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La guerra de las galaxias: Episodio VIII – Los últimos Jedi


Star Wars: Episode VIII – The Last Jedi, 2017, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 152 min.
Dirección: Rian Johnson.
Guion: Rian Johnson.
Actores: Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Andy Serkis, Kelly Marie Tran, Laura Dern, Benicio del Toro, Gwendoline Christie, Anthony Daniels, Frank Oz, Lupita Nyong’o, Frank Oz, Joonas Suotamo, Jimmy Vee.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Personajes excelentes y actores muy implicados. Algunos tramos muy intensos y emotivos: los centrados en Luke, Rey y Kylo. Aspecto visual como siempre impecable.
Lo peor: Un tramo central sin trascendencia ni garra, agravado por las intromisiones del estudio a modo de anuncios de muñecos y de panfletos ideológicos. Cierta falta de épica y fuerza dramática en global: quiere ser El Imperio contraataca y El retorno del Jedi y se queda más cerca de La venganza de los Sith: mucho potencial desaprovechado.
Mejores momentos:Rey y Kylo Ren conectando sus mentes en varias ocasiones. La relación de Luke y Rey. Kylo abrazando su destino. La decisión de Luke, y el desenlace de la situación.
El plano: Un héroe solitario ante las máquinas de asedio. Los dos soles.
Las frases: El mejor profesor, el fracaso es -Yoda.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Destripo a fondo.–

EL FANÁTICO: MUCHAS ESPERANZAS Y POCA OBJETIVIDAD

Llega el Episodio VIII – Los últimos Jedi con demasiados ojos puestos en él, demasiadas esperanzas y sentimientos a flor de piel, porque es una saga muy querida por millones y millones de seguidores. Y su confección deja entrever demasiada industria detrás, lo que genera también miedo. En las precuelas nos quejábamos de que George Lucas fuera el único artífice de las películas, sin relegar ni pedir consejo como hizo en la trilogía original. Ahora nos hemos ido al otro extremo. Hay demasiadas personas implicadas, directivos, productores, encargados de márketing incluso, y autores varios saliendo y entrando según desavenencias con los anteriores, con lo que si no se dirige bien el proyecto la posibilidad de que una de esas manos implicadas no acierte con su visión se hace mayor.

Por todo ello, vi casi como un milagro que El despertar de la Fuerza saliera tan redonda, aunque fuera evidente que dieron el primer paso yendo a lo básico, a recuperar a los fans perdidos con las más o menos fallidas precuelas, y que Rogue One apuntara tan alto y fuera tan arriesgada. Pero en esta última ya se iba mostrando durante su creación más abiertamente la lucha de egos y los cambios de última hora. Y ahora mismo, el rodaje de la entrega sobre la juventud de Han Solo está siendo otro caos inquietante. Así que no sorprende que este Episodio VIII empiece a mostrar en su narrativa los efectos inherentes a esta forma de producir la serie. Se aglutinan varias películas en una: la Disney sección merchandising, la división cinematográfica, productores varios, destacando a Kathleen Kennedy como directora de orquesta con poder de veto, y el director y guionista de turno. Y con este último no sé si es una bendición que haya conectado bien con los productores, porque eso nos ahorra cambios e improvisaciones de última hora, pero también parece señalar que para agradar se bajó los pantalones, como se suele decir. Ahí están como prueba los anuncios de muñequitos insertados con todo descaro en medio del metraje. Así que da la sensación de que Los últimos Jedi podía haber sido mucho más pero choca con demasiadas barreras, y se va haciendo cada vez más grande también la sensación de que esta serie puede descarrilar en cualquier momento.

Para muchos lo hace en cada nuevo capítulo que se estrena, porque, como decía, es una serie muy arraigada en el corazón y de la que se ansía mucho. Así se está viendo de nuevo la pugna entre el fan que tiene montada su propia obra maestra en su cabeza y chocará con prácticamente cualquier cosa que vea, y el fan dispuesto a abrir su mente y darle una oportunidad. Entre los primeros hay dos extremos igual de equivocados: unos se llevan las manos a la cabeza ante cualquier innovación, considerándola sacrilegio, otros critican cualquier lugar en común como falta de ideas. “¡El final es lo mismo que Hoth, el planeta de hielo, en El Imperio contraataca!”, señalan los segundos. “¡Pero de dónde saca Luke esos poderes, esto no es La guerra de las galaxias!”, dicen los otros. Hay que intentar ir sin ideas preconcebidas ni prejuicios y quedarse en una posición más neutral y objetiva. El escenario del ejemplo es espectacular y tiene elementos de la serie bien usados (los nuevos AT-AT son imponentes), ofrece nuevos giros y, sobre todo, los personajes son muy distintos. En cuanto a la mayor polémica, la sorpresa con la proyección de Luke, resulta una evolución muy acertada de nuestro conocimiento de la Fuerza, una idea bien sembrada a lo largo de la película (Kylo se moja al conectar con Rey), y un desenlace épico y hermoso.

Dice el propio Mark Hamill que se ha sentido defraudado por el camino que ha tomado el escritor y director Rian Johnson, por cómo ha desarrollado a Luke Skywalker. Como muchos fans, esperaba lo más simple y facilón, un retorno del Jedi en plan maestro avezado, soltando espadazos y salvando la situación como un héroe impoluto, y siente como una ofensa que otros hagan versiones distintas a la que ha soñado. A los espectadores que van con esta actitud, si cualquier cosa los descoloca se aferran a ello para tratar de hundir toda la cinta, sin esforzarse lo más mínimo en dar un paso atrás para ver la perspectiva global, para comprobar si un supuesto error puede ser perdonado por la suma de sus virtudes, o incluso para cerciorase de que a lo mejor no es tan grave, o quizá de hecho sea una gilipollez. Con Luke son son incapaces de ver los enriquecedores y profundos giros que han planteado con el personaje, pero es que también señalan minucias como si fueran grandes transgresiones. Sirva el ejemplo más sangrante: ¿Pero cómo puede haber gente asombrada y cabreada porque Leia haga uso de la Fuerza? ¿Tan inconcebible es que en treinta años no haya entrenado un poco? ¿Por qué ese inmovilismo, esa idea de mantenerla como princesita que debe ser rescatada? ¿Qué tiene de malo esa escena, si es impresionante y dramática como otras tantas de la serie?

