El Criticón

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Wonder Woman


Wonder Woman, 2017, EE.UU.
Género: Acción, superhéreoes.
Duración: 141 min.
Dirección: Patty Jenkins.
Guion: Allan Heinberg, Zack Snyder, Jason Fuchs, William Moulton Marston (creador del personaje).
Actores: Gal Gadot, Chris Pine, Danny Huston, David Thewlis, Ewn Bremner, Saïd Taghmaoui, Eugene Brave Rock, Robin Wright, Connie Nielsen, Lucy Davis, Elena Anaya.
Música: Rupert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: El choque cultural de Diana con el mundo exterior, con humor y conflictos interesantes.
Lo peor: El resto, un relato ahogado en tópicos hasta resultar bastante aburrido. La puesta en escena, normalita y con salidas de tono innecesarias, pero sobre todo con unos efectos especiales malísimos. Los actores: ni Gal Gadot ni Chris Pine están a la altura.
La pregunta: ¿Por qué Bruce Wayne y Diana se escriben en castellano? Otra película donde traducen el texto sustituyendo el original, creando un absurdo enorme. Hace poco lo hicieron con Jason Bourne, y más atrás el Capitán América (en El Soldado de Invierno) se dedicaba a tachar de su lista de cosas pendientes eventos culturales relevantes de España en vez de su país.

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Parece que Wonder Woman ha llegado para salvar la imagen de la serie DC de Warner Bros.: crítica y público la han recibido asombrosamente bien, al contrario de la decepción, o al menos del sinsabor, más o menos generalizada que dejaron las tres entregas previas. Y si un bodrio como Batman vs. Superman obtuvo casi novecientos millones de dólares mundiales en la taquilla a pesar del boca a boca que la ponía bastante mal (superando a peliculones como Guardianes de la galaxia y El Soldado de Invierno), y Escuadrón suicida sólo perdió cien millones respecto a aquella a pesar de ir sobre aviso, la presente, con tanto entusiasmo, tiene todas las de pasar de los mil. Y no lo entiendo, porque es otra entrega que dista de ser una buena película.

Todo está mal en Wonder Woman. O al menos flojo, desganado, como en El hombre de acero, porque Batman vs. Superman y Escuadrón suicida dejan claro que se puede hacer peor. Empiezo por la actriz Gal Gadot. Ha deslumbrado tanto con su belleza que a la hora de enfrentar su trabajo real pocos parecen haber visto lo mismo que yo: un papel muy justo como heroína de acción, pero sobre todo un registro dramático infame. En los momentos clave, ya flojos de por sí, me terminó de expulsar del todo de la conexión con las imágenes su irreal y forzada interpretación. Chris Pine tampoco me convence, y eso que venía de haberme sorprendido muy para bien en Comanchería después de parecerme un patán en las primeras películas donde lo vi, Star Trek 2009 y Jack Ryan: Operación Sombra. Aquí tiene el mismo rol que en esas, el de guaperas un poco engreído, y lo interpreta con el mismo escaso registro. Está clara la diferencia que puede marcar la presencia de un buen director que sepa exprimir a los actores. Unos personajes tan monocromáticos, que basan su fuerza únicamente en su integridad moral, o sea, en ser héroes impolutos e inquebrantables, porque más profundidad no tienen, han de apoyarse unas interpretaciones con mucho tirón para poder sostener una película sobre sus hombros. Y aparte de la escasa pasión que desprenden hay que contar también con que de carisma andan bastante escasos.

Pero estos dos protagonistas tan poco llamativos por separado se salvan, e incluso logran resultar algo simpáticos, porque a la hora de juntarlos surge cierta química y situaciones un poco más elaboradas, alguna incluso con cierto poso. No llegan a dar algo deslumbrante, ni encontramos momentos originales, pero al menos se levanta bastante el interés. El choque cultural y moral es de hecho el esqueleto que sostiene a la película, lo único que la salva de un suspenso claro. La curiosa y activa Diana (pronunciado “Daiana”) se encuentra con una anomalía cultural y, en vez de rechazarla y volver a su rutina, se implica de lleno con pasión. Quiere aprender qué es el hombre (tronchante la escena del baño), y su falta de conocimientos prácticos ofrece momentos divertidos y bonitos (sobre todo relativos al sexo y sus tabúes). Pero sobre todo destaca su ética rígida, que la lleva apartarse de su pueblo conservador que mira hacia otro lado cuando se presenta el mal para el que precisamente han estado preparándose, y a dar la tabarra a los generales humanos. Su determinación, ingenua y casi fanática, contrasta con la experiencia de Steve Trevor, un espía también implicado hasta la médula en la guerra. Las situaciones en que ella no puede ver la perspectiva global porque la abruma la tragedia inmediata (soldados y refugiados heridos) son bastante efectivas.

Pero aunque consiguen enganchar un poco, hacer llevadera una historia muy facilona, el relato en general no consigue la emotividad y la profundidad exigibles para que con un envoltorio tan trillado pueda dejar huella. Todo se ve venir muy de lejos, con lo que ninguna revelación, giro y maduración sorprende, y mucho menos va a llegar con intensidad. La heroína con el destino marcado, el mentor sabio que sabe más de lo que dice, el contacto con el mundo exterior, las reticencias y miedos iniciales, la caída del mentor que la empuja a abandonar el nido, la presentación del enemigo, ese que es malo porque sí, el capítulo central de acción de relleno acompañado de la formación del grupo de secundarios, el asalto final a la guarida del villano… En ninguna de las fases hay un solo amago de buscar algo que pueda disimular la total falta de novedades (el parecido con Capitán América: El primer vengador es excesivo), ni un esfuerzo por alcanzar algo más de complejidad emocional e intelectual. De hecho ocurre lo contrario, va perdiendo fuelle conforme avanza. A la cantidad de escenas predecibles hasta resultar bastante aburridas, a los giros y soluciones igual de apáticos, hay que añadir las muchas vaguedades cuando no agujeros de guion, más un aspecto visual que no da la talla como superproducción.

Parece que se dejaron casi todo el presupuesto en Temiscira, donde hay planos muy logrados de ciudades y paisajes imaginarios, y además a plena luz del sol. Ahí parece también que Patty Jenkins iba a dirigir con más sobriedad y naturalidad que Zack Snyder. Pero la escaramuza en la playa ya empieza a sembrar la duda. Demasiada filigrana absurda, demasiada amazona disparando flechas en posturitas muy inverosímiles, y demasiada cámara lenta innecesaria que rompe el ritmo. Y una vez en la guerra empieza a dar la impresión de que se ha acabado el dinero y las ideas. El presupuesto se estima en 150 millones de dólares, que es mucho, pero viendo que las otras entregas rondaron los 250 y no lucieron mejor, está claro que no saben sacarle partido. La introducción de Steve, escapando en avioneta de los alemanes, es horrenda, menudo cante las pantallas de fondo. La supuesta gran batalla en las trincheras muestra a unos veinte soldados en un escenario minúsculo, y se resuelve con cuatro tiros y patadas. No hay sensación real de guerra, algo que agrava porque no hay ni gota de sangre, Diana sólo usa la espada para golpear; normal que no la lleve en una vaina, no tiene filo. No sé de qué van en esta serie: Batman vs. Superman era pretendidamente oscura, Escuadrón suicida supuestamente chunga… pero a la hora de la verdad resultaron prácticamente aptas para todos los públicos. El asalto al pueblo está mejor ejecutado, pero no sorprende, y el abuso de las cámaras lentas se va convirtiendo en un lastre enorme: cuánto saltito y fotograma congelado sin venir a cuento… ¿Esto es lo que entienden por espectáculo? En la falta de épica tiene culpa también la pobre banda sonora de Rupert Gregson-Williams, otra hecha con plantilla que apenas pasa de un murmullo de fondo, y donde además el tema que Hans Zimmer compuso para Wonder Woman en Batman vs. Superman no pega ni con cola: ese rock apareciendo de la nada a todo volumen queda fatal.

