El Criticón

Opinión de cine y música

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Todo el dinero del mundo


All the Money in the World, 2017, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 132 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: David Scarpa, John Pearson (novela).
Actores: Michelle Williams, Christopher Plummer, Mark Wahlberg, Romain Duris, Charlie Plummer, Andrew Buchan.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: Es bastante entretenida.
Lo peor: Irregular, no se decanta por un género concreto. Un tanto pagada de sí misma para lo poco que ofrece: nada destaca, nada deja huella. Abandona a veces la fidelidad a los hechos pero sin terminar de aportar algo llamativo con los cambios.
El dato: Empieza la narración afirmando que fue el más rico de la historia, lo cual es falso. Ni entre los diez primeros entraría.

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La historia real es bastante peculiar e impactante, teniendo material de sobras para lograr una película muy jugosa ya se inclinara por la crítica social (ricos y pobres, ambición y fracaso), por la comedia (todo fue bastante salido de madre), por el suspense (la investigación del secuestro) o por el drama (la tragedia familiar), o incluso por una combinación de un par de ellos, porque una mezcla más amplia garantiza casi seguro un resultado caótico o todo lo contrario, no llegar a nada de lo que se pretende. Esto último es lo que le ha pasado a esta adaptación de David Scarpa y Ridley Scott. No se deciden a elegir un género y explotarlo al máximo, quedándose en tierra de nadie, en un entretenimiento pasajero sin mucha pegada ni una personalidad concreta.

En su primer acto apunta maneras, pero las buenas sensaciones no duran mucho. Tiene un punto de humor negro bastante correcto, ironizando con la situación sin parodiarla ni criticarla en un sentido concreto, sino simplemente jugando con su extrañeza. De hecho, se agradece la perspectiva neutral, que no toma partido por un personaje u otro. Lo fácil hubiera sido mostrar a la mujer de víctima y al viejo de villano. Pero desde el primer momento quedan claras las motivaciones, el estilo de vida de cada uno, con una naturalidad muy certera. El anciano se ha cerrado sobre sí mismo sin confiar en nadie, encontrando consuelo en lo material, el arte, porque las relaciones humanas directas requieren mucho esfuerzo y solo traen vaivenes emocionales. Con ello logran que empaticemos con su soledad y comprendamos sus decisiones. La protagonista, nuera de aquel, no quiere vivir a la sombra de otros, pero en este mundo, sea por machismo o por otras dificultades de la vida, acaba siempre necesitando ayuda, y su odisea siempre tiene algo nuevo que echarle encima. El principal secuestrador es un maleante de tres al cuarto, pero honorable, no un psicópata, y pronto resulta simpático aunque la relación con el secuestrado no ofrezca ninguna novedad.

Pero el repertorio de protagonistas con enjundia acaba aquí, desaprovechando el potencial que había para explorar otras personalidades muy dispares y su implicación en la maraña de acontecimientos. El hijo secuestrado es un pelele sin profundidad, no nos interesamos nunca por su porvenir. El padre queda más infrautilizado aún, cuando se implicó en realidad bastante más. Y el jefe de seguridad, a pesar de su amplia presencia, no transmite nada, ni si quiera termina de quedar claro qué aporta al desarrollo de la historia.

La desgana que se pone en estos personajes se termina contagiando al relato, que no logra adentrarse en ninguno de los muchos ámbitos que toca. No causa intriga en el thriller (la trama detectivesca es insulsa), el drama no cala hondo ni tiene sorpresas, la comedia negra parece emerger por su cuenta a pesar de las trabas que le ponen. Funciona aceptablemente bien como entretenimiento porque siempre va hacia adelante saltando con velocidad de una situación a otra y los personajes principales despiertan cierta simpatía, pero al no perseguir un estilo concreto y con fuerza se va viendo cada vez más su armazón, de forma que el tercer acto resulta muy predecible, tanto en los hechos como en la narrativa que imprime Scott, un tanto encorsetada y blanda: se ve a la legua cuándo va a intentar un momento dramático, cuándo uno de tensión, cuándo un personaje hará tal cosa o sufrirá algo. La música en concreto es especialmente cargante, tan empeñada en remarcar las emociones de cada escena.

Da la sensación de que el guionista, el director o ambos pensaban que el desenlace no era muy cinematográfico y deciden apartarse de los hechos reales para buscar algo más potente, pero acaban incluyendo una persecución artificial y un final feliz muy falso que no consiguen levantar el interés. En realidad el joven secuestrado acabó hecho polvo y volcado en las drogas con graves secuelas, el viejo murió años después, no a la vez que acaba esta tragedia abrumado por sus decisiones, y no hubo una caótica persecución.