Asumir que Los últimos Jedi quizá no es un gran capítulo de la saga, que no es una obra maestra al nivel de la trilogía original, no implica darle un suspenso estrepitoso y aderezarlo con aspavientos y llantos. ¿Es que hemos olvidado la infame La amenaza fantasma? ¿Y el mal recibimiento inicial de El ataque de los clones y La venganza de los Sith? Y ahí están estas dos últimas (el Episodio I mejor hacemos como que no existe), siendo cada vez más reivindicadas, recordadas ahora con agrado mientras se minimizan sus muchos fallos, revisionadas infinitas veces con pasión. Diantres, la propia El Imperio contraataca se llevó en su estreno un buen puñado de críticas negativas de medios y fans, tardó en asentarse. Si con el tiempo y la reflexión pudimos perdonar los puntos grises y las cagadas de los episodios II y III, que las hubo bien gordas, como los Yoda y Dooku saltimbanquis o el patético Hayden Christensen, ¿cómo vamos a tumbar tan rápido y tan tajantemente un nuevo episodio que esconde otros tantos buenos aciertos? Estoy convencido de que con Los últimos Jedi pasará lo mismo: se calmará la tormenta y se irá recibiendo mejor, creciendo con el paso de los años.

LA PELÍCULA: IRREGULAR PERO MUY DIGNA

El prólogo puede engañar por su espectacularidad, pero en nada que atiendas un poco al contenido parece demasiado forzado (intenta conmoverte con una sucesión de escenas muy convenientes y sensibleras) y tontorrón (qué diálogos explicativos más infantiles, como si no fuera evidente lo que hacen). Pero una vez entrados en materia, el primer acto es el mejor tramo. Centrado en desarrollar a Rey, Kylo, Luke, la relación entre ellos y la Fuerza, y recuperando el misticismo de esta, Rian Johnson logra el tramo más sugerente y emocionante sin necesidad de vistosos escenarios y acción aparatosa. Yendo despacito y con buena letra desglosa los encuentros, los posicionamientos, los sentimientos de cada personaje en su justa medida, permitiendo que el espectador los entienda a fondo y conecte plenamente con sus tribulaciones y se inquiete por sus porvenires. No se ven prisas, miedo a perder a los espectadores impacientes, ni a los niños incluso, porque el ambiente es melancólico, lóbrego. Luke está abatido, derrotado por su fracaso con Ben Solo. Rey está un tanto perdida y acumula sentimientos sin la necesaria contención, y Luke ve que puede patinar hacia el Lado Oscuro o simplemente tomar malas decisiones. Kylo Ren, el alter ego de Ben, ambiciona mucho y siente demasiado dolor.

Los saltos a la situación actual de la resistencia están bien colocados y sientan unas bases muy prometedoras. Nos encontramos ante una retirada abrupta y desorganizada con más enjundia que de costumbre, alejada de la clara dicotomía entre el bien y el mal de la trilogía original. Hay angustia, cobardes, héroes militares sin visión política que entran en conflicto con unos pocos líderes al borde del desfallecimiento pero obstinados con seguir adelante un día más, porque la esperanza nunca se debe perder. Finn quiere salir por patas de una vida que le sigue viniendo grande, y encontrar a Rey, la única luz que alumbra su existencia. Poe sólo ve la victoria del día, mientras Leia y otros generales trabajan mirando a largo plazo. La sensación de que todo se puede desmoronar y de que no sabes cómo podrán salir adelante esta muy lograda, y tenemos un punto álgido imponente: Kylo evitando disparar en el último momento y Leia siendo lanzada al espacio.

Pero conforme llegamos al nudo de esta sección, este no se tensa con la destreza necesaria y comienza a deshilacharse. Inesperadamente, la caótica huída pierde fuelle a marchas forzadas, diluyéndose el efecto de desasosiego y de impotencia ante una muerte inminente. Nos estancamos en un bucle con un tono de serie de mala calidad, donde nos vamos a otros capítulos mientras se trata de postergar el desenlace estirando los recursos de mala manera. Llega un punto en que se roza el bochorno, con las naves explotando y explotando sin acabarse nunca, para dar tiempo a que se junten todas las líneas narrativas, y todo ello además con algunas justificaciones chapuceras. Hacen un barrido de descamuflaje y detectan a las naves que se estaban escapando… ¿Y por qué esto no lo hacen constanemente? ¿Y cómo sabe el mercenario que se estaban largando si no lo saben Finn ni Rose si quiera? Holdo se suicida embistiendo el acorazado de Snoke… ¡qué conveniente que los demás cruceros también exploten porque sí! Si saltar a la velocidad de la luz es tan efectivo, ¿por qué no se usa como arma más amenudo con naves-misil?

La causa de este bajón tiene un origen claro: por alguna razón han pensado que Finn necesitaba un arco propio por separado. Su odisea por el planeta de los millonarios (con el casino a lo James Bond, referencia cómica muy mal hilada) supone minutos tirados en una subtrama muy larga, poco trascendente, y que para colmo se desvía en aspectos que no pintan nada aquí. La encarcelación, el encuentro con el ladrón, la fuga (muy seguro conectar las cloacas de la prisión con las de los establos, sí señor) y las carreritas con animales resultan escenas de transición y acción sin sustancia ni un rumbo claro, recordando a los patinazos de Lucas en las precuelas.

