El Criticón

Opinión de cine y música

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The Neon Demon


The Neon Demon, 2016, EE.UU.
Género: Drama, telefilme.
Duración: 118 min.
Dirección: Nicolas Winding Refn.
Guion: Nicolas Winding Refn.
Actores: Elle Fanning, Jena Malone, Bella Heathcote, Abbey Lee, Christina Hendricks, Keanu Reeves, Desmond Harrington, Karl Glusman, Charles Baker.
Música: Cliff Martínez.

Valoración:
Lo mejor: Fotografía, música.
Lo peor: Dirección, guion.

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En Drive, sobre la que se ha creado un incomprensible culto, ya se veían las obsesiones de Nicolas Winding Refn y los fallos narrativos a los que estas llevan, que se pueden concretar en la obstinación con el aspecto visual por encima del equilibrio global. Poner todo el esfuerzo en la composición fotográfica, tanto la forma como el color, puede ser útil en determinados momentos, pero difícilmente pueda serlo en un largometraje completo. Ni siquiera la más notable que podemos citar en este estilo, Barry Lyndon (Stanley Kubrick, 1975), consigue librarse del todo de la falta de armonía entre forma y contenido, es decir, mucho cuadro fascinante, pero a la hora de la verdad la narrativa le falta fluidez, se ve limitada por el abuso de un único recurso. Y por poner un ejemplo más claro, recientemente vimos la fallida El árbol de la vida de Terence Malick, que simplemente soltaba fotografías una detrás de otra. Drive mostró potencial en sus primeras escenas, con un personaje intrigante y un ambiente prometedor… Pero el realizador lo desaprovechó en un relato vistoso pero inane: el argumento, los personajes, la evolución de ambos, la exposición de sentimientos y la llegada de las conclusiones carecían de definición, recorrido y garra. Al final sólo había imágenes bastante elaboradas pero sin nada inteligible ni atractivo detrás de ellas.

En The Neon Demon el problema se agrava porque el argumento de partida es de una simpleza exasperante, pues aborda un tema muy viejo con una falta de profundidad e inteligencia bien patentes. La chica que quiere ser modelo, la industria exigente, los artistas estrafalarios, los abusos, la soledad, los falsos amigos… Vamos, la típica carrera por la fama con los obstáculos de siempre, en un libreto propio de un telefilme, lleno de estereotipos y melodrama barato. Desde el principio se ven sus escasas bazas y se intuye su limitado alcance, y con la torpeza de este director en vez de potenciar y exprimir lo poco que se pueda lo que ofrece es un pastiche inconexo y desequilibrado de situaciones anodinas (qué obvio y monótono es el pique entre las modelos) y escenas delirantes (la parida del gato salvaje, el cargante primer pase de modelo) que van empeorando conforme el relato avanza, aburriendo y desesperando cada vez más. Pero lo más alucinante es que en el tramo final intenta darle un giro sorprendente… y vaya manera de hacer el ridículo. De repente se inclina por el thriller en una absurda mezcla de terror psicológico y gore. Es comparar con Cisne negro, que contaba una historia semejante con un guion certero y una puesta en escena con un toque distintivo y en general un dominio narrativo magistral, y no queda otra que echarse a reír.

Directa a la lista de las peores y más insoportables películas que he visto en mi vida. Y para rematar el mal chiste, hay quien intenta defender que se trata de una obra maestra.

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Drive


Drive, 2011, EE.UU.
Género: Drama, thriller.
Duración: 100 min.
Dirección: Nicolas Winding Refn.
Guion: Hossein Amini, James Sallis (novela).
Actores: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Albert Brooks, Ron Perlman, Christina Hendricks, Oscar Isaac.
Música: Cliff Martinez.

Valoración:
Lo mejor: Alguna escena suelta, la atmósfera sugerente lograda por la fotografía y la música. El papel de Carey Mulligan.
Lo peor: La narrativa mediocre y a trompicones, la falta de consistencia del rol central y los personajes secundarios estereotipados y mal usados. La interpretación de Ryan Gosling.
Mejores momentos: El prólogo.

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Drive nos sumerge en una atmósfera con cierto atractivo, mostrando un Los Angeles sombrío, solitario y peligroso. Esto se logra a través del tono melancólico y sugerente contruido mediante una fotografía hipnótica y la acertada música de Cliff Martinez. Esta última tiene un estilo electrónico ochentero muy interesante que se suma a una excelente selección musical (atención a los temas de Chromatics y College). Se construyen varias secuencias elegantes, capaces de dejarte pensando momentáneamente “esto es digno de una gran película”. Pero son destellos de calidad fugaces en un conjunto mediocre. Es decir, si hay talento, en especial en la labor de fotografía, el director no lo ha aprovechado del todo, pero sobre todo, el guion es un coladero muy grande, tanto que es capaz de hundir al filme en un pozo de monotonía y mediocridad.

