El Criticón

Opinión de cine y música

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Jurassic Word: El reino caído


Jurassic World: Fallen Kingdom, 2017, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 128 min.
Dirección: J. A. Bayona.
Guion: Derek Connolly, Colin Trevorrow.
Actores: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Rafe Spall, Justin Smith, Daniella Pineda, James Cromwell, Toby Jones, Ted Levine, Jeff Goldblum, BD Wong, Geraldine Chaplin, Isabella Sermon.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, efectos especiales y sonoros y banda sonora ofrecen un visionado a ratos espectacular y trepidante.
Lo peor: La mezcla de géneros, historias y personajes poco meditada: la falta de ambición, coherencia e inteligencia, los escenarios absurdos, las ideas inverosímiles, los protagonistas estereotipados, los diálogos tontos… ¡Y el espantoso póster!

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Alerta de spoilers: Ahondo bastante en las líneas argumentales, incluyendo algunas sorpresas finales.–

Para mí está claro que estamos condenados a no volver a tener una buena película de Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993). Ya las dos primeras secuelas se quedaron muy lejos del memorable título inicial, pero tras el increíble éxito del renacimiento con Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) a pesar de su visión tan simplista, de su formato de taquillazo de usar y tirar, era indudable que mantendrían ese estilo. Así llega El reino caído con la misma falta de ambición, inteligencia y respeto por la saga y los espectadores, y hace otra ingente cantidad de dinero (porque después de todo al público no parece importarle que le tomen el pelo una y otra vez) que termina de enterrar las pocas esperanzas que quedaran en tener una vuelta a un cine más serio.

Como es habitual en este tipo de superproducciones comerciales el acabado final es una amalgama de ideas y egos de productores y de autores que intentan dejar su sello pero, o no les dejan, o se pasan de largo. Distintas premisas se pisan, incluyendo repetición de ideas ya vistas en la saga (y con infinidad de referencias innecesarias), los escenarios se amontonan sin que haya una cohesión narrativa clara, los personajes obedecen a estereotipos de distinta índole mezclados sin un objetivo concreto ni una coherencia dramática atractiva. Si no fuera porque, como en el episodio precedente, el talento del director y las cantidades ingentes de dinero consiguen una cinta de acción espectacular, el resultado sería digno del cine cutre.

Unos productores querían el remake “velado” a El mundo perdido (Steven Spielberg, 1997), así que tenemos una visita a la isla con mercenarios cazando dinosaurios. Había que mantener a los personajes de esta nueva etapa, y ahí los tenemos metidos en todo sin que sepamos muy bien qué nos quieren contar con ellos. Otros quieren pasar a un nuevo escenario para poder expandir la saga, así que a media película cambiamos de argumento porque sí, yéndonos a una historia de venta de dinosaurios a ricos y mafiosos. Algún listo quería extender aún más la ya de por sí fallida idea de crear monstruos nuevos con la excusa de la genética, así que ahora tenemos humanos clonados también. Y finalmente, si bien J. A. Bayona está impresionante con la cámara, dista de mantener ese listón en sus grandes aportes a la historia. Mete con calzador su propio segmento, forzando una película de terror en la línea de El orfanato (2007) donde se espera tensión y aventuras de corte más juvenil (los niños que había en mi sala las pasaron putas).

El prólogo es la primera gran muestra de lo poco que se trabajan el guion, la continuidad, la seriedad de la propuesta y por extensión el respeto al espectador. En Jurassic World el recinto acuático del mosasaurio estaba en el interior de la isla, pero aquí quieren sacar a los dinosaurios del parque, así que aparece en la costa y con una puerta. De la misma forma, el T-Rex había sido engullido por este bicho más grande al final de aquella entrega, pero ahora tenemos otro por ahí pululando… aunque eso sí, la escena posterior en que le sacan sangre está muy bien. Por lo demás, bien podían haberse ahorrado esta introducción, es la típica escena de extras aleatorios muriendo por su avaricia y torpeza, no aporta nada sustancioso.

La vuelta a la isla por la catástrofe inminente del volcán es el mejor tramo a pesar de su falta de novedades y trascendencia. Es una aventura intensa aunque no sea muy inteligente (qué pintan los niñatos esos, con la de expertos que habrá en informática y biología con experiencia en misiones peligrosas), y cuando Bayona da rienda suelta al espectáculo te quedas pegado a la butaca. Incluso hay momentos emotivos: consigue que el destino de los dinos dé pena, con ese brachiosaurio engullido por la lava. El problema es que faltan personajes con garra que hagan de la aventura algo realmente emocionante. La pareja protagonista es simpática, pero por el carisma de Bryce Dallas Howard y Chris Pratt, porque a pesar de tener ya a cuestas otra película siguen atascados en un dibujo simplón. Nos lo presentan como distanciados sentimentalmente (qué penosa la escena del bar), para forzar el cliché cansino de la relación amorosa en tensión, pero en el resto de la película no hay un acercamiento visible, como en la primera parte, al final vuelven a acabar juntos porque hay que cumplir con el tópico. Así que sin un dibujo elaborado ni una progresión dramática tangible me importan bien poco sus destinos. Y no digamos ya el del resto del equipo…

