El Criticón

Opinión de cine y música

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El vicio del poder


Vice, 2018, EE.UU.
Género: Drama, comedia, histórico.
Duración: 132 min.
Dirección: Adam McKay.
Guion: Adam McKay.
Actores: Christian Bale, Amy Adams, Steve Carell, Sam Rockwell, Alison Pill, Eddie Marsan, Jesse Plemons.
Música: Nicholas Britell.

Valoración:
Lo mejor: Hay que agradecer tanto el tocar un tema que pocos se atreven como el ofrecernos una buena visión global y crítica de hechos muy complejos.
Lo peor: Irregular, sin garra. El personaje principal es superficial y no engancha.

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Al guionista y director Adam McKay le salió una jugada bastante buena La gran apuesta (2015), que tuvo bastante éxito y acaparó bastante nominaciones y premios. No fue una cinta redonda pero sí bastante valiente, por tocar un tema muy complicado, la crisis económica mundial de 2008, y, lo más importante para triunfar, muy entretenida, sobre todo gracias a un reparto estupendo.

El vicio del poder aborda otra historia de gran envergadura con la misma fórmula, buscando un ritmo ágil a través de numerosos recursos narrativos: voz en off, flashbacks, recesos explicativos cómicos, anécdotas que pulen detalles, mezcla de escenas variadas que construyen una idea en conjunto… Es descarado intenta exprimir los réditos de La gran apuesta, pero si en aquella no terminaba de deslumbrar, en esta se queda aún más corto. Aun así, el realizador ya estaba en la órbita de los Óscar y los Globos de Oro, y ya se sabe que si caes bien en este gremio vas a estar mimado unos cuantos años más aunque hagas basuras, y se llevó incluso más nominaciones que su anterior trabajo. Pero en general la crítica y el público la recibieron con tibieza.

El empeño en repetir lo que fue útil en otro caso impide que la historia respire con vida propia, y queda una cinta bastante desequilibrada que desaprovecha un gran potencial. El individuo que explica cosas, sea interrumpiendo con una aparición o mediante voz en off, funcionó en La gran apuesta porque era un protagonista, sabíamos qué pintaba en el relato. Aquí es completamente ajeno a él, a pesar del intento de sorpresa final de relacionarlo con la historia, que encima es demagogia barata. El humor no tiene tanto ingenio, a veces entorpece más que ayuda, sobre todo en los momentos surrealistas, de romper la cuarta pared: llegan de sopetón y no terminan de encajar. El ritmo no es tan ágil, y aunque la perspectiva global se sigue bien y hay partes impactantes, hay muchos tramos de poca trascendencia e interés por la dispersión y la poca garra de una narrativa más caótica que inteligente. ¿Es una biografía seria, una comedia alocada, un documental?

Y, lo más importante, no hay personajes que te enganchen e inviten a seguir con interés lo narrado. A pesar de estar centrado en una sola figura, al contrario del reparto coral de La gran apuesta, no consigue un rol central complejo, humano, con el que conectar.

El político ultraconservador Dick Cheney, que llegó a ser el videpresidente más poderoso de la historia de EE.UU., copa el foco del relato… pero nunca sabemos qué lo mueve. McKay da unos cuantos brochazos sobre su vida que no son suficientes para hacerse una idea de su mentalidad, esperanzas y ambiciones. Parece que intenta mantener cierta distancia para no abandonar la neutralidad, algo que no lo entiendo muy bien, pues es una cinta muy crítica. Si esa era su idea, debería haber optado por tener otro punto de vista (como un periodista o un político reconstruyendo su trayectoria), o por inclinarse totalmente por el documental. Si el protagonista es este, debemos empatizar, seguir su vida con pasión o, lo que iría mejor en este caso, con resquemor e incluso odio, en vez de que nos resulte un ente vacío y a ratos cargante. A veces parece un inútil empujado por una esposa que quiere un marido con un buen trabajo (la escena de la riña me dio vergüenza ajena), otras un hábil jugador político, otras que le cae todo encima y sobrevive improvisando… Pero nunca llegamos a saber si lo que busca es ascender en el curro, o poder por sentirse superior, o transformar el mundo a su visión fascista. Ni en los momentos clave, como los problemas con la hija, quedan claras sus posturas.

Los secundarios tampoco aportan gran cosa, siendo recordables sólo por las buenas imitaciones de Steve Carell, Sam Rockwell y Amy Adams de sus respectivas figuras reales, Donald Rumsfeld, George Bush y Lynne Cheney. Christian Bale como Cheney también se mimetiza de forma impresionante, pero la verdad, tiene menos valor una imitación que construir un personaje original.

Con todo, McKay obtiene un híbrido entre documental y película instructivo, que te hace pensar y probablemente informarte mejor sobre los temas tratados, y aunque no sea un visionado muy emocionante, sí entretiene y tiene tramos que consiguen sacudirte un poco. La historia política reciente de EEUU queda bien resumida, viéndose con facilidad el panorama global de décadas de cambios y sus consecuencias. El domino de los conservadores sobre los medios de información, su habilidad para deformar la opinión pública y manejar la maraña de leyes sobre política para imponer su visión ultraconservadora, antisocial, belicista… llega a ser escalofriante. Por desgracia, este es un tipo de cine que ni con éxito llega a la gran masa de espectadores como para provocar algún cambio digno de mención, y en este caso desde luego no ha dejado huella alguna.

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La gran apuesta


The Big Short, 2015, EE.UU.
Género: Drama, biografía.
Duración: 130 min.
Dirección: Adam McKay
Guion: Adam McKay, Charles Randolph, Michael Lewis (novela).
Actores: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, John Magaro, Finn Wittrock, Brad Pitt, Hamish Linklater, Rafe Spall, Jeremy Strong.
Música: Nicholas Britell.

Valoración:
Lo mejor: El impresionante reparto. El guion es estupendo…
Lo peor: … pero el director no le saca todo el partido que parece guardar.

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La crisis económica global iniciada en los alrededores del año 2008, para quien no se haya enterado todavía, fue una estafa. Como rémora del sistema capitalista tenemos las especulaciones de la bolsa y la banca, en manos de unas pocas empresas todopoderosas que controlan el cotarro a su antojo para enriquecimiento propio. A esta gente le importan un comino las clases bajas, las leyes y la moral. Tampoco les asusta que su modelo económico explote, porque saben que tienen a los gobiernos agarrados por las pelotas y van a darles todas las ayudas que quieran hasta que el timo esté en marcha otra vez.

