El Criticón

Opinión de cine y música

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El primer hombre


First Man, 2018, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 141 min.
Dirección: Damien Chazelle.
Guion: Josh Singer, James R. Hansen (novela).
Actores: Ryan Gosling, Claire Foy, Jason Clarke, Kyle Chandler, Corey Stoll, Ciarán Hinds, Olivia Hamilton, Pablo Schreiber, Shea Whigham, Lukas Haas.
Música: Justin Hurwitz.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, montaje y sonido en las escenas de pruebas y vuelos.
Lo peor: El resto: melodrama del montón con abuso de artificios y falta de emoción y contenido real.
Mejores momentos: Los tres vuelos, el X-15 (el prólogo), el Gemini, el Apollo XI, y la prueba del módulo lunar.
La pregunta: ¿Por qué cuando aparece un presidente estadounidense real en una película, en España se deja sin doblar y se le pone subtítulos?

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Había puesto en cuarentena al director Damian Chazelle tras la insultante (por manipuladora y retorcida pero inverosímil) Whiplash y la simplona La La Land (un musical de baratillo en lo emocional y plagiado en lo visual), pero el argumento, la carrera espacial y la vida de Neil Armstrong, me atraía mucho y piqué. Lo cierto es que con el prólogo la cinta me ganó por completo… pero pronto cae el velo y resulta ser otro engaño. Y otro que ha funcionado, pues de nuevo el trabajo del realizador ha sido puesto por las nubes por gran parte de la crítica y el público (aunque no ha arrasado como el musical) y presumiblemente se llevará multitud de premios.

La realidad es que El primer hombre no es una biografía decente (en calidad tanto como en sensibilidad) de Neil Armstrong, ni un buen drama sobre la familia y la superación personal, ni una oda al héroe con la suficiente épica y profundidad, ni un retrato de la historia riguroso y atractivo. Los puntuales momentos brillantes no bastan para dar cohesión a un relato destartalado donde parece que Chazelle no sabía qué quería contar ni cómo hacerlo. Vuelve a hacer gala de un talento nato con la técnica, usando con maestría el sonido y el montaje (en otra colaboración con Tom Cross) para exprimir al máximo las situaciones con acción o tensión. Pero también muestra no tener visión global, no saber relatar una historia, y su inclinación por el sensacionalismo, el subrayado tosco y la imitación a otras obras para parchear los numerosos tramos que evidentemente no sabe cómo llevar a cabo. El primer hombre es un galimatías de géneros, ideas, estilos y resultados que te deja anonadado en unas pocas escenas, indiferente en unas cuantas más, molesto en otras tantas, y, con la combinación todo, cada vez más desconectado, desconcertado y finalmente aburrido.

En el género de aventuras es donde mejor funciona. Es evidente que imita a Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) e Interstellar (Christopher Nolan, 2014), pero se esfuerza y sale muy bien parado. Con su dominio de la técnica ofrece unos pasajes sobrecogedores tanto en lo visual como en lo emocional: el prólogo, con el X-15 rozando la atmósfera, el Gemini, con el incidente que casi los deja varados en órbita, las pruebas de alunizaje, y en menor medida el vuelo del Apollo XI. La perspectiva en primera persona (todo lo vivimos desde la cabina, como si fuéramos el protagonista), el magnífico uso del sonido y los silencios, el tempo tan cuidado… Te sumerges de lleno en la odisea suicida que fue la carrera espacial, las pasas putas en cada nuevo reto, y acabas dando un gran suspiro de alivio cuando Armstrong sale airoso.

Pero esto es sólo parte de un todo que está muy lejos de funcionar como es debido. El drama es un desastre. No hay un guion que desarrolle una historia y que dibuje un personaje que nos lleven a un viaje concreto, es decir, que partamos de una situación y unos sentimientos determinados y tras una progresión coherente y atractiva acabemos en otro punto, en unas conclusiones o una maduración. O quizá Chazelle pasa del guion, porque viendo Spotlight (2015) está claro que el escritor Josh Singer es capaz de desarrollar tramas complejas con numerosos protagonistas interesantes. De la novela de la que parten no puedo opinar, pero dudo que sea tan poco fiel a la realidad y tan incompleta.

