El Criticón

Opinión de cine y música

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Independence Day


Independence Day, 1996, EE.UU.
Género: Acción, catástrofes, ciencia-ficción.
Duración: 145/153 min.
Dirección: Roland Emmerich.
Guion: Dean Devlin, Roland Emmerich.
Actores: Bill Pullman, Jeff Goldblum, Margaret Colin, Will Smith, Judd Hirsch, Robert Loggia, Randy Quaid, Vivica A. Fox, Mary McDonnell, Adam Baldwin, Brent Spiner.
Música: David Arnold.

Valoración:
Lo mejor: El espectáculo quita la respiración. Tiene los pilares de buen cine de catástrofes…
Lo peor: …pero se ve muy limitada por lo que en Hollywood entienden por entretenimiento: nivel intelectual bajo, estereotipos, humor cutre.
Mejores momentos: La entrada de las naves en la atmósfera, la destrucción de las ciudades, el personaje de Will Smith dando la bienvenida a un alien a la Tierra.
La versión: Existe una versión extendida con ocho minutos más, pero no parece cambiar nada relevante.
La frase: Bienvenido a la Tierra. Eso es lo que se llama un contacto.

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Independence Day fue uno de los mayores taquillazos de los noventa y uno de los grandes referentes de la acción descerebrada. De hecho en su año, 1996, fue el estreno más taquillero a pesar de competir con otros títulos de la misma categoría y renombre, Twister y La Roca, aunque también andaba por ahí la más seria Misión imposible. Pero lo suyo en la taquilla fue una goleada de impresión: las citadas hicieron 500 millones de dólares mundiales, asombrosos números para la época, pero esta llegó a 800. Y si seguimos mirando las comparativas de Boxofficemojo.com se puede citar como la segunda más taquillera en el cine de desastres, sólo superada por la inalcanzable Titanic. La posterior Armageddon, la única comparable en nivel de espectacularidad y éxito, tampoco logró alcanzarla. Así pues, sorprende mucho que tardaran tanto en parir una secuela. Hasta hace pocos años no se pusieron en serio, pero no lograron dar el paso final hasta que asumieron que Will Smith pasaba del tema, pues parece que les costó darse cuenta de que aquí la estrella son los aliens y la destrucción. Y sin duda el éxito de Jurassic World forzó las cosas, porque soñarán con que sea un éxito parecido.

Tanto la crítica como la opinión del público está muy polarizada entre los que ven un producto comercial bobo y los que hallan un entretenimiento bastante llamativo, pero es evidente que algo tuvo como para que el boca a boca la catapultara tan lejos y, sobre todo, para que aguantara en la memoria colectiva durante veinte años. Sus puntos fuertes son obviamente el grandilocuente y memorable sentido del espectáculo, pero es imprescindible también el buen tono de las partes con menos movimiento, donde se utiliza con habilidad el factor sorpresa y la intriga. Tenemos dos horas y cuarto (algo más en la extendida) que mantienen el interés muy bien con la combinación de estilos, sensaciones y personajes. El tramo inicial juega con el temor a lo desconocido, mostrando tanto distintos niveles de respuesta del público como del gobierno. Mientras, se van dibujando unos personajes sencillos pero atractivos, aunque alguno ya empieza a parecer pasado de rosca, como el piloto alcohólico o el científico homosexual en plan locaza. Roland Emmerich tarda cincuenta minutos en empezar el ataque, pero hasta entonces ha puesto el nivel expectación bastante alto. ¿Eres capaz de citar una cinta del género actual que tenga un prólogo tan bien trabajado, que no empiece con acción metida con calzador para tratar de llamar la atención del espectador de forma rápida y directa?

