El Criticón

Opinión de cine y música

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No respires


Don’t Breathe, 2016, EE.UU.
Género: Suspente, terror.
Duración: 88 min.
Dirección: Fede Álvarez.
Guion: Fede Álvarez, Rodo Sayagues.
Actores: Stephen Lang, Jane Levy, Dylan Minnette, Daniel Zovatto.
Música: Roque Baños.

Valoración:
Lo mejor: La atmósfera de suspense es fantástica, los sustos son numerosos y bastante efectivos.
Lo peor: Quizá su falta de trascendencia le impide dejar huella.

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Alerta de spoilers: Sólo presento el argumento. —

Este es uno de esos casos atípicos que nos recuerdan que no tiene por qué ser un problema el que todo parezca estar inventado (en cualquier ámbito y arte, pero aquí obviamente me refiero al séptimo arte), pues una historia clásica e incluso predecible puede funcionar muy bien si se pone esfuerzo y pasión en ello, y, por supuesto, si sus autores están a la altura. El uruguayo Fede Álvarez demostró ser un gran artesano del cine de suspense con el remake de Posesión infernal, pero incluso con esas No respires ha sorprendido bastante. Su aspecto entre la serie b (en plan Saw) y lo comercial (como Insidious) echaba para atrás, pero por suerte el boca a boca ha ido transmitiendo sus virtudes y está ganando un poco más de fama; en taquilla ha llegado a 160 millones de dólares partiendo de un presupuesto de 10, y supongo que en dvd/bluray tendrá gran tirón. Veremos si la segunda parte, ya en marcha, lanza la saga al mundo entero o se queda con la etiqueta de “película de culto”.

La premisa es tan básica y poco prometedora… Unos adolescentes, un escenario cerrado, un loco asesino. Parece que no hay mucho margen para generar tensión por sus destinos y forjar una atmósfera que logre transmitir terror. El breve primer acto desde luego no apunta muy alto. Tras un prólogo fugaz e innecesario (dos minutos después te olvidas de qué era, y mejor, porque es un spoiler absurdo) nos presentan a un trío de jóvenes que asaltan casas. Unos pocos clichés tratan de dibujar una personalidad concreta antes de meterlos en faena, y si funciona es básicamente porque los actores, los tres jóvenes pero con bastante experiencia, resultan muy competentes, y porque se no consume mucho tiempo en el proceso. Sin duda podría haberse conseguido un guion que ofreciera una introducción más inteligente y original, pero viendo la celeridad con que acabamos dentro de la pesadilla se perdona: no importa mucho de dónde vengan, y no le prestas mucha atención a sus esperanzas sobre el futuro, lo relevante es el atraco que acaba convirtiéndose en una pesadilla y la intriga por cómo saldrán de esa situación.

Hay que decir que, una vez dentro de la pequeña casa, de nuevo parece que esto no va bien encaminado, pues tenemos una escena muy típica y tontorrona, la de la alarma que ofrece un momento de tensión forzado: se supone que sonará a los treinta segundos, pero puedes contar unos cuarenta y cinco… Pero de ahí en adelante el suspense emerge de golpe para no desvanecerse en ningún momento. El anciano propietario, un veterano ciego y afligido por la pérdida de su hija, se despierta… La presencia imponente e inquietante que logra Stephen Lang (Avatar) es digna de recordar. Sus movimientos, con unas poses animalescas espeluznantes, la gutural, áspera, y resquebrajada voz que se mete en los huesos (el doblaje es bastante bueno, pero aun así pierde bastante), la habilidad de Fede para hacer que llegue de improviso o que pase por el pasillo como un monstruo imparable mientras los protagonistas tratan de esconderse… Es increíble cómo con tan poco se puede conseguirse un villano de género tan memorable. Sin casquería (no es gore, como Posesión infernal), sin excesos, sino con sutileza y buen hacer. Incluso los giros más locos son muy eficaces, llegan en el momento justo, encajan en el argumento (todavía tengo atragantadas las paridas que metía Saw cada dos por tres) y aumentan el nivel de desconcierto y acojone de forma impresionante.