La clave para el plan de infiltrarse en el destructor de Snoke es palabrería, ciencimagia, bien podía haberles dado la solución Maz Kanata en su videoconferencia directamente, sin mandarlos lejos. El rol de Benicio del Toro es muy conveniente y artificial, no resulta creíble; parece que tenía enchufe o alguien lo quería en la película. ¿No hubiera sido mejor mantener a Finn a bordo del crucero y reforzar el escenario de la persecución con todos los personajes trabajando en distintos ángulos y chocando en intereses? La relación de Finn y Rose resulta bastante simpática, y el apunte sobre los vendedores de armas que negocian con la Primera Orden y la rebelión por igual apuntala bien el tono más adulto que están imprimiendo a la serie, pero son lo único que sostiene este desvío tan fallido.

Aquí es imposible no pensar en que los distintos egos implicados han metido mano. Algún productor querría acción ligera en el ecuador de la cinta, porque le parecería demasiado oscura y pausada, y la Disney deja ver la ideología del país de piruleta de la compañía y la obsesión con el merchandising. Los mensajitos con sobredosis de corrección política (con patrocinio de alguna asociación animalista) y los anuncios publicitarios provocan unos cuantos momentos de pura vergüenza ajena: los estúpidos pajaritos-peluche con que topa Chewbacca y los pseudocaballos con cara triste son para vomitar. Nos quejamos del humor infantil de Lucas, pero al menos era inocente, aquí nos taladran con un panfleto adoctrinante. Y en este tramo se hace bastante evidente también el estudiado tono feminista: sólo las mujueres tienen la brújula moral intacta y toman buenas decisiones, los hombres son unos patanes que estropean todo.

No ayuda en este segmento que con Poe también patinen un poco. Su carisma y determinación se mantienen bien, pero la aventura en que lo sumergen es un tanto endeble. Su disputa con la vicealmirante Estorbo, perdón, Holdo, apunta maneras, pero necesita a gritos un desarrollo más verosímil, porque acaba resultando una trama postiza y previsible. ¿Pero qué le costaba a ella decir que tiene un plan, de verdad esperan que nos creamos que un buen comandante deja en el limbo a sus mandos más cercanos? Su respuesta ante las preguntas de Poe es pasar de él con mala leche, así que, ¿cómo no iba a montarse un motín? Muy forzado también que Leia y Holdo lo tengan en buena estima, cuando desobedeciéndolas casi apaga el último rescoldo de la resistencia.

Por suerte, la evolución de Kylo y Rey en el acto central aguanta muy bien el tipo, salvo que afilemos mucho las uñas con los puntos en común con El retorno del Jedi, con Rey metiéndose en la boca del lobo para intentar salvar a Kylo como hizo Luke con Vader. Es entendible que, dadas las características de la saga, haya una limitación en cuando a los arcos argumentales posibles, de la misma manera que para mantener la esencia ha de haber una continuidad y coherencia en argumento y personajes, pero entiendo si alguno se queja de que se nota demasiado la mirada al pasado. Pero en el lado emocional funciona muy bien, y dentro de la idea central de este episodio, el relevo generacional, es también admisible construir un escenario semejante desde el que mostrar las diferencias. Los encuentros mentales entre Rey y Kylo han sido intensos y nos han puesto en una situación muy atractiva con diferentes posibles resultados. La reunión con Snoke mantiene un tono tétrico y anuncia un futuro poco halagüeño para cualquiera de los dos jóvenes. Y la lucha entre los tres es vibrante y bastante espectacular, aunque como es obvio es difícil innovar con los duelos a espada a estas alturas. Para rematar, Johnson es capaz de sorprender con los giros finales, y no una, sino dos veces: los destinos Snoke y de Kylo te dejan sin aliento.

Eso sí, me temo que dejan algunas cuestiones importantes en el aire, y no parece muy lógico que las resuelvan en otros episodios, es aquí cuando había que darles respuesta, para que tuvieran mayor capacidad de impacto. Nos quedamos sin conocer quién es Snoke y sus orígenes, y tampoco ahondamos en los Caballeros de Ren, si son Jedis que Luke entrenaba o solamente acólitos de algún tipo, y qué ha sido de ellos, pues a pesar de su aparente importancia (unirse a Kylo y acabar con la nueva orden Jedi que estaba levantando Luke) no se los vuelve a mencionar. Siguiendo con otras faltas dignas de mención, igual que en El despertar de la Fuerza se echa de menos un poco más de desarrollo de la situación política de la galaxia. No queda nada claro cómo surge la Primera Orden con tanto poder y la resistencia aparece tan disminuida después de la gran derrota del Imperio. Hemos pasado de demasiada política en las precuelas a que haga falta exponer unas bases mínimas.

La batalla final remonta considerablemente el nivel de la sección de la resistencia desde la brutal embestida de Holdo contra el acorazado de Snoke, y aunque diría que no hasta alcanzar las cotas que los fans soñamos, como iba diciendo, eso no puede cegarnos ante lo que tenemos delante, y el clímax sin duda es bastante efectivo. Todos los personajes tienen su hueco, su conflicto, sea interno o con los demás, está muy bien desarrollado, y encontramos unos cuantos momentos asombrosos y épicos como se espera de la serie: la aparición de Luke y su redención es memorable, con algunos planos sobrecogedores (los AT-AT, los dos soles), y el renacimiento de la resistencia resulta bastante bonito, tanto por la maduración de cada protagonista y la reunión final, como por la semilla de nueva esperanza a lo largo de la galaxia. Aun así, no se libra de algún punto oscuro. ¿Por qué el suicidio de Holdo para salvar a la flota es una heroicidad y el de Finn una tontería a evitar? ¡Podía haber salvado a la resistencia!