El final, aun con este pobre nivel, es un bajón enorme. Primero, porque los villanos son de risa, estereotipos vulgares incapaces de transmitir nada. Segundo, porque es el mismo desenlace que el de casi todas las del género, pero en esta serie, con su excesiva simplificación argumental y su flojísimo acabado visual, resulta realmente fallido, un cutre monstruo de fase final de videojuego. A las pantallas de fondo, las nieblas y humos para ocultar la escasísima calidad de las digitalizaciones, destacando los cantosos dobles (y pensar que en Marvel llevamos años viendo peleas enteramente digitales y no se nota nada), se le suma el infantil progreso de la batalla: ahora me saco un golpe o un rayo más grande de la manga, ahora yo otro más, y así hasta que deciden terminar de una vez por todas.

Este desastroso desenlace deja muy malas sensaciones y casi hace olvidar las pocas virtudes que presentaba, el potencial que han desaprovechado por anclarse a un esquema tan pobre. Wonder Woman es otra película del montón que incomprensiblemente va a hacer un montón de dinero.

Para variar, el doblaje es regulero. Las voces de todas las actrices parecen muy forzadas, como si estuvieran leyendo el guion por primera vez, sin emoción, sin adecuarse al contexto, y encima a las amazonas le ponen un acento extraño… No sé si el acento está en el original, y si funciona en caso afirmativo, pero en castellano no queda bien. Tampoco me gusta que cuando se supone que se está hablando alemán lo único que hacen los actores es poner acento alemán. En cambio otros idiomas salen como tales y subtitulados.

Alerta de spoilers: A partir de aquí la destripo a fondo.–

La presentación de la heroína da demasiadas vueltas sobre su necesidad de saber más y de crecer rápido. Sabemos que la madre aceptará el entrenamiento, que llegará el punto de inflexión donde dudará sobre si abandonar lo conocido para embarcarse en el viaje, y que habrá un giro donde su mundo sufra un revés (la típica muerte del mentor, en este caso la general –Robin Wright-) que la empujará por fin a decidirse. Así que estirarlo tanto, reincidir tanto en obviedades, resulta contraproducente: en esta larga y monótona introducción me envolvió el aburrimiento y la sensación de decepción, de que me he dejado engañar otra vez, y apenas se disipa en el siguiente segmento, pues, como señalaba, el choque con el mundo exterior es lo mejor pero lo desaprovechan demasiado. Que el tipo con el que se embarca en la aventura sea un mazizo algo pagado de sí mismo con el que surge un flechazo instanténeo es otra desilusión. ¿Por qué esa obsesión con apoyarse en estereotipos tan manidos? ¿Qué miedo hay a escribir personajes más humanos, más complejos? De un espía curtido en la guerra me espero a un asesino, a alguien sin escrúpulos, y quizá amargado o con traumas. Pero nos ponen ante alguien que es tan superhéroe como ella, sólo que sin superfuerza. En otras palabras, ambos son unos estereotipos demasiado limitados y fríos, dudo que por separado no hubieran hundido la cinta por completo, y juntos, como decía, tienen buenos momentos, pero tampoco se exprime del todo el potencial latente.

El grupo no ayuda. Todos se apoyan en una característica trivial y de ahí no se mueven. El parecido con Doce del patíbulo, uno de los referentes de cinta bélica con un grupo dispar enfrentado a una misión suicida, remarca muchísimo la diferencia de calidad, o más bien la diferencia con la forma de hacer cine en la actualidad. Hay excepciones, pero pocas, y lo gracioso es que son precisamente de la competencia: Los Vengadores y Guardianes de la galaxia son grandes ejemplos de películas de grupo. Los miembros de esta panda no tienen personalidad, ninguno evoluciona hacia algo concreto o sirve para desarrollar una historia tangible. ¿Qué hacen en el relato entonces? Lo más absurdo es que mencionan un trauma en el francotirador, pero no aporta absolutamente nada. Es más, él no aporta nada; el actor metido a timador por lo menos tiene una escena en que su habilidad sirve para algo, y el indio también, aunque sea bastante cutre (la del humo que sólo ve el protagonista), pero aun así ni se acercan a un mínimo exigible. La secretaria (Lucy Davis) merece una mención aparte. La gorda simpática me resulta una vulgaridad en su propia concepción, pero el tono humorístico surrealista que le ponen, a base de ruiditos y murmullos estúpidos, termina de convertir sus apariciones en insoportables. Entre eso, la secuencia de Diana probándose trajes (recalcando que está muy buena), el que se vuelva loca por helados y bebés… ¿Pero no anunciaban una película feminista? Yo veo más bien lo contrario.

Pero hay más problemas. Los autores se aferran tanto a la idea de cumplir con el esquema sin mirar más allá que incluso arrastran a la pareja protagonista en varias ocasiones, donde quedan como tontos e inútiles después de haber sido descritos como gente seria y competente. Él, con tanta experiencia en la guerra y en el espionaje, se pone en marcha sin planificar nada, metiéndose de lleno en todo meollo improvisadamente. Se presenta en el frente sin un plan de acción, sin una ruta estudiada y apoyos en el terreno, y la secretaria les resuelve por teléfono la localización de su objetivo, que resulta estar por arte de magia a pocos kilómetros. ¡Vaya potra! Luego nadie se pregunta quién es este desconocido que hay en una fiesta exclusiva de altos mandos, y la vigilancia en la base es tan mala que entran y se pasean por ella sin problemas con un indio de dos metros con plumas y adornos y armado con un Winchester. Resulta que al final sí tiene superpoderes: la suerte. Ella, con tanta educación intelectual y militar de primer nivel, no se para a pensar ni un segundo, ataca a lo loco, apenas escucha a gente que claramente tiene más conocimientos de la situación.

Fruto de esta narrativa tan simplificada y encorsetada encontramos también no pocos momentos ridículos. Diana en su tierra es capaz de saltar un precipicio enorme y escalar una torre muy lisa, pero en la batalla del pueblo no llega a un campanario no muy alto, con muchas cornisas y agarres en su exterior (y unas escaleras en su interior, es de suponer…), todo porque toca meter la escenita en que el grupo empieza a trabajar unido. La decisión final de Steve de suicidarse para eliminar el avión con gas resulta forzadísima, todo porque hay que incluir la tragedia que haga nacer de una vez por todas a Wonder Woman. ¿Este tipo tan curtido no sabe desactivar bombas, ni cambiar el temporizador? ¿No puede saltar en paracaídas soltando una granada? ¿Y qué sentido tiene poner un temporizador en un vuelo que puede encontrarse con resistencia durante el viaje y tener que variar el rumbo? Tampoco funciona eso de que ella se pare en el momento más duro de la lucha para recordar las palabras de despedida y reconciliarse repentinamente con la humanidad, un final para el romance y una revelación que no llegan en el momento ni en la forma adecuada. Y qué me decís de los trajes mágicos… Diana se pone un vestido elegante con mucho escote, pero cuando se lo quita resulta que hemos de creernos que debajo llevaba la armadura completa, ¡incluyendo la espada!; si hasta baila con el malo y no nota el metal. ¿Qué costaba mostrarla cambiándose? ¿Unos segundos de metraje? Sin duda es mejor que tratar al espectador de gilipollas.

Las incursiones en la fiesta y en la base del enemigo dan bastante vergüenza ajena, en parte por el nulo afán que ponen en hacerlas verosímiles y trabajar la tensión y el esfuerzo de los personajes, pero también por lo absurdo de su situación: no hay quien se crea que los alemanes monten una fiesta y una base crucial tan cerca del frente activo. No mejor parado sale el relleno central de acción y posicionamiento de los personajes secundarios, o sea, el asalto a las trincheras y al pueblo. Primero, parece una dificultad muy artificiosa, pues como señalaba, se presentan en el frente sin más, no se justifica bien que deban pasar por ahí. Segundo, tanto decir que llevan años de lucha en esa zona, sin avanzar ni un metro por la resistencia alemana… y luego resulta que hay unos diez soldados por bando. También es alucinante que los alemanes pierdan ese frente y el pueblo más próximo y nadie se preocupe porque haya una incursión tan inesperada justo cuando tienen la gran fiesta y el gran plan a punto.

