El Criticón

Opinión de cine y música

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Triple 9


Triple 9, 2016, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 115 min.
Dirección: John Hillcoat.
Guion: Matt Cook.
Actores: Casey Affleck, Chiwetel Ejiofor, Anthony Mackie, Woody Harrelson, Norman Reedus, Aaron Paul, Kate Winslet, Clifton Collins Jr., Michelle Ang.
Música: Atticus Ross, varios.

Valoración:
Lo mejor: Buenos actores y personajes con cierto atractivo.
Lo peor: El guion, predecible y caótico. La puesta en escena, poco inspirada en un director con mayor potencial.
Mejores momentos: El asalto a la casa de un sospechoso y su posterior persecución por las calles.

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Otro thriller de acción con policías corruptos, atracos, engaños y juegos a varias bandas. La falta de novedades deja patentes las inspiraciones en Heat y su versión más reciente, The Town (Ciudad de ladrones), y, si hilamos fino, también en L.A. Confidential. Pero lejos de la consistencia y sobriedad de las citadas, el panorama que nos ofrece Triple 9 es bastante irrealista, siendo uno de esos casos donde no vale lo de “es ficción” porque su pretendido tono serio choca con las escenas salidas de madre, los topos imposibles, los agentes con doble cara más improbables y los giros finales tan rebuscados que de hecho no parecen tener justificación alguna. Así, es comprensible que haya bastantes cosas cogidas por los pelos (deducciones inverosímiles, cosas mal explicadas) e incluso algunos agujeros de guion. Por ejemplo, el personaje de Woody Harrelson averiguando por arte de magia el nombre del sospechoso antes de hablar con su novia o prostituta habitual, que es a quien está buscando para obtenerlo.

Su puesta en escena también resulta poco sólida: es rutinaria y tiene algunos achaques. El montaje de hecho es muy flojo, dando una forma tosca y un ritmo precipitado a la narrativa. Sumado a ese guion (el primer largometraje de Matt Cook) falto de consistencia y profundidad, parece que la película va a trompicones, dejando los citados huecos. Por suerte no basta para tumbar unas escenas de acción donde el director se esmera en conseguir espectáculo con un tono realista: el asalto a la casa y la persecución de un sospechoso es bastante completo y absorbente. Pero por lo demás, John Hillcoat, bastante llamativo por su trayectoria en el cine independiente (memorable La carretera, muy interesante La proposición, correcta sin más pero entretenida Sin ley), no ha conseguido entrar con buen pie en el cine comercial de acción.

Con algo de esfuerzo se puede hacer la vista gorda a su impostada seriedad y trascendencia y pensar que estamos ante una de acción exagerada al estilo Tony Scott (aspecto visual frenético y con mucho colorido en un ambiente en realidad muy turbio) o excéntrica tipo Snatch, Rockanrolla, Siete psicópatas, etc., y podemos tratar de pasarlo bien con una trama bastante loca, un ritmo siempre activo que impide que aparezca el aburrimiento y que cuenta con algunos picos llamativos, como la citada escena de acción central, y sobre todo unos protagonistas con personalidades muy marcadas inmersos en situaciones extremas, en caos y desconcierto que cada vez los llevan más hacia el abismo. Este grupo, aunque bastante estereotipado, resulta lo suficientemente atractivo, en especial por la buena labor del estupendo reparto, como para implicarte en su viaje con cierta intensidad. Así, los giros más tramposos entran mejor al mirar más qué sufre el personaje y la intriga por cuál será su destino a partir de ahí, que por la consistencia global de los acontecimientos. Incluso destaca alguna buena evolución, como el cambio de perspectiva de uno ante el nuevo agente o las dudas del más débil.

Por esos apuntes con potencial da la sensación de que el guion original daba para más pero no termina de llegar, sea porque le falta las últimas puntadas o porque el director no lo narra bien. Yo la vi esperando algo como Sabotaje, pero apenas vale como entretenimiento de ver y olvidar.

