El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos por Etiqueta: Bryan Cranston

Godzilla


Godzilla, 2013, EE.UU.
Género: Acción, catástrofes.
Duración: 123 min.
Dirección: Gareth Edwards.
Guion: Max Borenstein, Dave Callaham.
Actores: Aaron Taylor-Johnson, Elizabeth Olsen, Bryan Cranston, Ken Watanabe, Sally Hawkins, David Strathairn.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, efectos especiales, banda sonora. En su género y estilo cumple bastante bien, aunque…
Lo peor: … no consigue alejarse del todo de algunos tópicos: la novia pesada, el drama familiar forzado.

* * * * * * * * *

Quienes vamos a ver una película de acción y catástrofes sabemos de sobra que probablemente no vamos a encontrar un guion complejo ni profundo, pero se pueden hacer las cosas bien y se pueden hacer mal. Desde la memorable El coloso en llamas (John Guillermin, 1974) pocas del género de catástrofes son rescatables, y como digo muchas veces, el Hollywood actual está dominado por productores que saben que contando con la publicidad adecuada llenarán las salas tirando de cuatro topicazos y unos cuantos efectos especiales. Así paren engendros como Pompeya (Paul W. S. Anderson, 2014). Pocos son los casos en que un guion decente sale adelante o un director con talento y talante levanta un producto lo suficientemente sólido como para disimular sus carencias. Godzilla anda por este último camino, y la respuesta del público y la crítica se han hecho notar: se echan tanto de menos obras del género decentillas que la recepción ha sido muy buena aunque no estemos realmente ante una gran película.

El trabajo lo firman dos desconocidos con poca trayectoria y un director que viene del mundo de los efectos especiales y con una sola película en su haber, situación también proclive al fracaso pero que a veces sorprende. Dicho libreto parte de una premisa muy conocida, tanto por ser la enésima reinvención del monstruo como porque aborda la trama desde una línea muy clásica, pero tiene la suficiente entidad como para no caerse a pedazos o ser engullido por los tópicos. Cojea en la parte del drama familiar, pues el hijo y su novia son un pegote que busca la lágrima fácil y resultan muy ajenos al grueso del relato, por no decir que el cliché de que ella sea enfermera es lamentable además de irrelevante, pues no hace absolutamente nada en toda la película. Pero el resto se mantiene dentro de lo correcto (aunque también dentro de lo simple) sin tropiezos notables, salvo que te pongas exigente y critiques los facilones prólogos enlazados que exponen la trama y la situación de los personajes (la muerte de la madre como tragedia inicial es bastante predecible, por ejemplo). Las investigaciones, hallazgos y explicaciones sobre los monstruos están bien dosificadas y dan un rumbo claro a la trama, con lo que cada segmento de la película tiene un objetivo bastante tangible y su consecución mantiene el interés correctamente. Puedo citar la reciente Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013) como ejemplo de un universo mal explicado, una trama ahogada en clichés y con personajes huecos.

El realizador Gareth Edwards monta un espectáculo colosal sin perderse en los efectos especiales, algo que destaca aún más porque en ese ramo se educó como cineasta. Su primer largometraje, Monsters (2010), no daba la talla porque su propio guion era de risa, pero en lo visual mostraba cierto talento. Aun sí, no lo veía con las cualidades y necesarias para su reciente elección como director de una de las nuevas entregas de La guerra de las galaxias, una saga de la que se espera una puesta en escena sobria y a la vez llena de efectos. Pero está claro que se le ha elegido porque Godzilla muestra un talento nato como realizador y porque no se amilana ante una superproducción.

En lo audiovisual el filme es una gozada. Sin cámara en mano, sin pantallas de fondo cantosas e incluso sin fantasmadas en un argumento donde hay monstruos gigantes imposibles, Edwards combina a la perfección los planos amplísimos de ciudades y monstruos con la acción a ras de tierra de los personajes humanos. El acabado que se remata con unos efectos especiales impecables y una colosal banda sonora de Alexandre Desplat, quien entra a lo grande en el mundo de la acción desmesurada y da toda una lección a la industria Zimmer. Las imágenes de ciudades destruidas son impresionantes. Algunos planos como el salto en paracaídas quitan la respiración.