Habíamos visto muchas invasiones que vienen a destruir la Tierra por razones más o menos irrelevantes. El gran referente obvio es La guerra de los mundos de H. G. Wells en sus diversas versiones, pero destacaría mejor V, los visitantes, por su complejidad y paralelismos claros (el diseño de las naves, las intenciones de expropiar y esquilmar el planeta por la fuerza). Catástrofes y monstruos destructores hay innumerables, aunque puestos a citar, lo más parecido fue el conato de destrucción del mundo en las visiones de la protagonista de Terminator 2. Pero en realidad ningún antecedente nos preparó para el nivel visual de Independence Day: asombroso hasta dejarte sin aliento. La entrada de las naves en la atmósfera y la aniquilación de las grandes ciudades impresionan incluso hoy en día. El magnífico trabajo con maquetas es una de las mejores muestras de su efectividad y perdurabilidad ante el ordenador, que hasta hace pocos años no alcanzó un realismo casi total (y eso con cantidades ingentes de dinero) pero muchos se empeñaban en abusar de él. Desde su estreno sólo se me ocurren tres del estilo que hayan sido tan efectivas en lo visual, Armageddon, Los Vengadores y Transformers, aunque La guerra de los mundos de Steven Spielberg también tenía unas pocas escenas potentes.

De aquí vamos a lo clásico del cine de catástrofes: distintos grupos o personajes en solitario tratando de sobrevivir y reencontrándose milagrosamente o muriendo en el intento. El ritmo e intensidad no se ven mermados porque los protagonistas logran el justo interés en sus andanzas (atención a la bienvenida que la da Will Smith al alienígena, o cuando sale a recoger el periódico y empieza a notar que pasa algo raro), pero también porque la aventura es bastante completa. Destaca de nuevo la intriga, esta vez por conocer cómo tratará de sobrevivir y contraatacar la humanidad, pero también hay que señalar que Emmerich mete de pasada algunas ideas y mensajes, acertados unos y maniqueos otros, que dan algo de enjundia al relato. Lo mismo le salió sin querer, pero me gusta como muestra a los ignorantes y crédulos muriendo en masa (entre muchos inocentes, eso sí) mientras los que sobreviven son los científicos y quienes se esfuerzan por entender qué está pasando y tratan de hallar respuestas en vez de ponerse a huir sin más o a celebrar como pasmados algo que no entienden (los locos de las azoteas). También ironiza con la idea de que en la adversidad todos somos iguales: la primera dama acaba al lado de la bailarina de striptease, los generales tienen que pedir ayuda a rangos bajos desvergonzados y civiles. Y tampoco se corta a la hora de mostrar la inoperancia del ejército y las cagadas de los asesores del presidente. Pero por desgracia, como digo también se va al extremo de la más pura estulticia…

El tercer acto es el más endeble y donde más se nota el estilo bipolar de la narración, que pretende ser épica y sombría pero a la vez sencilla y divertida, y en vez de encontrar un equilibrio lo va perdiendo, lastrando bastante las pocas virtudes que venía mostrando. La llegada al Área 51 tiene su gracia inicialmente, y apunta a que la solución del conflicto saldrá de ahí, pero nada funciona al mismo nivel de intensidad e inmersión que antes. El receso para el reencuentro de protagonistas rompe bastante el ritmo al no ofrecer nada original. Los tópicos que asomaban por aquí y por allá terminan explotando y dirigen a partir de ahora toda la proyección, y me temo que son tan simplones que provocan vergüenza ajena: los momentos de redención y reunión (padre e hijo aceptándose, las distintas religiones dándose la mano, la boda…), rancios clichés como el científico loco y horteradas como el patriotismo más salido de madre… Este último de hecho es surrealista, con la combinación del borracho y el presidente liderando la gran batalla como héroes militares, uno en plan sacrificio por la patria y el otro como líder utópico según los cánones del país. Así, la batalla final se ahoga entre todas las tonterías y pierde mucha fuerza. Sólo la entrada en la nave nodriza aguanta el tipo gracias al efecto asombro, pero el vuelo repleto de chistes tontos rompe la atmósfera de tensión por completo (aunque el objetivo era probablemente mostrar un ambiente enrarecido, con los personajes en plan “intentemos suavizar la situación para no perder la cabeza”), y la solución del virus que es compatible con los sistemas de hardware y software de una especie alienígena resulta realmente ridícula.

