El Criticón

Opinión de cine y música

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Dunkerque


Dunkirk, 2017, EE.UU.
Género: Bélico, drama.
Duración: 106 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan.
Actores: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Tom Hardy, Cillian Murphy, Barry Keoghan, Jack Lowden, Aneurin Barnard, Kenneth Branagh, James D’Arcy, Harry Styles,
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Transmite la angustia y desesperación de la guerra y muestra llamativos ejemplos de cómo reacciona el ser humano ante situaciones límite. La narrativa es notable: dirección, fotografía, música y montaje muy bien combinados.
Lo peor: El guion descuida la coherencia más de la cuenta, y la puesta en escena termina cobrando demasiado protagonismo, viéndose las costuras algunas veces.
La frase:
-Prácticamente podemos verlo desde aquí.
-El qué.
-El hogar.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Sólo presento el argumento y los personajes.–

Dunkerque es una localidad situada al norte de Francia, ruta esencial durante la Segunda Guerra Mundial al estar en el canal de la Mancha que separa Europa de Reino Unido. Un breve texto en pantalla nos pone en situación: en el verano de 1940 unos cuatrocientos mil soldados británicos, franceses y belgas han quedado aislados en la costa de Dunkerque en espera de evacuación, mientras las tropas y aviación alemanas se acercan. De no sacarlos a tiempo, la catástrofe daría un vuelco brutal a la guerra… Pero los pocos navíos militares que llegan están siendo hostigados por los ataques aéreos, y la huida parece destinada al fracaso.

Más que una película sobre la guerra estamos ante una que trata sobre cómo el ser humano se comporta en situaciones desesperadas. Desde los primeros minutos queda claro que el hilo conductor no es la épica de supervivencia a base de tiros y heroicidades, sino la angustia y la impotencia. Con unos pocos personajes desperdigados aquí y allá veremos distintos ejemplos de respuesta ante una situación en la que prácticamente sólo cabe esperar la muerte. El desconocido Fionn Whitehead (sólo tenía un breve papel en una serie) es el joven soldado cobarde que sólo piensa en sobrevivir: no le importan sus compatriotas, se cuela por todas partes buscando su propia salvación. En sus desventuras conoceremos a otros con una actitud semejante, pero de peor calaña. Cillian Murphy encarna otro caso de flaqueza, pero este desde otra perspectiva: los remordimientos de sus acciones lo sumergen en un tormento constante. Mark Rylance interpreta a un civil anciano que manifiesta el talante decidido e implicado de los héroes, incluso sin coger armas: tenemos que ir a salvar a nuestros soldados; y a esa férrea brújula moral se aferran su hijo (Tom Glynn-Carney) y un amigo de este (Barry Keoghan), que quieren seguir su modelo. Tom Hardy y Jack Lowden dan vida a los pilotos de caza que no se amilanan ante ninguna dificultad, dispuestos a darlo todo por conseguir unos minutos más para que la evacuación sea un éxito. Los comandantes británico (Kenneth Branagh) y francés (James D’Arcy) tampoco agachan la cabeza, manteniendo la cordura y compostura para que sus hombres tengan una oportunidad más.