El traslado a tierra firme tenía inicialmente algo de tensión, con los protagonistas infiltrados tratando de acabar con los planes de vender dinosaurios a ricos mafiosos (todos representados por los estereotipos más cutres y racistas que puedas imaginar). Pero en vez de mantener esa premisa y centrarse en la aventura de supervivencia se van por las ramas con diversas historias cada cual más absurda.

Tenemos la parida de vender dinosaurios como armas, donde no se tiene en cuenta la complicadísima logística de mover un animal tan grande y con necesidades especiales por el mundo y el poco secreto con el que se puede hacer. Pero con el indorraptor alcanza niveles delirantes. Resulta que con un rifle equipado con un láser apuntas a la persona objetivo y aprietas el botón para que un pitido haga que el indorraptor ataque… Pero claro, cabe preguntarse para qué necesitas un dinosaurio si ya estás lo suficientemente cerca del objetivo como para apuntarle: dispara y punto.

Lo entremezclamos con el dramón de la chiquilla y el abuelo, al que presentan casi diciendo que es John Hammond pero luego resulta que era su compañero empresarial del que nada sabíamos. Esta línea tan ajena y poco interesante la rematan con la revelación final de que la niña es un clon de la esposa fallecida de este señor que tan poco nos importa, alcanzando así el disparate cotas épicas, porque dicen varias veces que Hammond y esta burda imitación se separaron porque se hizo el clon… es decir, que la chiquilla que aparenta diez años tiene veinticinco y un buen problema de crecimiento y de desarrollo intelectual y emocional. Por no decir que lo que aporta a la trama es menos que cero, porque el intento de dar intriga a sus orígenes genera confusión y la sorpresa es aún más forzada, pues crees que va a tomar relevancia alguna en lo narrado pero pasan de ello sin más. Sólo falta que en próximas entregas tenga poderes mágicos.

La trama central de este segmento, la venta de dinos y los protagonistas luchando contra esos supuestos criminales (¿no es mejor que el dinosario esté en la hacienda de un rico, bien cuidado, a muerto en la isla?) queda relegada a excusa para mover la acción. Los villanos son estereotipos vulgares que molestan en cada frase estúpida que sueltan, los secundarios “graciosos” no hacen nada más aparte de rellenar escenas pretendidamente más livianas pero que resultan cargantes, los protagonistas tampoco aportan ninguna aventura digna más allá de sufrir, gritar y correr, y los dinosaurios no se sabe por qué los persiguen con tanto ahínco. Con todo, de nuevo Bayona deslumbra con una puesta en escena contundente que, apoyada en los efectos especiales y sonoros impecables y la ostentosa música de Michael Giacchino, garantiza tensión y asombro en cantidades que incluso llegan a ser excesivas: al final acabarás harto del cansino indorraptor y las apariciones aleatorias de Blue. Escenas como la de la habitación y la de los tejados parecen tan gratuitas que ya había desconectado por completo, pero el dilema moral final de si dejar a los dinos vivos o no (recordemos, una creación de laboratorio que amenaza ecosistemas y humanos por igual) es vergonzoso.

Acabamos con las muertes cómicas de los villanos que todos esperábamos, porque ya Spielberg apuntó en el nacimiento de la saga a un tono familiar-infantil excesivo, y desenlaces abiertos para nuevas entregas que no sé cómo todavía hay espectadores que esperan con interés.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
-> Jurassic World: El reino caído (2018)

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Jurassic World


Jurassic World, 2015, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 124 min.
Dirección: Colin Trevorrow.
Guion: Rick Jaffa, Amanda Silver, Colin Trevorrow, Derek Connolly.
Actores: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Ty Simpkins, Nick Robinson, Vincent D’Onofrio, Irrfan Khan, BD Wong.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, efectos especiales. Ritmo enérgico y sentido del espectáculo de primera.
Lo peor: Podría haber sido una gran película si tuviera personajes con un mínimo de calidad, pero se empeñan en reunir topicazos y gilipolleces hasta casi convertirla en cine cutre. Y como viene siendo habitual, los tráileres que te cuentan todo.