El marciano


The Martian, 2015, EE.UU.
Género: Aventuras, ciencia-ficción.
Duración: 144 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Drew Goddard, Andy Weir (novela).
Actores: Matt Damon, Jessica Chastain, Chiwetel Ejiofor, Kristen Wiig, Jeff Daniels, Michael Peña, Sean Bean, Kate Mara, Sebastian Stan, Aksel Hennie, Benedict Wong, Mackenzie Davis, Donald Glover.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Buena descripción de personajes. Aventura espacial bastante entretenida. Reparto de grandes nombres.
Lo peor: Le falta garra en todos sus elementos: drama, comedia, aventura de supervivencia. Apenas deja huella. El mediocre doblaje.
El título: De Marte: Operación rescate, a Marte (The Martian). Porque sí, traducirlo como El marciano era realmente complicado. ¿Cómo empleados tan ineptos toman decisiones tan relevantes? Pues obviamente te paseas por internet y todo el mundo la conoce con su título real.
La sorpresa: ¡Sean Bean no muere!
El dato: Drew Goddard iba a dirigir, pero prefirió decantarse por una obra que le atraía más, Los seis siniestros, un grupo de villanos Marvel (aunque al final se quedó en el limbo). Y Ridley Scott se entusiasmó por el proyecto, retrasando Prometheus 2 (cuyo nombre cambia cada pocos meses).
El libro: Andy Weir publicó la novela en su blog, pero viendo su calidad la gente le decía que la publicara en Amazon. Y el éxito fue enorme.

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El libro en que se basa (Andy Weir, 2011) no es revolucionario, pero como entretenimiento tiene bastante pegada. La odisea de Mark Watney por sobrevivir en solitario en Marte enlaza un sinfín de escenarios catastróficos que va sorteando con una personalidad arrolladora. Los saltos a la Hermes (la nave de los compañeros que lo dejaron atrás en la evacuación, dándolo por muerto) y a la Tierra enriquecen el relato con algo más de drama y realzando el alcance de la situación, porque los líos en la NASA son épicos también. Como atractivo extra, la afición a la ciencia-ficción suele ir de la mano con la pasión por la ciencia (ficción científica de hecho es una traducción más fiel de science fiction), y el libro es una gozada en ambos sentidos, porque desarrolla una aventura espacial de gran realismo y con planteamientos científicos muy cuidados. Para rematar, su narrativa es muy pero que muy cinematográfica, con lo que el anuncio de la adaptación generó muchas expectativas entre los lectores y los amantes del género.

Sin embargo, aunque su traslación a la gran pantalla ofrece un entretenimiento bastante decente con algunos puntos fuertes llamativos, también acusa una falta de intensidad importante, dejando la sensación de que hay mucho potencial sin aprovechar. Al público no parece importante tanto, pues la crítica es buena y la taquilla va bastante bien, pero a mí me ha dejado un regusto amargo. Para una vez que podemos tener una del género de gran presupuesto y con talento detrás (empezando por el director, pero también pasando por el notable reparto y cómo no el equipo técnico), resulta que se quedan bastante cortos. Sinceramente, hasta Prometheus (2012) me emocionó más, a pesar de tener un guion que se cae a pedazos, porque su aspecto visual es embriagador y la trama y el escenario ofrecen situaciones más variadas y vibrantes. El marciano tiene mejores personajes (más verosímiles y atractivos) y más consistencia en la trama, pero resulta bastante fría y arrítmica.

La proyección no empieza nada mal. Como el libro, nos lanza directamente a la tormenta y a la evacuación que da inicio al periplo del protagonista. Sus primeros pasos en la soledad marciana, tratando de encontrar una forma de extender su esperanza de vida hasta la posible y lejana misión de rescate, parecen llevarnos por al mismo viaje trepidante de la obra de Andy Weir. Pero pronto empieza a perder fuelle, los retos se diluyen en anécdotas poco interesantes y que no presentan peligros ni proezas que causen algún impacto. Llegamos a un punto en que Marte termina resultando una historia secundaria… y eso precisamente salva a la película, porque nos vamos a un teatro más atractivo y variado: la Tierra. La presentación de los personajes de la NASA y el JPL, que son un puñado largo, es bastante correcta. Nos ponemos a trabajar codo con codo con ellos y vamos conociendo sus posiciones (enseguida sabes a qué se dedica cada uno aunque no recuerdes su nombre), sus puntos fuertes y débiles, sus aspiraciones y las luchas y roces con los demás. Con este panorama, incluso te lamentas de que los tripulantes de la Hermes no tengan tanto tiempo en pantalla como ellos, porque también eran prometedores.

Y con estas, Marte casi desaparece. Llega un momento en que da la sensación de que faltan escenas, que Ridley Scott se volvió a pasar de duración y ha tenido que recortar parte del tramo final de la odisea de Watney, saltando directamente al intento de rescate. Por ejemplo, no se explica por qué hace un agujero en el techo del rover y pone un plástico haciendo una burbuja, como si faltara el momento en que le da utilidad a lo que sea eso. Tampoco creo que el viaje de tres mil kilómetros lo hiciera sin que le pase nada (en el original, de todo), porque queda un vacío ahí que resulta un salto narrativo algo torpe.

