El Criticón

Opinión de cine y música

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The Gentlemen


The Gentlemen, 2020, Reino Unido.
Género: Acción, suspense, comedia.
Duración: 113 min.
Dirección: Guy Ritchie
Guion: Ivan Atkinson, Marn Davies, Guy Ritchie.
Actores: Matthew McConaughey, Charlie Hunnam, Hugh Grant, Colin Farrell, Michelle Dockery, Jeremy Strong, Henry Golding, Tom Wu, Eddie Marsan.
Música: Christopher Benstead.

Valoración:
Lo mejor: Reparto. El humor negro, rebuscado e ingenioso de Guy Ritchie.
Lo peor: Los bandazos que da, al exceso de voz en off, sobre todo en el primer tercio, bastante aburrido.
El doblaje: Qué molesto resulta en la versión en castellano que Colin Farrell hable como Brad Pitt en vez de con la voz habitual que le suelen poner. Y el título llega como es demasiado habitual con una coletillla (Los señores de la mafia); o traduces o no, pero no hagas cosas a medias.

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Guy Ritchie deslumbró en 1998 y 2000 con Locke & Stock y Snatch, dos cintas de suspense, acción y humor negro muy alocadas y originales. Pero luego patinó a lo grande con una romántica hecha a medida de Madonna, su novia por entonces: Barridos por la marea (2002). A esta le siguió Revólver (2005), más en su línea aunque tampoco logró deslumbrar, pero en Rockanrolla (2008) volvió a mostrar su talento para el thriller gamberro. Tras ella dio un giro comercial a su carrera. En principio esta nueva línea prometía bastante, tanto por traer novedades a su filmografía como por aportarlas también a un ámbito, el cine de acción y aventuras de estudio, poco imaginativo. Sherlock Holmes (2009) fue muy interesante y un gran éxito, pero su secuela, Juego de sombras (2011), aun contando con el beneplácito del público en la taquilla, anduvo muy justa de calidad y desinfló demasiado rápido el entusiasmo en la imagen de marca recién creada.

Sin embargo, el estudio Warner Bros. mantuvo la confianza en Ritchie durante dos títulos más. Operación U.N.C.L.E. (2015) estuvo a medio camino de las dos tendencias, la de altas miras comerciales y la independiente, contando con actores en alza y una buena campaña publicitaria, y siendo un thriller desinhibido aunque no fuera en la onda pasada de rosca del realizador. Sin ser mala, no tenía mucha garra y la taquilla fue muy justa, probablemente provocó pérdidas. Pero Rey Arturo (2017) sí fue una debacle total. Aun con los flojos resultados de la anterior y de otras del género (Warcraft -2016-), por alguna razón misteriosa le dieron carta blanca y un presupuesto enorme. El batacazo fue de aúpa. Ni Ritchie supo combinar la fantasía histórica con su vena extravagante, ni el púbico, por lo general muy receptivo con el género, tragó esta vez.

Pero donde otros habrían visto truncada su carrera indefinidamente, Ritchie tuvo mucha suerte. Disney decidió contratar a un guionista y director con talento en otro de sus estúpidos remakes, Aladdin (2019), como es habitual poniéndole coto artístico, es decir, usando solo su capacidad técnica y experiencia, pero anulando su creatividad. Y cómo decir que no. Cheque en mano y puertas abiertas en el negocio otra vez. Su siguiente producción no ha tardado ni un año en llegar, y no se la ha jugado, ha optado por regresar a lo que conocía y mejores resultados le ha proporcionado.

The Gentlemen tiene su sello, su esencia, por todas partes. Suspense y acción ambientado en su Reino Unido natal, una enmarañada intriga criminal llena de personajes estrafalarios, situaciones variadas que mezclan acción y humor negro, una puesta en escena detallista y sobrecargada, y un reparto de lujo. Esta vez los protagonistas son mafiosos adinerados, unos caballeros en toda regla como dice el título, y no patanes varios (que también los hay), pero el relato es del estilo, una serie de caóticas y catastróficas meteduras de pata y giros inesperados llevan a los personajes de acá para allá, y a saber cómo de mal acabará la cosa.

Algunos encuentros entre mafiosos, sean tiroteos o disputas intelectuales, son espectaculares. Cuando se empiezan a torcer las cosas se acumulan escenarios inesperados y giros loquísimos. El humor combina brutalidad e ingenio, dejándote a veces tan asombrado que tardas unos segundos en empezar a reír. Y muchos de los actores hacen suyos a los personajes con entusiasmo. Matthew McConaughey es desde hace tiempo un valor seguro. Charlie Hunnam está más cómodo que en los papeles raros que eligió recientemente (Pacific Rim -2013-, Rey Arturo). Colin Farrell vuelve a dejarnos anonadados con su mimetismo. Hugh Grant está bastante resuelto, merecería tener mejor suerte de la que arrastra desde hace tiempo.