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Alerta de spoilers: Quizá cuento demasiado si quieres verla sin saber absolutamente nada.–

La presentación del parque y los protagonistas, la exposición de las cosas que van saliendo mal (ambiciones, incompetencias, fallos de seguridad), el desastre en que se convierte todo, la irrupción de los dinosaurios, los distintos frentes activos, la construcción metódica de largas piezas de acción… Visto así parece un descarado remake de Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993), con infinidad de referencias puntuales además, pero en imágenes disimula bien y tiene suficientes novedades como para funcionar como película con entidad propia. De hecho, mantiene el alma de la saga mejor que El mundo perdido: Parque Jurásico (Spielberg, 1997) y Parque Jurásico III (Joe Johnston, 2001), donde no supieron ni repetir la fórmula ni alejarse de ella manteniendo alguno de los elementos básicos: efecto asombro, ambiente tenso, acción espectacular y personajes de calidad. Me sorprende que hoy en día, y más habiendo pasado tantos años desde la original, hayan sido capaces de recuperar algo de esa magia que combinaba la fascinación por lo desconocido y el espectáculo sobrecogedor. De ahí que, aun teniendo en líneas generales un guion indefinido, con unos protagonistas paupérrimos, haya sido bien recibida: los factores nostalgia y asombro funcionan lo suficientemente bien como para que salgas del cine emocionado. Luego en frío te paras a pensar en sus muchas carencias, eso sí.

El director Colin Trevorrow es una apuesta sorprendente por parte del estudio: era un don nadie sin experiencia en la acción, pues sólo tiene en su haber un largometraje, Seguridad no garantizada (2012), una obra sencilla sobre adolescentes que vi en su momento porque tiene cierto culto a su alrededor, pero no me llamó la atención y la olvidé enseguida. Pero aquí hace gala de un gran dominio narrativo con el que consigue transmitir bastante bien todas las emociones buscadas: el intenso espectáculo, las dosis justas de intriga y unos pocos sustos garantizan que la adrenalina esté siempre fluyendo. Las escenas de acción sencillas atrapan tanto como las más grandilocuentes, aunque obviamente estas van algo más allá, consiguiendo dejarte absorto, casi sin aliento. Por ejemplo, el tramo final es impresionante, pero la persecución de los raptores al furgón no se queda atrás. En esto también supera a las dos entregas previas, que en lo visual carecían de garra y el espectáculo se quedaba bastante corto. Aun así hay alguna cosa mejorable, como que no me quedó claro qué es del gentío tras el ataque de los pteranodones (en el jaleo final no parece quedar nadie), o cuántos velocirraptores van muriendo en lucha final, porque aparecen y desaparecen sin que quede claro su número y ubicación.

Por supuesto hay que destacar los impecables efectos especiales, donde lo digital parece totalmente real (no entiendo a los que dicen que cantan mucho, ¿es que su cine tenía los colores alterados?) y está perfectamente integrado en las imágenes y la narración, así como los excelentes efectos sonoros. Lo único que se queda un poco corto es la banda sonora de Michael Giacchino, que homenajea bien a la grandiosa creación de John Williams pero no llega a aportar nada de su propia cosecha que resulte llamativo. Tampoco las otras dos secuelas tenían una música con pegada, todo sea dicho.

Jurassic World es un espectáculo muy gratificante que está diciéndote a gritos “voy a ser una buena película y quizá incluso un episodio digno de alabanza”… pero por desgracia no llega a hacerse realidad, porque el guion parece haber sufrido los zarpazos de otros dinosaurios: los carcas de los estudios. No me cabe duda de que esta es una de esas cintas mancilladas por productores que obligan a incluir patrones e ideas que van minando la solidez y el alcance del producto. Sólo así puedo explicar que una trama bastante equilibrada y con tantas posibilidades fuera destrozada poniendo en ella semejantes esperpentos de personajes que además sirven para lanzar manidos mensajitos morales y un sentido del humor que produce vergüenza ajena. Y no digamos el tema de los anuncios, que directamente debería estar penado por la ley por ser publicidad subliminal. La visita de Claire a Owen en su cabaña es simple y llanamente un anuncio de Mercedes y Coca Cola, toda la escenificación está pensada para lanzar los mensajes de esas empresas: el Mercedes asociado al éxito y el dinero, la Coca Cola la popularidad social (el guaperas, la moto, la chica).

Como resultado, una obra impecable en lo visual y con enorme potencial está apunto de resultar un desastre. Para muchos lo es, porque si no conectas en lo emocional, si sólo analizas la lógica, se cae a pedazos. Si tanto estereotipo y tontería se te atraganta y te nubla las otras virtudes del relato, te va a resultar una obra mediocre. Yo he sufrido algunos cabreos, pero no como para impedirme disfrutar de un título de acción más que aceptable. Pero sí, es decepcionante que lo que se podía haber alcanzado con unos protagonistas mínimamente decentes y algo más de inteligencia en el guion se eche por el retrete por la obsesión de cumplir con los tópicos de turno y tratar de contentar a todo el público posible. Voy de personajes menos relevantes a más:

La pareja de técnicos… Jodeeeeeer, ¿se está convirtiendo en norma el incluir algún secundario rematadamente estúpido? Qué cosa más salida de madre: la chica tonta, el friki rarito, los chistes y diálogos cutres, el pseudo romance cómico inaguantable… Y no me olvido del guardia de seguridad gordo y torpe, que parece puesto ahí para reírse de los obesos. Por favor, que en bluray saquen una versión con esta gente asquerosa eliminada del metraje.