Tanto que sufrimos en las pruebas, luego acabarás harto de Neil. ¿Quién es, qué siente, qué anhela, qué piensa de la vida, el trabajo, los amigos y la familia? Nada se responde a pesar de que en este cambio de registro mantiene por lo general la primera persona, con constantes planos sobre la cara o el hombro del astronauta. El único poso dramático que tenemos es la hija fallecida, pero Chazelle está empeñado en hacerlo el centro de su vida con su habitual énfasis melodramático tan forzado, y no funciona. Primero, porque no se entiende: ¿por qué tener un hijo muerto debería otorgarle sin más tanta determinación en la carrera y distanciamiento con la familia? Si no desarrollas y justificas el recorrido emocional del personaje sabe a recurso barato. Neil termina siendo una pobre recreación del típico héroe impoluto que ha nacido así de fuerte y decidido (porque Estados Unidos es así de grande) y al que nada nada en el mundo doblegará.

La trama es inexistente, la carrera espacial se la toma unas veces en serio, otras como algo secundario y nos vamos a líos familiares, otras parece querer hablar en general de los héroes, pero sin analizar nada al respecto, sino mostrando a un robot sin alma. Ryan Gosling vuelve la actuación inexpresiva con la que empezó su carrera, así que imagina tener toda la película al protagonista con la misma cara y sin transmitir ninguna emoción: menudo coñazo de personaje. Por el contrario, Claire Foy (The Crown, 2016) como su esposa está estupenda, pero es un pegote, unas veces parece estar para mostrar que Neil tenía una vida, otras intentan darle protagonismo sin lograr también contar nada llamativo. Porque en esos vaivenes de género y estilo el director de vez en cuando rompe la primera persona para andar un rato sin saber por qué con otros personajes.

Con la familia de Neil tenemos repentinos videoclips a lo Terrence Malick (La delgada línea roja -1998-, El árbol de la vida -2011-), con su característica cámara en mano, iluminación natural y música contemplativa con la que sigue a los protagonistas en sus quehaceres. Pero aparte de que este cambio de tono desentona un montón, la imitación que hace Chazelle es chapucera. La cámara en mano es caótica, pone frenesí cuando se requiere contención, la iluminación, tan concisa y realista en los vuelos, resulta demasiado rebuscada (artificial fingiendo ser natural), y la música de Justin Hurwitz es horrenda, una tonadilla repetitiva muy cargante. Otras veces da la sensación de imitar al Ron Howard de Apollo XIII (1995), con la esposa esperando en casa inquieta las noticias de triunfo o muerte, la prensa representando el variable interés social y mediático, y el ajetreo en la sala de control. Y otras se va a añadidos aún más inconexos, como la larga escena del Apollo I donde mueren calcinados personajes secundarios que antes apenas salían de refilón y con los que no se ha llegado a mostrar nunca camaradería, competición o cualquier cosa que los haga relevantes en la vida de Armstrong y para el espectador. Así que, ¿en qué quedamos, aventura de superación en primera persona o un drama más global?

La recreación histórica es otro caos. Saltando de las cuatro pruebas y vuelos al relleno dramático no se vislumbra un contexto histórico concreto, un progreso de la carrera espacial comprensible. Un día están entrenando y parece que Chazelle trata de poner intriga sobre qué les deparará el futuro, pero en la siguiente escena estamos en pleno vuelo crucial sin saber qué han aprendido y sudado entre medio. Y de repente nos encontramos en el Apollo XI sin saber qué ha sido de los demás pasos del proyecto. ¿No hay más pruebas, se lanzan a la Luna a lo loco? Aquí tampoco se decide a elegir una perspectiva, si la odisea de Armstrong o la historia en su conjunto. A veces trata de ampliar el objetivo para incluir a más personajes secundarios relevantes en los hechos, pero se queda a medias, y casi mejor, si el panorama va a ser como el que se vislumbra. Primero, por el citado Apollo I: ¿a santo de qué viene si sólo nos centrábamos en el esfuerzo de Armstrong? Y segundo, por la vergonzosa descripción de los otros tripulantes del vuelo a la Luna: Buzz Aldrin como gilipollas perdido y Michael Collins como un don nadie. Armstrong es el que hace todo, desde comandante a piloto de módulo espacial y del lunar, como si no hubiera nadie más abordo en entrenamientos y misiones.