Fede exprime al máximo cada habitación, cada pasillo, cada precario escondite. Hace gala de una dirección sobria, metódica, con una visión de conjunto ejemplar donde pasa completamente del artificio facilón (no existen los cansinos sustos sonoros ni otros recursos baratos). Utiliza planos secuencia tan logrados como necesarios, hace un uso del silencio y la espera magistral, recurriendo lo justo y necesario a la correcta música de Roque Baños, y efectúa cambios de tono muy sabios que mantienen la angustia siempre a flor de piel (si repite una habitación, es en un estilo muy distinto: alucinante cómo exprime el sótano). Cada escena tiene su fórmula, y aunque algunas sean muy clásicas (el sótano a oscuras), el juego del escondite, la caza interminable, los subidones de estrés y miedo y los giros inesperados garantizan que no haya un minuto de descanso, un rincón seguro donde recuperar la cordura y buscar una salida. El factor previsibilidad lo sortea con destreza, en cantidad de ocasiones te coge desprevenido, crees que se está acabando todo y te lanza a otro clímax monumental (¡el puto perro!); y si no da igual, porque el ambiente sofocante te tiene atrapado y te engañará.

No respires es una experiencia tan inesperada como gratificante, si es que te gusta sufrir con una película. Quizá le pesa algo su falta de trascendencia, destacando el escaso recorrido emocional de los personajes, pero aun así se puede ver varias veces sin que pierda capacidad de entretener y de dejarte un mal cuerpo durante hora y media (por suerte no meten relleno para llegar a las dos horas, algo habitual hoy en día). Y desde luego, el primer visionado garantiza sudores, agobio y sustos en cantidad.

It Follows


It Follows, 2014, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 100 min.
Dirección: David Robert Mitchell.
Guion: David Robert Mitchell.
Actores: Maika Monroe, Keir Gilchrist, Olivia Luccardi, Lili Sepe, Jake Weary, Daniel Zovatto.
Música: Rich Vreeland.

Valoración:
Lo mejor: Actores jóvenes pero competentes.
Lo peor: Hecha a cachos de otras del género, sin alma alguna. Ni genera miedo ni suspense.

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Alerta de spoilers: Hay unos cuantos, no he podido evitarlos para comentarla a fondo.–

Me sorprende una y otra vez lo poco que hace falta para contentar a los fans del terror. It Follows (Te sigue) se suma a la lista de productos menores y de escasa calidad (muy escasa) que consiguen una importante legión de seguidores que tratan de encumbrarla entre lo mejor de los últimos años cuando no es más que un compendio de tópicos torpemente unidos e inspiraciones nada disimuladas.

Una cosa es que se puedan intuir tus referentes, pues toda obra parte de un conocimiento previo, nada se inventa desde cero. Pero de ahí a construir la película a trozos de otras hay un salto muy grande. En este segundo trabajo de David Robert Mitchell (el primero fue una comedia, pero también sobre los jóvenes) se ve a John Carpenter y Wes Craven en cada plano, hasta el punto de que las similitudes con Halloween son descaradas. Pero la semilla de otras influyentes como Ringu (El círculo) y su remake The Ring (la idea central) o Déjame entrar y su remake (la escena de la piscina) también es evidente. Ni el argumento, ni la premisa, ni la atmósfera, ni tan siquiera escenas sueltas, tratan de aportar algo mínimamente novedoso, una vuelta de tuerca o un estilo que intente transmitir la sensación de que no nos están engañando con un burdo collage del género. Tan poco empeño ponen que el guion es un coladero de incongruencias y vaguedades.