El doctor que vimos en la primera entrega, Henry Wu (DB Wong), resultaba simpático, se veía a alguien honrado… Pero aquí lo han convertido en el científico loco que crea monstruos, porque la ciencia es así de peligrosa. Es un mensaje inherente a la saga desde el primer episodio, pero aquí se simplifica aún más, porque el cine es cada día más tonto, o el espectador es cada día más tonto, o las dos cosas. El militar pesado (Vincent D’Onofrio) es para echar de comer aparte… literalmente, porque su presencia es como ajena a la película: está ahí armando jaleo y siendo molesto (en especial para la inteligencia del espectador), pero al final realmente no tiene peso en la trama, salvo morir de forma tonta para hacer gracia a los peques y dejando “grandes” mensajes pro-naturaleza y anti-ambición, como también es habitual en la serie. Con el millonario en cambio no sé qué pretendían: el tío va de responsable y de héroe y se estrella. ¿Querían ampliar esos dos mensajes recién citados o buscaban otra cosa? Lo que queda es una especie de chiste desubicado y malogrado, y encima incongruente: para forzar su gesta tenemos escenas donde repentinamente no hay un solo piloto de helicóptero, pero cuando no está aparecen a puñados de la nada. Y para rematar, tenemos al negro amigo del prota blanco, puesto ahí con todo descaro para cumplir el cupo racial: no tiene entidad alguna y tras la proyección ni recordarás qué hizo.

La pareja de niños son otros dos topicazos andantes. El adolescente irresponsable que sólo piensa en ligar y el jovenzuelo sabihondo que sufre el divorcio de los padres. Pero al menos no resultan repelentes, sólo simplones, y los intérpretes no están mal, con lo que cumplen de forma justita. Obviamente se quedan a años luz de los chavales de la primera película, pero no dan ganas de que mueran destripados como la odiosa niña de la segunda.

La protagonista, Claire, es una fría y exitosa ejecutiva… que deja de lado a veinte mil personas y se mete en un entorno que desconoce para buscar a sus sobrinos. No, no cuadra. La mujer que me has presentado se quedaría en la sala de control tratando de solucionar todo a la vez, pues ahí es desde donde mejor puede gestionar la crisis. Está claro que pretendían tratar el típico y cansino mensaje de unión familiar contra la obsesión por el trabajo, pero no se esfuerzan lo más mínimo por darle sentido y lógica, por narrarlo bien. Sueltan los clichés básicos sin pensar en las consecuencias: la presentación donde se olvida de los chavales por alguna reunión, los remordimientos, la superación de sus “errores” mientras empieza a poner la familia por delante de todo lo demás, y el reencuentro y redención. No importa que nada tenga coherencia, parece que lo único importante es el mensaje. También cabe señalar el descarado relleno que le han puesto en el sujetador y el cachondeo que hay con que se tira toda la película corriendo con tacones. Y no olvido comentar que hubo quejas sobre que era un rol machista, pero visto el destroce generalizado con los personajes es solo un esperpento entre muchos, y no veo por qué se armó tanto jaleo; se ve que es el tema de moda para montar polémicas exageradas.

El macho alfa es otro estereotipo pero al menos resulta coherente. Owen es el clásico empleado curtido y profesional que no traga con la incompetencia de los jefes, una descripción sencilla pero que ofrece un individuo creíble. Además, su viaje por el relato es consecuente con lo mostrado inicialmente. El gran carisma de Chris Pratt lo realza bastante, y también debo decir que me alegro de que no buscaran un tipo graciosete y simpático para exprimir el éxito de su papel en Guardianes de la galaxia (James Gunn, 2014), algo que temía que ocurriera. De hecho, con su seriedad y esfuerzo resulta el único realista y atractivo del grupo (y no hacía falta que los niños lo endiosaran como a un superhéroe, en otro de esos ramalazos infantiles inaguantables). Bryce Dallas Howard también está muy resuelta en su absurdo personaje, limando así un poco lo irritante e inverosímil que resulta. Pero luego tenemos la dinámica entre ambos, también forzada a los estereotipos de turno: el odio inicial y el entendimiento y beso final. Pero entre medio no hay proceso de cambio alguno, las cosas ocurren porque sí sencillamente porque algún mandamás dijo que así deben ocurrir.

