El Criticón

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Terminator: Destino oscuro


Terminator: Dark Fate, 2019, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 128 min.
Dirección: Tim Miller.
Guion: David S. Goyer, Justin Rhoders, Billy Ray, Charles H. Eglee, Josh Friedman, James Cameron.
Actores: Linda Hamilton, Mackenzie Davis, Natalia Reyes, Arnold Schwarzenegger, Gabriel Luna, Diego Boneta.
Música: Tom Holkenborg.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto, sobre todo comparado con Terminator: Génesis.
Lo peor: Simple, predecible y aburrida hasta la desesperación. Acabado visual muy pobre, indigno de una superproducción. Se carga la continuidad sin respeto alguno por el fan de la saga. Que James Cameron firme y avale de nuevo semejante traición a sus seguidores. Los tráileres te destripan toda la película.

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VOLVER A UNA SAGA AGONIZANTE…

Una secuela de una serie debe mantener la esencia, su espíritu, indistintamente de cuanto se aleje o no en argumento y estilo. Terminator 2: El juicio final (James Cameron, 1991) muestra que se puede repetir la fórmula sin parecer una mala copia, y el mejor ejemplo de que se puede cambiar bastante sin perder ni una pizca del alma de la obra original lo tenemos en la aportación del propio Cameron a otra serie famosa, Aliens (1986). En ambas sagas los siguientes autores no supierion mantener el nivel.

Terminator 3: La rebelión de las máquinas (Jonathan Mostow, 2003) cumplía por la mínima, lo que en una serie tan apreciada y de tan alta calidad no es garantía de éxito, y no se recibió con mucho entusiasmo. Viendo que volver a repetir el esquema tenía todas las de fracasar en un nuevo episodio, los productores decidieron echarle agallas y optar por un cambio de rumbo en Terminator: Salvation (McG, 2009). La recepción fue tibia por parte del público, pocos seguidores la apreciamos en su momento, pero el tiempo la va asentando. A pesar de su desganado final, por fin teníamos una cinta que miraba hacia adelante, buscando historias de John Connor y la guerra contra las máquinas en el futuro, con escenarios absorbentes tanto por el gran sentido del espectáculo como por ofrecer novedades, intriga y sorpresas con una trama y unos protagonistas muy bien trabajados.

Por ahí tenían que haber seguido. Ganarse nuevos espectadores y recuperar a los antiguos poco a poco con nuevas aventuras, en vez de rapiñar como buitres del factor nostalgia. Pero en Terminator: Génesis (Alan Taylor, 2015) hicieron algo peor, algo muy común en el cine actual para tratar de dar nueva vida a éxitos pasados, sobre todo de los ochenta: el remake disfrazado de actualización. Rizaron el rizo de mala manera con la historia y los personajes, para a la hora de la verdad aportar bien poco salvo agujeros enormes, desconcertando al espectador casual e insultando al fan de toda la vida, y para colmo el proyecto arrastró fallos catastróficos, como el nefasto casting. Y todo venía avalado por James Cameron, con lo que la traición dolía más.

Pero a pesar de ir muy justa en taquilla y críticas y del cabreo de los fans con tamaña afrenta, tratan de colarnos con todo descaro un nuevo remedo con Terminator: Destino oscuro. Cameron vuelve a poner su nombre, nos la venden otra vez como la secuela verdadera, omitiendo las tres anteriores (y todo el tiempo y dinero invertidas en ellas por los fans), y ale, a ver si esta vez engañamos al público.

Lo peor es que claramente han tratado de rehacer Génesis en vez de aceptar que toda ella fue un error grave y buscar otro camino. Si no, ¿por qué toman el rediseño del esqueleto del terminator de aquella (ese con cara de loco en vez de temible), así como gran parte de su argumento? La premisa, las actualizaciones forzadas y las meteduras de pata son las mismas, solamente parece que han sido conscientes del galimatías que fue aquella e intentan simplificarlo todo… Tanto que el relato se queda en un armazón muy simple que pasa por los puntos clave de la saga sin lograr despertar interés alguno, y en vez de muchos fallos dispersos tenemos unos pocos concentrados que acaban siendo demasiado llamativos. Seis escritores acreditados, más probablemente otros tantos que no, han parido un despropósito de los que hacen época.

…PARA REMATARLA DE FORMA VERGONZOSA E INSULTANTE

Alerta de spoilers: No puedo analizarla sin entrar a fondo.–

Empezamos fuerte, con la última y más grande traición: en el prólogo matan a John Connor y resucitan a su madre, que se supone que murió de cáncer, reescribiendo la línea argumental de la saga, eliminando los episodios La rebelión de las máquinas y Salvation de un plumazo (a Génesis ni lo cuento, también reescribía todo de mala manera). Pronto se intuyen los motivos ocultos tras tan torpe y ofensiva decisión: la moda de las actualizaciones incluye otra moda horrible, el feminismo. Para los adalides de la corrección política (y por lo que se ve, ahora entra también Cameron, pues aprobó todo este sinsentido) ya no queda bien que un hombre salve a la humanidad, así que demolemos los pilares de una serie pionera en personajes femeninos fuertes para meter con calzador personajes femeninos fuertes pero a costa de denigrar a los hombres. ¿Alguien entiende algo? Yo no, sólo que me están faltando al respeto a lo grande en varios sentidos nada más empezar la proyección.

En las anteriores entregas, incluyendo la fallida Génesis, se hablaba de líderes y héroes a secas, y veíamos a varios en acción sin importar su género. Además, eran individuos realistas, la mayor parte empezaban siendo unos don nadie, como Sarah Connor y Kate Brewster, mujeres normales, John Connor, un niño cualquiera, Kyle Reese, un superviviente huidizo, todos convertidos en luchadores y héroes por las dificultades de la vida. Ahora andan diciendo a las claras que lo de las películas anteriores está equivocado: se señala que el hombre es malo e incompetente por naturaleza e incapaz de llegar a nada (la protagonista tiene que cuidar a su padre y hermano, el Terminator sólo se acepta como hombre válido cuando cambia pañales), se repite varias veces que todos asumen por deformación machista que la protagonista sólo servirá para dar a luz al hombre que salve a la humanidad, para al final dejar claro que ni embarazo ni hombre: sólo la mujer es capaz de liderar, de tomar buenas decisiones, de mantener la ética por encima de consideraciones egoístas…

La versión femenina de John Connor, Daniela Ramos, roza el cero absoluto en carisma e interés. La actriz Natalia Reyes parece competente, el problema es de un guion insustancial que da palos de ciego sin concretar nada: está en casi todas las escenas pero no parece una protagonista, sino un objeto, una excusa para justificar la trama. Se vislumbra la misma idea que con los personajes citados, empezar desde abajo y madurar, pero no hay una transición fluida, una evolución hacia heroína que enganche y emocione. Se tira toda la aventura siendo una chica cualquiera, capaz en una vida normal pero sobrepasada cuando empiezan los tiros, y de repente se acuerdan de que tiene que acabar siendo una líder, así que te plantan una escena en que dicen que ha cambiado y suelta un discurso acorde… pero en el acto final vuelve a olvidarse todo ello hasta el punto de que si la eliminamos de cada plano no cambiaría nada. ¿Tanta traición para esto? ¿Te ciscas en las bases de la saga y en sus seguidores para no aportar nada más que el sello de haber cumplido con la corrección política? Entre su nulo calado y que su existencia se debe a un panfleto ideológico, desde el principio resulta un personaje bastante molesto y prescindible.

Sarah Connor y Grace tienen un mínimo de trasfondo, lo justo para darles algo de vida y donde pueden apoyarse Linda Hamilton y Mackenzie Davis para lograr unas correctas interpretaciones, pero no es suficiente para que sus odiseas atrapen con fuerza, y menos cuando las escenas de acción no las ponen en peligros que nos creamos. No sorprende que tengamos nuevas versiones de los robots, pero al menos al incluir una humana mejorada, Grace, parece que abrían la puerta a tener algo más que una fría máquina. Sin embargo, su historia y la relación con Dani en el presente y el futuro es tan poco original y aporta tan poco a su desarrollo dramático en los eventos actuales que te deja frío, indiferente. Y Sarah a la hora de la verdad tampoco ofrece gran cosa, sólo deja un par de escenas dignas sobre su pérdida de humanidad entre mucho chascarrillo de tipa dura. Por cierto, qué casualidad que la salvadora del mundo esté en Méjico, justo donde Sarah se ha refugiado porque la buscan en Estados Unidos, y qué conveniente que a pesar de ser una de las personas más buscadas un comandante del ejército, supuestamente amigo suyo no se sabe por qué, le da hasta aviones sin rechistar.

