El Criticón

Opinión de cine y música

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Legend


Legend, 2016, Reino Unido, Francia, EE.UU.
Género: Drama, crimen.
Duración: 132 min.
Dirección: Brian Helgeland.
Guion: Brian Helgeland, John Pearson (novela).
Actores: Tom Hardy, Emily Browning, David Thewlis, Christopher Eccleston, Paul Anderson, Chazz Palminteri, Tara Fitzgerald.
Música: Carter Burwell.

Valoración:
Lo mejor: Reparto. Es una historia clásica pero efectiva.
Lo peor: Le falta bastante garra y originalidad.

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Legend destila profesionalidad en todos sus elementos, ofreciendo un clásico thriller de ascenso y caída del líder de una mafia que explota bien sus puntos fuertes: los personajes son atractivos, el romance funciona, la odisea criminal no está nada mal… Sin embargo se queda corta a la hora de conseguir un filme notable, porque todo sabe a visto y se atasca en unas pocas limitaciones.

Los capos que lideran la banda son Reggie y Ronald (o Ronnie). Este último tiene serios problemas mentales que lo llevan a actuar impulsivamente y con violencia descontrolada. El primero está en cambio más centrado y dirige los negocios con más cabeza. Junto a los secuaces habituales (el contable, los matones…) van cimentando una mafia cuyos lazos llegan hasta los órganos gubernamentales de Reino Unido, con lo que la ley lo tiene difícil para actuar. La chica es una joven que queda prendada del carisma de Reggie y del glamour al que le da acceso, pero una vez conoce mejor al novio y su mundo las nubes empiezan a tornarse grises.

Tom Hardy es un valor seguro y aquí vuelve a demostrar su gran talento haciendo reconocible a cada hermano al exponer gran facilidad sus distintas personalidades y la progresión de las mismas. Si alguien no conocía a este gran actor todavía, tiene recientes Mad Max: furia en la carretera, El renacido y esta para ponerse al día con cuatro grandes papeles. Emily Browning como la chica cumple de sobras transmitiendo las sensaciones de dulzura e inocencia, y mejora cuando la relación se torna agria.

Pero el guion de Brian Helgeland (conocido por un hito del género como es L.A. Confidential) se queda en lo básico, faltándole el toque de inspiración, no digamos ya de genialidad, necesario para destacar. Lo bueno es que dentro de esta limitación no da la sensación de parecer construido a base de otras obras del género (como la insípida Brigada de élite): la aventura delictiva (basada en hechos reales, por cierto) entretiene y el romance da fluye de forma bastante natural. Hay algún tópico facilón (el de los caramelos), pero entre la correcta construcción de personajes y el buen papel de los intérpretes es fácil conectar con ellos. Y encontramos algunos buenos momentos: el tramo final, en el que ella ve lo peor de un hermano y lo mejor del otro, es muy emocionante y además sirve para poner de manifiesto la hasta entonces sutil evolución de ambos. Pero sí se echa de menos algo más de originalidad y garra. Es muy fácil prever el desarrollo de las tres secciones (historia de mafias, la relación de los hermanos, el romance con la chica) y ninguna tiene detalles o giros que aporten algo novedoso o imaginativo. Y sobre todo da la impresión de que falta contenido: el recorrido y profundidad de la hazaña criminal tiene severas carencias, pues se supone que terminan dominando el mundo del hampa del Londres de la época pero realmente hemos visto pocas acciones relevantes, una peleílla con otra pandilla (que no da sensación de ganar una guerra) y la compra de un par de clubs. Es decir, la trama además de poco original está algo descuidada, y Helgeland trata de parchear los huecos con una narración en off que lo único que consigue es matizar esa incapacidad para lograr una epopeya mafiosa de nivel.

La ambientación y la dirección funcionan correctamente (aunque la banda sonora y la selección musical no me convencen) y el ritmo fluye bastante bien, pero ya está. De ahí a deslumbrar, a dejarte enamorado de las imágenes, hay un salto que Brian Helgeland no llega a conseguir… O quizá ni lo intenta, porque no toda película tiene que tratar de ser una obra maestra, ¿no? Legend cumple de sobras en su propósito de entretener con un producto bien acabado.

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Elizabeth


Elizabeth, 1998, EE.UU., Reino Unido.
Género: Drama, histórico.
Duración: 124 min.
Dirección: Shekhar Kapur.
Guion: Michael Hirst.
Actores: Cate Blanchett, Geoffrey Rush, Christopher Eccleston, Joseph Fiennes, Richard Attenborough, Fanny Ardant, Vincent Cassel, Kathy Burke.
Música: David Hirschfelder.

Valoración:
Lo mejor: Cate Blanchett dándose a conocer a lo grande.
Lo peor: Poco ritmo y savia. Personajes poco llamativos.
Mejores momentos: Su salida triunfal del Parlamento. La llegada del duque de Anjou.