Los villanos, ante este panorama, no sorprende que sean otro cliché cansino. Ludendorff es un general alemán ambicioso y obsesionado con mantener la guerra. No sé cómo pretenden a estas alturas intimidarme presentándolo disparando a uno de los suyos para remarcar lo malo que es. La idea en sí es ridícula, pero la de años que tiene y todavía siguen con ella (en Escuadrón suicida también tragamos con una escenita así) colma la paciencia de cualquiera… pero es que vamos más allá, con esa escena donde envenena a los altos mandos, ¡y tira una sola máscara para que se peleen por ella y se ríe como un niño chico viéndolo! Y este golpe de estado no deja ninguna secuela clara: ¿se ha hecho con el control del ejército y no queda nadie que le rechiste, o es un apaño temporal, un intento de demostrar su valía? Un buen actor como es Danny Huston, con un físico además imponente, no es capaz de levantar un rol tan básico y aburrido. La doctora deforme (Elena Anaya), porque en una de nazis que se precie ha de haber un doctor demente y deforme, tampoco da la talla. No causa pavor, no aporta nada aparte del macguffin, el gas. Pero a eso llegamos con otra gran incongruencia. Le da a su jefe una cápsula de otro producto: “Mira, he hecho esto para ti”, y el tío se lo esnifa y obtiene una superfuerza que le permite rivalizar con Wonder Woman… Así que cabe preguntarse para qué tanto empeño en encontrar la fórmula del gas si ya tiene otra arma que les daría una ventaja inconmensurable en la guerra. Fabrica eso en cadena, preséntaselo a la junta que iba a firmar la paz, no te lo juegues todo a una baza en el último momento.

Ares, el supervillano, es simple por definición, así que había razones de más para tratar de darle una forma novedosa al clímax. Pero de nuevo parece que ponen la mira en abrazar los tópicos con fuerza en vez de intentar algo que disimule las carencias. El giro que en Ares resulta ser quien menos te lo esperabas es una parida monumental: el senador pacifista de los aliados. Parece que los guionistas lo han elegido al azar. Y sus motivaciones y planes también. Si quiere la guerra, ¿para qué trabaja para el armisticio? Dales a ambos bandos armas de una vez, en vez de andar susurrando sugerencias poco a poco. Por no decir que una vez se quita el velo, David Thewlis no funciona como archienemigo, ni parece inteligente ni temible, y menos con esos diálogos tan tontos. Porque, como cabía esperar, tenemos un villano que se pone a explicarle el plan a su principal enemigo en vez de eliminarlo de una vez. El nacimiento de Wonder Woman ya lo he comentado: precipitado e inverosímil, otro elemento que se veía venir y donde no tratan de darle una perspectiva más ingeniosa. La forma de derrotar al dios es de esas que odio: un superpoder nuevo sacado de la nada en una batalla que es puro artificio sin nada detrás. Y encima, el artificio es del malo: la pobreza visual es alucinante. El escenario y el acabado es el mismo que en Batman vs. Superman y Escuadrón suicida: un lugar sin nada vistoso, sin personalidad, y un enfrentamiento ininteligible de rayitos y explosiones generados con efectos especiales muy malos que intentan disimular entre nieblas y oscuridad.

Para colmo, después de tener a Ares aclarando bien aclarado que el hombre es malo por naturaleza, que él sólo empujó un poquito, una vez muerto este los nazis se abrazan con los protagonistas… Es decir, el mal ha desaparecido de la Tierra como esperaba Wonder Woman. ¿Cómo justifican entonces la Segunda Guerra Mundial? Y ya de paso, ¿qué hizo Diana durante la misma y durante todos los conflictos hasta el presente? Parece que se hartó del hombre y se fue de vacaciones hasta que aparece Superman, que le hará tilín también, porque no se justifica que vuelva a la acción.

Aparte cabe señalar que la madre (Connie Nielsen) y sus compañeras de Temiscira parece que seguían en la isla (a menos que el destructor varado de los nazis se pusiera a disparar y arrasara con todo…) ¿No ha vuelto a visitarlas? Esto me lleva a hacerme más preguntas sobre las amazonas. ¿Cuándo empieza su historia? ¿Hace milenios o en el siglo XIX? Porque si llevan ahí desde hace miles de años no se entiende que con un aislamiento total del resto del mundo conozcan y dominen todos los idiomas modernos. Tampoco quedan claros sus poderes; es de suponer que no envejecen, pero no parecen tener un físico superior al hombre. Los de Wonder Woman tampoco se concretan. Al final no sé si le afectan las balas y flechas, porque, si bien se mete en todo fregado sin pensar, pone mucho empeño en pararlas con el escudo y los brazaletes, y cuando está el francotirador se esconde rápidamente. Entre eso y los poderes cambiantes en la batalla final… No puedes presentar al héroe sin dejar claras sus habilidades y superpoderes.

Wonder Woman resulta un compendio de los tópicos más rancios del género, acumulados sin alma ni a veces coherencia, pero también sin sentido del espectáculo. Su impresionante éxito se me escapa.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
-> Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)

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Comanchería


Hell or High Water, 2016, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 102 min.
Dirección: David Mackenzie.
Guion: Taylor Sheridan.
Actores: Chris Pine, Ben Foster, Jeff Bridges, Gil Birmingham, Katy Mixon, Marin Ireland.
Música: Nick Cave, Warren Ellis.

Valoración:
Lo mejor: Guion, dirección, fotografía, reparto. El trasfondo melancólico y crítico.
Lo peor: Es bastante predecible.
Mejores momentos: El torpe atraco inicial, que define muy bien lo que vamos a ver. La visita al casino, que describe las diferencias entre los hermanos. Tanner despertándose alerta y la defensiva. El viejo pegando tiros. El atraco que se desmadra y la persecución. El enfrentamiento contra la ley.
El título: Me gustaría más una traducción más fiel de Hell or High Water, que viene a significar “Contra viento y marea”, pues Comanchería es un tanto ambiguo. Pero lo cierto es que ese era el título original hasta que optaron por cambiarlo poco antes del estreno, quizá por esa misma razón.
La frase:
1) -¿Cómo lograste estar un año fuera de la cárcel?
-Ha sido difícil.

2) -Te perseguirá hasta el final de tus días. Pero no estarás solo, también me perseguirá a mí.
3) -He sido pobre toda la vida. También mis padres, y sus padres. Es como una plaga que se transmite de generación en generación. Se vuelve una enfermedad. Infecta a todas las personas que uno conoce…

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Sus autores no tratan de esconder los pilares en los que se basa, pues precisamente lo que pretenden es una deconstrucción, convertir el clásico western crepuscular en un drama actual. Los elementos clave están ahí, como los forajidos desesperados, la lucha de la familia por salir adelante en un entorno difícil, el sheriff recto y competente, y toda la estructura de la trama. De hecho incluyen algún homenaje claro, como la escena de unos vaqueros salvando su rebaño de un incendio. Es cierto que esto implica que en cierta manera sabemos cómo se van a desarrollar las cosas, y concretamente el final se puede intuir con facilidad, incluyendo ese epílogo tan clásico. Pero tanto el guion de Taylor Sheridan como la dirección de David MacKenzie ofrecen un relato con una solidez y personalidad muy fuertes, con lo que se perdona bastante la sensación de que ya hemos visto muchas historias semejantes.

El elemento más enriquecedor es la perspectiva crítica, que pone patas arriba, y merecidamente, el lema de “el país de las oportunidades”, pues en realidad sigue siendo el salvaje oeste y el sálvese el más fuerte. Descarada y evidente pero verosímil, la perspectiva social cuenta además con una vena de humor negro (atención a los lugareños sacando sus armas) que recuerda al cine de los hermanos Coen (No es país para viejos sería la más cercana), con los personajes curiosos o excesivos (la camarera anciana) y sus diálogos de apariencia simple pero que esconden más de lo que parece, y un aura melancólica que deja un regusto amargo. La justificación de los protagonistas para emprender su empresa suicida, la infinidad de planos a la miseria de la zona, y los discursos directos contra la especulación bancaria y la ambición desmedida (incluyendo algunos apuntes sobre la colonización y el destino de los indígenas), componen un cuadro grisáceo y desesperanzador de la situación social del país, pues aunque se describa en concreto la zona de Texas, la crisis social reflejada es extrapolable a toda la nación.

