El Criticón

Opinión de cine y música

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Origen


Inception, 2010, EE.UU.
Género: Suspense, acción, ciencia-ficción.
Duración: 148 min.
Dirección: Christpoher Nolan.
Guion: Christopher Nolan.
Actores: Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Levitt, Ellen Page, Ken Watanabe, Tom Hardy, Dileep Rao, Cillian Murphy, Tom Berenger, Marion Cotillard, Michael Caine.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: El genial toque de Christopher Nolan: la originalidad y calidad que ofrece de nuevo tanto en el guion como en la dirección.
Lo peor: Reparto, personajes, música, montaje.
Mejores momentos: El clímax con varios hechos sucediéndose paralelamente, en especial las escenas en el hotel.
Las preguntas: Si el protagonista no puede ir a EEUU a ver a sus hijos, ¿por qué su padre no se los lleva a otro país de vez en cuando? ¿Por qué Ariadne, al dibujar el último laberinto en el cuaderno en la prueba que le hace Cobb, descarta una hoja en blanco y lo hace en el cartón de la tapa?

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Alerta de spoilers: Hasta el próximo aviso sólo describro el argumento.–

Está claro que Christopher Nolan es uno de los mejores directores del momento. La facilidad que tiene este genio para lograr películas arriesgadas y complejas sin que se vea resentida la capacidad para llegar al espectador medio es asombrosa. Desde Steven Spielberg no hemos tenido a nadie capaz de llenar las salas con taquillazos de alta calidad y sobre todo tantísima valentía y originalidad. Pero Origen, a pesar del entusiasta recibimiento, no es la gran obra maestra que anuncian. Me ha parecido una película magnífica, a alcance de muy pocos, tanto a nivel de guion como de realización, pero no veo la maravilla revolucionaria que muchísimos parecen haber encontrado. Principalmente es por la sensación de que no es tan compleja como parece, pero también porque no da todo lo que podría haber dado y porque hay elementos mejorables que impiden que sea tan redonda como sus dos trabajos más destacados hasta ahora, Memento y El Caballero Oscuro. De hecho incluso me gustó más El Prestigio, aunque está a su nivel.

Origen sorprende otra vez con una historia valiente e intrincada pero con gran ritmo y pegada, y también relativamente fácil de entender. Sin duda habrá algún espectador casual que pierda detalles, que sólo se quede con una perspectiva global, pero no será porque Nolan no define con mucho detenimiento las distintas etapas de la cinta, el funcionamiento y los límites de su propuesta, dejando tiempo más que de sobra digerirlo todo y entender los nuevos giros.

Los protagonistas entran en los sueños de sus clientes o víctimas para sacarles información del subconsciente mediante engaños que estando despiertos notarían. Pero ya desde el prólogo Nolan rompe la primera noción que nos plantea: también entran en sueños dentro de sueños. El protagonista principal engancha rápido. Arrastra un misterio que lo hace vulnerable, que nos permite sentir compasión e interés por ver si saldrá adelante. Su necesidad de expiar sus pecados para poder volver a casa lo pone en una posición precaria, y no tarda en verse obligado a realizar un trabajo muy peligroso. La clásica formación del grupo de compañeros cobra interés más por la sugerente propuesta del juego con los sueños que por los personajes en sí, y el thriller va creciendo a ojos vista, enseñándote en cada paso algo ingenioso y dándole la vuelta de nuevo poco después. A pesar de su abultada longitud, necesaria para exponer un universo tan complejo poco a poco, el ritmo es absorbente, apenas se resiente tras algunos visionados en algún pasaje bastante prescindible aunque lejos de resultar negligente, como la huida por las calles de Mombasa.

