El Criticón

Opinión de cine y música

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Misión imposible: Fallout


Mission: Impossible – Fallout, 2018, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 147 min.
Dirección: Christopher McQuarrie.
Guion: Christopher McQuarrie.
Actores: Tom Cruise, Henry Cavill, Ving Rhames, Simon Peg, Rebecca Ferguson, Alec Baldwin, Angela Bassett, Sean Harris, Michelle Monaghan, Vanessa Kirby.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Un portento visual con escenas de acción memorables. Mayor recorrido dramático de los protagonistas.
Lo peor: Se termina de dejar de lado el género de espionaje y suspense serio. Alguna situación menor un poco cogida por los pelos.
Mejores momentos: La persecución en moto, la pelea de helicópteros, la confrontación final en la montaña.
La frase: Su misión, si decide aceptarla…

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No esperaba novedades y subidones de calidad en la saga Misión imposible, parecía que sus productores, Tom Cruise a la cabeza, habían dado con la clave para amasar dinero y se aferrarían al esquema mientras pudieran. Dejar de lado el thriller de espionaje, simplificar las tramas a una somera exposición de los giros traiciones y escenarios de siempre, llevar a los personajes más hacia el género de superhéroes que al del drama serio y limitar su progresión a que cada uno tenga su momento de lucimiento pero sin cambio real, y centrarse en narrar a toda leche para que no se noten las carencias, colocando con calzador unas cuantas secuencias de acción poco inspiradas pero al menos bien rodadas. El equilibrio entre el desgaste y la simpatía del producto final mantuvo las dos últimas entregas en el limbo de películas muy entretenidas pero que no calan lo más mínimo en la memoria, así que yo ya daba por muerta a la serie. Pero por una vez la máxima de “más grande es igual a mejor” se cumple con creces en este nuevo episodio, y eso a pesar de estar escrito y dirigido por el encargado de la anterior, Christopher McQuarrie.

En realidad debería quejarme, pues han terminado abandonando del todo el cine de espías serio que tan buenos resultados dio en la primera y tercera entregas, al menos en calidad, porque en recepción el capítulo orquestado por J. J. Abrams se resintió un poco. Por si fuera poco, todavía se nota un poco que las secuencias de principales acción son versiones de las que han funcionado previamente en la saga: no falta la persecución en moto y un final de infarto con helicópteros. Pero lo cierto es que echando toda la carne en el asador esta vez disimulan muy bien la tendencia a la simplificación y la falta de imaginación. Tanto en el desarrollo de personajes como sobre todo en lo visual han puesto mucho esfuerzo, consiguiendo una cinta de acción emocionante y espectacular a niveles inesperados, hasta el punto de tener que citarla entre las mejores del género de los últimos años.

También puedo mencionar algún pequeño punto gris, como la tonta presentación del nuevo personaje (el agente de la CIA interpretado por Henry Cavill), en plan chaval de instituto haciendo bromas inverosímiles como quitarle el oxígeno al compañero en un salto en paracaídas, y cabe preguntarse qué hace el secretario de estado (Alec Baldwin) apareciendo a solas en un lugar de reunión de espías en media misión. Pero son cosas que se olvidan pronto; la primera, en la contundente pelea en el baño en la discoteca, la segunda, porque la escena de engaños y traiciones de turno es muy efectiva.

Se maneja mejor la continuidad, algo que echaba en falta en episodios previos. Aunque sea en parte a costa de repetir con un villano a lo James Bond (el encarnado de nuevo por Sean Harris), lo de luchar contra los restos de su organización da una correcta sensación de continuidad y familiaridad. Además, la confrontación pasa factura a los protagonistas, encontrándose Ethan Hunt y sus compañeros ante el reto más difícil hasta el momento. Se los ve sufrir en cada tramo de la misión, pero también asistimos a una lucha interna que sorprende muy para bien a estas alturas. El equipo duda en algunas situaciones, e incluso de las capacidades de Ethan, y este se enfrenta a unos dilemas éticos muy complicados. La escena en que se imagina matando policías para poder salvar a cientos de miles potenciales víctimas es sorprendentemente dura y cruel. Toda la película gira alrededor de ese tipo de decisiones, jugando con la sensación de que Ethan puede convertirse en un agente capaz de justificarlo todo por la misión, acercándose así a la máquina de matar sin brújula moral que son los villanos a los que se enfrenta. Por supuesto, esto es una de acción y héroes, así que el discurso es un tanto simple, con el bien y el mal en dos extremos muy claros, pero lo que vemos vale para dotar de mayor densidad a una premisa que parecía agotada.