LO MEJOR: GRANDES PERSONAJES Y ACTORES

Los cuatro protagonistas principales irradian un magnetismo irresistible, como los de la trilogía original, como se esperaba en las precuelas pero apenas se vio en Palpatine y en unos instantes poco aprovechados con Anakin. Ellos y la calidad de sus intérpretes realzan Los últimos Jedi por encima de sus carencias y problemas. Se conecta con intensidad con sus tragedias, con los miedos de Finn, el fuego descontrolado de Poe, la pasión y dolor de Rey y la tempestad interna de Kylo. Sus trayectorias se desgranan con inteligencia y llegan a sus puntos de inflexión adecuadamente, sin manidos clichés de última hora, y eso a pesar de que algunas de las etapas del argumento en que se ven metidos no son muy efectivas. Poe, carismático y capaz pero pendenciero e irreflexivo, va aprendiendo a analizar la visión global y pensar en el futuro. Finn, cobarde y egoísta, abre los ojos encuentra razones para luchar por otros dándolo todo. Rey y Kylo van tanteándose mutuamente, explorando sus puntos en común y sus diferencias mientras intentan crecer en un mundo muy complejo dominado por los poderosos adultos.

Hay que destacar que Kylo Ren termina aún más alto del gran personaje que presentaron en El despertar de la Fuerza, haciendo recordar con lástima lo mal que expuso George Lucas la deseada presentación del joven Anakin Skywalker y su transformación paulatina en Darth Vader. ¡Kylo es el villano que nos merecíamos entonces! Pero mejor tarde que nunca, claro.

A ellos debemos sumar el retorno de Luke. Como a Hamill, duele verlo derrotado, huidizo, pero, como decía, esta perspectiva aporta un dramatismo muy certero, alejado de lo predecible que hubiera sido tenerlo en plena forma sin más dilemas. Su presentación no puede ser más elocuente: tirando el sable láser de malas maneras. (Por cierto, es una escena con un humor muy cabrón que contrasta con la ridícula cena de Chewbacca con los pajaritos de las narices, señalando muy bien los altibajos, la sensación de que hay demasiados autores metidos en la película). Luke no ha tenido un entrenamiento en condiciones, así que por mucho que lloren algunos, no cabía encontrarse un Maestro Jedi sin más. La única sabiduría que ha adquirido es la que enseña a Rey: deja claro que no hay más Jedi, que la arrogancia de la orden se acaba, y que ella es una niña egoísta como lo fue él. Que tenga una redención de último momento se podía intuir, pero la forma en que surge no se veía venir y supone un cierre para el personaje épico y dramático a partes iguales. También cabe señalar la fantástica aparición de Yoda, emotiva, divertida y con grandes dosis de sabiduría.

Leia queda un poco más en segundo plano, pero como faro de la rebelión brilla con luz propia. La pena es que nos quedaremos sin tener el Episodio IX centrado en ella como se planeaba, debido al inesperado fallecimiento de Carrie Fisher en diciembre de 2016, justo al terminar el rodaje. Queda por ver cómo apañan una despedida digna para el personaje que no parezca precipitada.

Los caracteres más secundarios no pasan desapercibidos. Rose es una chica sencilla en un puesto olvidado, la típica en la que nadie se fija, pero en cuanto la conoces se hace querer y su presencia parece indispensable; eso sí, si nos la presentaron siendo una mecánica, no pinta mucho pilotando una nave al final: convertirla en una heroína de acción es como desandar lo andado, despreciar el mensaje inicial de que todos cuentan. Con el General Hux consiguen que deje huella, a pesar de la aparente simpleza de su dibujo: un trepa psicópata, un perro rabioso pero fiel, como dice Snoke. Genial el momento “El Líder ha muerto. ¡Larga vida al Líder!”

Los actores están espléndidos, mostrando todos un entusiasmo y pasión que el director aprovecha al máximo. Imposible destacar a alguno entre John Boyega, Daisy Ridley y Adam Driver, todos bordan sus papeles, pero Mark Hamill merece una mención especial, por ser un regreso muy anhelado y que salda con maestría aun con las reticencias iniciales con su rol. Muestra todo el dolor que lo ahoga como si fuera un actor de primera, no uno de tercera que vive de las rentas de un éxito pasado. También hay que alabar a Domhnall Gleeson, capaz de conseguir un general temible a pesar de su juventud y cara de bueno.

Si El despertar de la Fuerza fue una introducción a los nuevos personajes, Los últimos Jedi lo es al conflicto global, abordándolo con una idea muy concreta: llega el fin de una época y el nacimiento de otra. Luke, aparte de evadirse por sus sentimientos de fracaso y remordimientos, empieza a ver que la Fuerza no es un asunto exclusivo de los Jedi, que el equilibrio entre luz y oscuridad se mantiene de forma natural y fueron unos egoístas al creerse el centro de todo lo relativo a esta energía. Por extensión, cree que ni los Jedi ni él pintan nada en un mundo que están construyendo los jóvenes. Kylo Ren está hastiado del control que ejercen sobre él los adultos, y se los quiere quitar de en medio para labrarse un camino en total libertad. Rey ofrece la otra cara de la moneda: el anhelo de unos padres y guías adultos le impide ver su propia fuerza. Con Leia, inicialmente se nota que estarían perdidos sin líderes como ella, lo que la abruma, aunque no por eso se rinda; y poco a poco ve la madurez de los jóvenes destinados a reemplazarla, encontrando esa nueva esperanza tan esperada.

De cara a extender la serie también se aporta savia nueva, llevando el legado Jedi más allá de unas pocas familias de sangre pura. Que Rey venga de la nada y nazcan otros Jedi sin más ha cabreado a algunos fans, pero yo lo veo una actualización lógica y muy bien aprovechada que enriquece el universo de La guerra de las galaxias. Los únicos puntos oscuros serían los citados más arriba sobre los orígenes de Snoke y los Caballeros de Ren.

