El Criticón

Opinión de cine y música

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Puñales por la espalda


Knives Out, 2019, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 131 min.
Dirección: Rian Johnson.
Guion: Rian Johnson.
Actores: Daniel Craig, Ana de Armas, Michael Shannon, Jamie Lee Curtis, Toni Collette, Christopher Plummer, Katherine Lagford, Jaede Martell, Don Johnson, Chris Evans, Lakeith Stanfield, Riki Lindhome, Noah Segan.
Música: Nathan Johnson.

Valoración:
Lo mejor: Ana de Armas y su rol.
Lo peor: Una historia obsoleta y totalmente desganada, sin intriga que atrape, sin personajes que conmuevan, y con un reparto llamativo dando interpretaciones bastante aburridas.

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Alerta de spoilers: Sin datos reveladores hasta el próximo aviso en el último párrafo.–

Otra película que abordo entusiasmado por sus estupendas críticas que la ponen como un oasis de cine original e inteligente entre la mediocridad contemporánea (aunque esto con matices, que llevamos unos pocos años bastante buenos), y otra película que me decepciona a lo grande. La misma historia de siempre en su género, contada con más desgana y tropiezos que inspiración y buen hacer. Da la impresión de que ya no es sólo el público el que no tiene memoria ni criterio y es fácil de complacer con títulos corrientes cuando no vulgares hechos a trozos de obras muy superiores, sino que los medios y críticos profesionales se dejan llevar por las modas que tanto amplifican internet y alaban mediocridades una tras otra.

Puñales por la espalda es una pobre imitación o un homenaje fallido a un estilo muy anticuado. El policíaco y suspense a lo Arthur Conan Doyle y Agatha Christie iniciado a finales del siglo XIX y principios del XX ha tenido en cine todas las adaptaciones y versiones habidas y por haber, si a estas alturas quieres revisitarlo, y más aún, revivirlo, tienes que aportar algo, sea un clasicismo formal tan virtuoso que la falta de novedades no importe, o actualizaciones suficientes que le otorguen un toque original. Por ejemplo, el Sherlock Holmes (2009) de Guy Ritchie tenía un estilo de acción y aventuras en plan steampunk muy llamativo, mientras que la serie Sherlock (2010) de Mark Gatiss y Steven Moffat ha encandilado a medio mundo con su narrativa muy fiel pero enérgica y su aspecto interpretativo y visual de primera (aunque a mí no me entusiasmó tanto, me pareció apenas correcta). Eso sí, también debo que señalar que numerosos clones con ideas y guiones agotados han tenido gran éxito a lo largo de la historia, destacando recientemente las series House (David Shore, 2004) y Monk (Andy Breckman, 2002).

La visión de Rian Johnson se ahoga en las bases del género, en todos los recursos y clichés más gastados, el vago intento de aportar algo nuevo está lejos de funcionar, no ofrece tampoco un estilo propio marcado, sino que acumula muchas carencias y falta de vigor. No llega a caer en lo catastrófico, pues puede valer como entretenimiento pasajero si no vas con expectativas, pero no cumple con lo mínimo exigible para considerarla una buena película. Muy pocos personajes interesan, los actores van casi todos con la inercia, pocos tramos son llamativos, pocos misterios mantienen expectación, el aspecto visual es correcto pero no como para cautivar los sentidos…

En la presentación, los protagonistas generan indiferencia y la trama no tiene lo suficiente como para que el misterio atrape con entusiasmo y te impliques pensando en qué ha podido pasar. Las descripción inicial de cada rol y sus motivaciones son las más trilladas de este ámbito: ricachones envidiosos ávidos del dinero del cabeza de familia. Cualquiera ha podido ser, al principio incluso pensaba que todos, en la onda de Asesinato en el Orient Express (Agatha Christie, 1934), pero por suerte Johnson no cae tan bajo. Sin embargo, la narrativa no da mucho de sí, no genera suspense como para mantenerte en vilo ni da margen para pensar por ti mismo, te machaca constantemente con explicaciones, deja ver sus trucos, los misterios secundarios se resuelven muy rápido, los protagonistas no se mueven de su limitado dibujo inicial, el desenlace es caótico…

No puede ser que nada más empezar la proyección, con el detective interrogando a la familia y el servicio, Johnson ya nos enseñe en flashbacks cuáles son las mentiras de cada uno. El autor yerra al correr tanto, en vez de ir saltando con la sombra de la sospecha de uno a otro y siguiendo al detalle la investigación policíaca del detective de forma que todo, las motivaciones aparentes y las intenciones ocultas, el misterio y las posibles pistas, vayan tomando forma poco a poco.

Al avanzar un poco más se manifiesta un motivo para seguir este camino, pero es una idea que frena el potencial de la propuesta y que evidentemente el realizador no maneja bien. Mostrar con tanta premura quién lo hizo y entrar el juego de si saldrá airoso o no, en vez de aportar una nueva perspectiva resulta contraproducente, porque implica que el resto de personajes y la investigación dejan de ser útiles demasiado pronto, es decir, que el primer acto ha resultado ser prácticamente tiempo perdido.