Siguiendo con los personajes, cabe pensar que ya que han recuperado a Michelle Monaghan podían haber traído a Maggie Q y otros compañeros del episodio tercero, que resultaron muy simpáticos pero han sido olvidados por completo. En cambio, no aparece Jeremy Renner (por problemas de agenda)… y no me había dado cuenta hasta que lo he leído por internet después de verla, así de poco que aportaba su personaje, un comodín en la lucha de despachos en Nación secreta y un cero a la izquierda en Protocolo fantasma.

En cuanto a la acción, McQuarrie supera con creces lo visto en el capítulo precedente, tanto a la hora de imaginar situaciones grandilocuentes pero con algo de carga dramática como a la hora de plasmarlas en imágenes. Critiqué en aquel que la persecución, bien encaminada, acababa tirando más de la cuenta los por efectos digitales, y que el asalto al servidor de datos no era sino una versión del visto en la primera película. Aquí tenemos otra confrontación con coches y motos, así que cabría preguntarse a qué viene teniendo aquella tan fresca, pero la verdad es que resulta memorable, no se ha visto nada semejante en persecuciones desde Ronin (John Frankenheimer, 1998), aunque las de Jason Bourne no estaban mal tampoco. Nos recorremos París a toda leche con infinidad de momentos alucinantes y giros imaginativos que enriquecen el escenario, y todo ello sin sensación de que hay efectos especiales, sino personajes pasándolas putas por escapar y sobrevivir, chocándose incluso de vez en cuando. Y a eso le sumamos el desconcierto (en quién pueden confiar) y los conflictos morales (improvisar para salvar vidas y no reventar la tapadera en el proceso), con lo que además de asombroso resulta muy emocionante.

Como señalaba, tampoco es nuevo un clímax con helicópteros, pero que me aspen si esperaba algo la mitad de impresionante. De nuevo tenemos a Tom Cruise dándolo todo, colgando de la carga, cayéndose, agarrándose como puede, pegándose hostias alucinantes por la montaña… ¿Cuánto hizo él y cuánto es efecto especial? No quiero saberlo, el engaño es perfecto, parece una situación real grabada por un testigo, sobrecogedora como pocas del género a pesar de que a estas alturas es muy difícil sorprender. Atención además a las deslumbrantes imágenes de la naturaleza, el director aprovecha al máximo las localizaciones.

La cinta sólo se podría mejorar con una banda sonora más trabajada. Se echa de menos a Danny Elfman, Michael Giacchino y Joe Kraemer, pues Lorne Balfe es un alumno de la factoría Hans Zimmer, todo sintetizador y jugar con el ritmo y el volumen más que con la composición, convirtiéndose en un efecto sonoro más que una música que refuerce sensaciones concretas.

Ahora queda la duda de si realmente es necesaria otra entrega tras este sensacional hito. ¿Tienen algo más que contar, hay forma de superar el nivel visual? Sería hora de darle un giro, pero no creo que se atrevan.

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Serie Misión Imposible:
Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
Misión imposible: Nación secreta (2015)
-> Misión imposible: Fallout (2018)

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La momia


The Mummy, 2017, EE.UU.
Género: Acción, suspense, fantasía.
Duración: 110 min.
Dirección: Alex Kurtzman
Guion: David Koepp, Christopher McQuarrie, Dylan Kussman, Jon Spaihts, Alex Kurtzman.
Actores: Tom Cruise, Annabelle Wallis, Russel Crowe, Sofia Boutella, Jake Johnson.
Música: Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Muy entretenida: va al grano, tiene un personaje central potente, buenos diálogos, y está bien hecha.
Lo peor: Resulta muy predecible. Annabelle Wallis ofrece un papel pésimo.