Pero el conjunto no termina de cuajar, Ritchie no encuentra la inspiración de sus mejores obras. El primer tercio deambula demasiado con la insistente y repetitiva voz en off del rol de Grant, se hace incluso pesado. No sé si quería jugar con la intriga, aportar algo que no había probado antes, pero no funciona. Para introducirnos en la historia criminal y el evento que desencadena todo habría sido mejor mostrarlo con hechos fluidos y conectados, no contarlo saturándote de diálogos confusos y flashes visuales sueltos que tienes que unir en tu cabeza. Una vez logra colocar todas las piezas en el tablero y lanzar el embrollo mejora muchísimo, pero ha tardado demasiado y todavía tiene algunos bajones. La falta de originalidad y ritmo pesa en algunos tramos con más enredos y artificios que diálogos virtuosos y situaciones sorprendentes.

En el reparto también hay carencias importantes. La mujer del mafioso protagonista, encarnada por Michelle Dockery (Downton Abbey -2010-), no funciona como personaje ni la actriz convence, y los enemigos asiáticos parecen estar por añadir más dificultades, no imponen ni hacen gracia. En el final hay momentos un tanto forzados aun tratándose de una historia poco seria: la amenaza del congelador y la libra de carne, donde además otro supuesto gran mafioso se convierte de golpe en un panoli, y el tiroteo a un coche, no hay por dónde cogerlos.

Ritchie ha vuelto a su terreno, pero no muestra el vigor de la juventud, parece que buscaba estar cómodo, sin correr riesgos que lo han tenido dando bandazos durante algunos años. De cara al espectador esto se traduce también en volver a un ambiente conocido y por tanto confortable, pero la falta de nervio y los bajones son importantes. Queda un título con personalidad y gracia que bien vale para echar el rato, pero no llena del todo ni llama para revisonarlo de vez en cuando como sus trabajos más emblemáticos.

Rey Arturo: La leyenda de Excálibur


King Arthur: Legend of the Sword, 2017, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 126 min.
Dirección: Guy Ritchie.
Guion: Guy Ritchie, Lionel Wigram, Joby Harold, David Dobkin.
Actores: Charlie Hunnam, Astrid Bergès-Frisbey, Jude Law, Djimon Hounsoy, Aidan Gillen, Freddie Fox, Neil Maskell, Annabelle Wallis, Kingsley Ben-Adir, Craig McGinlay, Eric Bana.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: El dinero luce: vestuario, decorados y escenarios digitales impresionantes.
Lo peor: El guion es un torpe recopilatorio de los clichés del género. El director imprime mucho frenesí pero poca coherencia.
Mejores momentos: El intento de asesinato y la posterior persecución.

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Si las leyendas sobre el Rey Arturo no estaban lo suficientemente vistas, no digamos lo predecible y aburrida que puede resultar si volvemos a ella pero dejándola sólo en el armazón, una historia fundacional de la fantasía que ha sido exprimida durante años y años. El príncipe perdido pero con un destino que lo traerá de vuelta a la acción, el villano malvado porque sí y sus secuaces oscuros, el grupo de amigotes supuestamente simpáticos, el viaje, los objetos mágicos, la aceptación del destino, la guarida del enemigo, la lucha final. Desde el año 2000, con la explosión de las nuevas tecnologías, el género fantástico ha proliferado como setas, sobre todo tras los éxitos de El Señor de los Anillos (2001) y Harry Potter (2001). Obras rescatables más bien pocas: La Comunidad del Anillo (2001), pues en adelante esa saga patinó a lo grande, y quizá un par de capítulos del niño mago (tercero y cuarto: El prisionero de Azkaban -2004- y El cáliz de fuego -2005-). En la línea mediocre de este nuevo Rey Arturo, un montón, las más recientes y parecidas, La leyenda del samurái: 47 Ronin (2013), John Carter (2012) y Warcraft (2016), aunque podría citar también El destino de Júpiter (2015), que lleva el escenario al espacio pero cumple con todos los estereotipos.

El Guy Ritchie tan original y virtuoso de Lock & Stock (1998), Snatch: Cerdos y diamantes (2000) y RocknRolla (2008) parece estar diluyéndose en la deriva comercial de su carrera iniciada con Sherlock Holmes (2009). Ese episodio inicial de otra historia muy reutilizada se sostenía aceptablemente bien por su enérgico aspecto visual, pero en el segundo el desgaste ya era bien patente. En Operación U.N.C.L.E. (2015) su vitalidad realzaba bien un guion también muy pobre y anticuado, pero se seguía notando una deriva, menos pasión e ingenio que antes. En Rey Arturo entramos ya en una triste debacle de la que espero que se recupere.