Así pues, el ritmo peca de irregular y de falto de vigor en varios segmentos, algunos bastante largos. La novela no resulta un drama de altos vuelos ni tiene especial trascendencia, pero sí mantiene una sensación de lucha y peligro constante, de que cada día en Marte es enfrentarse cara a cara contra la muerte. Lo mejor captado por Drew Goddard (el guionista) y Ridley Scott es el sentido del humor del protagonista (y no siempre funciona), que trata de poner buena cara en todo momento, y el caos que se forma en la NASA. Pero la aventura de supervivencia resulta demasiado ligera, sin transmitir el peligro y la tragedia con la fuerza necesaria para dejar huella. La comandante sufre muy poco por el abandono de un miembro de la tripulación. Watney sólo se curra el huerto y la idea para intentar comunicarse, el resto del tiempo no se enfrenta a nada llamativo, y al final en la NASA también parece que falta algo de intensidad.

Estas limitaciones surgen del guion principalmente, pero el trabajo audiovisual tampoco es del todo eficaz. La dirección de Scott es más conservadora de lo habitual en un realizador dado a la magnificencia visual, con lo que contribuye a la falta de garra. Sí, hay belleza en los planos de Marte, y el decorado de la nave se aprovecha bien, pero por lo demás la puesta en escena no ofrece épica alguna, va como desganada. Y como extensión, tampoco luce como superproducción de más de cien millones. Es que me atrevo a compararla con la tontorrona serie b Los últimos días en Marte (Ruairi Robinson, 2013), que con unos ridículos diez millones lucía a un nivel bastante cercano (aquí el tráiler -que para variar te cuenta casi todo-). La banda sonora empobrece todavía más el acabado, porque donde se espera que la música realce la tragedia, matice la intriga o explote la acción, la floja partitura de Harry Gregson-Williams pasa sin causar la más mínima turbulencia en las emociones que debería transmitir la escena.

Así pues, El marciano es una película bastante entretenida que merece la pena ver en el cine, pero también resulta incapaz de emocionar y mucho menos de dejar un grato recuerdo. Quizá incluso por su ritmo moroso no aguante bien sucesivos visionados, algo que hasta la fallida Prometheus permite por su narrativa veloz y enérgica. Las otras incursiones recientes en Marte tampoco terminaron de convencer. La citada Los últimos días en Marte solo se la recomiendo a aficionados a la ciencia-ficción de terror básico (la típica de ir muriendo en fila), Misión a Marte (Brian De Palma, 2000) iba de pretenciosa pero era muy simplona, y Planeta rojo (Antony Hoffman, 2000) a pesar de su presupuesto era una serie b también muy justita.

Aparte tengo que mencionar que la calidad de los doblajes sigue bajando. En esta película mitad de los actores no parecen ponerle ganas, de hecho en alguna escena parece un doblaje amateur, con personajes que hablan sin matiz alguno en la voz cuando por la escena parece indicarse que están en tensión. Con el jugoso reparto que ha reunido Scott, el destroce es lamentable. El peor es el caso de Kate Mara, a quien le han encasquetado una voz muy reconocible y demasiado omnipresente: la de Natalie Portman, Keira Knightley, Scartlett Johansson, Anne Hatthawy y cualquier actriz joven que haya. Por el amor de dios, ¿es que no hay más dobladoras en el gremio? Me saca completamente del personaje e incluso de la película, pues me resulta falso e incluso desagradable, por ser una voz muy aguda que no le pega nada y que se escucha en demasiadas películas. Y por supuesto, donde hay doblaje hay traducción: vaya plaga de leísmo que asola el cine reciente. Hasta el poster comete faltas flagrantes: Traedle a casa. ¿Traedle qué, una pizza?

12 años de esclavitud


12 Years a Slave, 2013, EE.UU.
Género: Drama, histórico.
Duración: 134 min.
Dirección: Steve McQueen.
Guion: John Ridley.
Actores: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong’o, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Bradd Pitt.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Una aventura bastante variada, con buen ritmo, buena ambientación y buenos actores.
Lo peor: Nunca es realmente intensa, rompedora o excelente como para merecer tantas alabanzas.