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Vaya varapalo se ha llevado este nuevo reinicio de La momia (que además nace como capítulo inicial de una serie con los monstruos clásicos), puesto a parir como si fuera la peor película de los últimos años, como si los autores debieran pedir perdón por haber mancillado el género. No lo entiendo, está en la media del cine de acción y fantasía revienta taquillas, con la excepción de la serie Marvel y las nuevas de La guerra de las galaxias, que se mantienen bastante por encima. Y por las críticas, tanto los medios como los espectadores la están poniendo al nivel de La gran muralla, y como que no. De hecho incluso tiene algunas virtudes que se echan de menos, más que nada porque tiene autoconsciencia de que es un entretenimiento, lo que se traduce en menos pretensiones y más simpatía. Ha pasado como con Dioses de Egipto: conocía sus limitaciones e iba al grano, a divertir y entretener, pero por alguna razón se machacó sin miramientos.

Esa falta de grandilocuencia propia del cine de acción contemporáneo realza sus puntos fuertes. Lo normal hoy en día habría sido hacer una cinta de dos horas y media con subtramas anexas empalmadas de mala manera y acción avasalladora sin límites. Aquí sus autores se esmeran en exprimir su argumento y las pocas bazas que deja de margen apostar por algo tan trillado, porque al fin y al cabo, se enfrentan a una serie comercial, con requisitos y restricciones muy concretos. Sumergen a los protagonistas en una pesadilla que pone a prueba sus límites intelectuales y físicos, pero también morales. Hay mucha acción, pero es más de correr y sobrevivir a duras penas que de ver ciudades destruyéndose y monstruos o superhéroes pegándose. Y tiene un toque adulto y oscuro muy de agradecer en esta época de cine blando, sin violencia ni drama.

El protagonista es ambiguo, amoral, y evoluciona aceptablemente bien, lejos de los cánones del género de héroes impolutos que no sabemos qué piensan ni qué esperan del mundo y de los demás personajes pero se apuntan a todos los jaleos porque sí. Nick Morton vive para sí mismo, sólo piensa en sus ganancias, y no pocas veces trata de escapar de una situación que lo perjudica y le viene grande. Poco a poco va viendo que no queda más opción que implicarse, y en pequeñas dosis observamos cómo su pose de pasota se va tambaleando. Así, a la decisión heroica final llegamos con una trayectoria coherente y tangible, no sucede sin más porque hay que cumplir con ello. Para rematar, como buen antihéroe tiene numerosas frases socarronas, irónicas o cabronas muy efectivas. “Gracias por salvarme dándome el paracaídas”, le dice ella. “Pensaba que había más”, responde él con sinceridad. Tom Cruise está como siempre: se toma muy en serio su trabajo, tanto físico como interpretativo, pero no ha vuelto a lograr un papel como el de Magnolia, parece que siempre hace del mismo personaje, con lo que siempre ves a Tom Cruise. Y aquí hay que señalar lo obvio: La momia parece una entrega de Misión Imposible con un Ethan un tanto asqueado del mundo, en plan “me jubilé para vivir la vida y he caído en otra puñetera misión”. No en vano, el equipo de guionistas es el mismo que el de las últimas entregas de la serie: Koepp, Kurzman, McQuarrie

La chica, Jenny Halsey, no se enamora sin más de un tipo perfecto, sino que se forma una relación de atracción-odio no sorprendente pero sí muy interesante, alejada de los simplones romances actuales. Ve a un tipo con recursos y capacidades, pero con un espectro moral retorcido, así que no sabe si hostiarlo o acercarse a él, generándose buenos momentos de conflicto. La pena es que relación se atasca un poco, no llega a explorarse a fondo, principalmente porque el dibujo de esta arqueóloga es, en contraste con el atractivo mercenario y saqueador, demasiado simplón. Casi termina pareciendo la excusa para explicar cosas de la trama: esa es el arma mágica, no hagas esto que te contagias la maldición, somos el grupo que lucha contra el mal, etc. Y lo peor, Annabelle Wallis está muy, muy floja. También se puede señalar que no hay personajes secundarios de peso. El Dr. Henry Jekyll es interesante, misterioso, pero la descripción de sus personalidades y cualidades se sueltan demasiado deprisa, sin que lleguen a calar, y Russell Crowe no parece muy motivado. No hay más roles que destacar; al prota lo acompaña el típico secundario simpático que te da igual lo que le pase, y ella, a pesar de la importancia de su misión y los peligros con los que podría encontrarse, no lleva acompañamiento ni escolta de ningún tipo.