Pero sí, está claro que todavía hay millones de ciudadanos que no se han enterado y siguen votando a partidos políticos que avalan o utilizan estos modelos, incluso en España, donde la crisis se ha cebado más que en otros lugares por la incompetencia y corrupción del bipartidismo, y ahí siguen PP y PSOE como los partidos más votados. Por desgracia, tampoco hay muchas formas de llegar a la población adormecida e ignorante (cuando no fanática), y es una pena que un medio tan útil como el cine no se atreva más a menudo a tratar temas complejos y polémicos como la política y la economía. Aparte de Margin Call no he visto ninguna otra reciente, y encuentro muy pocas que parezcan llamativas: The Company Men (John Wells, 2010) y una de la HBO, Malas noticias (Too Big to Fall, de Curtis Hanson, 2011), aunque supongo que habrá varios documentales al estilo Inside Job.

Por suerte, ahora ha llegado La gran apuesta, que además se ha visto catapultada por algunas nominaciones a los Oscar, así que supongo que valdrá para que unos cuantos miles de individuos empanados abran los ojos… aunque no tantos como debiera, porque la mayoría estará viendo Gran Hermano en vez de una película de apariencia adulta y complicada (sólo 100 millones de dólares lleva en todo el mundo a pesar de lo que se habla de ella en los medios). Por lo menos me queda el consuelo de que en la sesión donde la vi escuché gruñidos y suspiros de rabia por la mierda que se narra, y risitas de incomodidad cuando mencionan España.

Los guionistas, y supongo que también el autor del libro en que se basan, sabían en el fregado que se metían. La terminología enrevesada de la banca y Wall Street y la complejidad global de los hechos son un muro muy alto para el espectador, así que ponen mucho empeño en explicar bien las cosas, con paréntesis descarados, narración hacia la cámara y con los personajes disimuladamente exponiendo las cosas despacito. Pero lo mejor es el tono distendido con salpicaduras de humor ácido: saben de sobra que hay que entretener, y la aventura se mantiene con un pie en la comedia negra y otro en la parida absurda (los cameos de famosos aclarando conceptos). Parece que pensaron, no sin razón, que no había forma de abordar este esperpento de historia sin hacerte vomitar, ni soltar esos datos tan complejos sin que la gente se perdiera. Así pues, el guion es muy certero a la hora de elegir el tono, consiguiendo que el espectador se implique, divierta y aprenda con facilidad.

La descripción de los protagonistas es también muy buena. Hay muchos pero cada uno tiene su personalidad bien definida, en especial los más relevantes obviamente, pero no se descuida lo más mínimo el gran repertorio de secundarios: no te quedas con los nombres pero sabes quién es quién y cómo pueden reaccionar en cada momento. Quizá el flashback del rol de Christian Bale es reiterativo, pero el resto se presenta con lo justo. La entrada de Steve Carell es fantástica, por ejemplo. El único fallo es que se empeñan en mostrárnoslos como héroes, cuando realmente ninguno lo es, pues lo que hacen es aprovechar el agujero del sistema para intentar forrarse, en vez de denunciarlo. Sólo un par de personajes amagan con ir a la prensa, pero luego deciden no seguir intentándolo y sí sacar tajada, y sólo el de Carell analiza las injusticias y problemas subyacentes… pero a la hora de la verdad no hace nada tangible por sacarlo a la luz o tratar de arreglarlo. Una visión más cínica de los propios protagonistas hubiera sido más acorde al estilo del relato, pero se nota una clara intención de ser amable en esta parte, quizá para que el espectador pueda conectar con algo positivo.

El reparto es magnífico y logra que los personajes cobren vida con mucha verosimilitud. Todos los actores secundarios están excelentes (incluso los cameos breves), pero los principales están soberbios. Christian Bale y Steve Carell son dos de los más grandes de nuestro tiempo y vuelven a demostrar por qué, aunque por desgracia el segundo, quizá por haber hecho muchas comedias tontas, no tiene el reconocimiento que merece; eso sí, aquí sí está impresionante, no como en Foxcatcher, el papel que empezó a darle reconocimiento como actor “de verdad” aunque en realidad no fuera para tanto. El único que falla es Ryan Gosling, como ocurre en absolutamente todas sus películas. ¿Qué le ven algunos? Su falta de carisma y dotes interpretativas son bien evidentes.

Ahora bien, el guion tiene una calidad que no luce en imágenes como podría. No conozco el resto de la obra del escritor y director Adam McKay (salvo por el simplón guion de Ant-Man), pero mi impresión con La gran apuesta es clara: como escritor ha estado muy por encima de su labor como director. Parece que el libreto le ha resultado demasiado inteligente y complejo, porque en la puesta en escena le faltan recursos, agilidad, sutilezas… Lo único que destaca es que sabe qué sacar de los actores en cada escena, pero es un milagro que sus interpretaciones no se pierdan en el caos. No puedes pretender una fotografía cámara en mano y un montaje frenético que transmitan sensación de inmersión y caos, y construir las escenas de forma tan evidentemente planificada, teatralizada. Con las pausas forzadas para meter chistes, los cortes de plano tan estudiados (si enfoca a alguien del fondo sabes que va a hacer algo, en vez de sorprendente porque pase algo) no se consigue la naturalidad buscada. Además, tiene patinazos muy gordos. En numerosas ocasiones incluye flashes, sean fotografías o imágenes en movimiento, de cosas paralelas, gente con sus quehaceres y tal. Pero pocas veces tienen un sentido claro, una relación con lo narrado, como la gente viviendo en la calle tras la crisis; en la gran mayoría de los casos te quedas con cara de qué narices estoy viendo.

Es imposible no pensar en qué habría resultado en manos de un realizador más dotado. Cabe citar a Martin Scorsese por el parecido con El lobo de Wall Street, y aunque esa tenía sus propios fallos que limitaban su también destacable potencial, sus virtudes en la dirección son las que se echan de menos aquí: sabio uso de recursos muy variados, gran vitalidad, y en general pegada y carisma. Mejor narrada (en agilidad e ingenio sobre todo) y con mayor personalidad, La gran apuesta podría haber sido un peliculón.

PD: Otro fallo es el final con letras explicado qué fue de cada protagonista… Podían haber puesto las caras al lado, que hay tantos que no me quedé con todos los nombres.
PD2: ¿Los fallos de montaje de la escena de Margot Robbie son a propósito? Resultan tan evidentes que me hace pensar que forman parte de la broma.