Para el tramo final es difícil no estar absorto en un thriller tan inspirado y vistoso, y Nolan remata la jugada con un apoteósico y larguísimo desenlace que te deja clavadísimo a la butaca. Entramos en varios niveles de sueño combinando distintos clímax de acción y drama, porque el personaje principal y su tormento se mantiene siempre en primer plano. Las asombrosas peleas en el hotel con la gravedad alterada, la intriga por cómo los protagonistas resolverán los problemas de cada sueño, cada uno más difícil, el ritmo relativamente pausado pero agobiante que imprime Nolan y la tensión y la épica aumentada a niveles estratosféricos por la ostentosa música de Hans Zimmer, nos dejan uno de los mejores finales vistos en muchos, muchos años.

Origen resulta una película muy estimulante, tanto porque exige atención e ir pensando y teorizando conforme avanza, algo insólito en el cine contemporáneo, como porque es un espectáculo de primera, tanto en originalidad como en ejecución. La propuesta es tan fascinante que ha embrujado incluso más de la cuenta al público, que la ha puesto rápidamente como una de las mejores películas de la historia cuando en realidad se le puede poner muchas pegas…

La necesidad imperiosa de llegar a todos los públicos empieza a lastrar una propuesta que tenía potencial para más. Los personajes se hacen preguntas básicas que no pegan en expertos en su trabajo, algunas son incluso demasiado obvias. De hecho con Ariadne (Ellen Page) se nota demasiado. Está claro que es el nexo entre el universo ficticio y el espectador, difícilmente evitable dado lo intrincado del argumento, pero se debería haber disimulado mejor. No resulta verosímil que cojan a una universitaria, casi una niña, y la metan en un trabajo tan peligroso con tan poca preparación. Se va introduciendo en varios niveles de sueños y su único propósito en ellos parece ser explicarnos las cosas.

Con el resto el problema es que no tienen un dibujo muy elaborado y muchas veces parecen incluirse para cumplir el número necesario de soñadores. Estamos muy lejos del amplio y trabajado repertorio de El Caballero Oscuro o de los atractivos protagonistas de El Prestigio. Aquí todo gira alrededor del carácter de DiCaprio, cosa entendible y aceptable, más cuando resulta un rol central excelente, pero se potencia demasiado a costa de dejar a los secundarios con una definición escasa y una presencia forzada. No sabemos nada de las motivaciones de cada uno, hasta el punto de que no se entiende que se arriesguen con una misión tan arriesgada. ¿No tienen familias, no conocen otra cosa, sólo les mueve el dinero, su lealtad a Cobb es así de férrea? No se explica nada, ni si quiera se señala sutilmente algún u otro aspecto. En vez de dedicar tiempo a la persecución en Mombasa, ¿por qué no lo dedicaron a explorar la relación entre ellos? Unos cuantos chistes entre los personajes de Hardy y Gordon-Levitt son de lejos insuficientes, de hecho me parecieron incluso bastante fuera de lugar.

El reparto tampoco deslumbra, es bastante irregular. Leonardo DiCaprio repite un personaje muy parecido al de Shutter Island, y lo hace sin las ganas puestas en esa y otras labores recientes. Ellen Page y Marion Cotillard se esmeran en dotar de vida a dos figuras que son meros objetos de la trama, y en cierta manera funciona, Page consigue hacer creíble la preocupación por Cobb y Cotillard transmite bien la melancolía y el pesar, así que es una pena que no tuvieran un papel más complejo. Joseph Gordon-Levitt (500 días juntos) es un actor lamentable con carisma nulo, lo que afea bastante el producto: es el secundario con más presencia y no muestra ni un sentimiento, no se altera ante ninguna situación. El resto (Tom Hardy, Ken Watanabe, Dileep Rao) cumplen sin más en otros roles con nulo recorrido. Al final es el objetivo de la misión, Cillian Murphy, el que ofrece una labor más competitiva. Tampoco funciona plenamente la banda sonora. Nolan arrastra por ahora un defecto notable en su por otra parte deslumbrante filmografía: es muy dado a sobrecargar sus películas con un susurro de fondo, la forma más fácil de dar ritmo a una escena, y Zimmer se presta a ello con su estilo comercial de los últimos años, donde compone a base de librerías predefinidas en un sintetizador. El tema de acción será imponente y realza mucho el clímax, pero puedes terminar harto de escucharlo tantas veces sin una progresión adecuada a los distintos escenarios, y fuera de él hay aún menos exploración emocional, todo es adorno.

