El Criticón

Opinión de cine y música

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Thor: Ragnarok


Thor: Ragnarok, 2017, EE.UU.
Género: Superhéroes, acción.
Duración: 130 min.
Dirección: Taika Waititi.
Guion: Eric Pearson, Craig Kyle, Christopher Yost; Jack Kirby, Larry Lieber, Stan Lee (cómic).
Actores: Chris Hemsworth, Tom Hiddleston, Mark Ruffalo, Idris Elba, Tessa Thompson, Jeff Goldblum, Cate Blanchett, Karl Urban, Anthony Hopkins, Benedict Cumberbatch, Rachel House.
Música: Mark Mothersbaugh.

Valoración:
Lo mejor: El ingenioso guion (fantástico el tono tragicómico), la excelente puesta en escena (dirección, efectos especiales, vestuario, música), el carisma de los actores.
Lo peor: Que por tener mucho humor algunos la tilden de “comedia tonta”, ignorando o siendo incapaces de ver su inteligencia y mala leche.

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Alerta de spoilers: Sólo describo algunas cosas generales de la trama, pero si quieres verla sin saber nada (ni lo que revelaban en los tráileres, que para mí es más de la cuenta) quizá sea mejor no leerme.–

Es complicado enfrentarse a un obra de superhéroes sin que la fantasía y los efectos especiales engullan la humanidad del personaje y la verosimilitud de la historia. Aunque la serie Marvel de Disney empezó con buen pie con Iron Man, el traspiés de El increíble Hulk (ya olvidada convenientemente por todos) volvió a sembrar dudas: ¿y si a pesar del potencial se sigue poniendo más empeño en los fuegos artificiales que en trabajarse adecuadamente los guiones y los protagonistas? Por ello el primer capítulo de Thor se esperaba con inquietud entre los seguidores, más teniendo en cuenta su temática de dioses, planetas y ciudades muy imaginativos. Pero acertaron bastante con su tono ligero, huyendo de pretenciosas intrigas de la corte y descomunales guerras entre dioses que tenían todas las de salirse de madre para centrarse en una aventura más terrenal, más humana: un par de jóvenes inmaduros (Thor y Loki) embarcados en una aventura de crecimiento y aceptación de la responsabilidad no por predecible menos entretenida. La segunda parte siguió por el mismo camino, y aunque se frivolizó más de la cuenta con algunos personajes secundarios, volvió a salir bastante bien la jugada.

Para la tercera entrega han decidido no arriesgarse y seguir por la misma tónica. El resultado supera las expectativas, mostrando la madurez de la serie y la capacidad de sus autores para seguir arañando historias de cómics sin caer en la vergüenza ajena ni estancarse en estereotipos. Pero, para mi sorpresa, hay un buen número de fanáticos que se lamentan de que no haya habido un giro hacia una épica más trágica y oscura. Argumentan que la saga de Los Vengadores está en pleno punto álgido tras vivir la guerra civil y estar a punto de lanzarse hacia el conflicto galáctico con Thanos, y sobre todo que este capítulo versa sobre el Ragnarok, la profecía del fin de Asgard. Aunque se pueda divagar y teorizar sobre alternativas, al final hay que ser objetivos y calificar la película por lo que ofrece, no por lo que se quisiera que fuera. Además, si la línea de este superhéroe funcionaba bien así, ¿para qué cambiar? En la saga DC (El hombre de acero, Batman vs. Superman, Wonder Woman, Escuadrón suicida y La liga de la justicia) van de oscuros y serios y precisamente caen una y otra vez en el desastre que con habilidad evitan en Thor: forzar un aura seria que resulta muy impostada y fría, y aferrarse a los clichés del héroe correspondiente y el género sin ser capaces tan siquiera de dejar que los personajes respiren, cobren vida propia.

Para retratar con un realismo dramático profundo la vida en el planeta Sakaar habría que inclinarse por la ciencia-ficción intelectual y compleja a lo Blade Runner 2049, lo que sin duda implicaría un tono serio y reflexivo que no pega en esta serie. La odisea de Thor en modo de dramón intenso tampoco encaja, lo mire por donde lo mire; es de tipo mitológico, ha de tener un estilo aventurero, el crecimiento y las moralejas tienen que emerger de algo más emocionante que siniestro. Y desde luego no veo forma de abordar la lucha de titanes como Thor, Loki y Hela con un estilo grave y trascendental sin provocar risa involuntaria, como ocurrió con la esperada batalla de Batman vs. Superman o el lastimero desenlace de Wonder Woman; por lo pronto, para hacer tangible y verosímil a Hela requería un desarrollo como el de Loki, con mucho protagonismo e incluso varias películas a cuestas, y no había necesidad, es únicamente el objeto de la trama, el macguffin que hace mover a los demás personajes, así que la confrontación ha de limitarse a acción comiquera, cualquier otra cosa es desviarse y perder el tiempo.

Precisamente resulta que lo mejor de Thor: Ragnarok es su desatado sentido del humor, que algunos no han sido capaces de entender del todo (o nada). No son chistes tontos, ni una forma facilona de complacer al espectador, y eso a pesar de que como es obvio la película tiene que ser entretenida y gustar a todos. Estos chistes son la esencia misma del relato. Cuando Thor cree haber madurado se encuentra con una situación que le viene muy grande, nada más y nada menos que la realización inminente de la profecía que señala la destrucción de su mundo natal. Y por si fuera poco ha de plantar cara con menos armas que nunca: exiliado, vencido, sin amigos ni aliados. Todo su desconcierto, sus miedos, sus problemas y los esfuerzos fallidos se plasman con un sentido del humor inteligente y gamberro como pocas veces se ha visto en una comedia del Hollywood contemporáneo. Cada gracia, por absurda que parezca, lleva detrás el peso de toda esa situación, con lo que posee varias capas de ironía y drama, de forma que te ríes de muchas formas: por lo delirante de la situación, por los desgraciados que viven en ella, por el viaje caótico y desesperanzado de Thor… Y a la vez compartes el dolor del protagonista y eres consciente de la toda la miseria y penurias que lo rodean. ¿Qué necesidad había de regodearse en un forzado drama personal, sabiendo desde el principio que Thor saldría airoso? Mucho mejor es que nos lleven a una montaña rusa de emociones con una tragicomedia ingeniosa, que ofrezcan una perspectiva mordaz, original, impredecible.

La cinta resultante es espectacular, una locura que sólo flojea en unos pocos detalles, ninguno especialmente grave. El principal lastre es el rol de Karl Urban, Skurge, inerte y aburrido a pesar de tanta presencia; para ello que le hubieran dado más protagonismo a los colegas de Thor, que son despachados repentinamente de mala manera después de haber tenido muy poca presencia en las entregas previas. También es evidente que la proyección pierde fuelle e ingenio en el desenlace, donde no logran aportar situaciones y chistes que aderecen típica batalla final; por ejemplo, estaba claro que Banner se estamparía contra el suelo. Además, el salto de Sakaar a Asgard es un tanto brusco.

El ritmo es impecable, la combinación de acción, humor y desarrollo de personajes casi alcanza el nivel extraordinario de Guardianes de la galaxia 1 y 2. No había visto ni un tráiler, ni una fotografía y reportaje (como es habitual, más reveladores de la cuenta), y me ha sorprendido en numerosas ocasiones. No concebía que el glamuroso Thor acabase en un planeta vertedero, y aunque intuyera que cumpliría con su destino casi toda su aventura mantiene bien la incertidumbre hasta el tramo final. Y por si fuera poco, este desconcierto se exprime a lo grande con ese punto delirante y estresante que emerge tan bien del sentido del humor. En cuanto a los protagonistas, ya teníamos asegurado el carisma de los principales (Thor –Chris Hemsworth-, Loki –Tom Hiddleston-, Heimdall –Idris Elba-), a los que sumamos la inesperada presencia de Hulk/Banner (Mark Ruffalo), que se gana su hueco a pesar de ser una epopeya centrada en Thor y su pueblo. Y los secundarios, exceptuando ese pegote fallido de Skurge, dejan muy buenas impresiones también. Valkyrie por definición tiene un recorrido predecible, pero se trabaja bien y la actriz Tessa Thompson es competente, así que se conecta con ella bastante bien. El Gran Maestro resulta inquietante y gracioso a la vez, algo difícil de lograr tanto desde el guion como en la interpretación, y no fallan en ninguna de las dos; Jeff Goldblum de hecho está fantástico. Y como indicaba, Hela funciona bien como villana sin más objetivo que ser la catalizadora de la historia de los protagonistas, amén de que Cate Blanchett como siempre está estupenda. Aparte queda el Doctor Strange (Benedict Cumberbatch), cuya presencia no se entiende muy bien, aunque su escena es simpática.