El nuevo terminator, cuyo nombre no hay manera de entender y recordar (con lo pegadizos que eran los originales), no impresiona nada en diseño y efectos especiales, salvo para mal en algunos casos: los dobles digitales son horribles, y al verlo en acción en el futuro parecen escenas sacadas del videojuego Crysis. El actor Gabriel Luna pasa sin pena ni gloria, siendo incapaz de hacer sombra a Arnold Schwarzenegger y a Robert Patrick. Siguiendo con el enemigo, como en Génesis, no se entiende que le cambien el nombre a Skynet, algo completamente gratuito; el menos no tenemos una aparición estúpida de la nueva IA como en aquella.

El terminator clásico, el T-800, sigue el camino de degradación iniciado en La rebelión de las máquinas y la reinvención de Génesis: es un secundario cómico y un comodín para justificar la trama sin que los escritores tengan que esforzarse mucho, y sus apariciones encadenan una serie de despropósitos delirantes. En Terminator 2 el enviado para salvar a John estaba reprogramado para ser sociable y aprender del hombre, pero este no, es una máquina de infiltración y ejecución sin más directrices… y resulta que se aburre, forma una familia y se humaniza. Sí que estaría defectuoso, porque ni siquiera trata de matar a Sarah en el prólogo a pesar de tenerla a tiro y ser un claro cabo suelto y posible amenaza. Y todo esto lo rematamos con los chistes sobre cortinas y pañales y las cervezas que se echan en el porche tranquilamente a pesar de enfrentar la muerte y el fin del mundo.

Volvemos a la gastada premisa de un terminator viajando al pasado para matar humanos que serán relevantes en el futuro, pero en vez de trabajarse el ambiente adecuado en cada escenario, mostrar un hilo conductor claro y atractivo, buscar situaciones originales o al menos impactantes, y aportar alguna lectura intelectual que le dé algo de enjundia, se limitan al terrible estilo manteniendo por Génesis y otras muchas obras en el cine moderno, donde las cosas (revelaciones, caminos a seguir, soluciones) les caen a los personajes encima y estas sólo sirven para justificar las secuencias de acción. En Génesis, al protagonista, Reese, le llegaban flashes de información por arte de magia, por una supuesta falla en el tiempo o algo así, que le indicaban a dónde ir, y una vez allí resulta que el terminator llamado Abuelo había resuelto todo fuera de pantalla y sólo tenían que pegar tiros hasta pasar a la siguiente fase. Aquí, el T-800 del pasado, Carl, es quien ve esos flashes (o eso dice él, porque nosotros no) y manda mensajes a Sarah. Ese es todo el misterio de la trama y todo el esfuerzo de los personajes por hacer algo: ir allá, pegar tiros, ir a otro lado. Hay un amago con planear una trampa para el enemigo… pero al final es todo improvisado.

Las reflexiones sobre el destino (esperar que pase algo o tomar las riendas de tu vida y luchar) y la dependencia de las máquinas están muy vistas, pero las citan de mala gana como para cumplir, aportan actualizaciones muy facilonas (ooh, una máquina le va a quitar el trabajo al hermano de Dani, ooh, compañías y gobiernos controlan nuestros movimientos a través de los móviles…) y tratan de incluir novedades que se sienten muy forzadas: la crítica a la gestión de la crisis de inmigración resulta muy ajena tanto a la saga como a este episodio, y ya he comentado la penosa imposición feminista.

Así pues, no hay contenido alguno, sentido de dirección, progresión dramática, ni tan siquiera secuencias con una atmósfera que transmita alguna sensación concreta. Y pensar que público y fans rechazaron la elaborada y efectiva trama de Salvation

En el acabado muestra una incomprensible falta de talento a la hora de conseguir al menos una cinta de acción llamativa. Ni el realizador Tim Miller ni el equipo técnico están a la altura del mínimo exigible hoy en día. Ha costado 185 millones de dólares, con lo cual debería lucir a nivel de las grandes del género (Mad Max, Los Vengadores, Transformers…), pero más bien parece una serie b de los años ochenta, de esas de 20 millones o menos que salían directamente a video, y que ahora debería haber ido a alguna plataforma online.

Las escenas de acción son simples y están rodadas con la destreza justa para no parecer cine cutre, aunque desde luego en algunos momentos de pésimos efectos especiales se quedan cerca. Las persecuciones son repetitivas y carecen de imaginación, algo donde cumplían bastante bien la tercera y cuarta partes. En el clímax en un avión en pleno vuelo no se ve nada claro, y en el cansino enfrentamiento bajo el agua menos aún. El final en la presa es tan vulgar como los demás tiroteos y encuentros cuerpo a cuerpo: un terminator que se supone que es una máquina de matar, con fuerza superior al hombre y con capacidad para crear armas de filo, no es capaz de acabar con sus víctimas al primer golpe, sólo de lanzarlas más allá, dándoles más oportunidades de huir o defenderse. La música es un machaque constante con un ruido informe, el buen trabajo de Tom Holkenborg en Mad Max (2016) parece que fue una casualidad irrepetible.

Da la sensación de que el éxito de Deadpool (2016) le ha dado una categoría al director Tim Miller que en ningún momento se ha ganado realmente, porque esa cinta destacó por el ingenioso guion y el carisma del protagonista, no por deslumbrar con el acabado visual. El mismo James Cameron metió mano en postproducción, disgustado por el trabajo de Miller, pero de qué iba a servir, pues el problema principal es el guion al que él mismo dio el visto bueno. Entre sus avales a estas dos últimas Terminator y al truño de Alita: Ángel de combate (Robert Rodríguez, 2019), la confianza en Cameron está por los suelos.

En estas condiciones, sumado a que en los tráileres nos han destripado todo, el sentido del espectáculo brilla por su ausencia y el escenario de persecución agobiante y muerte inminente exigible en la serie ni hace amago con asomar. Hay un par de momentos en que parece que los personajes tienen algo que contar, pero se diluye en una aventura sin rumbo ni garra. Desde el principio te atrapa el desinterés, y el aburrimiento empieza a hacer mella pronto. Para cuando llega la parte del avión estaba ya totalmente desconectado, deseando que acabara el suplicio, y no hay un tramo final apoteósico que la redima aunque sea un poco en el lado del entretenimiento, que era lo único que salvaba a Génesis: el galimatías de ruido y tortas se extiende sin llegar a nada durante más y más minutos, hasta terminar con cara de haber perdido dos horas de vida.

No puedo dejar de preguntarme: ¿los productores y autores implicados quieren hacer una película de Terminator o no? Llevan dos entregas en que ponen más esmero en hacer malabares para justificar cambios que en mantener la esencia de la saga. Para eso inventa otra historia que nada tenga que ver con ella, inventa una nueva serie. Pero claro, sólo con el título se garantizan una buena publicidad. Es decir, nos toman por estúpidos, por billetes andantes. Pero salvo sorpresa inesperada, Terminator: Destino oscuro les ha explotado por fin en la cara, dando pérdidas colosales y dejando la imagen de la serie y de los productores por los suelos, y mira que en Génesis habían caído muy bajo.

¿Queda algo que salvar de la saga, queda algo de esperanzas entre los seguidores como para volver a aceptar otro intento de resucitarla? La única salida posible para mí es retomar la estela de Salvation, pero aunque cada vez somos más los que la defendemos parece que no es suficiente para los obtusos productores. Aunque queda por ver si podrían hacerlo si quisieran, pues cada película ha estado en manos distintas, y a lo mejor los productores actuales no tiene los derechos de los personajes de aquella. Y tampoco las buenas intenciones iniciales garantizan que contraten equipos con talento y no metan mano durante el rodaje. En resumen, las posibilidades de que esta saga remonte son muy, muy escasas.