Pero sobre todo da la sensación de que había infinidad de posibilidades en la idea de jugar con la mente, lo onírico, las pesadillas, la confusión de realidad y sueño… y después de todo la visión de Nolan no va más allá de doblar ciudades y una pelea en ingravidez, espectacular y resuelta con maestría, pero no tan novedosa como nos venden. La propuesta recuerda bastante a Matrix, por ejemplo: crear entornos virtuales y luchar alterando las físicas del mundo real. Y me temo que cuanto más bajamos en los sueños menos parece esforzarse. El eterno y cansino tiroteo en la nieve afea un poco un clímax por lo general impresionante, y el esperado limbo no deja de ser una pesadilla básica, una ciudad medio derruida. Es más, no se entiende muy bien cómo en la fantasía de Mal y Cobb lo único que hacen es construir bloques horteras hasta tener una ciudad infinita, cuesta creer que esta es su visión idílica del mundo.

En cuanto a teorías, dobles lecturas y cuestiones, hay algunas cosas que comentar, pero también pienso que había más posibilidades.
Alerta de spoilers: Destripo claves del final.–

Es probable que salgas del cine intentando encajar alguna duda. Una muy común es cómo puede entrar Cobb en el limbo de Saito, pero se asume que están conectados con la máquina en el avión y dentro de los sueños todo vale, si vemos otras máquinas es únicamente para mantener el engaño ante la víctima (Fischer). También puede confundir que salgan de ahí suicidándose, cuando andaban diciendo que con tal sedación morirían, pero Cobb se ha saltado “la patada”, es decir, sabe que ya no están sedados.

El final me disgusta un poco, porque Nolan, en su afán de explicarlo todo y darlo todo cerrado, pone la peonza tambaleándose en el último momento, mostrando que Cobb está en la realidad. Dejándola girando y cortando el plano quedaba todo a la imaginación del espectador. Pero al menos sí hay una cuestión el aire, aunque no sé si es buscada por Nolan o no. ¿Y si en realidad toda la misión es para hacerle un Origen a Cobb? El plan con Fischer sería para forzar que Cobb enfrente su pasado con Mal para que la única forma de salir que tenga sea hallando una forma de perdonarse, esto es, de hacerse el Origen a sí mismo sin darse cuenta.

Nota 08/08/17: le he pegado un repasillo a la crítica.

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Batman Begins


Batman Begins, 2005 EE.UU.
Género: Acción, suspense, superhéroes.
Duración: 140 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, David S. Goyer.
Actores: Christian Bale, Michael Caine, Liam Neeson, Gary Oldman, Katie Holmes, Cillian Murphy, Tom Wilkinson, Rugter Hauer, Ken Watanabe.
Música: Hans Zimmer, James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Un guion impresionante y un reparto de grandes actores, entre los que destaca un maravilloso Michael Caine.
Lo peor: Un montaje demasiado acelerado y alguna secuencia de acción mejorable; la aburrida interpretación de Katie Holmes y su aburrido personaje; y sobre todo, la insistente y poco adecuada banda sonora.
La frase:
1) ¿Para qué nos caemos? Para aprender a levantarnos.
2) Da igual lo que sea en el fondo. Uno se define por sus actos.
3) ¿No lo tiene en negro?

* * * * * * * * *

Esta producción no tiene nada que ver con el Batman de Tim Burton, sino que es un nuevo acercamiento a la historia del oscuro superhéroe, y aunque carece del carisma arrollador que le imprimió Burton, en cambio es una propuesta seria, contundente, épica, que trasciende el propio género para intergrarse muy bien entre los mejores thrillers de los últimos tiempos. En cuanto a la temática de superhéroes, quizá no sea mejor que aquel Batman y Spider-Man 2, o quizá sí, pero lo que sí está claro es que es un título ejemplar difícilmente superable.