A medio camino entre Taxi Driver y Collateral, Drive es un quiero y no puedo constante, una amalgama de ideas empalmadas una detrás de otra sin mucha cohesión narrativa. La trama peca de una notable falta de definición y posee carencias enormes de ritmo y coherencia. Para empezar, el protagonista es totalmente hueco, se usa como comodín para montar esas escenas variadas sin hilo en común: cambia de forma de ser demasiadas veces. Se nos presenta como un tipo frío, capaz de medir cada situación al milímetro incluso en momentos de gran estrés, un superviviente que usa sus dotes de piloto de coches para realizar algunas actividades delictivas. Es también inteligente, pues evita meterse directamente en fregados peligrosos: no usa armas, se mantiene al margen de los robos y esquiva las relaciones largas con criminales. Sin embargo, repentinamente se convierte en un pistolero vengativo que no se piensa las jugadas, que actúa sin pensar, lanzado por la ira del momento. Y para rematar la faena, al final enlaza unas cuantas decisiones tan absurdas que no hay manera de entender teniendo en cuenta lo presentado anteriormente. Y no me vale argumentar que la situación ha cambiado y ahora está en peligro, no, porque debería haber actuado como antes o si acaso haber evolucionado a través de una transición creíble. Pero el cambio se produce sin más, de tal forma que parece otro personaje de una escena a otra.

La falta de descripción del protagonista afecta también a la relación amorosa. ¿Por qué se embarca en ella? No se muestra razón alguna, si hay amor, compasión o simplemente es que se aburre; y más difuso se torna todo cuando vuelve el novio de ella, sobre todo con esa incomprensible decisión de ayudarlo. Por ello las escenas románticas no funcionan, y más cuando se desarrollan mediante videoclips musicales metidos con calzador. Sin embargo, Carey Mulligan se marca un gran papel, transmitiendo todas las emociones de su personaje de forma excelente, con lo que levanta considerablemente las previsibles escenas que le dan. No se puede decir lo mismo de Ryan Gosling, quien con una interpretación completamente inerte sin duda pone una gota extra en el desastre que resulta el personaje. Incomprensiblemente, se ha levantado cierto culto alrededor de este rol…

En cuanto al resto de la historia y los protagonistas hay que destacar que el embrollo final (es decir, el supuesto punto álgido de la trama) resulta precipitado y confuso, pues se desarrolla a través de caracteres secundarios mal ubicados en la narración y construidos a base de tanto cliché que resultan incluso ridículos: la presencia de Ron Perlman… pocas veces he visto un personaje tan mal introducido en un relato.

A todo esto se le suma que el director está obsesionado con el encuadre perfecto de cada plano (hasta el punto de que se han realizado análisis sobre esta fotografía), pero se olvida de todo lo demás: la escena no dice nada, los personajes van dando tumbos, y como resultado el ritmo es torpe, entre moroso y caótico. Así pues, conforme avanza la tenue trama la proyección va perdiendo el interés que despertó con su prometedor inicio, cuanto más se sumerge en ella más se emborrona el argumento y la consistencia de los protagonistas y más artificial parece la puesta en escena. El arco final enlaza tiroteos exagerados pero sin capacidad de asombrar y alguna persecución con más enredo visual que esfuerzo por transmitir emoción. Finalmente un desenlace bastante pobre cierra una película aburrida y torpe.

Pero sorprendentemente Drive se ha convertido en una de las producción menores o independientes más aclamadas del año. Por lo tanto fui a verla esperando una cinta como mínimo buena… y el encontronazo ha sido brutal. Su aspecto externo ha engañado a muchos, pero a mí no me parece justificable una buena nota en una película tan hueca por dentro, y más si en vez de ofrecer una trama mínimamente interesante resulta un caos de incoherencias.

Contagio


Contagion, 2011, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 106 min.
Dirección: Steven Soderbergh.
Guion: Scott Z. Burns.
Actores: Matt Damon, Lawrence Fishburne, Kate Winslet, Gwyneth Paltrow, Jennifer Ehle, Anna Jacoby-Hedron, Jude Law, Marion Cotillard, Bryan Cranston, Elliot Gould.
Música: Cliff Martinez.

Valoración:
Lo mejor: Guion, dirección, fotografía, música, reparto… Su capacidad para dejarte pegado al asiento durante todo su metraje.
Lo peor: Nada. Si acaso que ha sido muy infravalorada.
Mejores momentos: Los primeros diez minutos, sobre todo si no sabes lo que te espera. Innumerables instantes que se desarrollan sólo con imágenes y música. El Día 1.