La premisa es básica, pero no se explica bien, no se le pone unos límites claros. Se supone que una especie de fantasma se te “contagia” cuando practicas sexo con quien estuviera previamente poseído, y entonces te seguirá a todas partes para matarte a menos que antes folles con otra persona y se lo pases. No empezamos muy bien, porque no se especifica si vale una masturbación, o una felación, o si dos individuos del mismo sexo pueden contagiarse. Luego tenemos las apariciones inconsistentes. Se supone que sólo te persigue andando, con lo cual mucho miedo no da, y más si lo gestionan tan mal: es un vago que se manifiesta cuando le da la gana (la protagonista se tira días en el hospital, y ni rastro), y el realizador apenas juega en un par de instantes con la intriga de quién de entre el gentío será, porque aquí parecen existir sólo los protagonistas y apenas se ven unos pocos extras; y lo de andar tras de ti al final termina siendo impreciso también, porque incluso aparece en tejados, que ya me dirás cómo pretende alcanzarte así. Luego empieza a ponerse borroso lo de si es un fantasma, porque unas veces parece moverse por espacios cerrados como si no tropezara con nada ni con nadie, es decir, el típico ente etéreo, pero otras es tangible y puede ser golpeado sin mucha dificultad. El aspecto es otro punto que sumar al caos, con lo que en vez de intriga sólo transmite confusión: al principio toma la forma de muertos aleatorios (se puede suponer que las víctimas), pero luego se muestra como familiares (¿muertos quizá?) e incluso como los amigos, a pesar de que estos últimos sí están vivos y localizables.

Es decir, el argumento no tiene ni pies ni cabeza. Cómo demonios esperas que sienta inquietud y temor por el devenir de los acontecimientos si las reglas cambian sobre la marcha, pues sin coherencia ni objetivo no hay manera de entrar en el relato. Pero la cosa sigue empeorando hasta llegar niveles alucinantes…

Los colegas se montan una investigación para encontrar al que le pegó esto a la protagonista y comprobar la veracidad del asunto. Pero una vez confirmado el tema, de repente, no investigan más, y se van de acá para allá a descansar, porque esconderse no parece que lo intenten muy bien. Se encierran en casa a pesar de que les han dicho que estén en sitios amplios y con salidas. Ataca ahí, así que se van a una cabaña en la playa de un lago. Los vuelve a atacar y salen por los pelos, pero en vez de huir más, se quedan en el hospital tranquilamente… y luego se vuelven a sus casas otra vez.

Pero a pesar de esa pasividad, y más aún a pesar de que la chica se ha tirado a un desconocido (o varios, en esa escena de la barca que no se muestra pero es clara) y debería haberse librado del monstruo, al final sí se montan un plan con una estrategia determinada. Tampoco se explica cómo han llegado a elaborar esas ideas, porque como digo, no han estudiado a fondo el asunto, no tienen información nueva, y para colmo se supone que le ha pasado la posesión a otro, y en ningún momento vemos, ni ven los personajes, si muere o no, con lo que podrían esperar su llegada eternamente. Es más, ni es coherente con lo visto: en la playa le pegan hostias e incluso un tiro en la cabeza, y se levanta como si nada. Ahora deciden que electrocutarlo puede matarlo, y cuando ven que no funciona (porque por suerte el bicho se presenta bien pronto), pues le pegan otro tiro. Y se muere, porque lo vemos morirse. Pero por si acaso la chica sigue follándose a gente, que ya le ha cogido el gustillo; o quizá es el cutre intento de meter el clásico final abierto; o han vuelto a cambiar las reglas y ahora persigue a todo el que ha sido poseído alguna vez, según se los vaya encontrando mientras vaga por ahí. Y bueno, ya me explicaréis la lógica de meterse en el agua, un medio que te limita la movilidad, y convertirla además en el arma para matarlo mediante electrocución: ¿de verdad una táctica tan arriesgada les parece factible? Si ahora por arte de magia piensan que el ente puede ser herido, qué costaba ponerse tras una puerta y esperar bien armados y con harina y otros sistemas de detección para localizarlo y golpearlo con rapidez y contundencia. Quizá el guionista quiso meter el citado homenaje/plagio a Déjame entrar, pero le quedó ridículo.