Exodus: Dioses y reyes


Exodus: Gods and Kings, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 150 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Steven Zaillian, Jeffrey Caine, Bill Collage, Adam Cooper.
Actores: Christian Bale, Joel Edgerton, Ben Kingsley, Aaron Paul, John Turturro, Sigourney Weaver.
Música: Alberto Iglesias.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual de primera.
Lo peor: Guion insustancial, con lo que la película carece de garra, de alma. La sosa banda sonora también contribuye a ello.
El título: Otro nombre absurdo que mezcla castellano e inglés. ¿Por qué no traducen exodus?

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El guion de Exodus parte de conceptos muy clásicos. La rivalidad entre hermanos/amigos por el trono, uno déspota, el otro reflexivo y moderado y que terminará dejando la abusiva nobleza para unirse al pueblo en la rebelión, y como es esperable, ambos terminarán enfrentándose; tenemos también otros topicazos como el anciano sabio y la chica de turno, esta última más que nunca metida con calzador en un capítulo que resulta anodino y también bastante machista, pues pone a la mujer como simple complemento del hombre y criadora de familias. Como todo lo hemos visto ya un millar de veces y está claro que no pretendían mostrar algo novedoso dado el relato en el que se basan, qué menos que esforzarse en darle fuerza y profundidad suficientes para que pueda causar alguna impresión y emoción. Pero no, la trama avanza con desgana y monotonía, los personajes se quedan en la superficie, es decir, en arquetipos sin alma. Y como todo es predecible, pues roza el aburrimiento. La comparativa con Gladiator es obvia y necesaria: aquella narraba prácticamente lo mismo, y no hace falta recordar la calidad, fuerza y trascendencia que transmitían todos sus elementos formando una cinta memorable.

Sólo el dinero (vestuario y decorados impresionantes) y la narrativa siempre impecable de Ridley Scott salvan a la película del suspenso, aunque en un par de aspectos se queda algo por detrás de sus últimos títulos. Los planos y secuencias de ciudades y palacios, las batallas y el cruce del Mar Rojo, son bastante impresionantes; el realizador rueda con la grandeza habitual en él: exteriores bien conjugados con efectos especiales, planificación y ejecución de escenas colosales con una facilidad pasmosa para su edad (¡77 años!), gran dominio de la épica… Pero por las características de la historia esa épica no llega a ser inconmensurable como lo fue en El reino de los cielos, aunque es justo decir que el asedio y las batallas de esa obra serán muy difíciles de superar. Y también se puede señalar que en algunos instantes se notan los efectos especiales, a pesar de que esos escenarios digitales anaranjados de la era de Gladiator ya parecían estar superados.

Pero sí, en líneas generales Scott se marca otro espectáculo visual de primer orden y como se espera de un artesano clásico: tempo bien medido, fotografía llena de estupendos planos medios y grandes angulares, gran provecho de los decorados y exteriores, y todo ello sin dejarse llevar por fuegos artificiales baratos (los recursos de los directores sin recursos: agitar la cámara y acelerar el montaje, saturar de ruido y efectos digitales). La pega, claro está, es que con personajes y trama tan débiles poca fuerza puede salir de las imágenes, por muy perfectas que sean en la técnica. En la misma tónica están los actores: son todos competentes de sobra, en especial el gran Christian Bale, pero poco margen tienen y poco terminan ofreciendo. Ahora bien, hay un aspecto que sí queda muy lejos de dar la talla para una superproducción de aventuras: la banda sonora es floja, simple y carente de empaque. Alberto Iglesias es buen compositor, y destaca su conocimiento de las músicas étnicas, pero aquí no está nada inspirado y se queda lejísimos de reforzar la épica, la aventura y el drama como se requería.

Por otro lado, otro lastre es la sensación de que Scott pretendía un acercamiento más neutral, casi histórico, a la mitología del Éxodo y Moisés. No es directo o descarado, pero todo lo que muestra (visiones de Moisés, plagas, Mar Rojo) lo hace de forma que pueda tener una explicación racional, nunca se inclina del todo por la fantasía. Abordar una fábula mitológica de esta índole sin tener una conexión plena con ella y pretender montarse un revisionismo limitado es lanzarse directamente al fracaso. Ya desde el texto en pantalla del inicio la fachada histórica se derrumba: las pirámides no las construyeron esclavos, las últimas datan de unos 600 años antes de la época representada en la película, aunque Ramsés sí mandó edificar cantidad de templos, y sobre todo no hay prueba alguna del éxodo de Moisés, no encaja en ninguna de las civilizaciones y fechas conocidas. Así, se queda corto para todos los espectadores, tanto para los que esperan ver una representación fiel de la mitología de su religión (incluyendo a los que se la creen como algo real, claro) como para los que prefieren la Historia. El resto de espectadores se conformaría con una buena aventura, pero tampoco eso consigue.

Ahora queda por ver si terminan sacando una versión extendida o director’s cut que, como en El reino de los cielos y Robin Hood, incluya material quizá menos espectacular (las productoras siempre simplifican los montajes centrándose en la acción) pero que dé mejor forma al relato y describa más en profundidad a los personajes, que algunos han quedado en casi nada, como los de Sigourney Weaver y Aaron Paul. Scott afirma que su montaje inicial, ese del que parten para formar la película final quitando cosas no esenciales y recortando escenas, duraba como cuatro horas y media, con lo que tiene buena cantidad de material en espera de formar una película que podría ser mucho mejor, de hecho incluso totalmente diferente si nos atenemos a ejemplos como su El reino de los cielos o la Alejandro Magno de Oliver Stone.

Terminator Salvation


Terminator Salvation, 2009, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: McG.
Guion: John D. Brancato, Michael Ferris.
Actores: Christian Bale, Sam Worthington, Anton Yelchin, Moon Bloodgood, Jadagrace, Bryce Dallas Howard, Common, Helena Bonham Carter, Michael Ironside, Ivan G’Vera.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Guion complejo y sólido: buena trama y excelentes personajes. Puesta en escena deslumbrante: ritmo magnífico, acción de gran nivel.
Lo peor: Lo difífil que es superar las espectativas con sagas tan queridas, y más si en algunos tramos no da todo lo que podría (el asalto a Skynet, el duelo con el T-800). Que el público no viera sus muchas buenas cualidades. Que la productora no siguiera la saga por esta línea y se inventaran un nada prometedor reinicio (Terminator Genisys).
Mejores momentos: Desde la gasolinera hasta el agua. Marcus descubriendo quién es. La fuga.