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Antes de su mejor obra, la magnífica serie Los Tudor, el guionista Michael Hirst se dio a conocer y mostró su pasión por la historia, sobre todo la inglesa, con Elizabeth, una película menor (el presupuesto fue de unos escasos veinte millones de dólares) que sin embargo tuvo gran recepción en crítica y taquilla, sin duda empujada por la presencia arrolladora de una por entonces desconocida Cate Blanchett, porque la película en sí no es muy llamativa. La idea de Hirst era hacer una trilogía mostrando el largo e importante reinado de Elizabeth I (o Isabel), la más célebre e influyente de los monarcas ingleses. La última entrega estaría finalmente confirmada a la hora de publicar este artículo, después de dudar si se haría porque la segunda parte no repitió el éxito de la primera.

La intensidad y alcance de la narración es escasa a pesar de centrarse en figuras y eventos de gran importancia. El primer problema que salta a la vista es que los personajes son algo irregulares. María Tudor (Kathy Burke) es mostrada de forma tan caricaturesca que provoca vergüenza ajena, y seguro que a más de uno lo predispone en contra del resto de la película. Norfolk (Christopher Eccleston) se supone el gran enemigo de Elizabeth y está desaparecido la mayor parte del metraje, con el resultado de que no parece una amenaza real. El papado sale de refilón, con lo que tampoco es un enemigo tangible, y el asesino enviado (Daniel Craig) tampoco tiene la presencia necesaria para causar temor. James Frain encarna un personaje que ya ni recuerdo qué hacía, y si menciono su presencia es porque luego estaría en Los Tudor en un papel memorable: Thomas Cromwell. El amigo fiel de Elizabeth, Robert Dudley, no está mal (el amago de romance es interesante), pero Joseph Fiennes es un actor muy limitado y termina de conseguir que sea un rol bastante sosete. Richard Attenborough como el consejero anciano y sabio tampoco llama mucho la atención porque no se aparta de esa posición tan tópica. Marie de Guise (Fanny Ardant) es otro enemigo demasiado lejano y ausente como para generar intriga. El protector Francis Walsingham (Geofry Rush) es el más atractivo, pero aparte de cargarse a Marie también da la sensación de que en gran parte del metraje está muy desaprovechado.

En cuanto a la figura central, tampoco es perfecta. Tardan mucho en mostrarse las motivaciones y tribulaciones de Elizabeth. Hasta que no empieza a oponerse a la guerra no hace nada, solo está ahí mientras pasan unas pocas cosas. No queda claro si quiere ser reina o no, si pretende luchar por una causa u otra, qué piensa sobre la actitud de María… A la larga alguna buena escena muestra su crecimiento y maduración, pero esta sale de la nada, no se ve un proceso de cambio tangible. La parte en que planta cara al Parlamento es excelente, por ejemplo. Los líos matrimoniales se tratan mejor que la parte política, con la relación con Robert y larga parte dedicada al francés Duque de Anjou (Vincent Cassel), que además es divertidísima. Pero si el personaje termina llegando con gran fuerza es por la colosal interpretación de Cate Blanchett, de hecho, da la sensación de que si vemos una transición es porque ella lo refleja mejor que el guion, mostrándola magistralmente: tímida al principio, llena de dudas y temores en el tramo central y endureciéndose hacia el final. El papelón que nos regala además de virtuoso derrocha carisma de forma espectacular, logrando destacar en la temporada de premios a lo grande.

La trama política está a la par que los protagonistas: a medio gas, sin una definición y un rumbo claro y consistente. Por ello el ritmo se resiente, como si la película amagara con empezar una y otra vez sin llegar a hacerlo. El relato acaba con la ejecución de los oponentes, pero no se narra con la energía necesaria para dar la sensación de que Elizabeth ha ganado su trono con esfuerzo y tesón. Además, supongo que para intentar sintetizarlo todo en unos minutos, Hirst se aparta bastante de la historia con el final de varios personajes.

La dirección es correcta sin más, aunque a veces Shekhar Kapur abusa del traveling alrededor del personaje que habla, como si quisiera con ello dar ritmo, pero resulta un tanto artificial. Los escenarios están algo limitados (se nota sobre todo comparando con la segunda parte, que contó con mayor presupuesto) de forma que parece más la Alta Edad Media que el principio del Renacimiento, pero el vestuario es excelente. La música destaca por el ostentoso y magnífico tema principal, y luego se mantiene muy bien en segundo plano en un tono más comedido.

Está claro que la película es Cate Blanchett, y por ella llegó mucho más lejos de lo que su categoría de telefilme le hubiera permitido llegar. Agarró varias nominaciones importantes (¡siete a los Oscar!, solo merecida la de vestuario) y tuvo una taquilla decente (algo más de ochenta millones), pero lo que más sorprende es que las críticas fueron bastante entusiastas para lo poco que ofrece. Se deja ver si te gusta el género histórico, pero con el aviso de que no tiene acción ninguna, los personajes son poco llamativos y la trama carece de pegada.