El esfuerzo por dotar de verosimilitud y profundidad se extiende a los personajes, cada uno con un carácter muy marcado y unas motivaciones claras. Los hermanos delincuentes están embarcados en esta odisea por razones concretas relacionadas hábilmente con cómo el entorno en el que han crecido ha dirigido inexorablemente sus vidas. Uno es un padre de familia que no encuentra otra forma de salir adelante (la tercera frase seleccionada define muy bien su existencia), el otro un forajido que sólo se siente vivo con la adrenalina de los crímenes, lo único que ese mundo le ha permitido conocer. En el lado de la ley tenemos al sheriff veterano a punto de jubilarse (lo que da para uno de esos golpes de humor negro de cuidado) y a su compañero de ascendencia indígena; uno es metódico hasta la obsesión, el otro ha agachado la cabeza ante un mundo podrido y hace su trabajo con desgana.

Chris Pine da una gran sorpresa, pues no esperaba nada de él como actor tras ver su cara de palo en Star Trek 2009 y Jack Ryan, pero aquí se marca un papel sombrío y trágico excelente. El hermano alocado lo encarna el siempre estupendo e infravalorado Ben Foster (El tren de las 3:10, Pandorum), carismático como él solo. Jeff Bridges (El gran Lebowski, Valor de ley) en cambio ha sido alabado en exceso: no me parece que esté mejor que aquellos dos, de hecho sobreactúa un poco, pero también es que la idea era darle un estilo muy marcado a su rol. Y Gil Birminghanm encarna bien al agente abatido y pasota.

El tempo narrativo es magnífico, la fotografía de Giles Nuttgens muy buena, la música de Nick Cave y Warren Ellis muy atinada. MacKenzie capta toda la esencia de este brillante guion y le da la puntada final que necesitaba: la melancolía, la crítica social y el drama llegan con intensidad pero sin abrumar ni aburrir, sino enganchando con un título serio, inteligente, adulto, pero cautivador y muy entretenido, algo que escasea cada vez más en el cine de Hollywood, que se aferra a la dualidad de dramón barato para ganar premios por un lado y clones de acción y fantasía por el otro.

Star Trek: Más allá


Star Trek Beyond, 2016, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: Justin Lin.
Guion: Simon Pegg, Doug Jung.
Actores: Chris Pine, Zachary Quinto, Karl Urban, Simon Pegg, Zoe Saldana, John Cho, Anton Yelchin, Idris Elba, Sofia Boutella, Joe Taslim, Lydia Wilson.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Ligera mejora en el dibujo de los personajes y el desarrollo de la trama. Un acabado visual (dirección, efectos especiales) inconmensurable.
Lo peor: Agujeros de guion y estupideces incontables frenan su seriedad, coherencia y potencial.
Mejores momentos: El ataque al Enterprise y los primeros pasos por el planeta.
El plano: El platillo cayendo por la atmósfera.
El idioma: Tengo que agradecer por fin que no todas las malditas especies del universo hablen inglés, como ocurría en la series.
La duda: ¿El brindis en una de las primeras escenas es por el padre de Kirk o una forma de meter el homenaje al fallecido Anton Yelchin (Chekov)? Porque parece lo segundo pero el actor está presente en toda la película. Leonard Nimoy tiene su propio homenaje.

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Tercera entrega de la reinvención comercial de la saga Star Trek. Es la única digna de las tres (I y II), aunque deja la sensación de que con pocas mejoras podría haber realmente una buena película. Y eso que todas las entregas repiten el mismo esquema: tipo chungo amenaza a la Federación, sólo el Enterprise parece estar ahí para oponérsele, y los personajes siguen más o menos el mismo patrón. En los filmes de la tripulación original y la nueva generación cada historia era completamente distinta, y en general hasta los títulos más flojos tenían al menos personalidad. Pero sí, en la presente casi se ven personajes de calidad, casi se recupera la esencia de la serie, casi tenemos una superproducción que poder recordar con agrado en el futuro. Pero hay una pugna constante entre el buen hacer y la decepcionante concepción del cine de acción contemporáneo que siguen con tanto empeño en Hollywood: los personajes han de ser esbozos superficiales y reconocibles únicamente por estereotipos, el humor mejor infantil y directo, la trama debe desarrollarse de la forma más básica posible y tirando de clichés de supuesta eficacia comprobada, y todo estos elementos han de estar supeditados a los fuegos artificiales. El resultado, una obra bastante prometedora pero lastrada por exageraciones visuales innecesarias y por infinidad de fisuras o directamente agujeros monumentales en su escritura. Una caótica montaña rusa que pasa de lo intenso y espectacular a lo frío y estúpido en un abrir y cerrar de ojos.

Aunque no tuvieran una evolución concreta en los dos capítulos previos, de hecho ni ofrecían una personalidad a la que aferrarse, aquí nos presentan a los personajes en un punto de inflexión de sus vidas: han sufrido mucho en la misión de exploración de cinco años y quieren cambiar de aires. A buenas horas van a darles algo dimensión, y encima llegando a un punto clave sin una transición adecuada, pero bueno, aceptamos el repentino cambio si eso va a ofrecer algo de profundidad y recorrido emocional. A la larga no se materializa en unos caracteres atractivos que enganchen con fuerza, de hecho la maduración final es muy predecible, pero al menos durante la situación actual tenemos algo con lo que conectar, algo que explique por qué hacen determinadas cosas, y no que ocurran estas sin más, como suele darse demasiado en esta cansina visión simplificada del género. Recordemos cómo en la primera parte todo iba cayéndoles encima sin orden ni concierto, y avanzaban sin mostrar unas intenciones y esfuerzos concretos.

Spock busca a Uhura por amor, y el pasado y presente de su pueblo pesa en sus decisiones. Scotty no se amilana ante nada. Bones refunfuña pero hace su trabajo como debe. Kirk va dejando de lado su independencia e inmadurez y abrazando los valores de la Federación. Y tanto sus personas como este sistema político y social son puestos a prueba con las motivaciones y planes del villano, simples pero al menos con sentido. De esta manera, en combinación con un apartado visual de primer orden, el segmento central, con la batalla que deja a los tripulantes varados y separados unos de otros y los esfuerzos por sobrevivir y reencontrarse, ofrece una aventura que te mantiene agarrado a la butaca, disfrutando de unas odisea excitante pero también algo interesado por el porvenir de los protagonistas. Si es que incluso hay algunos diálogos con una pizca de ingenio, sobre todo por parte de Bones.

Pero no es suficiente, en general sigue sabiendo a poco, tanto porque no terminan de explotar del todo a los roles principales (Kirk continúa quedándose un tanto por debajo de Bones, Scotty y Spock) como porque no logran un grupo de secundarios con una mínima dimensión e interés. Qué difícil es hoy en día ver películas con muchos personajes carismáticos, en la línea de la magistral Mad Max: Furia en la carretera. Chekov y Sulu no tienen personalidades concretas. Uhura obedece a la tendencia del momento, el feminismo forzado: hoy en día hay que tener una mujer independiente y capaz, y esto lo entienden muchos como que debe soltar hostias como panes, así que vemos una oficial de comunicaciones que parece una soldado experta en el cuerpo a cuerpo. Otros estereotipos, estos más viejos, aparecen con las tres nuevas secundarias, pues se sabe exactamente cuál es su posición en el relato desde el primer momento: quién será la traidora, cuál la que morirá pronto, y cuál la que busca venganza. Por extensión, se ve venir de lejos cuándo veremos el enfrentamiento a puños de turno, tanto la venganza de aquella con el malo de segundo nivel como la lucha final entre Kirk y el malo principal. Este villano además recuerda demasiado al pseudo Khan del capítulo anterior, aunque sea más interesante. Y finalmente, la maduración final de las figuras principales es como decía muy previsible después de los prometedores pasos iniciales. ¿De verdad el conflicto interno no podía terminar de una forma más inteligente o al menos sutil? También tenemos alguna explicación tonta para espectadores tontos, como decir qué está haciendo el malo al lanzarse con los cristales, cuando es obvio, o traducir las conversaciones supuestamente complicadas con sentencias cortas que además están salpicadas de fallidos toques de humor.