El nudo levanta el interés, pero sin lograr rizar el rizo como se espera. En la nueva dirección hay algunos buenos pasajes de tensión, las mentiras agobian al personaje, la sensación de que será cazado en cualquier momento genera un mínimo aceptable de suspense. Pero como digo, los otros protagonistas pierden atractivo y utilidad, a lo que hay que sumar que los diálogos no son muy ingeniosos (muchas veces se puede intuir lo que va a decir cada uno), la crítica a las clases sociales, los ricos parásitos y los pobres pisoteados, es obvia y tontorrona, con unos muy malos y viciosos y otros demasiado inocentes y virtuosos (y no hablemos del penoso receso para meter a Donald Trump). Por extensión, el humor negro es torpe y cutre, el detective y los dos agentes tontainas que lo acompañan y la ridiculez del personaje que vomita al mentir son una mala parodia que no encaja en un todo más serio.

Centrándome en los personajes, prácticamente sólo destacan el hijo editor (Michael Shannon), el detective en plan sobrado (Daniel Craig), y la enfermera latina (Ana de Armas). Shannon es un secundario de lujo y cumple como siempre. Craig está muy fuera de su zona de confort y en un personaje fuera de tono, así que no funciona en general y tiene partes donde parece estar en otra película. Ana de Armas está muy bien en el personaje que más recorrido tiene, con momentos de estrés y drama que explota de maravilla. La joven y su rol terminan destacando con luz propia en un relato malogrado.

El tercer acto es demasiado previsible a pesar de algunos artificios, y por tanto poco impactante. Si antes había decisiones narrativas muy cuestionables, ahora da la sensación de que Johnson es consciente de que no ha estado a la altura del reto que se ha marcado y busca salidas fáciles. A última hora añade complicaciones y personajes, pero claro, hay que ser muy hábil para meter información nueva estando ya en el desenlace y que no parezca una trampa, un recurso sacado de la manga, una solución muy conveniente… y el autor no hila nada fino. La entrada de Chris Evans no convence lo más mínimo, es un comodín para darle las últimas puntadas a una historia que no terminaba de llevar a nada… y esto significa que otros muchos personajes son finalmente dejados de lado por completo, que han sido tiempo perdido. A pesar de los enredos, las conclusiones y supuestas sorpresas finales se ven venir muy, muy de lejos. He intuido la solución principal y el giro que le da forma in extremis ya desde que se menciona o enfoca cada pista por primera vez (y en algunas reincide de forma descarada), la posición final de cada implicado estaba clara desde que termina su presentación, pues como se intuía no hay movimiento alguno en sus personalidades ni sorpresas en sus historias, y he previsto hasta los giros secundarios en teoría más rebuscados (en spoilers me extiendo).

Grandes obras del género serían La huella (Joseph L. Mankiewicz, 1972) y Gosford Park (Robert Altman, 2001). Puñales por la espalda es del montón y se olvida nada más verla.

Alerta de spoilers: Revelo aspectos clave.–

-Lo del imán de la nevera para borrar una cinta vhs resulta una forma ridícula de destrozar la escena más tensa hasta el momento.
-Penoso también que la protagonista explique el crimen que ha cometido mientras come en un restaurante y luego mientras conduce, como si no fuera un trauma que te pone nervioso o incluso bloquea, sino una charla banal mientras haces otras cosas que requieren más atención.
-El cuchillo de atrezo, el alijo, el cambio en las medicinas… todo resulta demasiado obvio y llega justo cuando se espera.
-Lo único que me ha pillado por sorpresa es que el detective sospechara desde el principio por una pista difícil de ver, la gota de sangre en el zapato… pero claro, si piensas en lo torpe que parecía este tipo, pues no termina de funcionar.

La suerte de los Logan


Logan Lucky, 2017, EE.UU.
Género: Drama, suspense, comedia.
Duración: 118 min.
Dirección: Steven Soderbergh.
Guion: Rebecca Blunt.
Actores: Channing Tatum, Adam Driver, Daniel Craig, Katie Holmes, Riley Keough, David Denman, Jack Quaid, Brian Gleeson, Seth MacFarlane, Katherine Waterston, Hilary Swank.
Música: David Holmes.

Valoración:
Lo mejor: Reparto, dirección.
Lo peor: El guion, enormemente predecible en el drama, sin gracia en la comedia, sin garra en general.

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En el año 2011 Steven Soderbergh dijo a bombo y platillo que dejaba de dirigir cine porque quería dedicarse a su nueva vocación, la pintura. Poco después se topó con el guion de la serie The Knick y lo dejó todo por ella. Luego dijo que seguiría haciendo televisión (Detrás del candelabro) y teatro. Y al final encontró una película que supongo le devolvería la pasión por el cine, porque aquí lo tenemos de nuevo. Eso sí, como en sus últimas obras tras Contagio (Magic Mike -simpática-, Indomable -un buen e infravalorado thriller- y Efectos secundarios -un telefilme vulgar y corriente-), es un título menor, sin ambición ni gran repercusión.

No tenía esperanzas ni ideas de ningún tipo, no había visto tráileres ni leído nada sobre ella, es una cinta a la que me lancé en parte por su reparto (Tatum, Driver, Craig) y en parte por su director, porque aunque Soderbergh no tiene ningún peliculón de los que marcan una época sí posee algo que me llama la atención, un estilo y personalidad propios y afán por probar cosas e innovar. ¿Qué me encontré? Una combinación de drama rural y comedia de atracos poco inspirada y mal combinada.

En su inicio aborda una historia demasiado manida, y no tiene alicientes que la hagan especialmente atractiva. El protagonista divorciado, sus problemas para encontrar trabajo, y desventuras varias en esa vida de miseria y penas en el Estados Unidos rural. El guion va a lo más básico, resultando un drama propio de la televisión si no fuera porque no tiene giros culebronescos pasados de rosca. Pero, de la misma forma, no posee el germen del cine indie, que suele tener una personalidad y profundidad singulares. Por poner el mejor ejemplo reciente, esto no es Comanchería, sino un relato convencional y sin dobles lecturas.