Con esa falta de coherencia, como señalaba, la cinta se va haciendo confusa y pesada conforme avanza. El viaje del Apollo XI vuelve a levantar un poco el interés cuando ya estaba por los suelos, pero aquí el director no está a la altura de las otras situaciones de este tipo: cuando llega la hora del alunizaje se empeña en alargarlo mezclando sin ton ni son con el drama (incluyendo esa banda sonora molesta), hasta acabar con el relamido plano de la pulserita soltada en el cráter. Ahí queda claro de nuevo que a Chazelle no le gusta o no sabe contar las cosas bien y con naturalidad, sino el sensacionalismo de brocha gorda: no, Neil no soltó un cursi recordatorio familiar, sino objetos en homenaje a Yuri Gagarin y Vladímir Komarov, los primeros cosmonautas rusos, ya fallecidos, y también a sus tres compañeros muertos en el Apollo I (sí, después de todo el lío, ahora se olvida de ellos). Será que todo eso no provoca la lagrimita fácil.

No me gustan las biografías que se inclinan tanto por la ficción a la hora de tratar la vida de personajes tan recientes, me sabe a arrogancia el presuponer que en el fondo pensaba una u otra cosa, y ya sabemos que Hollywood es muy dado a idealizar cuando no directamente inventar (tenemos reciente los bochornosos casos de Dallas Buyers ClubsJean-Marc Vallée, 2013- y Descifrando EnigmaMorten Tyldum, 2014-). En los casos en que no conozco al personaje (o no lo hago a fondo) quizá no me apetezca tener que leerme paralelamente artículos y biografías para comprobar si me engañan o no, quiero y espero que sean honestos y fieles, algo que no tiene por qué estar reñido con el entretenimiento. En este caso sí sé bastante del tema y he indagado alguna otra cosa (la dichosa pulsera), y puedo confirmar que El primer hombre entra en la categoría de biografías falsas y manipuladoras que más vale no tener en cuenta a la hora de querer aprender sobre el periodo y las figuras implicadas.

Por extensión, otro aspecto que no me convence nada es que no nos muestran ningún trabajo científico más allá de cuidar la verosimilitud del vuelo espacial. Dada la temática, qué menos que intentarlo. El entrenamiento y los vuelos sólo se basan en la heroicidad de Neil, y todo el proyecto lunar sólo se justifica por la parte política, la guerra fría y la superación a los rusos, nunca se habla claramente de los retos científicos, de la ingeniería aeroespacial, ni siquiera se muestra un trabajo real en el alunizaje: hubo experimentos y recogida de muestras, no fue sólo un paseo de la victoria para EE.UU., sino, como dijo Neil Armstrong, un gran salto para la humanidad.

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Black Mass. Estrictamente criminal


Black Mass, 2015, EE.UU., Reino Unido.
Género: Drama, crimen.
Duración: 123 min.
Dirección: Scott Cooper.
Guion: Mark Mallouk y Jez Butterworth. Dick Lehr y Gerard O’Neill (novela).
Actores: Johnny Depp, Joel Edgerton, Benedict Cumberbatch, Dakota Johnson, Kevin Bacon, Peter Sarsgaad, Jesse Plemons, Rory Cochrane, David Harbour, Corey Stoll.
Música: Tom Holkenborg.

Valoración:
Lo mejor: Reparto de grandes nombres.
Lo peor: Se estanca en tópicos y no ofrece nada llamativo.