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Alerta de spoilers: Describo la trama a fondo.–

Pienso que a Terminator Salvation le ocurrió, aunque en menor medida, lo mismo que sufrió otro estreno cercano muy esperado, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal: que sea como sea la película, el público, al tener idealizada la saga, fue con unas expectativas imposibles de alcanzar. No ocurrió igual con Star Trek 2009, pero la situación no es la misma, porque el público en general no era fan de Star Trek y no esperaba nada en especial más allá de un entretenimiento descerebrado y espectacular (aunque para mí ni eso último cumplió). Terminator es un icono mundial del cine, y como tal es prácticamente intocable. En su estreno me pareció un espectáculo muy completo y una secuela de buen nivel, sobre todo teniendo en cuenta los tiempos que corren. Pero además me ha ido ganando como fan y firme defensor con el paso del tiempo y los sucesivos visionados.

Cuando se dio a conocer que el director de esta nueva entrega sería McG muchos pusieron el grito en el cielo, pues su currículo contaba con los engendros de Los Ángeles de Charlie y su secuela. Sin embargo yo le otorgué el beneficio de la duda, primero, porque echando un vistazo a esas cintas se venía que sabía rodar escenas de acción, y segundo, porque es el guion lo más importante y lo que suele fallar. Y ahí tenía muchos miedos, pues el libreto ha corrido a cargo de John Brancato y Michael Ferris, quienes en su haber tienen “joyas” como Catwoman y Primeval, y quienes escribieron también Terminator 3, donde se aferraron demasiado a los clichés de la saga pero sin lograr el tono adecuado. En ambos campos estoy bastante sorprendido y satisfecho.

Su principal acierto es el cambio de escenario, evitar repetir la fórmula de las tres primeras entregas, en cuyo tercer capítulo mostraba un desgaste enorme. Los más puristas no recibieron bien que se alejara tanto del esquema tradicional, pero igualmente hubiera sido criticada por repetitiva si no lo hubiera hecho; como digo, es imposible contentar a todos. El argumento salta en parte a lo que muchos deseábamos ver desde las visiones del futuro de los primeros episodios: la guerra contra las máquinas. Alguno se vio defraudado porque pasamos directamente a la resistencia tras la guerra y no vemos el gran conflicto, pero eso debería olvidarse en cuanto se ve lo trabajada que está la trama, porque estamos ante el guion más complejo de la saga. Se amplía la premisa de huida y supervivencia con una historia mucho más completa y variada, y crece también el número de personajes.

La vida en la resistencia, con el carismático líder John Connor, se presenta muy atractiva desde el espectacular y memorable ataque a la base de los robots, que muestra el potencial visual y sienta las bases de la trama con contundencia. Esta se presenta sólida, atractiva y además se desarrolla muy bien: el conflicto con los comandantes de la resistencia (mítico Michael Ironside), el desarrollo del plan final y el día a día en ese mundo desolado ofrecen varios frentes que agobian a Connor mientras intenta dar sentido a los mensajes de su madre en relación con las intenciones de las máquinas. Quizá el rol de Bryce Dallas Howard (la novia) no es muy llamativo, y teniendo en cuenta que parece ser el mismo personaje de Terminator 3 (Kate Bosworth, interpretada allí por Claire Danes) quizá deberían haberle dado más protagonismo, pero vale para dar más vida al entorno, y a cambio la dura Blair es muy interesante y el soldado Barnes representa bien a los seguidores fieles que tiene Connor.

Mientras, tenemos la odisea de Marcus, que se inicia en ese sugerente prólogo en la cárcel y gana en interés al toparse con Kyle Reese, otro protagonista muy conseguido con el que se conecta rápidamente. La situación de desconcierto que enfrenta Marcus se traslada muy bien al espectador, en parte por el magnetismo de Sam Worthington, y el interés sigue ganando enteros con la excelente evolución de la amistad que va formando con Reese y la chiquilla. Los pasos que va dando hasta encontrarse con Connor ofrecen una estupenda aventura de supervivencia postapocalíptica que combina con gran equilibrio la intriga, los recesos para exponer personajes, la acción… ¡y qué acción! La larga secuencia que empieza en la gasolinera y acaba con Marcus en el agua quita la respiración, como se espera de una película de Terminator.

La llegada de Marcus a la resistencia cambia toda la situación y deja a Connor perplejo al romper todos sus esquemas sobre lo que sabía y esperaba de las máquinas, aumentando la intriga sobre lo que está ocurriendo y poniendo más oscuridad sobre el destino de Marcus. Otra gran secuencia de acción tiene lugar en este campamento, y sirve como lanzamiento del arco final. Pero aquí llega un punto de ruptura importante, porque la incursión en Skynet defraudó a muchos, pues ciertamente es bastante irregular. Todos esperábamos ver la base enemiga en todo su esplendor: llena de máquinas bestiales, infranqueable para el hombre, en plan el núcleo de Matrix Revolutions. Pero el asalto final parece quedarse en poca cosa, como si se hubiera acabado el presupuesto. Y es que los realizadores apuestan por una incursión sencilla donde priman los personajes y el homenaje a la saga, algo que no me parecería mal si no fuera porque arrastra una serie de fallos que impiden que se desvanezca la sensación de engaño.

Tenemos cosas bien pensadas y bien ejecutadas, como las revelaciones del plan de Skynet, la inquietud por el destino de los protagonistas, el encuentro entre Connor y Reese, algunos homenajes a la saga (el escenario y detalles varios -la voz imitada, etc.-)… Tenemos cosas bien pensadas pero mal ejecutadas, como la lucha de Marcus por superar su programación (qué cutre la forma de quitarse el chip de la nuca; las máquinas no son tan tontas, debería haberse mostrado de forma más creíble), o el no del todo efectivo intento de homenaje con la lucha contra el T-800, que peca de poco creíble a veces: ¿pero por qué los Terminator se empeñan en lanzar gente lejos en vez de agarrarlos y machacarlos al instante? Y tenemos cosas mal planteadas y mal ejecutadas, porque parece que los personajes se pasean por Skynet como estuvieran por su casa; es evidente que las máquinas deben dejarles entrar para cerrar la trampa, pero se debería haber hecho de forma más verosímil; y en cuanto a la resistencia no hay excusa que valga: aterrizan un helicóptero y los rescatan sin aparente esfuerzo.