La puesta en escena es impecable, la labor del desconocido (pero no novato) Taika Waititi es muy sólida, y se apoya muy bien (sin dejarse eclipsar) en una dirección artística, decorados, vestuario y efectos especiales inconmensurables. Aunque ya difícilmente puedan sorprender en lo visual, desde luego hay muchos ejemplos en recientes superproducciones de que se puede hacer mal: la cutrez incomprensible de la saga DC o La gran muralla son los mejores ejemplos. Donde sí hay cierto riesgo es en la banda sonora: el también desconocido compositor Mark Mothersbaugh consigue una música electrónica ochentera vibrante a la vez que juega con el homenaje a la época muy bien. Es cierto que con Guardianes de la galaxia (y con Stranger Things si nos vamos a la televisión) la valía de lo retro ha quedado bien probada, pero bien podía haber salido mal. De hecho, la inclusión en repetidas ocasiones de un tema de Led Zeppelin, rock duro de los años setenta, desentona bastante.

Thor: Ragnarok ambiciona y ofrece prácticamente lo que exige el género, el argumento, los personajes y la trayectoria de la serie (¿cómo no iba a acercarse a Guardianes de la galaxia si se están uniendo las tramas?). Esto no es El Caballero Oscuro, ni Logan. Es Los Vengadores. Quien quiera ver otra película que se la busque, pero que no se ponga a llorar diciendo que la presente es mala porque no es lo que quería. Con ese llanto infantil muchos son incapaces de ver que Thor: Ragnarok es mucho más inteligente de lo que parece a simple vista, que su calidad y personalidad elevan el listón más allá de lo esperado. Espero que con el tiempo lo vean. Estoy convencido de que ganará reconocimiento con los años.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
-> Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

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Monuments Men


The Monuments Men, 2014, EE.UU.
Género: Bélico, aventuras.
Duración: 118 min.
Dirección: George Clooney
Guion: George Clooney, Grant Heslov. Novela de Robert M. Edsel y Bret Witter.
Actores: George Clooney, Matt Damon, Cate Blanchett, Bill Murray, John Goodman, Jean Dujardin, Hugh Boneville, Bob Balaban.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto, fotografía y ambientación.
Lo peor: Hecha a trozos sin conexión entre sí, es un galimatías y un rollazo.
El título: Estamos ante una de esos extraños casos en que para la versión española simplemente le quitan el “The” al título, como The Matrix, The Terminator o The Abyss. Y si en esos casos no tenía sentido, en este menos todavía.

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Qué pena que un argumento tan potente, que una perspectiva alternativa tan original y atractiva de la Segunda Guerra Mundial, que un tipo de filme con base para ofrecer una aventura como las de antaño (con la referencia de Los violentos de Kelly a la cabeza) se quedara en tan poca cosa, prácticamente en nada. George Clooney y Grant Heslov (su colaborador habitual) no han sabido adaptar bien la novela en que se basan, confeccionando un guion superficial, desestructurado y disperso incapaz de dotar de vida a los protagonistas y de dar ritmo y objetivo a una trama compuesta de capítulos anecdóticos casi sin conexión entre ellos. Son errores que se veían en otros de sus títulos en común, las sobrevaloradas Buenas noches, y buena suerte (tediosa y caótica como la aquí comentada) o Los idus de marzo (telefilme sin garra), pero aquí se ven maximizados porque la sensación de potencial desaprovechado es enorme.

A primera vista la labor de dirección de Clooney es correcta en la composición de escenas sueltas, pero sin una trama con proyección trabajada y creciente es difícil saber si la poca intensidad de la narración es fruto del guion o de falta de visión en conjunto como director. Todas las escenas tienen el mismo tempo, no hay tensión o intriga en aumento ni la elaboración de algún clímax en momentos clave. Como resultado la película es un inestable conglomerado de escenas sueltas cuyo hilo conductor (buscar y recuperar las obras de arte robadas por los nazis) no basta como nexo en común, como centro de gravedad sobre el que hacer girar los acontecimientos de manera que haya una progresión narrativa en la que sumergirse con interés y emoción.

Con los protagonistas ocurre lo mismo. Los personajes aparecen en pantalla sin más, no se expone bien quién es quién a pesar de que se nos presentan de uno en uno. De ahí nos vamos al frente, donde todo el rato están nombrando ciudades pero finalmente no tenemos ni idea de dónde estamos y cuál es la misión actual. Cuando se separan en grupos todo se viene abajo definitivamente, saltamos entre ellos sin que haya motivos claros solo para soportar anécdotas triviales y aburridas que no aportan nada al argumento: ahora fumamos, ahora un chiste, ahora echamos de menos el hogar aunque realmente no da esa sensación, ahora la escena de francotirador de turno, ahora la de “he pisado una mina”… Los intentos de humor que deberían mostrar camaradería son un desastre, pues las escenas se fuerzan demasiado para meter la gracia. La muerte de algún protagonista no impacta lo más mínimo. Los discursos narrados que aparecen de vez en cuando cansan y son otra muestra de que no sabían cómo enlazar las historias entre sí. La única línea con algo de continuidad es la relación entre Matt Damon y Cate Blanchett, pero es muy simple y no impresiona lo más mínimo.

En estas condiciones es difícil interesarse por el porvenir de los protagonistas y el desarrollo de sus aventuras. No hay sensación de esfuerzo, de trabajo, de peligro, de que se muevan realmente hacia algo, solamente saltamos entre un caso y otro. Y ninguna de estas aventuras tiene fuerza suficiente por sí sola para dejar huella, salvo los hallazgos finales, y por la importancia de estos, no porque la película impacte: el nivel de hijoputismo de los nazis fue tan grande que resulta difícil de creer todo lo que estaban haciendo.

La ambientación está bien lograda, hay buenos paisajes y escenarios pequeños pero efectivos de la guerra. Pero eso no es nada que no se consiga con dinero. El reparto es lo único llamativo, pero solo destacan por carisma, porque con los diálogos acartonados y el escaso calado emocional de los personajes ninguno puede conseguir una buena interpretación. También destaca para mal el habitual tono patriotero paternalista que se traen los estadounidenses. Ellos salvan el mundo, la cultura y la forma de vida occidental, que además es la única que vale. Hasta la música realza ese patriotismo de forma demasiado evidente y cargante, decepcionándome Alexander Desplat por primera vez.

Monuments Men es un asombroso desastre narrativo que además muestra que la carrera de George Clooney como realizador va hacia abajo en vez de hacia arriba: le falta bastante para entender los conceptos más básicos del lenguaje cinematográfico.

Elizabeth: La Edad de Oro


Elizabeth: The Golden Age, 2007, EE.UU. Reino Unido, Francia, Alemania.
Género: Drama, histórico.
Duración: 114 min.
Dirección: Shekhar Kapur.
Guion: Michael Hirst, William Nicholson.
Actores: Cate Blanchett, Clive Owen, Geoffrey Rush, Jordi Mollà, Samantha Morton, Abbie Cornish, Eddie Redmayne.
Música: Craig Armstrong.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras en la ambientación, un tramo final bastante espectacular. Cate Blanchett de nuevo dando un recital inolvidable.
Lo peor: Le cuesta bastante arrancar, no parece tener un argumento bien definido.
Mejores momentos: La correcta recreación de la batalla naval.

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Si bien el tener el doble de presupuesto que Elizabeth (unos cincuenta millones) le permite una mejor recreación de la época y mostrar eventos más llamativos (la famosa batalla contra la armada española), lo cierto es que ni desde el guion ni desde la puesta en escena Michael Hirst y Shekhar Kapur corren riesgo alguno. El esquema narrativo de hecho se asemeja demasiado, habiendo cambiado muy poca cosa aparte de nombres de personajes, así que acabamos teniendo la misma historia de la monarca enfrentada a enemigos lejanos y ausentes gran parte del relato, conflicto que Hirst no es capaz de materializar con la fuerza necesaria. Felipe II sustituye a Norfolk, pero a pesar del poder de su armada como personaje dice más bien poco. La pretendiente al trono María Stuart tiene la misma escasa presencia que Marie de Guise. Encontramos también la misma dinámica en la corte: los intentos de matrimonios con pretendientes que aportan algo de humor, el amigo fiel con quien parece que va a mantener una relación amorosa y los consejeros principales poco interesantes.