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Contagio es una de las películas más sorprendentes, atípicas y electrizantes de los últimos años. Muchos de los que vayan a verla, sea con ideas preconcebidas o no (cabría esperar algo parecido a Estallido), serán abofeteados en los cinco primeros minutos de proyección, donde se muestra sin miramientos lo que va a ser la tónica (muertes de protagonistas) y el estilo (secuencias rápidas, poco diálogo…). Yo mismo iba bastante en blanco, ya tenía claro que la vería por el reparto y el director y pasé de los trailers (que por lo visto te revientan media película), y con esas primeras escenas quedé muy impresionado, tanto para bien (la narración me atrapó de lleno instantáneamente) como para mal (¿de verdad era necesario ser tan explícito y duro con las muertes?).

Desde ese primer golpe de efecto es un no parar, la trama se lanza con un ritmo impresionante, con una velocidad y fuerza que ya quisieran para sí muchas cintas de acción. El guion de Scott Z. Burns orquesta un amplio entramado de protagonistas con el que ofrece diversas perspectivas de la historia. Saltamos entre países, ciudades y personajes siguiendo la trayectoria del virus, y da tiempo para mostrar a los científicos trabajando y los problemas logísticos colaterales (distintos organismos implicados, etc.), para exponer los problemas políticos y sociales (pánico, saqueos) así como la influencia de los medios de comunicación, desde donde también se pone un ejemplo de los sacacuartos habituales (el periodista insensato –Jude Law– y su defensa irracional de falsas medicinas -homeopatía-, conspiraciones –qué malas son las farmacéuticas- y paranoias -todo el mundo miente menos yo-, llega a resultar desagradable). Y todo ello sin olvidar los dramas personales, todos realistas, cercanos (en especial los de Matt Damon y su hija), muy bien aprovechados a pesar del poco tiempo que tienen algunos de los protagonistas y los constantes saltos narrativos que hay. Pocos deslices encontramos en esta hábil y densa estructura; si acaso cabe decir que como era de esperar en tal tinglado alguna aventura queda un poco por debajo del resto, como la de Marion Cotillard, a la que le falta algo de dedicación.

El reparto también es de los más llamativos en muchos años, un desfile de nombres conocidos y secundarios de gran nivel (Bryan Cranston por ejemplo), todos de calidad más que contrastada. Y todos están impecables en sus papeles, aunque por tiempo en pantalla y las características de sus roles destacan Matt Damon, en una de sus mejores interpretaciones dramáticas, o Kate Winslet, de quien se podría decir que está siempre impecable. Aunque si tengo que elegir me quedo con otros dos: Lawrence Fishburne, que aun teniendo un papel más serio y no dado a cambios de registros muestra con una facilidad pasmosa la presión a la que está sometido, y la adolescente Anna Jacoby-Heron, que en este su primer trabajo ofrece un recital a tener en cuenta de cara a su futuro.

La puesta en escena es magnífica, la mano de Steven Soderbergh ofrece una lección de virtuosismo narrativo digno de ver. Es difícil perder el hilo u olvidarse de algún personaje, todo se expone con el máximo cuidado para que cada escena esté donde se requiere y transmita y narre lo necesario, y para ello cada plano está puesto con una intención concreta, sea transmitir el miedo por el contagio (roces fugaces, apoyos en puertas y barras para convertir lo cotidiano -viajar en autobús- en peligro) o mostrar aspectos cruciales de la trama (con un plano a los viales de ántrax y sars y otro a la emoción contenida de la científica ya sabemos que están guardando las muestras –virus o cura o ambos- para la posteridad). La fotografía es excelente, el montaje mejor… pero si algo destaca es la banda sonora de Cliff Martinez (Solaris), que supone un gran hallazgo en una época de crisis en la música de cine. Su implicación con las imágenes es perfecta, consiguiendo una simbiosis de una eficacia que no se ha visto en años. Sutil o intensa según necesidades, impecable en sus funciones de matizar el suspense o desgarrarte por dentro por la dureza de la tragedia mostrada, es para mí elemento más importante de la película, pues muchas escenas carecen de diálogo y resulta crucial para darles el tono requerido.

El ritmo no da descanso y los personajes desfilan con mil problemas ante nuestros ojos sin que sepamos quién caerá y quién se salvará. La puesta en escena llena por completo los sentidos, exprimiendo y amplificando de manera impresionante un guion que en otras manos podría haber sido un caos. Casi no puedes pestañear y respirar durante dos horas, intrigado, inquieto, salpicado constantemente de sensaciones y emociones. Thriller, drama, ciencia-ficción apocalíptica con un ligero tono de documental… Contagio es una película compleja e inteligente que no olvida el sentido del espectáculo, pues resulta una proyección intensa e impactante.