Por suerte el conjunto no se tropieza del todo a pesar de sus muchas meteduras de pata, y tiene la suficiente simpatía y pegada como para ofrecer un visionado muy agradable si te gusta el género. Los protagonistas, aunque algo ramplones, tienen cierto encanto… salvo ese insoportable grupo de la caravana, que eliminado del metraje nadie echaría de menos. Los actores se toman esto bastante en serio, destacando a Bill Pullman y Jeff Goldblum. Como épica de catástrofes, aunque no llegue a exprimir todo el potencial latente, como he indicado mantiene bien el tipo y se apoya en una puesta en escena sobrecogedora. Y este acabado visual aguanta el paso del tiempo sin problema alguno, resultando una superproducción muy entretenida y espectacular incluso a veinte años de su estreno. Pero también es indudable que no llega explotar todo su potencial por culpa de esa obsesión que tienen en la industria de Hollywood con que un entretenimiento destinado al gran público tiene que ser sencillo y graciosete, y ellos entienden esto como simple y con humor barato.

¿Qué problema hay con que sea un poco más seria? Un drama no lacrimógeno entretiene igual y puede emocionar con mayor intensidad que una parida descerebrada; un tono superficial y distendido no tiene por qué ser estúpido. ¿Y es que piensan que la gente no disfrutará un estreno comercial si no está rebosando estereotipos de toda condición? Pero sobre todo, ¿por qué ese rechazo a un humor más ingenioso y elaborado? Hoy en día, a pesar de que la serie Los Vengadores de Marvel es buena muestra de que se puede hacer acción amable y con buenas dosis de humor sin echar a perder las partes más serias y sin asfixiar a los personajes en clichés, seguimos tragando infinidad de producciones que prácticamente parecen clonar a Independence Day y otras obras comerciales. San Andrés sin ir más lejos es una clara representante del bajo nivel que suele darse en la actualidad, y Jurassic World un gran ejemplo de cómo una con cierto potencial se echa a perder por aferrarse a este estilo. Pero es que el propio Emmerich ha apuntado muy bajo en sus siguientes trabajos, a sabiendas de que, después de todo, el público los ve aunque se queje mucho: todo el mundo puso a parir a Godzilla, y con razón, pero hizo mucho dinero, y El día del mañana y 2012 también eran bastante flojas pero igualmente triunfaron en taquilla. Sólo en 10.000 el boca a boca hizo mella en la recaudación, pero es que ahí se pasó de la línea de “película tontorrona” para hacer cine cutre de primer nivel.

Ver también:
Independence Day: Contraataque (2016)

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San Andrés


San Andreas, 2015, EE.UU.
Género: Acción, catástrofes.
Duración: 114 min.
Dirección: Brad Peyton.
Guion: Carlton Cuse, Andre Fabrizio, Jeremy Passmore.
Actores: Dwayne Johnson, Carla Gugino, Alexandra Daddario, Ioan Gruffudd, Archie Panjabi, Paul Giamatti, Hugo Johnstone-Burt, Art Parkinson.
Música: Andrew Lockington.

Valoración:
Lo mejor: Sólida dirección, con buen ritmo a pesar de no tener guion. Los efectos especiales no defraudan.
Lo peor: El guion, un engendro lleno de clichés y tonterías, y lo peor, construido a trozos de otras películas.
Peores momentos: La absurda escena de reanimación. La huida del nuevo novio de mamá.

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Me gusta el cine de acción y efectos especiales. Entiendo que no siempre se busquen películas profundas y artísticas, sino entretenimientos sin más, porque para conseguir una obra maestra del calibre de Mad Max: Fury Road hay que tener talento pero también una iluminación repentina e irrepetible. Pero desde luego no me gusta que se vayan al extremo de parir sin vergüenza películas estúpidas y sin personalidad alguna, porque entonces como es obvio el factor entretenimiento se sustituye por el hastío y el rechazo. Y es que cada vez más la industria de Hollywood se inclina por el refrito de ideas, rebajar el listón intelectual y tratar de aturdir con efectos especiales. Con tanta basura uno mira al pasado, y películas de las que medio nos reíamos por tontorronas, hoy en día se recuerdan mucho mejor: fuera de algún tópico narrativo (normalmente relativo a los personajes, siempre simplificados para no quitar tiempo a la acción), los argumentos eran más originales y atrevidos, y se buscaba sorprender con escenas y efectos novedosos. Independence Day, Twister, Armaggedon (esta con una vena de humor estupenda) y otras cuantas, al ritmo que vamos, van a terminar considerándose clásicos, porque menudo varapalo dan a los principales filmes de los últimos años: 2012, El día del mañana, El núcleo… Y otra cosa es el tono. ¿Por qué nadie se pone a hacer una de catástrofes de corte serio? Ni siquiera las que tiran por el drama realista, como Lo imposible, terminan de despuntar. El nivel de la más grande del género, El coloso en llamas, parece imposible de alcanzar. Y tiene cuarenta años ya…