Estas limitaciones se van disimulando aceptablemente bien porque el acabado visual sí da la talla y realza mucho la fuerza del relato. Y es que esta entrega es realmente deslumbrante, ofreciendo un título taquillero digno de ver. Como indicaba, el punto álgido, el combate espacial, corta la respiración con secuencias impresionantes, algunos planos épicos y otros incluso con cierta bella (la caída del platillo), pero el resto del metraje mantiene el ritmo entre intenso y trepidante muy bien. En el primer capítulo se quedaban cortos en la recreación del Enterprise a pesar de tener tanta relevancia; en el segundo mejoraban ese aspecto y seguían subiendo el listón con los mundos y ciudades; pero aquí alcanzan un nivel impresionante, rivalizando codo con codo con las sagas reinas de los despliegues de efectos especiales y destrucciones de ciudades y mundos, Transformers y Los Vengadores. Ahora sí que vemos la nave en todo su esplendor: saltamos entre pasillos y cubiertas recreados con una indudablemente difícil combinación de decorados enormes y detallados, maquinaria imponente (donde exprimen la técnica de girar pasillos de Origen; los “cómo se hizo” son dignos de ver) y efectos por ordenador de primer orden. A esto hay que sumar el excelente trabajo realizado también con los mundos imaginarios y la gran base espacial (aunque se pueden localizar edificios conocidos, supongo que por ahorrar esfuerzo y costes), donde se ve que quedaron tan contentos con el resultado que se permiten unos cuantos planos para vacilar, de los que no me voy a quejar.

Justin Lin (serie A todo gas/Fast and Furious) maneja esta colosal superproducción con una habilidad y determinación encomiables, hasta el punto de que su labor resulta más madura y efectiva que la de J. J. Abrams. Con una visión más seria y sólida, sin efectos de lucecitas innecesarios (lens flare los llamaban), con menos ajetreo de cámara y aun así con un ritmo más vibrante. Viendo El despertar de la Fuerza quedó claro que Abrams es capaz de mucho más, pero en la presente saga le dio por experimentar y no le salió bien. Cabe destacar también que la banda sonora de Michael Giacchino tiene más pegada y más sentimiento que sus trabajos previos, que me resultaron algo apagados en el drama y repetitivos en la acción. Los actores, como es esperable con el paso del tiempo, están más cómodos en sus papeles, aunque los únicos que destacan como buenos intérpretes son Karl Urban de nuevo y ahora que tiene un rol menos bobo e histriónico también Simon Pegg.

En pocas palabras, se ve la semilla de una buena película de acción y ciencia-ficción… Pero como decía, en aras de abrazar esa obsesión con simplificar, idiotizar, llenar de clichés y abusar de lo visual, poco a poco se van abriendo grietas, apareciendo muchos agujeros de guion, situaciones inverosímiles o poco trabajadas que van frenando su potencial. Algún desliz o falta de esfuerzo se podría pasar por alto si el conjunto tuviera más coherencia, pero son tantos, y algunos de ellos bastante graves, que te pueden estropear el disfrute de una cinta que apuntaba algo más alto pero se queda en un entretenimiento irregular.

Alerta de spoilers: A partir de aquí revelo todo detalladamente, incluyendo el final.–

-La continuidad les importa bien poco con tal de lucir el dinero. Kirk y otros llegan al planeta con lo puesto pero repentinamente aparecen con unos trajes muy vistosos.
-Por qué lo llaman nebulosa si es un planeta rodeado de asteroides, que como es habitual en el cine están imposiblemente pegaditos cuando en realidad los separarían cientos de miles de kilómetros.
-¿Me tengo que creer que un ascensor está preparado para resistir en el espacio?
-¿Cómo expulsan Bones y Spock a los tripulantes de los cazas sin salir despedidos también y sin asfixiarse ni sufrir descompresión?
-¿Con todas las brechas que abren los enemigos en el Enterprise no hay más situaciones de descompresión (sólo se ven un par)? Qué bien se encajan las naves al embestir, oye.
-En el platillo estrellado Chekov tarda como cinco segundos en escuchar la llamada de la traidora, rastrearla, encontrar el lugar de difícil acceso donde la está liando y salvar a Kirk.
-Qué casualidad que el humo que se solidifica les cubra todo a Kirk y Chekov menos la cara, para que así puedan seguir respirando.
-Hablan de una tal Kalara en cierto momento… Es la traidora, pero se olvidan de presentar su nombre antes, así que tienes que hacer malabares para adivinar a quién se refieren.
-¿Pero cómo tiene la nave obsoleta (el Franklin) datos sobre la estación nueva, y cómo ponen un mapa de ella en pantalla en menos de un segundo?
-¿Por qué las naves el enjambre estallan cuando tienen problemas de comunicación? ¡Y estallan todas menos las que pilotan los protagonistas! La música es mala, pero no para tanto.
-¿Cómo sabe Bones de qué plaza le habla Kirk, y cómo calculan el tiempo para llegar todos justo en el momento clave?
-No se explica por qué Krall tiene ese careto alienígena. Es una excusa muy tramposa para forzar la pseudo sorpresa final, porque estaba claro quién era desde la mitad de la película.

En cuanto a la manía de ir a lo más exagerado, toda escena se lleva al límite, las cosas se resuelven en el último momento tras un esfuerzo y una dificultad imposibles. Esto genera muchos momentos en los que la lógica e incluso la coherencia interna se dejan de lado, lo que al fin y al cabo son también agujeros de guion:
-Otra vez tenemos la gravedad cambiante de la nave. No puedes pasarte por el forro las propias reglas expuestas para este universo sólo porque ahora quieres una escena molona. Si nos dices que el Enterprise puede pegarse unas aceleraciones increíbles (la salida del puerto espacial) sin afectar a la tripulación, luego no me puedo creer que en un par de giros en el combate la tripulación salga despedida por todas partes. Así, las escenas de gente corriendo tambaleándose o por las paredes pierden bastante verosimilitud. Para colmo, resulta que después de todo, cuando están en caída libre hacia el planeta no flotan, ¡todos andan sin problemas!
-Pero hay más lío con las fuerzas absurdas: “Tenemos que estar en velocidad terminal para que los impulsores funcionen”. ¿Perdona? ¿Quieres activar los impulsores cuando más fuerza en sentido contrario tendrán? Muy lógico sí. Y no se queda ahí la cosa, porque mientras están en caída libre los tripulantes no se pegan al asiento, ¡sino que otra fuerza misteriosa los empuja hacia adelante!
-Scotty y el barranco… ¿No era suficiente con la escapa por los pelos del abordaje, la caída aparatosa entre rocas y el estrellarse?
-¿De verdad hacía falta el salto de Kirk con la moto para atrapar a la muchacha de chiripa? La propia secuencia al completo es demasiado exagerada, y además es el único momento donde la puesta en escena no da la talla, pues el plano de la moto corriendo entre riscos canta un montón.
-El despegue del Franklin… ¿De verdad hay que forzar tanto la cosa? Ya he comentado la malaciencia de la caída suicida, pero no les bastaba, necesitaban algo más desmedido todavía: la nave rozándose con todas las montañas sin sufrir daños, el cutre amago con que se han estampado en el suelo… Pero es que hasta rompen la realidad que acaban de exponer: no es una nave hecha para volar en la atmósfera, dicen… ¡y luego encienden un montón motores de despegue! En fin, un despropósito que sólo obedece a la manía de buscar espectáculo porque sí.
-Para qué quiere el malo un arma potente pero tan difícil de encontrar cuando tiene una fenomenal en sus manos, un enjambre de por lo menos un millón de naves súper destructivas y el doble de soldados (¿de dónde los ha sacado, pero cuánta gente se ha estrellado ahí?). Sólo con esas podía haber dañado bien a la Federación si no hubiera superhéroes como Kirk de por medio, a tenor de su efectividad. Pero noooo, tiene que ir dentro, a un sitio remoto y donde oooh, llegue únicamente Kirk, porque nadie más se dirige hacia allí para detener una amenaza tan grande. Querían un malo con un plan muy concreto pero también un ejército asombroso, y acabar en el típico encuentro a tortas entre él y el prota. ¿Que no hay manera de que encaje todo junto? Da igual, el espectador de hoy en día no piensa ni se queja ante carencias narrativos descaradas.