Como espectáculo del que disfrutar en una sala de cine Godzilla deja buenas sensaciones. Obviamente se puede hablar de cobardía porque los productores no se atrevieran a tirar por un camino más original, pero como digo el panorama en Hollywood es el que es y lo cierto es que tampoco hay muchas formas de abordar un relato de titanes hostiándose. Cumple sin problemas como película palomitera veraniega, que ya es un logro en estos tiempos. Y huelga decir que deja en ridículo a la versión de Roland Emmerich (1998), pero tampoco era difícil, es una de las peores superproducciones de la historia.

Y siguiendo con Hollywood, lo habitual hoy en día es exprimir remakes y buscar series de larga rentabilidad, y esta Godzilla nace como ambas cosas. Veremos qué nos ofrecen en próximos episodios.

Ver también:
-> Godzilla (2014)
Kong: La Isla Calavera (2017)
Godzilla: Rey de los monstruos (2019)

Anuncios

John Carter


John Carter, 2012, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 132 min.
Dirección: Andrew Stanton.
Guion: Andrew Stanton, Mark Andrews, Michael Chabon, Edgar Rice Burroughs (novelas).
Actores: Taylor Kisch, Lynn Collins, Samantha Morton, Willem Dafoe, Thomas Haden Church, Mark Strong, Ciarán Hinds, Dominic West, James Purefoy, Bryan Cranston, Polly Walker.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: El dinero luce de maravilla. La banda sonora es excelente.
Lo peor: El guion es penoso, la aventura confusa y aburrida.
La frase: ¡Vorginia, Vorginia!

* * * * * * * * *

La trama tiene un trasfondo demasiado complejo de reinos, razas, culturas, creencias, conflictos e incluso detalles no llamativos pero necesarios para entenderlo todo, como el cargo y funciones de cada personaje o sus difíciles nombres. A su vez, la historia del personaje, este capítulo concreto que se nos relata de ese mundo, resulta muy sencilla, obedece a innumerables clichés de los cuentos de aventuras, reinos y guerras con pueblos oprimidos. Y por desgracia la mezcla no funciona. El mundo imaginario se presenta a duras penas, con evidentes dudas por parte del guionista y director sobre cómo hacerlo (de hecho se habla de que la película duraba casi tres horas y fue recortada drásticamente) y la consecuente sensación de improvisación, parcheo constante y falta de rumbo. Prólogos confusos mal hilvanados, recesos aburridos o todo lo contrario, lluvia de información mal dosificada, exponen de forma confusa y aparatosa la historia de Marte y sus gentes. Conflicto entre pueblos mal explicado (no se entiende de qué va el asunto ni se sigue claramente el desarrollo de los acontecimientos), cuentos de dioses y creencias que resultan intrascendentes y no se entiende muy bien su conexión con la trama, y sobre todo una raza enemiga que no se sabe qué demonios son y qué pretenden, sientan malamente los cimientos de la aventura. Y claro, si el lugar y la situación donde los personajes se sumergen no resultan atractivos ni fáciles de comprender, la conexión es difícil de establecer.

Las vivencias del protagonista y los secundarios que se encuentra por su camino pecan de simples y previsibles. El héroe renegado pero honorable, la princesa luchadora, el padre agobiado por los problemas que asaltan al reino, el enemigo implacable, las fuerzas oscuras que mueven los hilos desde la sombra… No faltan tampoco los nuevos amigos, las rivalidades con los machotes de la tribu y, como es Disney, también tenemos la mascota simpática (menos mal que no habla). Los hechos navegan por un camino igual de trillado. Aceptación de la misión, reunificación del pueblo, lucha contra el villano y final feliz con boda. Pero lo grave no es que el relato siga patrones muy clásicos, sino que lo hace bastante mal. Primero, porque no es capaz de desligarse del sabor a predecible, y segundo, porque parece empeñado en seguir esos patrones a toda costa, aunque deba descartar buenas ideas, aunque fuerce situaciones incongruentes, aunque se simplifique todo hasta límites molestos. Por ejemplo, la forma en que repentinamente Carter se queda y se casa con la princesa es de un ridículo indescriptible, y roles como el rival belicista de la tribu son de risa.