Como en el capítulo previo, unos personajes son aceptables y otros quedan bastante desdibujados y desaprovechados. Jordi Mollá como Felipe está rarísimo, habla como un telegrama, como si tuviera algún problema mental, dando la sensación de que el personaje se caricaturiza. No llega al destroce que hicieron con María Tudor, eso sí. María Stuart deja mejor impresión por el entusiasta papel de Samantha Morton, porque también es una amenaza demasiado lejana como para causar desazón por el porvenir de la protagonista. Clive Owen como Walter Raleigh, el pirata del que Elizabeth se encapricha, resulta mucho más interesante como amigo y casi amante que el soso de Joseph Fiennes. El asesino interpretado por Eddie Redmayne causa tan poca impresión como el de Daniel Craig. Francis Walsingham (Geoffrey Rush) está bastante desaparecido y del resto de consejeros no recuerdo a ninguno a los pocos días de terminar el visionado. No se expone mal la madurez de Elizabeth, aunque tampoco brilla de manera destacable y de nuevo es Cate Blanchett quien realza el personaje, mostrando magistralmente todo el tormento interno que vive ante la amenaza de la guerra y durante los líos de romances y amistades malogrados.

La intriga, tanto los intentos de derrocarla asesinándola como mediante la guerra, navega a medio gas sin mostrar muchas veces un rumbo claro, con lo que el relato resulta poco intenso, se resiente en varias partes y no da la sensación de sepa muy bien hacia dónde se dirige. Aun así, no decae como para hablar de un mal relato, y por suerte una parte clave de la historia luce medianamente bien: la batalla naval no es grande o extraordinaria, pero sí bastante espectacular. Por ese tramo final más ambicioso deja mejor recuerdo que su predecesora, pero echando la vista atrás tampoco se ve ninguna trama realmente llamativa y los personajes no dan mucho de sí a pesar del potencial. La crítica en cambio fue más tibia, y el resultado en taquilla también empeoró a pesar de que aprovechando el tirón de la primera se estrenó en tres veces más cines.

Elizabeth


Elizabeth, 1998, EE.UU., Reino Unido.
Género: Drama, histórico.
Duración: 124 min.
Dirección: Shekhar Kapur.
Guion: Michael Hirst.
Actores: Cate Blanchett, Geoffrey Rush, Christopher Eccleston, Joseph Fiennes, Richard Attenborough, Fanny Ardant, Vincent Cassel, Kathy Burke.
Música: David Hirschfelder.

Valoración:
Lo mejor: Cate Blanchett dándose a conocer a lo grande.
Lo peor: Poco ritmo y savia. Personajes poco llamativos.
Mejores momentos: Su salida triunfal del Parlamento. La llegada del duque de Anjou.

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Antes de su mejor obra, la magnífica serie Los Tudor, el guionista Michael Hirst se dio a conocer y mostró su pasión por la historia, sobre todo la inglesa, con Elizabeth, una película menor (el presupuesto fue de unos escasos veinte millones de dólares) que sin embargo tuvo gran recepción en crítica y taquilla, sin duda empujada por la presencia arrolladora de una por entonces desconocida Cate Blanchett, porque la película en sí no es muy llamativa. La idea de Hirst era hacer una trilogía mostrando el largo e importante reinado de Elizabeth I (o Isabel), la más célebre e influyente de los monarcas ingleses. La última entrega estaría finalmente confirmada a la hora de publicar este artículo, después de dudar si se haría porque la segunda parte no repitió el éxito de la primera.

La intensidad y alcance de la narración es escasa a pesar de centrarse en figuras y eventos de gran importancia. El primer problema que salta a la vista es que los personajes son algo irregulares. María Tudor (Kathy Burke) es mostrada de forma tan caricaturesca que provoca vergüenza ajena, y seguro que a más de uno lo predispone en contra del resto de la película. Norfolk (Christopher Eccleston) se supone el gran enemigo de Elizabeth y está desaparecido la mayor parte del metraje, con el resultado de que no parece una amenaza real. El papado sale de refilón, con lo que tampoco es un enemigo tangible, y el asesino enviado (Daniel Craig) tampoco tiene la presencia necesaria para causar temor. James Frain encarna un personaje que ya ni recuerdo qué hacía, y si menciono su presencia es porque luego estaría en Los Tudor en un papel memorable: Thomas Cromwell. El amigo fiel de Elizabeth, Robert Dudley, no está mal (el amago de romance es interesante), pero Joseph Fiennes es un actor muy limitado y termina de conseguir que sea un rol bastante sosete. Richard Attenborough como el consejero anciano y sabio tampoco llama mucho la atención porque no se aparta de esa posición tan tópica. Marie de Guise (Fanny Ardant) es otro enemigo demasiado lejano y ausente como para generar intriga. El protector Francis Walsingham (Geofry Rush) es el más atractivo, pero aparte de cargarse a Marie también da la sensación de que en gran parte del metraje está muy desaprovechado.

En cuanto a la figura central, tampoco es perfecta. Tardan mucho en mostrarse las motivaciones y tribulaciones de Elizabeth. Hasta que no empieza a oponerse a la guerra no hace nada, solo está ahí mientras pasan unas pocas cosas. No queda claro si quiere ser reina o no, si pretende luchar por una causa u otra, qué piensa sobre la actitud de María… A la larga alguna buena escena muestra su crecimiento y maduración, pero esta sale de la nada, no se ve un proceso de cambio tangible. La parte en que planta cara al Parlamento es excelente, por ejemplo. Los líos matrimoniales se tratan mejor que la parte política, con la relación con Robert y larga parte dedicada al francés Duque de Anjou (Vincent Cassel), que además es divertidísima. Pero si el personaje termina llegando con gran fuerza es por la colosal interpretación de Cate Blanchett, de hecho, da la sensación de que si vemos una transición es porque ella lo refleja mejor que el guion, mostrándola magistralmente: tímida al principio, llena de dudas y temores en el tramo central y endureciéndose hacia el final. El papelón que nos regala además de virtuoso derrocha carisma de forma espectacular, logrando destacar en la temporada de premios a lo grande.

La trama política está a la par que los protagonistas: a medio gas, sin una definición y un rumbo claro y consistente. Por ello el ritmo se resiente, como si la película amagara con empezar una y otra vez sin llegar a hacerlo. El relato acaba con la ejecución de los oponentes, pero no se narra con la energía necesaria para dar la sensación de que Elizabeth ha ganado su trono con esfuerzo y tesón. Además, supongo que para intentar sintetizarlo todo en unos minutos, Hirst se aparta bastante de la historia con el final de varios personajes.

La dirección es correcta sin más, aunque a veces Shekhar Kapur abusa del traveling alrededor del personaje que habla, como si quisiera con ello dar ritmo, pero resulta un tanto artificial. Los escenarios están algo limitados (se nota sobre todo comparando con la segunda parte, que contó con mayor presupuesto) de forma que parece más la Alta Edad Media que el principio del Renacimiento, pero el vestuario es excelente. La música destaca por el ostentoso y magnífico tema principal, y luego se mantiene muy bien en segundo plano en un tono más comedido.

Está claro que la película es Cate Blanchett, y por ella llegó mucho más lejos de lo que su categoría de telefilme le hubiera permitido llegar. Agarró varias nominaciones importantes (¡siete a los Oscar!, solo merecida la de vestuario) y tuvo una taquilla decente (algo más de ochenta millones), pero lo que más sorprende es que las críticas fueron bastante entusiastas para lo poco que ofrece. Se deja ver si te gusta el género histórico, pero con el aviso de que no tiene acción ninguna, los personajes son poco llamativos y la trama carece de pegada.

Blue Jasmine


Blue Jasmine, 2013, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 98 min.
Dirección: Woody Allen.
Guion: Woody Allen.
Actores: Cate Blanchett, Alec Baldwin, Sally Hawkins, Bobby Cannavale, Peter Sarsgaard, Louis C.K., Michael Stuhlbarg.

Valoración:
Lo mejor: El guion (descripción de personajes, diálogos, situaciones). La interpretación de Cate Blanchett, inconmensurable.
Lo peor: Nada.

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Menudo viaje el de Jasmine. De pija millonaria viviendo a lo grande, con responsabilidades tan estresantes como gestionar galas benéficas, a mendiga de su hermana, una mujer de clase media. En esa situación debería buscarse su propio camino, estudiando y trabajando como cualquiera, pero pronto verá que eso no está hecho para ella, y sufre día a día lo que ella llama injusticias.