Por suerte, a media que avanza va cambiando el género tornándose en una comedia de atracos, más en la onda de Ocean’s Eleven que de la citada Comanchería. Eso sí, tardé mucho en darme cuenta de que la idea era hacer reír, porque el sentido del humor es pésimo o no hay chistes hasta bien entrados en el meollo, más allá de la absurda pelea en el bar, que no supe muy bien cómo tomarme. Y bueno, ni en el tercer acto, cuando más loca se vuelve, hay momentos desternillantes, pero al menos conforme avanza se hace más imprevisible y alegre, o sea, más entretenida. Pero aun así mantiene más fallos que virtudes, y no termina de exprimir el nuevo potencial.

El primer problema es que no mejora el ritmo y la intensidad. La narrativa va como aletargada, sin sacar toda la gracia posible de las chocantes, a veces delirantes, situaciones. Se ve una comedia con gran potencial latente, quizá incluso sólo con remontarla con más ritmo y vitalidad. De hecho en los pases de prueba los invitados decían que era lenta y larga, así que Soderbergh redujo la duración en 18 minutos. Si el montaje final resulta largo y lento, no quiero saber cómo era entonces.

El otro punto gris es la inverosimilitud. Pasamos de un dramón anodino a un enredo de atracos fantasioso y con demasiado recursos tramposos. El protagonista habla mucho del plan pero en realidad no dice nada, porque los autores no quieren desvelarnos las fases del mismo para sorprendernos. Esta chapucera forma de hacer intriga no da muchos frutos, pues una vez en marcha no es que estemos ante una aventura trepidante e ingeniosa, sino una que apenas cumple por los pelos. Y ni eso a veces, porque los giros rebuscados del final, los típicos flashbacks cutres de las malas películas que pretenden darte una visión distinta de todo lo que hemos ido viendo, echan por tierra lo poco que iban haciendo bien y cierran la proyección dejando un regusto amargo.

Sin llegar a ser mala, me parece tiempo perdido, no ofrece nada llamativo en ninguno de los dos géneros que intenta abarcar con desgana y torpeza. Al final, hasta lo de inofensiva destruyen, porque terminas con la sensación de que te han intentado engañar con trucos muy malos.

Spectre


Spectre, 2015, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 148 min.
Dirección: Sam Mendes.
Guion: John Logan, Neal Purvis, Robert Wade, Jez Butterworth
Actores: Daniel Craig, Léa Seydoux, Christoph Waltz, Ralph Fiennes, Monica Bellucci, Ben Whishaw, Naomie Harris, Dave Bautista, Rory Kinnear.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: La elegancia de Mendes, el carisma de Craig. Algunas escenas bastantes intensas.
Lo peor: Parece escrita y dirigida con desgana, sobre todo a la hora de editarla: le falta garra, ritmo, y le sobra mucho metraje. Con un nuevo montaje que agilice la narración podría sacarse una película algo superior, y desde luego más entretenida.
Mejores momentos: El plano secuencia inicial. La persecución pausada. La pelea en el tren.
El presupuesto: ¡245 millones de dólares!

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Las expectativas ante la llegada de Spectre estaban por las nubes. Tras el fiasco de Quantum of Solace, Skyfall recuperó el camino al que apuntaba Casino Royale, hacia una saga más seria y compleja y menos enquistada en clichés repetidos en todos los capítulos, y además lo hizo con una puesta en escena muy personal de Sam Mendes que resultó fascinante. Las buenas críticas de esos dos notables episodios y su gran taquilla (sobre todo la de Skyfall: ¡mil cien millones de dólares!) evidenciaban que el público quería más entregas de ese nivel, y cuando Mendes tomó las riendas del proyecto después de muchas negociaciones y opciones descartadas (algunas que daban miedo, como el insulso David Yates) se renovaron las esperanzas y ansias, que además desbordaron cuando se anunció como el capítulo final de la trama seriada que estaban montando. Pero la llegada de Spectre ha decepcionado tanto o casi tanto como Quantum of Solace

Al contrario que en la segunda parte protagonizada por Daniel Craig, que suponía un paso atrás mediante una simplificación excesiva del esquema clásico, aquí sí se ve algo más de ambición en las intenciones… pero me temo que está muy mal encauzada, de forma que los errores limitan mucho su alcance y termina siendo más simplona de lo que debería.

Sus autores quieren abarcarlo todo pero nada lo cogen con determinación y lo dirigen hacia algo concreto y atractivo. Intenta ser compleja y trascendente y tocar distintos estilos como las dos entregas más aclamadas, y a la vez busca la épica intensa y melancólica propia de un episodio final. Para esa nostalgia trata de mirar al pasado, recuperando la mítica Spectre y el misterioso Blofeld y su gato, usando situaciones comunes, citas y homenajes en cantidad.

Por todo ello, encontramos una película descentrada, superficial y muy larga. El ritmo es aletargado, aburrido por momentos, y sus distintas intenciones no llega a cohesionar a un nivel superior. No aguanta revisionados, algo imperdonable en una de acción y en una saga que tiene que atraparte para próximos episodios. Quantum of Solace era bastante tontorrona, pero iba al grano con energía y resulta muy entretenida.