A todo esto tenemos que sumarle más puntos oscuros en la verosimilitud. Los padres están desaparecidos, como si no les importara que sus hijas adolescentes se esfumen cada dos por tres justo cuando ha habido una agresión sexual. La policía tampoco hace nada. Hay un muerto en el barrio y no se investiga a los vecinos de enfrente, justo quienes unos días antes han sufrido un ataque. Ni siquiera vemos a ninguno de los dos grupos de adultos cuando una de la pandilla acaba con una herida de bala en el hospital, disparada por accidente por el amigo en uno de los momentos-cliché más rancios. Es más, nunca piensan en contar con ayuda, como si fuera mejor resolver un problema tan grave por tu cuenta. También está neblinoso el tema de las edades: en una escena hablan como si tuvieran veintipocos y hubieran vivido de todo, y en la siguiente parecen tener quince y desean crecer para vivir de todo. Es más, mientras una está en el instituto, la hermana, más pequeña, está trabajando. O EE.UU. es muy raro, o las incongruencias son demenciales. Y la ambientación telita también. Se supone que estamos en los ochenta, pero en algunos planos se ven claramente coches modernos (¿un Mondeo de los nuevos?)… y atención al ebook en forma del almeja que tiene la de las gafas… Según he leído, el director quería una ambientación atemporal, pero vaya, podía mostrarlo mejor, que me tiré media película preguntándome si ese chisme existía o si el coche que me pareció ver era de la época. Por no decir que el prólogo es en el presente o cerca, pero luego no se explica por qué. O sea, por mucho que quisiera una atmósfera irreal, lo único que consigue es más confusión: si ni el argumento ni el entorno obedecen a una lógica clara, ni puedo entenderlo ni puedo implicarme. Pero hay más, porque tenemos varios gazapos o cosas sin explicar, como por qué la piscina desmontable de la familia acaba rota.

Sólo hay unos pocos momentos en que el guion apunta maneras, pero quedan diluidos en el caos general. Al principio presenta un buen retrato de los adolescentes: la banda es interesante y sus relaciones realistas (salvo por la chica de las gafas, que aparece y desaparece sin explicaciones). Pero por desgracia no lleva a nada, porque una vez se sumergen en la historia los personajes se estancan. Además el tono es tan incoherente como todo lo demás. De estar hablando de magreos juveniles, probar las drogas y empezar las relaciones sexuales, todo ello con un tono natural y abierto impropio de un género habitualmente muy conservador, de repente pegamos un salto enorme hacia atrás: con la trama se forma claramente el mensaje de que el sexo es malo, degradante y peligroso, y que debes evitarlo; llega al punto de señalar que todos los hombres son unos aprovechados y violadores, incluso tus mejores amigos.

La fotografía e iluminación son correctas, aunque muy poco imaginativas para un género que exige más riesgo en la composición de imágenes y atmósferas. Y el director también ofrece una labor muy desganada y sin savia, de hecho repite recursos más de la cuenta: qué harto he quedado del tráveling circular y los paseos lentos por las urbanizaciones, y también es cansina la repetitiva música ochentera con sintetizador a lo Carpenter. Los actores cumplen con bastante naturalidad pese a su juventud (sólo el amigo salido se queda corto), pero la que tiene más protagonismo, Maika Monroe, aparte de ser una rubia indistinguible de otras muchas le falta la intensidad necesaria para dejar huella.

Entre su limitado aspecto visual y el penoso guion, la atmósfera de terror no se vislumbra por ninguna parte, pero es que ni siquiera funciona como cinta de suspense. Es fría y aburrida por fuera, y un galimatías malogrado por dentro. Con todo, no se hace especialmente cargante, y el amago inicial con personajes interesantes y con potencial le da cierta inercia, así que seguí viéndola sin echarme las manos a la cabeza hasta el flojo e ilógico tramo final. Las he visto peores: la más reciente Oculus me resultó insoportable, y la más famosa e incomprensiblemente sobrevalorada Saw me pareció más estúpida.