De esta manera en el tercer acto, como ocurrió con En la oscuridad, la cinta se derrumba por completo. Las buenas formas, ya heridas, se rematan con un inane desfile de efectos especiales. Hay que hacer demasiados saltos de fe para aceptar lo que se ve. El problema más destacable de hecho supone un agujero de guion demencial, de los más grandes, absurdos e imperdonables que he visto en una película. ¿Pero por qué demonios la Federación envía como nave de rescate una base civil, es que no tiene más navíos? Vaya forma injustificada de poner en peligros desconocidos a una población civil numerosa, población a la que no sé cómo se les ocurre vivir ahí sabiendo lo que les espera. Pero si esa parida no te echa para atrás, el resto no da mucho más de sí, todo clichés y tonterías. La peleílla final a tortas en plan videojuego ya la hemos visto en entregas previas, que luzca más visualmente es lo de menos si se abandona todo intento de conexión emocional e incluso de argumento digno, pues en vez de buscar eso se inclinan por tonterías alucinantes: Scotty tomando los mandos de la estación, las palanquitas que se enganchan en el momento justo y se desenganchan igual, los protas llegando y siendo salvados también en el ultimísimo momento. Y que me expliquen qué es esa habitación acristalada y ese colector espacial gigante. ¿Cómo voy a implicarme si cada nueva escena tiene elementos sacados de la manga repentinamente?

Entre tanta sandez y las innecesariamente ostentosas escenas de acción queda un desenlace muy frío a pesar del acoso constante de ruido e imágenes. Comparemos por ejemplo con el desarrollo del tramo central: las acciones de los personajes son las que mueven la narración, y la combinación de todas sus capacidades e ideas es lo que resuelve la situación. En el final meten la tecnojerga surrealista (que también abundaba en las series, eso sí) que resuelve todo en un giro facilón: la estulta escenita de la música que mágicamente hace explotar las naves enemigas. Y no, no me vale que cada personaje diga una frase de la solución en plan teatrero, como si esa parida implicara que han trabajado todos juntos. Aparte, el epílogo cumple con lo justo sin aportar nada que no fuera predecible, nada ingenioso, pero hay que decir que el time lapse de la construcción de la nueva Enterprise es muy bonito. Eso sí, no sé cómo le siguen dando naves a Kirk si en cada misión acaban destruidas.

Star Trek (2009):
Star Trek (2009)
Star Trek: En la oscuridad (2013)
-> Star Trek: Más allá (2016)

Jack Ryan: Operación Sombra


Jack Ryan: Shadow Recruit, 2014, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 105 min.
Dirección: Kenneth Branagh.
Guion: Adam Cozad, David Koepp, basados en la obra de Tom Clancy.
Actores: Chris Pine, Kevin Costner, Keira Knightley, Kenneth Branagh.
Música: Patrick Doyle.

Valoración:
Lo mejor: Fingir que no existe.
Lo peor: Guion de risa, puesta en escena mediocre, pareja protagonista sin carisma ni calidad.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Hay algún ligero spoiler, si es que a alguien le preocupa.–

Sobre el papel la premisa es típica pero no tiene por qué dar algo malo. El analista que se ve metido en una gran conspiración y debe luchar por su vida, el mentor que le ayudará, el villano temible, las esperables persecuciones y tiroteos, las consabidas escenas de intriga como el asalto a la guarida del villano, y por supuesto el clímax final en una gran ciudad norteamericana. Sí, es una pena que para el reinicio de una saga empiecen por algo tan poco novedoso y no busquen algo distintivo (imposible no pensar en lo original e intensa que fue La caza del Octubre Rojo), pero el Hollywood actual es así. Lo que no es perdonable es que dieran el visto bueno a un guion que hace aguas por todas partes, más cerca de despropósitos recientes como La jungla 5 o incluso el cine cutre de Asalto al poder que de los buenos títulos de acción de finales de los ochenta y la década de los noventa, donde la saga tuvo su momento álgido y el género también (la trilogía de Jungla de cristal a la cabeza). La caza del Octubre Rojo (1990) fue un thriller ejemplar, el relanzamiento con Juego de patriotas (1992) siguió un camino más convencional pero al menos era entretenida y estaba bien rodada, y en Peligro inminente (1994) se arriesgaron y esforzaron bastante más y resultó otro thriller memorable; de Pánico nuclear (2002) no recuerdo nada (dudo que vuelva a verla alguna vez), pero aunque fuera mala difícilmente podría ser peor que la aquí analizada.

En el dichoso guion hay tantas lagunas y tonterías que tendría que ver la película otra vez para hacer una lista, pero obviamente no voy a perder el tiempo. Por ejemplo la secuencia de la cena y el asalto a la oficina del enemigo es vergonzosa: diálogos cutres, verosimilitud por los suelos, paridas informáticas lamentables, clímax pésimamente construido… Pero hay otros tantos momentos que parecen chistes de mal gusto, como la novia señalando a todos los experimentados agentes que el ataque será en Wall Street (poniendo a todos como imbéciles para realzar a un protagonista de forma forzadísima), el héroe deduciendo de la nada que el malo irá en un furgón policial de mentira y memeces sin nombre como esa furgoneta bomba que cae en la orilla y explota (instantáneamente) doscientos metros río adentro. La narración es un despropósito a todos los niveles (personajes, trama, escenas, diálogos), se va cayendo a pedazos conforme avanza y arrastra además una importante falta de credibilidad desde la poco sostenible premisa de guerra financiera. Hacia el final ya no queda nada, llegando a un lastimero anticlímax donde solo esperas que se acabe de una vez.

El nuevo Ryan no es tan llamativo como el interpretado por Alec Baldwin y Harrison Ford, que fue descrito como un analista de oficina cuya inexperiencia en la acción y el peligro se mostraba bien, logrando un héroe más original y realista que de costumbre. Este Ryan en cambio domina todo campo físico o intelectual con una habilidad pasmosa. Por suerte se trabaja un poco la idea de que sea un héroe militar con la carrera truncada por una lesión que lo llevó a estudiar economía, pero eso no justifica que se desenvuelva en otros elementos rozando la genialidad: controla las tareas de espionaje, la informática y el liderazgo de equipos como si llevara años haciéndolo. Vamos, un superhéroe sin matices con el que es difícil conectar: todo lo resuelve por su superioridad nata, no hay una evolución o aprendizaje visible, los pocos momentos en que se supone que sufre resultan muy forzados (la pelea con el asesino, que se va de madre cosa mala). Finalmente la escasa credibilidad que arrastra se va al traste por completo en la escena en que él solito averigua en un par de minutos todo el plan del atentado, donde además la tecnojerga y la ciencimagia informática valen de comodín para el vago guionista. Con un protagonista tan plano y poco atractivo no puedes vender una serie.

El resto de personajes son para el olvido. La novia metida con calzador en el argumento tenía un pase hasta que de repente la incluyen también en la acción con esa estúpida revelación de que él trabaja para la CIA, porque resulta que ella también se defiende como si llevara haciendo de espía toda su vida. El mentor es un rol plano e insípido que sirve para poco más que justificar la trama y es reutilizado de vez en cuando como agente de campo (parece que querían ahorrar en actores). El villano resulta ridículo desde su presentación, donde le pega una paliza a su médico sin venir a cuento. Y me temo que no es el último empleado que se carga. Odio los personajes en plan “soy malo porque sí”, y más aun los que parecen parodias de los villanos de James Bond, el típico tío raro que quiere dominar el mundo sin razones claras. No funciona tampoco que en unos momentos parece que el héroe es el único agente en toda Rusia y cuando el guion ya no es capaz de hacer más malabares para justificarlo salen agentes de la nada. Pues si hay más gente experimentada que se encarguen ellos y no ese novato.

Los actores andan perdidísimos. Chris Pine (experto en reinicios cutres con Star Trek y la aquí analizada) es bastante regulero y no tiene carisma, aunque tengo la impresión de que se esfuerza. Keira Knightley (Piratas del Caribe) sorprende muy para mal cuando ha tenido algún buen papel (Un método peligroso): sus muecas y expresiones forzadas son horribles. Kevin Costner no aporta nada a un personaje inerte. Kenneth Branagh es el único con talento y logra alguna mirada inquietante, pero tampoco puede hacer mucho con semejante parida de rol.