La Indomitus, el dinosaruio más relevante, también merece su apartado. Resulta que han creado un bicho enorme e impresionante para atraer a un público que ya se ha cansado de ver cosas mundadas como el Velopcirraptor y el Tiranousaurio (en serio, eh). El caso es que Owen, uno de los principales cuidadores, no sabe que existe. Difícil creer que se pueda guardar tal cosa en secreto. Y resulta ser muy lista, tan lista que sabe que han puesto sensores de calor para vigilarla y que tiene un localizador implantado (que para colmo, va con luz y sonido a pesar de estar bajo la piel…). Y ya que estoy hablando de dinosaurios, me pregunto en qué cabeza cabe tener cientos de carnívoros gigantes voladores, menuda locura (aunque en las dos anteriores también había, y en la segunda además sueltos).

Queda una producción palomitera bastante vistosa pero con las carencias de siempre en el género, cuando da la sensación de que debería haber sido mucho más. La propia premisa termina pareciendo una parodia de la existencia misma de la película: el público sólo quiere lo más grande y ruidoso sin importarle el resto del contenido, los productores empeñados en concedérselo aunque sea a costa de destrozar un material que apuntaba mucho más alto.

Ahora bien, decía que entiendo que haya sido bien recibida, pero una cosa es que funcione y otra que haya roto récords uno detrás de otro hasta llegar a 1.600 millones de dólares de recaudación mundial. No es original ni revolucionaria, no forma parte de una saga que estuviera pegando fuerte actualmente. Me sorprende mucho que tanta gente le tuviera tantas ganas. Se ve que la campaña publicitaria ha funcionado. La secuela está garantizada, y es de suponer que no arreglarán sus fallos, sino que incluso probablemente hayan pensado que son lo que le ha dado el éxito… Por cierto, esa secuela molaría si se centrara en los juicios millonarios y en cómo la protagonista y demás accionistas acaban en la cárcel por la muerte de cientos de personas.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
-> Jurassic World (2015)
Jurassic World 2: El reino caído (2018)

Terminator Salvation


Terminator Salvation, 2009, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: McG.
Guion: John D. Brancato, Michael Ferris.
Actores: Christian Bale, Sam Worthington, Anton Yelchin, Moon Bloodgood, Jadagrace, Bryce Dallas Howard, Common, Helena Bonham Carter, Michael Ironside, Ivan G’Vera.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Guion complejo y sólido: buena trama y excelentes personajes. Puesta en escena deslumbrante: ritmo magnífico, acción de gran nivel.
Lo peor: Lo difífil que es superar las espectativas con sagas tan queridas, y más si en algunos tramos no da todo lo que podría (el asalto a Skynet, el duelo con el T-800). Que el público no viera sus muchas buenas cualidades. Que la productora no siguiera la saga por esta línea y se inventaran un nada prometedor reinicio (Terminator Genisys).
Mejores momentos: Desde la gasolinera hasta el agua. Marcus descubriendo quién es. La fuga.

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Alerta de spoilers: Describo la trama a fondo.–

Pienso que a Terminator Salvation le ocurrió, aunque en menor medida, lo mismo que sufrió otro estreno cercano muy esperado, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal: que sea como sea la película, el público, al tener idealizada la saga, fue con unas expectativas imposibles de alcanzar. No ocurrió igual con Star Trek 2009, pero la situación no es la misma, porque el público en general no era fan de Star Trek y no esperaba nada en especial más allá de un entretenimiento descerebrado y espectacular (aunque para mí ni eso último cumplió). Terminator es un icono mundial del cine, y como tal es prácticamente intocable. En su estreno me pareció un espectáculo muy completo y una secuela de buen nivel, sobre todo teniendo en cuenta los tiempos que corren. Pero además me ha ido ganando como fan y firme defensor con el paso del tiempo y los sucesivos visionados.

Cuando se dio a conocer que el director de esta nueva entrega sería McG muchos pusieron el grito en el cielo, pues su currículo contaba con los engendros de Los Ángeles de Charlie y su secuela. Sin embargo yo le otorgué el beneficio de la duda, primero, porque echando un vistazo a esas cintas se venía que sabía rodar escenas de acción, y segundo, porque es el guion lo más importante y lo que suele fallar. Y ahí tenía muchos miedos, pues el libreto ha corrido a cargo de John Brancato y Michael Ferris, quienes en su haber tienen “joyas” como Catwoman y Primeval, y quienes escribieron también Terminator 3, donde se aferraron demasiado a los clichés de la saga pero sin lograr el tono adecuado. En ambos campos estoy bastante sorprendido y satisfecho.

Su principal acierto es el cambio de escenario, evitar repetir la fórmula de las tres primeras entregas, en cuyo tercer capítulo mostraba un desgaste enorme. Los más puristas no recibieron bien que se alejara tanto del esquema tradicional, pero igualmente hubiera sido criticada por repetitiva si no lo hubiera hecho; como digo, es imposible contentar a todos. El argumento salta en parte a lo que muchos deseábamos ver desde las visiones del futuro de los primeros episodios: la guerra contra las máquinas. Alguno se vio defraudado porque pasamos directamente a la resistencia tras la guerra y no vemos el gran conflicto, pero eso debería olvidarse en cuanto se ve lo trabajada que está la trama, porque estamos ante el guion más complejo de la saga. Se amplía la premisa de huida y supervivencia con una historia mucho más completa y variada, y crece también el número de personajes.