Saga Terminator:
Terminator (1984)
Terminator 2: El día del juicio final (1991)
Terminator 3: La rebelión de las máquinas (2003)
Terminator: Salvation (2009)
Reinvenciones/remakes:
Terminator: Génesis (2015)
-> Terminator: Destino oscuro (2019)

Horizonte final


Event Horizon, 1997, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, terror, gore.
Duración: 96 min.
Dirección: Paul W. S. Anderson.
Guion: Philip Eisner.
Actores: Laurence Fishburne, Sam Neill, Joely Richardson, Sean Pertwee, Jason Isaacs, Kathleen Quinlan, Jack Noseworthy, Richard T. Jones.
Música: Michael Kamen, Orbital.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual de calidad, con decorados espectaculares, maquetas impresionantes y una fotografía y dirección que los exprime muy bien. Es bastante entretenida.
Lo peor: El guion es ridículo, resultando una cinta de cine cutre, tan mala que te ríes de ella. Además, no es nada original, bebe con descaro de clásicos del género.
El título: El correcto sería Horizonte de sucesos. Viene a ser el límite entre el agujero negro y el espacio normal, justo donde ya nada puede escapar a él, ni la luz. En España el traductor decidió pasar de la referencia científica que define todo el argumento e inventarse una traducción sin sentido claro.

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Mortal Kombat (1995) fue un éxito, así que a su director Paul W. S. Anderson le llovieron ofertas para continuar esa serie y empezar otra, nada más y nada menos que X-Men. Pero él aprovechó el tirón para buscar algo que le gustaba más, el cine de terror y gore, y no tardó en recibir una propuesta acorde. Un guion de Philip Eisner para Paramount Pictures sobre una criatura que atacaba una nave espacial lo atrajo, pero a cambio de reescribirlo para alejarlo un poco de la fórmula Alien (Ridley Scott, 1979) y combinarlo con elementos de casas encantadas, en plan La casa encantada (Robert Wise, 1963) y El resplandor (Stanley Kubrick, 1980). En lo visual incluyó también referencias obvias a 2001, una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968).

El rodaje fue relativamente bien (aparte de problemas habituales como las prisas), pero el montaje no tanto. En los pases de prueba el público se quejaba de su longitud y sobre todo salía asqueado de la orgía gore que había parido Anderson, y el estudio se acojonó y acabó recortando más de media hora, en especial de escenas sangrientas.

En EE.UU. hizo unos escasos 26 millones de dólares contra 60 de presupuesto, pero no hay datos de la recaudación en la taquilla mundial, aunque yo recuerdo que en España llegó a mi pueblo de mala muerte, así que no conseguiría una mala distribución. Sin embargo, tuvo un buen boca a boca y en dvd debió de vender muy bien, tanto que le dieron el visto bueno a una versión extendida. Pero resulta que el material original se había estropeado, y tras una búsqueda por todo el mundo no pudieron encontrar copias decentes, y la idea quedó en suspenso.

Horizonte final oscila entre la serie b y el cine cutre. Entra en la primera categoría porque es una obra de género sin gran ambición pero que destaca por algunos elementos, en concreto un acabado visual muy potente. En la segunda, porque de estúpida y cutre resulta hilarante. Así pues, es un título solo apto para adeptos al terror y la ciencia-ficción descerebrada, y da la casualidad de que somos muchos, así que a pesar de su escasa calidad no termina de pasar al olvido.

Aunque desde las primeras escenas canta a Alien a distancia, o quizá gracias a ello, ya que nos introduce en terreno conocido, la proyección llama la atención. Un viaje a lo desconocido y el hombre contra sus peores pesadillas son premisas básicas de ambos géneros, pero parecen sentar unas bases lo suficientemente sólidas como para que su falta de originalidad y algunos diálogos explicativos un poco tontorrones echen a perder las buenas sensaciones. La llegada a la nave perdida, ahora con Aliens en mente en muchos momentos, es también muy sugerente…

Pero también se hace evidente que aporta tan poco de su cosecha, o más bien nada, que el notable acabado visual es lo que sostiene el relato. Las maquetas de las naves son de primera calidad, el diseño muy característico, la construcción detallada. Los interiores, aunque la inspiración en H. G. Giger y por extensión en la saga Alien sea descarada, resultan entre asombrosos y espeluznantes. La iluminación es magnífica en un género exigente: el ambiente es tétrico sin pecar de oscuro. Y Paul Anderson nos pasea por estos escenarios con un ritmo estable y un tono de suspense que sin duda haría de la proyección algo tenso e inquietante si el guion estuviera a la altura, pero aquí sólo vale para disimular durante un tiempo sus carencias. El aspecto sonoro es otro cantar: la banda sonora de Michael Kamen y el grupo de música electrónica Orbital es histriónica, y los sustos sonoros tan forzados y subidos de tono que tuve que poner un limitador a los picos del volumen en el reproductor.

Una vez dentro de la Event Horizon los débiles pilares que sostienen la propuesta se vienen abajo y entramos en una espiral de gilipolleces interminables. Agujeros de guion, situaciones sin pies ni cabeza, clichés cansinos, diálogos muy pobres, personajes que pierden definición y pasan a formar parte de la típica lista de morir de uno en uno, se acumulan en una cinta informe, sin dirección clara, incapaz de ofrecer secuencias con lógica suficiente como para que te intereses por lo que está ocurriendo o tan siquiera lo entiendas. Ante este panorama sólo queda disfrutar del buen hacer del director en secuencias y filigranas visuales varias (como el clímax del tripulante que pretende suicidarse saltando al espacio) y los momentos gore en el lado del suspense, y reírte con las situaciones estúpidas en el lado del humor involuntario.

Resulta que los profesionales en rescate abordan una nave varada donde se sospecha que algo horrible ha sucedido y lo primero que hacen es separarse, y además eligen destinos al revés de sus rangos y especialidades: ¡el capitán va a la enfermería y la doctora al puente de mando! Alguna vez los personajes están hablando en un lugar y de repente aparecen en otro siguiendo la misma conversación como si nada. En estos dos casos se le puede echar culpas también al director, porque si ves que el guion tiene un aguejo enorme, arréglalo. En Houston pasan mil filtros y análisis a la grabación y nadie se da cuenta de que es latín, tiene que hacerlo un psiquiatra de poca monta, quien recuerda cuarenta años después una asignatura opcional del instituto o la universidad. Las bombonas de oxígeno de reserva están en la sala de la puerta dimensional, esa que un rato antes dicen que pusieron bien apartada y aislada por seguridad. En el acabado también tiene algunas cosas que chocan con un trabajo por lo general tan logrado: usan radios antiguas e incluso CDs, resultando un futuro muy anacrónico; cuando se abre la puerta o agujero negro vemos un efecto digital igualito al de la puerta de Stargate (Roland Emmerich, 1994), pero mucho peor hecho, parece que se gastaron todo el dinero en los decorados y maquetas. Y sólo cito de memoria, podría hacerse una lista interminable de detalles entre mosqueantes y ridículos.

Pero lo más grave es que no hay personajes con los que conectar, a pesar de contar con un buen reparto, y el misterio central resulta ser un sin dios, las pocas promesas se diluyen en cuanto entramos en el juego de quién morirá. El doctor Weir (Sam Neill) pasa de ser un tipo interesante e intrigante, sobre todo porque parece ocultar información, a una especie de posesión indeterminada que se dedica a matar sin que se entienda qué lo lleva a ello; es más, ¿por qué tiene visiones al principio si no ha estado en el experimento? El serio y también prometedor capitán (Laurence Fishburne) acaba deambulando por todas lados haciendo muchas cosas pero nada concreto y con algo de proyección de cara al futuro, esto es, no lo llevan por una aventura que genere suspense por su porvenir y el de sus compañeros. La segunda al mando (Joely Richardson) está desaparecida en casi todo el segundo acto no sé sabe por qué. Del resto sólo te acuerdas de quiénes son algunos cuando aparecen porque están en manos de actores secundarios bastante conocidos (Jason Isaacs, Sean Pertwee), pero en cuanto mueren te olvidas de ellos… de todos menos del negro secundario cómico (Richard T. Jones), tan insoportable que se clava en la memoria como una cancioncilla repetitiva.