El retrato de clases que compone Woody Allen es acertadamente exagerado y oscila muy bien entre la parodia casi cruel y cierto encanto melancólico, pues aunque te descojones de sus calamidades también se siente pena por las miserias de las protagonistas, por su incapacidad para salir adelante. Así, la comedia se mezcla con el drama, y debido a la ironía es difícil saber dónde acaba un género y empieza otro. A veces parece que Allen se ríe de Jasmine, de su forma de ser y sus desgracias, otras que busca la comprensión del espectador hacia sus problemas. Esa ambigüedad podría ser un punto en contra, por indefinición e irregularidad narrativa, pero Allen es tan hábil que lo convierte en uno a favor, pues le da un tono de realismo que, aun rondando el sarcasmo, muestra muy bien las limitaciones absurdas que es capaz de auto imponerse el ser humano. Por ello Blue Jasmine termina siendo una cinta con moralejas y enseñanzas varias no por evidentes menos eficaces. Aceptarnos como somos, no dejarse vencer por los baches de la vida, luchar por salir adelante, no criticar a los demás por no pensar como nosotros y un largo etcétera.

Jasmine representa al pijerío más repelente, las derrochadoras y creídas que no han dado un palo al agua, que se han acoplado a un marido con pasta o han nacido en una familia forrada. Ajena al mundo real, sus mayores ambiciones del día son ir a yoga y comprarse alguna joya o ropa inútil cuya marca sea lo suficientemente cara como para afianzar su posición superior entre los seres humanos; porque queda claro que para ella (y para mucha gente de esta ralea en general) el dinero y la posición social son sinónimos de grandeza, de mayor cultura e inteligencia. Así, cuando cae de golpe a la miseria porque se descubren los chanchullos de su marido, sigue siendo una esnob, sibarita y creída repelente. Es divertidísimo ver como, estando a punto de pasar hambre y pese a ser salvada por su hermana, resulta incapaz de enfrentar la realidad, de cambiar de mentalidad: rebajarse a la forma de vida de la clase media-baja es intolerable para ella, y la lluvia de mierda (quejas, puñaladas, rechazo y prejuicios) que suelta sobre todos los “seres inferiores” que la rodean es demencial. Momentos sublimes como cuando conoce al novio de la hermana y este se trae un amigo son el máximo exponente de su cabezonería. Los intentos por realizarse, por encontrarse a sí misma, sea estudiando o aceptando un trabajo miserable (es decir, normal), no parecen hacer mella en su obstinación: ha nacido para ser millonaria y punto.

Como Jasmine es una bomba de personaje, resultaba jugosísimo para cualquier actriz con talento. La elegida es Cate Blanchett, y no es que clave el papel, es que lo hace suyo completamente, regalando una de esas interpretaciones que se recordarán (o deberían recordarse) eternamente. Los cambios de humor, las crisis, la constante frustración, las fugaces esperanzas… en todo momento la australiana está más allá de la perfección.

Aunque la película prácticamente sea la odisea de Jasmine, su hermana Ginger juega un papel crucial, no solo como sustento para el personaje, sino para la construcción de la ingeniosa crítica y parodia social. Las conversaciones, las peleas, la señalización constante de los puntos que no tienen en común y de sus debilidades… Resulta una réplica y contraste excelente en todo momento, una mujer de la clase obrera que acepta todo como viene y no se plantea mejoras, casi ni esperanzas, pero que trabaja duro por sobrevivir en el presente, sin mirar atrás ni amilanarse por los errores que pudiera haber cometido. Y aunque Cate Blanchett es un monstruo de actriz, Sally Hawkins mantiene el envite con una interpretación muy intensa.

Prácticamente no hay más personajes complejos o de peso, porque las parejas de las hermanas quedan en un plano inferior, casi como simples elementos usados para introducirnos en sus psiques y vidas. Pero a pesar de la descripción somera de esos hombres, aguantan aceptablemente bien el tipo. El esposo de Jasmine, Hal (un resuelto Alec Baldwin), es un charlatán y embaucador típico pero efectivo en su propósito, y el novio de Ginger, Chili, es un bruto simplón quizá muy predecible pero gracias a la buena labor de Bobby Cannavale resulta convincente.

La aventura de Jasmine deja un reguero de chistes que provocan mitad vergüenza ajena, mitad carcajadas sonoras. La infinidad de encontronazos y penurias que enfrenta, la mayoría fruto de su distanciamiento de la realidad, derrochan ingenio y humor mordaz. La narración no lineal juega con la comparación entre las dos etapas de su vida bastante bien, y los enlaces a través de sus crisis psicológicas, pues mezcla situaciones como si no supiera dónde está, ensalzan muy bien su incapacidad para aceptar la nueva etapa de su vida. Los diálogos son clásicos de Allen, largos y veloces, divertidos a la vez que profundos, pues están perfectamente adaptados a la forma de ser de cada personaje.

Blue Jasmine es una de las mejores comedias inteligentes de los últimos años, aunque también equivale a decir una de las pocas que hemos visto. Igualmente se cita como la recuperación de Woody Allen tras un tiempo un poco perdido en títulos que no lograban ser del todo redondos.

El retorno del rey


The Return of the King, 2003, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 251 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler, John Noble.
Música: Howard Shore

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, música, reparto.
Lo peor: Guion (personajes, incoherencias, equilibrio narrativo), dirección (tosca, irregular).
Mejores momentos: Sam y Frodo en las faldas del Monte del Destino, tanto en el ascenso como en el descenso.
Peores momentos: Toda aparición de Aragorn. La lluvia de calaveras. Los muertos verdes fluorescentes. La muerte de Denethor. Las almenaras. Legolas y el olifante.
El plano: Frodo y Sam en las faldas del Monte del Destino rodeados de lava.
La frase a destacar: No puedo llevarlo por usted, pero puedo llevarlo a usted junto con él -Sam.
La frase a repudiar: ¡Ese cuenta como uno! -Gimli.

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Más que en Las dos torres resulta evidente que Peter Jackson trabajó casi sin guion, siguiendo el libro sobre la marcha mientras rodaba reescribiendo escenas a diario y cambiando de idea sobre tramas y otros aspectos con la cinta a medio terminar (todo esto se puede ver claramente en los extras, por si alguno no lo nota en la propia trilogía). En una película tan compleja, esto es sencillamente impensable, insostenible, incomprensible. Así pues, la trama carece totalmente de rumbo y consistencia, se apelotonan escenas unas detrás de otras sin coherencia ni equilibrio y se dilata el avance de la narración de forma fatídica, haciendo que el ritmo, a pesar de haber mucha acción y unos cuantos momentos impresionantes, sea tan tosco que el abultadísimo metraje se hace eterno e insoportable. Y todo lo que iba venía mal en cuanto a la adaptación aquí explota por todos lados. Los personajes son irrisorios e irreconocibles y la atmósfera de la novela no se halla por ningún lado o está completamente deformada, sólo se reconoce de ella los nombres de protagonistas y lugares.

Empezamos con un prólogo dedicado a Gollum que, como es habitual, resulta excesivo, por largo, por simple y por explícito. Como si no hubiera formas más hábiles y breves de mostrar esa historia sobre el personaje, y como si sirviera de mucho, puesto que no añade ningún matiz notable a una personalidad que no pasa de representar al loco gracioso en vez del ser miserable y lamentable de las novelas. Además, como se ve que Gollum gustó a la gente, aquí se alargó su presencia y se infló aún más su cansina doble personalidad, con escenas larguísimas para lo poco que dicen y con recursos paupérrimos (la cámara moviéndose a cada lado de la cara, como si fuéramos tontos y no supiéramos cuál es cada personalidad, la escenita en que mata un bicho…).

A continuación nos vamos a uno de los despropósitos más notables y criticados (incluso por el propio Christopher Lee, y no sin razón): la muerte de Saruman es de risa. Que el villano principal de media saga se elimine con tan poco tacto es imperdonable. Y por si fuera poco en la versión de cines ni siquiera se incluía su última escena, dejando ahí un agujero de guion enorme (y no es el primero, recordemos el caballo de Aragorn). Le siguen otras secuencias tan mal escritas que resultan lamentables y funcionan de manera muy pobre como transición de la parte de Rohan a la de Gondor. La fiesta con un Legolas de nuevo convertido en superhéroe (¡con el poder de no emborracharse!) y capaz de sentir a Sauron (¡ni Gandalf lo hace!), la visión de Pippin en la Palantir como justificación-apaño para hacer avanzar la trama y los diálogos en los que intentan convencer a Theoden para que haga algo (otra película más donde sigue siendo gilipollas perdido) dan vergüenza ajena.

No menos horrenda es la persistente manía de meter a Arwen y más Arwen en un relato ya de por sí demasiado largo. Por fin van a incluir la espada de Aragorn en la historia, es decir, por fin parece que le van a endosar a este paria su destino, pero se hace de forma que parece otro apaño de último momento (y van…). Y para rematar el despropósito de nuevo tenemos elfos paseando por media Tierra Media: ¿qué pinta Elrond yendo hasta Rohan, por qué no ha ido antes, por qué abandona a su gente en esos momentos (si es que vive alguien con él, que no lo parecía), y por qué luego vuelve a desaparecer?