La dirección de Branagh es lastimera también. ¿Qué fue del realizador atrevido e implicado en su obra que nos regaló grandes adaptaciones de Shakespeare? Se ha vendido a lo comercial de forma incomprensible. Thor era aceptable, pero su trabajo aquí es asombrosamente espantoso, dando una de las peores labores de dirección del género en los últimos años. Frío y torpe en las conversaciones y escenas de intriga, totalmente perdido en las de acción. A pesar de ser un thriller no hay tensión ni intriga en los momentos clave, que dan más risa que otra cosa. La acción carece de originalidad y sentido del espectáculo: qué chapuceras resultan las persecuciones y tiroteos, qué difícil enterarse de algo o ver una pizca de espectacularidad. La imitación al estilo Bourne, tan esperable como innecesaria, fracasa estrepitosamente, y la comparación con las excelentes labores de John McTiernan y Phillip Noyce en la trilogía original… bueno, mejor ni hacerla, juegan en otra liga.

Es un pésimo refrito de Bourne, Misión imposible y El pacificador, y en algún momento me ha traído a la memoria a la magistral serie Rubicon… Esa sí es lo que debería ser una obra sobre Jack Ryan. Los productores han tenido suerte de que costó poco (unos escasos sesenta millones) y por ello su tibia recaudación de 140 millones no se considerará un fracaso monetario. La crítica y recepción del público ha sido floja aunque no tan mala como cabe esperar ante tal bazofia (qué triste que la gente sea tan poco exigente hoy día), pero todo apunta a que por suerte no se convertirá en una serie. Mejor olvidar que existe y empezar otra vez, esta vez con un guion serio y un realizador que se esfuerce algo más. O mejor todavía, que continúen con Jack Reacher, esa sí que apuntaba maneras y sabía recuperar el estilo del género.

Star Trek: En la oscuridad


Star Trek: Into Darkness, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 132 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: Roberto Orci, Alex Kurtzman, Damon Lindelof.
Actores: Chris Pine, Zachary Quinto, Zoe Saldana, Karl Urban, Simon Pegg, John Cho, Benedict Cumberbatch, Anton Yelchin, Bruce Greenwood, Peter Weller, Alice Eve.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Cierto esfuerzo con los personajes y la trama, amén de recuperar algo de la esencia de la saga.
Lo peor: El tramo final deja de lado el guion y resulta un desastre.

* * * * * * * * *

Quitando un prólogo demasiado aparatoso, la película empieza y avanza francamente bien. El dibujo de los personajes ha ganado enteros respecto al primer episodio, y algunos resultan bastante interesantes. Aunque Kirk sigue siendo un niñato chulo e impresentable poco creíble para lo alto que llega, al menos sus motivaciones se exponen mejor. Spock y sus relaciones con Kirk, Uhura y el entorno (sociedad y situaciones) ofrecen conflictos bastante atractivos. Con la aparición del villano principal se redondea la cosa: un enemigo de altos vuelos, atractivo, temible, que ofrece correctos enfrentamientos con los protagonistas y alrededor del que gira una historia algo llamativa y con suficiente consistencia. Además, se puede hallar algo de lo que carecía la primera entrega: el alma de la saga Star Trek. Tenemos varios dilemas morales y de responsabilidad clásicos (los límites de la Federación y la rigidez de las normas son puestos a prueba, se analiza cómo abordar situaciones desconocidas para la humanidad sin dejar de ser humanos), y el trío mítico (Spock-Kirk-McCoy) ya son mínimamente reconocibles como tales, aunque al segundo le falte todavía mucho nivel.

Aun manteniendo algunos tics (destellos, lucecitas, cámaras inclinadas), J. J. Abrams ha madurado un poco, ganando en equilibrio narrativo: la proyección resulta trepidante, a veces incluso emocionante (algo cada vez menos común en el cine de acción), y hasta las escenas más aparatosas resultan inteligibles. Además, los efectos especiales son impecables y los decorados han mejorado: por fin vemos algo más que el puente de la Enterprise, y la recreación de la Tierra convence. La banda sonora es rutinaria pero efectiva, aunque vuelvo a decir que de Michael Giacchino y del género (la ciencia-ficción permite dar rienda suelta a la imaginación) esperaba otra vez mucho más: no está a la altura del resto de la saga, ni es una gran composición de acción. Los actores, de nuevo irregulares, pero viendo algunas trayectorias cabe pensar que fallan por culpa del tono de relato. Scotty y Chekov son paridas insoportables y sus intérpretes (Simon Pegg y Anton Yelchin respectivamente) sobreactúan como piden los personajes. Chris Pine (Kirk) queda por ver si podría sacar más un rol más jugoso. Zachary Quinto (Spock) es difícil de catalogar, porque debe resultar inexpresivo, y el actor ha dado papeles horribles (Heroes) y sorprendentes (American Horror Story). Karl Urban (McCoy) está estupendo allá por donde va. Zoe Saldana (Uhura) está muy intensa en sus pocas pero cruciales apariciones. Y Benedict Cumberbatch está muy bien: carisma, porte y voz vienen de serie, pero cuando debe mostrar emociones acierta de lleno, pues el personaje resulta creíble como terrorista inteligente pero lleno de ira contenida.

En principio estamos ante una aventura que tiene ritmo, resulta entretenida y vistosa y muestra personajes sencillos pero con la suficiente solidez y atractivo, no como en el primer episodio, donde no había absolutamente nada de guion tras las imágenes y el resultado era un videoclip sin contenido ni sentido, un galimatías de escena de acción estúpida tras otra. Por desgracia, cuando la narración se lanza hacia su desenlace todo lo que había medio bueno desaparece por completo y volvemos a esos fatídicos errores. El guion se deja de lado, sólo queda un inconexo batiburrillo de escenas ruidosas donde la consistencia, verosimilitud e interés se diluyen para dar paso a una parida que se queda a poca distancia de resultar ridícula. Las incongruencias, inverosimilitudes, agujeros de guion y fantasmadas absurdas se agolpan una detrás de otra hasta dejar irreconocible lo que veníamos viendo. Es difícil nombrar todos los elementos del desastre, pero allá van algunos:

Pelean al lado de la Tierra… y nadie se entera, nadie los detecta, no llegan naves en auxilio de los implicados y en defensa del planeta. Scotty se cuela en un base secreta por la entrada principal y llega a la sala de máquinas y la sabotea sin que nadie se percate de su presencia (tampoco aquí funcionan los sistemas de detección de naves, por lo que parece: ¿cómo podrían evitar un ataque entonces?). El Enterprise, sin energía, de repente cae hacia la Tierra, aunque no parece estar tan cerca como para que adquiera tanta velocidad; pero lo absurdo de esto último es que a pesar de estar en caída libre y con la gravedad artificial fallando, los tripulantes caen y son lanzados hacia diversos sitios (de forma aleatoria según convenga a la forzada y falsa espectacularidad de la escena) en vez de flotar libremente. Convertir al Enterprise en una nave con capacidad atmosférica ¡e incluso submarina! es otro error salido de buscar escenitas sensacionalistas: no resulta verosímil ni lógico (joder, toda la cubierta resultan ser motores para poder sostenerla en el aire… aunque no dicen cómo navega bajo el agua). La salida al espacio por la exclusa, con una aceleración totalmente irreal, de imposible resulta sencillamente intragable. Resolver el duelo contra el villano como si de un juego de plataformas se tratase, emulando los peores momentos de las precuelas Star Wars (ya sabemos por qué han elegido a J. J. para estirar el legado de George Lucas), es un cierre penoso. Khan resulta un buen enemigo, pero el almirante traidor es de risa, un arquetipo tan endeble que termina de afear la poca trama que queda.

Nada salvable hay en el tramo final de la película, y recuerda otra vez (una por cada producción en la que se embarca: Alias, Perdidos, Monstruoso, Super 8…) que J. J. es un gran amigo de los fuegos artificiales pero incapaz de rematar bien una historia, de poner el guion por encima del sensacionalismo visual. Mal porvenir hay para Star Wars, porque Star Trek ya es insalvable salvo que otros autores retomen las series clásicas con su espíritu, personajes y calidad intactos.