La figura de la momia funciona por ese tono más sombrío, pues no intentan ir más allá del enemigo poderoso de rigor. Las películas clásicas del género siempre tenían un aura melancólica, los monstruos eran fruto de infortunios y más que malvados chocaban con el miedo de la gente. Pero en los tiempos que corren se llevan más los entes sin motivaciones que buscan el caos y la destrucción. Así que todo el prólogo que expone traiciones familiares y demás no se entiende, no justifica nada del viaje de la momia por el mundo. Sofia Boutella se limita a prestar su físico, porque el rol no da para más. Al menos, eso de que sea más una joven guapa que un cadáver momificado se justifica, porque en los avances en los que apareciera con la melena al viento provocaron algunas carcajadas y dudas. Esta villana se salva porque es una contrincante dura que hace sufrir a los protagonistas. Las peleas son encarnizadas, las hostias que se llevan se ven realistas, casi se sienten, de hecho me asombró el nivel de violencia. Las momias-zombi que va creando son amenazadoras y asquerosas. Nos ofrecen algunas escenas muy tétricas (aunque no terroríficas), otras inquietantes (la momia a punto de violar al protagonista), y en general se logra una correcta sensación de peligro inminente y fatalismo: los protagonistas están siempre al borde de la muerte, la momia los encuentra y alcanza constantemente, no se ve una salida fácil. Y aunque en el clímax final a tortas pierde bastante intensidad, porque ya es evidente todo lo que va a pasar, tiene un giro también siniestro bastante acertado.

El productor y guionista Alex Kurtzman inicia aquí su andadura como director de superproducciones (porque antes hizo una comedia sencilla, Así somos), y lo cierto es que cumple sin problemas. Supongo que esa idea de buscar una obra más contenida y oscura es de todo el equipo de productores, pero está claro que él sabe aprovecharlo. La fotografía capta muy bien los numerosos pasajes de noche o en catacumbas. La banda sonora de Brian Tyler es épica. Los efectos especiales son un fin y no un protagonista forzado, y si bien hay alguna digitalización mejorable (el avión, el plano de la tormenta engullendo Londres), las momias, usaran la tecnología que usaran, son impecables. La cinta resultante es tenebrosa, tiene un ritmo trepidante y escenas de acción breves y sencillas pero enérgicas. La secuencia del avión es espectacular, la pelea en la iglesia brutal, la huida en ambulancia por el camino del bosque es muy intensa…

Así pues, La momia tiene un poco de cada virtud que espero de una buena superproducción de acción: tener claro que es un entretenimiento pero sin caer en la vergüenza ajena, contención y seriedad sobre el artificio vacuo, un poco de esfuerzo en el guion que busque personajes con algo de vida y diálogos decentes, y un acabado sólido. No termina de ser redonda, pues se queda un poco a medias en todos los elementos (sobre todo en cuanto a personajes) y también anda muy falta de novedades, pero ya tiene más que muchos títulos que en cambio el público recibe con bastante más entusiasmo. Dinero ha hecho suficiente, pero queda por ver si, por las malas críticas, en el resto de la serie optan por un estilo más simplón y luminoso, que es lo que el público parece querer ahora.

Misión imposible: Nación secreta


Mission: Impossible – Rogue Nation, 2015, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 131 min.
Dirección: Christopher McQuarrie.
Guion: Christopher McQuarrie, Drew Pearce.
Actores: Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Jeremy Renner, Simon Pegg, Sean Harris, Ving Rhames, Simon McBurney, Alec Baldwin.
Música: Joe Kraemer.

Valoración:
Lo mejor: Entretenida y espectacular, sobre todo gracias a la puesta en escena. Personajes con cierto carisma.
Lo peor: Los topicazos, la falta de inteligencia y profunidad, los sensacionalismos… En resumen, la falta de ambición y pretensiones.
Mejores momentos: La persecución con motos.