La vida en la resistencia, con el carismático líder John Connor, se presenta muy atractiva desde el espectacular y memorable ataque a la base de los robots, que muestra el potencial visual y sienta las bases de la trama con contundencia. Esta se presenta sólida, atractiva y además se desarrolla muy bien: el conflicto con los comandantes de la resistencia (mítico Michael Ironside), el desarrollo del plan final y el día a día en ese mundo desolado ofrecen varios frentes que agobian a Connor mientras intenta dar sentido a los mensajes de su madre en relación con las intenciones de las máquinas. Quizá el rol de Bryce Dallas Howard (la novia) no es muy llamativo, y teniendo en cuenta que parece ser el mismo personaje de Terminator 3 (Kate Bosworth, interpretada allí por Claire Danes) quizá deberían haberle dado más protagonismo, pero vale para dar más vida al entorno, y a cambio la dura Blair es muy interesante y el soldado Barnes representa bien a los seguidores fieles que tiene Connor.

Mientras, tenemos la odisea de Marcus, que se inicia en ese sugerente prólogo en la cárcel y gana en interés al toparse con Kyle Reese, otro protagonista muy conseguido con el que se conecta rápidamente. La situación de desconcierto que enfrenta Marcus se traslada muy bien al espectador, en parte por el magnetismo de Sam Worthington, y el interés sigue ganando enteros con la excelente evolución de la amistad que va formando con Reese y la chiquilla. Los pasos que va dando hasta encontrarse con Connor ofrecen una estupenda aventura de supervivencia postapocalíptica que combina con gran equilibrio la intriga, los recesos para exponer personajes, la acción… ¡y qué acción! La larga secuencia que empieza en la gasolinera y acaba con Marcus en el agua quita la respiración, como se espera de una película de Terminator.

La llegada de Marcus a la resistencia cambia toda la situación y deja a Connor perplejo al romper todos sus esquemas sobre lo que sabía y esperaba de las máquinas, aumentando la intriga sobre lo que está ocurriendo y poniendo más oscuridad sobre el destino de Marcus. Otra gran secuencia de acción tiene lugar en este campamento, y sirve como lanzamiento del arco final. Pero aquí llega un punto de ruptura importante, porque la incursión en Skynet defraudó a muchos, pues ciertamente es bastante irregular. Todos esperábamos ver la base enemiga en todo su esplendor: llena de máquinas bestiales, infranqueable para el hombre, en plan el núcleo de Matrix Revolutions. Pero el asalto final parece quedarse en poca cosa, como si se hubiera acabado el presupuesto. Y es que los realizadores apuestan por una incursión sencilla donde priman los personajes y el homenaje a la saga, algo que no me parecería mal si no fuera porque arrastra una serie de fallos que impiden que se desvanezca la sensación de engaño.

Tenemos cosas bien pensadas y bien ejecutadas, como las revelaciones del plan de Skynet, la inquietud por el destino de los protagonistas, el encuentro entre Connor y Reese, algunos homenajes a la saga (el escenario y detalles varios -la voz imitada, etc.-)… Tenemos cosas bien pensadas pero mal ejecutadas, como la lucha de Marcus por superar su programación (qué cutre la forma de quitarse el chip de la nuca; las máquinas no son tan tontas, debería haberse mostrado de forma más creíble), o el no del todo efectivo intento de homenaje con la lucha contra el T-800, que peca de poco creíble a veces: ¿pero por qué los Terminator se empeñan en lanzar gente lejos en vez de agarrarlos y machacarlos al instante? Y tenemos cosas mal planteadas y mal ejecutadas, porque parece que los personajes se pasean por Skynet como estuvieran por su casa; es evidente que las máquinas deben dejarles entrar para cerrar la trampa, pero se debería haber hecho de forma más verosímil; y en cuanto a la resistencia no hay excusa que valga: aterrizan un helicóptero y los rescatan sin aparente esfuerzo.

Así pues, aunque entiendo las intenciones de acercarse al estilo de la saga y apostar por los personajes por encima de la acción sin más, el desenlace no funciona del todo. ¿Tanto hablar del asalto final de la resistencia, tanto mostrar a grupos de la misma por todo el mundo, y después sólo vemos un helicóptero, ningún combate con máquinas, ninguna dificultad real? Con un clímax más logrado la película no es que hubiera ganado enteros, es que entonces quizá podríamos estar hablando de una obra mítica como lo son las dos primeras partes.