John Carter ofrece la misma historia que Avatar, Willow, La guerra de las galaxias… Y sí, hay que matizar que en realidad la saga de novelas en que se basa, creada por Edgar Burroughs en 1912, es precursora de muchas de estas obras, la fuente de la que numerosas películas conocidas han bebido descaradamente (de ahí el enorme parecido con La guerra de las galaxias, sobre todo la nueva trilogía)… pero es una razón más por la que esforzarse en conseguir dotar a la narración de más intensidad, en forjar un aura reconocible como propia e independiente. Es evidente que todas esas cintas citadas sabían minimizar sus limitaciones y exprimir sus virtudes, hacer interesantes a sus personajes, mostrar la trama de forma clara y, sobre todo, sabían entretener. John Carter es un despropósito, un burdo conglomerado de ideas primarias sumergidas en un universo pésimamente descrito. Y lo peor, el protagonista es mediocre y los secundarios aburridos. Como ocurría con el Aragorn de El Señor de los Anillos, John Carter es un cutre héroe que no sabe lo que quiere, que no desea estar ahí… pero sin que se explique por qué el tío se apunta a todo. Deambula sin motivaciones claras, pasa de todo pero no pasa, no quiere estar ahí pero lo está, se muere por volver a casa pero se casa con la princesa y se queda en Marte no se sabe por qué. Es un rol tan pobremente descrito y tan puesto al servicio de la narración que carece de entidad, de definición, y es incapaz de conseguir despertar interés en su caótico viaje.

El actor Taylor Kitsch cumple por los pelos. Mejor lo hace la princesa, pues Lynn Collins es capaz de sacar algo de emoción de su también monocromático personaje; además, viniendo el filme de Hollywood y de Disney sorprende por haberse elegido un bellezón maduro y exótico y no una rubita adolescente del patrón MTV, y por enseñar bastante chicha. En los caracteres secundarios tenemos un reparto de infarto bastante desaprovechado en personajes caricaturescos y disfrazados de formas horteras, pero el buen hacer de estos veteranos salva algunas escenas, como la pequeña aportación de James Purefoy a la fuga, uno de los pocos momentos cómicos dignos de recordar.

Cabría pensar que como cinta tontorrona de aventuras, fantasía y acción de alto presupuesto valdría para entretener, como Piratas del Caribe antes de ir desvaneciéndose en episodios insulsos o Transformers 1 y 2. De hecho, incluso los pocos que fueron a verla al cine no hablaron muy mal de ella. Pero desde mi punto de vista el guion es tan infame que no hay manera de salvarla, y más cuando la dirección es irregular. Sí, la puesta en imágenes es fastuosa. Los decorados, vestuario, localizaciones y en especial los efectos especiales son alucinantes. La dirección de Andrew Stanton saca buen provecho de todo ello con una puesta en escena que maneja muy bien la amplitud de los escenarios (virtuales y reales), pero a la hora de enfrentar las escenas de acción toda la magia desaparece y la película se convierte en otra más de acción aparatosa llena de efectos especiales y ruido donde no se entiende nada, donde las criaturitas digitales copan las imágenes sin transmitir emoción alguna. El clímax final es muy monótono y las peleas sosísimas a pesar de las impecables labores de diseño de producción y efectos especiales. Gran parte de culpa la tiene que sin personajes llamativos a los que seguir no hay manera de despertar interés, pero también se agrava por la carencia de energía, de alma, en la dirección de esos momentos cumbre. Hasta Michael Bay consigue resultados claramente superiores en sus productos, y por ello logra sobreponerse a sus limitados guiones y ofrecer cintas espectaculares y entretenidas, pero Andrew Stanton, tras su fulgurante carrera en Pixar (con joyas como Wall-E y Buscando a Nemo), no ha solventado muy bien su paso a la imagen real (o medio real).

Pero más allá de la impresionante recreación visual de Marte y sus pobladores, lo que destaca enormemente en esta fallida mega producción es la imponente banda sonora de Michael Giacchino. Con influencias de John Williams y Maurice Jarre crea un motivo principal épico, glorioso, y se marca en general una obra notable que ensalza las imágenes de forma impresionante, dotándolas de una fuerza de la que en realidad carecen y dando intensidad a una trama apática y de ritmo renqueante.