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Nación secreta no parecía que fuera a sorprender, y finalmente no lo hace. Con sus propias y ligeras ventajas y desventajas mantiene la estructura de la cuarta entrega, que tanto éxito consiguió a pesar de simplificar bastante el estilo de la saga después de que la tercera la encarrilara de nuevo. Por ello resulta un título de acción bastante entretenido pero algo insatisfactorio, pues como siempre, cabe preguntarse por qué no se esfuerzan tan sólo un poquito más en obtener un producto más serio, sólido e inteligente, por qué seguimos con la tónica de que el género debe ser tan básico. Además, tras tantos capítulos termina surgiendo otra cuestión y decepción: por qué no se han tomado en serio la idea de hacer una serie, que cada episodio no tiene nada que ver con el resto. Hilando con eso, yo sigo echando de menos a los compañeros de la tercera parte, que desaparecieron sin más.

Esa última queja se hace muy evidente porque la proyección empieza de forma brusca con una trama que pide a gritos más desarrollo previo, pues queda precipitada y confusa inicialmente y parece desaprovechada en su conjunto. Porque con el tratamiento que recibe la historia ofrece poco recorrido, se queda en cuatro tópicos, como se se usara como una excusa para saltar de una aventura a otra, para cumplir con las escenas de rigor de la saga. Pesa también la falta de originalidad, pues todo se ve venir por mucho que lo enmarañen. De hecho, hay momentos que provocan un poco de vergüenza ajena, como el cutre intento de hacernos creer que Brandt va a traicionar a sus amigos, o lo poco verosímil que resulta que puedan pasar un intrumento por el control de seguridad del público de la ópera, como si los músicos entraran por ahí. Y finalmente, el villano es muy soso, no se ven en él características que lo hagan llamativo o temible como tanto nos van anunciando durante la proyección. Al menos, con esta trama más concreta y más cercana a los personajes (los afecta más que el caso del día de las anteriores entregas), la cinta cala mejor en la memoria que Protocolo fantasma. ¿Te acuerdas de qué iba aquella, cuál era el enemigo? También hay más sensación de trabajo en equipo, de que los secundarios están mejor desarrollados. Ahí destaca la chica de turno, que toma más protagonismo que las féminas anteriores. Eso sí, a veces es descarado como enfocan su cuerpo sin razón alguna, con lo que no consigue librarse del todo del cliché de mujer florero.

Al forzar el mismo esquema surge la necesidad de hacer que cada escena sea más grande, exagerada, épica. Y al final terminan patinando un poco. La persecución a las motos es espectacular, Christopher McQuarrie la dirige con un pulso encomiable. Pero el empeño en ir más allá está cerca de resultar un desastre: el tramo en la autovía canta a efectos digitales demasiado, perdiendo cualquier capacidad de sobrecoger por mucho que ricen el rizo. El asalto al complejo de ordenadores es bastante interesante, pero también ofrece mucho enredo metido con calzador cuando deberían trabajarse mejor la atmósfera de espionaje y tensión. Las peleas cuerpo a cuerpo sí mantienen el tipo (atención a la fuga de Ethan con ayuda de la espía, menuda forma física tiene el tío), y algunas secuencias clásicas del género son muy efectivas (la ópera), incluso las típicas de la serie con máscaras y engaños (el lío final con el primer ministro inglés).

Con todo en la balanza, Nación secreta acusa desgaste y cierta irregularidad. Pesa sobre todo lo citado: podrían haber sacado mucho más partido a la idea de los espías renegados y a la fuga. La odisea de Ethan Hunt no llega como la de Jason Bourne (sobre todo en sus dos notables primeros episodios), y hay partes donde ni si quiera parecen estar en peligro real. Lo más destacable es que da igual lo desamparados que los presenten, siempre tienen a mano un equipo tecno-mágico impresionnate que les resuelve todo… menos cuando los autores quieren forzar una escena complicada, como el asalto al servidor sumergido, donde cabe preguntarse si tan didícil era conseguir una bombona de oxígeno de plástico o cerámica.