Vuelvo a un detalle recién mencionado porque me parece el otro único fallo digno de mención de la película y también ayuda a que el desenlace desluzca un poco. Me mosquea la manía de acabar todas las peleas de las películas de acción a puñetazos y lanzando gente contra las paredes de forma nada creíble (nadie acaba con los huesos destrozados en este tipo de filmes), y aquí más que nunca carece de sentido: qué hace un Terminator alejando a su víctima dándole así más oportunidades de sobrevivir, que la enganche bien y le destroce los huesos. Tanta exageración hace que pierda la sensación de peligro constante y tangible que transmitían los dos primeros capítulos, donde tener cerca a un Terminator significaba probablemente morir. Aquí parece un juego de te lanzo y te pillo que denota falta de ideas a la hora de planificar el duelo final, que requería más intriga y tensión y menos hostias sensacionalistas.

Me extiendo también en otro aspecto, el de las referencias. Cantidad de homenajes a la saga pululan por la cinta (la cuerda en la escopeta, el primer plano de un pie pisando algo, una gasolinera, algunos diálogos y mil detalles más), dando al episodio la acertada sensación de pertenecer a una serie aunque tenga un estilo muy distinto, pero también hay que señalar que tropiezan con una dificultad importante: prácticamente se tomaron como una obligación meter al T-800 y a Arnold Schwarzenegger, y claro, no podían mostrarlo tan viejo (fuera o no gobernador todavía), y se montaron una aparición digital que no convence del todo. Podrían haber mostrado el proceso de ponerle la piel y la cara del actor en monitores de ordenadores en la factoría, por ejemplo, sin tener que sacarlo en acción. O directamente haber pasado de ello, qué manía con incluir a Schwarzenegger: en Terminator queda bien claro que usan distintos rostros para pasar desapercibidos, de hecho Reese lucha con uno distinto en una de las visiones del futuro.

Volviendo a las buenas cualidades de la cinta, destaca bien pronto que el director logra un ritmo ejemplar y muy coherente con la trama, algo que se ve muy poco en el cine del género de acción actualmente. Cito de nuevo Star Trek 2009 como ejemplo, pues en ella se intercalan escenas porque sí sólo para tratar de asombrar con el presupuesto, olvidando el guion y la narración en el proceso. McG sabe ir al grano sin florituras innecesarias: la película es corta pero aprovecha cada instante, las secuencias de acción sirven para desarrollar la trama, no sólo para impresionar, y además son nítidas (nada de agitar la cámara y emborronar todo con digitalizaciones) y los personajes están bien sumergidos en la situación en todo momento (genial cómo trabajan juntos Marcus y Reese). Mantiene el asombro constante desde el principio (al asalto a la base de las antenas, con algunos momentos alucinantes como el plano secuencia del helicóptero), hasta la fuga de Marcus del cuartel de Connor, porque como decía el acto final lo enfocan de forma que pierde algo de fuelle. Destaca especialmente la eficaz fotografía, que con esa excelente elección del colorido ocre y apagado le otorga al futuro un aspecto siniestro y derruido, y por supuesto los excelentes efectos especiales y los sobrecogedores efectos sonoros.

Otro elemento crucial que se salda con gran éxito es la buena labor del reparto. Sam Worthington demuestra un carisma nato esperable en un héroe de acción y una interpretación muy contenida que en el mismo campo sorprende. El Connor de Christian Bale queda un poco eclipsado porque Marcus tiene más protagonismo y un recorrido emocional más complejo, pero Bale está como de costumbre inmenso, mostrando tanto las dudas como la determinación con gran energía: qué miradas más potentes consigue. También aportan el toque justo de carisma los secundarios más importantes, Anton Yelchin como Kyle y Moon Bloodgood como Blair, que se hacen querer desde sus primeras apariciones (sí, el guion tiene mucho que ver, pero ellos lo realzan).

Apuntaba muy alto como capítulo inicial de una nueva etapa de la serie, y no por el forzado monólogo final, sino porque prometía entregas con tramas igual de trabajadas. Sin embargo no tuvo mucho éxito y en el caos de productores, derechos de autor y demás no llegó a continuarse por aquí… y se montaron un reinicio desde cero (Terminator Genisys, para verano de 2015). Y aquí no puedo echar solo la culpa a los productores, porque fue el público quien no supo admirar el valor de Terminator Salvation.

Criadas y señoras


The Help, 2011, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 146 min.
Dirección: Tate Taylor.
Guion: Tate Taylor.
Actores: Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Ahna O’Reilly, Allison Janney, Sissy Spacek.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Historia muy bien narrada, llena de personajes excelentes. Un gran reparto. Una música muy bonita.
Lo peor: Nada.
El título: Por una vez, el título en castellano es mejor que el original.