La narrativa es experimental y un tanto exigente. No me sorprende que haya no pocos espectadores que no se enteren de nada, aunque desde luego sí lo hace el que haya algunos diciendo “es otra de guerra, tiros y tiros hasta aburrir”… cuando precisamente el único que dispara es el del piloto, y no tiene escenas muy aparatosas. Dunkerque no ofrece un drama al uso, ni una descripción tradicional de la guerra. El relato se basa en una combinación de lo visual y lo emocional, es decir, la trama se desglosa sin describir a fondo los movimientos y planes, se pone todo el énfasis en tratar de transmitir cómo se sienten los protagonistas. La descripción de estos no se detiene en explicaciones tangenciales que apoyen su dibujo, sino que se expone poco a poco mediante sus acciones. Y ahí es cierto que hay que hacer cierto esfuerzo para entrar en el juego. Apenas tienen unas pocas frases, están divididos en tres líneas temporales distintas (la historia de la playa dura una semana, el viaje de los barcos civiles un día, la misión del piloto una hora), sus nombres probablemente no seas capaz de recordarlos, y con los jóvenes poco conocidos puede costarte distinguirlos cuando están hasta arriba de barro y aceite. Pero la recompensa es grata si te gustan las películas que no lo dan todo mascado y las emociones fuertes. A medida que pasan los minutos nos vamos adentrando a fondo en la mente de estos pocos individuos, y sus sentimientos y objetivos llegan con una claridad e intensidad más que certeras dolorosas, conforme vas conociéndolos e intuyendo cómo intentarán actuar, lo que las nuevas dificultades les echan encima va haciéndose cada vez más tangible y trágico. La primera vez que vemos al joven de infantería (Whitehead) tratar de colarse a un barco parece un pilluelo inmaduro, quizá incluso pienses que se merece un castigo por romper las filas, pero en los siguientes intentos de escapar con vida es imposible no sentir lástima por un niño al que adultos irresponsables han metido en un infierno.

Sufriremos envestidas de aviones, naufragios y ahogamientos en cantidad, pero entre medio mil anécdotas irán describiendo un tormento capaz de quitar el aliento en muchos tramos, la mayoría de supervivencia a la desesperada, algunos de acción, como los combates aéreos, otros inesperadamente contenidos y breves pero igualmente demoledores, como el soldado anónimo que se mete en el agua para morir mientras los demás miran sin hacer nada, porque saben que de una forma u otra probablemente acaben como él. Y tenemos también unos pocos detalles geniales, como el soldado que se sorprende de que otro esté mirando salidas y escapatorias del barco de salvamento que acaban de abordar con euforia, dándole en la cara con la realidad: aún no estás a salvo.

La virtuosa fotografía de Hoyte Van Hoytema es capaz de saltar de la playa al mar y al aire sin notarse desequilibrio, y logra un hábil uso de la distancia, con el horizonte siempre presente, hasta donde alcanza la vista, lo que remarca muy bien la sensación de indefensión y pequeñez de los protagonistas ante una situación que les viene grande. La música de Hans Zimmer parece, en una primera escucha aislada en disco, otra más escupida por sus sintetizadores, lejos del gran esfuerzo que puso en la composición de Interstellar, pero en la película va como anillo al dedo. Apoyándose en unos recursos básicos pero efectivos (ritmos repetitivos y crescendos que no parece explotar nunca) logra rematar muy bien las atmósferas agobiantes. Además, la construcción rítmica de la música y los clímax, sumada a la narrativa con distintas líneas temporales, remarca la obsesión habitual de Christophet Nolan con el tiempo, presente en prácticamente sus trabajos de una forma u otra.

Esto me lleva a señalar algo obvio: Dunkerque es una cinta muy bien medida, Nolan exprime emociones primarias a base de aturdir con técnicas de eficacia probada. Y desde luego funciona, en lo audiovisual posee cierta belleza y resulta apabullante en sensaciones (opresión, fatalismo, etc.), lo que realza muy bien el drama vivido por los atractivos protagonistas y logra una proyección intensa, sofocante, e incluso sobrecogedora en muchas secuencias. Los ataques de aviones alemanes, con el sonido afilado hasta casi molestar y la música repiqueteando incesantemente en una tétrica cuenta atrás, recuerdan al bombardeo de las aldeas en La tumba de las luciérnagas, donde no ves las bombas venir, pero el silbido hiela los huesos y anuncia la muerte.