Pero no se queda ahí la cosa con el tema de Aragorn y familia. Más adelante resulta que el destino de Arwen está ligado al del Anillo. ¿Esto qué es? ¿De dónde cojones sale? Enorme y sorprendente giro de acontecimientos (nótese la ironía) para seguir haciendo malabarismos para mantener el dichoso personaje en la película. Es impresionante la cantidad de recursos y la capacidad para ser fieles hacia las novelas y coherentes en la propia película la que muestran los guionistas (nótese de nuevo la ironía, por si no era evidente). Y por supuesto todo esto se orquesta con escenas que duermen a cualquiera y con Liv Tyler torturándonos con una interpretación esperpéntica. Pero sí, parece que por fin Aragorn acepta quién es y su destino, y se va a buscar unos fantasmitas que se esconden tras cataratas de calaveras. Esta última es probablemente la escena más estulta de toda la saga, y las hay bien penosas, y además uno se pregunta por qué con todo lo que había para contar no eliminan este pasaje tan fácilmente sacrificable, más aún cuando su resolución es espantosa, pues la marabunta de muertos que salva Minas Tirith es un recurso torpe y feo (tanto en lo argumental –anticlimático total- como en lo visual –indescriptiblemente cutre-) que además genera otro error de guion inmenso: ¿por qué los liberan?, ¡podían haber acabado con todos los ejércitos de Mordor en unos minutos!

La presentación de Minas Tirith se realiza con acertado esmero. El lugar se muestra en una secuencia larga con buen uso de efectos especiales y una pletórica banda sonora. Sin embargo debo decir que es el elemento del diseño artístico más desacertado, pues no refleja en absoluto las descripciones de las novelas. En el universo de Tolkien es una gran ciudad amurallada en siete niveles, una muestra del apogeo de la civilización de los hombres, llena de mansiones y belleza y con una población importante en sus buenos tiempos. Lo que se muestra en la película es un castillo o fortaleza, grande para ese tipo de construcciones pero ni por asomo una ciudad, pues posee cuatro casas estrechas y nada de grandeza. Y mantiene los siete niveles por cumplir, porque los tres últimos es como si no existieran, ocultos en una verticalidad imposible y antiestética.

La aparición de Denethor funciona también, pero porque el actor John Noble borda el papel de tal manera que una sola mirada acojona. Por unos instantes se ve al Denethor de Tolkien, una figura imponente capaz de hacer frente a alguien tan poderoso como Gandalf. Sin embargo es un espejismo, porque pronto se ve que el personaje se ha caricaturizado como tantos otros. Y su relación con Faramir se afila y amplía en exceso. Faramir, quien tras chupar metraje en cantidad en Las dos torres aquí no aporta casi nada, sólo esa misión suicida que mete más metraje innecesario. Luego se olvidan de él, y aparece al final de refilón con Eowyn, y quien no se haya leído los libros no entenderá qué pasa ahí. Con lo hermosas que eran las escenas en que se enamoran… y se podían haber metido perfectamente en vez de esos paseos innecesarios a Osgiliath y ese Pippin cantando bobadas.

Una de las mejores partes de la cinta, aunque por desgracia breve, es la llegada de Frodo y Sam a Mordor. El paso por Minas Morgul es espectacular, con la inquietante salida del ejército y el líder de los Jinetes Negros (el Rey Brujo, con un feo yelmo que no le hace justicia). La aparición de Ella-Laraña no es menos impresionante, otro instante donde se lucen con los efectos especiales y la música, aunque se queda como un capítulo interesante suelto entre dos fallos garrafales. El primero es la partida de Sam, que abandona a Frodo en el momento de mayor necesidad. Se cargan de un plumazo al fiel personaje, destrozan sin miramientos todo lo que han construido con él, y todo para crear un penoso momento de expectación o tensión; como si la araña fuera a ser menos interesante si entran los dos hobbits juntos. También es ridícula la escena de Galadriel “levantando” a Frodo, otro flipante recurso del genial Jackson. Pero más gordo es el segundo aspecto problemático que quería citar: estamos todavía en media película y estos dos hobbits apenas han avanzado. Según dicen los guionistas, dejaron Ella-Laraña para la tercera parte porque en la segunda no les cabía y al parecer aquí no tenían material suficiente para la trama de Frodo. Pero se ve rápido que es falso, que la quitaron forzosamente porque allí les sobraba después de perder el tiempo con los paseos con Faramir y ahora aquí tampoco pueden encajarla muy bien, pues para forzar su inclusión se ven también forzados a quitar metraje de otra parte. Y esa parte es ni más ni menos lo mejor de toda la novela: casi todo el trayecto a través de Mordor desaparece, y sólo se ven escenas fugaces en la versión extendida. Cuando se unen al pelotón de orcos en el libro se te cae el alma al suelo, aquí casi ni te enteras, resultando así el enésimo despropósito propiciado por la falta de planificación y de guion.

Y hablando de media película, todavía no ha partido Theoden. Otra vez se hace evidente lo que le cuesta a Jackson hacer avanzar los personajes y las tramas. Cuánto metraje abultado o directamente innecesario nos hemos comido hasta que parece que por fin va a pasar algo. Aunque no se sabe por qué ahora sí decide ir, pues simplemente lo hace. Como todos los personajes: no quieren pero lo hacen. Toma evolución y conflicto interno de calidad. En fin, que para se mueva de una vez tenemos que tragarnos la escena de las almenaras, esas que llegan hasta el corazón de Rohan y se ven desde los aposentos del Rey (tras recorrer medio continente): ¡tienen espías oteando desde una montaña al lado de la corte y les da igual! Al menos la música es de gran belleza. Y bueno, lo de partir no es definitivo: aún hay un montón de escenas que dicen más bien poco, como reuniones de ejércitos que se podrían haber resumido o el intento de dar interés y misterio a la partida de Aragorn por los senderos de los muertos.

En Minas Tirith estamos ya en pleno asedio. Como ocurrió en el asalto a Helm, hay algunos buenos momentos logrados gracias al equipo técnico (música, vestuario, efectos especiales, sonido…), pero en general el potencial de la situación está notablemente desaprovechado cuando no destrozado por completo por el inútil del director. Así, el asedio y la batalla son un conglomerado inestable de quieros y no puedo. La tensión y espectacularidad latentes se echan a perder por el nulo comedimiento del director a la hora de abordar la batalla y su incapacidad para planificar el desarrollo de las secuencias. Las catapultas increíbles (lanzan trozos imposiblemente grandes de castillos o casas), la Minas Tirith que se cae a cachos cual castillo de naipes (¿esta es la gran ciudad de los hombres que resiste durante siglos?) y la exagerada y ridícula aparición de los olifantes se contraponen torpemente a la efectiva tensión creada en el previo al combate, la asombrosa aparición del ariete acompañado de unos coros impresionantes (los efectos sonoros dejan sin aliento) y el acoso de los Nazgul con el inmejorable acompañamiento de la ostentosa y gloriosa música de Howard Shore.

Las tramas que se desarrollan durante la batalla son todas el desastre en su máximo esplendor, la catástrofe definitiva. El caos de secuencias es abrumador. Sí, por ritmo alocado y ruido constante hay algo de acción y espectáculo, pero es una mezcla de morralla incoherente cuando no totalmente hueca. La llegada de Theoden con un innecesario discurso (vaya forma de destrozar por completo la ventaja del factor sorpresa) y unos efectos especiales que dejan bastante que desear (ésa es otra: los efectos han bajado de nivel de forma alucinante, por el abuso de los mismos y las prisas por acabar a tiempo), la aparición de Aragorn con los muertos fluorescentes, las frases infantiles de Gimli y las salidas de tono incomprensibles con súper Legolas (lo del olifante va al olimpo de fantasmadas que no vienen a cuento ni encajan lo más mínimo en la película: ¿por qué Legolas tiene esos superpoderes?)… Tenemos también la absurda conversación de Gandalf con Pippin sobre las Tierra Imperecederas, un interludio que rompe toda la tensión y que no se entiende: ¿por qué le habla de algo que nunca va a ver, por qué meten algo que ningún no lector puede entender? No menos incongruente y molesta es la escena de Gandalf con el Rey Brujo (otro de los grandes momentos de la novela tirado a la basura), que resulta estúpida de narices: si Aragorn venció a varios Nazgul sin muchos problemas en La Comunidad del Anillo, ¿cómo es que Gandalf se acobarda y pierde ante uno? También dolorosamente desaprovechada está la confrontación entre Eowyn y el mismo Rey Brujo (mi momento favorito de la novela, donde resulta sobrecogedor), combate que resulta torpe, intrascendente y que encima se corta negligentemente en su mitad porque sí para luego retomarlo cuando ha perdido la poca fuerza que tenía. Y no menos triste es que se olviden de la caída de Eowyn y su posterior curación con el mencionado enamoramiento con Faramir (en la versión extendida apañan cuatro planos para tratar de incluirlo, pero queda fatal). Y finalmente, para seguir jodiendo personajes se termina de destrozar el carácter de Denethor, con su muerte propia del cine cutre, que resulta peor que la de Saruman, de un nivel que no soy capaz de describir: el tío recorre quinientos metros envuelto en llamas, y el plano que sigue su caída y enlaza con la batalla debe ser producto de alguna droga, porque no puedo creer que semejante parida se realice estando sobrio.