Después de tanto tratar de generar expectación con Spectre este grupo archienemigo acaba siendo puro humo. El malo grandote (Dave Bautista) es un cero en carisma y su presentación matando a otro miembro es digna del cine cutre, el del programa de espionaje es muy obvio y el actor Andrew Scott pésimo, y el gran villano Blofeld no tiene pegada alguna, de forma que ni un buen actor como es Christoph Waltz logra sacarle algo de jugo. Un loco más que quiere dominar el mundo, otra batallita en su aislada base y una explosión salida de la nada que acaba con todo. No hay más, no tenemos un enfrentamiento glorioso y trágico que transmita fuertes emociones, algo que se esperaba dado el acercamiento al pasado relacionado con Bond, no se construye un personaje que cause temor y sea capaz de asombrar por sus habilidades y planes, algo que sí conseguían con Silva en Skyfall.

Los saltos entre escenarios y las pesquisas de Bond van a trompicones y con lentitud a pesar de no ser nada complejas. Hay escenas de todo tipo y casi ninguna termina de funcionar. Hay partes simples que se eternizan, como la estancia en el hotel donde buscan pistas. Por el lado contrario, encontramos la acción delirante de lo peor de la etapa Brosnan: la persecución en avioneta es tan salida de madre que acaba siendo otro momendo involuntariamente cómico, y la pelea inicial en el helicóptero es demasiado repetitiva y larga. Vuelve la cienci-magia: ¿pero qué es lo que hace Q con el anillo cómo saca huellas, rastros de adn, pretenden que nos creamos que el anillo personal de un individuo ha pasado por toda la organización? Hay mil referencias y homenajes que no aportan casi nada, se empeñan en recordar los enemigos y amigos de la etapa Craig con una insistencia cargante, contribuyendo a la sensación de película atascada en un bucle. Mantienen la idea de aumentar la presencia de M y otros secundarios (Monypeny, Q, Tanner), pero al contrario que en Skyfall aquí no funcionan del todo, porque ocupan mucho tiempo para lo poco que se saca de ellos: en vez de complementar a Bond lo eclipsan. La fémina de turno es un quiero y no puedo. Léa Seydoux es bella y competente, el personaje tiene su encanto… pero no aporta nada sustancioso, y el romance no es nada verosímil. Las relaciones de estas películas son pasiones de pocos días, pero aquí parece que tratan de decir que se han enamorado y quieren hacer vida juntos, algo que no se desarrollarse en ningún momento.

Lo sorprendente es que los guionistas son los mismos en toda esa etapa. Cómo se puede estar tan acertado en un capítulo y tan cerca del suspenso en otro. El guion parece hecho a trozos y sin esfuerzo por unirlo todo.

En cuanto a la puesta en escena, no alcanza al nivel de Casino Royale (sólida y contundente) y Skyfall (elegante y sugerente), pero al menos sí mantiene las formas aceptablemente, dándole aunque sea una fachada de película seria y trascendente que disimula ligeramente sus carencias. Pero de aceptable a notable hay un salto importante. Mendes mantiene un tono visual correcto y se marca algunas escenas bastante eficaces, como el plano secuencia inicial y la persecución pausada, pero en líneas generales parece haber puesto el esfuerzo en esos momentos puntuales y rodado el resto con el piloto automático. La narración fluye adormilada, sin sacar la energía esperable del resto de escenas de acción ni encontrar el tono de glamour deslumbrante habitual. Una historia que cambia tanto de escenario, por la que pasan tantos personajes secundarios y que pretende ser un final épico, no puede tener un ritmo tan manso, aletargado. Pide a gritos un montaje más ágil, que dé ritmo y recorte los segundos innecesarios que parecen tener casi todas las secuencias, y que fulmine algunas enteras que no aportan nada (esa absurda visita al meteorito, por ejemplo). Hasta la banda sonora de Thomas Newman se ve afectada por estas deficiencias narrativas, pues si en Skyfall logró un trabajo muy sugerente y adaptable, aquí se atasca más de la cuenta en temas de acción repetitivos.

Se descuida tanto el relato que hay patinazos y gazapos bastante notorios. Los protagonistas se patean medio mundo con urgencia pero tienen tiempo de comparse o alquilar trajes lujosos en cada lugar; la chorrada llega al nivel de que la chica se acuesta vestida y se despierta con un bonito camisón. Tan listos como son los malos y tanto que conocen a Bond y su organización, y resulta que cuando lo atrapan no le quitan el reloj, no lo registran por si tiene cachivaches ocultos. El villano se deja disparar en el helicóptero en vez de decir que hagan maniobras evasivas, o ya podría haberlo deducido por sí mismo el piloto. En el final, malherido, se arrastra tratando de huir como un pordiosero en vez de esperar sentado creyendo que saldrá airoso con su poder, como sería lo lógico.