La intriga de qué han encontrado al abrir un agujero negro no lleva a nada. No hay una criatura determinada que temer, sino una caótica locura que contagia a todos según le viene bien al guionista. La justificación no podía ser más absurda y decepcionante: una especie de visión del infierno te hace hablar latín y te empuja a mutilar y matar gente, pero no se explica nada con un mínimo de coherencia como para que no parezca una parida enorme. ¿Es que han viajado a un ritual satánico del medievo? Así, la combinación de géneros que pretendía el realizador no llega a integrarse adecuadamente: si no te preguntas por qué la maquinaria de la nave tiene un diseño de cuento de terror, sí te cuestionarás por qué abrir un agujero negro te hace ver el infierno o lo que sea eso, te tortura con visiones chungas y te posee con aviesas intenciones.

Paul W. S. Anderson parece que intentó seguir su carrera con la misma estrategia, alternando un título comercial con uno más personal, y no le ha ido mal, pues Alien Vs. Predator (2004) y Resident Evil (2002) han dado muy buenos resultados de taquilla, tanto que de la última lleva cuatro entregas hasta el momento. La pena es que por ahora no ha conseguido un guion, sea suyo o de otro, más ambicioso e inteligente que permita que su potencial como director llegue más lejos. Ni siquiera Soldier (1998), con algunas ideas potentes, cuajó. El escritor Philip Eisner enlazó Horizonte final con otra aún peor y que por alguna razón misteriosa también vi, Crónicas mutantes (2008), y desde entonces nadie se ha atrevido a comprarle nuevos guiones.

Ad astra


Ad Astra, 2019, EE.UU.
Género: Drama, ciencia-ficción.
Duración: 123 min.
Dirección: James Gray.
Guion: James Gray, Ethan Gross.
Actores: Brad Pitt, Tommy Lee Jones, Ruth Negga, Donnie Keshawarz, John Ortiz, Loren Dean.
Música: Varios.

Valoración:
Lo mejor: Por decir algo, ver a la gente salir del cine tan dormida y cabreada como tú, compartiendo así la sensación de engaño.
Lo peor: Hecha a trozos de otras películas. Pretenciosa pero informe y fallida hasta el ridículo. Aburrida hasta la desesperación. Ni cumple en el acabado a pesar del abultado presupuesto.

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Conocí al guionista y director James Gray por La noche es nuestra (2007), un thriller de policía y mafias estupendo que no tuvo la recepción que merecía y pasó muy desapercibido. No me llamaron sus siguientes trabajos, los dramas románticos Dos amantes (2008) y El sueño de Ellis (2013), pero volví a él cuando encaró un género que me resulta más atractivo, el cine de aventuras. Pero Z, la ciudad perdida (2016) fue una gran decepción, no vi en ella ninguna de las cualidades que mostró en aquella. No fue capaz de hacer que conectara con tanta intensidad con los personajes, que la historia cobrara vida con garra y los giros y finales impactaran, sino que fue un título vulgar, superficial, plomizo, y sin pegada en lo visual a pesar del potencial del escenario. Aun con esas malas impresiones no he podido evitar ver Ad astra, pues la ciencia-ficción me llama aún más. Pero Grey sigue en la misma deriva, construyendo otra película torpe y soporífera, y esta vez se estrella más al apuntar mucho más alto.

Inexplicablemente, la crítica se ha volcado con la obra, con lo denostada que suele estar la ciencia-ficción, pero el recibimiento del público es más tibio, no tanto como yo esperaba, pero hay muchos espectadores que salen medio dormidos del cine y con cara de haber sido timados, porque los tráileres anuncian un drama con acción y aventuras pero lo que nos ofrece es un pretencioso pero fallido intento de relato introspectivo y reflexivo en la onda de 2001, una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968), Solaris (Andrei Tarkovsky -1972-, Steven Soderbergh -2002-), Interstellar (Christopher Nolan, 2014) y, saliendo del género, Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979). Y también bebe más o menos descaradamente de Horizonte final (Paul W. S. Anderson, 1997), Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017), Mad Max (George Miller, 2015), Gravity (Alfonso Cuarón, 2013)… Pero Grey está tan poco inspirado que los referentes en los que se apoya resultan demasiado evidentes, de forma que Ad astra resulta un burdo conglomerado de ideas de otros mezcladas con sus propias y vagas ambiciones.

Alerta de spoilers: A partir de aquí debo entrar bastante a fondo para sacar todas sus carencias a relucir.–

En estilo pega saltos sin ton ni son, sin tener claro hacia dónde se dirige, y lo que es peor, mareándote con promesas que no llevan a nada. El prólogo y partes del final tienen acción que parecen tomas descartadas de Gravity, tan exageradas que no encajan en una historia pausada e intimista. El viaje en busca de un familiar y héroe cuyo destino se desconoce recuerda demasiado a Interstellar y Apocalypse Now, y aunque hay que señalar que la fórmula del viaje del héroe no la inventan esas cintas, la falta total de aportes propios pesa mucho. El protagonista (encarnado por Brad Pitt) serio, frío y desubicado que busca respuestas recuerda bastante a Blade Runner 2049, sobre todo cuando pasea con la misma seriedad que Ryan Gosling por escenarios demasiado semejantes. El dibujo del héroe abnegado y deshumanizado también me recordó a El primer hombre (Damian Chazelle, 2018), que ya era bastante floja de por sí. En la luna hace pensar en Mad Max, con una persecución de forajidos que sería efectiva si la película siguiera por ese camino, pero es un relleno sin justificación. Igual resulta el mono rabioso, un receso de suspense a lo Alien (Ridley Scott, 1979) totalmente salido de madre que pone más misterios en la mesa que luego no vuelven a tratarse. También me acordé de Desafío total (Paul Verhoueven, 1990) en el segmento de la Luna, por eso de tener información constante de fondo que va describiendo el entorno (aunque luego no sirve para nada concreto). Los típicos y cansinos flashbacks de la mujer en casa, en plan ensoñación etérea a lo Terence Malick, intentan aportar romance y drama, pero es un toque demasiado artificial que sólo consigue generar distanciamiento. Las constantes menciones a la búsqueda de vida inteligente fuera del sistema solar apuntan a que en cualquier momento se convertirá en Contact (Robert Zemeckis, 1997) o La llegada (Denis Villeneuve, 2016), o que tendrá un final a lo Abyss (James Cameron, 1989) o Misión a Marte (Brian De Palma, 2000)… pero son todo vaciles y engaños insultantes o una torpeza insólita.

En resumen, te tiras toda la proyección creyendo que van a pasar cosas en un sentido u otro, que por fin está tomando rumbo, y de repente abandona esa dirección para irse por otros caminos y otras fórmulas narrativas empalmadas de mala manera.

Por extensión, no sorprende que haya numerosos giros según le convenga hacer avanzar la historia y realzar al héroe, lo que aumenta la sensación de que la progresión de los hechos no es nada natural, sino forzada e inverosímil. El general que lo acompaña un rato está para dar explicaciones, luego se lo quitan de en medio porque se pone malito el pobre. Los diversos extras para las partes de acción mueren con una facilidad pasmosa justo antes de saltar al siguiente escenario. Si Grey se mete en un callejón de salida se saca de la manga otro personaje que resuelve el entuerto, como la marciana, figura que además genera una de muchas incongruencias: afecta al protagonista, que en el planeta rojo queda un poco como un patán sin coraje después de tanto esfuerzo en ponerlo como un superhéroe. Algunas soluciones son delirantes, como esa tapa de alcantarilla en Marte que da a un lago y este tiene una cuerda sumergida para cruzarlo buceando y salir justo al sitio “seguro” donde despega el cohete de la mega corporación más poderosa del sistema solar; que se pueda abrir la escotilla en pleno lanzamiento es una minucia a lado de esto, de hecho, es creíble que un alto rango militar en una misión secreta tenga un código de anulación de protocolos varios. En cuanto al ejército, queda como un organismo bastante débil: apenas consiguen defenderse de los piratas, sus misiles tienen un alcance cortísimo, no son capaces de montar una misión secreta con naves propias…

En contenido es dispersa y vaga y a la vez repetitiva. No se centra durante un rato, y al siguiente se atasca en bucles de los que parece que no va a salir, con diálogos entre personajes o voz en off recalcando lo obvio, lo que estamos viendo. Por extensión, los diálogos explicativos son sonrojantes, casi en plan “vamos a ir en cohete a Marte, porque para llegar allí hay que ir en cohete”. La introspección la convierte en vacío narrativo. El protagonista susurra infinitos pensamientos supuestamente serios y conmovedores, pero en realidad mundanos y aburridos: debo distanciarme de mi esposa para no mostrar debilidad en el trabajo (¡no te hubieras casado!), sufro porque papá no está, etc. Lo sutil se le atraganta sobremanera al realizador, construyendo situaciones con unas obviedades que provocan vergüenza ajena; por ejemplo, el segundo al mando de la nave que transporta al protagonista queda como un inútil y un gilipollas imposible de creer, todo para ensalzarlo a aquel. Pretende ser seria y con rigor científico y da unos bandazos espectaculares, destacando ese salto espacial imposible con un escudo que al chocar con el polvo y los pequeños asteroides del anillo de Neptuno hace que estos exploten y el personaje parezca acelerar en vez de frenar y desviarse de su ya de por sí increíble trayectoria; y no se queda atrás lo de usar la explosión nuclear de una nave para coger impulso con otra, como si a esta la onda expansiva no la afectase.