San Andrés sigue a rajatabla los peores vicios del cine actual. Para empezar, carece totalmente de originalidad. Todo en ella parece sacado de otras películas. Eso sí, seguramente no sea culpa de guionistas y director, sino de los productores, y aquellos sean unos pobres currelas que no se merecen la hostia que dan ganas de soltar. El caso es que toda y cada una de las escenas recuerda descaradamente a alguna obra previa, como si no se diesen cuenta de que así el factor sorpresa desparece y en esa situación lograr tensión e interés por el destino de los protagonistas es verdaderamente complicado. Y claro, le sumamos que obligan también a la citada limitación intelectual, y se termina de rematar la propuesta. La trama se puede aceptar que sea básica, pero sin escenarios y situaciones con un mínimo de enjundia poco impacto puede causar, y para colmo ningún personaje logra despertar suficiente interés como para sufrir por ellos, aunque por suerte no llegan al nivel de repelencia de otras cintas semejantes (Pompeya el mejor ejemplo: daban ganas de matarlos a todos).

Con esa idea de tomar de otros filmes y aferrarse a las bases más simples del género, los clichés se acumulan hasta desbordar. El prólogo que presenta al héroe, el científico que toman por loco pero resulta ser un genio, la familia divorciándose, los chavales de turno (chica guapa, chico medio tontito, niño sabihondo), la catástrofe, la separación, el viaje, las penurias estándares, el romance renaciendo en esos momentos difíciles, el reencuentro, la bandera estadounidense sobre sol naciente, y fin. El resto es rellenado con efectos digitales de impresión, pero claro, con tan poco detrás la cinta a duras penas logra emocionar lo más mínimo. Como mucho se puede decir que el director Brad Peyton (Viaje al centro de la Tierra 2) mantiene un ritmo trepidante que enmascara el vacío del guion, y aunque esto no basta para aprobar semejante producto de usar y tirar, por suerte por ello no resulta un visionado insoportable: entra de un tirón y se va como llegó, sin rozar ni una neurona.

Dos cosas recalcitrantes quería destacar. Uno es el abuso de topicazos del género: la trama del científico no pinta ni aporta nada, está totalmente fuera de la película principal, pero por alguna razón pensaban que era imprescindible cumplir con ella. El segundo es el mensaje pro-familia, tan jodidamente mascado y estúpido que resulta surrealista. El nuevo amante de mamá es presentado como un imbécil, cobarde y sin respeto por la familia, en contraposición con el héroe imposible que representa papá, todo ello para remarcar que el divorcio solo causa desgracias, que debes cumplir con los mandamientos del matrimonio. Porque claro, San Andrés es un título comercial hasta la médula: te vende hasta el modelo de vida prototipo estadounidense. En el plano final con la bandera me sorprende que no obligaran a levantarse con la mano en el pecho y la cabeza alta.

Así pues, San Andrés divierte más por estúpida que por cualquier otra cosa.

PD: En lo de forzar el espectáculo por encima de todo se incluye hasta el casting: curvas y músculos en cantidad. A veces es difícil mirar la acción de fondo con Daddario y Gugino en el plano.

Godzilla


Godzilla, 2013, EE.UU.
Género: Acción, catástrofes.
Duración: 123 min.
Dirección: Gareth Edwards.
Guion: Max Borenstein, Dave Callaham.
Actores: Aaron Taylor-Johnson, Elizabeth Olsen, Bryan Cranston, Ken Watanabe, Sally Hawkins, David Strathairn.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, efectos especiales, banda sonora. En su género y estilo cumple bastante bien, aunque…
Lo peor: … no consigue alejarse del todo de algunos tópicos: la novia pesada, el drama familiar forzado.