Otra vez Hollywood da por sentado que una buena película se hace solita con dinero y un apartado visual vistoso a base de efectos especiales y ruido. Se buscaba un gran éxito comercial, e incluso el inicio de otra saga que pegase fuerte en la población, pero John Carter no partía con la ventaja que tuvieron Harry Potter, Transformers, Crepúsculo, Los juegos del hambre…: su fuente original no era adorada por masas ingentes de población. Así, el órdago era de aúpa. Y alguna vez esta fórmula absurda tenía que estrellarse. Quiso un aleatorio cúmulo de hechos que no llamara la atención del público de forma masiva, pues no toda producción palomitera puede conseguir llenar las salas de cine con fuegos artificiales sin nada detrás. Una película de 250 millones (la más cara de todos los tiempos, tras excepciones como El Hobbit o Avatar) que no recauda esa misma cifra en su semana de estreno y además tiene un mal boca a boca cuando se necesitaban al menos 500 ó 600 millones para empezar a ser rentable, y no ha pasado de 270, es un fracaso sonado, tan sonado que el presidente de Disney tuvo que dimitir. Y me temo que esto significa que a partir de ahora se arriesgarán menos con las grandes producciones, que tirarán más hacia las secuelas y remakes facilones. Así pues, el fiasco de John Carter no se limita a lo artístico, sino que ha minado también la industria y parte del futuro cercano del género. Ha sido más entretenido y espectacular el efecto causado sobre el gremio que la propia película.

Drive


Drive, 2011, EE.UU.
Género: Drama, thriller.
Duración: 100 min.
Dirección: Nicolas Winding Refn.
Guion: Hossein Amini, James Sallis (novela).
Actores: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Albert Brooks, Ron Perlman, Christina Hendricks, Oscar Isaac.
Música: Cliff Martinez.

Valoración:
Lo mejor: Alguna escena suelta, la atmósfera sugerente lograda por la fotografía y la música. El papel de Carey Mulligan.
Lo peor: La narrativa mediocre y a trompicones, la falta de consistencia del rol central y los personajes secundarios estereotipados y mal usados. La interpretación de Ryan Gosling.
Mejores momentos: El prólogo.

* * * * * * * * *

Drive nos sumerge en una atmósfera con cierto atractivo, mostrando un Los Angeles sombrío, solitario y peligroso. Esto se logra a través del tono melancólico y sugerente contruido mediante una fotografía hipnótica y la acertada música de Cliff Martinez. Esta última tiene un estilo electrónico ochentero muy interesante que se suma a una excelente selección musical (atención a los temas de Chromatics y College). Se construyen varias secuencias elegantes, capaces de dejarte pensando momentáneamente “esto es digno de una gran película”. Pero son destellos de calidad fugaces en un conjunto mediocre. Es decir, si hay talento, en especial en la labor de fotografía, el director no lo ha aprovechado del todo, pero sobre todo, el guion es un coladero muy grande, tanto que es capaz de hundir al filme en un pozo de monotonía y mediocridad.

A medio camino entre Taxi Driver y Collateral, Drive es un quiero y no puedo constante, una amalgama de ideas empalmadas una detrás de otra sin mucha cohesión narrativa. La trama peca de una notable falta de definición y posee carencias enormes de ritmo y coherencia. Para empezar, el protagonista es totalmente hueco, se usa como comodín para montar esas escenas variadas sin hilo en común: cambia de forma de ser demasiadas veces. Se nos presenta como un tipo frío, capaz de medir cada situación al milímetro incluso en momentos de gran estrés, un superviviente que usa sus dotes de piloto de coches para realizar algunas actividades delictivas. Es también inteligente, pues evita meterse directamente en fregados peligrosos: no usa armas, se mantiene al margen de los robos y esquiva las relaciones largas con criminales. Sin embargo, repentinamente se convierte en un pistolero vengativo que no se piensa las jugadas, que actúa sin pensar, lanzado por la ira del momento. Y para rematar la faena, al final enlaza unas cuantas decisiones tan absurdas que no hay manera de entender teniendo en cuenta lo presentado anteriormente. Y no me vale argumentar que la situación ha cambiado y ahora está en peligro, no, porque debería haber actuado como antes o si acaso haber evolucionado a través de una transición creíble. Pero el cambio se produce sin más, de tal forma que parece otro personaje de una escena a otra.