Lo único que amaga con concretar algo inteligible e inteligente es con los temas sobre la corrupción del ser humano, el capitalismo esclavizando al ciudadano incluso en la conquista del sistema solar. Pero al final salta al otro espectro y suelta un mensaje que se me antoja profundamente anti científico, anti superación de la humanidad. No vayamos al espacio, no exploremos, no busquemos conocimiento, y rehuyamos de la ciencia, que sólo traen problemas. Quédate en casa y forma una familia, que es la única forma que tiene el ser humano para realizarse y encontrar la felicidad. No puedo evitar pensar en la delicadeza y maestría con que Interstellar combinaba pensamientos de esta índole.

Si al menos tuviera un aspecto visual potente, hipnótico, que engañara los sentidos y te impidiera ver que no te están contando nada sólido o útil, como 2001 en gran parte del metraje (en otras partes el delirio era tal que también se hacía insoportable), Gravity, que con una historia sencilla ofrecía una de acción memorable, Interstellar, que hacía de las numerosas transiciones y explicaciones algo que admirar y no se resentía en su abultado metraje… Pero la labor de Gray es muy pobre y la dirección artística tirando a mala, algo incomprensible teniendo un presupuesto de casi 90 millones de dólares.

Hay un par interiores de naves bastante detallados, pero no les saca provecho con una puesta en escena muy básica, ahogada más de la cuenta en primeros planos; acabarás harto del careto de Brad Pitt. Pero fuera de eso no ofrece nada de nada. Las estaciones espaciales parecen rodadas en aparcamientos subterráneos, todo columnas de hormigón. Llegas a Marte esperando que te deslumbren con la colonia… y es lo más feo e inerte que puedas imaginar… y cutre, porque ponen iluminación roja en esos bastos interiores para decirte que estamos en Marte. Entonces es también cuando más recuerda a Blade Runner 2049, con los tonos anaranjados, los juegos de luces y sombras, los edificios extraños… pero todo parece una imitación barata. Las escenas del espacio, nada originales, como he indicado, pero tampoco hermosas e inquietantes como se espera. Las situaciones donde el personaje reflexiona sobre sí mismo y su entorno carecen de imaginación en la composición del plano, con lo que resultan aún más anodinas y aburridas: soportamos innumerables planos del tipo flotando en la nave, sentado mirando pantallas, el eterno paseo por el lago…

Brad Pitt, prácticamente la única figura relevante, tiene un papel difícil en el que no se lo ve cómodo, así que no conmueve. No creo que sea cosa del actor, al que no le falta talento y experiencia, sino del director, que anda muy perdido. La banda sonora, que cuenta con temas de Max Ritcher y Nils Frahm, dos de los compositores más destacados en cuanto a minimalismo se trata, tampoco da la talla, es un susurro continuo incapaz de transmitir las emociones necesarias, pero apuesto también a que es el director el que no ha sabido qué pedirles y cómo usar la música.

Con tanto cambio de tono y rumbo pesa cada vez más la sensación de que te están timando una y otra vez. Es imposible conectar con un relato que aspira a tanto pero tropieza continuamente, para que al final obtengas unas reflexiones tan pobres sobre padres e hijos y un cierre tan fallido, con la muerte más estúpida que recuerdo fuera del cine cutre. Y es imposible conectar con un personaje tan frío, tan irreal y forzado, cuyo destino no llega a importante y cuyo cambio final parece sacado de un panfleto conservador.

Ad astra es un desastre de proporciones épicas en el que sólo queda ver si se salva del fracaso en taquilla gracias al tirón de Brad Pitt, la notoria campaña publicitaria, y el asombroso tirón que ha obtenido en los medios.

Hombres de negro: Internacional


Men in Black: International, 2019, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: F. Gary Gray.
Guion: Matt Holloway, Art Marcum. Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Chris Hemsworth, Tessa Thompson, Liam Neeson, Rafe Spall, Emma Thompson, Kumail Nanjiani.
Música: Dany Elfman, Chris Bacon.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo, con lo que no se hace insoportable, y es tan ridícula que te puedes reír de ella. Los actores son simpáticos, aunque no se esfuercen mucho.
Lo peor: Tan desganada, anodina y por momentos estúpida que parece hecha por aficionados sobre la marcha, tanto en guion como en puesta en escena.
El formato: Las anteriores se rodaron en 1.85, esta en 2.00.
La continuidad: La reinventan con todo descaro. En la primera dicen que los MIB se fundaron en los años 50 y el primer contacto con alienígenas fue en 1961 en New York, con K de joven. En esta afirman que a finales de 1800 ya existían en París, con cuartel en la torre Eiffel.

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En las tres entregas previas hubo buen entendimiento entre los productores principales, los guionistas de cada una, el director y la pareja protagonista, pero si con esa situación las secuelas flojearos, rompiéndose el equilibrio el patinazo está garantizado. A la hora de un cuarto episodio que renueve personajes y amplíe horizontes las cosas se han torcido. Ha primado el hacer caja tirando del renombre de una saga conocida y unos actores de moda, Chris Hemsworth y Tessa Thompson, que venían de petarlo en Thor Ragnarok (2017), sobre el correcto desarrollo de una película: contratar guionistas, directores y algún productor con talento, dejarles cierta libertad creativa, y tener un guion y un estilo visual concretado antes de lanzarse a rodar. Con los conflictos que hubo durante el proyecto es difícil achacar culpas, así que sólo puedo especular comparando con la trayectoria previa de los implicados.

Con el guion se entiende que no saliera gran cosa. Matt Holloway y Art Marcum poseen un escaso currículo y de nula calidad: Punisher: War Zone (2008) es cine cutre y Transformer: El último caballero (2017) un esperpento de cuidado; Iron Man (2008) la pongo aparte, porque la saga Marvel se moldeó precisamente con cuidado y ganas entre diversos productores, destacando en este caso a Jon Favreau, quien también dirigió. Lo que me cuesta más entender es que un director como F. Gary Gray, con experiencia más que demostrada en el cine de acción, esté tan perdido con una puesta en escena muy pobre. Tiene cintas muy sólidas, como Negociador (1998) y The Italian Job (2003), y otras que no he visto pero están bien valoradas, Un ciudadano ejemplar (2009), Straight Outta Compton (2015) y la octava de The Fast and the Furious (2017).

Podemos achacar que el productor principal, Walter Parkes, se presentaba en el set reescribiendo sobre la marcha muchas partes y se impuso al realizador en la sala de montaje, en teoría por no estar conforme con el guion y el desarrollo del rodaje. Bien podría ser que hubiera perdido el norte, pero lo cierto es que el aspecto visual general es cosa del director por mucho que al relato le des otra forma en la sala de montaje, y la base del guion ya apuntaban bien bajo y según se dice Parkes lo que hizo fue principalmente eliminar un tono de crítica sociopolítica (concretamente temas de inmigración) para dejar una película como las anteriores, más neutral y familiar. Sea como sea, sin una cadena de mando clara y un rodaje estable, tiene todas las de salir un desastre… y así ha ocurrido.