ASPECTO AUDIOVISUAL CASI IMPECABLE

Rian Johnson, quien se dio a conocer con Looper, ha cumplido muy bien como director, sobre todo teniendo en cuenta las dificultades a la que se enfrentaba. Están las exigencias de los productores, las limitaciones argumentales, que esto es una serie con parámetros concretos, y las presiones de los seguidores, que no son pocas. Y con todo ello a cuestas debe lidiar con un rodaje de superproducción de alto nivel. El resultado es notable, sobresaliente en cuanto a dirección de actores, con los que logra algunas escenas memorables, como los encuentros entre Rey y Kylo, unos complicados por su contención y otros porque el espectáculo y las semejanzas con los capítulos antiguos podían minar su fuerza. Sólo podría criticársele que no viera que el guion en el tramo central no estaba a la altura y lo redujera en la mesa de edición para que no hiciera tanta mella. Con veinte o treinta minutos menos saldría una película muy superior.

En los aspectos técnicos sorprendería a estas alturas que fallaran, como mucho podríamos encontrarnos con un capítulo que por argumento no permitiera mostrar tantos lugares imaginativos. Y el presente precisamente tiene un poco ese problema: el casino no llama mucho la atención, es un lugar muy humano, mundano, cuando podían haber ideado cualquier cosa; a la nave de Snoke le falta imaginación y personalidad, que es un triángulo más grande y punto; incluir otra vez al Halcón Milenario volando por lugares estrechos mientras los persiguen los cazas enemigos ya cansa. Por lo demás, dirección artística, vestuario, decorados y efectos especiales son impecables y espectaculares.

La única limitación destacable, y esta sí es muy inesperada, viene de la banda sonora. La experiencia y maestría de John Williams se nota en cada nota, en su capacidad para llevar a un nuevo nivel las imágenes y dejar extasiado al espectador, pero al contrario que el magnífico Episodio VII, donde sorprendía con un trabajo mucho más sutil que el acostumbrado tono épico, aquí anda muy falto de inspiración. La partitura es una reutilización constante de todos los motivos ya conocidos, no hay renovación, expansión y adaptación a las nuevas situaciones. El ejemplo más evidente es que el conflicto creciente de Rey y Kylo y sus sentimientos en común eran caldo de cultivo para explorar versiones más dramáticas y oscuras de sus fantásticos temas, pero Williams no parece tan siquiera intentarlo.

CONCLUSIÓN

Analizada la cinta en conjunto, da la impresión de que sus autores tenían bien planeado el arco de cada protagonista, pero no los escenarios donde desarrollarlos. Y en esos falta imaginación y vitalidad, sobra algo de autocomplacencia (mirar demasiado al pasado) y sobre todo pesa la lucha por el control entre los productores de la serie. Anhela demasiado ser El Imperio contraataca y El retorno del Jedi y se queda más cerca de El ataque de los clones y La venganza de los Sith: es otro episodio más largo y descentrado de la cuenta, con mucho potencial desaprovechado. Pero, como esas entregas, resulta también un espectáculo vibrante, deslumbrante en numerosas ocasiones, pero además tiene algunas mejoras, como la gran calidad de sus personajes y, aun teniendo todavía alguna salida absurda, el estilo más serio y adulto.

DETALLES VARIOS

Listo aquí unos cuantos apuntes y detalles que no me cabían en el ya de por sí largo texto:

-El doblaje de El despertar de la Fuerza me sorprendió para bien con voces para los actores jóvenes poco conocidas y muy bien adaptadas. Pero aquí hay una cuestión chocante: Mark Hamill habla como Harrison Ford, porque comparten un actor de doblaje habitual. No me vale decir que fue la voz que tuvo Luke de joven, porque no se parece en nada a la de entonces. Teniendo en cuenta la de dobladores que hay, y que a estos actores los han doblado distintas voces a lo largo del tiempo, ¿por qué tenemos que encontrarnos con que Luke habla como Indiana Jones? Me sacó un montón de sus escenas. Menos mal que una vez pasado el mal trago de tener que verla doblada en el cine la revisiono siempre en VOSE.
-R2D2 y C3PO están muy olvidados, como si quisieran cumplir con ellos y ya está. Hemos pasado de sobreexplotación infantil en las precuelas a esto, y no me gusta. Al menos, el reencuentro de R2 con Luke es conmovedor.
-La visión de Rey en el pozo del Lado Oscuro es sugerente pero no da mucho de sí, cuando la de Luke en El Imperio contrataca era tenebrosa y se remataba señalando que podría convertirse en Vader.
-Vale que es fantasía, pero cagadas como el viento que hay en el espacio en el prólogo de La venganza de los Sith y la de las bombas de aquí, que caen en el espacio como en la atmósfera, son fácilmente evitables, que quedan fatal. Que no haya descompresión en la nave (abren las compuertas sin más) me lo puedo tomar como que tiene un campo de fuerza.
-Qué conveniente que desaparezca todo el ejército que rodea a Finn y Rose. ¿Y de dónde viene ahora Phasma, si estaba al lado? Bastaba con poner a aquellos dos corriendo entre el caos, no era tan complicado.
-Con Phasma al final no han sabido qué hacer. Iba para villana secundaria llamativa y aquí se la quitan de encima de mala manera con una pelea final cutre metida con calzador. Pero luego resulta que sí tenía un final digno pero fue recortado, con un duelo verbal con Finn la mar de efectivo, y bastante breve, así que cabía de sobras. Lo podéis ver aquí. Con menos caballitos tontos hubiera habido tiempo para desarrollar a estos secundarios tan interesantes…
-Se destruye el puente de mando cuando Leia sale despedida, pero luego trabajan desde otro puente perfectamente equipado sin explicar de dónde sale. Se supone que el hangar ha sido destruido, pero Finn y Rose despegan sin problemas con una nave.
-Según un fugaz plano en el epílogo, Rey ha cogido los vetustos libros Jedi, esos que se conservan de puta madre en un entorno de gran humedad. ¿Los toma para estudiar? Me cuesta creer que ella los coja sin preguntar. Además, si el mensaje es olvidar un pasado obtuso y caduco y abrazar los nuevos tiempos, ¿por qué esa escena?
-¿La baliza localizadora de Leia y Rey sólo suena cuando la miras o está todo el día haciendo ruiditos molestos?