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La historia de cómo se fue gestando el final de la diferencia de clases entre negros y blancos en los años 60 (más de cien años después de la abolición de la esclavitud…) se ha abordado de muchas maneras, al igual que la aventura de la persona con ideales modernos enfrentada a un mundo abrazado a las injusticias por comodidad e ignorancia. Pero una buena película en parte lo es porque aporta una visión original y bien narrada sobre cualquier argumento, por muy visto que esté. Y Criadas y señoras se quita de un plumazo cualquier atisbo a cine pasado de moda, a historia demasiado clásica, ya sea por la recreación de la época cuidada a todos los niveles (realismo, detallismo, confección de personajes) o porque ofrece una perspectiva muy cercana y humana: deja de lado la política (aunque algo se ve de fondo en las noticias) y los dramas trágicos para centrarse en el día a día de unas pocas y deliciosas protagonistas.

Basándose en una novela de Kathryn Stockett, Criadas y señoras narra una historia ficticia (aunque no lo parece) en la que una serie de eventos revolucionan un pequeño pueblo sureño, haciendo tambalear el obstinado conservadurismo y las injusticias que éste genera. A través de un crisol de personajes de distinto origen y condición vemos la forma de vida de la época, los roles de cada clase, género y estatus social, los clichés, las costumbres y situaciones que llevan a la desigualdad y la opresión. El guion expone la situación de forma magistral a través de personajes definidos con sumo detalle, donde cada rol sirve para desarrollar un ejemplo de la condición humana y todos juntos muestran las grietas de la sociedad que formamos.

La situación de equilibrio social sustentada sobre el miedo a cambiar por un lado y a luchar contra las normas inmorales por el otro se rompe cuando entra en juego una joven blanca que, tras haberse formado en la universidad, vuelve a su pueblo con energía e ideales y se topa con la sinrazón del racismo, el estancamiento de la sociedad conservadora y las absurdas pajas mentales de sus obtusas amigas y familias, que ven todo intento de progresismo como un ataque a su propia existencia. Lo de siempre en las sociedades humanas, vamos. Su entusiasmo y determinación por sacar adelante su vida laboral (pretende ser escritora) y su conciencia ante la situación la llevan a preparar un libro que saque toda la inmundicia que las señoritas pijas blancas vierten sobre las criadas negras.

Sustentando las magníficas protagonistas hallamos el que probablemente sea el reparto más espectacular del año. La indómita y entusiasta Skeeter recae en una joven pero eficaz Emma Stone (estrella emergente tanto por belleza como por calidad); las dos principales criadas, las explotadas y abatidas Aibileen y Minny (la del pastel de mierda) son retratadas de forma impresionante por Viola Davis y Octavia Spencer respectivamente (premios en cantidad se han llevado las dos); la descentrada y rechazada ricachona Celia es mostrada por una brillante Jessica Chastain (a la que los kilos ganados para el papel le sientan de maravilla y quien ha pegado el pelotazo en 2011 con El árbol de la vida y Criadas y señoras marcándose papelones en ambas), y Bryce Dallas Howard realiza una gran composición de la retrógrada Hilly. Redondeando el plantel, en un apartado más secundario tenemos a dos inmensas veteranas: Sissy Spacek y Allison Janney. Pero como suele ser habitual, el doblaje empobrece estas estupendas labores, de hecho en este caso supone una limitación notable más allá de perderse la interpretación real: no se distinguen a las mujeres unas de otras (todas parecen tener la misma voz chirriante) y se eliminan los acentos entre clases/razas. Parece un telediario de Canal Sur, donde nadie tiene el acento del lugar.

Pasar de las dos horas en un relato que oscila entre la comedia y el drama ligero puede parecer excesivo, pero entre la cantidad y calidad de personajes y tramas y la fluidez de la narración la proyección pasa volando sin decaer lo más mínimo en ningún instante. Todas las líneas se entrelazan de forma exquisita, nunca parece haber un cabo suelto o una protagonista fuera de lugar en este filme perfectamente equilibrado. Hasta la narración en off funciona muy bien complementando momentos clave.

Criadas y señoras es una película que tiene de todo, y todo puesto en su sitio y en su justa medida. Una película que da todo lo que se espera del buen cine: entretenimiento que no olvida la inteligencia ni la calidad, que emociona en cada minuto de metraje pero también deja buen poso días tras su visionado, y que además también sirve como crítica y enseñanza de los males de la humanidad. Sin ser deslumbrante como para hablar de una cinta memorable, sí me parece que ha sido de las mejores producciones en un año en el que como ocurre más veces de las deseadas triunfan o se aplauden títulos claramente inferiores. Curiosamente tiene muchísimos elementos que gustan en Hollywood, de hecho es un filme que huele a Oscar en cada plano, pero a pesar de que (junto a Hugo) supera claramente a todas las demás nominadas (incluida a la ganadora, The Artist), pasó sin armar mucho revuelo. En la taquilla le fue bastante bien, sin embargo.