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Serie James Bond:
Casino Royale (2006)
Quantum of Solace (2008)
Skyfall (20012)
-> Spectre (2015)

Skyfall


Skyfall, 2012, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 143 min.
Dirección: Sam Mendes.
Guion: John Logan, Neal Purvis, Robert Wise.
Actores: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, Naomie Harris, Bérénice Marhole, Albert Finney, Ben Whishaw, Rory Kinnear.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: La sublime puesta en escena: dirección, fotografía, música, montaje, sonido… La calidad que el guion otorga a los personajes así como el protagonismo que les da por encima de cualquier escena de acción (alejándose de la acción sin sentido de la era de Pierce Brosnan).
Lo peor: Por decir algo, la trama podría haber sido más compleja.
Mejores momentos: La escena de la grúa. La pelea con el francotirador a contraluz. La casa ardiendo, iluminando la noche.
El gazapo: En la pelea contra el francotirador Bond iba sin guantes para poder usar la pistola dactilar, pero luego aparece con ellos para que el malo pueda resbalarse…

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Lo cierto es que no esperaba nada de James Bond a estas alturas. No soy lo que se dice fan de la saga, sino del género de acción en general, y de hecho siempre le he criticado muchos aspectos: la repetición de un esquema muy manido, lo irreal de muchos capítulos, que se inclinaban demasiado hacia la acción aparatosa (casi de ciencia-ficción) olvidando elementos clásicos de la serie (espionaje, glamour), y la falta de continuidad entre entregas, principalmente. Con Casino Royale hicieron un esfuerzo por encarrilar la saga, y el resultado fue prometedor, aunque a mí no me pareció tan redonda como a casi todo el mundo. Pero desgraciadamente la insustancial Quantum of Solace volvió de nuevo al mal camino, decepcionando a todo el que se había hecho ilusiones.

Por suerte, parece que viendo que la cosa descarrilaba, los productores y guionistas de la serie se han puesto las pilas de nuevo, haciendo que Skyfall sea prácticamente otro reinicio que pone empeño en realzar el personaje de Bond, en rehuir de los tópicos y en mejorar la trama y el villano. Además el director Sam Mendes se tomó en serio la cosa, y con una puesta en escena muy elaborada ha contribuido a la hora de lograr una película que aun siendo Bond no parezca Bond, sino un thriller con una personalidad propia. Eso implica que la crítica se poraliza, al contrario que pasó con Casino Royale, donde el intento de reinicio de calidad no tenía un estilo tan marcado y tuvo mejor recepción. Eso sí, en cuanto a taquilla ha tenido los mejores resultados de la saga, superando los mil millones de dólares.

La historia sigue el esquema clásico de prólogo intenso, receso para ligoteos y presentar al villano, investigación, exposición del plan del villano y confrontación final. Pero se ha escrito trabajando más en profundidad cada elemento, y sobre todo los personajes se han tratado con mucho mimo, más incluso del que se veía en Casino Royale. La humanización de Bond alcanza su cima: nos acercamos más que nunca a su psique, tanto porque viajamos a su pasado como porque la relación con M, casi su madre adoptiva, forma parte de la trama, de manera que sus motivaciones quedan más claras, resultando un personaje más verosímil y permitiendo mayor conexión emocional con él. El villano, Silva, también está más humanizado y mejor justificado de lo habitual: este agente usado y descartado por quienes considerada su familia y que decide tomar venganza, resulta uno de los enemigos más inquietantes, temibles y cercanos a los protagonistas que ha tenido toda la serie, por lo que también resulta más tangible y creíble. Además el inquietante papel de Javier Bardem ofrece una llamativa ambigüedad en varios campos (sexual, de intenciones o planes, de estabilidad psicológica) que refuerza su aura perturbadora. Aquí es inevitable la comparación: en esta línea pero más temible tenía que haber sido el malo de Spectre, pero ni se acerca.

También se potencian los secundarios: reaparecen Q (Ben Whishaw) y Moneypenny (Naomie Harris), M pasa casi a primer plano (Judi Dench) y el ayudante de esta, Tanner (Rory Kinnear) la acompaña bien, y se presenta el nuevo superior, Mallory (Ralph Fiennes). Todos aportan consistencia y dinamismo a la trama, no dejando que Bond sea el superhéroe que hace todo y refozando ese lado humano al tratar con otras personas. Y también prometen continuidad de cara a próximos capítulos. Cabe destacar que, inesperadamente y para bien, no han forzado la vena cómica tontorrona de Q, sino que buscan un personaje más contenido.

Me pregunto cómo terminó Sam Mendes en este proyecto, y cómo pudo imprimir un acabado tan personal a una cinta tan comercial: ¿lo buscaba la productora o tuvo carta blanca y lanzó un órdago? Sea como sea resultó un gran atrevimiento que ha dado sus frutos de forma notable. Jamás se me habría ocurrido pensar que James Bond podría ofrecer una película tan hermosa y cautivadora, capaz de mantener al espectador hipnotizado durante su largo pero bien empleado metraje. Mendes logra convertir una simple pelea a puñetazos en una secuencia memorable (la escena del francotirador, a contraluz, es fascinante) y ofrece tramos donde la impronta visual te deja sin aliento, como por ejemplo el desenlace, donde la iluminación del fuego muestra un paisaje tan bello como sobrecogedor. Y no por ello descuida la esencia Bond: la estancia en el casino y la guarida del villano muestran muy bien el glamour y el exotismo habituales, y la acción intensa la resuelve con el nivel esperable (atención a la espectacular pelea encima del tren).

No cabe duda de que el realizador no podría haber logrado tanto sin esa arrebatadora fotografía de Roger Deakins, cuya labor es una proeza digna de citar entre las mejores fotografías de cine de los últimos años, y sin la brillante banda sonora de Thomas Newman. Este compositor habitualmente asociado a Mendes parecía una elección poco apropiada, más cuando David Arnold había tomado la saga para sí mismo con méritos de sobra, pero lo cierto es que su partitura es sorprendentemente dinámica y rica en sonoridades (los que le conozcan a fondo sabrán de qué hablo: es bastante repetitivo dentro de un estilo propio muy definido) y sobre todo tiene una fuerza y una expresividad que se adapta como anillo al dedo a cada escena. Hay instantes donde la música brilla con luz propia, como la llegada al casino, o la intriga que consigue generar antes del ataque principal de Silva (en la vista de M). Y debo decir que la canción de Adelle está muy bien, cuando este elemento siempre me ha parecido fallido, por innecesario (es mera treta comercial) y por mala calidad (no daba ni una canción buena).