Como la anterior, la película resulta un buen entretenimiento por su simpatía (protagonistas carismáticos, buena mezcla de suspense y acción), por ir al grano aunque sea a costa de tirar de clichés del género (la trama nunca sorprende, pero narrando a toda leche te engañan bien durante el primer visionado… luego no aguanta mucho el tipo), y sobre todo por la firme y contundente puesta en escena, que ofrece un espectáculo vistoso y trepidante. Sustituyendo a Brad Bird llega Christopher McQuarrie, guionista de títulos tan atractivos como Al filo del mañana (2014), Valkiria (2008) y Sospechosos habituales (1995), y quien llamó la atención en el género dirigiendo la más que recomendable Jack Reacher (2012). De las virtudes de aquella en el guion hay bien pocas, porque está atado a la serie y las directrices del estudio y los productores (Cruise incluido), pero en la dirección está de nuevo muy efectivo, ofreciendo una puesta en escena vibrante, dinámica y clara en la acción. En la música lo acompaña su fiel Joe Kraemer, quien cumple también de sobras con una partitura muy en la línea del estilo marcado por Michael Giacchino: orquesta excelente, temas vigorosos y bien acoplados a las imágenes.

Para pasar el rato bien vale la entrada, pero si eres más exigente hay thrillers de acción muy superiores, como la magnífica Ronin (John Frankenheimer, 1998) o la citada Jack Reacher. La pena es que el público en general cada vez es menos exigente, no hay más que ver la estupenda recepción que tiene esta simplificación de la serie. Otra cosa que parece ir a peor en estos tiempos es el doblaje. ¿Nadie más ha notado la plaga de leísmo que sufre la versión española? Los personajes parecen paletos de la España profunda en varias conversaciones.

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Serie Misión Imposible:
Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
-> Misión imposible: Nación secreta (2015)
Misión imposible: Fallout (2018)

Al filo del mañana


The Edge of Tomorrow, 2014, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 113 min.
Dirección: Doug Liman.
Guion: Christopher McQuarrie, Jez Butterworth, John-Henry Butterworth, Hiroshi Sakurazaka (novela).
Actores: Tom Cruise, Emily Blunt, Bill Paxton, Brendan Gleeson, Jonas Armstrong, Tony Way, Kick Gurry, Charlotte Riley, Noah Taylor.
Música: Christophe Beck.

Valoración:
Lo mejor: Personajes y actores muy carismáticos. Entretenimiento de buen nivel.
Lo peor: Arrítmica, predecible, final anticlimático.
La frase: La Operación Caída no es nuestra jugada final, sino la del enemigo.

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El argumento a lo día de la marmota no es nuevo, y el relato no tiene nada especialmente original o impactante que lo haga destacar por encima de la media de los géneros de la ciencia-ficción y la acción. Al menos esa es mi opinión, porque para mi sorpresa ha sido una película muy bien recibida por crítica y público, mientras que la otra incursión reciente de Tom Cruise en el género, la fascinante Oblivion, pasó muy desapercibida.

La única idea con algo de chispa es la naturaleza de los alienígenas, pero aparte de ello no parece que se esfuercen en buscar una vuelta de tuerca a la trama que aporte algo más de savia y sorpresas. Pero también tuve la sensación de que tanto guionista como director son conscientes de ello, de que no buscaban un filme complejo y trascendente, sino un entretenimiento. El resultado es una cinta honesta y lo suficientemente inteligente, pues va a lo que va sin disimular y a la vez no toma por tonto al espectador. Se explica lo justo y necesario (a partir de cierto momento no se repiten vivencias en escenarios nuevos, pero queda claro que han vivido esas partes varias veces) y se pone el esfuerzo en construir personajes sólidos y en dotar de emoción y humor a su aventura. De hecho este sentido del humor es muy de agradecer, porque además de efectivo aleja del relato un tono serio que le podría haber venido grande.

Pero no siempre el objetivo de sus creadores se cumple, porque con una premisa tan básica se notan las costuras (resulta predecible en ocasiones) o el nivel de interés pierde fuerza en varios segmentos. En el principal problema es el inestable ritmo. El tramo de presentación es correcto, pero desde mi punto de vista no tiene la fuerza necesaria para empezar la proyección cautivándote con fuerza. A las explicaciones de rigor para entender el universo presentado y dar forma al entorno donde el protagonista se verá estancado les falta algo de vidilla. No llega hasta el punto de aburrir pero retrasa el lanzamiento de la trama más de la cuenta. El tramo central es el mejor, pues la mezcla de acción con la carismática pareja protagonista tratando de resolver la situación ofrece un buen espectáculo. Pero sin margen para sorprender pronto la rutina empieza a hacer mella. Desde la estancia en la granja el ritmo decae considerablemente. Y con un desenlace tan previsible a la vista hacía falta un tramo final con más pegada. El clímax acusa de exceso de fuegos artificiales para lo poco que cuenta: el grupo (metido con calzador) en apuros, las muertes poco impresionantes de secundarios, explosiones y destrucción irrelevantes, la pareja supuestamente sudando de lo lindo cuando en estas escenas no hay la mitad de emoción que en los mejores momentos, y el consabido final feliz forzado no logran disfrazar que ahí se vieron faltos de ideas. El interés casi acaba por los suelos y empaña un poco las virtudes del relato.

