienes mejores me han parecido son los que menos tiempo están: la chica (Emily Blunt) y su hijo (Pierce Gagnon), en especial este último, dan buenos papeles. Joseph Gordon-Levitt sigue sin convencerme a pesar de su éxito, no cambia mucho el registro aunque su personaje podría dar bastante juego. Bruce Willis cumple sin más en un papel sorprendente en su carrera: es un secundario. Cabe señalar que maquillan Levitt para parecerse a su yo futuro (lentillas y retoque de nariz y labios), pero mi impresión es que resulta más confuso que otra cosa: todo el rato me preguntaba qué le pasaba en la cara, por qué estaba tan raro.

Con este panorama no puedo darle una gran nota a Looper. Quisiera que fuera una gran película, que no tuviera tantos problemas, que sus gloriosas ideas dieran un relato más sólido y genuino, pero no es así. Por ello también tiene posibilidades de convertirse en un título de culto de la ciencia-ficción: muy recomendable por sus elementos destacables pero sin llegar a ser una producción redonda ni especialmente conocida. También es inevitable pensar que semejante premisa se hubiera desarrollado mejor en una miniserie de varias horas.

El guionista y director Rian Johnson ha llamado lo suficiente la atención como autor de ciencia-ficción como para ser incluido en el equipo de las nuevas entregas de La guerra de las galaxias.

Red 2


Red 2, 2013, EE.UU.
Género: Acción, comedia.
Duración: 116 min.
Dirección: Dean Parisot.
Guion: Jon Hoeber, Erich Hoeber.
Actores: Bruce Willis, Helen Mirren, John Malkovich, Mary-Louise Parker, Anthony Hopkins, Catherine Zeta-Jones, Neal McDonough, David Thewlis, Brian Cox.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Lo que queda de los personajes.
Lo peor: Insípida y aburrida.
Mejores momentos: Los celos entre Sarah y Katja.

* * * * * * * * *

El éxito de Red fue bastante merecido. Como comedia de acción destacaba bastante en un panorama lleno de títulos repetitivos, de ideas agotadas. Los excelentes personajes, un ritmo bastante acertado y sobre todo el gran sentido del humor nos dieron una película bastante recomendable. La secuela es por el contrario una gran decepción. La chispa y energía de su predecesora no se ven por ninguna parte. Los personajes son una sombra de lo que eran, estirados sin sacarles mucho partido. El humor carece de originalidad, pero también de gracia: apenas consigue llevarte a la carcajada.

Por suerte los protagonistas eran tan buenos que lo poco que queda de ellos basta para salvar la función. Cada tramo dedicado a cada uno de ellos resulta divertido debido a sus peculiares personalidades, y la dinámica entre todos mantiene al relato en una constante sensación de que hay un buen poso y en seguida va a coger carrerilla… Pero el embrujo dura poco, porque una vez se va formando una perspectiva global de la narración queda claro que los guionistas no saben muy bien cómo enlazar un capítulo con otro y mover a los protagonistas hacia algo interesante. Es decir, el argumento es endeble y difuso, se salta de acá para allá sin motivos claros (damos la vuelta al mundo varias veces sin razón alguna), vemos metraje y más metraje sin tener a la vista un objetivo concreto.

En la primera entrega alabé a los actores bastante merecidamente, pero aquí se nota que no tienen material con el que trabajar, todos van con el piloto automático puesto. La puesta en escena es correcta, destacando de nuevo por ser sobria y efectiva en comparación con los cansinos artificios del cine de acción actual.

Nada original, poco graciosa, con un ritmo bastante caótico, Red 2 resulta un aburrimiento bastante grande. No llega a ser mala, pero tampoco logra resulta un visionado que deje buenas sensaciones: se ve con pasividad, sin despertar emociones en ningún sentido, y se olvida al instante. Otra saga echada a perder.

La jungla: Un buen día para morir


A Good Day to Die Hard, 2013, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 98 min.
Dirección: John Moore.
Guion: Skip Woods.
Actores: Bruce Willis, Jai Courtney, Sebastian Koch, Yuliya Snigir.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: La alocada persecución inicial.
Lo peor: El guion es pésimo, tan malo que parece no existir. No tiene nada que ver con la saga, ni en estilo ni en el personaje de McClane, que está totalmente ausente.

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Vaya engaño de secuela. La cuarta entrega por lo menos lo intentaba, y resultó entretenida aunque no fuera una película notable, pero en esta es evidente que han ido a reventar la taquilla tirando de un título famoso, porque es difícil de creer que dieran el visto bueno a esta bazofia de guion. Al menos podrían haber comprobado si podía pasar como entrega de la saga, que ni siquiera lo hace. De hecho, es imposible no pensar que cogieron un guion cualquiera que circulaba por ahí, le cambiaron el nombre y metieron a McClane en medio, porque da la impresión de que ni siquiera estaba en ese libreto original. Y vaya cagada. McClane está porque está Bruce Willis, pero el personaje conocido por todos no hace acto de presencia en ningún momento. El protagonista es el hijo, McClane es un pegote, un secundario cómico con tres chistes mal contados.

Volviendo al guion, este hace aguas por todas partes, es un risorio sin pies ni cabeza. Es más, parece que rodaban improvisando sobre la marcha: una escena puede no tener nada que ver con la siguiente, simplemente pasan cosas porque sí. El argumento es casi inexistente, la definición de personajes nula, los diálogos chapuceros. La puesta en escena de John Moore es regulera también. Aquí tampoco parece que se hayan tenido en cuenta los capítulos precedentes. Sí, sorprendentemente optaron por hacerla para mayores de 18 años (aunque no noto mucha diferencia con la anterior), pero en cambio el estilo visual difiere mucho, está más cercano a la saga Bourne (cámara en mano, colorido gris verdoso…), se abusa de las digitalizaciones baratas y para colmo está rodada a 1:78 en vez de a 2:35, una elección incomprensible.

La persecución inicial, aun estando metida con calzador y siendo muy exagerada, es lo único salvable. Su tono gamberro promete, aunque no sea mucho, pero a partir de ahí se convierte en un relato insulso, aburrido, plano, vacío… No hay química en la relación padre e hijo, y sus diálogos son mediocres. La historia es tan débil que ni se entiende, y los villanos dan lástima. No hay escenas de acción dignas, ni de la saga ni del género. Sin personajes ni trama que marquen el ritmo y cuenten algo, no parece navegar hacia ninguna parte, y aburre bien pronto para no volver a despertar el interés.

Llegados a este punto con la saga no sé si rezar por un capítulo que recupere la dignidad o para que se estén quietos y no la estropeen más.