Así pues, aunque entiendo las intenciones de acercarse al estilo de la saga y apostar por los personajes por encima de la acción sin más, el desenlace no funciona del todo. ¿Tanto hablar del asalto final de la resistencia, tanto mostrar a grupos de la misma por todo el mundo, y después sólo vemos un helicóptero, ningún combate con máquinas, ninguna dificultad real? Con un clímax más logrado la película no es que hubiera ganado enteros, es que entonces quizá podríamos estar hablando de una obra mítica como lo son las dos primeras partes.

Vuelvo a un detalle recién mencionado porque me parece el otro único fallo digno de mención de la película y también ayuda a que el desenlace desluzca un poco. Me mosquea la manía de acabar todas las peleas de las películas de acción a puñetazos y lanzando gente contra las paredes de forma nada creíble (nadie acaba con los huesos destrozados en este tipo de filmes), y aquí más que nunca carece de sentido: qué hace un Terminator alejando a su víctima dándole así más oportunidades de sobrevivir, que la enganche bien y le destroce los huesos. Tanta exageración hace que pierda la sensación de peligro constante y tangible que transmitían los dos primeros capítulos, donde tener cerca a un Terminator significaba probablemente morir. Aquí parece un juego de te lanzo y te pillo que denota falta de ideas a la hora de planificar el duelo final, que requería más intriga y tensión y menos hostias sensacionalistas.

Me extiendo también en otro aspecto, el de las referencias. Cantidad de homenajes a la saga pululan por la cinta (la cuerda en la escopeta, el primer plano de un pie pisando algo, una gasolinera, algunos diálogos y mil detalles más), dando al episodio la acertada sensación de pertenecer a una serie aunque tenga un estilo muy distinto, pero también hay que señalar que tropiezan con una dificultad importante: prácticamente se tomaron como una obligación meter al T-800 y a Arnold Schwarzenegger, y claro, no podían mostrarlo tan viejo (fuera o no gobernador todavía), y se montaron una aparición digital que no convence del todo. Podrían haber mostrado el proceso de ponerle la piel y la cara del actor en monitores de ordenadores en la factoría, por ejemplo, sin tener que sacarlo en acción. O directamente haber pasado de ello, qué manía con incluir a Schwarzenegger: en Terminator queda bien claro que usan distintos rostros para pasar desapercibidos, de hecho Reese lucha con uno distinto en una de las visiones del futuro.

Volviendo a las buenas cualidades de la cinta, destaca bien pronto que el director logra un ritmo ejemplar y muy coherente con la trama, algo que se ve muy poco en el cine del género de acción actualmente. Cito de nuevo Star Trek 2009 como ejemplo, pues en ella se intercalan escenas porque sí sólo para tratar de asombrar con el presupuesto, olvidando el guion y la narración en el proceso. McG sabe ir al grano sin florituras innecesarias: la película es corta pero aprovecha cada instante, las secuencias de acción sirven para desarrollar la trama, no sólo para impresionar, y además son nítidas (nada de agitar la cámara y emborronar todo con digitalizaciones) y los personajes están bien sumergidos en la situación en todo momento (genial cómo trabajan juntos Marcus y Reese). Mantiene el asombro constante desde el principio (al asalto a la base de las antenas, con algunos momentos alucinantes como el plano secuencia del helicóptero), hasta la fuga de Marcus del cuartel de Connor, porque como decía el acto final lo enfocan de forma que pierde algo de fuelle. Destaca especialmente la eficaz fotografía, que con esa excelente elección del colorido ocre y apagado le otorga al futuro un aspecto siniestro y derruido, y por supuesto los excelentes efectos especiales y los sobrecogedores efectos sonoros.

Otro elemento crucial que se salda con gran éxito es la buena labor del reparto. Sam Worthington demuestra un carisma nato esperable en un héroe de acción y una interpretación muy contenida que en el mismo campo sorprende. El Connor de Christian Bale queda un poco eclipsado porque Marcus tiene más protagonismo y un recorrido emocional más complejo, pero Bale está como de costumbre inmenso, mostrando tanto las dudas como la determinación con gran energía: qué miradas más potentes consigue. También aportan el toque justo de carisma los secundarios más importantes, Anton Yelchin como Kyle y Moon Bloodgood como Blair, que se hacen querer desde sus primeras apariciones (sí, el guion tiene mucho que ver, pero ellos lo realzan).

Apuntaba muy alto como capítulo inicial de una nueva etapa de la serie, y no por el forzado monólogo final, sino porque prometía entregas con tramas igual de trabajadas. Sin embargo no tuvo mucho éxito y en el caos de productores, derechos de autor y demás no llegó a continuarse por aquí… y se montaron un reinicio desde cero (Terminator Genisys, para verano de 2015). Y aquí no puedo echar solo la culpa a los productores, porque fue el público quien no supo admirar el valor de Terminator Salvation.

La ley del más fuerte


Out of the Furnace, 2013, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 116 min.
Dirección: Scott Cooper.
Guion: Scott Cooper, Brad Ingelsby.
Actores: Christian Bale, Casey Affleck, Zoe Saldana, Woody Harrelson, Sam Shepard, Willem Dafoe, Forest Whitaker.
Música: Dickon Hinchliffe.

Valoración:
Lo mejor: La solidez de los personajes, desde el guion a los actores.
Lo peor: Nada original. No deja huella alguna.

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Out of the Furnace (renvientada en castellano a La ley del más fuerte) es una película independiente (22 millones de presupuesto) que ha logrado reunir a un buen reparto aprovechando esas ocasiones en que actores conocidos rebajan su sueldo comprometiéndose con una obra menor. Aun así, ninguna distribuidora los ha aprovechado con una campaña publicitaria y estreno decentes (de hecho a la hora de escribir esto sigue sin fecha en España), con lo que no ha tenido éxito alguno.

Como suele ocurrir con el cine independiente, destaca sobre las obras de grandes productoras en algo que cada vez se ve menos en las películas más comerciales: desde el guion se esmeran en construir unos personajes consistentes y un entorno verosímil que puede servir para analizar algún aspecto de la sociedad. La presentación de los protagonistas es efectiva, su descripción detallada y su evolución bastante correcta. La precaria situación de la región tiene a los Baze siempre en la cuerda floja. El padre está enfermo después de años trabajando en la fábrica. El hijo mayor, Russell (Christian Bale), se esfuerza por salir adelante con lo que tienen, enfrentándose con coraje y determinación a lo que la vida le echa encima (incluido el paso por la cárcel). El hermano menor, Rodney (Cassey Affleck), en cambio está más perdido, metiéndose en jaleos varios en la búsqueda de dinero rápido. La situación se desmadra cuando se implica demasiado con algunos criminales locales (Willem Dafoe, Woody Harrelson), y Russell, siendo como es, no se va a estar quietecito. Los actores están todos como siempre estupendos.