También hay un par de lagunas y trampas importantes. En un momento dado queda claro que el ente alienígena conoce la existencia de nuestro héroe y trata de eliminarlo con una trampa… pero no queda claro cuánto sabe y cuánto puede hacer, de hecho mi impresión es que debería estar persiguiéndolo con el mismo esfuerzo que ponen los humanos en matarlo, y lo único que parece hacer es esperar. También cabe preguntarse cómo resulta tan fácil que el protagonista huya de su pelotón y se ponga a entrenar con la soldado más conocida a la vista de todos sin que nadie se haga preguntas. En cuanto a trampas, es muy cantoso que el desenlace fuerce la presencia del grupo a costa de dejar de lado la credibilidad: aunque aceptemos que creen la loca historia, lo que no tiene ni pies ni cabeza es que puedan salir de la base con un helicóptero sin permiso, cuando ha quedado bien claro al principio del filme que no puede salir ni una llamada telefónica para no dar pistas sobre la misión y que hay tolerancia cero con los desertores.

Los protagonistas son el plato fuerte de la función, y terminan siendo el sustento principal de la trama. Los secundarios tienen bastante más presencia, definición y carisma de lo que se ve hoy en día en el cine. En todo momento sabes quién es quién y qué esperar de él. Y la pareja protagonista es de muy buen nivel. El soldado de carrera pero sin experiencia y cobarde y la dura y fría heroína forman una pareja de opuestos no por clásica menos eficaz. Los diálogos y situaciones en que se ven envueltos los exprimen muy bien, la evolución de ambos es clara y efectiva y los actores dan la última puntada de carisma, en especial Emily Blunt (Looper), quien sabe sacar lo mejor de un personaje que no permite mucha gesticulación, que se define con poses, silencios y miradas. Gracias a ellos la sencillez de la trama se disimula bien, pues sus vivencias llegan con intensidad, y la repetición de capítulos, que al principio no apuntaba maneras, cobra rápidamente fuerza conforme evolucionan sus motivaciones, planes y penurias.

Doug Liman (El caso bourne) es un artesano bastante competente que se prodiga menos de lo deseable, y alguna vez con guiones lastimeros (Jumper). Aquí ofrece un espectáculo grato, aunque no me parece que llegue a conseguir una atmósfera y un aspecto visual como para cortar la respiración en ningún momento. Comparando con Oblivion, por volver a un referente próximo, sus escenas de acción sí dejaban pegado al asiento gracias a una mezcla de guion (algo más de originalidad y empaque), puesta en escena (magnífica la labor de Joseph Kosinski) y sensaciones globales (la situación de los protagonistas transmitía mejor el peligro). Ni siquiera el diseño artístico deslumbra, pues donde debería lucir más falla un poco: los alienígenas son una versión descarada de los del popular videojuego Crysis. Al menos los efectos especiales son buenos y los trajes de combate no están mal. También podría decirse que le ha faltado una banda sonora con más pegada.

Al final la crítica me ha quedado un poco más negativa de lo que pretendía, porque es cine palomitero del bueno, alejado del lastimero nivel del género en la actualidad, donde esta temporada hemos tenido truños como Pompeya, Transformers 4, dos versiones de Hércules… Pero es que con tanta buena crítica parece que estamos ante un peliculón, y dista mucho de serlo.

Jack Reacher


Jack Reacher, 2012, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 130 min.
Dirección: Christopher McQuarrie.
Guion: Christopher McQuarrie, Lee Child (novela).
Actores: Tom Cruise, Rosamund Pike, Richard Jenkins, David Oyelowo, Werner Herzog, Jai Courtney.
Música: Joe Kraemer.