Christopher Nolan y David S. Goyer han construido un guion magnífico, casi redondo, con todos los elementos muy bien medidos: nos ofrecen una trama densa y con gran número de personajes con gran dimensión, y nos deleitan con multitud de detalles ingeniosos, frases muy inspiradas y secuencias memorables. Mantienen un ritmo que no decae en ningún momento pese a que hay más desarrollo de caracteres que escenas de acción. Consiguen dotar de historia y vida a la ciudad y enlazar todos los protagonistas en la trama, demorando la aparición de cada uno lo necesario para poder acercanos a ellos poco a poco y exponer la parte que les corresponde a cada uno en el elaborado conjunto. De hecho, como en los thrillers clásicos de los años cincuenta, tienes que esforzarte bastante por seguirlo todo.

El propio Batman no aparece hasta entrada la hora de metraje. Primero había que conocer el entorno, y luego Bruce Wayne tenía que caminar el tortuoso sendero que lo lleva a ponerse la máscara. Con el mimo que le ponen, la presentación y maduración del héroe es la mejor que se ha visto hasta la fecha. Los villanos no se quedan atrás a pesar de tener nada menos que tres figuras principales formando parte de una intriga global que va creciendo poco a poco; todos son intrigantes y suponen buenos retos iniciáticos para Batman. En el bando de los buenos hay un puñado largo de secundarios, y la mayor parte se hacen querer. El mayordomo Alfred, con una interpretación de Michael Caine memorable, es un apoyo fantástico, y de su boca oímos algunas frases magníficas; el policía asqueado de la corrupción (Gary Oldman) y el empleado olvidado (Morgan Freeman) muestran muy bien su situación de aburrida desesperación y reaccionan ante las nuevas posibilidades que les brinda la aparición del hombre murciélago; Falcone (Tom Wilkinson) es un gángster imponente que no resulta demasiado estereotipado; Espantapájaros es un carácter inquietante y la interpretación de Cillian Murphy muy correcta; Henri Ducard (Liam Nelson impecable como siempre), mentor de Batman y pronto oponente también, es el sabio e inquebrantable líder de una organización misteriosa con sugerente pasado; y mención especial para otros que cuentan con breves apariciones, como Ken Watanabe o Rugter Hauer, actores míticos en papeles cortos pero capaces de dejar huella en el relato.

Es difícil de creer la facilidad con la que meten tantas cosas en tan poco tiempo. Salvo excepciones como alguna inesperada joya, como L. A. Confidential, como señalaba prácticamente habíamos olvidado lo que es un thriller de gran calibre. Así que Batman Begins supone toda una lección para el cine moderno, demasiado acostumbrado al uso de argumentos simples y personajes construidos con cuatro frases y dos tópicos. Sin embargo, no todo son maravillas, pues hay algunos detalles bastante mejorables. El más notable es que el personaje femenino, Rachel Dawes, no tiene la misma fuerza que los masculinos. Parece un simple nexo de unión entre el hampa y la justicia, una justificación para exponer la corrupción, algo que ya quedaba además claro con Gordon y sus compañeros. Y, sobre todo,  su presencia como chica de la función resulta forzada y la interpretación de Katie Holmes deja mucho que desear.  Al contrario que con los demás personajes, no conocemos de dónde sale su determinación, ni la actriz transmite bien la lucha y las penurias que se supone que enfrenta. Al menos el giro final aporta algo más inteligente de lo que se suele ver, pero llega tarde.