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Otra de mafiosos, un género explotado hasta la saciedad porque parece que sigue teniendo bastante tirón. No hay más que ver que se estrenó junto a otra del estilo, Legend. Pero aquella es bastante superior a este flojo compendio de tópicos que no logra obtener un relato con la suficiente personalidad como para destacar entre tantas obras semejantes, de hecho más bien está a punto de estrellarse.

Los clichés empiezan pronto, con la narración que mira atrás para contar la odisea criminal al estilo Uno de los nuestros (Martin Scorsese, 1990). Las pocas promesas que parecen venir de los numerosos protagonistas no llegan a buen puerto, pues estos se atascan en la monotonía y falta de interés que despierta ver tal acumulación de tópicos. El matón de barrio que cae bien a los vecinos porque protege a los suyos. La pandilla que va ganando poder hasta dominar la zona. La ley que no consigue alcanzarlos. Los problemas de lealtad, los líos familiares, y los excesos que van acumulándose hasta que rompen la balanza y todo se viene abajo. Nada sorprende, ni siquiera el día a día de los criminales tiene aventurillas que amenicen este viaje tan predecible.

Tampoco funciona el único toque que podría haber aportado algo más, pues a pesar de estar basada en hechos reales lo narrado recuerda muchísimo a Infiltrados, también de Scorsese. Resulta que uno de los personajes principales, Joel Edgerton, trabaja en el FBI pero se dedica a hacer de topo para el capo (Johnny Depp). Pero el juego a dos bandas no termina de aprovecharse para aumentar la intriga y tensión por si descubrirán el pastel y si podrá librarse. Primero, el personaje es incluso menos llamativo que el limitado gángster. Segundo, se estanca una dinámica repetitiva que no parece avanzar, y cuando llegan los giros se producen tal y como se esperaba.

Tiene un reparto lleno de grandes actores, con un montón de secundarios muy reconocibles aunque no tengan mucha fama, pero salvo por Johnny Depp, que con ayuda del maquillaje transmite bien la vena psicópata de su esquemático rol, ninguno puede destacar en este panorama.

Cumple por los pelos, pero recomiendo echar el tiempo en la infinidad de títulos del género que resultan más completos y atractivos. Del mismo realizador, Scott Cooper, resultó un poco más interesante Out of the furnace; al menos tenía mejores personajes.

Ant-Man


Ant-Man, 2015, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 117 min.
Dirección: Peyton Reed.
Guion: Edgar Wright, Joe Cornish, Adam McKay, Paul Rudd. Basados en el cómic de Stan Lee, Jack Kirby, Larry Lieber.
Actores: Paul Rudd, Evangeline Lilly, Michael Douglas, Corey Stoll, Bobby Cannavale, Michael Peña, David Dastmalchian, T.I.
Música: Christophe Beck.

Valoración:
Lo mejor: Personajes carismáticos, un tono ligero y divertido bastante eficaz.
Lo peor: Falta de ambición: se atasca en clichés y simplezas.
Mejores momentos: La pelea con trenes de juguete.
La frase: Hola. Soy Scott –Scott ante Falcon.

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Ant-Man vale para pasar el rato, pero va muy justita, sobre todo de ambición, con lo que parece hecha aprovechando el tirón del grueso de Marvel para sacar tajada de un superhéroe no de segunda, sino de tercera división. Y como siempre, no puedo dejar de preguntarme por qué buscar la taquilla fácil implica dejar de lado el esfuerzo por ofrecer una obra de nivel. Cuesta creer que con el género tan asentado y además con títulos valientes como Guardianes de la galaxia, sean tan conservadores en otras ocasiones.