El reparto es irregular. Christopher Plummer está bien pero no destaca como para merecer tantas alabanzas. Michelle Williams sobreactúa un tanto, no me creo su tragedia; es una actriz que puede conseguir mucho más. Mark Wahlberg está perdidísimo, a años luz de resultar verosímil como un mercenario curtido y sin alma que poco a poco va despertando; que se siga centrando en la acción y la comedia, que le van mejor. Al final, el más destacado es el más ninguneado, el francés Romain Duris que encarna al secuestrador italiano (¿no encontraron intérpretes italianos?): su papel es el más complejo y certero.

Cabe mencionar también el cambio de actores en el último momento: Kevin Spacey por Plummer. No lo entiendo de ninguna manera. Que cogieran a Spacey y lo maquillaran de viejo, habiendo actores con la edad adecuada de sobras. Que lo despidan por acusaciones verbales, sin juicio ni nada, y como si hubiera que censurar el trabajo de alguien por un presunto crimen que no tiene que ver con el mismo. También es lamentable lo de, en el rodaje de escenas adicionales, pagarle mucho menos a Williams que a Wahlberg, lo cual remarca el machismo y la hipocresía imperantes en Hollywood: apartan a Spacey para esquivar polémicas y se meten ellos solitos en otra igual. En cuanto al resultado, han tenido suerte de que es una película fácil, de gente sentada hablando en escenarios cerrados, y pudieron volver a rodar sin mucho jaleo. Sólo un plano de exteriores en el desierto (nada más empezar la proyección) da el cante, porque ahí metieron a Plummer en postproducción.

En estas mismas fechas se ha estrenado una serie de la HBO de diez capítulos. Sin haberla visto, parece inclinarse directamente por un tono más alocado y cómico.

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Operación U.N.C.L.E.


The Man from U.N.C.L.E., 2015, EE.UU., Reino Unido.
Género: Acción, comedia.
Duración: 116 min.
Dirección: Guy Ritchie.
Guion: Guy Ritchie, Lionel Wigram, Sam Rolfe (serie original).
Actores: Henry Cavill, Armie Hammer, Alicia Vikander, Jared Harris, Hugh Grant, Elizabeth Debicki.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: Ritmo vertiginoso, personajes y actores carismáticos.
Lo peor: La historia, demasiado trillada, sobre todo en el flojo tramo final.

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En los años sesenta, con la guerra fría en pleno auge, el cine y las series de espías pegaron fuerte, sobre todo en clave de acción y humor y con historias sencillas, porque si la idea era entretener, no podías tirar a la cara del espectador más drama y más miedo. En la pantalla grande triunfaba sobre todo James Bond (1962 en adelante), y en la pequeña Los vengadores (The Avengers, 1961), Cita con la muerte (Danger Man, 1960) o El agente CIPOL (The Man From U.N.C.L.E. , 1964).

El basarse en un género muy concreto y tratar de ser fiel a la fuente de la que proviene implica limitar mucho el mucho margen de maniobra. Si la actualizan demasiado puede perder la esencia original, si se mantienen demasiado fiel, resultar predecible y anticuada. Desde mi punto de vista, diría que Guy Ritchie se ha quedado en un término medio. No puedo dejar de pensar que al guion le ha faltado un poco de actualización y una pizca de inteligencia para conseguir un título que deje huella, pero también es evidente que resulta muy entretenida, sobre todo porque el director y los actores muestran mucho entusiasmo en su labor.

La dinámica entre los personajes y su ritmo alocado son sus puntos fuertes. Los espías ruso e inglés, eternos rivales, deben encontrar la forma de trabajar juntos, y con la chica de turno de por medio la cosa se complica. Tenemos garantizado infinidad de conflictos de todo tipo, la mayor parte con un tono humorístico ligero, unos pocos más elaborados, y los mejores los dejados a la química de los actores. Y Henry Cavill y Armie Hammer los explotan de maravilla, muestran un carisma arrollado y conexión de sobras para hacer verosímil una fantasía bastante pasada de rosca. Los secunda también con mucha gracia Alicia Vikander, que ya es un valor seguro allá por donde pase, y aunque sea breve se agradece la presencia del gran Jared Harris.