Como maravillas posteriores a la batalla disfrutamos con el golpe de estado de Gandalf con el que toma Gondor a su antojo para ceder el poder a Aragorn. Sorprendentemente el pueblo no se queja, pero qué más da, aquí no se explica nada. Y la escena en que Aragorn vacila a Sauron por la Palantir da risa. Se rematan estos involuntarios momentos cómicos cuando Gandalf de repente se da cuenta de que enviar a Frodo a Mordor es un suicidio… ¿Ahora saltan con esas? ¡Pero si era el plan!

Todo lo que acontece en adelante parece más forzado que nunca, puesto ahí por obligación porque sale en el libro, sin que supieran entenderlo y manejarlo debidamente. El desenlace de las tramas principales resulta anticlimático comparado con la batalla central. Falta la creación del ambiente adecuado de tensión y desesperación en la escena ante la Puerta Negra, y el abuso de flojos efectos digitales empeora la situación, porque acaba siendo todo demasiado irreal y exagerado. En fin, que se acumulan tantas barbaridades sin sentido que merecen ser analizadas una a una:
-Esos planos de pocos hombres rodeados por millones de enemigos ante Mordor son espantosos, y se remata con ese ridículo terremoto selectivo que sólo se carga a los malos.
-Aragorn matando porque sí a un emisario, Boca de Sauron: ¿éste es el rey de los hombres, este mercenario sin escrúpulos ni honor? Menudo insulto hacia el libro.
-El trol que ataca a Aragorn a cámara lenta resulta una escena inconexa, desubicada, porque en realidad era Sauron y no un trol quien aparecía a pegarse guantazos. Jackson se rajó por la presión de los fans, no porque careciera de sentido en la película (¿no se suponía que en la visión del neozelandés Sauron era un ojo?) y fuera una cagada enorme como adaptación.
-El infame Sauron-faro es una estupidez antológica que no hay manera de describir. Ese Sauron que se suponía que no tenía forma pero sí tiene forma de ojo (que me expliquen la lógica de esto), como un cartel luminoso y hortera encima de una torre. Otra vez no entendieron nada de lo que leyeron: Sauron tiene forma humanoide, claro que la tiene, y está en su torre dirigiendo sus ejércitos. Para rematar la jugada tenemos a Frodo atrapado por la luz (un haz de tracción digno de Star Trek) y luego soltado porque sí cuando aparece la tropa de Aragorn en la puerta. ¿Es que Sauron es monotarea? ¿Y hemos de suponer que no ha detectado amenaza en Frodo? ¿Y el hobbit es tan memo como para pasearse por delante de un ojo gigante?
-El diseño de estos dos seres (Sauron y Boca de Sauron) resulta otra gran muestra de que Jackson no comprendió nada de las novelas y se tomaba cada frase de forma literal: si el poder de Sauron lo representaba Tolkien como un ojo que todo lo ve cuando ataca las mentes de sus víctimas (en especial a quienes llevan algún anillo de poder), pues lo convertimos literalmente en un ojo (con todas las incongruencias citadas que eso genera); que uno se llama Boca de Sauron, pues lo hacemos de forma que se le vea sólo la boca. Ridículo, ridículo.

Pero en estos momentos también tenemos las escasas escenas salvables de la película: Frodo y Sam en el Monte del Destino. El ascenso (Puedo cargar con usted), la lucha en el interior (¡qué música!), la aceptación de la llegada del final cuando la lava les rodea es un oasis de belleza y emoción entre un sin fin de meteduras de pata. Si el resto de la película hubiera mantenido ese nivel de sensibilidad, intensidad narrativa y fidelidad…

Con la habitual incapacidad de Jackson para resumir, para mostrar cosas con una o pocas escenas, los epílogos y despedidas se alargan hasta el infinito. Se empalman de mala manera, de forma que parece haber muchos finales, y todos son tan lentos y forzadamente sensibleros que este tramo se eterniza. Algunas secuencias no aportan absolutamente nada, como ese Sam al que casan sin venir a cuento, claramente para esquivar los comentarios de que Frodo y Sam serían homosexuales (típicas tonterías infantiles a las que no hay que hacer ni caso, pero ya se sabe que Jackson se empeñó en tratar de contentar a todas las voces). Y en qué cabeza cabe eliminar el saneamiento de la Comarca, una de las mejores partes de la novela y un final sublime, pero dejar la parte de los Puertos Grises, que resulta confusa e innecesaria sin un contexto adecuado. Vamos, que eso sí sobraba en la adaptación. ¿Por qué se van? ¿Adónde? ¿Al cielo o paraíso o de vacaciones? ¿Para qué salvan la Tierra Media y se largan? Todo tan mal explicado, puesto ahí porque sí, que por enésima vez me pregunto si Jackson se enteró de algo de lo que leyó en la novela y cómo puede ser tan mediocre guionista y realizador. Es más, me pregunto qué cara se les quedaría a los no lectores al ver un epílogo tan incomprensible.

Decía que la labor de dirección en La Comunidad del Anillo no pasaba de normalita, pero al igual que ocurre con el guion, cuando la historia ganó en complejidad en las dos siguientes entregas se hizo patente la poca experiencia de Peter Jackson. Su dirección es plana, escasa en recursos (repite clichés y tics insoportables, como los primeros planos a cámara lenta o las falsas muertes -no sabe sacar drama de escenas sencillas si no es con sensacionalismo barato-) y poco hábil a la hora de unir distintos tipos de narración (conversaciones tranquilas, acción y efectos especiales). Se pasa de excesivos primeros planos a excesivos planos aéreos (¿cuántas veces hemos visto Isengard desde el aire?) sin una conexión eficaz, con lo que la película no muestra un aspecto visual constante, equilibrado, y parece hecha a trozos: ahora es un telefilme, ahora un videojuego, ahora sí consigue una correcta escena con actores y efx, pero en la siguiente parece todo apañado de mala manera. En las batallas grandes se nota mucho más, puesto que a su ineficacia se le suma la falta de planificación, siendo en su mayor parte secuencias digitales puestas sin mucho orden (tan caótico resulta todo que en El retorno del rey hay un plano de orcos luchando repetido, uno que aparece en la batalla de Osgiliath y luego de nuevo en la de Minas Tirith). La propia interacción con los efectos digitales es endeble, abusándose de ellos en demasiadas ocasiones, muchas de ellas con resultados bastante mediocres: se notan las pantallas de fondo, quedan bastante mal los ejércitos de muñequitos enanos y se nota mucho la presencia de los dobles digitales; y las transiciones entre lo digital y lo real tampoco funcionan, por ejemplo cuando Ella Laraña lanza a Sam por los aires queda fatal por el penoso el corte que hay para disimular. En resumen, comparar el trabajo de Jackson con cintas de aventuras de auténtica calidad como Indiana Jones, El guerrero nº 13 o El hombre que pudo reinar es inducir a la carcajada.

El retorno del rey es el desastre, la debacle final, de un proyecto que le vino grande a sus autores (Jackson, Boyens, Walsh). Una muestra realmente patética de lo que es tirar dinero en unos realizadores sin las cualidades necesarias para escribir algo de calidad y para trasladarlo correctamente a imágenes. Es un producto comercial digno de nuestros tiempos, una hipertrofiada y confusa amalgama de efectos especiales y ruido que ahonda poco en los personajes y no sabe llevar una trama de forma coherente, es decir, que ofrece muchos fuegos artificiales en el aspecto visual y sonoro pero posee carencias enormes en el narrativo. Este tercer y último episodio es un bodrio infumable, lleno de agujeros e insultante hacia la sublime novela que dice adaptar. Han pasado la tira de años y sigo siendo incapaz de entender que haya una sola persona que diga que es una buena película, o peor aun, que de alguna forma sea capaz de tratar de defender que sea una supuesta obra maestra. Y no hablemos de defender su supuesta fidelidad, que es sencillamente imposible sin mentir con descaro.