La historia plagia con descaro y torpeza la premisa y las escenas claves de la primera parte, exprimidas ya demasiado en las otras dos entregas sin aportar savia nueva. El ente destructor de planetas, la clave en un objeto minúsculo que resulta tener mucho poder, los alienígenas secundarios de rigor, destacando el pequeñajo supuestamente graciosete, y los clímax más sobados se acumulan sin que el pegamento que los une sea capaz de aguantar unas bases tan poco consistentes. Los diálogos son lastimeros, no hay gracia alguna en los constante pero penosos intentos de hacer gracia, ni garra en las partes serias. El director no le coge el tono a la combinación de humor y acción, y cada chiste corta el ritmo negligentemente en vez de fluir con naturalidad, como si hubiera pausas para incluir risas enlatadas que al final no han puesto. Y vaguedades y agujeros de guion hay un puñado. Mención especial para los alienígenas gemelos que se arriesgan a acercarse al objetivo para envenenarlo a pesar de que le han puesto una bomba en su coche, y la escena en que los protagonistas se estrellan en lo más profundo del desierto y en un cambio de plano aparecen con una hoguera de leña.

Los personajes son muy ramplones y la trama los lleva por caminos muy vistos y encima mal escritos, con lo que dejan todo a la desenvoltura de los intérpretes. Los actores principales y los secundarios de lujo (Liam Neeson, Rafe Spall, Emma Thompson), por mucho carisma que tengan, se ven muy encorsetados, incluso incómodos, ante tal retahíla de sandeces. La intriga sobre traidores, de forzada y explicita es insultante, parece una película para niños de cinco años. La relación personal y laboral de la pareja protagonista es todo tópicos vulgares, incluyendo los cargantes toques feministas tan de moda (por qué el productor no eliminó esto también). El conflicto galáctico es intrascendental, una excusa para mostrar escenarios y personajes secundarios supuestamente asombrosos, todos puestos en fila sin ton ni son; cómo se echa de menos la trama tan bien hilada del primer episodio. Ni una secuencia consigue despertar el más mínimo interés, ni siquiera la aparición de Rebecca Ferguson, la única situación anticipada por el guion pero que resulta ser una decepción, pues el personaje que tiene entre manos es más bien ridículo (vaya esperpento de peluca), la pelea es tan vulgar como las demás (qué mal hecho el tercer brazo), y el giro con el matón se ve venir de lejos y te lo vuelven a explicar como si fueras un crío.

Si ya anda escasa de originalidad en el libreto, se remata con una puesta en escena chapucera. Con 150 millones de dólares los efectos especiales deberían impresionar, pero F. Gary Gray parece empeñado en rodar de forma que estos desluzcan. Ofrece mucho frenesí visual sin control, lo que se traduce en que la proyección resulta agobiante. La persecución en moto parece sacada de una serie de televisión de hace diez años, es inexplicablemente cutre y vergonzosa. Las peleas a tortas y los tiroteos tienen unas coreografías muy flojas y el montaje es bastante malo, con lo que resultan caóticos y se ven mucho los trucos (cuerdas evidentes, mesas que parece que se rompen justo antes de caer el personaje encima).

La banda sonora de Danny Elfman cumple, pero no aporta novedades a pesar de contar con un colaborador, Chris Bacon. Aparte, el director, afroamericano y con una carrera larga en videoclips, mete cada dos por tres y sin venir a cuento temas rap que le molan, así como el absurdo baile de los alienígenas gemelos.

A pesar del poco riesgo de los episodios segundo y tercero estos tenían cierta cohesión narrativa, algunas cuantas escenas muy dignas, y sobre todo personajes muy simpáticos. Con el sinsentido ruidoso que tenemos entre manos se explica cómo el boca a boca la ha hundido rápidamente a pesar de que aquellos rondaron los 500 y 600 millones de dólares de recaudación mundial: esta se ha quedado en 250 y unas notas de crítica y público malísimas. Con un poco de suerte, no seguirán extendiendo la agonía.

Ver también:
Hombres de negro (1997)
Hombres de negro 2 (2002)
Hombres de negro 3 (2012)
-> Hombres de negro: Internacional (2019)

Hombres de negro 3


Men in Black 3, 2012, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 106 min.
Dirección: Barry Sonnenfeld.
Guion: Etan Cohen, Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Will Smith, Tommy Lee Jones, Josh Brolin, Michael Stuhlbarg, Emma Thompson, Michael Chernus, Alice Eve, Jemaine Clement, Mike Colter.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras en la historia, con unas pocas nuevas ideas y situaciones más variadas.
Lo peor: Aunque el fondo se ve el mismo esquema y sigue faltando inspiración.
El título: Fijaos si se esfuerzan poco por mantener la concordancia que en la segunda parte tradujeron en el título y usaron números romanos para el número de episodio y ahora no mantienen ni una de las dos cosas, pues la dejaron como Men in Black 3. Como siempre, intento mantener la traducción más lógica y más conocida por el público.
Mejores momentos: La revelación final.
La frase: Sólo porque vean a un hombre negro conduciendo un buen coche no significa que sea robado… Este lo robé, pero no porque soy negro -J.

* * * * * * * * *

Aunque la segunda parte hizo dinero de sobras se notó que se recibió con tibieza, tanto por las pobres críticas como porque el público no salía entusiasmado como en la primera. Los dos productores de la serie, Laurie MacDonald y Walter F. Parkes, el director Barry Sonnenfeld y el actor Will Smith tenían ganas de una tercera, pero entre el bajón y que Sonnenfeld tenía problemas legales con el estudio, Sony, como siempre por temas de dinero, la cosa se fue retrasando y retrasando. En otros casos en que la franquicia es propietaria del estudio no pestañean cambiando directores, pero los productores querían a este realizador. La cosa empezó a cuajar en 2009, y para 2012 llegó el estreno, eso sí, con el 11-S de por medio afectando, como en otras películas del momento, a varias escenas que implicaban a las Torres Gemelas y tuvieron que rodar de nuevo.

Tomaron nota de lo que falló en aquella entrega, la fala de novedades, y la premisa que encargaron desarrollar al guionista Etan Cohen (El rey de la colina -1997-, Tropic Thunder -2008-) intenta tirar por un camino menos trillado. El resultado fue mejor recibido por la crítica y el público, y llegó a recaudar 624 millones de dólares en todo el mundo. Sin duda es más original y entretenida que la segunda, pero lo cierto es que no como para deslumbrar, todavía se ve cierta cobardía a la hora de ir a por todas hacia una nueva dirección.

Parece que por fin van a apartar a K y darle a J el nuevo compañero que anunciaron en el final del primer episodio, pero se quedan a medias, pues lo que hacen es rejuvenecerlo. Al menos, es un placer ver el buen papel que hace Josh Brolin, quien además de tener un carisma arrollador e imitar a la perfección a Tommy Lee Jones también tiene una química estupenda con Will Smith. El cambio de jefe también apuntaba a que tendría más desarrollo, pero al final O (Emma Thompson) hace lo mismo que Z, da unas cuantas órdenes y poco más. Así que en los personajes, sin fallar, sí pesa la sensación de que podían haberse esforzado más, aunque desde luego, con el estupendo final pega un subidón que deja muy buen recuerdo.

El problema principal vuelve a ser que utilizan al villano como el macguffin, la excusa para mover la trama, en vez de hacer que forme realmente parte de la historia dramática de los personajes (una cutre venganza es todo lo que hay) y el misterio y el conflicto se desarrollen con mayor complejidad. Ya cansa que un bicho feo traiga la amenaza de destrucción de la Tierra y aparezca y reaparezca a conveniencia del guion sin disimulo alguno. Si tan poderoso y temible es, por qué huye más veces de las que ataca, por qué lanza cuatro dardos y se esconde, por qué los protagonistas lo persiguen un rato pero luego desisten…. Todas las escenas así, reservando, retrasando la confrontación y las respuestas para el final. También lo hacen con el extraterrestre que ve todas las líneas temporales a la vez, aparece, desaparece, no se digna a hablar hasta que los autores lo creen oportuno.

En el capítulo inicial hilaron mucho mejor la investigación, con averiguaciones bien dosificadas entre las escenas de acción y humor, de forma que había un hilo conductor que mantenía el interés bastante alto. En los siguientes todo ha quedado supeditado a la gracia de la situación y al carisma de los actores. Con el amago de cambiar la premisa y el desconcierto que vive J engañan aceptablemente bien al menos durante media película (atención al chiste del coche robado), pero poco a poco empieza a hacerse evidente que estamos revisitando la relación J y K sin aportar gran cosa y que el villano es otra chapuza y el choque con él repite prácticamente los mismos pasos. A partir de la fiesta de Andy Warhol pega un bajón considerable (qué persecuciones más sosas), y aunque el clímax final es más vistoso que el del segundo capítulo, no impresiona mucho.