Sólo unas pocas pegas menores se pueden señalar. El previo al lanzamiento del desenlace se ralentiza quizá demasiado: el viaje hacia la casa y los preparativos deberían haberse agilizado un poco. Y no sé si es un agujero de guion o que se me escapa algo que no he podido deducir en las varias veces que he visto la película, pero me pregunto para qué tanto lío con el francotirador si es evidente que los que rodean a la víctima saben lo que va a pasar, es decir, ¿por qué no la ejecutan ellos? También hay otro momento un tanto confuso: Bond tiene una cicatriz del tiro que le pega el malo en el prólogo, de la cual saca trozos de bala para investigar… pero yo en un primer momento pensé que estaba hurgando en el tiro que le pegó su compañera, que por lo visto no dejó cicatriz, con lo que pienso que se podría haber matizado mejor el asunto. Y finalmente tenemos las cansinas gilipolleces sobre informática que se empeñan en poner en el cine: todo resuelve tecleando a toda velocidad y viendo en la pantalla un montón de letras y gráficas sin sentido en movimiento.

Entrada actualizada de la original publicada el 06/03/2013.

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Serie James Bond:
Casino Royale (2006)
Quantum of Solace (2008)
-> Skyfall (20012)
Spectre (2015)

Quantum of Solace

 


Quantum of Solace, 2008, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 106 min.
Director: Marc Forster.
Escritores: Paul Haggis, Neal Purvis, Robert Wade.
Actores: Daniel Craig, Judi Dench, Olga Kurylenko, Giancarlo Giannini, Jeffrey Wright, Mathieu Amalric.
Música: David Arnold.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene. Daniel Craig ofrece una interpretación con gran carisma.
Lo peor: Dirección muy mejorable, montaje horrendo, guion poco sustancioso. Y sobre todo que supone una vuelta al Bond de más bajo nivel en vez de seguir por donde Casino Royale apuntaba. El doblaje de algunos secundarios (en especial el del villano) parece de broma.
El título: Todavía nadie sabe qué significa Quantum of Solace.

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Quien fuera al cine esperando que Quantum of Solace siguiera explotando y mejorando la línea ofrecida en Casino Royale se llevaría una gran decepción, pues esta cinta es un paso atrás, una vuelta a la manida y floja forma de hacer cine de acción que nos ofrecían en las últimas entregas protagonizadas por Pierce Brosnan. Y por si fuera poco es descarado que intentan imitar la fórmula de la saga de Jason Bourne, pero se quedan muy lejos de lograrlo por culpa de un guion mediocre y una puesta en escena torpe e ineficaz.

Empiezo por el guion. La trama es poco sustanciosa y nada original. Los clichés de la serie que parecían haberse desechado en Casino Royale están de vuelta. Los villanos (más insípidos que nunca) y su fantasiosa conspiración mundial, las chicas, las persecuciones, y cómo no el enfrentamiento final en la guarida del enemigo, que explota porque se supone que debe hacerlo, siguen un esquema muy básico y predecible. No existe la complejidad y ambición que tan buenos resultados dio en el capítulo inicial de esta etapa.

Lo único destacable es el atractivo de los personajes Bond y M, muy bien interpretados por Daniel Craig y Judi Dench respectivamente, y el buen aprovechamiento que se hace de los secundarios (Olga Kurylenko, Giancarlo Giannini, Jeffrey Wright). Los primeros tienen carisma de sobra, y los demás sirven muy bien de apoyo. Destacan unos diálogos bastante correctos (el humor seco del espía está presente), y la humanización del propio James Bond sigue aceptablemente bien. Estos interesantes protagonistas sustentan bastante bien la poco llamativa historia en que están inmersos, con lo que hace pensar que seguramente con un villano de buen nivel se hubiera limado un poco esa sensación de ser lo mismo de siempre y sin garra alguna. Pero el rol dibujado para Mathieu Amalric (que además empeora muchísimo con el infame doblaje) no es capaz de despertar la más mínima emoción en el espectador, y no tiene secuaces dignos de mención.

En cuanto a la puesta en escena, Marc Forster, quien deslumbró con la maravillosa Descubriendo Nuncajamás, no ha atinado en esta su primera obra de acción, ofreciendo una dirección nada lustrosa. El torpe manejo de cámara en mano acompañado por el mediocre montaje, ambos intentando de forma fallida imitar los buenos resultados que ofrece la saga de Jason Bourne, proporcionan un aspecto visual bastante flojo. Las escenas de acción son caóticas y mareantes, cuesta entender lo que ocurre, y además hay momentos en los que el realizador se va por las ramas con algunos apaños extraños y molestos, como la inexplicable decisión de compaginar las peleas con escenas paralelas (la ópera y la feria).

Ahora bien, la decepción puede ocultar las pocas virtudes que tiene. Porque una vez vista de nuevo me queda claro que como película de acción básica cumple: los personajes del bando de los buenos aguantan el tipo, y el relato nunca se atasca, va siempre hacia adelante con ritmo y sin patinar en ningún momento dentro de su limitado esquema. En resumen, es bastante entretenida. Pero claro, eso tampoco oculta que es un torpe paso atrás en un momento en que la saga parecía remontar el vuelo.