Pero esa construcción tan estudiada, tan técnica y milimétrica, aun siendo esencial en el propósito y logre su objetivo con bastante robustez en la mayor parte del metraje, también es el origen de sus problemas o limitaciones. Una vez analizada frío se ve una cinta un tanto artificial, dejando la sensación de que una película sobre la guerra debería ser más natural y visceral. Sí, este estilo se puede justificar con que es una obra de sentimientos más que de desarrollar una historia con detalle, pero Nolan se aferra a la fórmula más de la cuenta. En algunos momentos se nota que fuerza el clímax con la música y el sonido, que en el fondo realmente no estamos ante una escena extraordinaria por sí sola. Y a la larga pesa. Podríamos señalar al menos un par de grandes títulos que abordan el género desde una perspectiva más emocional, como La delgada línea roja y Apocalypse Now, muy filosóficas e introspectivas ambas, pero también es indudable que mostraban el escenario bélico como si estuviéramos allí, sin que la técnica empleada dejara entrever trucos y huecos.

El pasar de puntillas sobre la perspectiva global de la evacuación deja muchas cosas sin explicar, lo que va restando puntos a la experiencia, pues puede llegar un punto en que te cuestiones tanto lo que está ocurriendo que te saque de las imágenes, lo que se ve agravado porque a partir de algún momento los clímax pueden empezar a parecer poco naturales. Así, el tramo final me resultó bastante menos satisfactorio que el enérgico y turbador acto central, ya estaba un poco saturado de tanta secuencia sofocante y esperaba más hechos concretos, más explicaciones y soluciones más claras. De hecho el propio Nolan afirmó que no podía alargar mucho el relato porque se podía romper el hechizo. A mí se me nubló en momentos puntuales aquí y allá, para empezar a disiparse claramente en el tramo final. A pesar de los numerosos planos aéreos de la playa y el entorno no es fácil hacerse una idea del escenario. En ningún momento parece haber ni tan siquiera cien mil personas en la playa, no digamos ya los cuatrocientos mil citados; no queda claro dónde están los alemanes, ni si sólo los franceses están resistiendo en la ciudad mientras los británicos no hacen nada en la playa; apenas vemos un par de aviones solitarios, cuando en realidad atacaron muchos e iban en grupos de bombarderos con escolta, ni se explica por qué no hay más barcos militares; y salvo un par de planos donde se ve un puñados de barcos civiles no hay sensación de una evacuación desesperada a gran escala, al final dicen que han evacuado a todo el mundo y ya está.

Dunkerque una película original, valiente y arriesgada como pocos autores se atreven a tan siquiera plantear hoy en día, una muy necesaria en una industria cada vez más autocomplaciente. De hecho el estudio fue muy reticente con el proyecto, porque los protagonistas no eran heroicos estadounidenses, el argumento no parecía comercial, requería mucho dinero, etc. Vamos, que si no fuera porque está bien consagrado y amortizado, esta cinta no habría visto la luz, salvo quizá una versión llena de estereotipos y argumentos trilladísimos. Y el precio a pagar quizá ha sido el restringirla para mayores de trece años, es decir, no hay una gota de sangre, lo que se echa de menos en algunos momentos y contribuye a esa falta de visceralidad.

Nolan, como viene siendo habitual en su llamativa filmografía, exprime y casi reinventa otro género más, ofreciendo una experiencia única y reavivando las esperanzas en que el cine contemporáneo todavía puede sorprender. Pero también es indudable que es una película con fallas y limitaciones, que la fantasmada de considerarla su mejor trabajo y una obra maestra no hay manera de justificarla. Para obra maestra Interstellar. El Caballero Oscuro y Memento son claramente superiores. Y El truco final y Origen están a un nivel semejante, pero a mí en lo personal me gustaron más. Esta recepción desmedida es quizá un efecto secundario de este panorama rebosante de series clónicas y remakes sin alma: un estreno con personalidad pega más fuerte de lo que lo haría con una competencia de más nivel. Y también pienso que estamos chocando de nuevo ante la barrera conservadora de los medios: la ciencia-ficción y la fantasía se tratan como cine de segunda al lado del drama (en este caso bélico), y después de ignorarlo durante tanto tiempo parece que por fin han descubierto a este director.

En pocas palabras, Dunkerque no habrá dado de lleno en el blanco, pero ha apuntado más alto y ha llegado más lejos que gran parte del cine actual.