En lo visual tampoco alcanza al episodio inicial, más esforzado en combinar mejor las distintas técnicas de efectos especiales y otorgarle una solidez y personalidad de buen nivel. Sonnenfeld cumple, pero va un poco con el piloto automático puesto y abusa de los efectos por ordenador: los dobles digitales y algunas escenas de persecución cantan más de la cuenta. Ahora más que nunca cabe pensar que costó más de lo que luce: de los 225 millones supongo que un buen pico se iría en los sueldos de las estrellas. En la banda sonora Danny Elfman se puso un poco las pilas y aportó un toque roquero muy certero.

Ver también:
Hombres de negro (1997)
Hombres de negro 2 (2002)
-> Hombres de negro 3 (2012)
Hombres de negro: Internacional (2019)

Hombres de negro 2


Men in Black II, 2002, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 88 min.
Dirección: Barry Sonnenfeld.
Guion: Robert Gordon, Barry Fanaro, Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Tommy Lee Jones, Will Smith, Rip Torn, Tony Shalhoub, Lara Flynn Boyle, Rosario Dawson, Johnny Knoxville.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: La pareja protagonista mantiene su química y gracia, y el perro es tronchante.
Lo peor: Es una repetición nada disimulada de la primera parte, no aporta nada nuevo.
Mejores momentos: La oficina de correos.
La frase: Casi todos los que trabajan en correos son extraterrestres -J.

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Alerta de spoilers: Cito algunos detalles importantes del final.–

Hombres de negro 2, sin ser lo que se dice una mala película, ofrece tan poco que nada más terminar de verla empiezas a olvidarla. Si no fuera por el tirón de la primera parte y de sus estrellas no habría alcanzado 440 millones de dólares de recaudación mundial, 150 menos que aquella pero aun así una cifra extraordinaria, pero las críticas fueron muy flojas y es evidente que en poco tiempo el público ya no se acordaba de ella, Así, los productores dudaron si hacer la tercera entrega durante casi ocho años (se puso en marcha a mediados de 2009, se estrenó en 2012). Por suerte, ofreció algo más de original y dejó mejores impresiones.

Los productores y los guionistas contratados (Robert GordonHéroes fuera de órbita-, Barry FanaroLas chicas de oro-) van demasiado sobre seguro, sin esforzarse lo más mínimo en tratar de recuperar uno de los puntos clave del episodio inicial, el factor sorpresa, aportando novedades en las vivencias de los personajes y la trama. Se enquistan totalmente en la repetición de la misma premisa, cambiando poco más que nombres, porque ni escenarios nuevos atractivos nos ofrecen.

Los personajes ya los conocemos y se conocen entre ellos y la dinámica de los Hombres de negro también, así que cambian la introducción a la organización y el despertar de J por la acción pura y dura con esa escena ruidosa pero sin savia del gusano en el metro. En el siguiente acto no encontramos un misterio que cobra forma poco a poco hasta que puedes deducirlo tú mismo, sino un macguffin sin sustancia alguna mientras los protagonistas deambulan de aquí para allá teniendo rocambolescas aventuras, sean encuentros cómicos con alienígenas extraños o escenas de acción varias. El único suspense consiste en esperar a ver si K se digna en soltar otra dosis de información, cosa que sólo ocurrirá cuando hayan agotado el escenario actual. Y todo para que al final sea lo mismo: el objeto buscado por la villana que amenaza con destruir la Tierra estaba ante sus narices, esta lo encuentra antes, y luchan por él. Que la clave sea la chica de turno no añade emoción, si acaso lo contrario, queda un poco raro, pues tiene justificaciones un tanto forzadas. J, tan buen agente que es, se encapricha de una tía buena en un solo encuentro y decide no borrarle la memoria. Y a pesar de ello, en el final él y K la convencen para que se suicide para salvar la Tierra, escena que no transmite el drama y la premura necesarias como para lograr aunque sea una pizca de sentimiento.

Rosario Dawson resulta simpática, pero entre el poco recorrido de su rol y que se echa en falta a Linda Fiorentino parece un mal apaño. Es una pena que esta no quisiera continuar o la confianza de los estudios en ella estuviera por los suelos, pues como conté en el análisis de la primera parte, estaba metida en una importante investigación del FBI y además tenía fama de ser difícil de tratar.

La vuelta de K está muy bien hilada, y la química de Tommy Lee Jones y Will Smith es lo que mejor funciona de nuevo, así que no me quejo de que lo recuperaran tras jubilarse, pero sin duda habría sido más atractivo con una nueva aprendiz en el equipo que diera más juego; los roces y chistes con el tonto compañero de J y las escenas en que el perro lo acompaña son buena muestra de ello. La entrada en acción de K en la oficina de correos es tronchante, la mejor parte de la película. La pena es que su historia termina teniendo poco recorrido dramático, por eso de ser una excusa para dosificar la trama.

En cuanto a lo peor, es sin duda la villana tan vulgar que nos ofrecen. Se trabajan un poco de trasfondo, pero este acaba siendo el pretexto para recuperar a K, a sus motivaciones y personalidad no le aportan absolutamente nada. Lara Flynn Boyle hace lo que puede con el putón mal maquillado que le ha tocado (que me parece demasiado para una cinta familiar), pero ni resulta un enemigo imponente ni interesa su plan, y sus secundarios son más bien lamentables: repiten la fórmula de patanes feos, pero ni el sobreactuado Johnny Knoxville con dos cabezas ni el larguirucho que luego se divide en varios pequeños hacen gracia o dan algo de canguelo. Cuando estás un rato siguiendo las andanzas de la pareja protagonista te olvidas por completo de quién es y qué pretende esta tipa. De hecho, da la impresión de que hasta los autores se olvidan de ella: en una escena manda a varios matones a por J y K, pero cortan el diálogo a medias cuando se gira hacia el larguirucho, y quince minutos después vuelven a ello como si ahí no hubiera pasado tiempo alguno, es más, de por medio incluyen un encuentro entre ella y Z.

La puesta en escena mantiene el tono enérgico, aunque también pierde unas décimas. Entre el ritmo vivaz, el carisma de los protagonistas y la corta duración, la cinta entra bien y divierte, pero no asombra como el primer episodio y no cala lo más mínimo. En aquel Barry Sonnenfeld se mostró más ágil, con recursos visuales más variados, mientras que aquí anda menos inspirado y además patina un par de veces, como las patadas voladoras de K y Z tan exageradas y cutres, donde no se sabe a qué viene ese giro en plan superhéroes y canta muchísimo el uso de cuerdas. Pero es la falta de un clímax más elaborado lo que más pesa: el asalto al cuartel tomado por la enemiga está muy falto de imaginación y sentido del espectáculo, y los momentos finales en un tejado son muy, muy sosos. Un tercer acto épico podría haber eclipsado su falta de originalidad, pero apuntaron muy bajo.

El repertorio de criaturas alienígenas es llamativo, pero no deslumbra como en la primera entrega porque aquí tampoco presentan novedades. El abuso de lo digital se nota (el gusano, los tentáculos de la mala, las cabezas múltiples de sus secuaces), y sumado a los parcos escenarios que hay, cabe preguntarse cómo gastaron tanto dinero, nada más y nada menos que 140 millones de dólares, si no tiene un despliegue de efectos especiales al nivel de otras superproducciones de aquel año: Minority Report, El ataque de los clones y El Señor de los Anillos: Las dos torres costaron bastante menos y lucieron muchísimo mejor. La banda sonora de Danny Elfman es muy efectiva, pero tampoco parece buscar algo de renovación.

PD: David Cross (ahora conocido por Arrested Development) repite en un personaje distinto pero muy parecido (el friki de la morgue en el primer episodio, el del videoclub aquí), y no se sabe si es el mismo rol (se supone que murió), así que queda muy confuso. Tampoco parece un cameo, pues fama no tenía y está acreditado; quizá era amigo de algún productor.