Entrada actualizada de la original publicada el 01/11/2008.

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Serie James Bond:
Casino Royale (2006)
-> Quantum of Solace (2008)
Skyfall (20012)
Spectre (2015)

Casino Royale


Casino Royale, 2006, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 144 min.
Dirección: Martin Campbell.
Guion: Neal Purvis, Robert Wade, Paul Haggis.
Actores: Daniel Craig, Eva Green, Mad Mikkelsen, Judi Dench, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini, Jesper Christensen.
Música: David Arnold.

Valoración:
Lo mejor: Un guion alejado de los clichés de la saga en sus últimos capítulos: original, complejo, con el atrevimiento de tener segmentos muy diferenciados en estilo. Puesta en escena muy sólida.
Lo peor: Altibajos de ritmo, destacando su tramo final sin garra.
Mejores momentos: La larga partida de póquer, llena de momentos geniales: la bebida de Bond, la bebida envenenada.
La frase:
1) Tres partes de Gordon’s, una de vodka, media de Kina Lillet, lo agitas con hielo y luego le añades una fina rodaja de cáscara de limón.
2) Esa última mano casi me mata.
3) -Mezclado o agitado.
-¿Tengo cara de que me importe?

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Como es obvio casi ninguna reseña o artículo dedicado a Casino Royale evitó la comparación con las anteriores entregas de esta interminable saga. El aspecto rudo del rubio Daniel Craig fue duramente criticado por los fans, pero una vez vista la película prácticamente todo el mundo coincidió en que el actor cumple de largo con buen hacer y carisma y el tratamiento del personaje ha resultado innegablemente enriquecedor. La fórmula había sido llevada a extremos exagerados en las últimas producciones con Pierce Brosnan de protagonista, donde convertían a Bond casi en un superhéroe que rara vez sufría daños e incluso nunca se despeinaba. El construido para Craig es mucho más humano: tiene motivaciones más claras, sufre dolor y pena, se llena de sangre y suciedad, se enamora… y como es su primera aventura se ha optado también porque aún no tenga sus sellos clásicos de identidad, sino que los va adquiriendo poco a poco.

La historia también se ha distanciado del esquema tan repetitivo, huyendo del archienemigo único siempre empeñado en conquistar el mundo, mejorando la trama (nada de guarida final del malo y otros clichés) y sin abusar de otros detalles significativos, como los artefactos de tecnología tan avanzada que convertían a las últimas entregas en delirantes obras de ciencia-ficción (Q ni aparece). Supone todo un acierto, un soplo de aire fresco y humanizador en una saga que estaba estancada, y eso no quiere decir que no parezca una cinta Bond. Es una más original, compleja y seria. Mantiene el glamour (fiestas, coches, trajes), las mujeres bellas, las escenas de acción casi imposibles (¿por qué el el tipo perseguido huye hacia la obra y sube por ella, siendo un claro lugar sin salida?) resueltas con efectismo y una realización más que notable, el humor cínico y seco, y los villanos característicos y temibles. Pero todo es más y mejor.

La trama, como señalaba, huye del repetitivo esquema de Bond contra un loco megalómano que no tiene más motivación que ser malo porque sí. Lo enemigos son más ambiguos, una combinación de terroristas y organización secreta, y no se sabe por dónde pueden salir porque la historia no anda por los mismos caminos de siempre. Las indagaciones de Bond para ir descubriendo el plan enemigo siguen un patrón más de cine de espías serio y denso que de acción directa, siendo bastante enrevesadas, de hecho incluso demasiado, pues a veces cuesta quedarse con los detalles y pistas que dirigen sus acciones. Hay algunas que como no las pilles te quedas sin enteder parte de la trama (al final por ejemplo tienes que ver a la primera de quién es el teléfono que mira y de quién es el mensaje, para poder comprender el epílogo), y otras soluciones se quedan en el aire para otro momento de la película, dejándote pensando y con dudas, algo no muy apto para el espectador actual, pero también algo atractivo para el espectador exigente: se puede ver varias veces para sacarle todo el jugo. Los diálogos son más elaborados, inteligentes y sutiles (atención al análisis que se hacen mutuamente Bond y Vesper en el tren), y no faltan grandes dosis de humor marca de la casa.

Pero lo que más destaca es que los realizadores se atreven a fragmentar la trama en segmentos muy diferenciados de estilo y tono. Por ejemplo, el consabido prólogo de peleas se reserva para después de una pequeña y pausada introducción que presenta al nuevo Bond, pero sobre todo destaca que en mitad de la película la acción intensa se deja de lado por una larguísima partida de póquer que supone la confrontación principal con el villano, y que lejos de romper el ritmo resulta un tramo fantástico por su intriga y buen manejo de los personajes.

Sin embargo, este intento de dotar de mayores ramificaciones a la función sí termina jugando en contra del ritmo,. Al principio hay varias peleas y persecuciones que parecen infladas (sobre todo la del aeropuerto) para buscar efectismo a toda costa, y aunque como espectáculo funcionan, realmente trascendencia y recordabilidad tienen poca. Y por el contrario, en el tramo final peca de perder fuelle: la historia de amor se alarga demasiado y termina haciéndose previsible, y el combate del desenlace no es tan impresionante como los del principio. Aunque el hundimiento de la casa en Venecia está muy, muy bien hecho, llega tarde y no es muy llamativo, ni siquiera destaca en cuanto a la implicación de los protagonistas: Vesper está desaparecida sin hacer nada y Bond pega cuatro tiros que no están a la altura de las escenas cumbre de la cinta. Sin duda pretendían tirar por el drama emocional, poniendo a Bond ante un punto de inflexión importante en su vida, pero no funciona del todo, esta parte empieza sin energía tras el interludio de vacaciones románticas y apenas lo recupera. Y luego llega un epílogo que también tarda en arrancar, porque necesita más diálogos y explicaciones.