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Quienes vamos a ver una película de acción y catástrofes sabemos de sobra que no vamos a encontrar un guion complejo ni profundo, pero se pueden hacer las cosas bien y se pueden hacer mal. Desde la memorable El coloso en llamas pocas del género de catástrofes son rescatables, y como digo muchas veces, el Hollywood actual está dominado por productores que saben que contando con la publicidad adecuada llenarán las salas tirando de cuatro topicazos y unos cuantos efectos especiales. Así salen engendros como Pompeya. Pocos son los casos en que un guion decente sale adelante o un director con talento y talante levanta un producto lo suficientemente sólido como para disimular sus carencias. Godzilla anda por este último camino, y la respuesta del público y la crítica se han hecho notar: se echan tanto de menos obras del género decentillas que la recepción ha sido muy buena aunque no estemos realmente ante una gran película.

El trabajo lo firman dos desconocidos con poca trayectoria y un director que viene del mundo de los efectos especiales y con una sola película en su haber, situación también proclive al fracaso pero que a veces sorprende. Dicho libreto parte de una premisa muy conocida, tanto por ser la enésima reinvención del monstruo como porque aborda la trama desde una línea muy clásica, pero tiene la suficiente entidad como para no caerse a pedazos o ser engullido por los tópicos. Cojea en la parte del drama familiar, pues la novia y el hijo son un pegote que busca la lágrima fácil y resultan muy ajenos al grueso del relato, por no decir que el cliché de que ella sea enfermera es lamentable además de irrelevante, pues no hace absolutamente nada en toda la película. Pero el resto se mantiene dentro de lo correcto (aunque también dentro de lo simple) sin tropiezos notables, salvo que te pongas exigente y critiques los prólogos enlazados que exponen la trama y la situación de los personajes (la muerte de la madre como tragedia inicial es bastante predecible, por ejemplo). Las investigaciones, hallazgos y explicaciones sobre los monstruos están bien dosificadas y dan un rumbo claro a la trama, con lo que cada segmento de la película tiene un objetivo bastante tangible y su consecución mantiene el interés correctamente. Y finalmente los personajes son sencillos pero sus aventuras resultan bastante diversas y sin bajones dignos de citar. Cito la reciente Pacific Rim como ejemplo de un universo mal explicado, una trama ahogada en clichés y con personajes huecos.

El realizador Gareth Edwards monta un espectáculo colosal sin perderse en los efectos especiales, algo que destaca aún más porque en ese ramo se educó como cineasta. Su primer largometraje, Monsters, no daba la talla porque su propio guion era de risa, pero en lo visual mostraba cierto talento. Aun sí, no lo veía con las cualidades y necesarias para su reciente elección como director de una de las nuevas entregas de La guerra de las galaxias, una saga de la que se espera una puesta en escena sobria y a la vez llena de efectos. Pero está claro que se le ha elegido porque Godzilla muestra un talento nato como realizador y porque no se amilana ante una superproducción.

Visualmente el filme es una gozada. Sin cámara en mano, sin pantallas de fondo cantosas e incluso sin fantasmadas en un argumento donde hay monstruos gigantes imposibles, Edwards combina a la perfección los planos amplísimos de ciudades y monstruos con la acción a ras de tierra de los personajes humanos, acabado que se remata con unos efectos especiales impecables y una colosal banda sonora de Alexandre Desplat, quien entra a lo grande en el mundo de la acción desmesurada y da toda una lección a la industria Zimmer. Las imágenes de ciudades destruidas son impresionantes. Algunos planos como el salto en paracaídas quitan la respiración.

Como espectáculo del que disfrutar en una sala de cine Godzilla deja buenas sensaciones. Obviamente se puede hablar de cobardía porque los productores no se atrevieran a tirar por un camino más original, pero como digo el panorama en Hollywood es el que es y lo cierto es que tampoco hay muchas formas de abordar un relato de titanes hostiándose. Cumple sin problemas como película palomitera veraniega, que ya es un logro en estos tiempos. Y huelga decir que deja en ridículo a la versión de Roland Emmerich, pero tampoco era difícil, es una de las peores superproducciones de la historia.

Ver también:
-> Godzilla (2013)
Kong: La Isla Calavera (2017)