La falta de descripción del protagonista afecta también a la relación amorosa. ¿Por qué se embarca en ella? No se muestra razón alguna, si hay amor, compasión o simplemente es que se aburre; y más difuso se torna todo cuando vuelve el novio de ella, sobre todo con esa incomprensible decisión de ayudarlo. Por ello las escenas románticas no funcionan, y más cuando se desarrollan mediante videoclips musicales metidos con calzador. Sin embargo, Carey Mulligan se marca un gran papel, transmitiendo todas las emociones de su personaje de forma excelente, con lo que levanta considerablemente las previsibles escenas que le dan. No se puede decir lo mismo de Ryan Gosling, quien con una interpretación completamente inerte sin duda pone una gota extra en el desastre que resulta el personaje. Incomprensiblemente, se ha levantado cierto culto alrededor de este rol…

En cuanto al resto de la historia y los protagonistas hay que destacar que el embrollo final (es decir, el supuesto punto álgido de la trama) resulta precipitado y confuso, pues se desarrolla a través de caracteres secundarios mal ubicados en la narración y construidos a base de tanto cliché que resultan incluso ridículos: la presencia de Ron Perlman… pocas veces he visto un personaje tan mal introducido en un relato.

A todo esto se le suma que el director está obsesionado con el encuadre perfecto de cada plano (hasta el punto de que se han realizado análisis sobre esta fotografía), pero se olvida de todo lo demás: la escena no dice nada, los personajes van dando tumbos, y como resultado el ritmo es torpe, entre moroso y caótico. Así pues, conforme avanza la tenue trama la proyección va perdiendo el interés que despertó con su prometedor inicio, cuanto más se sumerge en ella más se emborrona el argumento y la consistencia de los protagonistas y más artificial parece la puesta en escena. El arco final enlaza tiroteos exagerados pero sin capacidad de asombrar y alguna persecución con más enredo visual que esfuerzo por transmitir emoción. Finalmente un desenlace bastante pobre cierra una película aburrida y torpe.

Pero sorprendentemente Drive se ha convertido en una de las producción menores o independientes más aclamadas del año. Por lo tanto fui a verla esperando una cinta como mínimo buena… y el encontronazo ha sido brutal. Su aspecto externo ha engañado a muchos, pero a mí no me parece justificable una buena nota en una película tan hueca por dentro, y más si en vez de ofrecer una trama mínimamente interesante resulta un caos de incoherencias.

Contagio


Contagion, 2011, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 106 min.
Dirección: Steven Soderbergh.
Guion: Scott Z. Burns.
Actores: Matt Damon, Lawrence Fishburne, Kate Winslet, Gwyneth Paltrow, Jennifer Ehle, Anna Jacoby-Hedron, Jude Law, Marion Cotillard, Bryan Cranston, Elliot Gould.
Música: Cliff Martinez.

Valoración:
Lo mejor: Guion, dirección, fotografía, música, reparto… Su capacidad para dejarte pegado al asiento durante todo su metraje.
Lo peor: Nada. Si acaso que ha sido muy infravalorada.
Mejores momentos: Los primeros diez minutos, sobre todo si no sabes lo que te espera. Innumerables instantes que se desarrollan sólo con imágenes y música. El Día 1.

* * * * * * * * *

Contagio es una de las películas más sorprendentes, atípicas y electrizantes de los últimos años. Muchos de los que vayan a verla, sea con ideas preconcebidas o no (cabría esperar algo parecido a Estallido), serán abofeteados en los cinco primeros minutos de proyección, donde se muestra sin miramientos lo que va a ser la tónica (muertes de protagonistas) y el estilo (secuencias rápidas, poco diálogo…). Yo mismo iba bastante en blanco, ya tenía claro que la vería por el reparto y el director y pasé de los trailers (que por lo visto te revientan media película), y con esas primeras escenas quedé muy impresionado, tanto para bien (la narración me atrapó de lleno instantáneamente) como para mal (¿de verdad era necesario ser tan explícito y duro con las muertes?).