En el lado malo, la historia es tan predecible que no despierta ningún interés. Todo se ve venir tan de lejos que es imposible mantener la más mínima expectación por cómo saldrán airosos, y desde luego, aunque sea de espías, es más de aventuras que de intriga, así que tampoco hay suspense. Quizá era inevitable que aparecieran cacharritos varios y la base del enemigo, pero no por ello la trama tenía que pasar por todos los clichés y situaciones sin esforzarse lo más mínimo en darles algún giro ingenioso. Para agravar el problema, no hay villanos que dejen buena impresión.

Por suerte, Guy Ritchie es un realizador de muchos recursos, y pone buen empeño en narrar con ritmo y energía, dejándote sin respiro, sin tiempo a pensar en las carencias internas. El montaje es frenético pero efectivo, nunca caótico, pues sabe qué forma dar a cada escena. Por ejemplo, la persecución final, con cada uno por su lado, es decir, sin apenas contacto, es digna de elogiar: a base de zooms y movimiento constante de cámara es capaz de darle emoción. Eso sí, donde no hay no se puede rascar, por mucho que adornes. El tono predecible se agrava demasiado en el clímax final, pues al centrarse en la acción rutinaria (guarida del malo, salvación del mundo, etc.) termina perdiendo bastante fuelle.

Vale para pasar un buen rato, pero no deja huella alguna.

El consejero


The Counselor, 2013, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 117 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Cormac McCarthy.
Actores: Michael Fassbender, Penélope Cruz, Cameron Diaz, Javier Bardem.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: Reparto muy esforzado.
Lo peor: El guion es un sinsentido, el relato resulta insoportable.
Mejores momentos: La conversación sobre el siluro.

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Cormac McCarthy, autor de varias novelas magníficas (algunas llevadas al cine, como La carretera y No es país para viejos), da el salto y escribe aquí su primer guion. Ridley Scott, que supongo no necesita presentación, es quien lleva a imágenes la propuesta. El resultado es el El consejero, un experimento incomprensible. No se puede hacer una película (o novela o cómic…) donde de veinte capítulos (por decir una cifra al azar) sólo cuatro o cinco exponen la trama y definen a los personajes, y el resto son puro relleno sin pies ni cabeza. Nadie le ve sentido a tanta conversación absurda, a tanto discurrir ajeno al argumento. ¿Mensajes o ideas ocultos? No parece haber. Simplemente han perdido el norte, algo inesperado dadas sus sólidas carreras.

Los pocos episodios que desarrollan la trama son bastante llamativos, y los retazos que llegamos a ver de los personajes prometen, en gran parte porque los actores se esfuerzan mucho en darles vida. Michael Fassbender está estupendo (como en cada papel que hace, la verdad), Cameron Diaz está sorprendentemente pletórica, y no se queda muy atrás el estrafalario Javier Bardem; el resto, aun siendo figuras conocidas (Brad Pitt, Penelope Cruz) no tienen presencia suficiente como para destacar. Sin embargo, a pesar de estos evidentes esfuerzos es indudable que los protagonistas se diluyen entre tanta estulticia y sinsentidos. El de Fassbender resultaba un individuo muy interesante, con miedos y contradicciones que lo hacen muy humano, de hecho, ofrece un llamativo contraste ante tanto criminal descarado, pero la narración lo marea de tal forma que hacia el final ya no sabes qué está pasando ni por qué hace una cosa u otra.

Las dos primeras escenas definen a la perfección la película. La inicial en la cama da muchas vueltas para contar algo muy sencillo, porque se aborda con demasiada pompa y enredo visual, pero se acepta como ejercicio pretencioso porque el mensaje, el argumento, se entiende. La siguiente, la de la compra del diamante, es el otro lado de la moneda. Toda la secuencia es ridícula: larguísima, completamente intrascendente, llena de verborrea y diálogos que no aportan absolutamente nada a los personajes y al desarrollo de la historia. Así es toda la cinta: saltando de una de estas composiciones rebuscadas pero con potencial a un puñado de piezas opacas y vacías de contenido. Las pocas relevantes que encontramos además ven mermadas su fuerza porque llegamos a ellas aburridos y desconcertados. Y de las intrascendentes, la mayor parte son un coñazo, pero hay una que resulta bastante graciosa, una especie de cortometraje metido en medio de todo: el relato sobre el sexo con el coche y la comparación con el siluro resulta tronchante.

La proyección se hace pues eterna, cansina e insoportable. En la sesión en que la vi los espectadores suspiraban y hasta se reían de la parida ante la que se encontraban. El consejero es una cagada monumental que la crítica está poniendo a parir y de la que el público reniega por sentirse engañado. De esas que deseas borrar de tu memoria.