Lo triste es que de primeras parecía haber cierto esfuerzo por hacer un producto simpático, que sea ligero pero no insustancial: se trabajan bastante el personaje central y la dinámica con los secundarios, y buscan un tono distendido con bastante humor (aunque en ocasiones se pasan con el trío de tontos), claramente siguiendo el estilo que tan bien funcionó en Iron Man. Pero no es suficiente para eliminar la sensación de que en la trama de nacimiento del héroe y su némesis han pasado completamente de buscar algo con un mínimo de originalidad, o tan siquiera que mostrara una perspectiva que fingiera ser novedosa. La historia se queda en su mínima expresión, tirando de demasiados lugares comunes que ni parecen querer esquivar, pasando por todos los puntos conocidos con una falta de garra bastante importante. Por ello se produce un efecto curioso: interesan más los pasajes de transición, las vivencias personales que ocurren entre los instantes clave, que esos momentos de inflexión en teoría más relevantes.

El plan del mentor para encontrar un sustituto, los problemas familiares y laborales del elegido, los roces con la chica de turno, la gradual transformación en héroe, y la colaboración con los amigos graciosetes, son las partes más entretenidas, y funcionan sobre todo gracias a la simpatía de los personajes, en especial la del rol central. Paul Rudd muestra bastante carisma y realiza una buena interpretación, y eso que parecía una elección muy arriesgada por venir de comedias tontas. Evangeline Lilly demostró ser muy buena actriz dramática en Perdidos, y aquí maneja bien un rol frío y agobiado. Michael Peña borda el papel de tonto simpático. Michael Douglas tiene experiencia de sobra y hace muy creíbles los altibajos emocionales del personaje. Bobby Cannavale es una estrella en ascenso desde que deslumbró en Boardwalk Empire después de muchos papeles sin llamar la atención (yo lo conocí en Turno de guardia y me parecía sosete), y consigue que un secundario irrelevante deje buenas impresiones.

Pero el resto de la película parece puesto por cumplir. El villano debería haber recibido un tratamiento semejante al héroe, pero en cambio queda como un mero objeto de la trama: sin justificación ni personalidad más allá de la clásica obsesión con dominar el mundo, sin una evolución bien trabajada que le dé algo de savia e interés. Por más que se esfuerza el siempre competente Corey Stoll, el acartonado y monocromático rol que tiene entre manos no da nada de sí. Con un villano tan poco atractivo la confrontación final carece de interés más allá de las virguerías visuales que permite la miniaturización y los chistes que sacan con ello: la pelea con trenes de juguete y la simpatía de la familia salva un desenlace bastante flojo. Pero entre medias no hay nada para recordar, el proceso de nacimiento del enemigo va a trompicones, con escenas sin interés y además con unos pocos agujeros de guion lamentables. Hay un momento en que dice: “No puedo mostrarle a los compradores algo incompleto”, cuando en una escena anterior precisamente acaba de hacerlo. Y cuando está a punto de conseguir su objetivo, ya medio loco de codicia, le sueltan: “Tú no eres así. Son las partículas, que alteran tu química cerebral”. ¡Pero si no lo ha probado consigo mismo todavía! Por cierto, también me pregunto cómo agrandan el tanque.

Aparte tenemos otro punto oscuro: los malabares que hacen para que no sea ella quien se ponga el traje, señalando más que nunca ese miedo de Hollywood a tener un personaje central femenino en una de superhéroes a pesar de que precisamente las protagonistas de este sexo están pegando fuerte; no hay más que ver todos los clones de Los Juegos del Hambre que están pariendo. En este caso estaba claro: o coprotagonismo o protagonismo principal, pero tenerla como acompañante sin poderes queda fatal.

En lo visual inicialmente tampoco parecía que apuntaran muy alto, con una puesta en escena muy básica y sin personalidad y con carencias notables. Por ejemplo el montaje es mediocre en las peleas, con golpes muy mal mostrados, y los efectos sonoros son excesivos: según la película, si miro a unas hormigas debo escuchar un ruido incesante de roces y chillidos. Pero por suerte las escenas de miniaturización les han obligado a trabajárselo un poco, y el efecto logrado no está nada mal. Es lo único que infiere a la cinta un toque distintivo, y no es que sea especialmente impactante. Queda al nivel de las secuelas de Iron Man: suficientemente entretenida y simpática como para pasar el corte, pero se esperaba mucho más.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
-> Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)