Da la sensación de que Ritchie sabía que el libreto que tenía entre manos no valía un pimiento, así que no se corta a la hora de intentar darle un giro con su narrativa de estilo diferente, atrevido. Pero sin la mágica conexión entre la puesta en escena excéntrica y el desarrollo de la trama y los personajes que mostraba en sus primeros trabajos, un guion de escasa calidad y calado puesto en imágenes en plan loco tiene todas las de resultar un desastre. No logra una cohesión y personalidad suficientes para conseguir una película sólida y vistosa, de hecho ocurre lo contrario, salvo unos pocos enredos que se pueden considerar útiles lo que queda es un experimento hiperactivo, descentrado, incapaz de disimular las carencias de base y que añade más problemas.

El caos se apropia de un relato en principio simple pero que termina siendo incluso confuso. Esas explicaciones que reserva para exponer en algún flashback supuestamente molón, como por qué acaba la espada en la piedra, lastran capítulos que requerían ese conocimiento para resultar inteligibles, para no desconcertar arrastrando preguntas. Los recursos modernos quedan anacrónicos en la mayor parte de las situaciones, alguno incluso resulta delirante, como esos planos de los edificios que parecen dibujados por un arquitecto técnico, y sobre los que no hay forma de creerse que los protagonistas, todos del pueblo llano, pudieran entenderlos. Y para rematar, preparan las distintas fases del plan hablando de minutos. Que usen pólvora como si fuera habitual en esos tiempos, tengan unas armaduras alucinantes y muchos vistan como moteros (cuero negro, botas de impresión) se puede justificar con que es fantasía, pero los más puristas se quejarán con razón de que podían haber representado mejor la época. Se macera todo con música percusiva machacona, con ritmos rock pero sin ser rock; por suerte al menos no se han atrevido a meter guitarras metaleras en primer plano, un riesgo que tiene todas las de salir mal.

Hasta las técnicas que funcionan medio bien son cuestionables. El resumen de la juventud de Arturo parece de primeras que ahorra muchos minutos… pero una vez pensado en frío resulta muy obvio: no hacía falta tanto enredo para decir que ha crecido aprendiendo a sobrevivir en las calles, bastaba con demostrarlo con su comportamiento, con las relaciones con sus amigos y enemigos y con sus habilidades. Lo mismo le ocurre al viaje por el otro mundo para mostrar su valía: incluso resumido en plan veloz resulta poco emocionante y muy trillado.

Cuando mejor resulta la cinta es precisamente cuando Ritchie se contiene un poco y piensa mejor en qué recursos son necesarios. La larga persecución posterior al intento de asesinato es la mejor parte de acción: grandes panorámicas y carreras por las calles exprimen el presupuesto a lo grande, y el realizador imprime ritmo y energía sin pasarse de rosca con los enredos visuales. Pero sólo este acto central funciona. El inicial es demasiado previsible, no engancha con fuerza. Y conforme nos lanzamos al desenlace vuelve ese tono predecible sobrecargado de excesos y la fantasía explota en un videojuego vergonzoso. Arturo matando gente a toda velocidad con la espada, en plan “le he dado al botón de hacer magia”, y el enfrentamiento final tan artificial pero inerte, con Vortigern transformándose en el monstruo de final de fase, carecen de la más mínima emoción y en lo visual resultan esperpénticos.

La falta de carisma de Arturo es otro gran lastre. El intento de mostrar sus penurias y que se ha hecho fuerte a base de los palos que da la vida no llega a funcionar, a eliminar la sensación de que es el mismo personaje de siempre, sobre todo porque una vez el destino lo alcanza todos los clichés explotan en fila sin trabajar lo más mínimo su psique. Estamos ante otro personaje que dice que no reiteradamente pero al final se apunta a todo. No quiere saber nada de la rebelión, no le importa el mundo más allá de su supervivencia, pero termina aceptando porque tiene pesadillas, y en cuanto dice que sí, de repente le importa todo eso y se hace amigo instantáneamente de los que lo han secuestrado. Y cómo no, de ahí en adelante todo le cae encima sin que se plantee mucho las cosas, y todo se resuelve con magia. Finalmente, me temo que mi apreciado Charlie Hunnam, al que sigo desde que lo conocí en su gran papel en Hijos de la anarquía (2008), es parte del problema, aunque Ritchie tendrá también bastante culpa al no dirigirlo bien: no parece poner esfuerzo en la composición del personaje, se limita a repetir el papel del motero criminal, un chulo pasota con gestos de matón de barrio; sólo le ha faltado la cadena colgando del pantalón. Los secundarios están en manos de buenos actores ingleses la mayoría, pero los personajes no tienen valor alguno, cada uno cumple el estereotipo de rigor: en el grupo de amigos tenemos al tipo ingenioso, al duro, al simpático… ni falta el de las artes marciales metido con calzador; en los villanos encontramos los típicos generales sin alma y un líder que es malo porque sí; este último lo interpreta Jude Law con cierto esfuerzo por poner caras de demente, pero no hay donde rascar y termina resultando caricaturesco.