Se trabaja bien la intriga, de forma que hay peligro tangible sobre los protagonistas en todo momento, y en algunas escenas, sin acción aparatosa o sensacionalista, hay momentos donde la tensión produce una correcta sensación de agobio y miedo por el porvenir de estos. Pero aunque no se tira de clichés y el ambiente está bien conseguido, en líneas generales la trama no sorprende, con lo que algún episodio pierde algo de fuelle. Y a la larga esa falta de novedades limita bastante una propuesta con una base tan bien trabajada. No hay giros ni resoluciones que impacten, no se desvía de un camino que se ve venir de lejos. El guion es sólido, y la puesta en escena y los actores muy profesionales, pero sin novedades ni ambición alguna no es un relato que deje la más mínima huella. Además el final es facilón y sin garra, y se remata con el único momento en que intenta ofrecerse algo distinto… y no queda nada bien: el plano último es realmente confuso, tanto que el realizador Scott Cooper tuvo que explicar que es en plan metáfora y tú decides cómo acaba realmente la película. Pues después de contarnos algo tan básico, esa salida de tono no funciona.

La gran estafa americana


American Hustle, 2013, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 138 min.
Dirección: David O. Russell
Guion: David O. Russell, Eric Warren Singer.
Actores: Christian Bale, Amy Adams, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner, Louis C.K.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: El magnífico reparto y la buena calidad de los personajes la salvan del suspenso, pero…
Lo peor: … no evitan que sea un coñazo. El guion, de narrativa morosa y sin rumbo. La dirección, con escasos recursos. Su duración, a todas luces excesiva.

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A la altura de la los cuarenta minutos de proyección me seguía preguntando cuándo iba a empezar la película. Pero no queda otra que aceptar que su ritmo y tono es ese: superficial, monótono, deslavazado, sin rumbo claro. El guion de David O. Russell es flojo tirando a malo: qué mal presenta la historia y lanza el grueso de la trama, para finalmente llegar a un desenlace que no es tan sorprendente como finge ser. Entre medio la profundidad del relato es mínima: interés, complejidad y trascendencia y brillan por su ausencia, mientras que la monotonía y la incapacidad para ir al grano y no perderse en recesos innecesarios se hacen patentes minuto tras minuto; y lLa voz en off que te explica de vez en cuando lo que precisamente vemos que está ocurriendo remata esas sensaciones de imprecisión.

La puesta en escena es vistosa gracias a la ambientación (destacan las excelentes labores vestuario y maquillaje), porque David O. Russell de nuevo demuestra que dista mucho de ser el gran artesano que tantas nominaciones a premios mediáticos parecen reconocerle. The Fighter y El lado bueno de las cosas mostraban muchas carencias narrativas, y en esta estamos ante la misma situación. Algo más de vida sí consigue, alejándose del aspecto de telefilme del primer ejemplo, pero eso de que ha descubierto el travelling también tiene su lado malo: repite el cliché de acercarse al rostro del personaje demasiadas veces, dando la sensación de que estamos en la misma escena una y otra vez. Esta falta de recursos, de visión, se traduce en que el pobre libreto no gana enteros al ser llevado a la vida.

Como decía al inicio, se hace larguísima (dos eternas horas y veinte minutos), nunca es capaz de atrapar por culpa de su falta total de originalidad e ingenio, por su nula habilidades para asombrar, intrigar, divertir y emocionar, porque no sabe ofrecer giros eficaces ni lograr que cuando se torna inverosímil el espectáculo disimule la falta de credibilidad (en esto último O. Russell juega a ser Scorsese, estrellándose en el intento). Es una película sin sustancia ni energía, no se ve en ningún momento la supuesta gran aventura que viven los protagonistas.

Por suerte, esos personajes salen bien parados y sustentan hasta los largos capítulos donde el realizador parece olvidarse por completo de contar algo. En lo que sí ha demostrado Russell ser muy capaz es en la descripción de caracteres y en la dirección de actores, siendo estas cualidades las únicas que realmente han dado calidad a sus películas, destacando sobre todo la presente, la más malograda en cuanto a guion. Los cuatro protagonistas, incluyendo a la esposa rechazada, que tiene poca presencia pero resulta fascinante, son lo único que mantienen con vida el relato. Sus formas de ser se plasman bastante bien y su evolución resulta interesante, porque se ve muy bien el cambio que van sufriendo en sus vidas. Es fácil conectar con ellos, sus vivencias llegan con cierta intensidad incluso en los momentos menos atractivos de la aventura, y los actores los realzan de forma impresionante, dando el que sea probablemente el mejor reparto coral del año.

El camaleónico Christian Bale (aunque cabe preguntarse si de verdad era necesario engordar para el personaje) se inspira en el mejor Robert de Niro (hasta el tono de la voz recuerda a él ocasiones; por cierto, De Niro aparece en un pequeño papel) pero sin dejar la sensación de imitación: construye un rol completamente único, reconocible y creíble en cada gesto y tic, en las miradas, la forma de hablar… Este papelón reafirma a Bale como uno de los mejores intérpretes del presente, sobre todo ahora que el otro gran camaleón, Russel Crowe, anda algo en segundo plano. Amy Adams también está fantástica: pletórica en los mejores momentos del personaje, transmitiendo una energía que se contagia, y pasando magistralmente hacia la congoja y finalmente la desesperación cuando se tuercen las cosas. Es inenarrable la intensidad que muestra en la escena en que le dice la verdad al agente. Jennifer Lawrence arrasa en las tres o cuatro escenas que tiene: es increíble como una chica aparentemente tan dulce puede lograr un rol tan alocado y enérgico, además en un estilo diferente al de El lado bueno de las cosas, menos majareta y más inmadura y ajena a la realidad. Por cierto, no puedo evitar comentar la espectacular belleza de ambas mujeres, y lo hipnótico que resultan los escotes exageradísimos que les hacen llevar. Bradley Cooper está muy bien como agente obsesionado y descarriado, pero su labor en la recién citada El lado bueno de las cosas fue bastante superior. Los otros pocos secundarios relevantes están muy correctos: Jeremy Renner demostrando que es más que un actor de acción, Louis C. K. como eterno secundario de calidad.