Nolan ofrece un gran espectáculo, destacando el amor y esfuerzo por hacer las cosas bien: su apuesta por lo artesanal ofrece un aspecto visual sólido, verosísimil e impresionante, y sin duda perdurará en el tiempo. La combinación de efectos tradicionales y digitales es excelente: los planos cercanos de muchos edificios e incluso alguna carrera con el batmóvil han sido realizados con maquetas enormes, mientras los fondos se añaden con ordenador; aunque también hay algún plano general de la ciudad que es digital y no se nota nada. En cuanto a la dirección en general, el tono ominoso, sombrío, es muy acertado, conformando una narrativa ágil pero intensa, amena pero capaz de transmitir seriedad. Pero a algunas escenas de acción no les coge el punto. En las secuencias de tortas cara a cara tenemos una fotografía demasiado cerrada sobre los personajes, unas coreografías muy básicas, y un montaje caótico que no deja ver nada. Lo extraño es que en las persecuciones y carreras con el coche se enfrentaba a una difícil mezcla de maquetas y un cacharro enorme que apenas andaba, y aun así consigue transmitir la sensación de caos y velocidad a través de una planificación y una edición brillantes. No se entiende que algo tan complicado acertara tanto y en algo más común se quedara tan corto.

Y tenemos un aspecto que, al menos a mí, me ha decepcionado bastante. Será porque el Batman de Danny Elfman y el Superman de John Williams marcaron a lo grande el aspecto musical del género, pero desde entonces se da por sentado que cada nueva película del mismo tendrá una gran banda sonora. Desde luego, el tener una temática fantasiosa permite dejar volar la imaginación, y como suelen combinar drama humano, épica y acción, pues más posibilidades ponen en bandeja. Pero me temo que aquí no apuntaron muy alto. Fuera cosa del estudio o a propuesta de Nolan, contrataron a Hans Zimmer en una época de bajón, de obsesión por la electrónica. Y la banda sonora resultante es bastante limitada, con parches de Piratas del Caribe que taladran las escenas de acción sin mucha conexión con las imágenes, y un surruro forzadamente intenso pero repetitivo e impersonal para el resto. Lo curioso es que ficharon a otro autor con gran caché, James Newton-Howard, para colaborar en la composición. No sé si fue por temas de agenda, que Zimmer no daba abasto, o porque su trabajo no convenció. El caso es que se nota muchísimo que Newton-Howard compone las partes íntimas, el drama de personajes, y aunque son momentos breves funcionan mucho mejor: bien orquestados, sutiles en lo emocional. Sea como sea, queda una banda sonora ruidosa pero machachona, sin personalidad.

Aparte se pueden señalar detalles que afean el acabado aquí y allá. En el templo entiendo que exploten los barriles de pólvora, pero de ahí en adelante no se entiende qué pasa, todo explota poco a poco, las vigas incluso, hasta una explosión final absurda. Que los padres salgan de la ópera, que se supone que estará en la parte rica de la ciudad, al callejón más oscuro y mugriento, es demasiado artificial. En el final, Ra’s se pone la máscara cuando ya está inmerso en los vapores; si es inmune, por qué se la pone, si no, le habría afectado ya. Rachel se iba con un policía alejándose de todo el fregado, pero de repente aparece sola justo donde Ra’s está trabajando. El anciano que vemos en la central de las aguas de la ciudad me pone nervioso: ¿no había mejor forma de explicar qué ocurre y señalar la tragedia inminente? Ya es poco creíble que Gordon sea capaz de conducir el batmóvil, pero para rematar, cuando llega al punto clave las armas se activan solas y él sabe qué hay que hacer. Y finalmente, me molesta mucho un cliché habitual del cine de acción: el sonido de amartillar armas cada vez que una sale en pantalla, aunque los que las sostienen no estén realmente haciendo nada con ellas o incluso tengan automáticas que no requieren esa acción; también me mosquean los pinchazos (el antídoto o los sedantes) que suenan como grandes tuberías soltando gas.

En resumen,  estamos ante una de las películas más interesantes que ha dado el cine en los últimos años, no sólo de acción y superhéroes, sino en general, pero le falta una pizca para la perfección.