Ver también:
Hombres de negro (1997)
-> Hombres de negro 2 (2002)
Hombres de negro 3 (2012)
Hombres de negro: Internacional (2019)

Hombres de negro


Men in Black, 1997, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 98 min.
Dirección: Barry Sonnenfeld.
Guion: Ed Solomon. Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Tommy Lee Jones, Will Smith, Linda Fiorentino, Vincent D’Onofrio, Rip Torn, Tony Shalhoub, Siobhan Fallon Hogan.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Imaginativa en argumento y en lo visual. Personajes carismáticos. Aguanta bien el paso de los años.
Lo peor: Un poco menos de chistes de tortas y más humor ingenioso le habría venido bien.
Mejores momentos: Las pruebas de acceso, en especial la de tiro.
El título: Es otro de esos que según llegan las secuelas lo traducen o no, y acaba siendo un lío.
El mito: Un personaje repite la idea errónea de que hasta el descubrimiento de América por parte de Cristobal Colón todo el mundo creía que la Tierra era plana.
La frase:
1) He vacilado… -J
2) ¿Sabes la diferencia entre tú y yo? Yo llevo esto con estilo -J.

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Como suele pasar, el proyecto estuvo años en el limbro hasta que empezó a concretarse. Dos productores, Walter F. Parkes (quien tras unas cuantas películas no conseguía triunfar) y Laurie MacDonald (recién empezando en este negocio), compraron en 1992 los derechos de un cómic limitado que tuvo buena recepción en su publicación un año antes, Men in Black, escrito por Lowell Cunningham y dibujado por Sandy Carruthers. Contrataron al guionista Ed Solomon (con unas pocas comedias en su haber), pero hasta 1997 la película no llegó a ver la luz, incluyendo un retraso para esperar a que el único director que tenían en mente terminara otro rodaje: Barry Sonnenfeld.

La cosa cogió rumbo cuando consiguieron además un buen padrino. Steven Spielberg puso sus recursos y contactos, de forma que la cinta llegó con gran presupuesto y sin problemas distribución (implicación creativa no parece que tuviera). No tardó en unir a una pareja de éxito seguro para los papeles protagonistas. Will Smith estaba en la cima de su fama, sobre todo tras el pelotazo de Independence Day (1996), y al parecer encabezaba la lista de favoritos porque la esposa de Sonnenfeld era fan de El príncipe de Bel-Air (1990). Tommy Lee Jones estaba buena en racha también tras los buenos resultados de El fugitivo (1993) y El cliente (1994), pero era reticente hasta que Spielberg lo convenció. Otro que estaba en plena forma era Danny Elfman, quien ofreció una banda sonora vibrante.

En papel parece la típica película de pareja de opuestos (buddy movie en inglés), pero no fue tan típica, porque, inspirada en el cómic, combinaba policíaco, ciencia-ficción, comedia y acción de forma bastante original y muy emocionante. Se recibió con entusiasmo, pues tuvo críticas buenas y arrasó en taquilla con 590 millones de dólares mundiales, siendo la tercera en recaudación por detrás de dos colosos como fueron Titanic (James Cameron) y El mundo perdido: Parque Jurásico (Steven Spielberg). Explotaron aún más los réditos con una serie animada y diversos videojuegos. Y ha aguantado bien el paso de los años, tanto que a pesar de la pérdida de calidad de sus tardías secuelas (2002, 2012) estas consiguieron arrastrar cifras semejantes, al menos hasta la cuarta (2019), tan infame que el boca a boca frenó su recorrido comercial y probablemente el de la serie. Los productores se forraron y desde entonces tienen una carrera muy exitosa, con muchas colaboraciones con Spielberg.

Barry Sonnenfeld venía de La familia Adams (1991) y secuela (1993), una saga de corte familiar con bastante buena recepción y que sin duda le dio experiencia en el tono de la presente, la mezcla alocada de realidad y fantasía con diversos efectos especiales. Y Hombres de negro resultó asombrosa en lo visual en su época. Lo cierto es que el presupuesto se fue un poco de madre, pues 90 millones es una cifra muy alta en aquel entonces, de hecho, Independence Day y El mundo perdido no pasaron de 75. Aunque no fuera un espectáculo grandilocuente como Independende Day, la mezcla de alienígenas y distintos trucos visuales (el coche transformándose, las escenas de tortas en plan cómic, platillos volantes estrellándose) tuvo un arduo trabajo detrás y un resultado estupendo. Conviene recordar que junto a Las brigadas del espacio (Paul Verhoeven) dio un paso importante en la introducción de criaturas creadas por ordenador, antes que La amenaza fantasma (George Lucas, 1999), aunque sólo los usaron en planos amplios, en encuadres cercanos utilizarn fantásticos muñecos, animatronics y disfraces. En alta definición lo digital se nota un poco, pero no como para molestar.

Sonnenfeld consigue juntar todas las piezas en un perfecto equilibrio y además aporta un estilo muy dinámico y lleno de recursos. El ritmo enérgico, la duración comedida y el argumento que va al grano garantizan un buen rato diversión. Qué tiempos aquellos en que no se tomaba como obligatorio pasar de las dos horas metiendo rellenos, y en los que se curraban la trama de forma que tuviera un desarrollo lógico e incluso pudieras intuir cosas por ti mismo, ahora casi todo es ir de un escenario vistoso para otro y que en cada uno le caigan pistas encima a los personajes porque sí. No hay bajones ni en la única parte que bastante realmente previsible, las dudas de si el protagonista aceptará y será aceptado en la organización. El relato destaca por jugar bien con el factor sorpresa, teniendo algún giro muy inspirado (el Cinturón de Orión), por su humor desenfadado (a veces grotesco y absurdo), y unas escenas de acción sencillas pero que combinan bien el carisma de los personajes y los efectos especiales. Sólo podría decir que abusa un poco de los chistes de tortas, en plan slapstick, y le hubiera venido bien más gracias ingeniosas. La escena de la pelota rebotando y liándola parda por la oficina para mostrar los problemas de adaptación de J al trabajo es muy, muy tonta, y la del parto de una alienígena muy forzada, pues K no ve a la mujer en el asiento trasero del coche gimiendo y la situación en si tampoco tiene mucha gracia.

Pero lo mejor es la pareja protagonista. Tommy Lee Jones como el veterano serio y tranquilo y Will Smith como el joven alocado que tiene habilidades pero también mucho que aprender son un deleite de ver, llenan la pantalla con su magnetismo y gracia. El proceso de selección, con la tronchante prueba de tiro, es memorable.

Hay algunos secundarios de lujo, pero en papeles breves o raros y no lucen mucho: Tony Shalhoub, Rip Torn, Vincent D’Onofrio. Más atractiva resulta la gradual inclusión de Linda Fiorentino como parte del equipo, pero lo cierto es que toma protagonismo demasiado despacito, dando la sensación de que infravaloran el potencial del personaje y de la actriz, y en la pelea final queda un poco como mujer florero que rescatar hasta que coge el arma. La pena es que Fiorentino a partir de aquí se fue alejando del cine por diversas razones, y en la segunda entrega no tomó el papel protagonista que tenía a tiro. Le iba más el cine independiente, aunque no conseguía asentarse del todo, tenía fama de ser un grano en el culo en los rodajes, y le alcanzó el caso Pellicano (un investigador privado usado por muchos en Hollywood que empleaba técnicas muy sucias -escuchas ilegales, armas, extorsiones-) y su credibilidad quedó aún más en entredicho, de forma que desde el año 2000 sólo ha aparecido en dos películas, la última en 2009. Entre esto y el éxito del dúo Tomm Lee Jones y Will Smith, recuperaron al agente K para las secuelas a pesar de su retiro al final de esta historia.

Pienso que las nuevas entregas han conseguido revalorizarla y mantener el recuerdo más vivo de lo que por sí sola hubiera conseguido. No creo que entre en la categoría de cinta de culto, ni menos aún en la de gran película que deje huella, como mucho es de esas que pillas en la tele o en alguna plataforma online cuando estás indeciso y terminas viéndola porque sabes que es un valor seguro. Pero con un nuevo episodio cada cinco o diez años avivan su recuerdo, y como suelen ser flojos, además realzan su valor, quizá hasta el punto de sobrevalorarla.

PD: Rip Torn, quien interpreta a Z, el jefe, falleció en junio de 2019, pocos días antes del estreno de la cuarta parte (aunque ni en esa ni en la tercera apareció).

Ver también:
-> Hombres de negro (1997)
Hombres de negro 2 (2002)
Hombres de negro 3 (2012)
Hombres de negro: Internacional (2019)