Star Trek (2009):
Star Trek (2009)
-> Star Trek: En la oscuridad (2013)
Star Trek: Más allá (2016)

Star Trek 2009


Star Trek / Star Trek 2009 , 2009, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 126 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: Roberto Orci, Alex Kurtzman.
Actores: Chris Pine, Zachary Quinto, Eric Bana, Leonard Nimoy, Bruce Greenwood, Karl Urban, Zoe Saldana, Simon Pegg, John Cho, Anton Yelchin.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo y buenos efectos especiales y sonoros.
Lo peor: Personajes mediocres, actores mediocres, guion inmaduro e insustancial, puesta en escena artificiosa y ruidosa… Y que utilicen a los personajes clásicos para este despropósito en vez de empezar en otra época y con otros protagonistas.
Mejores momentos: El prólogo, con algunos momentos alucinantes como…
El plano: … la tripulante que sale despedida de la nave durante el ataque.
El título: Ya le podían haber puesto un nombre concreto para diferenciarla del resto de la saga, que tenemos que citarla por el nombre del director o el año. Para una vez que hace falta no ponen un subtítulo.
La pregunta: No sé si es un cambio en la traducción o está así en el guion original: ¿por qué las clásicas naves Aves de presa pasan a llamarse Halcones?

* * * * * * * * *

En un principio no esperaba nada de ella, pero como me ocurre en más ocasiones de las debidas mi vena friki me pudo. Los espectaculares avances, las ganas de no quedarme sin temas de conversación en los foros y finalmente las entusiastas críticas me llevaron a rastras al cine. Asistí a la proyección con bastante curiosidad, intentando ir sin prejuicios a pesar de estar convencido de que sería una actualización irrespetuosa con el original, esperando al menos encontrar un entretenimiento digno. Pero la realidad se impuso rápido. La ridícula presentación de Kirk echa por tierra las buenas sensaciones que deja el espectacular prólogo, diciendo a las claras que va a ser un producto de acción descerebrada acorde a nuestros tiempos: artificioso, ruidoso, trivial, vacuo, destinado a la masa, al consumo rápido, a engañar con fuegos artificiales a espectadores que ya han olvidado lo que es una trama coherente y atractiva, unos personajes verosímiles y una puesta en escena sólida que busque el espectáculo mediante una combinación de contenido y continente, y no sólo con un continente supuestamente muy vistoso. Star Trek 2009 es mucha parafernalia obtenida a golpe de billete, pero no tiene ni pizca de cine.

El guion es primitivo, insulso, simplista al máximo. La narración carece de rumbo, la forman escenas apresuradas, empalmadas de mala manera, que parecen sacadas de los peores videojuegos de plataformas. La falta de coherencia y credibilidad (no hay forma de hacer verosímiles a personajes tan críos y estúpidos, ni sus paseos por las naves turnándose en el mando) se agrava por los numerosos agujeros y fallas de verosimilitud (una nave minera capaz de acabar con las flotas de la Federación y los Klingon, el ilógico destierro de Kirk por parte de Spock –contraviene cualquier norma moral y legal, no hay quien se lo crea viniendo de tal personaje-), las escenas gratuitas (el salto en paracaídas, las criaturas del planeta de hielo, las cutres peleas cuerpo a cuerpo, la ya citada vergonzosa presentación de Kirk…) y las paridas insufribles (todo lo que rodea a Scotty, en especial la escena de las tuberías, y chistes tan infantiles como las manos de Kirk hinchadas) se amontonan unas detrás de otras sin un objetivo claro más allá de tratar de epatar con mucho ruido y pocas nueces.

La trama de fondo (la nave romulana) parecía salvable y además se presenta como lo único que guarda algún parecido con la saga clásica, pero no se potencia, porque la idea es centrarse en presentar a los personajes, y como estos son infames e insoportables el conjunto no resulta nada atractivo. Todos los caracteres son repelentes tópicos andantes con motivaciones forzadas o poco claras (¿qué mueve a Kirk?, ¿cómo entra en la academia y cómo aguanta ahí –atención a como se cargan el mítico Kobayashi Maru-?) o muy poco trabajadas (el resto); el único que medio se salva es Spock, y porque le dedican mucho metraje. En cuanto a las interpretaciones, Eric Bana rescata a un malo caricaturesco con su carisma y buen hacer (alguien así de impresionante tenían que haber contratado en Némesis para hacer de villano) y el cada vez más interesante Karl Urban es el único que consigue hacer algo reconocible a su personaje, pero toda la chavalería muestra notables limitaciones y, lo que es peor, un carisma nulo: Chris Pine (Kirk) me da hasta pena, Zachary Quinto (Spock) está en el registro interte con el que se dio a conocer en Héroes, y casi todos los demás no pueden ocultar que provienen de comedias tontas, o el guion se lo impide (especialmente molestas son las presencias Simon Pegg –Scotty- y Anton Yelchin –Chekov-). Indicar también que la aparición de Leonard Nimoy, aunque medio se justifique por la trama, no es más que un tramposo enlace y cebo para los viejos trekkies.

Pero para colmo, tampoco resulta nada destacable como superproducción de acción y entretenimiento, sino que también se ancla en los cánones comerciales contemporáneos. J. J. Abrams no sólo repite un tic que frenó el potencial visual de Misión imposible III, la puesta en escena histérica, sino que lo amplifica de forma descontrolada obteniendo un aspecto visual hipertrofiado: la fotografía está saturada de movimientos, colores y brillos y el montaje es caótico hasta resultar mareantes. En cuanto al estilo, como ha quedado claro se ha optado por acción trepidante sin escenificación, es decir, mucho rayito y explosiones pero nada de planificación ni de exprimir a los personajes. Cualquier otra película de la saga tiene escenas de acción y batallas espaciales mucho más interesantes (en especial La ira de Khan, Primer contacto, Aquel país desconocido e incluso la denostada Némesis), pues tienen un guion que relata algo consistente.

Y dos aspectos que no esperaba que me defraudaran lo han hecho de forma notable. Uno es la música de Michael Giacchino (una joven promesa que llevo tiempo siguiendo), que inesperadamente suena rutinaria, fría, impersonal y algo machacona; por si fuera poco el tema principal que se inventa para sustituir al viejo es un tanto simplón. Curiosamente, para mi sorpresa ha sido una música bien recibida por los espectadores poco dados a atender a este elemento. El otro es el diseño interior del Enterprise, que se limita a ser un puente de mando blanco y brillante (que no me gusta nada de nada), un pasillo y medio y unas salas de máquinas infinitas y horrendas. Por cierto, ¿por qué ese empeño en rodar muchas escenas en naves industriales? Le quita realismo, parece que se les acabó el dinero (que por lo general luce bastante bien) y se fueron a un polígono a rodar.

Los guionistas se las apañan para crear una realidad alternativa desde la que podrán dirigir la nueva etapa de la saga hacia donde se les antoje. La verdad es que no lo entiendo, no entiendo por qué cogen los personajes originales y los reinventan. Para eso lo lógico es empezar desde cero, en cualquier época que les venga en gana (mejor tras las demás películas y series, pues así tendrían un universo muy completo como base y además no se arriesgarían a pifiarla con las líneas temporales). Además, el parecido con la saga en estilo, forma y contenido es totalmente nulo, con lo que me pregunto por qué demonios no hicieron una película que no se llamara Star Trek. Pero ya se sabe que el dinero es quien manda, y una franquicia nueva es arriesgada, les resulta más fácil tomar un nombre que ya tiene prestigio. Y no les importa deformarlo por completo, me temo, con tal de engrosar los bolsillos. No soy lo que se dice un trekkie y aún así me siento estafado. Star Trek 2009 me resulta, lo mire por donde lo mire, innecesaria y fallida. Ha tenido una recepción comercial que en cierta manera era esperable, pero no hasta el punto de tener incluso muy buenas críticas, críticas que no alcanzo a comprender. Como ha gustado mucho, las secuelas ya están en marcha.

Star Trek (2009):
-> Star Trek (2009)
Star Trek: En la oscuridad (2013)
Star Trek: Más allá (2016)