Aunque se podría decir que la interpretación de Matthew McConaughey en Buyers Dallas Club supera al esfuerzo de Bale, Lawrence como secundaria le da mil vueltas a la favorecida por la Academia, Lupita Nyong’o (12 años de esclavitud), si acaso debería haber sido rival directa de Sally Hawkins (Blue Jasmine), donde no sabría a quién elegir. Amy Adams, con cinco nominaciones a los Oscar a cuestas, tenía aquí el papel perfecto para ser el mejor del año, pero es que Cate Blanchett está insuperable en Blue Jasmine. De todas formas, aquí caigo en los errores de los medios y entregas de premios: destacar un solo papel cuando hay tantos excelentes es injusto, porque parece quitarle méritos a los demás. Pero como me suele pasar, no puedo evitar comentar los eternos desaguisados de los Globos de Oro y sobre todo los Oscar. En este caso destaca lo terriblemente injusto que es premiar por popularidad: las ridículas nominaciones a dirección, guion y película vuelven a señalar otro año más el sinsentido que son estos certámenes.

Casi ni la acabo, de plomiza y fallida. ¿Una de las diez mejores películas del año? Una de las peores, si acaso (hablando de producciones de primera división, claro). Al menos su éxito ha servido para reconocer a su memorable reparto, que en otras condiciones seguramente pasaría desapercibido. Por lo demás, dan ganas de ponerse El golpe (The Sting, 1973) para quitarse el mal trago.

El Caballero Oscuro: La leyenda renace


The Dark Knight Rises, 2012, EE.UU.
Género: Acción, drama, superhéroes.
Duración: 165 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, Jonathan Nolan, David S. Goyer.
Actores: Christian Bale, Joseph Gordon-Levitt, Tom Hardy, Anne Hathaway, Gary Oldman, Michael Caine, Morgan Freeman, Marion Cotillard, Matthew Modine.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: La confección de los personajes principales.
Lo peor: Demasiado larga y descentrada, demasiados fallos y agujeros en un guion también demasiado pagado de sí mismo.
El gazapo: La foto de los padres al lado de la de Rachel estaba quemada al principio, pero luego aparece en perfecto estado.
La frase:
-Bruce: Temes que si vuelvo a salir, fracasaré.
-Alfred: Temo que quiere fracasar.

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Decepción es la primera palabra que me vino a la mente mientras veía la tercera parte de la trilogía de Batman de Christopher Nolan. Decepción porque algo tan bien desarrollado tuviera un remate tan desequilibrado, caótico, fallido. Decepción porque el impresionante nivel alcanzado con El Caballero Oscuro decayera tanto de repente. Y no me entendáis mal. El Caballero Oscuro: La leyenda renace dista de ser una mala película, pero es que el listón estaba muy alto, y no esperaba que Nolan pudiera tener un patinazo de tal calibre. Muchos son los problemas de este capítulo: su falta de rumbo, la incapacidad para ir al grano y contar las cosas con claridad, los giros absurdos, la falta de credibilidad… Y es una pena, porque la base de la que parte es bastante atractiva: unos personajes muy sólidos y unas cuantas buenas ideas. Pero me temo el guion es tan torpe que hasta esos protagonistas de calidad son mal empleados en ocasiones.

La búsqueda de identidad y objetivos de Bruce Wayne/Batman (un siempre entregado Christian Bale) se amplía (y en cierta manera repite) respecto a los capítulos precedentes. La necesidad de aceptar y dominar el miedo para conocer tus límites o la obligación de mantener contacto humano para no perder el horizonte son temas recurrentes bien tratados… aunque no tan bien como antes, porque el desarrollo del personaje, obligado por la trama, parece estancarse y dilatarse en algunos momentos (en especial en la sección del pozo-cárcel). Otro problema notable con Wayne es que la proyección empieza indicando que ha pasado ocho años retirado (desde la caída de Harvey Dent en El Caballero Oscuro) y desde entonces está físicamente destrozado y psicológicamente agotado, como si llevara muchos años combatiendo el crimen cuando en realidad hemos visto que como Batman ha estado muy poco tiempo. Ese lapso temporal no se explica bien (se menciona de refilón) y sus consecuencias se fuerzan demasiado, pues no parece que fuera necesario exagerarlo tanto para iniciar el viaje para encontrarse a sí mismo y exponer el renacimiento del héroe.

Tenemos también a John Blake (Joseph Gordon-Levitt), incorrupto, inquebrantable y eficiente agente de la ley que trabaja siempre desde dentro de la norma, un héroe invisible pero ejemplar que Gothan necesita y que sólo alguien tan maduro como Gordon es capaz de ver, pues para el resto es un don nadie (a este respecto, el jefe de policía –Matthew Modine– resulta un tanto arquetípico). Su investigación acaba siendo más interesante que algunas partes dedicadas a Batman, aunque su presentación, con esa mágica deducción sobre quién se oculta tras la máscara del hombre murciélago, es irrisoria. Selina, o Catwoman (nombre que no llega a mencionarse), es una habilidosa ladrona de guante blanco en busca de redención. Sus encuentros con Wayne o Batman son todos excelentes, y la actriz Anne Hathaway, de la que esperaba poco, me sorprendió muy gratamente al mostrar con habilidad tanto la picaresca como las debilidades de su rol. Alfred, de nuevo en manos de un inmenso Michael Caine, tiene grandes momentos en su constante lucha para que su amado Bruce mantenga la cordura y la vida, y si bien su fantasía sobre su futuro es predecible resulta muy bonita y eficaz; lo que no queda muy bien es que sepa tantísimo de Bane: por mucha tecnología que tenga a su alcance parece poco probable que el mayordomo sea tan hábil a la hora de encontrar información que nadie ha encontrado. El comisario Gordon (Gary Oldman) es otro gran carácter, siempre al bordeando el límite de lo imposible en su cruzada contra el crimen; eso sí, lo de que su carta-revelación acabe en manos de Bane es un poco exagerado, por no decir que no tiene prácticamente repercusiones, así que no sé por qué se le da tanta relevancia.

Bane resulta imponente como enemigo. Su determinación y fuerza, su presencia temible, el logradísimo efecto de voz que resulta acojonante… Tenía todas las de convertirse en un villano mítico, como el Joker de Heath Ledger… pero el plan que dirige no convence del todo, y el desenlace, con giro-trampa forzado, empequeñece bastante su figura. Tom Hardy está francamente bien, teniendo en cuenta que sólo se le ven los ojos. Y dejo para el final a Miranda (Marion Cotillard), personaje ambiguo y poco definido cuya presencia en toda la película parece forzada tanto para ofrecer el romance de turno como para la sorpresa final… sorpresa tan rebuscada y tramposa que no convence lo más mínimo y afea considerablemente el desenlace: su aparición en el ultimísimo momento, el receso explicativo sonrojante, y su cambio de personalidad no hay quien se los trague.