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
-> Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

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Fallece Carrie Fisher

Está en todos los medios, y más con su retorno a La guerra de las galaxias tras pasar años en segundo plano en cuanto a visilidad, que no en trabajo: su labor como escritora, guionista, y analista de guiones fue bastante reconocido. En lo personal, Fisher lidió con la adicción a las drogas y un trastorno de bipolaridad durante toda su vida. Un infarto en Nochebuena la dejó en el hospital hasta su fallecimiento el 27 de diciembre.

Aparte del bello homenaje en que se ha convertido, por desgracia, una escena de Rogue One, la actriz deja como legado el próximo Episodio VIII, pues había terminado de rodar sus escenas. Eso sí, tendrán que apañar un final para el personaje de alguna manera.

–>Edito:
Tan sólo un día después del fallecimiento de Carrie nos ha dejado también su madre, Debbie Reynolds. Parece que la pérdida de su hija fue demasiado.

Reynolds es conocida sobre todo por su papel en Cantando bajo la lluvia, aunque su carrera es bastante larga, con apariciones en títulos remarcables como La conquista del Oeste.

Fuentes: El País, TMZ, BBC.

La guerra de las galaxias: Episodio IV – Una nueva esperanza


Star Wars: Episode IV – A New Hope, 1977, EE.UU.
Género: Fantasía, aventuras.
Duración: 121 min. (1977), 125 min. (Edición Especial, 1997).
Director: George Lucas.
Escritor: George Lucas.
Actores: Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Alec Guinness, Peter Cushing, Anthony Daniels, Kenny Baker, Peter Mayhew, David Prowse, James Earl Jones.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La imaginación y tesón de George Lucas por sacar su visión adelante. La maravillosa historia, los míticos personajes, los gloriosos diálogos, la sucesión de escenas que incluso casi cuarenta años después siguen resultando hipnotizantes, los revolucionarios efectos especiales y por supuesto la música de John Williams, probablemente la mejor banda sonora de la historia del cine.
Lo peor: Nada, excepto lo comentado en la introducción sobre las ediciones retocadas.
Mejores momentos: Por supuesto, el prólogo, con la inmensa nave del Imperio dando caza a los rebeldes. Y a partir de ahí, prácticamente todo: Mos Eisley, la estancia en la Estrella de la Muerte, la huida (mención especial para el combate contra varios cazas)…
Los planos: El inicial con el destructor copando toda la pantalla. Luke mirando al horizonte soñando con el futuro. El Halcón Milenario entrando en la Estrella de la Muerte.
El título: Se estrenó como La guerra de las galaxias a secas y sin número de capítulo, pero cuando tuvo éxito y Lucas pudo rodar más entregas se lo cambió.
Errores de traducción: Hay infinidad de fallos garrafales. El remote (la bola de entrenamiento que usa Luke) como los lejanos, con lo que el resto del diálogo se tergiversa de forma delirante; el reverso tenebroso en vez del Lado Oscuro; los parsecs convertidos en parasegundos (y lo primero está mal también, porque es una unidad de distancia); prueba mental en vez de sonda mental (mental probe); las blast doors (puertas blindadas) como puertas romboides (y además en castellano añaden antes un diálogo inexistente en el original: cierren las puertas romboides), los blaster (las pistolas) con una traducción distinta en cada vez; reactores inferiores en vez de motores subluz; y hay algunos diálogos inventados por completo, algo que es más habitual de lo que parece.
Las frases:
1) Que la Fuerza te acompañe.
2) Su carencia de fe resulta molesta -Darth Vader.
3) No se ofusque con este terror tecnológico que ha construido. La posibilidad de destruir un planeta es algo insignificante comparado con el poder de la Fuerza -Darth Vader.
4) ¿Quién está más loco: el loco o el loco que sigue al loco? -Obi-Wan.
5) Ayúdame Obi-Wan Kenobi, eres mi única esperanza -Leia.

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Una nueva esperanza, aunque mucha gente no se da cuenta, es un relato muy clásico, muchísimo, dentro del género de la fantasía. Es el sempiterno cuento del Bien contra el Mal, la odisea del joven, sus amigos, su mentor y el pueblo oprimido contra el gran tirano oscuro. El desarrollo sigue bastante el estilo habitual de estas narraciones, de hecho podríamos compararlo el gran referente, El Señor de los Anillos de Tolkien, y encontraríamos numerosos paralelismos, algunos incluso tomados más allá de la estructura narrativa (como los pasillos redondos del Halcón Milenario, probablemente inspirados en las casas hobbits): Luke/Frodo, Obi-Wan/Gandalf, Han Solo/Aragorn, Darth Vader/Saruman, Emperador/Sauron, Estrella de la Muerte/Mordor, Mos Eisley/Bree, tropas imperiales/orcos, la Fuerza/el Anillo, etc. Pero hay muchas más influencias: la obra de Kurosawa, cómics como Flash Gordon, largometrajes como Metropolis (el diseño de C-3PO), o la propia realidad, pues se basó en la Segunda Guerra Mundial para la forma de rodar las batallas espaciales. Pero no voy a extenderme al respecto, que hay muchos artículo sobre ello, y voy a centrarme en el análisis de la película.