En cierta manera es entretenida, pero sólo si te ríes por sus clichés tan tontos y su estilo sin mesura. Entiendo que quienes fueron esperando una película seria (porque fantasía no tiene por qué significar gilipollez infantil) salieran defraudados. Con los pésimos resultados de crítica y taquilla (dejará bastante pérdidas) con toda seguridad nos hemos librado de tener otra serie mediocre copando las carteleras.

La cumbre escarlata


Crimson Peak, 2015, EE.UU.
Género: Suspense, fantasía.
Duración: 119 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro, Matthew Robbins.
Actores: Mia Wasikowska, Jessica Chastain, Tom Hiddleston, Charlie Hunnam, Jim Beaver, Burn Gorman, Leslie Hope.
Música: Fernando Velázquez.

Valoración:
Lo mejor: El decorado de la casa no está mal. Los actores escogidos son llamativos.
Lo peor: El acabado visual no sorprende como se esperaba. El guion es lastimero. La película resultante es simple, predecible y muy aburrida.

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No esperaba gran cosa a tenor de las tibias críticas, pero tampoco que me decepcionara de semejante manera. Ni siquiera su acabado visual resulta arrebatador como tanto se prometía. Sí, las obsesiones de Del Toro de sobrecargar el escenario ofrecen un entorno interesante gracias al buen trabajo de diseño de producción, pero el realizador no le saca el partido que podría. La fotografía es rutinaria y la iluminación bastante floja, con unos tonos verde azulados muy falsos, con lo que parece más bien un telefilme poco inspirado. Planos que jueguen con acierto con lo hermoso y lo sobrecogedor hay pocos, muy pocos. La escena final en la nieve es la única que me impresionó. En cambio muchas partes cruciales fracasan estrepitosamente: esos fantasmas de plastilina y sin sentido en la trama dan más bien pena.

El relato en sí tampoco consigue despertar el más mínimo interés, no digamos ya fascinación como supongo se pretendía. Si la dirección es apática, el guion resulta superficial, plano. La narración avanza sin ritmo ni fuerza, y también sin contenido, con lo que aburre, y aburre, y aburre cada vez más. No hay ninguna atmósfera en la que sumergirse, y termina sin saberse sin es drama, thriller o terror. Los caracteres son un esbozo, no se expone motivación alguna ni se explican acciones poco claras, como el supuesto enamoramiento de la chica, que la ponen como inteligente y luego resulta ser muy cortita, o que acepte vivir en una casa en ruinas. En cuanto los caracteres son presentados se ve venir todo acontecimiento, porque además de básica y sin garra, ni en los momentos cumbre la trama es capaz de esquivar su simpleza y previsibilidad, como la llegada del héroe en el último momento.

Conforme van llegando los supuestos momentos álgidos el ritmo termina de perder el poco fuelle que tenía, la escasa tensión va desapareciendo (se supone que la chica no tiene escapatoria, pero no sufres intriga ni interés alguno por su destino), y para rematar los agujeros de guion hacen acto de presencia. Ese pueblo donde ven ir jovencitas a la mansión cada poco tiempo y ni una vuelve, pero les da igual. Ese giro final en que uno de los implicados ve por fin ve la luz pero en vez de ir todos a por la loca, que son varios y van armados, apuñala a uno de sus aliados para “disimular”. Así, si no fuera por la última escena en la nieve, el desenlace habría sido ridículo.

La pena es que en estas condiciones se desperdicia un reparto de grandes talentos: la joven Mia Wasikowska (que se está quedando encasillada en papeles de época), Jessica Chastain, Tom Hiddleston y Charlie Hunnam no logran sacar nada de sus inertes roles. Otra cuestión es qué ha hecho Guillermo del Toro para despertar una fascinación equiparable a la de Tim Burton en sus mejores momentos, porque no ha hecho ni una película buena.