El Criticón

Opinión de cine y música

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El consejero


The Counselor, 2013, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 117 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Cormac McCarthy.
Actores: Michael Fassbender, Penélope Cruz, Cameron Diaz, Javier Bardem.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: Reparto muy esforzado.
Lo peor: El guion es un sinsentido, el relato resulta insoportable.
Mejores momentos: La conversación sobre el siluro.

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Cormac McCarthy, autor de varias novelas magníficas (algunas llevadas al cine, como La carretera y No es país para viejos), da el salto y escribe aquí su primer guion. Ridley Scott, que supongo no necesita presentación, es quien lleva a imágenes la propuesta. El resultado es el El consejero, un experimento incomprensible. No se puede hacer una película (o novela o cómic…) donde de veinte capítulos (por decir una cifra al azar) sólo cuatro o cinco exponen la trama y definen a los personajes, y el resto son puro relleno sin pies ni cabeza. Nadie le ve sentido a tanta conversación absurda, a tanto discurrir ajeno al argumento. ¿Mensajes o ideas ocultos? No parece haber. Simplemente han perdido el norte, algo inesperado dadas sus sólidas carreras.

Los pocos episodios que desarrollan la trama son bastante llamativos, y los retazos que llegamos a ver de los personajes prometen, en gran parte porque los actores se esfuerzan mucho en darles vida. Michael Fassbender está estupendo (como en cada papel que hace, la verdad), Cameron Diaz está sorprendentemente pletórica, y no se queda muy atrás el estrafalario Javier Bardem; el resto, aun siendo figuras conocidas (Brad Pitt, Penelope Cruz) no tienen presencia suficiente como para destacar. Sin embargo, a pesar de estos evidentes esfuerzos es indudable que los protagonistas se diluyen entre tanta estulticia y sinsentidos. El de Fassbender resultaba un individuo muy interesante, con miedos y contradicciones que lo hacen muy humano, de hecho, ofrece un llamativo contraste ante tanto criminal descarado, pero la narración lo marea de tal forma que hacia el final ya no sabes qué está pasando ni por qué hace una cosa u otra.

Las dos primeras escenas definen a la perfección la película. La inicial en la cama da muchas vueltas para contar algo muy sencillo, porque se aborda con demasiada pompa y enredo visual, pero se acepta como ejercicio pretencioso porque el mensaje, el argumento, se entiende. La siguiente, la de la compra del diamante, es el otro lado de la moneda. Toda la secuencia es ridícula: larguísima, completamente intrascendente, llena de verborrea y diálogos que no aportan absolutamente nada a los personajes y al desarrollo de la historia. Así es toda la cinta: saltando de una de estas composiciones rebuscadas pero con potencial a un puñado de piezas opacas y vacías de contenido. Las pocas relevantes que encontramos además ven mermadas su fuerza porque llegamos a ellas aburridos y desconcertados. Y de las intrascendentes, la mayor parte son un coñazo, pero hay una que resulta bastante graciosa, una especie de cortometraje metido en medio de todo: el relato sobre el sexo con el coche y la comparación con el siluro resulta tronchante.

La proyección se hace pues eterna, cansina e insoportable. En la sesión en que la vi los espectadores suspiraban y hasta se reían de la parida ante la que se encontraban. El consejero es una cagada monumental que la crítica está poniendo a parir y de la que el público reniega por sentirse engañado. De esas que deseas borrar de tu memoria.

Very Bad Things


Very Bad Things, 1998, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 100 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg.
Actores: Jon Favreau, Leland Orser, Cameron Diaz, Christian Slater, Jeremy Piven, Daniel Stern, Jeanne Tripplehorn.
Música: Stewart Copeland.

Valoración:
Lo mejor: El sentido del humor gamberro y bestia sin límites, la puesta en escena, muy adecuada a las circunstancias, y un reparto muy correcto.
Lo peor: Al ser una cinta tan extraña, gran parte del público no la acepta o entiende.
Mejores momentos: Todos los asesinatos, por supuesto, y la delirante escena final.

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Un grupo de amigos realiza un viaje de despedida de soltero a Las Vegas. En la fiesta el desenfreno predomina, las drogas circulan y las conversaciones fluyen hasta que en un accidente la prostituta muere. Aterrorizados ante las posibilidades de ir a la cárcel y de que se sepa lo que estaban haciendo deciden descuartizarla y enterrarla en el desierto. No es más que el comienzo de una aventura que irá acumulando cadáveres y enfrentando a los otrora amigos, amenazando además con destruir la perfecta boda que sueña la novia.