Esa supuesta limitación, ese clasicismo de las bases del relato, no impidió que George Lucas orquestara una obra maestra deslumbrante. No importaba que fuera evidente que Luke partiría a la aventura y se convertiría en héroe, que la princesa sería salvada y los buenos ganarían, cada paso era y es, aun habiendo transcurrido casi cuarenta años desde el estreno, un deleite narrativo y visual. ¿Cómo lo logró? Contando la historia con muchísima pasión e inspiración y creando un envoltorio fascinante, un mundo desbordante de pueblos, gentes y criaturas extraordinarias donde introdujo unos personajes sencillos pero muy atractivos cuyos ingeniosos diálogos y aventuras embelesaron a millones de espectadores. Es decir, que acertó a lo grande con una combinación magistral. Por un lado, se apoyó en anhelos humanos primarios: el adolescente que quiere vivir aventuras, el bribón que cae bien a todos, la chica madura y decidida pero también muy hermosa, y el alzamiento contra el opresor; o sea, una historia humana, directa al corazón. Por el otro, ese universo tan singular y asombroso dejó anonadado y soñando a medio mundo, porque todo parecía nuevo y maravilloso.

El ritmo de la cinta es impecable, mostrando una insólita capacidad para dejarte embobado escena tras escena: pone cada capítulo y revelación en el orden más acertado, manteniendo el interés constante y desglosando las sorpresas poco a poco. Desde el prólogo, con la mítica entrada del inmenso destructor imperial y la aparición de los androides, hasta la antológica batalla final, el desfile de imágenes cautivadoras es casi indescriptible. La presentación de C-3PO y R2-D2 es estupenda y resultan adorables en toda la trilogía, al contrario del desastre en que los convierte en las precuelas: tienen una personalidad clara, y sufrimos y nos divertimos con ellos. Ponte en la época para entender mejor el impacto: dos robots como protagonistas principales durante un buen trecho de la proyección. Su periplo por el desierto y el encuentro con Luke nos va poniendo poco a poco en situación además de irnos sumergiendo en el vistoso universo planteado. Tatooine con sus dos soles, la misteriosa figura de Obi-Wan, el sugerente goteo de información sobre una guerra que asola la galaxia, los sueños de Luke de salir de la miseria y conocer el universo, Mos Eisley y su agresiva mezcolanza étnica, la taberna y la fantástica introducción de Han Solo y Chewbacca…

Luke es un encanto, congenias rápido con sus esperanzas por tener una vida más emocionante. Y su evolución está muy bien trabajada, no se apunta a todo porque sí, algo que detesto en los héroes del cine contemporáneo. Tiene dudas que entendemos bien, toma decisiones imperfectas, y el entorno influye más de lo que puede creer. De hecho el Destino juega a su favor, como es habitual en este tipo de cuento: si no es por la llegada de los androides no habría caído en la órbita de acontecimientos que lo llevarán al lugar que le corresponde. Cuando el Imperio acaba con su familia no tiene ataduras que limiten su potencial, y empieza su camino como Jedi. Obi-Wan aparece poco, pero lo justo para poner en la buena dirección a Luke, y resulta muy intrigante, tanto por su actitud como porque planta más misterios atractivos ante el espectador: los Jedi, su relación con Darth Vader y con el padre de Luke, la vieja guerra… Han Solo atrapa también a la primera, con su porte de bandido carismático y sus diálogos directos con un toque de cinismo. Uno de sus aspectos más vistosos es que resulta un héroe gris, fuera del canon habitual: no duda en disparar a quien va tras él. Por eso se criticó tantísimo a Lucas cuando cambió esa escena: estaba destruyendo la esencia del personaje. Su colega Chewbacca es otro punto genial: no entendemos lo que dice pero se convierte rápidamente en un secundario entrañable.

Una vez en el espacio acabamos en las garras del temible enemigo: la estancia en la Estrella de la Muerte es inquietante y mantiene la tensión a flor de piel al poner un futuro cada vez más oscuro sobre los protagonistas. El enemigo parece demasiado poderoso y terrorífico como para que puedan salir con facilidad de su formidable base, y Lucas explota eso muy bien, haciendo que estén en desamparo constante, improvisando, corriendo, pasándolas putas en cada momento. Además, la descripción de las figuras principales del enemigo es impresionante, hasta el punto de que Darth Vader se convirtió en uno de los iconos más admirados del cine. El diseño del traje, sus estremecedores poderes, las referencias a un pasado misterioso, la voz de James Earl Jones y el buen doblaje de Constantino Romero… Moff Tarkin no se queda atrás, con una personalidad fría y un aspecto amenazador (Peter Cushing no necesitaba elaboradas máscaras para ello), y sirve para mostrar el aspecto más terrenal del Imperio, el ejército tiránico implacable.

La caída de Obi-Wan, la huida por los pelos y la pelea contra los cazas te siguen manteniendo en vilo y funcionan hábilmente para lanzar el tramo final. Por un lado tenemos otro paso en la maduración de Luke: la emancipación, tomar decisiones por sí mismo… aunque como vemos por los consejos de Obi-Wan desde el más allá, su despertar como Jedi continúa (me pregunto si Lucas tenía bien planeado el desarrollo del personaje de cara a los próximos capítulos o las voces de Obi-Wan fueron introducidas en plan deus ex machina). Por el otro, el realizador vuelve a mostrar lo certero que fue su trabajo como guionista y director al saltar al último acto de la narración con inmediatez, sin romper el ritmo ni el aura de “el Imperio se los va a comer a todos”: la fuga es una treta de Vader para encontrar la base rebelde. Así, llegamos a la sobrecogedora batalla final pensando que los malos tienen a los buenos justo donde querían a pesar de todas sus penurias, de forma que, aunque asumes que ganarán los héroes como se espera, estás temiendo todo el rato la derrota inminente. Y ni te cuento lo que tuvo que ser el ver por primera vez la parte final, cuando Darth Vader sale y va cargándose a todos los compañeros de Luke sin mucho esfuerzo. En el epílogo también acierta de lleno tirando por algo básico pero tremendamente efectivo: entrega de medallas con música feliz y heroica, miradas entre los protagonistas congeniando y celebrando, y fin.