Desde ese primer golpe de efecto es un no parar, la trama se lanza con un ritmo impresionante, con una velocidad y fuerza que ya quisieran para sí muchas cintas de acción. El guion de Scott Z. Burns orquesta un amplio entramado de protagonistas con el que ofrece diversas perspectivas de la historia. Saltamos entre países, ciudades y personajes siguiendo la trayectoria del virus, y da tiempo para mostrar a los científicos trabajando y los problemas logísticos colaterales (distintos organismos implicados, etc.), para exponer los problemas políticos y sociales (pánico, saqueos) así como la influencia de los medios de comunicación, desde donde también se pone un ejemplo de los sacacuartos habituales (el periodista insensato –Jude Law– y su defensa irracional de falsas medicinas -homeopatía-, conspiraciones –qué malas son las farmacéuticas- y paranoias -todo el mundo miente menos yo-, llega a resultar desagradable). Y todo ello sin olvidar los dramas personales, todos realistas, cercanos (en especial los de Matt Damon y su hija), muy bien aprovechados a pesar del poco tiempo que tienen algunos de los protagonistas y los constantes saltos narrativos que hay. Pocos deslices encontramos en esta hábil y densa estructura; si acaso cabe decir que como era de esperar en tal tinglado alguna aventura queda un poco por debajo del resto, como la de Marion Cotillard, a la que le falta algo de dedicación.

El reparto también es de los más llamativos en muchos años, un desfile de nombres conocidos y secundarios de gran nivel (Bryan Cranston por ejemplo), todos de calidad más que contrastada. Y todos están impecables en sus papeles, aunque por tiempo en pantalla y las características de sus roles destacan Matt Damon, en una de sus mejores interpretaciones dramáticas, o Kate Winslet, de quien se podría decir que está siempre impecable. Aunque si tengo que elegir me quedo con otros dos: Lawrence Fishburne, que aun teniendo un papel más serio y no dado a cambios de registros muestra con una facilidad pasmosa la presión a la que está sometido, y la adolescente Anna Jacoby-Heron, que en este su primer trabajo ofrece un recital a tener en cuenta de cara a su futuro.

La puesta en escena es magnífica, la mano de Steven Soderbergh ofrece una lección de virtuosismo narrativo digno de ver. Es difícil perder el hilo u olvidarse de algún personaje, todo se expone con el máximo cuidado para que cada escena esté donde se requiere y transmita y narre lo necesario, y para ello cada plano está puesto con una intención concreta, sea transmitir el miedo por el contagio (roces fugaces, apoyos en puertas y barras para convertir lo cotidiano -viajar en autobús- en peligro) o mostrar aspectos cruciales de la trama (con un plano a los viales de ántrax y sars y otro a la emoción contenida de la científica ya sabemos que están guardando las muestras –virus o cura o ambos- para la posteridad). La fotografía es excelente, el montaje mejor… pero si algo destaca es la banda sonora de Cliff Martinez (Solaris), que supone un gran hallazgo en una época de crisis en la música de cine. Su implicación con las imágenes es perfecta, consiguiendo una simbiosis de una eficacia que no se ha visto en años. Sutil o intensa según necesidades, impecable en sus funciones de matizar el suspense o desgarrarte por dentro por la dureza de la tragedia mostrada, es para mí elemento más importante de la película, pues muchas escenas carecen de diálogo y resulta crucial para darles el tono requerido.

El ritmo no da descanso y los personajes desfilan con mil problemas ante nuestros ojos sin que sepamos quién caerá y quién se salvará. La puesta en escena llena por completo los sentidos, exprimiendo y amplificando de manera impresionante un guion que en otras manos podría haber sido un caos. Casi no puedes pestañear y respirar durante dos horas, intrigado, inquieto, salpicado constantemente de sensaciones y emociones. Thriller, drama, ciencia-ficción apocalíptica con un ligero tono de documental… Contagio es una película compleja e inteligente que no olvida el sentido del espectáculo, pues resulta una proyección intensa e impactante.