Very Bad Things es una cinta incomprendida, una de esas obras tan extrañas que pocos son capaces de apreciar en su totalidad y menos aún tienen la decencia de admitir algunas de sus muchas virtudes por encima del rechazo que les provoca tan arriesgada propuesta. Es una comedia negra, gamberra, gore y algo surrealista tan peculiar como efectiva. Cada personaje tiene su propia personalidad y forma de enfrentarse a los problemas. Pero lo mejor es que, obviamente dentro del tono fantasioso del relato, las evoluciones y transiciones de los protagonistas están muy bien trazadas, siempre acordes con su forma de ser. Las muertes truculentas, los diálogos absurdos (atención a los monólogos del personaje de Christian Slater, o a los ataques de pánico del encarnado por Daniel Stern), el ritmo sin descanso y el humor delirante e inagotable conforman una producción sorprendente e impactante que no dejará impasible a ningún espectador: provoca absoluto rechazo o admiración eterna.

El guion y la dirección corren a cargo de Peter Berg, un actor, escritor y director bastante irregular (hace poco me aburrí con Friday Night Lights y La sombra del reino) que firma aquí la que para mí es su única obra realmente destacable. Sus manías de mover la cámara y de añadir filigranas varias sirven por una vez muy bien a la narración, otorgándole un tono irrealista, agobiante o cómico según la situación lo requiera. Un montaje excelente ayuda aún más a darle muy buena forma a la función.

El reparto está compuesto por actores secundarios de nombres poco conocidos pero cuyos rostros se han visto muchas veces, aunque también encontramos alguna estrella menor. Jeremy Piven (para un servidor su papel en la serie Entourage –El séquito- es uno de los más grandes de la historia), Jon Favreau (que ahora os sonará por ser el director de Iron Man), Leland Orser (visto en recientemente en la serie Urgencias), Daniel Stern (el más desconocido de todos) y Christian Slater (el más famoso y a la vez el menos interesante) forman el grupo de amigos, y los papeles femeninos recaen en dos actrices muy distintas: la siempre efectiva Jeanne Tripplehorn (Mystic River) y la irregular Cameron Diaz, que aquí aporta bastante bien el tono de novia desquiciada. El conjunto ofrece un reparto compacto, sólido, donde todos dan rienda suelta a sus venas más histriónicas en la confección de caracteres al borde de la locura.

Very Bad Thing es una de las comedias con las que más me he reído en mi vida, y debo decir que no pierde nada de fuerza con los sucesivos visionados. Es una película única y fascinante pero injustamente olvidada e incluso despreciada.

Gangs of New York


Gangs of New York/em>, 2002, EE.UU.
Género: Drama, histórico.
Duración: 167 min.
Dirección: Martin Scorsese.
Guion: Jay Cocks, Steven Zaillian, Kenneth Lonergan.
Actores: Leonardo DiCaprio, Daniel Day-Lewis, Cameron Diaz, Brendan Gleeson, John C. Reilly, Jim Broadbent, Liam Neeson, Henry Thomas.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Impresionantes labores de dirección, fotografía, escenarios, vestuario…
Lo peor: Los personajes son insípidos y sus vidas no interesan lo más mínimo.
Mejores momentos: Algunos planos espectaculares que muestran las calles atestadas de gente y los escenarios construidos de forma tan realista.

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Scorsese pretende narrar en Gangs of New York los difíciles años del nacimiento de New York como metrópolis rebosante de diversidad cultural, y lo consigue, pero a costa de sacrificar la importancia de los protagonistas que supuestamente llevan la historia. Y es que olvida que una película ha de tener un grupo de caracteres como hilo conductor, que les ocurran cosas dignas de seguir con interés, perdiéndose en la recreación del lugar, en ambientes, curiosidades, historias secundarias y el aspecto visual. Por lo tanto, el relato está deslavazado, disperso, a medio camino entre el documental y el drama sin conseguir decantarse por uno u otro. Sí, hay grandes escenas aquí y allá, el trasfondo social y político es atractivo y todo se muestra a través de una envoltura exquisita, pero en su abultadísima duración la cinta apenas consigue captar la atención por culpa de unos caracteres insulsos cuyas vidas, cuyos enfrentamientos, ligues y amistades no ofrecen nada que merezca la pena recordar.

Para empeorar el pobre interés que despiertan los protagonistas tenemos actores inadecuados a sus roles: DiCaprio no había entrado todavía en su buena racha (iniciada precisamente en sus siguientes intervenciones, en Atrápame si puedes y El aviador), Cameron Diaz da pena verla a pesar de su belleza y Daniel Day-Lewis rebosa histrionismo y muecas caricaturescas. Algunos secundarios como Brendan Gleeson, Gary Lewis o Liam Neeson (curiosamente empecinado en hacer de maestro que muere rápidamente) resultan más atractivos, pero no lo suficiente para dejar huella.

En la realización no hay quejas y sí numerosos adjetivos de admiración, pues la producción fue mastodóntica y Scorsese le sacó buen rendimiento. El aspecto visual quita la respiración desde la escenificación, con una dirección artística encomiable y unos decorados grandiosos y detallados con sumo cuidado, hasta la labor tras las cámaras, con una fotografía excelente, un montaje muy correcto y un Scorsese que siempre sabe dónde poner el objetivo y cómo realizar las secuencias de la mejor forma posible. Lástima que todo se quedase en una fachada, muy preciosista y virtuosa pero vacía.