Pero no es menos alucinante que la crítica también se volcara en ella después de despreciar la fantasía durante décadas. Y el colmo fue la entrega de los Oscar. Es de sobras sabido que no son premios a la calidad, sino adulaciones que se otorgan entre los propios artistas del gremio, influenciados notablemente por los medios, la taquilla y las modas (vean mi extenso y artículo poniéndolos a parir), pero aun así cabe preguntarse cómo un esperpento de acción ruidoso y vacío como El retorno del rey pudo arrasar de tal manera. Hemos visto robos descarados (Titanic frente a L.A. Confidential, por ejemplo), pero que joyas como Mystic River o Master and Commander (¡esto sí es una cinta de aventuras de calidad!) se fueran de vacío frente a esta memez no hay manera de entenderlo ni de perdonarlo. Se puede pensar que quisieron agradecer el esfuerzo titánico de llevar a cabo la trilogía, de compensar los premios que merecía en anteriores entregas pero no les dieron (técnicos todos, salvo alguno más importante como el de actor a Ian McKellen, o incluso el de película a La Comunidad del Anillo si nos ponemos, que no tenía competencia alguna), pero aun así es excesivo.

Como fanático de la obra de Tolkien y como friki pasé años en foros de internet siguiendo la creación de las películas y comentándolas, pero a pesar de ese tiempo de diversión me apena y duele que una obra que empezó tan bien perdiera tantísima intensidad y calidad. Es más triste aún viendo que se rodó todo de golpe, pero no me sorprende, ya lo he descrito claramente en las críticas: no se puede abordar un proyecto de semejante calibre sin tener las ideas claras, sin contar con un guion bien cerrado y sin la experiencia y cualidades mínimas como director. Pero lo que verdaderamente me duele, la espina que no me puedo quitar, es ver que esta trilogía sea considerada la adaptación definitiva y pensar que probablemente nadie más se atreva a hacerlo de nuevo y bien. Sólo queda soñar… Y leer de nuevo la novela.

Ver también:
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

Las dos torres


The Two Towers, 2002, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 223 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Sean Bean, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, música, reparto.
Lo peor: Guion disperso, alargado, torpe, con personajes mal desarrollados y de nula fidelidad a la novela.
Mejores momentos: El tramo inicial (hasta que aparece Bárbol y Aragorn se cae por el barranco), algunas escenas de la batalla de Helm.
Peores momentos: Todo lo que rodea a Faramir, Aragorn y Arwen. Las paridas de Legolas y Gimli en Helm. La capa de Frodo que se convierte en roca en la Puerta Negra.
El plano: Frodo y Sam observando la Puerta Negra.
La frase a destacar: Si esto es nuestro final, haré que rubriquen uno que permanezca en la memoria -Theoden.
La frase a repudiar: El Anillo de poder al alcance de mi mano. Una oportunidad para Faramir, capitán de Gondor, de mostrar su nobleza –Faramir.

* * * * * * * * *

Su tramo inicial es francamente bueno, manteniendo las virtudes de La Comunidad del Anillo, es decir, buen ritmo y fidelidad a la novela. Pero conforme se introduce en la trama de Rohan se pierde cada vez más, y llega un momento (con el absurdo periplo de Aragorn) donde deja de lado la obra escrita para a partir de ahí sólo seguir los lugares que en ella se mencionan con personajes totalmente irreconocibles hablando de adaptación y de poca consistencia y credibilidad hablando de la propia película, y todo ello a través de escenas sin apenas coherencia y con un ritmo renqueante. Cuanto más avanza el metraje más se ve que el libreto se escribía sobre la marcha, que se rodaban mogollón de escenas y se dejaba casi todo el trabajo para la sala de montaje. Y el resultado deja mucho que desear, tanto en el narrativo en conjunto (me explayaré sobre ello en el resto del análisis) como en escenas sueltas, pues aparte de que el montaje es malillo se observan muchas secuencias editadas toscamente con recursos lastimeros, como las numerosas imágenes espejadas (cuántos personajes se vuelven zurdos de repente) con las que se intentan empalmar planos rodados sin la planificación adecuada; también hay un gran número de gazapos: alucinante cuando Eomer monta su caballo, se le cae la espada, y sigue hablando como si nada (algo que todos los presentes debieron notar por narices, pero por razones que se me escapan no se rodó un mísero plano de nuevo). Para aclarar la narración también se tienen que meter algunos parches, como una repentina voz en off de Saruman exponiendo sus planes o malogradas escenas con un mapa delante.

La mejor prueba de que todo se construía y rehacía sobre la marcha fue la elección de eliminar a la Arwen guerrera que habían ideado en principio, porque la presión del público al parecer fue más importante que la consistencia del guion. Trataron de improvisar una historia donde fuera más princesita de cuento, confeccionando una subtrama mal hilvanada y metida con calzador de forma tan precipitada que aparte de resultar una historia muy pobre deja fallos impresionantes. Son notables las huellas de su presencia en Helm, donde al borrar su presencia dejaron un rastro bastante claro para quien haya visto la película unas cuantas veces: hay un fugaz plano con Legolas duplicado (cuando cargan por la rampa), es decir, con Legolas y una Arwen mal tapada con efectos en post-producción, y si afinamos la vista se la ve incluso en plena batalla soltando mandobles.

Volviendo al análisis escena a escena, decía que el inicio funciona bastante bien. La persecución de Aragorn para rescatar a los hobbits mantiene el interés, tanto como el encuentro de Frodo con Gollum. La presentación de los personajes de Rohan es en principio encomiable (Eowyn es calcada a la novela, Eomer tiene carisma), pero conforme avanza se ve que han convertido al rey Theoden en un paria, seguramente por el patético pensamiento que reflejan los guionistas en los extras del dvd sobre por qué cambiaron la personalidad de Faramir. Qué triste es ver como afirman tan a las claras que no han entendido la novela ni tienen claro qué es lo que quieren o necesitan en la película. Parece ser que no puede haber héroes de mayor entereza, inteligencia y fuerza que Aragorn, el protagonista, y claro, como es un lelo, pues a los demás hay que ponerlos por debajo de él. Así pues, a lo largo de este y el siguiente episodio Theoden no es un rey, es un pobre atontado con trono que ha de ser dirigido por otros. A pesar de la soberbia interpretación de Bernard Hill el personaje carece de credibilidad y fuerza y resulta otro ente medio vacío que se mueve por el metraje sin saberse muy bien qué pinta ahí o hacia dónde va. Y da la sensación de que con Bárbol hacen lo mismo: lo convierten en un pringado que no se entera de nada, pues su bosque está siendo destruido, sus parientes muriendo ante sus narices, y no se entera, tienen que ser los hobbits quienes se lo digan, metiendo bastante metraje innecesario en una parte que termina siendo larga, simple y por extensión aburrida.

Merece una mención especial el exorcismo a Theoden. Por lo visto Lengua de Serpiente no sólo lo tenía engañado, sino que Saruman estaba como dentro de él, y Gandalf lo espanta cual exorcista de una de terror de serie B. Pero ya que estaba también le aplica un hechizo de rejuvenecimiento. La escena al completo es de risa. ¿Por qué de paso no lo convierte en un rey de verdad con un conjuro de +4 en carisma?

Ante el acoso de Saruman hay que ir a Helm a esconderse y luchar. Por alguna razón, Jackson decide que aunque haya material de sobra para contar es buena idea añadir cosas inventadas desde cero. Lanza a Aragorn en un viaje incomprensible y falto de interés que además se inicia con otra falsa muerte de esas que tanto abundan en la trilogía (parece que es la única forma que conoce para crear drama). ¿Por qué? ¿Qué aporta que Aragorn se pierda un rato? No aclara tramas, no desarrolla personajes…. Cabe pensar que lo monta para meter a Arwen, pero es absurdo: ¿todo esto para que Aragorn tenga un sueñecito con su amada? Para colmo la presencia de Arwen, aparte de verse demasiado apañada sobre la marcha (tanto que ella cambia de vestido de un plano a otro, no sé si aquí o en la siguiente entrega), resulta cursi y con diálogos tan primarios que se hace insoportable, por pesada, lenta y poco emotiva. Es una línea tan innecesaria como ajena al resto, muy mal introducida en la trama y tan torpe en lo que respecta al desarrollo de personajes que no me entra en la cabeza cómo pudo ser concebida y plasmada tan rematadamente mal. Bueno, sí hay respuesta para ello: los guionistas son mediocres.