La puesta en escena de Martin Campbell, que también se encargó de Goldeneye, la única destacable de Brosnan, no destaca por tener mucha personalidad pero sí por ser contundente, impecable. Las complicadas escenas de acción son trepidantes pero claras, con planos abiertos y un montaje excelente que muestran muy bien todos los hechos, mientras que las pausadas mantienen un tempo muy correcto. En los actores, Daniel Craig está fantástico como Bond: imponente, duro, descarado… pero también muestra muy bien todo lo que sufre en las situaciones extremas que vive. Los secundarios cumplen de sobras, destacando a la sugerente Eva Green (Vesper), la rígida Judi Dench (M), y el inquietante Mad Mikkelsen (Le Chiffre).

A pesar de las reticencias iniciales, de alejarse de los cánones del cine de acción actual y de ser bastante densa, sorprendentemente la película funcionó muy bien entre la crítica y la taquilla, y hoy en día de hecho muchas listas la consideran entre las cinco mejores de Bond, algunas incluso la mejor. Para mí le falta algo de equilibrio narrativo para considerarla tan buena.

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Serie James Bond:
-> Casino Royale (2006)
Quantum of Solace (2008)
Skyfall (20012)
Spectre (2015)

Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio


The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn, 2011, EE.UU.
Género: Aventura, fantasía.
Duración: 109 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Steven Moffat, Edgar Wright, Joe Cornish, Hergé (cómic).
Actores: Jamie Bell, Andy Serkis, Daniel Craig, Simon Pegg, Nick Frost, Toby Jones.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La animación, perfección absoluta en texturas, ambientación y movimientos. El ritmo endiablado, el sentido de la aventura.
Lo peor: Excesivas escenas de acción, que buscan impactar con cosas demasiado exageradas y consiguen lo contrario: incredulidad, rechazo. Y que por ellas la trama y personajes pierden definición.

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Tintín resulta entretenidísima y espectacular por la mezcla de su ritmo siempre activo (impresionante a veces), su eficaz sentido de la aventura (situaciones, escenarios…) y por su impecable acabado, tanto el narrativo (dirección) como el visual (animación perfectísima). Se nota que Steven Spielberg aprovecha para hacer con lo digital lo que no se puede conseguir en la realidad, y se lo pasa en grande. Entre sus infinitas ideas y la calidad de la animación se monta secuencias imponentes donde da rienda suelta a toda su imaginería y experiencia. Planos sueltos, escenas enteras, situaciones concretas… encontramos un sinfín de virguerías que van de lo sorprendente a lo alucinante, con algunos momentos que quitan el aliento. Sin embargo, tanto en el guion como en la escenificación hay algunos peros notables.

A la aventura le falta contenido. La historia se simplifica demasiado y pierde mucha de la fuerza que se deja entrever en los mejores momentos. Es evidente que se elije la idea de machacar al espectador con acción constante sobre la de contar algo más denso, pero ahí se exceden muchísimo. La narración acumula demasiada acción exagerada y demasiada escena absurda, hasta el punto de que hay momentos tan imposibles o ridículos que precisamente juegan en contra de lo buscado: me sacaron completamente de la película. Toda la parte de Marruecos es infumable, por ejemplo. Y es una pena, porque cuando se pone seria funciona. Hay algunos muy buenos momentos, como las fusiones con la historia del pasado o la huida del barco (quitando la memez de las llaves) o los numerosos instantes que hacer recordar a Indiana Jones.

Pero debo decir que desde mi punto de vista el cómic deja las mismas sensaciones: no termina de definirse, de centrarse. En ambos formatos las aventuras de Tintín no dejan claro si la idea es hacer algo infantil o adulto, si se busca un thriller o una aventura medio fantástica. Se pasa de un estilo y género a otro en cada escena (o viñeta en el cómic), de una trama seria gira hacia a una chorrada sin pies ni cabeza, unas veces parece tirar por el realismo (drama y aventura serio) y en el siguiente momento desbarra con paridas absurdas (toda la parte de la avioneta es penosa). Esa ambigüedad, falta de equilibrio y rumbo es lo que impide que ahora de adulto conecte con unos cómics que de niño me gustaban mucho, e impide que la película llene por completo. Y también deudor del cómic es el otro punto negativo: Tintín carece de definición, siempre va hacia delante sin que se ahonde lo más mínimo en su personalidad y motivaciones. Menos mal que Haddock es un buen personaje y lleva el peso de la cinta, porque me temo que los secundarios, que en el formato original sí funcionan y se usan muy bien, aquí no brillan especialmente: los detectives gemelos molestan (¿cómo llegan a África y por qué?), el villano es incapaz de dejar huella…

Su fuerza visual y su ritmo absorbente disimulan bastante los huecos narrativos. La hipnótica animación y la soberbia dirección casi hacen olvidar las salidas de tono demasiado irreales. La suma de virtudes y defectos dan como resultado una impresionante montaña rusa que divierte y emociona con bastante facilidad, pero una vez roto el hechizo la película se olvida rápidamente.