Tan sólo ligeros detalles del guion rechinan levemente, y huelga decir que no hay película considerada hito del cine que se libre de tener algún desliz o alguna parte que podría haber sido más lógica de otra manera (y quizá mayor lógica implicaría menor espectacularidad o belleza). Por ejemplo, siempre me ha resultado un poco cogido por los pelos que los Jedis se hayan convertido en leyenda poco verosímil para la gente, a pesar de su presencia y relevancia en las Guerras Clon hace tan solo unos veinte años; y esto es algo que se nota más con la existencia de las precuelas. Pero lo único que sí cojea bastante es que el ataque a la Estrella de la Muerte resulta un tanto forzado. ¿De verdad unos pocos cazas pueden con semejante mastodonte? ¿Y por qué el Imperio envía tan pocas naves a defenderla? Además, el tiempo del combate no se maneja muy bien: en la cuenta atrás, en dos minutos tenemos varias escaramuzas y ataques, en los siguientes tres otro puñado, y así sucesivamente, pero la sensación es que duran muchísimo más. Eso sí, a cambio el tempo narrativo es impecable: qué tensión en toda la larga escena.

En cuanto al reparto, salvo por las estrellas Alec Guinness y Peter Cushing se escogieron actores muy desconocidos, y algunos quedaron escondidos tras aparatosas máscaras y disfraces o incluso con la voz cambiada (James Earl Jones era la voz de Vader, mientras que el cuerpo correspondía a David Prowse). Si bien entre los protagonistas, excepto la sobria interpretación de Guinness, que le da un toque de misterio muy eficaz a Obi-Wan, ninguno ofrece un papel digno de elogio, todos cumplieron correctamente: casi parece que Mark Hamill funciona como Luke por estar tan perdido como él, Carrie Fisher imprime el coraje justo a Leia, y Harrison Ford tenía el desparpajo necesario para hacer verosímil al desvergonzado Han Solo. Pero fue la unión de los tres, mostrando una química muy natural que aprovechaba al máximo los ágiles diálogos, lo que realmente hizo destacable a los protagonistas. Y gracias a ello se supera la conocida ineptitud de Lucas para dirigir a los actores, que se quejaban de no recibir indicaciones claras; por el contrario, en la trilogía de precuelas esta carencia se hizo muy evidente. Curiosamente, sólo Ford supo o quiso aprovechar el éxito del filme para labrarse una vistosa carrera. De hecho no tardó en enlazar con otra saga que le permitiría meterse en la piel de otro personaje antológico: Indiana Jones.

A la hora de dirigir el proyecto Lucas se enfrentó a la misma lucha que han enfrentado todos los visionarios: la incomprensión del mundo y la falta de ayuda y dinero que eso supone. Incluso compañeros y amigos del gremio le expresaron serias dudas. Alec Guinness afirmó mientras rodaban que no entendía nada porque el guion le parecía un sinsentido, Brian de Palma y John Milius echaron pestes del visionado de prueba, siendo Steven Spielberg el único que vio el potencial de la película. Porque Lucas estaba cerca de su sueño, pero si no se hubiera dejado asesorar no habríamos tenido La guerra de las galaxias tal y como la conocemos hoy. Precisamente esto es algo que se le critica en la trilogía de precuelas, donde absorbió todo el trabajo creativo dejando ver sus muchas carencias como narrador. Uno puede ser bueno en varios ramos del arte cinematográfico, pero difícilmente puedan dominarse todos.

Lucas destacó en los principales, como el ideólogo de la historia y el director del proyecto. Supo mantener al equipo cohesionado incluso en el insoportable desierto, y fue capaz de obtener de cada apartado artístico y técnico lo máximo de sí. Con la inestimable ayuda del principal encargado de los efectos especiales, John Dykstra, llevaron más allá de lo imaginable técnicas conocidas (las maquetas y los matte paintings no eran nuevos), les dieron formas únicas, mejoraron, reinventaron y combinaron todo hasta lograr un aspecto visual tan novedoso como arrebatador. Vaya repertorio de alienígenas y naves tan extraños y asombrosos, menudas batallas espaciales sin igual. Cabe destacar que el diseño de las naves fue tan impresionante que los destructores, los cazas y sobre todo el Halcón Milenario forman parte de la cultura popular desde entonces. No en vano, la empresa que fundaron para este trabajo, Industrial Light and Magic (ILM), se convirtió en referente en cuanto a efectos especiales y sigue siéndolo hoy en día aunque cuente con buenos rivales.

Y el estar Lucas por entonces abierto a la experiencia de otros dio sus frutos. Las recomendaciones de Spielberg fueron cruciales, tanto para la entrada de John Williams como para encaminar a repasar prácticamente la narración entera, o sea, que la película final no se pareció en nada a lo que estaba construyendo Lucas, que se había atascado en un montaje farragoso. Los editores Paul Hirsch y Richard Chew y sobre todo su mujer Marcia Lucas cambiaron muchas cosas, como un primer acto que introducía a Luke rompiendo el ritmo saltando a la superficie en plena batalla del prólogo, o el orden de varias secuencias grandes para aclarar la trama, pero también mejoraron la construcción de los clímax de tensión, como la batalla final, donde en principio la Estrella de la Muerte no estaba a punto de acabar con la base rebelde, por lo que no se creaba esa intensa sensación de peligro y apremio que mencioné más atrás. Este fantástico documental amateur analiza este aspecto a fondo.

Pero el último empujón que encumbró a La guerra de las galaxias: Una nueva esperanza, que la convirtió en una obra maestra que enamoró al mundo entero y no tardó mucho en establecerse como un mito, fue el apartado sonoro, con la portentosa y vibrante música de John Williams. El maestro era de sobras conocido, pero elevó su batuta a un nivel inconcebible: prácticamente cada personaje, pasaje y situación tiene un tema musical propio de gran complejidad, y algunos muestran una fuerza y belleza sin parangón. Es evidente que gran parte la magia de la película se debe a sus notas.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
-> Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)