Es una pena que este notable y atractivo grupo de protagonistas esté sumergido en un argumento no muy bien planteado y peor ejecutado que, aparte de minar en ocasiones estos roles, desarrolla la narración con torpeza. Es evidente que Christopher Nolan, con sus habituales colaboradores Jonathan Nolan y Davis S. Goyer, es muy amigo del artificio y el sensacionalismo, pero hasta ahora lo había controlado bastante bien (Origen es muy satisfactoria, Memento es excelente) o lo había maquillado sabiamente (El truco final canta a truco, pero no deja de ser fascinante). En este título sin embargo falla bastante. El guion peca de grandilocuencia, fingiendo constantemente ser enorme y épico cuando en realidad no lo es tanto, otorgándole a la historia una trascendencia y complejidad claramente impostada y excesiva: la importancia que se le da a la cárcel roza el absurdo, los dilemas internos de Batman se embarullan demasiado, y la política empresarial en torno a la industria de Wayne es el remate de todo esto: tan ininteligible y opaca, tan innecesaria que me pregunto qué motivos había para incluir algo así y darle tanto tiempo.

El plan de Bane es el hilo narrativo más importante y el que peor parado sale. Dice que quiere torturar a la ciudad atacando la esperanza de sus habitantes, para luego matarlos con una bomba. Primero, algo tan aparatoso no resulta creíble, al menos no de la forma en que se narra, pues en Batman Begins Ra’s Al Ghul (Liam Neeson) hacía más o menos lo mismo y no cantaba tanto. Segundo, lo superficial y vago que resulta mina su fuerza y credibilidad: la ideología es confusa (es anarquía y dictadura a la vez, pero no queda claro ni qué pretendía mostrarse ni qué resulta), es totalmente increíble que un país deje abandonada una ciudad en manos de terroristas durante tanto tiempo (qué cuesta colar un equipo de francotiradores o usar drones para acabar con los cabecillas), y no hablemos del cachondeo con la bomba: que si explota en determinadas condiciones, que si hay alguien con detonador, que si está en un camión dando vueltas, y que todos esperen al último días y las últimas horas para hacer algo de una vez. Y lo más importante: ¿cuáles son las razones que esgrime Bane para destruir Gotham? En Batman Begins la Liga de las Sombras se justificaba en la decadencia de la ciudad, pero aquí no recuerdo que digan nada, y la cuidad precisamente vive una época dorada. Tanta ambigüedad y falta de rumbo confunde y descoloca al espectador, y por extensión hace que pierda interés en la película.

El libreto de El Caballero Oscuro estaba perfectamente medido, colocando cada baza en su momento justo, pero aquí parece que no sabían cómo abordar unas cuantas ideas sueltas y todo queda mostrado con torpeza, desarrollado con irregularidad y adornado con pedantería injustificada. Como resultado de tanto caos, a la hora de rematar los mensajes habituales de la mitología de superhéroes, después de tanto enredo, Nolan está muy cerca de hacer el ridículo: con lo glorioso que resultó el conflicto moral de los barcos en el plan de Joker, aquí el ya de por sí nebuloso objetivo ideológico de Bane termina en una maniquea lucha entre terroristas y policías, sin que de por medio se haya visto mucha interacción con el pueblo (solo unos pocos protagonistas) y desde luego sin carga de ética ni análisis social, económico y político, cuando al iniciarse el ataque de Bane parecía que se iba a desarrollar una crítica al sistema capitalista y la desigualdad que genera.

Todo el argumento principal de la película rebosa grandilocuencia sin objetivo determinado, con lo que a medio camino se va quedando sin gas y en la resolución, cuando el humo deja ver la nada que hay detrás, se agota por completo. Pero el resto de secciones importantes navegan en el mismo mar caótico. El limbo de Batman en el pozo está lleno de tonterías: nadie es capaz de lanzar una de esas cuerdas que tienen apañando un garfio, nadie de fuera viene a sacar a algún amigo o familiar, vemos una ridícula curación de una vértebra dislocada… Otros muchos pequeños detalles afean la proyección aquí y allá: las peleas cuerpo a cuerpo nunca han sido lo más destacable, una pena teniendo en cuenta su importancia, pero aquí los trucos cinematográficos (coreografías, montaje) tienen momentos en que cantan demasiado (gente que cae sin ser golpeada, puñetazos y patadas horribles…); si la moto y el coche de Batman eran feos de narices, el esperpéntico diseño de la aeronave termina por destrozar algo mítico y esencial en el personaje: sus cachivaches y aparatos en esta saga no destacan nada; Batman se pone a pintar un murciélago gigante de gasolina en el puente con la bomba a punto de explorar y gente a punto de morir; etc., etc.

Y todo esto ocurre durante una narración excesivamente alargada, descentrada, incapaz de ir al grano y avanzar con paso firme y decidido. En momentos clave, como el clímax final, se nota muchísimo: qué larga y tediosa llega a hacerse la persecución al camión, y más sabiendo que al ser un trámite obligatoriamente previsible deberían haberse centrado en hacerlo espectacular y directo; o qué mal se resuelve la confrontación última, con esos malos que tienen un ejército armado y corren para enfrentarse a puñetazos a los policías desarmados.

El Caballero Oscuro: La leyenda renace podría haber sido muchísimo mejor reduciendo su metraje (¡dos horas y cuarenta minutos!), agilizando la trama, simplificando cosas que están muy adornadas. Potencial había de sobra: los personajes son muy atractivos y el reparto es excelente; la música ha mejorado mucho (y el tema de Bane es impresionante); escenas de calidad hay unas cuantas, sean dilemas y dramas personales (cuánto duele la partida de Alfred) o secuencias puntuales muy logradas (el prólogo es espectacular); la dirección es bastante buena (aun con el recurrente fallo de las peleas)… En resumen, estamos ante espectáculo algo denso pero entretenido, con partes dignas de destacar y unos protagonistas que llegan muy bien. Pero resulta demasiado irregular, aparatoso y largo. Y con dos episodios de tanta calidad delante suya, el sabor a decepción se magnifica.