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En el funesto capítulo de la esclavitud no conocía el caso narrado en la película: negros viviendo libres en ciudades progresistas que eran secuestrados y llevados al sur por los miserables racistas que abundan en la sociedad. Pero es un punto de partida que no conduce a nada nuevo, pues aunque es cierto que con un tema tan antiguo no se puede ser realmente original, lo que el guion de John Ridley propone parece más un compendio de anécdotas que un relato que busque ser distintivo. A través del viaje del protagonista se resumen distintas formas de esclavitud: el amo bondadoso pero que no mueve un dedo por cambiar la situación (Benedict Cumberbatch), el tirano podrido por dentro que paga su frustración con los esclavos (Michael Fassbender), y finalmente el que sí se arriesga a luchar contra las injusticias, aunque sea tímidamente (Brad Pitt). Entre medio se sueltan detalles de diversa índole pero ninguno novedoso: ahorcamientos, la dificultad de las fugas, violaciones, detalles sobre el trabajo (unos pocos eficaces, como el de la cantidad de algodón recogida, otros rutinarios y aburridos) y personajes secundarios que no logran transmitir mucho.

Tampoco esperéis algo como La lista de Schindler, una obra contundente que te desgarra por dentro por su realismo y crudeza. Aquí se opta más por las clásicas fórmulas de Hollywood, como el héroe contra un mundo de injusticias, el melodrama sencillo que conmueva a los de lágrima fácil pero sin llegar a perturbar a nadie, los mensajes machacados continuamente… Un inciso debo hacer aquí, antes de que alguien se asombre: no digo que la película sea blanda, pero ni aun teniendo un par de escenas duras se puede llegar al extremo que venden los medios de “dos horas de tormento”. La mayor parte de la odisea es poco intensa y no transmite peligro real sobre la integridad física o incluso la vida del protagonista, el relato es más una aventura que un drama trágico de grandes proporciones.

Por suerte no llega a ser maniquea y manipuladora como otras estrenadas recientemente que también tuvieron el beneplácito de la crítica, como Dallas Buyers Club o El mayordomo. 12 años de esclavitud, aun sin llegar nunca a deslumbrar, ofrece una odisea más creíble. El repaso a la historia no por superficial es menos efectivo. El ritmo es bueno, pues pasa de una aventura a otra a toda velocidad, y aunque no saque partido de muchas de ellas no da tiempo a pararse a pensar en ello hasta que termina la proyección y te das cuenta de que no recuerdas nada realmente impactante. También podría señalar que, aun resultando simpático, el personaje central, Solomon, no es de altos vuelos. Apenas hace algo de mención, se tira doce años resignado, con poca evolución, escasa lucha interna y ninguna escena épica que deje un personaje para el recuerdo, tipo el rol de Steve McQueen (el actor, no el director de esta cinta) en La gran evasión.

La puesta en escena resulta correcta pero tampoco tan maravillosa como anuncian: Steve McQueen (esta vez sí hablo del realizador) a veces fuerza demasiado algunos encuadres, como si vacilara (aunque está más comedido que en Shame), pero también captura bastante bien la naturaleza y la vida del sur de EE.UU. El reparto convence, pero no como para las alabanzas que también se ha llevado. Fassbender presenta un personajillo inquietante, pero no destaca comparado con el resto de sus papeles anteriores, y Chiwetel Ejiofor está bastante resuelto, pero nada más. La chica que copa los medios, Lupita Nyong’o… pues vuelvo al comentario anterior: mientras escribo esto apenas recuerdo su personaje e interpretación, simplemente cumplió sin más. ¿Darle el Oscar? Menuda broma.

Los medios y la dichosa Academia se han flipado de lo lindo con esta película. Siempre la misma tontería: no merecía ni siquiera las nominaciones, salvo la de vestuario. El año que viene nadie hablará ya de ella, como ocurrió con Una mente maravillosa, Argo, En tierra hostil y otras tantas cintas mediáticas pero de calidad menor e impacto a largo plazo escaso.

Por culpa de tratar de frenar tantas alabanzas desmedidas casi me sale una crítica negativa. No es mi intención. La película es buena en todos sus elementos y el conjunto final da para un visionado satisfactorio, pero tanto empeño por llamarla obra maestra juega mucho en su contra, porque verla y encontrarse con que dista muchíiiiiiisimo de serlo puede decepcionar aunque no lo merezca.

Por cierto, lamentable que para una vez en muchos años que Hans Zimmer se curra un banda sonora que se sale de su rutina y se adapta muy bien a las imágenes no la saquen a la venta pero sí nos cuelen un disco que recopila canciones que no tienen que ver con la cinta pero se vende con el nombre de la misma.