Pero los añadidos no se limitan a este desatino sobre Aragorn y Arwen. La presencia de Faramir es ampliada también sin razón, generando una enorme cantidad de minutos que no llevan a ninguna parte y ralentizando el ritmo de la cinta de forma catastrófica en su tramo final. ¿Qué sentido tiene pasear a Frodo por media Gondor si no se va a narrar nada tangible, si sólo se está postergando la decisión de hacerle avanzar en la aventura? No se ahonda en ninguna trama, es redundante para presentar dicho país y a Faramir y sobre todo se cisca de una manera alarmante en este personaje, destruyéndolo completamente. Como decía, lo justificaron en los extras diciendo cosas del estilo de que si Aragorn no se deja influenciar por el Anillo y es el rey (¡pero si no quiere serlo!), el héroe, los demás personajes no pueden ser mejor que él (curiosamente, esta norma de no resistir al Anillo se aplica sólo a los hombres). A tomar por culo los ideales presentes en la novela de que hay hombres fuertes que luchan sin ceder al caos y al terror y que son los que permiten que la Tierra Media resista el avance de Sauron. En la película todo el mundo es gilipollas y no sabe lo que quiere, pero aun así lucha… Es algo que carece de sentido, de credibilidad y obviamente de grandeza y de épica.

Y por si fuera poco con tanto añadido se quedan sin tiempo y deben eliminar el espectacular episodio de Ella-Laraña para compensar, incrementando el desastre hasta perjudicar también a El retorno del rey, pues para mover dicha escena tuvieron que recortar un montón de metraje de Frodo en la parte más fascinante y subyugante de la novela: Mordor.

No me olvido de hablar de otros personajes principales, Frodo, Sam y Gollum. Frodo sigue siendo un pupas sin carisma e interpretado con desgana por Elijah Wood, pero no se puede decir que sea un caso grave, sobre todo si lo comparamos con el resto (aunque sus muecas de sufrimiento son horribles). Sam sale mejor parado, y el actor Sean Astin lo borda (salvo en el doblaje al castellano, donde parece literalmente un retrasado mental). Pero Gollum es otro cantar. La creación digital es impresionante, un logro enorme para la época. El realismo es casi total, la integración e interacción con el entorno fantástica; sólo en algunos planos se nota su origen digital (en la extendida sobre todo, donde parece acabado con prisas). Sin embargo el personaje es cargante de narices, una caricaturización excesiva, cosa que se agrava en El retorno del rey. Le ponen demasiadas escenas cómicas, estúpidas o donde se explayan cambiando de forma ridícula entre sus personalidades, notándose muy claramente la escasa habilidad de los guionistas para ahondar en la psique de los personajes, pues se lían y lían con escenas que no dicen nada y están llenas de diálogos y situaciones tan tontorronas que parecen escritas por un niño.

La batalla de Helm podría haber sido una parte increíble, pero se queda en unos pocos escasos momentos que recordar (la lluvia golpeando las armaduras, los orcos alzando las escaleras…) entre un galimatías de secuencias mal encajadas y una nula capacidad para sacar tensión de la situación y convertir un largo tramo de la cinta en algo que te deje estampado en el asiento de la impresión (potencial para ello tenía, desde luego). Jackson lo que hace es desbarrar con gilipolleces cómicas infantiles y amontonar recursos burdos para intentar sacar drama de un material ya destrozado. Insufribles Gimli y Legolas (el escudo usado como tabla de surf, ¿en qué cabeza cabe?), horrorosa la escena de Aragorn y el enano en la puerta los dos solos contra mil enemigos, vergonzosos (por sensibleros y manipuladores) los infinitos planos de niños y más niños (incluido sus puñeteros hijos, que los saca en las tres películas y se nota un huevo)… Además, la resolución del conflicto es torpe, precipitada y poco creíble, con esa llegada de Eomer en plan sorpresa barata y su descenso imposible por la ladera. Como ocurre en toda la trilogía, Helm resulta algo espectacular (unos pocos planos desde luego son impecables) por la conjunción de elementos artísticos tales como decorados, vestuario, música, efectos especiales y sonoros y en momentos puntuales gracias a los actores, porque da la sensación de que el señor guionista y director se empeña en destrozar un material con infinitas posibilidades.

Hay que comentar aparte el hecho de que de repente aparece una tropa de elfos en Helm. Para luchar con los hombres como antaño, dicen, pero aun así surgen preguntas. ¿Por qué los envían ahora y no antes? ¿Por qué una tropa y no un ejército? Si suponemos que en la película las fronteras de los elfos no están siendo atacadas por Sauron, que parece indicarse eso, ¿por qué sólo envían unos cuantos?, ¿para cumplir y quedar bien? Vaya con los elfos. Y todos mueren, pues es evidente que es una subtrama molesta que hay que dejar de lado. Pero por supuesto fallecen todos menos Legolas, que tiene superpoderes. ¿Dónde deja la coherencia de la trama, señor Jackson, por qué añade cosas que luego no es capaz de controlar y que claramente sobran, por qué en vez de trabajar mejor aspectos importantes (los personajes, la llegada de Gandalf y Eomer) pierde el tiempo añadiendo metraje inútil?

Paralelamente, Merry, Pippin y Bárbol, después de mucho marear la perdiz y aportar más humor cutre, por fin atacan Isengard. La escena no está mal, sobre todo por la siempre fantástica banda sonora, pero como no hay personajes con los que conectar la pelea no tiene emoción alguna. Y lo cierto es que de tanto abusar de los efectos especiales estos terminan notándose bastante; hay escenas que no han envejecido nada bien: en Isengard no se integran bien los efectos digitales y las maquetas, y la cabalgata de Gandalf por la ladera en Helm era cantosa en su momento, pero diez años después resulta horrorosa.

El cierre del filme carece de fuerza, queda muy diluido. Jackson no es capaz de hacer que el desenlace abierto enganche. Intenta meter como puede alguna escena explicativa para resumir la situación, como ese diálogo de Theoden mirando a Mordor o el largo y cansino monólogo de Gollum. La primera escena se nota a la legua que fue apañada (otro apaño, sí) a última hora, pues la pantalla de fondo canta demasiado. Seguramente se creó tiempo después del rodaje principal, como algunas otras de las que sí hay constancia, para tratar de aclarar la historia. Y encima es cutre de narices, pues desde casi el corazón de Rohan ven Mordor como si estuviera a medio día de camino… ¡e incluso se oyen los truenos del Monte del Destino desde ahí!… cuando en El retorno del rey parecen estar a tres cordilleras de distancia de Gondor. La otra escena, la de Gollum contándonos su plan, resulta larguísima para lo poco que aporta y de nuevo expone lo que le cuesta al director el que los personajes avancen hacia alguna dirección.

En esta entrega conviene hacer mención al doblaje. Es una saga de visionado obligatorio en versión original, por la calidad de algunos actores, por la voz y dicción de los mismos (Ian McKellen o Chrisptopher Lee son para escuchar con sus voces reales) y por el cuidado puesto en los distintos acentos (al menos en principio, que luego Elijah Wood y Sean Astin imitan el inglés británico de pena). El doblaje es en unos personajes excelente (Gandalf, Aragorn) y en otros totalmente inadecuado, tanto que llega a resultar molesto: Sam y Frodo están en manos de algunos de los peores actores del gremio y el resultado es digno de enseñar en las escuelas como algo que no debe hacerse. Otros también cambian tanto que quedan irreconocibles, como Eowyn, que en castellano parece una niña tontita.

En esta ocasión también es más recomendable la versión extendida, pues la resumida resultaba bastante desequilibrada e incluso tenía un agujero enorme: cuando Aragorn está perdido se encuentra con un caballo que conoce pero que no se presenta hasta que ves la versión larga. ¿Cómo se puede ser un cineasta tan inútil como para dejar un cabo suelto de tal calibre? Pero en ambas versiones hace falta algo que ya no se puede hacer: una reestructuración a fondo de la trama desde el guion que dé ritmo y consistencia a la narración, la eliminación de pasajes innecesarios o muy alargados (cito de nuevo el periplo de Aragorn y la presencia de Arwen, así como casi todo lo relativo a Faramir, pero también detalles tontos como la insulsa escena extra de Eowyn cocinando, tan pueril e innecesaria que da vergüenza ajena) y pulir la incoherencia estilística de Jackson, pues es un tipo que mete escenas infantiles en momentos épicos, rompiendo el realismo y la tensión del instante de forma notablemente negligente.

Por algunos buenos tramos y por los buenos resultados que la pasta echada en ella dan en el aspecto visual, Las dos torres es un entretenimiento eficaz (aunque pierde mucho ritmo e interés a partir de su ecuador), pero no ofrece mucho para todo lo que abulta y después de La Comunidad del Anillo deja malas sensaciones. Y sobre todo, como adaptación es de risa y tiene unos personajes tan pobres que llegan a dar pena e incluso resultan molestos, más aun teniendo en cuenta que una cinta de aventuras de estas características necesita héroes carismáticos.

Ver también:
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.