Valoración:
Lo mejor: Un guion que recupera muy bien el estilo setentero de los thrillers de acción. El personaje central, inmenso. La excelente puesta en escena.
Lo peor: El villano comiquero y el traidor imposible desentonan en un conjunto más serio y estropean un poco el final. La escasez de títulos de este tono y calidad.
La frase:
– No puedo pagarte.
– No soy una fulana.
– Entonces sí que no puedo pagarte.

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Es sorprendente y muy de agradecer que en los tiempos que corren alguien se haya atrevido a rodar una película de acción que sea más un thriller que un desfile de efectos especiales sin nada detrás. Jack Reacher parece una cinta sacada de los años setenta, y recupera muy bien el espíritu del género: pausada, intrigante, con personajes bien definidos, con escenas de acción puntuales pero con calidad y personalidad, con una trama bien expuesta y dosificada…

Ya desde el prólogo, lento, largo y mudo, se ve que el director y guionista Christopher McQuarrie (autor de los guiones de Valkiria y la famosa Sospechosos habituales, entre otras) no va a ceder a la forma de entender el cine de acción de hoy en día. El protagonista tarda en aparecer, algunos secundarios aún más, la trama se desvela poco a poco y está muy bien hilada, con la pesquisas, revelaciones y resoluciones llegando cuando tienen que hacerlo. Obviamente el patrón a seguir es muy clásico: héroe, chica, villano, traidor… pero McQuarrie lo sabe y se esfuerza por edificar algo sólido, que no sepa a visto ni tome por tonto al espectador. En cuanto a la acción, quitando la extraña pelea en el baño, que toma un cariz cómico un tanto forzado y sin venir a cuento, no hay fantasmadas salidas de madre, tenemos persecuciones y tiroteos clásicos pero espectaculares (ese coche antiguo que coge el protagonista es un evidente homejane al género, con Bullit a la cabeza).

Sin embargo la trama se topa con un muro extraño en los malos. Ese villano exagerado propio de James Bond desentona muchísimo. Por suerte sus escenas son pocas y acaba con un giro estupendo. Pero no es el único cliché fuera de tono, porque las motivaciones del traidor quedan poco claras, de hecho, no se explican lo más mínimo. Parece que pusieron todo el empeño en la pareja protagonista…

El rol central, encarnado por Tom Cruise, está cerca de resultar antológico: un buen trasfondo que define su forma de ser y sus motivaciones, una personalidad arisca y chulesca divertidísima, una resolución y carisma impresionantes, una serie de diálogos geniales… Sin duda con un actor de mayor registro habría resultado más llamativo, pero lo cierto es que Cruise no lo hace mal, culpe de sobras en el factor carisma. Mejor actriz es Rosamund Pike, quien capta muy bien a la abogada luchadora y decidida que halla un caso que amenaza con superarla. Algunas escenas, como ella babeando por él y, tras sentirse rechazada, apareciendo con escote, tienen un punto de originalidad y humor muy inesperado y eficaz. Pero mejor es la escena de la pelea en el bar, que enlaza un diálogo tronchante tras otro. Un solo detalle me parece criticable: no resulta muy creíble que en el EE.UU. actual la gente vaya a esconder a un tipo perseguido por multitud de coches de policía; como la secuencia del baño, la gracia del momento se desvanece por su falta de seriedad.

La labor de McQuarrie tras las cámaras es excelente, y más teniendo en cuenta su inexperiencia (es su segundo trabajo como director). La cámara se está quietecita y muestra con claridad cada escena de acción gracias a una estupenda planificación (en la cantera sabes exactamente dónde está cada contrincante), una fotografía muy cuidada (la iluminación es magnífica) y un estupendo montaje. Es una de las películas de acción mejor dirigidas de los últimos años, aunque precisamente por ello se echa de menos alguna escena más con la que deleitarse.

La taquilla ha respondido bien (no de forma llamativa, pero poco más de 200 millones para 60 de presupuesto parece un buen resultado), y eso que tengo la impresión de que apenas se la ha dado publicidad a pesar de tener a Tom Cruise como protagonista, así que espero que sigan adaptando novelas del personaje, que Lee Child ha montado una saga bien larga, y nos regalen una serie con potencial para sustutuir a Jason Bourne.